Encuentro con Bernadette

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Encuentro con Bernadette

Ella es quien vino en mi busca. Es lo que siempre pasa con los santos. Nosotros vamos por un camino que parece ser nuestro, cuando de repente, en un desvío, en un sendero o en una gran ruta nos llaman. Consentimos y avanzamos en la nueva dirección un poco a la manera de Caperucita Roja, atraídos aquí por una flor, más allá por un pequeño bosque; el canto de los pájaros de un cerco espinoso nos dicen algo y, más lejos, en un claro bosque, bañado de sol, un profundo silencio nos dice mucho más.

Yo andaba con San Juan de la Cruz por las rutas polvorientas de España cuando una pequeñita de mi país me tomó de la mano y me dijo: “Sígueme”. La seguí sorprendida yo misma de ceder a su dulce autoridad, a su fuerza tranquila, tan de admirar en una niña de su edad. Enseguida aprecié la profundidad de su mirada oscura y límpida como una fuente oculta, su frente voluntariosa, sus redondas mejillas, su manera de hablar simple y concisa.

Y fui confundida por la inteligencia de esta niña ignorante, por el tono claro y leal de esta inteligencia. Haga usted, lector, un esfuerzo de imaginación: piense que usted es la pobre niña de la más pobre familia de una pequeña población, en la que todo el mundo se conoce y donde todos, en vez de amarse los unos a los otros, tratan de despreciarse y calumniarse mutuamente. Y un día en que usted con dos amigas fue a juntar ramas muertas cerca de una gruta salvaje, donde el cuidador de puercos lleva a sus animales, ve, con sus propios ojos, una joven vestida de blanco, en luminosa aparición, y con ella reza el rosario… Esto se repetirá 18 veces, las multitudes se amotinarán, les verán venir… pero nadie fuera de usted verá a la Dama, que un día le dirá: “Soy la Inmaculada Concepción”.

¿No es cómo para perder, si no la cabeza, al menos la serenidad? La calma de Bernadette es sobrenatural. Es imposible seguirla, oírla, sin creer en la absoluta verdad de lo que dice.

A cuantos la interrogaron —y son centenares— desde sus padres y vecinos hasta los comisarios, procuradores, jueces, médicos, sacerdotes, obispos, arzobispos, etc., hizo la misma narración de los hechos sin que haya sido posible perturbarla ni hacerla caer en contradicciones. Yo pienso en los incrédulos. Si no creen en las Apariciones, ¿como explican los dos días en que Bernadette no vio nada?

Ella respondía a las preguntas que se le hacían. Sobre algunos puntos decía: “No sé.. No he notado nada…”. ¿Qué le hubiera costado inventar?

En la pastora de Lourdes percibo un parecido con Juana de Arco. Es la misma actitud intrépida, la misma firmeza en la réplica, la misma pizca de insolencia y el mismo timbre de voz en una misma luz divina.

El prodigio de Lourdes se extiende al universo, pero hay que venir a Francia, atravesar el Gave, arrodillarse ante la Gruta de Massabielle, para sentir que allí ha sucedido y sucede algo extraordinario. Aún los no habituados a la oración se sienten impulsados a orar. Yo creo que, llevada a través del mundo con los ojos vendados, sería capaz de reconocer ciertos lugares privilegiados por la indecible admiración de espíritu que percibiría al pasar. Lourdes sería uno de ellos.

Marcelle Auclair. 1958.

Marcelle Auclair (1893 – 1983) fue una escritora e hispanista francesa, gran conocedora de la vida de Santa Teresa de Jesús.

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Oración

¡Oh bienaventurada Bernardita! Acuérdate que la Virgen te dijo en la Gruta: “Ruega por los pecadores”, para que se conviertan y hagan penitencia. Ruega por mí, pecador, para que Dios perdone mis pecados. Ruega por mí a María Inmaculada, pues confío en que te concederá cuanto la pidas, porque fuiste su confidente en la Gruta de Lourdes. Así como Ella te prometió “hacerte feliz en el otro mundo”, te concederá que hagas felices a los que devotamente acudan a ti. A ti, pues, acudo humildemente, suplicándote no me dejes ni me abandones hasta verme contigo en el cielo. Amén.

La vida de Bernadette

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Lourdes, puerta del cielo

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*Lourdes, puerta del cielo

Este año, como aquel de 1858, ¡ahora hace un siglo!, se ha adelantado la Primavera, empezando el 11 de febrero… ¿No vio Bernadette rosas de oro a los pies de la Virgen…? Al cumplirse el primer Centenario de las Apariciones, el mundo católico y hasta el no católico, florece en una primavera espléndida de fe, esperanza y amor. ¡Las virtudes teologales no solo se predican en Lourdes, se viven intensamente. Nosotros, fabricamos cohetes y satélites artificiales para llegar a los astros… Ella, la Mujer vestida del sol, coronada de estrellas, que tiene a sus plantas la luna, no necesita los progresos de la Ciencia para atravesar el espacio y bajar dieciocho veces a un valle desconocido del Pirineo, para hablar con una humilde pastorcilla.
Y, ¿de qué tratan…?
Su Virgen pide… ¡siempre que pide algo es para dar más! Pide a Bernadette que vaya quince días seguidos a la gruta y en cambio le promete el cielo… También le pide, que ruegue por los pecadores… que se levante en aquel lugar una capilla y que vayan allí en procesión.
¿Cómo ha respondido el pueblo cristiano a los deseos de la Virgen? No uno, sino tres templos escalonados, se han levantado junto a la Gruta de las Apariciones. Empezaron a construirse en el año 1862; el primero que se abrió al Culto fue la Cripta, después la Basílica y por último el del Rosario. Hoy, ya son insuficientes y se ha levantado el de S. Pío X, a la izquierda de la explanada, capaz para 20.000 personas, que será consagrado el 25 de marzo, aniversario de aquel día ¡hace 100 años! en que la Virgen dijo a Bernadette: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.
Y que vengan en procesión —añade la Señora…
Las dos procesiones tradicionales de Lourdes se forman delante de la gruta… donde Ella descansó 18 veces. La del Santísimo, por la tarde, es el clamor angustioso de la humanidad desterrada en el valle de las lágrimas.
Señor, que vea…
Señor, que oiga…
Señor, que ande…
Unos enfermos se levantan de sus camillas. Otros siguen atados a la Cruz. ¡Dios sabrá por qué! ¡El no tiene azar y siempre se propone algo! Pero el milagro que mueve los más hondos pozos del alma humana, no es una llaga que se cierra o un paralítico que deja las muletas…
El gran milagro de Lourdes… es la muerte del egoísmo, la oración de cada uno porque curen los demás, la alegría sincera de todos, cuando hay algún privilegiado…
Aquí el “yo” se desinfla y se convierte en el “nos” del Padrenuestro. Y cuando el sol se marcha y solo alumbra a la Virgen la claridad dorada de los cirios, bajan las estrellas y trazan un camino de luz, que nace y muere, en la Gruta; es la Procesión de las Antorchas… parece un reptil gigante, en llamas, agitándose sin desplazarse; de esta maza enorme sale el Avemaría, en todos los idiomas.
El aire se carga de la fuerza más poderosa del hombre: la oración —esa oración hecha por todos— en plural, que es el verdadero sentido de la oración católica.
Bernadette habló, hace 100 años, con la Virgen. Desde entonces las peregrinaciones se suceden. Hay dos nacionales, la del “tren blanco” de los enfermos graves que organizan los Padres de la Asunción en agosto y la del Rosario, por los dominicos, a fines de septiembre. Hay otras especiales como la de excombatientes después de la gran guerra, en la que, se abrazaban como hermanos, los que habían luchado hacia muy poco; la de ciegos, la de liberados de campos de concentración, la de mineros, la de veteranos de la guerra; todos, al arrancar el tren, arrojan a los pies de la Señora el “piropo” del Magníficat.
Por Lourdes han pasado todos los pueblos de la tierra —millones cada año— y en este del Centenario espera una inmensa multitud. Lourdes es la Verdadera Sociedad de Naciones, donde flota la bandera de la paz, vuelta hacia el cielo, como la llama de los sirios y perfumada con el canto del Ave María.
Ante la Gruta han desfilado hombres de todas las razas y de todos los credos. Millonarios indios que se quitan sus anillos de brillantes, para trabajar como camilleros; musulmanes que rezan a la Sadiya de la que dijo Mahoma a su hija Fátima: “Hija mía, serás la primera mujer del Paraíso, después de la Virgen María”.
Indios que se arrodillan ante esta mujer de su raza y le dicen como Franz Werfel: “Si me salvas de la furia nazi escribiré para ti mi primer libro”. Y surgió “La Canción de Bernadette” que ha recorrido en triunfo el mundo.
Protestantes de buena fe, almas rectas, sinceras, como Ruth Cranston, que ha escrito el mejor libro sobre Lourdes; todos van a enriquecerse espiritualmente a esta “Capital de la oración”, como la llamó Rene Schwol, el judío convertido. Todos van a aspirar el perfume de esta “Rosa puesta a los pies de la Virgen”, según Mauricio Barres.

* * *

Nosotros, ¿no iremos a Lourdes este año? El 11 de febrero se abre el Centenario. Vendrán peregrinos de todos los países a poner el problema de su vida, sus tristezas y esperanzas a los pies de la “Blanca Señora” de la Gruta. Lourdes es internacional; el “Domame” de la Virgen es la plaza espiritual del mundo… Llegarán multitudes exóticas, de Australia, del Oriente lejano, del África negra. América enviará lo más selecto de sus riquezas humanas: Mons. Fulton Sheen ha estado en Lourdes 23 veces y vive en Norteamérica; nosotros, tan próximos a Europa, ¿no nos acercaremos este año a la “puerta del cielo”? Allí nos espera la Señora con su mejor sonrisa, para prometernos como a Bernadette la felicidad, no en esta vida sino en el cielo. Ese es el gran don de la Virgen.

Sor Redención de Jesús
Dominica de la Sagrada Familia

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Santuario Nuestra Señora de Lourdes: El mensaje de Lourdes

* Febrero de 1958, en el centenario de las apariciones de Lourdes. R. Betania.

Festividad de Nuestra Señora de Lourdes

Virgen de Lourdes (Iglesia de San Francisco)1

Oración

Dóciles a la invitación de vuestra voz maternal, oh Virgen Inmaculada de Lourdes, acudimos a vuestras plantas, cerca de la humilde gruta donde os habéis dignado aparecer para indicar a los extraviados él camino de la oración y de la penitencia y para otorgar a los necesitados las gracias y prodigios de vuestra soberana bondad.

Recibid, oh Reina piadosa, las alabanzas y las súplicas que pueblos y naciones, oprimidos por las amarguras y la ansiedad, elevan confiadas hacia vos.

¡Oh blanca Aparición del Paraíso, arrojad de los espíritus las tinieblas del error, con la luz de la Fe! ¡Oh místico rosal, aliviad a las almas abatidas, con el perfume celestial de la Esperanza! ¡Oh fuente inextinguible de agua saludable, reanimad a los corazones áridos, con raudales de divina Caridad!

Haced que todos nosotros, vuestros hijos, fortalecidos por vos en nuestras penas, protegidos en los peligros, sostenidos en las luchas, amemos y sirvamos tan fielmente a vuestro dulce Jesús, que merezcamos gozar de las alegrías eternas, junto al trono vuestro en el Cielo. Así sea.

Oración compuesta por S.S. Pío XII con ocasión del centenario de las apariciones de la Santísima Virgen en Lourdes.

Virgen de Lourdes de la Iglesia de San Francisco de Asís (La Orotava, Tenerife)