Nuestra Señora de la Soledad de la Victoria, la Virgen enlutada

Virgen de la Soledad de la Victoria (antigua destruida)

Imagen original de Nuestra Señora de la Soledad del Convento de la Victoria (Madrid), obra de Gaspar Becerra. Posteriormente la talla fue trasladada a la Colegiata de San Isidro, siendo destruida tras la quema de la iglesia con el inicio de la Guerra Civil Española en julio de 1936.

La Soledad del Convento de la Victoria de Madrid de la Orden de los Mínimos de San Francisco de Paula fue la primera imagen española de la Soledad y supuso una nueva tipología mariana propia, con el atuendo de las viudas nobles de la época: túnica blanca, manto negro y toca. Una indumentaria de luto cuyo uso se extendió desde el tiempo de la Reina Juana I Castilla hasta el siglo XVIII.

Nuestra Señora de la Soledad de la Victoria tomó su nombre de un cuadro devocional traído desde Francia por la reina Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II, que representaba la Soledad y Angustias de la Virgen [1], una devoción muy popular por aquel entonces en Francia. Los frailes —en este caso Fray Diego de Valvuena, confesor de la Reina Isabel— le confiaron el encargo de una escultura de talla para el convento de los Mínimos de Madrid a partir de la pintura que Doña Isabel conservaba en su oratorio; propuesta que la soberana acogió de buen grado, concediendo las facilidades necesarias para que se convirtiera en una hermosa realidad. Recordemos que Isabel fue llamada la “Reina de la paz”, una mujer de espíritu abierto y amplia cultura que llevó el refinamiento y las buenas maneras a la Corte española.

Sería el baezano Gaspar Becerra y Padilla, un reputado imaginero de la época, el elegido para realizar tan importante encomienda. Becerra fue, además, arquitecto y pintor, recibiendo una fuerte influencia del renacimiento y manierismo italiano durante su estancia en el país transalpino. Sin duda pasará a la historia como un innovador de la iconografía de la Soledad. En lo concerniente a esta obra que tratamos, durante un año de trabajo el resultado no es el esperado. Lo intenta una segunda vez, que satisface a los frailes pero sigue sin convencer a la reina, es tal el grado de perfección requerido. Preocupado, y acaso como ultimátum, lo vuelve a intentar. En una fría noche, de un severo invierno, el escultor se encuentra agotado y prácticamente vencido por la desesperanza; arroja un tronco a la chimenea para mantener el calor de la habitación mientras se retira a descansar. Durante el sueño escucha una voz que le dice que retire aquel trozo de madera del fuego. Se levanta y con asombro vislumbra lo que es un contorno trabajado por la lengua de fuego. Una vez rescatado aquel leño esculpe sobre la parte aprovechable, y a medida que avanza en su trabajo observa —ahora sí— que va apareciendo ese rostro de la Virgen sereno y mirada llena de ternura que su retina guardaba ante aquella deslumbrante visión. Becerra culmina en 1565 esta portentosa imagen y la Reina ha quedado satisfecha. Fue el primero de otros tantos prodigios.

Vno de tres Retratos, inʃpirado,
O Artifice ʃacaʃte parecido,
Que en el amor Divino ha concurrido,
Coma otra vez, en fuego disfrazado.
Eʃte de Soledad vivo traslado,
De vn encendido Leño ha procedido,
Que ʃobre la materia de encencido
Cae la forma mejor de apaʃsionado
Fuego es amor, y amor grave tormento,
Si fe pierde el objeto que fe adora,
Pues queda en Soledad quien adoraba
Fuego en el Leño ʃirve de instrumento,
Pues el agua eficaz, que ardiente llora,
Dolor empieça, y Soledad acaba.[2]

Soneto de Don Antonio de Espinosa

Soledad de mi amor y compañía;
Luz que mi alma alienta,
Sea de vos en lágrimas deshecho,
Templo mi corazón, Altar mi pecho.

La imagen en cuestión no era de bulto de redondo (o talla completa) sino de candelero, concebida para ser vestida y sacada en procesión, y que la condesa Viuda de Ureña, Camarera Mayor de Isabel de Valois, atavió con sus propias ropas de luto. En una enternecedora representación de la Soledad la Virgen se encuentra arrodillada, con su rostro sereno y con las manos cruzadas en actitud humilde y devota. La misma fue entronizada el 15 de septiembre de 1565 y gozó de gran devoción entre los madrileños. La propia Isabel fundó la hermandad de Nuestra Señora de la Soledad y de las Angustias, a la que pertenecieron sus dos hijas (las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela) y su marido, el rey Felipe II. La cofradía se extinguió en 1651, motivada por los frecuentes desencuentros entre los frailes y cofrades. No obstante, la devoción a la Virgen de la Soledad siguió intacta entre el pueblo madrileño. El éxito de la imagen fue tal que se popularizó su iconografía en infinidad de copias, tanto en escultura como en pintura.

El convento de Nuestra Señora de la Victoria fue demolido con la desamortización de Mendizábal y la imagen de la virgen se trasladó a la Real Colegiata de San Isidro. Desgraciadamente, el edificio y la imagen —que se encontraba en la capilla del Buen Suceso— quedaron destruidos por un voraz incendio tras el comienzo de la Guerra Civil española. Aun así, esta advocación se difundió, incluso dando lugar o derivando a otras: como la de la venerada Virgen de la Paloma (un lienzo que representa a la virgen de la Soledad)con otra variante, pero con parecida iconografía, son la Virgen de la Soledad de Arganda y la de Chinchón, ambas en la provincia de Madrid; posiblemente algo anterior a la Soledad de Gaspar Becerra, pero que incluimos en este grupo por sus delicadas facciones y su característica vestimenta de viuda noble castellana de la época de los Austria que tuvo su máxima expresión en la citada corte de Felipe II, es Nuestra Señora de la Soledad de la Portería (Las Palmas de Gran Canaria), la hermosa imagen cuyo rostro —cuenta una leyenda con visos de realidad— es a semejanza del de la propia Reina Isabel I, “la Católica”; y sin olvidarnos, entre otras tantas dignas de mención, con Nuestra Señora de la Soledad Coronada, Patrona de Badajoz, cuya tierna mirada —y bien reza el dicho— “ablanda el corazón de todo aquel que la mira”. Asimismo, en numerosas iglesias y ermitas de ciudades y pueblos de tierras castellanas y andaluzas se encuentran cuadros al óleo con esta representación de la Virgen de la Soledad, sin olvidarnos de museos diocesanos y colecciones particulares. De hecho, muchas de estas pinturas o vera efigies, que oscilan entre los siglos XVII y XVIII, alcanzan cifras considerables en reputadas galerías de arte y en subastas de antigüedades.

Fuera de nuestro país existen numerosas representaciones de la Soledad de la Victoria situadas principalmente en iglesias y museos, destacando entre otras: la Virgen de la Soledad de la Iglesia de San Francisco, en la ciudad de Caracas (Venezuela); o la preciosa imagen de la Soledad de Amberes (Bélgica), atribuida al escultor flamenco —de estilo barroco— Petrus Verbrugghen. También ha quedado para la posteridad un cuadro de la Soledad de la Victoria sobre las andas procesionales del pintor puertorriqueño José Campeche Jordán (1752-1809), uno de los máximos exponentes del rococó en América. Asimismo, en Sudamérica las representaciones pictóricas a la Soledad de la denominada escuela cuzqueña, de clara influencia colonial española, son abundantes. Y al otro lado del mundo, en Filipinas, existe una importante devoción a Nuestra Señora de Porta Vaga (llamada la “Luz de Filipinas”); se trata de un cuadro de la Virgen de la Soledad, que arrodillada con su vestimenta blanca y negra tan propia se encuentra orante en la Pasión de su hijo.

Hace unos pocos años tuvimos la noticia de un lienzo del pintor madrileño Javier Cámara Sánchez-Seco —obra encargada para un monasterio— que representa, precisamente, a la desaparecida Virgen de la Soledad de la Victoria de Gaspar Becerra, con un resultado ciertamente extraordinario.

Como vemos, ha permanecido la divina influencia de esta santa imagen, tanto en su iconografía como en los prodigios realizados, que hoy día sigue conmoviendo el corazón de sus numerosos devotos.

por J.J. Santana

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Enlaces de interés:

Representaciones de la Virgen de la Soledad de La Victoria

De la Soledad de la Victoria a la Soledad de la Paloma (pdf)

Citas bibliográficas

[1]. Los Teatros Madrileños y la Cofradía de la Soledad, Bernardo J. García.

[2]. A la Venerabilísima imagen de N. S. de la Soledad en la célebre translación a su suntuosa capilla, con un epítome de su sagrada historia. (1664).

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A la Virgen de la Paloma para pedir un parto feliz

Oración

Virgen clementísima, Paloma inmaculada y Madre de piedad, ya que prosperáis con vuestra intercesión delante de Dios mi vínculo conyugal, y me habéis traído a este estado, os ruego humildemente que pues sois la que dais prosperidad a los sucesos, desvanecéis las fatalidades, apartáis las ruinas y desgraciadas horas, os dignáis llevarme bien hasta el punto del alumbramiento, y sacarme de él con toda felicidad: alcanzadme este favor, Madre mía, para que por él enderece mi corazón a Dios, en quien tengo puesta toda mi confianza, que me lo concederá si me conviene, y en Vos que me protegeréis en este lance tan grande y especial, para que así os pueda estar atenta y agradecida en todas horas. Amén.

Pedimos por aquellas mujeres embarazadas o que han sido recientemente madres para que el Señor y su Madre del Amor Hermoso, en la advocación de Nuestra Señora de la Paloma, cuiden de ellas y den salud a sus hijos; guardándoles de las adversidades y brindándoles con el amor filial.

Con confianza y alegría, fraymartindeporres.wordpress.com

Imagen ilustrativa: Nuestra Señora de la Paloma, La Viña (Telde, Gran Canaria).

La Virgen de la Paloma (mirando al pasado)

Virgen de la Paloma

Como las majas que la rindieron culto, hace perdurable su fama a través de las generaciones. Y, sin embargo, su primitiva capillita ha desaparecido en silencio. Su historial es ya de otro tiempo; no entrarán más en el sagrario las chulas de la barriada; nadie interrumpirá la paz de aquel recinto; el santuario dejó de ser, pero la capillita vive; con el espíritu de lamas castiza de las verbenas madrileñas, que, llevada al teatro, dejó en los fastos de la escena un recuerdo tan imperecedero como el de la Virgen milagrosa, que los hijos de Madrid veneran con grandísimo fervor. Ábrese el vacío de un solar; pero dos pasos más arriba, en el nuevo templo de San Pedro el Real, existe la Virgen de la Paloma, cuyo nombre es dulce y apacible como el arrullo.

La capillita de la Paloma tuvo unos gloriosos días de esplendor y magnificencia, cuando la reina María Luisa hincaba la rodilla al píe del altar, y con ella las damas majas y todo el pueblo heroico que legó el ciego amor religioso a Doña Isabel II, postrada también de hinojos ante la Virgen popular de los barrios manolescos.

No imaginara el arquitecto D. Francisco Sánchez, discípulo de Ventura Rodríguez, cuando en 1795 construyó la iglesia, que el pequeño templo había de verse tan concurrido, pues si bien es verdad que ya la imagen tenía enormes devotos, no dieron en visitarla con la posterior frecuencia y generalidad las mujeres que oían la primera misa después de dar a luz. Esta costumbre fue la nota más característica de la capillita que nos ocupa.

Aquel paraje resultaba en otro tiempo el confín del populoso barrio de Calatrava, lleno de tradiciones y de lugares curiosos, por la importancia que tenía en los anales de la villa. Hacia el campillo de Gil Imón, el caserío de humildes viviendas domingueras, así llamadas porque sus vecinos las pagaban semanalmente, no con poco trabajo. Por dónde el hospital de la Orden Tercera, la morada del fiscal Gil Imón de la Mata, que dio nombre al descampado y al portillo que allí se abría. En una casa cercana vivió y murió el duque de Osuna. Más atrás, en la calle del Águila, quedaba la capilla de la Sacramental de San Andrés, guardadora de una de las arcas donde estuvo sepultado San Isidro. En la calle de los Santos, frente a la parte del monasterio de San Francisco que luego se dedicó a prisión militar, estaba en pie la casa de la beata Clara. Y por entonces, conforme se pasaba por la plaza de la Cebada, camino de este barrio legendario, se alzaba, en la equina de la calle del Humilladero, la ermita de Santa María de Gracia, debida a la Hermandad de la Santa Vera Cruz.

Es muy complejo y largo de contar el origen del retablo de esta imagen. Existen varias opiniones, desperdigadas en libros y papeles. Las más autorizadas son que unos gitanos que vivían en la calle que hoy se llama de Arlaban, entre la leña con que se calentaban, tenían un cuadro sin valor alguno, con la sagrada efigie de la Virgen de las Maravillas, y que, pasando a la sazón cierto pintor que habitaba en la calle del Lobo, lo compró y regaló después a una señora muy cristiana, que a su vez lo donó al convento de Carmelitas descalzas. Y que una paloma criada en el corral de las monjas de San Juan de la Penitencia, acompañó, volando, a la Virgen de las Maravillas, cuando fue trasladada a su nueva iglesia. Una devota mujer del pueblo hizo representar la escena en un cuadro, lo colocó en el portal de su casa, le rindieron culto los vecinos y, con los milagros, adquirió celebridad.

Lo cierto es que, jugando con el cuadro unos muchachos de la barriada, que lo habían substraído del montón de leña de una tahona próxima, lo vio María Isabel Andrea Tintero, quien, arrebatándolo de manos de los chiquillos, lo puso en un marco, y alumbró con las limosnas recogidas. Era el retablo de Nuestra Señora de la Soledad, venerado en el portalillo de la calle de la Paloma, esquina a la de la Solana. Con limosnas se fabricó la capillita; con limosnas se dijeron las primeras misas, y con limosnas atendió a su vida la piadosa mujer, que vivía en la casa contigua, y que cuidaba y limpiaba la iglesia.

La imagen de las Maravillas era muy otra: era un Cristo así nombrado, porque se veneraba en el portalillo perteneciente a las monjas de Maravillas, y que se trasladó a San Andrés. El Cristo cercano al parador de Calatrava, y al que rogaban las infelices criaturas sometidas al portentoso tratamiento de la famosa curandera Juana Picazo, que vivía en la calle de la Ventosa.

Era la capillita un ascua de oro en el barrio humilde. Sonaba a gloria su campana. Honrábanse y tenían a gala los que allí se bautizaban. Y la estampa de la Virgen figuraba en todas las casas, amparando la paz del hogar.

Ya era popularísimo el santuario. Ya se celebraban en él las bodas de rumbo, amenizadas con la música de los murgantes. Ya las madres amantísímas presentaban a la Virgen los recién nacidos. Ya se trajo el Santísimo Cristo de la Misericordia. Ya arrimaban a su puerta los coches palacianos. Y todo pasó, todo se acabó. Cerróse la puerta; cerróse la cancela; hízose el silencio; la piqueta demolió el lugar sagrado, y en lo que hoy es solar, lo mismo que las golondrinas que anidaban en el quicio del portón, unas niñas saltan y cantan en un ambiente de romería de verbena.

Antonio Velasco Zazo. Revista La Esfera, agosto de 1919 (nº294).

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Enlace relacionado: Nuestra Señora de la Soledad de la Paloma

Gozos a Nuestra Señora de la Soledad de la Paloma

Gozos a Nuestra Señora de la Soledad de la calle de la Paloma

Pues del Verbo Engendradora,
Sois, María Inmaculada,
Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

La Iglesia, mística Rosa
Os apellida triunfante,
Por ser Vos la más constante
Del Eterno Verbo Esposa;
De dolientes amorosa
Sois dulce consoladora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

De Paloma en los Cantares
Gozáis título amoroso,
Por eso el más milagroso
Aquí mostráis a millares:
Quitando grandes pesares
Al que a tus Pies pide y llora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Vuestra Imagen ultrajada
En este sitio se vio;
Pero una mujer corrió
Al momento apresurada;
Y ella misma apiadada
Se hace desagraviadora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Este Pueblo enternecido
Se sacrifica sincero,
Al ultraje verdadero
Que vos habéis recibido;
Apartando del olvido
La efigie que humilde adora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Por tal desagravio Pía
La devoción os ensalza,
Con un culto que realza
Más y más de día en día,
Aclamándoos a porfía,
Alma, Madre y Protectora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Vuestro original copiado
De Lucas Evangelista,
Quien fiel testigo de vista
Nos lo dio en un fiel dechado,
Siendo el más perfeccionado
De su hábil arte Pintora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Este nuevo Santuario
Alcázar de devoción,
Disteis a esta Población
Para ser nuevo sumario
Del culto que a Vos diario
Toca como bienhechora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Vuestro rostro en nuestro suelo
Todas las gracias encierra,
Siendo la dichosa tierra
Que escogió vuestro desvelo,
Para darnos el consuelo
En todo momento y hora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Entre espinas azucena
De Soledad con el llanto,
Os miró el Esposo Santo
De dolores toda llena;
Convertid ya vuestra pena
En amable aliviadora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

De fe pura el más ameno
Un jardín la piedad,
Nos muestra en tu Soledad
De delicias siempre lleno,
Saliendo de vuestro Seno
La Flor más encantadora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Al olor de vuestra aroma
Corren sabias y benditas,
Las que os aman doncellitas
Como a Cándida Paloma,
Siendo quien la culpa doma
La pureza que en Vos mora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Si como Mirra escogida
Disteis la dulce fragancia,
Sednos Madre de constancia
En nuestra fatal caída,
Alejando nuestra vida
De toda culpa traidora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Ya del borrascoso invierno
Se ausentó el rigor insano,
Viniendo de vuestra mano
El Divino Sol sereno:
Haced, pues, que venga ameno
A ser nuestra feliz hora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Pues del Verbo Engendradora
Sois, María inmaculada,
Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

De la Novena Rogativa a Nuestra Señora de la Soledad de la calle de la Paloma, por  el D.D.J.G. (1797)

Salve a la Virgen de la Paloma, por María Pepa de Chamberí

La artista madrileña Marí Pepa de Chamberí canta a la Virgen de la Paloma en el templo, una salve compuesta por ella titulado “A la Virgen de la Paloma”, e interpretada —como es habitual en estos últimos años— momentos antes de salir la procesión, en presencia de los fieles, autoridades y el Arzobispo de Madrid. La festividad litúrgica de Nuestra Señora de la Soledad de la Paloma, una de las advocaciones más queridas de Madrid, se celebra el 15 de agosto —Solemnidad de la Asunción de la Virgen María—.

 

 

 

Canto a la Virgen de la Paloma

Canto de alabanza a La Soledad que el musicólogo estadounidense Alan Lomax grabó en Alhama de Murcia el día 16 de diciembre de 1952 a Eduardo y José Valverde Pérez:

De los reinos que el mundo compone entre todos ellos sin duda no habrá
una corte como la de España tan maravillosa, digna de admirar;
gran prueba nos da
porque en ella se ha establecido la hermosa Paloma de la Soledad.

Esta Reina bajó de los Cielos, para fe y aumento de la Cristiandad,
transformada en un cuadro de lienzo su hermosa figura viva y natural,
y vino a tomar
el asiento en el barrio más pobre que en toda la Corte se ha podido hallar.

Unos niños jugando en la calle con este retrato van sin reparar;
ha pasado una anciana devota y vio que era el cuadro de la Soledad,
gran pena le da,
se lo pide a los niños y dicen: —Si usted nos lo compra se lo llevará—.

La señora sacó del bolsillo una monedita y a los niños da,
le entregaron el cuadro precioso que a toda la Corte favor le va a dar,
y vino a fijar
en el mismo portal de su casa, la gente que pasa se para a mirar.

Al fijarse en tan bello retrato no hay otra hermosura que pueda igualar;
los vecino[s] y la gente del barrio tienen por costumbre de irle a rezar,
y con fe leal,
el rosario a la Blanca Paloma, que a aquel que está enfermo la salud le da.

Puede escucharse en el siguiente enlace de culturaequity.org

Fuente: Fundación Joaquín Díaz. Revista de Folkore (nº365, 2012)

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Enlace recomendado: La Virgen de la Paloma: Historia y tradición (por Doña Paloma Palacios)

Por ser la Virgen de la Paloma

Por ser la Virgen

Por ser la Virgen
de la Paloma,
virgen que todo
Madrid adora,
en honor tuyo
vayan las coplas
que Tú me inspiras
desde la Gloria.
Hoy a Ti acuden
los que aquí lloran,
llenos de angustias
y de zozobras,
y a Ti suplican,
por si lo logran,
que los melones
que hoy día coman,
pues que Tú de ellos
eres Patrona,
no les produzcan
alguna broma
de esas que piden
ayuda pronta
del señor cura
de la parroquia.
Porque hay melones
por esta zona
que al cuerpo sientan
igual que el cólera.
Con que a ver si oyes,
Santa Señora,
lo que te piden
con quejas hondas
hoy tus devotos
y tus devotas
por ser la Virgen
de la Paloma.

         Devoción popular (principios del S. XX)

(Imagen: Virgen de la Paloma, óleo del S. XVII. Autor anónimo)

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Enlace relacionado: Nuestra Señora de la Soledad de la Paloma

*La fiesta de la Virgen de la Paloma se celebra el 15 de agosto, festividad de la Asunción de María.

A los pies de la Paloma

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A los pies de la Paloma 

Dios te salve María
llena eres de Gracia
sálvame tú, madre mía
y me libres de toda desgracia.
El Señor es contigo,
y bendita tú eres,
quiera Dios que estés,
siempre conmigo,
si el dolor o la pena, me hiere.

Bendito tu sea aquel hijo,
que en Belén le cantaste la nana
mientras le dabas cobijo,
y era un sol al nacer la mañana.
Junto a la luna y la estrella
eres Madre, la rosa más bella,
porque bendita tu eres,
entre todas…
entre todas las… las mujeres.

Sé tú mi vida y dulzura,
para aliviar mis pesares,
y yo elevaré a tu altura,
el nardo de mis cantares.

Y si lo quiere mi suerte,
y a mi vida un cariño se asoma,
tuya sería hasta la muerte,
virgencita…
virgencita de… la Paloma.

(Ochaíta, Valerio y Solano)

A los pies de la Paloma – Marisol Reyes

Nuestra Señora de la Soledad de la Paloma

Cuadro Nuestra Señora de la Paloma

Virgen de la Paloma

¡Virgen de la Paloma, casta y buena; sois de todo mortal tierno consuelo…!

La entrañable historia tiene su origen en los últimos años del siglo XVIII, concretamente en 1787, en la Villa de Madrid. Un grupo de chiquillos encontraron un cuadro de la Virgen de la Soledad entre los leños apilados en una tahona de la vecindad. Una humilde vecina de la calle de La Paloma, María Isabel Tintero, al verlo en manos de los niños —que lo usan inocentemente para jugar— y temiendo que fuera dañado de manera irreversible, lo pone a salvo comprándolo por unas pocas monedas. Era una copia, en aquella época muy popular, de la imagen de Nuestra Señora de la Soledad del Convento de la Victoria (demolido con la desamortización de Mendizábal y que pertenecía a la Orden de los Mínimos, congregación fundada por San Francisco de Paula). Una vez restaurada la pintura, la coloca en la portería de su propia casa. Una noche, Doña Isabel buscando consuelo a sus penas se postra ante el cuadro y comienza a rezar. Entonces, un resplandor aureola la imagen de la Virgen y la piadosa mujer queda en éxtasis durante horas, desapareciendo la causa de sus pesares.

El marqués de Casa-García Postigo, alcalde de Madrid, refirió el hecho por escrito en 1791, informando que “... resulta que la expresada Isabel Tintero, mujer de Diego Charco, de ejercicio cochero, viendo a principios del año 1787 que unos muchachos llevaran arrastrando como por juguete un lienzo de Ntra. Sra. de la Soledad, lo arrebató de las manos de aquellos, lo hizo retocar y lo colocó en marzo del propio año en el portal de su misma casa, y esmerándose en su culto, le ha promovido con tanto fervor que ha conseguido extender su particular devoción; de modo que se hallan alumbrándola varios faroles y lámpara a expensas de personas de primera clase, además de las muchas velas que la devoción de los fieles la presentan, reconocidos a los singulares beneficios que dicen haber conseguido ellos por intercesión de esta su Poderosa Madre, y en señal de este reconocimiento se ven las paredes de la actual Capillita llenas de presentallas. (…) A impulsos de esta devoción se reza el Rosario todas las noches ante esta santa Imagen, cubriendo el Concurso gran parte de la calle…”.

En aquella época se había producido un cierto abandono en las prácticas religiosas, pero gracias a este humilde lienzo —que logra acercarse al alma entristecida de la virgen, transmitiéndonos un vivo sentimiento de ternura— mucha gente comienza a recuperar su fe (“Le dio a Madrid la Virgen su retrato como un mensaje de cariño grato que trae de su dolor el suave aroma. Y el pueblo se ve favorecido en requiebro de amor hondo y sentido…”, escribiría acertadamente el poeta). Los fieles, cada vez más, se congregan a rezar el rosario. Muy pronto se le comienzan a atribuir cualidades milagrosas a la imagen de Nuestra Señora de la Paloma; su fama y admiración van creciendo por la ciudad. La Reina María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV, pide la curación de su pequeño hijo enfermo: Fernando VII, futuro rey de España. Y la virgen lo sana. En agradecimiento, se levanta la primera capilla en 1796. Desde entonces, la devoción continúa aumentando con los años. Finalmente, en marzo de 1912, se inaugura la actual iglesia —en sustitución de la antigua capilla— que hoy en día sigue custodiando aquella imagen que Isabel Tintero rescató del olvido y de su definitiva pérdida. Aunque todo el mundo la conoce popularmente como la Iglesia de la Paloma su nombre oficial es el de Parroquia San Pedro el Real.

El cuadro permaneció oculto desde 1936 hasta 1939 —período de la Guerra Civil de España—, salvándose de su posible destrucción. Ante esta bendita imagen de la Virgen Santísima acuden las embarazadas y las madres a presentar a sus hijos pequeños y a pedirle su amparo y protección. Es también la Patrona de los Bomberos madrileños. Cuenta la tradición que un voraz incendio en la Plaza Mayor no terminó de sofocarse hasta la llegada del cuadro de la Virgen de la Paloma. Es, ciertamente, una advocación muy querida por los madrileños y reconocida como patrona “oficiosa” de la villa. En este sentido, el escritor Francisco Azorín acertó a decir: “La Virgen de la Paloma no es patrona de Madrid, pero sí reina plenamente en muchos corazones humildes que habitan la villa”.

Virgen de la Paloma3

La Virgen de la Paloma

“De la fe madrileña
vivo reflejo,
que entre sombras y nubes
luciente asoma
allá, en un rinconcito
del Madrid viejo,
tiene su altar la Virgen
de la Paloma.

Aunque apartada y triste,
la estrecha calle
no asusta al que en su Virgen
busca consuelo;
que así son los caminos
que desde el valle
entre zarzas y espinas
suben al cielo.

La imagen es tan bella
como sencilla;
el templo es pequeñito,
pobre y austero,
y allí la fe cristiana
radiante brilla,
y allí cabe el cariño
de un pueblo entero.

No es la artística talla
la que se adora,
ni la rica diadema
de luz brillante:
¡Una Madre Divina
que sufre y llora,
con copia en el lienzo
tiene bastante!

No busca que por rica
se la venere;
que las vírgenes huyen
de la riqueza.
¡Cuanto más pobrecitas
más se las quiere
y, cuanto más humildes,
más se las reza!

A ofrecerla sus cruces
va allí el soldado
a que bendiga el premio
de sus hazañas;
y allí imploran las madres
su amor sagrado
presentándole al hijo
de sus entrañas.

Allí no existen clases,
rangos ni cunas;
y van con las duquesas
las menestrales.
¡Con un hijo en los brazos
todas son unas!
¡A los pies de la Virgen,
todas iguales!

Jamás niega al que sufre
su influjo raro;
su imagen es del alma
divino espejo,
y por eso la gente
busca su amparo
allá en un rinconcito
del Madrid viejo.

Dicen que obra milagros
y obralos puede,
que el amor, a sus ojos,
piadoso asoma.
¡Todo lo que le pido
me lo concede
y es mi Virgen la Virgen
de la Paloma!”

                             José Jackson Veyán.

Virgen de la Paloma

A la Virgen de la Paloma

Así decía la Señora Encarna,
con tono de amargura y de tristeza,
al verse ya vencida por los años,
muy angustiada, a Soledad, su nieta:
—Siendo mu joven aún, perdí la vista;
tu abuelo, entre metines y entre huelgas,
no traía un jornal, y entonces tuve
que ira a implorarles a las almas buenas
una limosna, y a la ermita fuime
de la Paloma, colocá en su puerta,
a suplicarle al que en la ermita entrara
¡una limosna pa la pobre ciega…!
No t’avergüences, no; no t’avergüences,
que, mal que bien, con las limosnas esas
os mantuve; tú ya ties un oficio;
ya te he puesto, hija mía, en la vereda
de que ganes el pan honradamente.
Tú eres el capullito que ahora empieza
a entreabrirse a la vida; yo, la flor
marchitada y deshecha;
tú, la mocita alegre y vivaracha,
la alondra mañanera,
que al taller va cantando; yo, la pobre
anciana que no puede con sus piernas,
que ya no vuelve al templo de la Virgen,
donde pasó, bien mío, su existencia.
Yo te pido, hija mía, que en mi nombre,
y al irte siempre p’al taller, la veas,
y digas: “Mi abuelita ya no puede
venir a verte, y vengo por mi abuela…!”
Quiérela siempre como yo la quiero;
pon, nietecita mía, tu fe en Ella,
qu’es tanta su bondad y su hermosura,
que con mirarla encuentras
alivio a tus pesares. Es mi Virgen,
mi Virgen madrileña,
Reina y Señora de los barrios bajos,
venerada morena,
que allá, en un rinconcito muy humilde
del Madrid popular, tie su vivienda.
Rico trono es su altar, que lo perfuman
las rosas y la albahaca verbenera.
Yo, que hace muchos años no la veo,
pues de tanto sufrir me quedé ciega,
entro en el templo de la Virgen mía
y la veo sin verla,
y sin que m’hable escucho lo que dice,
y dialogo con Ella.
¡Son tan dulces, mi vida, sus palabras,
y a mis oídos llegan
tan milagrosamente, que parece
que cuando las escucho me consuelan!
Los príncipes, los reyes y los pobres,
todos van a su templo y la veneran;
las madres, a ofrendarla sus hijitos;
la mujer del torero, con su vela,
pa que luzca durante la corrida
y pa que ileso su marido vuelva.
La madre, que la pide fervorosa
por el hijo que lucha allá en la guerra.
La mujer, pa que quite de los vicios
al marido; la moza pinturera,
a pedirla un buen novio que la lleve
cuanto antes a la iglesia;
el chavalín, que aprende a santiguarse
ante la Imagen bella;
el mocerío del alegre barrio,
que acude al repicar a la verbena,
su primera visita es pa la Virgen;
después, a ahogar en vino sus tristezas.
Los príncipes, los reyes y los pobres,
todos van a su templo y la veneran.
Virgen de la Paloma, Virgencita,
mi Virgen madrileña,
Reina y Señora de los barrios bajos,
venerada morena,
en un escapulario, y en mi pecho,
siempre te llevaré, Virgen excelsa.

…………………………………………………

Yo te pido, hija mía, que en mi nombre,
y al irte siempre p’al taller, la veas,
y digas: “¡Mi abuelita ya no puede
venir a verte, y vengo yo por ella!”

                                  Antonio Casero Sanz

* * *

Vídeo: Himno de la Virgen de la Paloma (F. Palazón)

Enlace: Oración y Novena a la Virgen de la Paloma

¡Virgen Santísima de la Paloma!, ampáranos y guárdanos siempre para tu servicio y nuestra felicidad. 

Poemas a la Virgen de la Paloma

Nuestra Señora de la Paloma 1

Se oculta en nubes de incienso
la bendita callejuela
y entre aromas de claveles
y entre aromas de azucenas
va avanzando apresurada
muchedumbre vocinglera.

Y anhelantes y curiosas
se levantan las cabezas
deseosas, impacientes
de postrarse ante la estrella
cegadora, luminosa
cuya luz asombra y ciega.

Se oyen gritos de alegría,
se oyen ayes de impaciencia
cuando a un soplo soberano
entreábrense las puertas
y aparece en sus umbrales
la Paloma mensajera
que robando corazones
entre el manto se los lleva.

Y se abren los rosales
y su humilla la camelia
y a rendirse ante sus plantas
va volando que te vuela.

Y mil flores que brotando
de mil manos que semejan
mil claveles van cubriendo
de la Virgen la carrera.

Y a la vuelta cuando ya
se cubre la callejuela
de lirios la Virgen pura
vuelve; al verla se dijera
en efecto que es Paloma
que sobre las almas vuela.

Y cuando vuelve a cerrar
el santuario sus puertas
en los ojos de Madrid
brillan deliciosas perlas
y sus labios se entreabren
murmurando: ¡Virgen bella,
llévate mi corazón
porque es el de España entera!

                  S. P. Bustamante

* * *

Virgen de la Paloma (cuadro)

¡Oh, Virgen ideal…! ¡Oh, dulce anhelo,
de todo aquel que sufre alguna pena…!
Tu paz al corazón de bien le llena,
como luz santa del zafíreo velo.

Parece que en tu faz congrega el cielo,
toda su excelsitud grave y serena…
¡Virgen de la Paloma, casta y buena;
sois de todo mortal tierno consuelo…!

Y vedla, siempre, con sus ojos bellos,
inclinados al suelo, en suave calma,
de tristeza enviando sus destellos…

Las perlas de su místico rosario,
lágrimas son, que derramó su alma,
al ver morir a Dios en el Calvario.

                       Cesáreo Recalde

* * *

Estampa Virgen de la Paloma

Quiso la Virgen Madre dolorida
que un pintor en un lienzo reflejara
su vuelta del Calvario, y retratara
la tragedia de su alma entristecida.

Salió al original tan parecida
la copia aquella que el pintor pintara,
que más que copia que el pincel trazara
pareció realidad vuelta a la vida.

Le dio a Madrid la Virgen su retrato
como un mensaje de cariño grato,
que trae de su dolor el suave aroma.

Y el pueblo que se ve favorecido
en requiebro de amor hondo y sentido
llama en él a la Virgen LA PALOMA.

                                      Cruz de Cruz