El perdón de los enemigos (un artículo del Padre Cueto)

Padre José Cueto, O.P.

El Perdón de los enemigos

Nada hay que se resista tanto al egoísmo humano; y, sin embargo, pocas cosos son tan características de la Religión cristiana. «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen», es la primera palabra que Nuestro Señor Jesucristo pronuncia en la Cruz. Por aquí comienza en aquella sagrada cátedra sus concisas y magistrales enseñanzas, repletas de sentido. Antes, dice el Vble. Fray Luis de Granada, que encomiende su Madre al Discípulo, y su espíritu al Padre, pide a éste perdón para sus mismos verdugos; y entre tantas cosas como había de proveer, la primera provisión es para ellos. ¡Cuán cierto es que nada nos mandó Nuestro Señor Jesucristo que Él no lo practicase antes! Maestro y modelo a la vez, no se limitó a enseñarnos nuestros deberes de palabra, quiso movernos a cumplirlos con su propio ejemplo. Por eso nos dice de Él el Santo Evangelio que «comenzó a hacer y enseñar». No tenemos, pues, legítima excusa. Es mandamiento de Nuestro Señor Jesucristo, sancionado con sus propios hechos, que amemos a nuestros enemigos y hagamos bien a los que nos aborrecen. No soñemos con salvarnos, si en esto no le imitamos. «Si perdonáis, seréis perdonados», nos dice a todos el divino Maestro.

El Padre Celestial no nos otorgará indulgencia de las culpas con que le ofendamos, sino a condición de que nosotros lo otorguemos de corazón a los que nos han ofendido. Ni se nos admitirá al altar a ofrecer sacrificio, si antes no nos reconciliamos con aquellos de nuestros hermanos que contra nosotros tuvieren alguna cosa. No basta pensar que perdonamos; es preciso quererlo, y quererlo de veras, con toda sinceridad, y ponerlo por obra. Temamos siempre mucho en esta materia no ser víctimas de ilusiones. Es tan difícil perdonar de corazón y sinceramente, «que las leyes apenas lo suponen nunca, y por eso excluyen ordinariamente de actuar en un juicio a las personas enemistadas». A los enemigos no los admiten las leyes ni para denunciar, ni para acusar, ni para ser testigos. ¡Cuánto dice esto, y cuán poco, sin embargo, se tiene en cuenta! Debíamos temblar ante el solo propósito de salir por los fueros de la verdad y de lo justicia misma, en toda ocasión que advirtiésemos en nosotros algún sentimiento de aborrecimiento y antipatía hacia las personas contra las cuales nos ocurriese proceder. Porque seguramente no alterará lo esencia de los cosas pensar, así por alto nada más, y de una manera vaga y sin ahondar en el asunto: «no me mueve odio alguno; ni deseo de venganza, ni intención de hacer daño; únicamente me propongo lo gloría de Dios, el bien común, la realización de la justicia». ¡Ay, que no echemos de ver el sofisma en que envolvemos nuestra propia conciencia! Tales nos figuramos falsamente que son los móviles o que obedecemos; pero allá, en el fondo de nuestro espíritu, existen otros muy diversos, que son los que triunfan en lo contienda y se llevan la eficacia y se arrogan el imperio y dan el impulso que nos mueven y deciden y hacen poner manos a la obra.

De todos los odios y venganzas este es el de peor linaje, y el más repugnante, el que se escuda con la gloria de Dios, el bien de la Religión y el triunfo de la Justicia.

Grabemos todos en el fondo de nuestra almo la primera Palabra de Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz y tengámosla como ley de nuestras acciones, como regla de nuestra conducta, y habremos resuelto el problema de la paz en los pueblos, en las familias y en cualquiera otra suerte de colectividades.

+ FR. JOSÉ
Obispo de Canarias

Publicado en diferentes medios de la prensa local grancanaria con motivo del centenario del nacimiento del Padre José Cueto.

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Siervo de Dios Padre José Cueto, O.P., Obispo de Canarias

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La Siervita Sor María de Jesús

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Boletín Informativo de la causa de canonización de la Sierva de Dios Sor María de Jesús de León Delgado, OP, nº25 (2017)

PIDAMOS POR LA PRONTA BEATIFICACIÓN DE SOR MARÍA DE JESÚS

Este boletín que tienes en las manos pretende, como todos los editados anteriormente, servir para que Sor María de Jesús sea mejor conocida y sus devotos puedan pedir a Dios la gracia de su pronta beatificación. Lo que le pedimos a Dios es que, igual que nosotros la conocemos y privadamente nos encomendamos a ella, otros muchos la puedan conocer y puedan aprovechar el don de su santidad. Que conozcan su vida e intenten imitarla. Que amen al Señor y al prójimo como ella hizo, entregándose del todo a Dios como monja dominica de clausura. Por eso, si para ti es importante su testimonio de santidad, pídele al Señor que sea un testimonio eclesial para todos y que pronto sea beatificada. Y que todos aquellos que tenemos en nuestras manos llevar adelante la causa, seamos perseverantes, estemos asistidos por la gracia de Dios y trabajemos por la hermosura de la santidad con rigor y verdad.

LA CONGREGACIÓN PARA LA CAUSA DE LOS SANTOS

Esta oficina de la Santa Sede es la encargada de llevar adelante y revisar los procesos de beatificación y canonización de quienes son proclamados en la Iglesia como santos. Con la Constitución Immensa Aeterni Dei, del 22 de enero de 1588, Sixto V creó la Sagrada Congregación de los Ritos y le confió la tarea de regular el ejercicio del culto divino y de estudiar las causas de los Santos. Por su parte, Pablo VI, después del Concilio Vaticano II, con la Constitución Apostólica Sacra Rituum Congregatio, del 8 de mayo de 1969, dividió la Congregación de los Ritos, creando así dos Congregaciones, una para el Culto Divino y otra para las Causas de los Santos. La nueva Congregación para las Causas de los Santos tuvo su propia estructura, organizada en tres oficinas: la judicial, la del Promotor General de la Fe y la histórico-jurídica, que era la continuación de la Sección Histórica creada por Pío XI el 6 de febrero de 1930. El papa San Juan Pablo II, con la Constitución Apostólica Divinus perfectionis magister, del 25 de enero de 1983 y las respectivas Normae servandae in inquisitionibus ab episcopis faciendis in causis sanctorum, del 7 de febrero de 1983, dieron lugar a una profunda reforma en el procedimiento de las causas de canonización y a la reestructuración de la Congregación, a la que se le dotó de un Colegio de Relatores, con el encargo de cuidar la preparación de las Positiones super vita et virtutibus (o super martyrio) de los Siervos de Dios. También San Juan Pablo II, con la Constitución Apostólica Pastor Bonus, del 28 de junio de 1988, cambió la denominación a Congregación para las Causas de los Santos.

La Congregación cuenta con 34 Miembros –Cardenales, Arzobispos y Obispos–, 1 Promotor de la fe (Prelado Teólogo), 5 Relatores y 83 Consultores. El Relator al que le corresponde la Causa de Beatificación de Sor María de Jesús es el Rvdo. P. Vincenzo Criscuolo, OFM Cap, nombrado el año 2009.

EL POSTULADOR GENERAL DE LOS DOMINICOS

Por su parte, el Maestro de la Orden de Predicadores, fray Bruno Cadoré OP, ha nombrado a fray Gianni Festa OP como nuevo Postulador General de la Orden para los próximos 6 años. Fray Gianni es miembro de la provincia de Santo Domingo en Italia. El Postulador General es aquel responsable de la buena marcha de todas las causas de beatificación que se llevan adelante y que pertenecen a la Orden de los dominicos del mundo entero. Fray Gianni nació en Atessa, provincia de Chieti (Italia), el año 1961. Ingresó a la Orden haciendo su profesión simple en 1982. Fue ordenado sacerdote tras sus estudios institucionales en 1988. Tras su ordenación cursó los estudios de Historia de la Iglesia en la Universidad Gregoriana de Roma alcanzando el grado de doctor. También finalizó los estudios en archivística y paleografía. Durante muchos años ha sido el director de la revista Sacra Doctrina. Antes de ser nombrado Postulador General de los dominicos era el prior del convento de Santa Maria delle Grazie de Milán. También era el promotor de las fraternidades de dominicos seglares en Milán. La oficina del Postulador General de la Orden es la responsable de llevar a cabo las causas de beatificación y canonización de los miembros de la misma. En este trabajo colabora estrechamente con la Congragación para la Causa de los Santos. Fray Gianni sucede en este encargo a Fray Vito T. Gómez García OP, fraile de la provincia de Aragón, que lo ha desempeñado durante los últimos 12 años.

UN FRAGMENTO DE LA BIOGRAFÍA ESCRITA POR SOR CLARA

Este fragmento que queremos incluir en el presente folleto informativo tiene gran interés. Fue escrito en vida de Sor María de Jesús. Este hecho habla de la fama de vida heroica que veían en ella sus hermanas de comunidad. Sor Clara había sido precisamente la Priora del Monasterio cuando Sor María de Jesús ingresó en él.

«El motivo que he tenido para atreverme a escribir algunas de las particularidades de la vida de nuestra hermana María de Jesús ha sido ver el descuido tan grande que se ha tenido en esta Casa y en los Padres Confesores en no apuntar algunos sucesos maravillosos que han acontecido en las vidas de algunas Religiosas de calificada virtud que han muerto en este convento […] porque no suceda lo mismo y se hallen en confusión cuando nuestro Señor sea servido de llevarse a María de Jesús, he querido apuntar algo de su vida con el favor de Dios nuestro Señor y de su Santísima Madre […] Las galas seglares que trajo fue un jubon de lana de color Carmelita, unas naguas azules de lana debajo de la saya negra y toca mui llegada a el rostro porque no traía pelo, sino va Cofiesita de tafetán negro que le estaba de perlas. […]

El natural de esta criatura ha sido y es de un Angel y el semblante desde que entró parejo para todas no se le ha oído hablar alto si solo aquella voz que basta para ser oida el agrado es singular y respectosa con ser tan humilde, devotísima de la honra de Dios y me atrebo a dezir que si los confesores no la detuvieran saliera a predicar por el Convento. En cierta ocazion la dieron una bofetada y bolvio el otro lado para resivir otra sin enojarse ni hablar palabra y la ocazion que ella dio no fue más que dezir no haga eso que parese mal. […]»

Quisiera destacar el profundo celo apostólico de esta monja de clausura que, como indica Sor Clara, «[…] me atrebo a dezir que si los confesores no la detuvieran saliera a predicar por el Convento.» Es una verdadera suerte descubrir este testimonio de celo por extender la vivencia del Evangelio a todos. La diócesis Nivariense está poniendo en marcha la experiencia de misión diocesana al conmemorar el bicentenario de su creación. Ojalá este anhelo evangelizador se incruste fuertemente en los corazones de todos los diocesanos.

UN BREVE TEXTO ESCRITO POR LA SIERVITA SOR MARÍA DE JESÚS

Añadimos un breve texto, muy sencillo, escrito por Sor María de Jesús en respuesta de gratitud a un benefactor. Miremos, en concreto, la importancia que otorga la Siervita a la salvación, como principal bien que debemos todos buscar:

«Jesus

Mui Sr mío Reseví el de Vmd con el apresio desus favores los que coren de questa de mi agradesimiento y Reseví lo que Vmd avisa en el suio y ofresco tenerle presente para pedir a su divina magestad conseda a Vmd lo que más le convenga para su salbasion que es lo principal a que debemos aspirar y Ruego Juntamente gd a Vmd como deseo febrero 12

Bl M de Vmd

                                                                María de Jesús

Sor don Juan de Roo»

No se trata de pedir en la oración por lo que nosotros consideramos objeto de la felicidad presente, sino pedir por lo que nos conviene para la felicidad en mayúsculas, la que es eterna y es para siempre. Así pedía nuestra Siervita.

BREVE HISTORIA DEL PROCESO DE BEATIFICACIÓN

El proceso de beatificación ha sido largo y lleno de dificultades. Hemos de tener en cuenta que Sor María de Jesús murió en 1731. Poco menos de un siglo después la devoción de los fieles era tal que el Prior de los PP. Dominicos de la Provincia de Nuestra Señora de Candelaria pide al Obispo de la Diócesis que inicie los trámites necesarios para incoar la causa de beatificación de Sor María de Jesús. Así aparece en decreto episcopal de 20 de julio de 1828. Entre los años 1828 y 1832 se concluye el expediente informativo. Los acontecimientos de persecución y desamortizadores de la década de los años treinta del siglo XIX debieron ser los causantes de la interrupción del proceso. Hasta tal punto fue grave la situación que el expediente queda escondido en un baúl del Monasterio descubriéndose por casualidad a finales del siglo XIX. Tendremos que esperar a 1991, el 12 de diciembre, para que volvamos a iniciar el proceso, esta vez gracias a la intervención del Obispo de Tenerife D. Felipe Fernández García. Tras la aprobación por la Congregación para la Causa de los Santos del proceso diocesano, estamos ahora en la fase romana en la que el objetivo es concluir la elaboración de la Positio.

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ORACIÓN

–para uso privado–

Dios omnipotente y misericordioso, que te dignaste colmar de bienes celestiales a tu Sierva María de Jesús desde su infancia, llegando a resplandecer por su humildad admirable, oración asidua y penitencias rigurosas; concédenos, por su intercesión, la gracia que te pedimos (expóngase la petición). También te pedimos por la pronta conclusión del proceso de beatificación. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Escribe: Juan Pedro Rivero González

Edita: MONASTERIO DE SANTA CATALINA DE SIENA (Monjas Dominicas) C/ Deán Palahí, 1 -38201 – San Cristóbal de La Laguna (Tenerife)

Puedes ver este Boletín y todos los publicados anteriormente, en la página web del Monasterio:

Monasterio Dominicas La Laguna (Monasterio de Santa Catalina)

Enlace relacionado:

Sor María de Jesús de León Delgado, O.P., (“La Siervita”)

Madre Teresa Titos Garzón, O.P.

Madre Teresa Titos Garzón, O.P.

“Dejadme morir en la cruz. Qué locos somos si no somos santos. Aprovechaos, hijas y no desperdiciéis el tiempo” (Teresa Titos)

Teresa de Jesús Titos Garzón nació en Granada (España), el 4 de enero de 1852. Sus padres fueron Fernando Titos e Isidora Garzón. Tenía cinco hermanos, tres de los cuales también llegaron a ser religiosos. Vivió su infancia en el conocido barrio del Realejo. Desde muy joven sintió una profunda inclinación espiritual, con gran predilección hacia los más pobres. La describen como graciosa, sencilla, de corazón noble, sin dobleces, generosa para dar y perdonar, franca, compasiva, humilde y alegre. Ingresó como religiosa con 20 años, el de 2 de julio de 1872, y once años después fue elegida superiora del Beaterio de Santo Domingo de Granada. En 1907 fundó la Congregación de Santo Domingo, para la educación y enseñanza de niñas con pocos recursos, que hoy en día, se encuentra extendida por países de América Latina (Venezuela, Colombia y Cuba), África (Congo, Camerún), Europa del Este (Ucrania), Asia (Tailandia) y España. Murió el 14 de febrero de 1915. Sus restos mortales descansan en la casa Madre de la Congregación, en Granada, a los pies del altar de la capilla. Actualmente su causa se encuentra en el proceso diocesano de beatificación.

Oración

–para uso privado–

Dios y Padre nuestro. Que nos has mostrado tu amor y tu misericordia en tu sierva Teresa Titos. Ella nos ha dado ejemplo de acogida a tu Palabra y de audacia evangélica en la construcción de tu Reino. Por los méritos de Jesús y María, glorifica ante tu Iglesia a tu hija Teresa, concediéndonos las gracias que te pedimos por su intercesión… y venerarla pronto entre tus Santos, para Gloria Tuya y estímulo nuestro. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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Video conmemorativo 100 años Madre Teresa Titos Garzón

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Frase Madre Teresa

La Madre Teresa Titos en 12 frases

Congregación de Santo Domingo 

Satoko (María Isabel) Kitahara, el ángel de la ciudad de las hormigas

Satoko Kitahara

Venerable Sierva de Dios Satoko Kitahara (Foto: Ann Maria Clara/Wikimedia Commons)

Satoko Kitahara nace el 22 de agosto de 1929 en Tokio, en el seno de una familia aristocrática y de tradición sintoísta. Crecida en Japón antes de la guerra, inició los estudios universitarios al final de la misma en de una sociedad que atravesaba grandes cambios.
Casualmente conoce la religión cristiana y es enormemente influenciada por algunos religiosos; hace la catequesis y se bautiza a los 20 años con el nombre de Isabel, añadiendo el de María en la Confirmación. Por influencia de fr. Zeno Żebrowski (compañero de San Maximiliano Kolbe en Japón), que tras la guerra se consagra al servicio de los que no tenían para vivir, Isabel María dedicará cada vez más su vida a los necesitados, en particular a los niños de los traperos de la “Ciudad de las hormigas” (Arinomachi). Viviendo en medio de ellos y llevando la misma vida, se fue debilitando a causa de la tisis, hasta ofrecer su vida para que la ciudad se reconstruyera en un medio más sano; así murió, a los 28 años y 5 meses, el 23 de enero de 1958.
La historia de Isabel María ha conmovido a generaciones de cristianos de Japón y del mundo entero, demostrando la calidad de su conversión, que la llevó a compartir la vida con los últimos. Su historia ha dado origen en Japón a un musical que ha dado la vuelta al mundo.
Tras el consenso del Congreso Peculiar de los Consultores Teólogos, obtenido el 12 de junio último, y el actual de los Cardenales y Obispos, falta sólo la aprobación del Papa Francisco para que Isabel sea declarada “Venerable”. Tras un eventual milagro por su intercesión podría ser declarada beata. Isabel María Satoko Kitahara es la primera Sierva de Dios japonesa de la que se ha reconocido la heroicidad de sus virtudes; hasta ahora, todos los demás beatos y santos, han sido reconocidos por mártires.

Kitahara “Venerable”
La tarde del 22 de enero de 2015, el Santo Padre Francisco, en la audiencia privada al Excmo Card. Angelo Amato, S.D.B., Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santo, autorizó a la misma la promulgación del decreto relativo a las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Isabel María Satoko Kitahara, seglar; nacida en Tokio (Japón) el 22 de agosto de 1929, y muerta allí el 23 de enero de 1958. Le espera, pues, el título de “Venerable”.

Fr. Angelo Paleri
Postulador general

Satoko Kitahara

“Junto con ese rosario, pongo en manos del Señor mi vida, esa vida que he recibido de Él en depósito″.

La sonrisa de Dios en la Ciudad de las Hormigas de Tokio (Vida de Isabel María Satoko Kitahara). Padre Ángel Peña, O.A.R.

Sierva de Dios Isabel Leseur, laica dominica (150 aniversario de su nacimiento)

Isabel Leseur

Dios mío, a tus pies deposito mi carga, mis dolores, mis tristezas, mis sacrificios. Transforma todas mis pruebas en gozo y santidad, en beneficios y gracias para mis hermanos (Isabel Leseur)

Escasos días atrás se ha conmemorado una efemérides: el 150 aniversario del nacimiento de Isabel Leseur. Mujer de espíritu sensible a Dios y de exquisita formación cultural, desde muy joven dio muestras de una gran religiosidad. Al casarse tomó el apellido de su marido Félix Leseur, un hombre de convicción atea que llegaría a convertirse en sacerdote católico (fray Marie-Albert Leseur, de los Hermanos Predicadores). Es la historia de un matrimonio con una gran vivencia cristiana (del calvario a la esperanza) y un milagro de amor conyugal. A continuación, mostramos un interesante texto de Fr. Carlos Amado que refleja perfectamente el semblante espiritual de Isabel:

Parisina de origen, – allí nació el 16 de octubre de 1866, y allí también murió el 3 de mayo de 1914 –, Isabel Leseur es una de las figuras más preclaras de la espiritualidad laical dominicana de principios del XX. Nacida en el seno de una familia profundamente religiosa, la formada por Antoine Arrighi y Gatienne Marie Picard, recibió desde su niñez una profunda y esmerada formación religiosa y humana por parte de su madre. En 1889 tomó el apellido de su esposo Félix Leseur, convirtiéndose ya para siempre en Isabel Leseur, la inolvidable “Babeth”, que en tal manera influyó en su inmediato entorno, que es posible descubrir la intensa actualidad de su vida y sus escritos aún en el mundo de hoy.

La historia de Félix e Isabel, es la historia de la lucha de la gracia de Dios y la libertad humana. La gracia de Dios que, aceptada libremente por Isabel, la transforma y la convierte en la “hija predilecta” que asocia a la Pasión de Cristo, y desde su sufrimiento y soledad, envía a un apostolado silencioso y fecundo.

Gracia de Dios, que actúa también en Félix, a través de la dulce y perseverante acción apostólica de Isabel, rompiendo poco a poco la resistencia de un hombre que, imbuido de la mentalidad liberal de su tiempo, se siente seguro en medio de un agnosticismo recalcitrante y agresivo, que lo mismo hiere la delicadeza espiritual de Isabel, que intenta alejarla, si bien inútilmente, de sus convicciones religiosas, convirtiéndose en una de las razones del dolor más íntimo y de la soledad más profunda de su amada “Babeth”. El propio Félix relata las etapas de su transformación:

Ya he confesado antes cuánto me mortificaba y me irritaba el fracaso de mi desgraciada tentativa contra sus creencias, y con qué miserable afán, me empeñé cobardemente, en contradecir todas sus ideas religiosas. Mi actitud se modificó algo a partir del año 1908. Cuando la vi tan enferma, y enferma de una de esas afecciones hepáticas que generalmente producen gran hipocondría, impaciencia y tristeza, los cuales soportaba con gran ecuanimidad, me sentí conmovido viendo a esa alma tan dueña de sí misma y de su cuerpo; y, reconociendo que la fuente de donde sacaba ella una fortaleza tan grande, eran sus convicciones religiosas, dejé de atacarlas. En 1911, a raíz de su operación, mi extrañeza se convirtió en respeto, y, en 1912 con motivo de un viaje de Lourdes, en admiración.” (…) “Después de su muerte, en el instante en que todo parecía derrumbarse a mi alrededor, encontré el Testamento Espiritual que había escrito para mí, y por las indicaciones de su hermana, su Diario. (…) Sentí a Isabel, aparentemente desaparecida, venir por mí y dirigirme. (…) En la primavera de 1915 la evolución se terminaba; no me quedaba más que realizar el acto definitivo, reconciliarme con la Iglesia…”

Isabel Leseur murió de cáncer hepático el 3 de mayo de 1914.

El Diario de Isabel Leseur, no es un diario curioso de viajero, —pese a que relata también momentos de sus viajes por Europa y África—, ni un diario frívolo y superficial de dama de sociedad sin responsabilidades; es el Diario de una mujer que acepta el reto de ser cristiana, y como tal, acepta también el reto de la transformación interior que Dios obra en ella a través del Espíritu Santo, inserta siempre en la cotidianidad de sus deberes de estado.

Mujer casada, su Diario tiene la deliciosa frescura de una pluma que inmersa en el mundo que la rodea; contempla con un amor profundo a aquellos que le rodean, e intensamente enamorada de su esposo, busca por todos los medios su conversión, suspirando por el día en que ambos puedan compartir juntos el gozo de la fe.

La vena dominicana de su espiritualidad proviene de su profunda convicción de que para poder vivir su fe le es necesaria una seria formación, lo que la lleva a vivir entre la oración y el estudio, para poder “predicar” desde el silencio de su sufrimiento y de su soledad, con la dulzura de su trato y la solidez de sus convicciones. El “apostolado intelectual” se le presenta como una vocación específica:

“Apostolado intelectual. Acaso sea éste, de un modo particular, el que Dios exija de mí; me ha tratado como “hija privilegiada”, así se me ha dicho y estoy convencida de ello, El lo ha dispuesto y realizado todo en mí y alrededor de mí para prepararme a esta forma de apostolado”.

Apostolado que realiza de manera especial por medio de su extenso epistolario dirigido a los más diversos destinatarios, reunido en diversas colecciones, y un fecundo apostolado de consejo personal. Por otra parte, es innegable la influencia que en ella ejerce su Director Espiritual, a quien escucha atenta y obedece con gran fidelidad, y al que también edifica.

Las diversas etapas de su crecimiento espiritual, mismas que nos va narrando como de paso en su Diario y Pensamientos de cada día, nos la presentan al mismo tiempo como una gran maestra de vida espiritual, que escribe, “bajo el impulso de un sentimiento interior, la necesidad de expansionar, en secreto, los pensamientos o las emociones que llenaban su corazón (…) y como escribía para ella sola, esta conciencia se expansionaba ante Dios con toda sencillez, con toda libertad, sin ninguna preocupación ni en lo tocante al estilo, ni a la composición.

Escribía para ella, y sin embargo, sabe del bien que sus escritos pueden producir. “Mi querido esposo podrá leerlo después de mi muerte, y esto le explicará muchas cosas”, responderá a su hermana que la convence de no destruirlos.

Fr. Carlos Amado Luarca
Historia de la Espiritualidad en la Orden de Predicadores

Fuente (texto): gabitos.com

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Carta Espiritual: Elisabeth (Isabel) y Félix Leseur

Madre Teresa María de Jesús Ortega Pardo, priora dominica

Sierva de Dios Teresa María

I. SEMBLANZA BIOGRÁFICA

Su biógrafo y excelente escritor, L. Galmés la ha llamado “Resonancia de amor eucarístico”. Esta y otras muchas frases le cuadran admirablemente porque pueden atribuírsele los más diversos títulos como “Ciclón eucarístico”, “Volcán eucarístico”, “Prodigio eucarístico”, etcétera. Quienes tuvieron contacto directo con Teresa Ortega dan testimonio unánime de su amor y devoción por el Misterio Eucarístico. Manifiestan que quedaron profundamente impactados por su ardiente palabra cuando se refería al Sacramento del Amor.

Era ciertamente un corazón enamorado de Cristo Sacramentado. Sus escritos electrizan al lector lanzándolo a una vida de intimidad con Jesús oculto bajo las especies eucarísticas. Resulta siempre útil recordar los datos principales de su andadura terrena, que ofrecemos como una abreviada ficha biográfica.

Nació en Puente Caldelas, pueblecito de Pontevedra la Nochebuena del año 1917. Fueron sus padres José María Ortega Ijazo y Manuela Pardo Valdomar. Sangre aragonesa y gallega se mezclaron para formar la suya, mezcla armónica de reciedumbre y dulzura en difícil síntesis. En su tierra natal pasó los primeros años de su vida. Trasladados sus padres a Teruel, aquí le sorprende la Guerra Civil Española (1936-1939), sufriendo el terrible asedio en el Seminario, durante una heroica resistencia. Prisionera de las hordas revolucionarias comunistas fue llevada con todos los suyos a Segorbe y más tarde a la cárcel de Valencia.

Terminada la guerra cursa los estudios de Bachillerato en Valencia, durante los años 1940-42. Sigue estudios de Filosofía y Letras en las Facultades de Valencia y Zaragoza donde obtiene la Licenciatura el 13 de mayo de 1946. Finalizada su carrera se entrega por completo al apostolado, como Presidenta Diocesana de Acción Católica dejando una imborrable huella en diversos centros parroquiales y en el campo universitario además de su testimonio en el sector del mundo rural. Nombrada oficialmente Vocal de Propaganda de la Juventud Femenina de Acción Católica de la Archidiócesis de Zaragoza dio en este cargo toda su medida formando una generación de auténticas apóstoles.

Poseía extraordinarias cualidades humanas y sobre todo un temple inaccesible al desánimo. Por eso toda su actuación apostólica producía una impresión imborrable. Su actuación como formadora y propagandista produjo abundantísimo fruto en los miembros de la Acción Católica Femenina de diversas provincias españolas donde se desplazaba, siempre disponible cuando se le llamaba. Abnegada e incansable, ferviente y comunicativa sembró con generosidad la semilla fértil del Evangelio.

El 8 de diciembre decide “encerrar su impotencia en la Omnipotencia de Dios” según su propia expresión, ingresando en el Monasterio Jerónimo de Santa Paula de Sevilla. El 19 de octubre de 1957 fue trasladada al monasterio dominicano de “Madre de Dios” de Olmedo, con licencia de la Santa Sede, estando de acuerdo los superiores de ambas Órdenes en atención a la misión providencial que Dios marcaba para ella en dicho monasterio dominicano donde vivió con admirable fidelidad su vocación contemplativa.

Emite la Profesión solemne el 15 de septiembre de 1960. y el 23 de diciembre del mismo año fue postulada para su primer priorato viéndose confirmada para este cargo por la Santa Sede el 7 de febrero de 1961. A partir de esta designación fue sucesivamente reelegida como Priora y Madre de este Monasterio al que supo imprimir un ritmo vitalizante netamente contemplativo y dominicano. Como fruto ubérrimo de esta reforma —llamémosla así— van surgiendo nuevas fundaciones en Puerto Rico y Angola.

El 20 de agosto de 1972 muere santamente después de una octava intervención quirúrgica, como grano enterrado en el surco de la Iglesia. El testamento espiritual para todos sus monasterios constituye la síntesis de su edificante espíritu monástico: Silencio y Contemplación. Su fama de santidad comenzó pronto. El 29 de julio de 1999 el Sr. Arzobispo de Valladolid, D. José Delicado Baeza, ordenó que se abriera el Proceso sobre la vida, virtudes y fama de santidad de la Sierva de Dios Teresa María de Jesús Ortega, decretando la introducción de su Causa.

La apertura oficial del proceso de Canonización tuvo lugar el 14 de octubre de 1999, en su propio Monasterio de Olmedo, bajo la presidencia del Sr. Arzobispo Metropolitano. La clausura, presidida por el actual arzobispo, Exmo. Y Rvdmo. D. Braulio Rodríguez Plaza, tuvo lugar el 18 de julio. Las actas de este proceso ya han sido entregadas a la Congregación de la Causa de los Santos en Roma.

Estas breves singladuras de su itinerario histórico nos revelan la imagen de una egregia mujer de extraordinarios valores humanos y sobrenaturales. Quienes la conocieron y permanecieron muy cerca de ella nos la describen como una religiosa agraciada y simpática. Inteligentísima y superdotada. De una agilidad mental rápida y fina, que se manifestaba en las conversaciones de alto estilo. Sus escritos certifican que poseía una imaginación brillante y agudamente creativa. Poseía enorme facilidad para hablar y escribir. Sabía cincelar frases breves, densas de contenido.

Hacía gala de una voluntad de acero, incapaz de doblegarse ante ningún obstáculo y convertida en una fuente de energía muy exigente para consigo misma. Sus virtudes brillaron sobre todo en sus enfermedades, ya que seguía trabajando con la mayor normalidad como si no tuviese nada. Sensibilísima en todo, mostraba una exquisita delicadeza femenina. Alegre, positiva, optimista, abierta. Y muy sincera, ya que para ella la verdad constituía siempre un valor primario y fundamental. Por encima de todos los valores descritos emergía uno que con rasgos propios justifica lo que fue y lo que hizo Madre Teresa María. Fue, sin duda, la intervención divina, la gracia auxiliadora de Dios y su amor de predilección para con ella que supo corresponder con heroica generosidad.

El secreto de su vida monástica hay que buscarlo y encontrarlo en la Eucaristía. Vivió el misterio eucarístico apasionadamente y así se explica que pasara prácticamente noches enteras en adoración ante el sagrario a pesar de su frágil salud. Sabía por experiencia que en el Tabernáculo estaba la fuente “para cargarse de amor y poder derramar al Amor, repartiéndolo a los demás. Con Jesucristo vivo en la Eucaristía llegaría a los cinco continentes. Como Domingo de Guzmán, que no podía evitar las lágrimas cuando celebraba Misa, Sor Teresa María encontraba en la Eucaristía el entusiasmo apostólico y misionero que hizo de su Monasterio un semillero de fundaciones: Puerto Rico, Angola, Curagao, Taiwan, Argentina, Grecia, Camerún, Corea.

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II. TEXTOS ANTOLÓGICOS

Seleccionamos algunos que nos han parecido especialmente significativos renunciando, por exigencias de espacio, a otros muchos todos ellos reveladores de su gran personalidad monástica eucaristizada hasta un grado que solo Dios conoce.

  1. La Eucaristía nos convierte en una transparencia de Dios.

Mírale a los ojos y mira a ver a qué sabe Dios en la Eucaristía, y apóyate en Él sin miedo porque el que se apoya en el pecho de Dios es teólogo. Y aprovecha para arrancarle virtudes teologales y sus misterios. Dios te dirá sus secretos. Aprovecha tú el misterio de la Eucaristía para hacerte con la sabiduría de Dios, con esos secretos eternos de Dios, que son tuyos y de los demás.

  1. La Misa misterio de la Iglesia.

La Misa es la Iglesia en plenitud y en desarrollo de toda su jurisdicción. Nunca podrá hacer la Iglesia una cosa más grande que ésta. Esto es mucho más perfecto que el misterio de la resurrección de Lázaro, sin comparación. No hay milagro que se compare a éste. El momento de la transubstanciación es esa hora en que se produce el fíat creador en que un sacerdote con poderes de Dios, con poderes de Cristo realiza el más maravilloso de los milagros. Esa hora por la misericordia infinita de Dios nos la regala El todos los días.

  1. Gracias por la Eucaristía de cada día.

Gracias por mi Eucaristía de todos los días. Gracias por mi comunión de todos los días. Gracias porque al darme todo ese misterio de gracia, yo no entiendo nada de lo que me das. Gracias por ese misterio profundamente desconocido, del que no se nada, no conozco nada. No son lo sentidos los que me hablan de la Eucaristía, no es lo que yo veo, lo que yo toco. Es lo que yo creo. Es el Misterio de la Fe. Gracias por la Gracia de las gracias: el centro de las gracias es un Dios que vive en nosotros.

  1. Soñar con el Sagrario, sedientos del Pan divino.

Dame unos ojos nuevos, los tuyos mi Dios, para profundizar en Belén, en Nazaret, en el Gólgota, en el Pan. Dame hambre, dame sed para que me acerque a este Pan que exige hambrientos. Soñar con el Sagrario, soñar con la comunión de cada mañana, soñar con el trigo limpio de mi Dios hecho Pan. Ir como loco en busca de mi tesoro. Buscarle como le buscaba María en la mañana de la Resurrección. Comerle con hambre y preparar el alma para volverá tener hambre de nuevo. Fundirme con la Hostia de nuestras misas y ser una hostia viva que se de y se reparta para que todos coman (…) Ten sed de Eucaristía, ten sed de mirarle a los ojos.

  1. Oír los latidos del Corazón de Cristo Sacramentado.

Oiríamos los latidos del Corazón de Cristo si nos acercásemos a los secretos profundos de nuestros Sagrarios. El ejemplo vivo y la fuerza misteriosa que nos sostiene y empuja la tenemos en el secreto de Dios-Hostia. Ahí reside la fuerza de nuestra entrega y la de nuestra perseverancia. Ahí espera, ahí me espera. Ahí me cita en la noche interminable de su anonadamiento infinito. Ahí me espera sin cansarse de llamarme, y ahí me espera para dar fuerza a mi esperanza, para dar alivio a mi sequía y para ayudar mis impotencias.

  1. La Eucaristía enseña a ser grano de trigo.

Me impresionó siempre la Eucaristía. Ahora un poquito más que siempre. Debe ser que toda mi vida se ha forjado al calor de la Eucaristía. El Sagrario explica todo lo que soy, lo que tengo. Grano de trigo: i Que misterio encierra tu muerte, tu caída en el surco. Cuéntame tus secretos de destrucción, o no, mejor que calles, que te ignores, que no sepas hablar de ti, pensar en ti. Grano de trigo: calla, silénciate en el surco para siempre.

  1. La Misa, hecha vida.

No hay más que una Misa, una Hostia, un Sacerdote, un Ofertorio. Y esa Misa es mía por derecho propio en la actual economía de la gracia, pero ello encierra unas exigencias exhaustivas de expropiación total. En esa Hostia santa no está solo Cristo-Cabeza, sino el Cristo total con todo su peso, con toda su fuerza. Nuestra vida, Señor, es tu Vida. Nuestra vida es nuestra consagración, es tu Consagración.

  1. María en el Misterio de la Eucaristía.

Ella hará tu vida. Es la era de donde salió el grano. Acércate a la era, y te dará a comer el trigo de Jesús y ya no tendrás hambre. La Eucaristía sabe a Vida Eterna y sabe a María, porque la carne que se nos da en la Eucaristía es carne tomada de María. La Eucaristía sabe a María, sabe a Madre, sabe a eternidad, a Vida Eterna.

Además de los textos antológicos citados podríamos aducir numerosos testimonios escritos que iluminan poderosamente la personalidad intensamente eucarística de la eximia contemplativa de Olmedo. Sean suficientes los que hemos presentado. Si los meditamos y los asimilamos conseguiremos consolidar, más y mejor, nuestra piedad eucarística adoradora y reparadora. Quiera el Señor concedernos como a ella la gracia de que nuestra vida cristiana se alimente y se abrase en la Eucaristía.

Andrés Molina Prieto, Pbro. (“La revista del Santuario”, nº21, 2006)

Enlace recomendado: 

Sierva de Dios Teresa María Ortega Pardo, O.P.: una resonancia de amor eucarístico

Guillermo Rovirosa, el apóstol del mundo obrero: 30 máximas

Guillermo Rovirosa

ROVIROSA. Entusiasta

“Cualquiera que se haya aproximado a la trayectoria vital de este hombre queda impresionado por la actualidad de sus vivencias y de sus planteamientos. Ciertamente, Guillermo Rovirosa es un referente de cristiano laico y apóstol involucrado en la realidad social de nuestro tiempo, con un amor entrañablemente agradecido a la Iglesia y lúcidamente crítico con las deformaciones de la vida cristiana (empezando por las propias) que son un obstáculo a la evangelización. Buscador leal de la verdad, será comprendido por todo aquel que hoy lo busca. Converso a la fe en Jesús, ayudará al creyente a redescubrir el tesoro que se nos ha regalado, a agradecerlo y compartirlo. Encarnado en la realidad obrera, nos enseña a no evadirnos irresponsablemente, sino a asumir el conflicto social y ahí mismo encontrar a Cristo, seguirlo y darlo a conocer. La sabiduría que transmiten sus escritos es fruto de una experiencia de vida construida con fidelidad apasionada a Cristo y un gran amor a sus hermanos, los más pequeños”.

Alfonso Gil Montalbo, en Revista Ecclesia, nº 3162, agosto de 2003

Guillermo Rovirosa Albet, sindicalista cristiano y primer promotor y alma de la HOC (Hermandad Obrera de Acción Católica), nació en Vilanova i la Geltrú (Barcelona) el 4 de agosto de 1897 en el seno de una familia religiosa, de valores tradicionales. Hombre de gran capacidad intelectual, fue un buscador (entusiasta) de la verdad en todos los órdenes de la vida. Junto al sacerdote Tomás Malagón dio auténtica vida a la HOC, una asociación seglar que pretendía acercar la religión al mundo obrero más pobre. Murió el 27 de febrero de 1964. En octubre de 2001, la Comisión General de la HOC acuerda solicitar la iniciación del proceso de canonización ante el Arzobispado de Madrid. Tras los pasos previos y necesarios para tal fin, tuvo lugar el acto de apertura de dicho proceso el 8 de julio de 2003. Recientemente, en marzo de 2016, se ha clausurado la fase diocesana de la Causa de canonización del Siervo de Dios Guillermo Rovirosa.

En sus escritos y publicaciones evidencia una gran preocupación por los obreros con menos recursos y denuncia la opresión a la que son sometidos. En los albores de la industrialización de España muchas familias (principalmente proletarias) llevaban una vida sacrificada sobremanera y en condiciones desfavorables e injustas. Pero especialmente, unida a esta inquietud social, Rovirosa mostró un gran amor por Jesucristo, que lo será todo en su vida: por estos hombres tan humildes  y entregados continúa Jesucristo su redención.

Sus pensamientos, apasionados y con un profundo espíritu religioso, nos llevan a interesantes reflexiones sobre la vida misma, las relaciones propias entre los hombres y la relación entre Dios y el hombre:

1⋅ “Jesucristo nos manda una sola cosa: amarnos. Cuando se ama ya no hacen falta mandamientos, pues el amor lo supera todo”.

2. “Jesucristo, como verdadero Dios, nos reveló ciertas intimidades de la divinidad, que los hombres por medios naturales jamás hubieran podido llegar a descubrir, y que en su esencia constituyen lo que llamamos: El Credo”.

3. “Dios nos dio:

1º.- Una LUZ, en su Mandamiento Nuevo.

2º.- Una MEDICINA, en la Gracia.

3º.- Una FORTALEZA, con los Sacramentos.

Todo ello formando un TODO que puede expresarse con la palabra: COMUNIÓN”.

4. “La COMUNIÓN preside las relaciones de las tres divinas Personas de la Trinidad Beatísima, y por esta COMUNIÓN podemos decir que Dios es Amor, y porque es Amor es COMUNIÓN. Para poder transportar esta COMUNIÓN (que de Tres hace Uno) desde el Cielo a la tierra, Dios se hizo hombre y entró en COMUNIÓN con la naturaleza humana, para que por Cristo los hombres pudiéramos entrar en COMUNIÓN unos con otros y con Dios. COMUNIÓN de Amor, pues únicamente el Amor puede hacer de varias personas una sola”.

5. “Jesucristo, por ser Dios, y por tanto infinito, dio su Vida, su Pasión y su Muerte por cada uno de los hombres. De manera que a mí no me corresponde una partecita de su Vida, su Pasión y su Muerte, sino que me corresponde TODA. Y cada hombre puede decir lo mismo”.

6. “En el orden individual ser perfectos como es perfecto nuestro Padre que está en los cielos. En el orden colectivo, que todos seamos uno, como son Uno el Padre y el Hijo; esto es: con unidad substancial”.

7. “El lema Uno para todos, y Todos para uno todavía contiene algo de egoísmo, que puede expresarse así: Doy para que me den, y esto es perfecto para los que no conocen a Cristo. Pero el cristiano colabora con los demás para servir al mismo Cristo, que se hace presente en “el otro”. Entonces la colaboración toma una magnitud y una fuerza que la hacen invulnerable a cualquier tentación de desánimo o de deserción”.

8. “La gran paradoja del cristianismo, que ha desconcertado, que desconcierta, y que desconcertará siempre la razón humana, es, precisamente, la de vencer a la fuerza con la debilidad, al poder con la mansedumbre, y a las leyes con el amor”.

9. “El pobre cristiano es el que comunica sus propios bienes a otros que los necesitan, o los desean; y no consiste tanto en dar como en compartir. La fracción del pan es su símbolo perfecto. El “espíritu de Pobreza” manifiesta el Amor cristiano en el com-padecer (padecer con), y conduce necesariamente a anteponer las necesidades y los deseos de los que se ama a los propios deseos y a las propias necesidades”.

10. “El que comparte lo que tiene, cada vez se da cuenta de que tiene más cosas para compartir. Aparte de compartir lo que sea fruto de su propio trabajo y esfuerzo material, intelectual y sobrenatural (que es un esfuerzo inmensamente más productivo y fecundo que el de los que se esfuerzan y trabajan únicamente para sí, en trabajos forzados y agotadores) se encuentra con que puede compartir su alegría con los tristes, y la luz del sol con los de ojos turbios; el gozo de las Estaciones del año y la Eucaristía; el cielo y la tierra; una lágrima y una sonrisa; la salud y la enfermedad; el trabajo y el descanso;… toda la creación, y el mismo Creador, son suyos si los comparte con Espíritu sobrenatural de Pobreza”.

11. “Los que miran el Espíritu de Pobreza cristiano solamente como un desapego de todo lo creado, se quedan en el primer paso, y por esto están inmóviles. Entre el egoísta que lo quiere todo para sí (y lo somos casi todos) y el Pobre cristiano que todo lo quiere para los demás (en los que ve a Cristo), el primer paso es desapegarse del egoísmo y detestarlo. Pero esto no basta, ni siquiera sería posible progresar ordenadamente por este camino si no se acompañara de su aspecto positivo, que puede expresarse así: No para mí, sino para Cristo que lo necesita, o lo desea, en la persona de los “próximos”.

12. “La Humildad de Corazón de Cristo es un puro misterio. Misterio grandioso y sublime que ilumina con luz esplendorosa la marcha triunfal de los Santos de su Iglesia”.

13. “Si la Humildad de Cristo le condujo a asumir todos los pecados de la humanidad no fue porque viera en ello un fin, sino un medio necesario para manifestar su Amor a los hombres. Así, muchos hombres al sentirse amados de esta manera han abominado y abominan sus pecados y hacen penitencia, provocando la alegría de los Ángeles del Cielo y la Gloria del Padre, por J.C.N.S”.

14. “El cristiano con Espíritu de Humildad mira y recibe como don de Dios todo lo bueno, noble y santo que percibe en los demás, ya que todo ello Dios se lo pone en su camino para su propia perfección”.

15. “El humilde acepta y agradece todo lo bueno que ve en los suyos, como exigencia de Amor, viendo en todo ello destellos de la presencia de Cristo en los demás. Aún en los más perversos no deja de ver nunca algo aceptable, que pondera y exalta (en vez de recriminar y gruñir por “lo malo”), y por el amor de correspondencia que esta actitud suscita, hace que el perverso amengüe su perversidad”.

16. “Sabiendo que lo malo que hay en los hombres tiene su origen en la carencia de Amor, el Humilde prodiga su afecto precisamente a los más despreciados. En ellos ve a Cristo despreciado de todos que le pide Amor para salir de la abyección en que se halla. Poco importará que “el otro” no lo agradezca ni se dé cuenta; a la larga no tendrá más remedio que rendirse, lo cual no será su derrota sino su liberación. Y habrá merecido que en el Último Día el Señor le diga: Ven a mi derecha, porque estaba envilecido y hundido, y con tu amor me levantaste y dignificaste”.

17. “El compartir lo nuestro con los demás (Pobreza) todavía puede suscitar algún sentimiento de superioridad y de excelencia, si nos olvidamos que los otros son Cristo; pero aceptar y amar a los demás tal como son, con alegría y con gratitud por el don de Dios que representan, no puede hacerse sin ver en ellos al mismo Cristo que se pone a nuestro alcance para comunicarnos lo bueno que en ellos hay, y para servirle como podamos en sus deficiencias”.

18. “Tanto tienes, tanto vales. Este es nuestro lema de mediocres. Para “tener”, estorban todas las virtudes humanas de honradez, amistad, fidelidad a la palabra dada, culto a la verdad, sentido de justicia, probidad…”

19. “La victoria no depende de los azares de una lucha, sino de la decisión con que uno tome partido por Cristo. Si uno sigue fielmente a Cristo ya ha triunfado, en este mundo y en el otro, cualesquiera que sean las incidencias y las derrotas aparentes”.

20. “Cada persona, al aparecer en este mundo trae una Vocación a la santidad, a la que todos, sin excepción somos llamados. Ésta es la vocación fundamental, aunque la inmensísima mayoría no lo entiende así; y de responder (o no) a esta llamada de Cristo depende la felicidad en este mundo y en el otro”.

21. “Tengo la seguridad de que cuando hayan paladeado la Pobreza, la Humildad, y el Sacrificio en los pequeños detalles de la vida cotidiana de relaciones mutuas, cada vez será mayor su gozo y su deseo de que estas esencias cristianas pasen a constituir el centro de su vida, que cada vez será más y más una vida de comunión”.

22. “Gracias a Dios, el hombre perfecto no existe. No hubo más que uno y lo matamos, como es natural. Pero, como el ave Fénix, renació, y (¡oh maravilla!) los cojos, los ciegos, los lisiados,… podemos juntarnos y llevarnos unos a otros, y (si lo hacemos con Él) entonces sí que formaremos verdaderamente el hombre perfecto: el Cuerpo Místico de Cristo. Pero ello no a base de nuestras semejanzas, sino de nuestras diferencias”.

23. “Por la Revelación sabemos que Dios es Amor. Y es Amor por que es Uno y Tres. Y Dios puede ser Uno y Tres porque es Amor. Amor absoluto, que se da plena y totalmente, y de Tres hace Uno”.

24. “Cada Bautismo es una nueva encarnación del Verbo de Dios, más maravillosa y sorprendente todavía que la que se realizó en el seno de la Virgen. Entonces Dios se sujetó a la naturaleza humana que Él había creado, haciéndose uno de nosotros, semejante en todo a todos, excepto en el pecado. En el Bautismo se va más allá, pues ya no es a la naturaleza humana que Dios se sujeta, sino a la naturaleza personal del bautizado. La persona de Jesús era la encarnación del Verbo y nadie más. En el bautizado encarna la Trinidad Beatísima y se somete al neófito, sin coaccionar su libertad en lo más mínimo. Esto da el vértigo, pero es así. Cada bautizado recibe no sólo los dones de Dios, sino al mismo Dios Trino y Uno. ¿Para qué se le da? Para que pueda realizar su libertad aceptándolos, o para qué pueda frustrar su libertad rehusándolos”.

25. “No hay ninguna incertidumbre en el destino histórico. No puede pasar nada más que lo que está pasando: Cristo vencedor absoluto. Cristo es TODO, y el resto es NADA”.

26. “Porque la victoria de Cristo es ésta, precisamente. Con Él la Paz, sin Ella guerra en todas sus formas: caliente o fría, pequeña o grande, individual o colectiva,… Con Él la Justicia y sin Él toda injusticia. Con Él la libertad, y sin Él todas las esclavitudes posibles, desde las más grosera a las más refinadas. Con Él el amor mutuo, y sin Él el asqueroso amor propio”.

27. “Veo que se llama trabajar a cualquier cosa que sirva para justificar un sueldo. Cada día veo un desprecio mayor por los llamados trabajos productivos. Cada día va en aumento el entusiasmo y el alistamiento de voluntarios en el innumerable ejército de trabajadores improductivos. Como el mal reside en que los parásitos están organizados y los primos sin organizar… pues ¡vamos a organizarnos! ¿Cómo? Alrededor del Obrero de Nazaret. Este es el único que hace milagros y el único Redentor. Y la fuerza de su Amor”.

28. “A Cristo lo reconocemos con ropa de obrero, con las manos encallecidas, con la frente sudorosa, cansado del trabajo”.

29. “Buscamos dinero. Y como la droga es curativa en pequeñas cantidades y luego pasa a esclavizar, así pasa con el dinero. El hombre, imagen de Dios, necesita INDISPENSABLEMENTE un mínimo de bienes materiales, como complemento de su cuerpo; un mínimo de bienes intelectuales, como complemento de su alma, entre los que destaca una profesión vocacionada. Y como complemento a toda su persona una FE que dé sentido a su vida. Nos está MANDADO aspirar a la perfección; por eso queremos una PROPIEDAD PERFECTA. Aspiramos a la perfección en nuestra profesión. Y más en nuestra fe. Una fe viva y perfecta que podamos decir: ¡Vivo, pero no yo, es Cristo quien vive en mí! La fe me fue dada en el Bautismo y ahora me falta apropiármela. Si cultivara mi fe con ACTOS DE AMOR sería mucho más propietario de fe que alimentándola exclusivamente con ritualismo y fórmulas”.

30. “Siempre estaré donde los empobrecidos protagonicen su vida personal y colectiva”.

* * *

Guillermo Rovirosa 1

Oración 

Padre, tu llamaste a Guillermo Rovirosa
le mostraste la grandeza de tu amor, manifestado en Jesucristo,
el obrero de Nazaret entregado hasta la muerte y resucitado,
y lo enviaste como apóstol al mundo obrero.
Concédenos vivir, con su misma coherencia,
el bautismo que nos ha hecho hijos tuyos,
de modo que en el trabajo de cada día
lleguemos a transformar la sociedad según tu voluntad
y a transmitir la alegría de la fe a nuestros hermanos.
Te pedimos, por su intercesión,
ayuda ante la necesidad que te presentamos (petición)
y el gozo de agradecértela con un mayor compromiso
a favor del amor y la justicia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

(Esta oración no tiene finalidad alguna de culto público)

Enlace recomendado: Guillermo Rovirosa (página dedicada a la difusión de su vida y obra)

Carta Espiritual: Elisabeth (Isabel) y Félix Leseur

Isabel Félix Leseur

Una sola alma puede cambiar toda la atmósfera moral a su alrededor con un solo resplandor. Y así fue en el matrimonio Leseur: una maravillosa historia de conversión y amor conyugal. 

“Moriré antes. Y cuando muera, te convertirás; y cuando te conviertas, serás un religioso. Serás el Padre Leseur, O.P” (Isabel Leseur)

* Carta Espiritual

12 de octubre de 2011
Solemnidad de Nuestra Señora del Pilar

Estimadísimo Amigo de la Abadía San José:

“Podríamos tener un conocimiento «intelectual» muy completo del cristianismo y, sin embargo, no vivir su vida. Lo que debemos alcanzar es la plenitud de vida interior, la fe íntima que transforma al alma, y es ese don lo que hay que pedir sin descanso a Dios, el único que puede concederlo”. Estas profundas palabras de Isabel Leseur a una amiga nos desvelan su alma, y explican y aclaran su propio itinerario espiritual.

Isabel Leseur nace el 16 de octubre de 1866 en París, primera hija de Antonio y María Laura Arrighi. Después de ella nacerán tres chicos y una niña. Su padre, de origen corso, es doctor en derecho; gracias a su seriedad, consigue una envidiada situación en el Palacio de Justicia. La madre enseña a rezar a sus hijos y les abre al amor de Dios. Isabel escribe un primer diario donde anota, el 14 de noviembre de 1877: «Ayer fui al catecismo por tercera vez. ¡Oh, es eso lo que me interesa! Estoy muy contenta, porque esta semana iré a confesarme; lo necesito mucho». Se organiza unas reglas de vida y se esfuerza cada día en la meditación según las capacidades de su edad. De ello obtiene el deseo de corregir sus defectos, pero no resulta fácil: «Pues bien, no, no soy más buena, al contrario» –escribe – «Cuando me dicen una cosa, yo digo lo contrario, sobre todo con Pedro (su hermano). Nunca quiero confesar que estoy equivocada». En mayo de 1879, toma la primera Comunión y recibe el sacramento de la Confirmación. Su inclinación por todo lo que sea intelectual y artístico no le hace perder de vista lo seria que es la vida: «El predicador nos ha hablado de la misión de la joven y de la mujer cristiana –anota– con motivo de un retiro espiritual. Nos ha dicho que se trata de una misión divina. Que, durante nuestro paso por la tierra, podíamos hacer mucho bien o mucho mal« También nos ha dicho que debíamos temer el egoísmo, que solamente piensa en sí mismo». Isabel tiene unos veinte años cuando conoce a Félix Leseur.

Nacido el 22 de marzo de 1861 en Reims, Félix es el tercer hijo de una familia acomodada. Su padre, brillante abogado, es miembro de diversos grupos católicos. Su madre, mujer muy piadosa, ha sabido crear un hogar donde hay amor y donde se piensa en los demás. Félix cumple su etapa escolar en centros católicos. Ávido de lecturas, devora a escondidas a los autores libertinos del siglo XVIII y a los grandes novelistas del XIX. Siente pasión por la geografía, y se orienta hacia una carrera al servicio de las colonias francesas. No obstante, por el interés incluso de las lejanas regiones donde aspira a que le envíen, estudia primero medicina en Reims, en un ambiente de materialistas convencidos. También él acaba negando todo dogma y abandonando toda creencia religiosa. Sin embargo, mientras vive en familia no rompe abiertamente con la Iglesia, por temor a afligir a sus padres. Termina su formación en la Facultad de Medicina de París. De repente, la atmósfera de frenética actividad de París le gusta; allí encuentra por doquier ocasiones para aprender, pero también para divertirse: teatros, conciertos, cabarets artísticos. Escribe artículos periodísticos sobre las colonias, que desvelan la amplitud de sus conocimientos y la seguridad de su opinión. En unas pocas líneas convincentes y documentadas, pone de relieve los hechos susceptibles de interesar al gran público.

Los mismos gustos

Unos amigos le presentan a Isabel Arrighi, de quien  aprecia la alegría, la delicadeza de espíritu, la distinción de los modales, la exquisita sensibilidad y la amplia cultura. A pesar de una divergencia de opinión en el plano religioso, ambos jóvenes comparten los mismos gustos, las mismas reacciones ante los acontecimientos y las mismas curiosidades intelectuales. Se comprometen el 23 de mayo de 1889. Poco después, los padres de Isabel dejan entender a Félix que jamás aceptarían que su hija partiera a ultramar con él. Renuncia entonces a su carrera colonial para casarse con Isabel. Esta señal de amor verdadero y profundo, así como el compromiso de Félix de dejarle toda la libertad de practicar la religión, confieren a Isabel la esperanza de poder ayudarle a regresar a la fe de su infancia. El casamiento tiene lugar el 31 de julio de 1889. Hacia finales del verano, Isabel sufre un absceso en el intestino. No quedará restablecida del todo hasta después de varios meses, y esa enfermedad le dejará secuelas durante toda su vida.

En marzo de 1892, Félix es contratado por un periódico, «La République Française», de tendencias fuertemente anticlericales. En él publica artículos sobre la política exterior y las colonias. En octubre de 1894, pasa a la redacción del «Siècle», otro importante diario parisino muy anticlerical. Poco después, es nombrado miembro del Consejo Superior de las Colonias, con sede en África. Pero Félix rechaza el puesto y entra en el consejo de administración de una gran empresa de seguros cuyo director es el hermano de la señora Arrighi. Pronto ocupa el puesto del tío.

Intentar no creer

Los esposos Leseur llevan una vida muy mundana.  Isabel se aficiona a regresar tarde a casa, a cenar en restaurantes de moda y a los espectáculos. Enajenado por esa atmósfera materialista, Félix se esfuerza «en buscar motivos de incredulidad, como un verdadero cristiano indaga sus motivos para creer». Se ha montado una biblioteca donde se puede encontrar a todos los grandes maestros del librepensamiento, del modernismo o del protestantismo liberal. Poco a poco, se hace intolerante e incluso agresivo respecto a las convicciones de su mujer. No obstante, ese profundo desacuerdo no merma el amor que sienten ambos esposos, ni la intimidad del hogar. Isabel, por su parte, desarrolla su cultura general, sobre todo mediante el estudio del latín, del ruso y del italiano. Pero también lee autores cuyo pensamiento tiene una influencia nefasta sobre la fe, y acaba perdiendo sus costumbres de recogimiento.

Entre 1893 y 1897, Félix y su esposa realizan largos viajes por el extranjero: Roma, Argelia, Túnez, Alemania y Europa del Este. Al regresar del último periplo, Isabel abandona toda relación con Dios. Un día de 1898, le dice a su esposo: «Ya no me queda nada que leer. Dame algo». Contando con acabar destruyendo su fe, Félix le propone las obras de Renan, autor brillante aunque racionalista. Isabel empieza a leer la Vida de Jesús. Muy pronto comprende, gracias a su profunda inteligencia y a su sólida cultura, que detrás de ese estilo seductor se esconden una falta de sinceridad y frágiles hipótesis. Así pues, retoma el Evangelio; en contacto con la persona y la palabra de Jesús, la intensa vida religiosa de su juventud se despierta. Molesto por el imprevisto cambio de su mujer, Félix insiste en sus críticas hacia el cristianismo y se ensaña en burlarse de lo que Isabel más estima. Pero ella soporta con dulzura esas contrariedades, esforzándose por seguir siendo una esposa solícita, llena de atención y ternura.

El 11 de septiembre de 1899, Isabel empieza un nuevo diario. «Me he puesto a estudiar filosofía –escribe–, y me interesa mucho. Ese estudio clarifica muchas cosas y pone orden en el pensamiento. No entiendo por qué no se culmina con él toda la educación femenina». Medita con asiduidad el Evangelio y lee los escritos de los Padres de la Iglesia y de los Santos. Sus conocimientos la capacitan para mantener reñidas discusiones con su marido o con amigos ateos, y refuta sus argumentos con tanta dulzura como pertinencia.

Renovada por Él

Entre 1899 y 1901, los esposos Leseur emprenden  nuevos viajes: visitan Rusia, Asia Menor, Grecia, Italia, España, Marruecos, Bélgica y Holanda. Al terminar el último periplo, regresan sin tardar a París, pues Isabel sufre del hígado. En 1902, se instalan durante el verano en la casa que se han edificado en Jougne, en el departamento del Jura. La apacible estancia en ese lugar resulta muy beneficiosa para Isabel. El año siguiente, viajan a Roma con una pareja de amigos. El miércoles de la semana de Pascua, en la Basílica de San Pedro, Isabel recibe una gracia poco común después de la Comunión: «He sentido en mí –escribirá–, presente y aportándome un amor inefable, a Cristo bendito« Me he sentido renovada por Él hasta en lo más profundo». Pero no dice nada a su marido, esperando para él la hora de la gracia.

Para expresar a Félix su afecto, Isabel le escribe en 1904: «Gracias por todo y por encima de todo de ser tú mismo. Y perdóname por ser yo misma, es decir, alguien que en sí misma no vale gran cosa y que sólo ha mejorado por influencia del sufrimiento aceptado, y aceptado gracias a un socorro y a una fuerza más grande que la mía. A causa de eso, hay que ser indulgente con unas convicciones que el tiempo y Dios han hecho profundas, y gracias a las cuales no me he convertido en un ser amargado y egoísta». Sin embargo, su gran cariño por Félix no le impide tomar en ocasiones posiciones que la ponen en conflicto con él. Sobre todo, desaprueba la boda de un amigo de su marido con una persona divorciada. Félix monta en cólera, pero Isabel guarda la calma y espera para explicarse. Esa disensión es el único encontronazo serio entre los esposos Leseur durante sus veinticinco años de matrimonio. Isabel ama mucho a su esposo, y desea ante todo verle regresar a Dios. Por eso ofrece a Dios todas las pequeñas penas, las contrariedades y las humillaciones «que llenan nuestras jornadas», así como las tribulaciones más penosas de la enfermedad y de los sufrimientos morales.

En primavera de 1905, Julia, la hermana de Isabel, muere de tuberculosis. Esto la afecta muy profundamente y se produce un cambio en su alma: acepta los sufrimientos con mucha más paz. Los lazos espirituales que permanecen en Julia más allá de la muerte le hacen tomar conciencia del dogma de la comunión de los santos: «Gracias a ese bendito dogma –escribe–, incluso el ser más aislado, el más pobre, el que se ve postrado en un doloroso lecho o cuya vida la forman humildes renuncias y sacrificios diarios, un ser así puede ejercer influencia sobre otros y alcanzar, mediante la gracia divina, a quienes su acción quizás no habría afectado« Ni una de nuestras lágrimas, ni una de nuestras plegarias se pierde, y tienen una fuerza que muchas personas desconocen». Escribirá además: «Cada alma que se eleva, eleva al mundo».

Percibir el sufrimiento escondido

Dios no concedió a Isabel los gozos de la maternidad,  pero le dio un tacto especial con los niños, con los que sobresale ocupándolos, distrayéndolos o haciéndoles trabajar. Colabora con la Unión Familiar, conjunto de asociaciones fundadas con el fin de ayudar a las familias obreras. Un poco más tarde, ofrece sus servicios a la Unión Popular Católica, obra que se apoya en dos principios: hacer caridad pagando con su persona y buscar constantemente la elevación de las almas y su salvación eterna, cualquiera que sea el tipo de caridad que se ejerza. Gracias a sus obras, Isabel aprende a conocer más íntimamente el sufrimiento humano: «Cuántas veces una palabra, un gesto que nadie advierte, desvelan un sufrimiento ignorado –escribe–; y si supiéramos observar eso como observamos muchas cosas que no valen la pena, descubriríamos muchas cosas y nos ahorraríamos muchas torpes palabras». En lo que a ella respecta, acoge sonriendo a las personas que acuden a verla, incluso cuando su visita resulta inoportuna.

En julio de 1910, los esposos Leseur se desplazan a Beaune para visitar el famoso hospicio regentado por religiosas: el Hôtel-Dieu. Una profunda relación se traba entre Isabel y sor María Goby; la amistad de esa hermana –escribe a su madre– «introduce una gran dulzura en mi vida, aunque realmente están cerca algunas enfermedades y operaciones». Durante esos años, efectivamente, Isabel padece una enfermedad crónica del hígado que exige, en varias ocasiones, reposo absoluto. Con motivo de una operación de cáncer de pecho, a principios de marzo de 1911, ofrece su vida a Dios. En ocasiones, el sufrimiento la abate de tal manera que ya no le resulta posible hacer nada: «Ya sabe que acabo de pasar por una gran tribulación –escribe a sor Goby. Ello ha significado la destrucción, y como el sufrimiento no ha dejado resquicios para un pensamiento, para una plegaria, el despojo de todo« Comulgaba de ese modo; era Él quien aportaba todo, pues yo ofrecía solo mi sufrimiento». Sus propios sufrimientos la hacen comprensiva con respecto a los de los demás. Escribe a un amigo que se le había quejado: «Que quien, explícitamente o en el fondo de sí mismo, no se haya quejado nunca, le tire la primera piedra; no seré yo« Hay momentos en que nuestra pobre y abatida naturaleza lanza el grito que el propio Calvario oyó, creyéndose abandonada« Creo que el sufrimiento le ha cincelado y ha puesto en usted toda una devoción y una simpatía humana que quizás la felicidad no le habría dado en el mismo grado».

En 1912, los Leseur viajan a Lourdes. Ante los enfermos, Félix se siente impresionado: «Me encontraba junto a un joven sacerdote español, acostado en una litera e inmovilizado por una parálisis –cuenta« En mi interior me decía: «Es un crimen traer a un enfermo aquí en ese estado« Este hombre, que evidentemente no va a curarse, regresará desconsolado«». Pero, con gran sorpresa por mi parte, si bien el enfermo no se curó, su rostro reflejaba una alegría y una paz profundas. Entonces me dije: ¿Habrá algo? ¡Es realmente extraño! ¡Si fuese yo, me habría rebelado!». Poco después, Félix ve a su esposa rezando en la cueva: «Tenía ante mis ojos –escribe– el espectáculo de un hecho que se me escapaba, que no entendía, pero que se me aparecía con nitidez, «lo sobrenatural»« Regresé a París muy desconcertado« Pero todo ello se borró rápidamente de mi alma, al menos en apariencia«». De hecho, en aquel instante, Isabel pedía a María la conversión de su esposo. Había escrito poco antes a sor Goby: «Sigo con respeto y emoción el trabajo que Dios realiza en el alma de mi querido esposo; que diría que está preparando« el terreno a la fe. Pero para conseguirla, hay que unir más que nunca nuestras plegarias y nuestros sacrificios». El verano siguiente, con motivo de un paseo con sor Goby, Isabel predice su propia muerte prematura, la conversión de Félix y su ingreso en la vida religiosa.

Un baño de serenidad

En 1913, el cáncer de Isabel se generaliza. Después de  una novena a sor Teresa del Niño Jesús, se produce una tregua. Isabel profesa gran devoción hacia la santa carmelita, de la que su marido se burla. «Pero si es una cosa infantil, esa hermanita de nada». Y ella responde: «Al contrario, es algo muy grande, pero no puedes entenderlo». No obstante, la tregua dura bien poco y el mal continúa haciendo estragos. Félix se sorprende del fulgor de su esposa: «Cuando regresaba a casa –escribirá– y estaba de nuevo junto a ella« recobraba también la paz y retomaba una especie de confianza que no me explicaba« Se trataba, seguramente, del fulgor de esa paz íntima, de esa serenidad que Dios concede a las almas que le pertenecen por completo». Las demás personas que se acercan a Isabel sienten, con asombro, una impresión parecida. Uno de sus amigos aconseja a su esposa, cuando está angustiada: «Ve a visitar a Isabel; ve a tomar tu baño de serenidad».

El 24 de abril de 1914, Isabel empieza a delirar. En un momento de pleno conocimiento, tiende los brazos a su esposo con una expresión de inmensa ternura. Poco después, entra en coma. Félix manda que le administren la Extremaunción. Exhala su último suspiro el domingo 3 de mayo, en brazos de Félix. Cuando observa el rostro sosegado de Isabel, presiente que toda la belleza de esa vida no puede quedar en nada. Cuando abre el testamento redactado en su intención, siente su presencia cerca de él: «Ama a las almas –había escrito–, reza, sufre y trabaja por ellas. Merecen todos nuestros padecimientos, todos nuestros esfuerzos y todos nuestros sacrificios». Descubre entonces el diario de Isabel, tomando conciencia de los sufrimientos que involuntariamente le causó, así como de los sacrificios realizados para conseguir que volviera a Dios. Isabel sólo había alcanzado semejante serenidad, semejante elevación de pensamiento, gracias a su ferviente devoción. Eso le conmociona«

«Allí, cerca de mí«»

En junio de 1914, Félix parte de viaje con un amigo.  En el coche, percibe de repente la presencia de Isabel: «Tuve la impresión, muy nítida –escribirá– de que estaba allí, cerca de mí; inmediatamente me dije: «Pero si está viva, su alma está junto a mí, acabo de tener la impresión casi física de su presencia». La emoción fue tan intensa que me resultó imposible dominarla« Pero entonces –me repetía–, si Isabel está viva como esta irresistible intuición me acaba de demostrar, eso significa que el alma es inmortal; entonces Dios existe, y el mundo sobrenatural es la verdad». Unos días después, en la basílica de Paray-le-Monial, una nueva llamada se manifiesta: «Tuve la percepción más precisa aún de su querida presencia; caí de rodillas de forma irresistible en un reclinatorio« Me dirigí a Nuestro Señor« Tenía realmente la intuición de que Él estaba allí, en el sagrario, y de que su infinita bondad se inclinaba hacia mí». Sin embargo, de regreso a París, se persuade de que ha sido el juguete de una ilusión cuya causa es el choque afectivo producido por el fallecimiento de Isabel.

Al estallar la Gran Guerra, Félix parte hacia Burdeos. En el transcurso del viaje, Isabel le inspira que vaya a Lourdes. Una vez allí, se dirige a la cueva y pide a la Virgen que le conceda el perdón de sus pecados. Entonces, Dios se apodera de su alma, lo envuelve con su Bondad y le comunica una paz y una serenidad que jamás antes había conocido. Se produce en él una revolución, sin especial esfuerzo por su parte: «¡Había sido conquistado! Se había hecho la luz». De regreso a París, se aplica al estudio de la fe católica y se documenta profusamente en la biblioteca que Isabel había dejado, donde hay toda suerte de obras anotadas de su puño y letra. Muy pronto, entra en contacto con el padre Janvier, célebre dominico, que le escucha durante largo tiempo, recibiendo a continuación la Confesión sacramental. El día siguiente, en la Misa, toma la Comunión, imaginándose que sentirá una gracia semejante a la que había recibido en Lourdes. Pero no sucede nada, por lo que regresa a casa desengañado y desanimado. Entonces, oye interiormente la voz de Isabel: «¡Sería demasiado cómodo! Después de toda tu existencia de hombre renegado, de haber combatido a Dios y a Jesucristo, sería casi inmoral si, por haberte confesado y comulgado, fueras a poseer de golpe todas las claridades y todos los consuelos. Ahora ya no se trata de tu sensibilidad, sino de tu voluntad, que debes poner en adelante al servicio de Cristo». Aturdido, Félix decide comulgar de nuevo el día siguiente.

En la primavera de 1917, empujado por varios amigos, publica el Diario de Isabel. En un momento en que Francia pasa por un período trágico de su historia, considera que las almas necesitan vida interior y, sobre todo, comprender el valor infinito que puede tener el sufrimiento. Esa publicación alcanza un inmenso éxito. Sin embargo, Félix se siente llamado pronto a consagrarse por completo a Dios en la vida religiosa. En 1919, ingresa en el noviciado de los Dominicos de París, siendo ordenado sacerdote el 8 de julio de 1923. El apostolado que se le confía consiste principalmente en dar a conocer la vida y las obras de Isabel. Después de dedicarse a ello con gran éxito hasta la vejez, entrega su alma a Dios a finales del mes de febrero de 1950. Gracias a sus trabajos, la causa de beatificación de Isabel se abrirá en 1955.

En su audiencia general del 18 de agosto de 2010, el Papa Benedicto XVI afirmaba: «En la base de nuestra acción apostólica, en los distintos campos en los que actuamos, siempre debe haber una íntima unión personal con Cristo, que es preciso cultivar y acrecentar día tras día. Sólo si estamos enamorados del Señor seremos capaces de llevar a los hombres a Dios y abrirles a su amor misericordioso, y de este modo abrir el mundo a la misericordia de Dios».

Que el ejemplo de Isabel Leseur nos anime en nuestra vida de unión al Señor.

Dom Antoine Marie osb.

* * *

* Con la debida autorización de la Abadía San José de Clairval. Nuestro agradecimiento al P. Cipriano María por su amabilidad.

Nota: Para publicar la carta de la Abadía San José de Clairval en una revista, periódico, etc. o ponerla en un sitio internet u home page, se necesita una autorización. Ésta se debe pedir por email o en http://www.clairval.com

Sierva de Dios Madre Teresa María Ortega Pardo, O.P.: una resonancia de amor eucarístico

Teresa María Ortega

I. Una activa mujer de Acción Católica

Madre Teresa María de Jesús Ortega Pardo, OP, nació en Puentecaldelas (Pontevedra), el 25 de diciembre de 1917 y murió en Pamplona, el 20 de agosto de 1972 • Profesó en 1955 en el Monasterio jerónimo de Santa Paula de Sevilla; fue trasladada al Monasterio dominicano de Olmedo en 1957, donde fue priora desde febrero de 1961 hasta su muerte • Fundó otros claustros de la “Madre de Dios” en tierras misioneras • Su proceso de beatificación se inició en 1999, y la fase diocesana concluyó en julio de 2006.

Teresa Ángela María Ortega Pardo nació en la localidad pontevedresa de Puentecaldelas, cuando anochecía el día de Navidad de 1917. De padre aragonés y madre gallega, ambos se conocieron cuando José María Ortega ejerció de Jefe del Servicio de Telégrafos de aquella localidad. Era la mayor de tres hermanos: Encarnita –numeraria del Opus Dei, cuya vida se encuentra en proceso de santificación– y Gregorio.

Poco tiempo después de que la familia se trasladase al Teruel paterno en 1926, moría la madre, Manuela Pardo. Y, a pesar de que Teresa confesó que su “hueco” no se lo podría llenar nadie, dispuso del amor de su padre y de sus tías, una de ellas soltera, muy cercana a los cuidados de sus sobrinos. Teresa era una joven singular. Prefería practicar deporte antes que jugar a las muñecas. Parecía dispuesta a romper numerosas barreras que dificultaban el futuro de las mujeres de su tiempo, tanto en lo intelectual como en lo cotidiano. Gustaba mucho de leer y declamar poesía. Había recibido las primeras instrucciones académicas de su padre, aunque junto con su hermana Encarnita dispuso de un profesor particular. Después acudieron como alumnas externas al colegio de las Terciarias Franciscanas.

La podíamos retratar como joven de gran belleza, que estudiaba solfeo de la mano de su tía, conocimientos que aplicaba al piano. Poseía un carácter independiente, emprendedor y constante, dotado de una gran capacidad de persuasión. Pronto, comenzó a sufrir problemas de salud, que prolongó a lo largo de su vida. Como adolescente manifestaba sus deseos de volar, incluso de enamorarse, a escondidas según las percepciones de su hogar.

En el ambiente social de Teruel existían serias dificultades en los días finales de la Segunda República y en la Guerra Civil. No faltaron los referentes espirituales para superar aquella “crisis de juventud”, gracias a la dirección espiritual del sacerdote Manuel Hinojosa –después mártir–, o de Dolores Albert, perteneciente a Acción Católica. La contienda, y especialmente su final, supusieron asedio y prisión para ella y su familia, primero en Segorbe y después en Valencia. Había participado en gestos “heroicos” por salvar la Eucaristía en la iglesia turolense de San Juan, fabricar las formas y facilitar la comunión, por lo que era llamada “la niña sagrario”. Fue la primera liberada y acogida por una familia que había sido evacuada de Teruel.

Pudo continuar el bachillerato en la ciudad del Turia e iniciar los estudios universitarios de Filosofía y Letras, concluidos como licenciada en 1946, en la Universidad de Zaragoza. Estudios brillantes, en los que Teresa Ortega destacó entre sus compañeros e incluso entre sus profesores, no ajenos al empuje espiritual de esta joven de Acción Católica. Su carrera universitaria era un cauce abierto para el apostolado, que se intensificó en los años siguientes hasta que, a finales de 1955, decidió cambiar su vida activa como propagandista, por una clausura en las jerónimas sevillanas.

Hasta entonces habría de ser ese “canto rodado” que definió el rector del Seminario de Ávila, Baldomero Jiménez Duque, después de conocerla en unos Ejercicios Espirituales que dirigió en Teruel. Con aquella expresión tituló, precisamente, su biografía. Fue el principio del camino para acercarse a los ámbitos diocesanos y espirituales de Ávila, a la localidad vallisoletana de Olmedo en 1951, donde habría de impulsar un grupo de seglares que renovasen la vida de aquellos fieles. Fue acogida, primero en la casa de un humilde matrimonio, vecino del convento de las dominicas de la localidad. El obispo abulense, Santos Moro, le había dado vía libre de actuación dentro de los cauces de Acción Católica. Allí, y en otros muchos lugares, su labor de apostolado despertó numerosas vocaciones. Sin embargo, surgieron problemas desde los cuadros dirigentes de Acción Católica hacia su forma de hacer o hacia las prioridades que debía demostrar dentro del espíritu seglar de la obra.

Esa incomprensión la llevó a responder a lo que consideraba llamada de Dios por un camino diferente: la clausura de un convento, en un ámbito alejado al que había sido propio.

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II. El descubrimiento de la auténtica vocación de clausura

Olmedo había aparecido en la vida de apostolado de Teresa Ortega y así se lo había descubierto a otras personas que habían encontrado su vocación en uno de los monasterios de clausura de esta localidad, en otro tiempo levítica.

El titulado de la “Madre de Dios” había sido fundado en 1528 como beaterio aunque adoptó la Regla y Constituciones de la Orden de Santo Domingo en 1830, en vísperas de la desamortización. Cuando conoció a estas monjas la joven Teresa Ortega, se encontraban necesitadas, no sólo de nuevas vocaciones sino también de una profunda renovación. Gracias a su presencia, consiguió del obispo de Ávila —pues pertenecían entonces a aquella diócesis—, del arzobispo de Zaragoza y de las dominicas del convento de Daroca, que tres de las monjas de esta última casa se trasladasen a Olmedo, para impulsar los cambios pertinentes.

Una de las dominicas era la madre Teresita Iriarte, dispuesta a asumir el oficio de priora del convento de Olmedo desde 1953. Iba a trabajar con las nuevas vocaciones, proporcionadas por el apostolado de Teresa Ortega —desde ahí se entienden algunos de los problemas con los cuadros dirigentes de Acción Católica, una organización de seglares—. El proyecto, inicialmente se vino al traste con la muerte, en octubre de 1954, de la madre Teresita y el regreso de las dos monjas que la acompañaron, a Daroca.

Sin embargo, cuando Teresa Ortega decidió entrar en el claustro no lo hizo en Olmedo sino en las jerónimas de Sevilla, bajo la advocación de Santa Paula, un 8 de diciembre de 1955. Una resolución que, quizás, no comprendieron algunas de las jóvenes que habían decidido tomar el hábito dominicano en la localidad vallisoletana. Y a pesar de la comunicación epistolar, Teresa Ortega tomó el hábito de las jerónimas en junio de 1956 y profesó un año más tarde. El camino era claro. Su lugar no se encontraba en Sevilla sino en Olmedo, para trabajar por la comunidad que tan necesitada estaba. Se consiguieron los permisos pertinentes para que el 22 de octubre de 1957, se convirtiese en Teresa María de Jesús, monja dominica en el monasterio de la Madre de Dios. Con todo, ella no podía actuar desde ninguna responsabilidad, desde oficio alguno. Situación que cambió cuando una visita canónica propició la renovación de los cargos y sor Teresa pudo trabajar “más con su postura y ejemplo que con sus palabras”, por una mejora de la espiritualidad monástica. Por entonces, nacían las Federaciones de las casas de dominicas. Desde el conquense de Belmonte se pidió un refuerzo a las monjas de Olmedo.

Un grupo de cinco, al frente del cual se encontraba la hermana Teresa María se encaminó hacia aquella comunidad. La solución que se alcanzaba era la fusión y traslado de esas dominicas con éstas de la localidad vallisoletana. Así ocurrió en agosto de 1960, en vísperas de la profesión solemne de sor Teresa cuando contaba con cuarenta y tres años. Pocas semanas después era elegida como priora del monasterio olmedano y así ejerció en los siguientes doce años de su vida.

Mucho tuvo que trabajar desde el comienzo de su gobierno. Un primer reto era unir los grupos que integraban el monasterio: las que configuraban la comunidad primitiva, las jóvenes vocaciones que habían llegado atraídas por ella y las monjas de Belmonte. Al mismo tiempo, emprendió la renovación.

En aquellos momentos desapareció el colegio de niñas externas en el cual las dominicas ejercían la docencia; implantó la liturgia solemne con el canto de las horas incluso con los maitines a media noche; se emprendieron obras de mejora del monasterio, se arregló la iglesia y el nuevo coro. Se organizó el trabajo por el cual también la comunidad obtenía una remuneración y estableció una vida de formación de las hermanas.

De alguna manera, aparecía su apostolado de años atrás en Acción Católica, ejercido ahora entre las monjas de clausura, con charlas comunitarias e individuales, haciendo de las dominicas de Madre de Dios de Olmedo una “comunidad vibrante, numerosa y adornada de virtudes” como indicó Baldomero Jiménez.

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III. Fundadora, Misionera y Madre

Aunque Madre Teresa María era profundamente contemplativa —indica la monja dominica sor María Mercedes de la Trinidad—, tenía en su corazón un grito misionero; y el deseo del Concilio Vaticano II de fundar monasterios contemplativos en los países que no los hubiera, no lo pasaba de largo, y llegó a soñar que en el coro del Monasterio entraban todas las razas. Todo el mundo cabía en su corazón con deseo de llegar a todos.

Por eso, no se conformó con los cambios que realizó en Olmedo sino que inició su trayectoria como fundadora, apoyada por la llegada de peticiones destinadas a tierras muy lejanas. Fueron los frailes dominicos de Puerto Rico los que solicitaron en 1961 monjas para el establecimiento de un convento en aquella isla. Olmedo respondió con un grupo de tres hermanas. Aunque fue canónicamente erigido en 1966 el Monasterio de la Madre de Dios en Bayamón, tardó años en asentarse de manera definitiva. Para entonces ya había muerto la madre Teresa, pues el último de los cambios ha sido la apertura de un monasterio de nueva planta en la localidad de Manatí. Aquella comunidad, siempre sostenida en la distancia por su madre fundadora, ha prolongado el espíritu misionero de Teresa María Ortega y lo ha actualizado.

En 1971, volvió a aparecer otro proyecto fundacional, esta vez en Angola. Eran los días finales de la priora dominica y, a pesar de ello, pudo preparar al grupo fundacional y atender a las monjas que habrían de viajar hacia Benguela en la mañana del 6 de marzo de 1972.

La trayectoria no se ha detenido allí pues los proyectos han continuado para Curaçao en las Antillas holandesas, en Wachín de Taiwán, en Añatuya en Argentina, en Santorini en Grecia, en Toumi en Camerún, Seúl en Corea o  Kuito,de nuevo en Angola y con monjas procedentes de Benguela.

Todos estos monasterios configuran la Unión Fraterna junto con la casa madre de Olmedo, integradas dentro de la Federación de Santo Domingo. En la isla griega del Egeo, ellas fueron las que renovaron una comunidad muy envejecida tras el terremoto de 1956, en una fundación antigua. A aquel de Santa Catalina, llegaron las monjas de Madre de Dios de Olmedo, además de alguna de Angola.

El espíritu misionero legado por la madre Teresa estaba profundamente arraigado en la comunidad vallisoletana. Pero la salud de la fundadora y priora, siempre delicada, fue empeorando. Había sido solucionada momentáneamente por sucesivas operaciones con un deterioro orgánico cada vez más generalizado. A pesar de todo, la Madre era toda una fuente de energía, escribiendo, rezando, atendiendo todos y cada uno de los proyectos y a su numerosa comunidad.

Los últimos tiempos exigieron reposo, tratamientos específicos, traslados hospitalarios. Una energía que se transformó en un legado literario y espiritual que se sucedió en títulos como “Historia de un Sí”, “Lo que dijo Dios al volver”, “Sí a nuestros compromisos”, “Sí a Dios”, además de un amplio epistolario y cintas grabadas, tan habituales en los conventos posconciliares. Un material que permitió elaborar nuevos títulos como “Trigo de su era”, “Orando entre llamas” o “Asomadas a la luz”.

Su muerte se produjo después de haber sido trasladada a la clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra. Era el 20 de agosto de 1972.

Sus obras empezaron a ser traducidas y reeditadas. El gran sacerdote que fue Baldomero Jiménez Duque trazó su semblanza biográfica y espiritual en “Canto Rodado” en 1982. Los trabajos para su santificación se iniciaron el 14 de septiembre de 1999, desde esta archidiócesis de Valladolid, concluyendo el proceso diocesano en julio de 2006, en la iglesia de su Monasterio, bajo la presidencia del arzobispo de Valladolid de entonces, Braulio Rodríguez.

Actualmente, Roma ha solicitado una nueva revisión del Tribunal de Valladolid, con el fin de completar los informes anteriores.

Madre Teresa Ortega, cuyo sepulcro se encuentra en este Monasterio de Madre de Dios, formado hoy por cuarenta hermanas, ha sido definida como “gran mística de la Eucaristía, figura profética y de gran espíritu misionero”.

Javier Burrieza Sánchez. Historiador (Los procesos de santidad en la Diócesis de Valladolid)

Fuente: archivalladolid.org (Boletín IEV 243, 244 y 245)

Sierva de Dios Teresa María

Oración para pedir favores por la intercesión de la Sierva de Dios Madre Teresa María de Jesús Ortega, O.P.

Señor y Padre nuestro, por la ferviente devoción a la Palabra revelada y al misterio de la Eucaristía que animó a tu Sierva Madre Teresa María de Jesús, que irradió siempre desde la clausura de su Monasterio Dominicano, atiende las intenciones (…) que te presentamos por su intercesión, y concédenos ser, como ella, testigos alegres y apóstoles valientes de Jesucristo y de su Evangelio, en comunión universal con la Iglesia. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen.

Virgen del Sí, danos tu fidelidad. Madre de la Unidad, haz que seamos UNO

*(Esta oración no tiene finalidad alguna de culto público y no pretende prevenir el juicio de la Autoridad eclesiástica)

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Más información: Sierva de Dios Teresa María Ortega Pardo, virgen dominica contemplativa (por Baldomero Jiménez-Duque)

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Enlace recomendado: Madre Teresa Ortega, O.P. – Monasterio Madre de Dios

“La Siervita”, la monja prodigiosa de Tenerife

siervita de La Laguna

La Siervita. Boletín Informativo de la causa de canonización de la Sierva de Dios Sor María de Jesús de León Delgado, O.P. (Nº 23)

Cuando una persona a la que queremos mucho o con la que tenemos estrechos vínculos de sangre o familiaridad fallece, no descuidamos su sepultura. La bendecimos, la visitamos, le ponemos flores…Y todo eso, ¿por qué? Porque consideramos que el cuerpo de nuestro ser querido ha sido templo del Espíritu Santo desde el día de su bautismo y que, en el sepulcro, espera la resurrección del último día. Ese cuerpo enterrado, cuando es el cuerpo de un cristiano, es un lugar en el que Dios ha habitado con su presencia y amor, y al que Jesucristo ha prometido la resurrección y la vida.

Es un signo de respeto y reverencia hacia Dios que lo ha creado y redimido. El cuerpo es un don de Dios, que nos ha dado la posibilidad de relacionarnos con el mundo, con las demás personas y, especialmente, con Él mismo. El cuerpo es un regalo de Dios a la persona. No es un añadido, sino que forma parte de la identidad de cada una de las personas. Somos nuestro cuerpo y somos nuestro espíritu. Por eso, cuando un cristiano muere, al cuerpo le reservamos un especial respeto y atención; porque ha formado parte de la identidad de su persona. Y, además, porque Jesús nos lo prometió y creemos en su Palabra, esperamos que sea resucitado como fuese resucitado su Cuerpo aquel primer día de la semana y que contemplaran sus discípulos y sus apóstoles en las diferentes apariciones que nos relatan los evangelios.

Nosotros también, cada 15 de febrero, visitamos el lugar en el que está el cuerpo incorrupto de Sor María de Jesús (la Siervita). Lo visitamos con especial cuidado y delicadeza porque formó parte de su identidad de mujer, de su condición de cristiana y de su vida consagrada a Dios en la clausura del monasterio de Santa Catalina, en La Laguna. El día 15 de febrero, día en el que murió, visitamos su sepultura para agradecer a Dios su vida y pedirle que interceda por nosotros. Consideramos que su vida fue un ejemplo. Durante todos sus años de vida en clausura, se dedicó a rezar por los demás y a ofrecer a Dios su vida como reparación para la salvación de todas las personas. Unió su vida, con sus alegrías y sufrimientos, a la vida de Jesucristo, para completar en su cuerpo, como nos recuerda San Pablo, lo que Cristo realizó en su propio Cuerpo entregado hasta la muerte y muerte de Cruz.

Por eso sentimos que su cuerpo es especial y, con respeto y veneración, lo visitamos, y aprovechamos para encomendarnos a su intercesión. ¡Cuántos regalos de Dios han recibido tantas personas en el momento de visitar su sepulcro! Signo es, sin duda, de la permanente y amorosa acción de Dios en favor de todos nosotros. Cuando visitamos su sepultura debemos decir:

  • Gracias Señor por la vida de Sor María Jesús.
  • Gracias por haberla elegido para formar parte de la comunidad de religiosas dominicas de La Laguna.
  • Gracias porque su vida nos estimula a escuchar tu Palabra y vivir la Caridad.
  • Gracias por darnos la posibilidad de estar aquí.

¿Por qué pedirle  que interceda por nosotros?

Hay un tema importante que debemos tener en cuenta. Quien nos concede gracias y favores es Dios. La providencia de Dios es la que está pendiente de nosotros y nos concede aquello que necesitamos, aunque en ocasiones no coincida del todo con lo que nosotros deseamos. A la postre nos damos cuenta que todo lo que nos ocurre, cuando lo vivimos desde la fe y la confianza en Dios, ocurre para nuestro bien. Los cristianos siempre pedimos las cosas al Padre Dios por Jesucristo Nuestro Señor. Así concluyen las oraciones que hacemos en la Liturgia, cualquiera que sea su celebración. Decimos “Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina, en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén”.

Pues bien; si todo lo pedimos por medio de Cristo, ¿por qué pedir la intercesión de los santos? Si Dios Padre nos lo ha dado todo, y nos sigue dando lo que necesitamos, a través de su Hijo Jesucristo, ¿por qué solicitar gracias y favores especiales a través de los santos y santas? Lo hacemos porque tiene sentido y porque lo podemos hacer.

Cuando fuimos bautizados, la Santa Iglesia nos introdujo en la vida de Cristo. Los bautizados podemos decir lo que decía San Pablo: “Ya no vivo yo; es Cristo quien viven en mí”. Y esto es verdad de tal manera que nuestro vivir es ya un vivir en Cristo. Por eso nos llamamos “cristianos”, porque somos “de Cristo”, porque sacramentalmente nos hemos convertido en “otros Cristos”. Por eso, cuando cada uno de nosotros elevamos nuestra oración a Dios, es la voz de Cristo la que se eleva al Padre en el Espíritu de Jesús. Cristo fue dirigiéndose al Padre a través de nosotros y en nosotros. ¡Qué misterio tan hermoso! ¡la hermosura de la oración cristiana!

Cuando un hermano en la fe, un cristiano, como es el caso de La Siervita, muere, nosotros podemos hacer dos cosas: pedir a Dios por él y pedirle a él que interceda -con Cristo- por nosotros. Y Dios, que nos ama y es providente, que está pendiente de nuestras necesidades, escucha la oración intercesora de los vivos y difuntos en el eco del corazón de Cristo. Es más, la Iglesia reconoce que esta intercesión es posible y real porque admite la existencia de “milagros” por intercesión de un fiel cristiano en favor nuestro. ¡Qué gran misterio el de la Comunión de los Santos! El vínculo del Bautismo une a la Iglesia triunfante con la Iglesia militante.

Por eso podemos, y hasta debemos, pedirle a la Siervita que interceda por nosotros. Ella que vivió la amistad con Jesucristo de una manera intensa y ejemplar, que vivió la comunión con Él de una manera llamativa para los de su tiempo, puede interceder en Cristo por nosotros y por nuestras necesidades. Por eso, cuando visitamos su sepultura podemos decir:

  • Sor María de Jesús, intercede por mi familia y por mis amigos.
  • Pide a Dios que supere esta enfermedad o dificultad.
  • Dile al Señor, Nuestro Dios, que convierta mi corazón y me haga santo.
  • Ayúdame a vivir el evangelio como tú lo viviste.

La santidad a la que todos estamos llamados

Sor María de Jesús fue una mujer especial. Es cierto. Quienes la conocieron nos han dado testimonio de su especial relación con Dios. Una amiga fuerte de Dios. Una monja de los pies a la cabeza. Una gran discípula de Jesús. Pero Dios nos llama a todos al gozo de esa relación y a la gracia de experimentar, como ella, la salvación y la paz. Todos nosotros podemos tener la misma experiencia que ella tuvo al celebrar la eucaristía, al recibir el perdón de nuestros pecados en la confesión sacramental, a acoger su protección y su gracia en los demás sacramentos y alimentar nuestra vida con su Palabra salvadora. Todos nosotros podemos experimentar lo que la Siervita experimentó. Porque todos nosotros estamos llamados a la Santidad.

Con frecuencia solemos imaginar que los santos son pocos y especiales. Y eso no es cierto. Los santos son aquellos que han escuchado la Palabra de Jesús y han creído en ella. Los santos son amigos fuertes de Dios que han dejado a Dios ser protagonistas de sus vidas. Se han sentido amados por Dios de tal forma que no entienden la vida sino como una respuesta en amor a los demás.

Donde hay un hombre o una mujer, hay un santo en potencia. Donde hay un cristiano que recibió y vive la gracia de su bautismo, hay un santo en camino. Donde hay un hombre y una mujer que han vivido la vida en comunión con Jesucristo, hay un santo en el cielo. Cristo le ha dado al Papa la autoridad para declarar, de una manera definitiva y clara, cuándo un cristiano es santo y está en el cielo junto a Dios. Esa es la beatificación o canonización que hace la Iglesia. Pero cuando se beatifica o canoniza a un fiel cristiano el Papa no lo introduce en el Cielo, en la comunión con Dios: allí ya estaba. El Papa declara lo que ya era, lo que ya existía y nos lo comunica para que le demos el culto debido de veneración a ese fiel cristiano y hermano nuestro. Eso es lo que esperamos que ocurra con la Siervita.

Visitar su sepultura el día 15 de febrero o cualquier día del año debe ser para cada uno de nosotros una llamada a la santidad. Si ella pudo, y creemos que lo logró, nosotros también podemos. De la misma manera que la gracia de Dios la acompañó durante toda su vida, a nosotros también nos acompaña. Todos estamos llamados a la Santidad; cada uno según su condición de vida y su peculiar vocación cristiana. Por eso, al visitar su sepulcro debemos decir:

  • Sor María de Jesús, ayúdame a ser muy amigo de Dios; muy amiga de Dios.
  • Intercede ante Dios para que acoja tu ejemplo y considere a Dios mi mayor tesoro.
  • Que siempre sea consciente de que Dios me ama y me quiere de verdad.
  • Ayúdame a ser santo, a ser santa.

La salvación y la gracia

En la balanza de nuestra vida hay una gran desproporción entre lo que nosotros le podemos dar a Dios y lo que Dios nos quiere dar a nosotros. No hay paridad; no hay equilibrio. Dios es desproporcionadamente más generoso con nosotros que lo que nosotros podemos ser con Él. ¿Qué nos ha dado Dios? La salvación y la gracia. O sea, nos lo ha dado todo. ¿Qué podemos darle nosotros a Dios? Nuestra fidelidad como respuesta.

Tanto nos amó, tanto amó Dios al mundo -nos recuerda la Escritura- que nos ha entregado la salvación por medio de Jesucristo. Con su muerte y Resurrección nos ha salvado del pecado y de la muerte. ¡Qué generosidad la de Dios! Nos ha salvado. Y, como nuestra fidelidad es tentada y débil, porque somos pecadores, nos ha concedido la gracia, ese auxilio y apoyo permanente para poder responder al don de su salvación.

De esta experiencia profunda de salvación y de gracia fueron testigos todos los santos. De esta experiencia vivió también Sor María de Jesús. Visitar el sepulcro de la Sierva de Dios, Sor María de Jesús, es una ocasión para:

  • Agradecer el don de la salvación que Dios nos ha concedido por Jesucristo.
  • Pedir la gracia para ser fiel en nuestra vida cumpliendo el mandamiento de Jesús.
  • Retomar el camino de la salvación y convertir la vida a Dios un poco más cada día.
  • Pedir para los demás, con generosidad, que encuentren la salvación y la gracia que Dios les ofrece permanentemente a través de la Iglesia.

¿Cómo pedirle a la Siervita?

Con sinceridad. Con sencillez. Con alegría. Con fe. Sabiendo que lo que hacemos es bueno, es oportuno, es conveniente. Pedirle con nuestras palabras, con nuestra forma de hablar, desde nuestra necesidad. Pedirle con generosidad, pensando más en los demás que en nosotros mismos. Pedirle que interceda, que sirva de puente, de medio entre Jesús y nosotros, porque sabemos que Cristo es el único camino para alcanzar el corazón del Padre, fuente de gracia y salvación.

Pedir es reconocer la desproporción entre Dios y nosotros. Él tiene todo y nosotros no tenemos nada. Él lo puede todo y nosotros no podemos nada.

Escribe: Juan Pedro Rivero González

Sor María de Jesús 1

Oración -para uso privado-

Dios omnipotente y misericordioso, que te dignaste colmar de bienes celestiales a tu Sierva María de Jesús desde su infancia, llegando a resplandecer por su humildad admirable, oración asidua y penitencia rigurosa; concédenos, por su intercesión la gracia que te pedimos [expóngase la petición]. También te pedimos por la pronta elevación de tu Sierva a los altares. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

*Esta oración no tiene finalidad alguna de culto público.

La Siervita

Enlaces de interés:

Sor María de Jesús de León Delgado, O.P.,”La Siervita”

Boletín informativo de la causa de canonización, nº 24 (2016)

Tributo a la Sierva de Dios Sor María de Jesús