Festividad de San José, Día del Padre

El que ama a Jesús y a María tiene que amar también a José.

San José, esposo de la Santísima Virgen: ¡Esposo de la Santísima Virgen y padre nutricio del Salvador! Habiendo escogido el Señor a San José para estos fines en la tierra ¡cuánta sería su virtud, cuántas gracias le daría para tan sublimes cargos! Le sabemos, por el Evangelio, religiosamente observante de la ley; solícito con Jesús y con María; obediente a los mandatos del Señor; humilde, casto, noble… El libro sagrado resume todas estas virtudes con esta palabra “…era justo”.

Saquemos nosotros, de esta expresión “justo” el sentido de la piedad verdadera. La piedad nutrida con el amor de Dios, cuyo fruto es la perfección.

La verdadera virtud, como la de San José, no tiene luz propia, sino la que le da Jesús y María; no es rígida, áspera, insociable: se da a todos, pero, aborrece la ostentación; es tesoro, pero tesoro escondido. Su aire no es austero, ni frío; tampoco de un celo arrebatador. Su carácter es de sencillez, de ecuanimidad, de perseverancia; gana el entendimiento por la solidez de su doctrina, y conquista el corazón por su dulzura y su modestia. Su mérito no depende ni del capricho, ni de la apreciación de los hombres porque fines elevadísimos la sostiene. Por humildes sendas ha subido alta y encuentra en las obligaciones de estado un camino seguro, firme y sólido hacia más altas perfecciones: “Siempre hace lo que Dios quiere, y siempre quiere lo que Dios hace”.

La verdadera virtud debe ser inseparable del cristiano inseparable de los miembros de nuestra A. C. En San José encontraremos el modelo, el protector: su humildad, su dulzura, su mortificación, su recogimiento, su perfecta sujeción a la voluntad de Dios, su amor a Jesús y a María. Pidamos todas estas virtudes al Santo que más elevado está en la Gloria, que tiene mayor poder con Dios y con la Santísima Virgen. Tomémosle por protector de nuestra familia; inspiremos su devoción a nuestros hijos y sirvientes.

Bendito sea el padre bueno y sufridor: el que trabaja duramente y con honradez para llevar el pan a su familia; el que ama a su mujer, a sus hijos;  el que se preocupa por cómo llegar a fin de mes; el que sufre por la enfermedad de su hijo, el que sonríe al verle crecer, el que se emociona al ver los logros importantes de sus hijos; el que ya en el ocaso de su vida hace balance con satisfacción.

Grandeza de San José

Grandeza de San José

No hay que extrañarse de que el glorioso Patriarca San José entre de lleno en los planes divinos de la Redención del hombre. Creado el hombre a imagen y semejanza de Dios, fue colocado en el magnífico palacio del universo, como rey dominador de todo cuanto existía en los ámbitos de la tierra, y, para que fuera más dichoso, fue puesto en el jardín ameno del paraíso para que lo cultivase y guardase.

Más el hombre engañado por la mujer, y ésta por la serpiente, desobedeció al Señor, tomó la fruta prohibida y se hizo acreedor a los castigos que le estaban conminados, que implicaban tremendas consecuencias para ellos y para toda su descendencia.

Pero Dios, siempre infinito en misericordia, no condenó al hombre, como hizo con los ángeles rebeldes, sino que, compadecido de él, en el mismo instante de la caída, le promete, bondadoso, levantarlo por medio de la Redención, enviando nada menos que a su Eterno y Unigénito Hijo, que tomara nuestra carne en las purísimas entrañas de una Virgen, desposada con un varón justísimo, que era el glorioso Patriarca San José, elevado de esta forma a la inefable dignidad de padre nutricio del Verbo encarnado.

De aquí que en el plan divino de la Redención del hombre figura siempre y de un modo inseparable, además de Jesús y de María, también San José. Esta es la Sagrada Familia, que constituye una inefable trilogía, de la que se derraman la dulzura y el consuelo sobre los hijos de Adán. Tomando el Verbo Eterno nuestra carne en el purísimo seno de la Santísima Virgen, queda María hecha verdadera Madre del Hijo de Dios; y San José el esposo fidelísimo y dichoso que, como solícito custodio e incansable defensor, fue en el mundo el encargado por Dios de sostener y llevar adelante entre los hombres aquel relicario divino que era la Sagrada Familia, de la cual él mismo formaba parte.

Jesús es el amable Redentor que rescató nuestras almas con el precio infinito de su preciosa sangre, librándonos de la esclavitud del pecado y de la muerte eterna; María cooperó en la Redención, ofreciéndose para que el Espíritu Santo formara en su seno virginal la sacrosanta humanidad de su Divino Hijo, que padeciendo por nosotros, nos mereciera la reconciliación con Dios. San José trabajó para sustentar aquellos dos seres, cuidó con gran esmero de ellos y los defendió sin cesar de todas las asechanzas y peligros que aparecieron contra Jesús.

Jesús es el Mediador entre Dios y los hombres; María tiene el elevadísimo privilegio de Mediadora entre la humanidad y Jesús, y San José está constituido en gloria muy cerca de ambos, en virtud del titulo que ejerció sobre ellos en vida mortal.

María tiene el titulo de verdadera Madre de Jesús, por el cual no puede menos de ser oída por su amabilísimo Hijo; y San José, como esposo de la Purísima Virgen, ha de ser atendido tanto por María como por Jesús; y bien podemos considerar que no está olvidada por aquellas dos sagradas personas la voluntad con que le estaban sujetos, como nos dice el evangelio de San Lucas.

San José viene a ser respecto de la Virgen, (podemos entender), algo así como la Virgen en relación a Jesús, y como Jesús en orden al Eterno Padre. Y como ninguno va al Padre sino por el Hijo Jesucristo; y como para llegar a Dios está la mediación de María, píamente podemos considerar alguna intervención que tenga alguna semejanza para lo mismo en el glorioso Patriarca San José.

María se insinúa con sumo poder en su bondadoso Hijo y en el Eterno Padre y alcanza cuanto quiere de ellos; y el fidelísimo Patriarca puede mucho, tanto en el corazón de su castísima esposa como en el del Hijo, Jesucristo. Por tanto, Jesús, María y José son la verdadera Sagrada Familia que se comunican mutua e inefablemente dentro de los resplandores de la celestial divinidad en el orden providente de la Redención del mundo.

José Manuel Lorenzo Ruiz. Revista Criterio, marzo de 1957.

* * *

Oración a San José

Jesús, José y María, amparadme en este día.

Gloriosísimo Patriarca San José, hoy tengo la dicha de dedicaros este día, que es el que me corresponde en el Culto perpetuo, por medio del cual mis hermanos y yo os obsequiamos todo el año.

Por mi parte deseo que el presente día sea de santificación para mi alma, y como el principio de una vida nueva consagrada enteramente á Jesús vuestro hijo adoptivo, a María vuestra inmaculada esposa, y a Vos, santo mío.

A este fin os ofrezco todos mis pensamientos, afectos, palabras y acciones, suplicándoos fervorosamente que lo bendigáis todo, para que todo sea santo y digno de los ojos de Dios, que penetra los más ocultos secretos de mi corazón.

Alcanzadme una continua presencia de Dios, para que no sean cosas profanas, y sí sólo pensamientos y deseos celestiales los que me ocupen.

Estad siempre a mi lado, haced que no me olvide de Vos, y aceptad cuanto haga y desee hacer en bien de mi alma y en obsequio vuestro, y presentadlo a María y a Jesús para mayor gloria suya y en satisfacción de mis culpas y de las de mis hermanos. Amén.

Del Devocionario en honor del Patriarca Señor  San José (1900)

Santa Ángela de la Cruz, 85 aniversario de su tránsito al cielo

«Quédate con nosotros»

Como cada 2 de marzo, día en que murió la santa sevillana (2 de marzo de 1932), se producen largas colas para visitar el cuarto donde murió Sor Ángela y donde se guardan y exponen sus objetos personales y los del venerado canónigo Padre Torres Padilla, fundadores ambos del instituto religioso de las Hermanas de la Compañía de la Cruz (más conocidas como Hermanas de la Cruz). El 8 de agosto de 1875 nació oficialmente la Compañía de la Cruz y Roma aprobó el instituto en 1908. Ángela y sus queridas hermanas dieron testimonio con sencillez, dulzura, alegría y amor consolidando definitivamente su hermoso proyecto en España -cómo no, también presente en nuestra localidad de La Orotava-, Italia y Argentina.

Ella sigue presente en nuestra gente con el testimonio de su amor. De ese amor que es su tesoro en la eterna comunión de los santos; que realizó por el amor y en el amor absoluto, haciéndose pobre con los pobres. Y el pueblo agradece esta manera de querer a Dios y a los pobres. El Papa Juan Pablo II beatificó a Sor Ángela de la Cruz en su primer viaje a España el 5 de noviembre de 1982, confirmando en nombre de la Iglesia la respuesta de amor fiel que ella dio a Cristo. Y, a la vez, se hace eco de la respuesta que Cristo mismo da a la vida de su sierva: «El Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles y entonces dará a cada uno según sus obras».

La misa de la beatificación de Sor Ángela de la Cruz se celebró en el Real de la Feria de Sevilla y se habilitó para ella el retablo de plata de la catedral, que se usa el Jueves Santo, junto a un baldaquino de flores. Después de declarar beata a Sor Angela, el Papa felicitó al Cardenal Bueno Monreal, prelado dimisionario de la Diócesis que tanto trabajó por la beatificación de Sor Ángela. Un día, aquel 5 de noviembre de 1982, realmente grandioso:

«Nos, acogiendo los deseos de nuestro hermano Carlos Amigo Vallejo, arzobispo de Sevilla, del venerado hermano cardenal José María Bueno Monreal, así como de otros muchos hermanos en el Episcopado, y de numerosos fieles, después de haber escuchado el parecer de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, con nuestra autoridad apostólica, declaramos que la venerable Sierva de Dios Ángela de la Cruz Guerrero y González, fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Compañía de la Cruz, de ahora en adelante puede ser llamada beata y que se podrá celebrar su fiesta en los lugares y de modo establecido por el derecho, el día 2 de marzo, día de su tránsito para el cielo. En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén»

Homilía del Papa Juan Pablo II en la beatificación de Sor Ángela de la Cruz

Señor Cardenal,
Hermanos en el Episcopado,
queridos hermanos y hermanas:

Hoy tengo la dicha de encontrarme por vez primera bajo el cielo de Andalucía; esta región hermosa, la más extensa y poblada de España, centro de una de las más antiguas culturas de Europa. Aquí se dieron cita múltiples civilizaciones que configuraron las peculiares notas características del hombre andaluz.

Vosotros disteis al Imperio romano emperadores, filósofos y poetas; ocho siglos de presencia árabe os afinaron la sensibilidad poética y artística; aquí se forjó la unidad nacional; de las costas cercanas a este “Guadalquivir sonoro” partió la formidable hazaña del descubrimiento del Nuevo Mundo y la expedición de Magallanes y Encano hasta Filipinas.

Conozco el origen apostólico del cristianismo de la Bética, fecundado por vuestros Santos: Isidoro y Leandro, Fernando y Juan de Ribera, Juan de Dios y el beato Juan Grande, Juan de Ávila y Diego José de Cádiz, Francisco Solano, Rafaela María, el venerable Miguel de Mañara y otras muchas figuras insignes.

El recuerdo cariñoso de tanta riqueza histórica y espiritual, es mi mejor saludo a vuestro pueblo, a vuestro nuevo arzobispo, a los Pastores presentes y a todos los españoles, especialmente a los venidos de Canarias; pero, son sobre todo la voz prestada a quien tanto ha dado a vuestras gentes: a mi queridísimo hermano y vuestro amado cardenal que nos acompaña.

En este marco sevillano, envuelto como vuestros patios por la “fragancia rural” de Andalucía, vengo a encontrar a las gentes del campo de España. Y lo hago poniendo ante su vista una humilde hija del pueblo, tan cercana a este ambiente por su origen y su obra. Por eso he querido dejaros un regalo precioso, glorificando aquí a Sor Ángela de la Cruz.

Hemos oído las palabras del Profeta Isaías que invita a partir el pan con el hambriento, albergar al pobre, vestir al desnudo, y no volver el rostro ante el hermano, porque “cuando des tu pan al hambriento y sacies el alma indigente, brillará tu luz en la oscuridad, y tus tinieblas serán cual mediodía”.

Parecería que las palabras del Profeta se refieren directamente a Sor Ángela de la Cruz: cuando ejercita heroicamente la caridad con los necesitados de pan, de vestido, de amor; y cuando, como sucede hoy, ese ejercicio heroico de la caridad hace brillar su luz en los altares, como ejemplo para todos los cristianos.

Sé que la nueva Beata es considerada un tesoro común de todos los andaluces, por encima de cualquier división social, económica, política. Su secreto, la raíz de donde nacen sus ejemplares actos de amor, está expresado en las palabras del Evangelio que acabamos de escuchar: “El que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la hallará”.

Ella se llamaba Ángela de la Cruz. Como si quisiera decir que, según las palabras de Cristo, ha tomado su cruz para seguirlo. La nueva Beata entendió perfectamente esta ciencia de la cruz, y la expuso a sus hijas con una imagen de gran fuerza plástica. Imagina que sobre el monte Calvario existe, junto al Señor clavado en la cruz, otra cruz “a la misma altura, no a la mano derecha ni a la izquierda, sino enfrente y muy cerca”. Esta cruz vacía la quieren ocupar Sor Ángela y sus hermanas, que desean “verse crucificadas frente al Señor”, con “pobreza, desprendimiento y santa humildad”. Unidas al sacrificio de Cristo, Sor Ángela y sus hermanas podrán realizar el testimonio del amor a los necesitados.

En efecto, la renuncia de los bienes terrenos y la distancia de cualquier interés personal, colocó a Sor Ángela en aquella actitud ideal de servicio que gráficamente define llamándose “expropiada para utilidad pública”. De algún modo pertenece ya a los demás, como Cristo nuestro Hermano.

santa-angela-de-la-cruz-iLa existencia austera, crucificada, de las Hermanas de la Cruz, nace también de su unión al misterio redentor de Jesucristo. No pretenden dejarse morir variamente de hambre o de frío; son testigos del Señor, por nosotros muerto y resucitado. Así el misterio cristiano se cumple perfectamente en Sor Ángela de la Cruz, que aparece “inmersa en alegría pascual”. Esa alegría dejada como testamento a sus hijas y que todos admiráis en ellas. Porque la penitencia es ejercida como renuncia del propio placer, para estar disponibles al servicio del prójimo; ello supone una gran reserva de fe, para inmolarse sonriendo, sin pasar factura, quitando importancia al sacrificio propio.

Sor Ángela de la Cruz, fiel al ejemplo de pobreza de Cristo, puso su instituto al servicio de los pobres más pobres, los desheredados, los marginados. Quiso que la Compañía de la Cruz estuviera instalada “dentro de la pobreza”, no ayudando desde fuera, sino viviendo las condiciones existenciales propias de los pobres. Sor Ángela piensa que ella y sus hijas pertenecen a la clase de los trabajadores, de los humildes, de los necesitados, “son mendigas que todo lo reciben de limosna”.

La pobreza de la Compañía de la Cruz no es puramente contemplativa, les sirve a las hermanas de plataforma dinámica para un trabajo asistencial con trabajadores, familias sin techo, enfermos, pobres de solemnidad, pobres vergonzantes, niñas huérfanas o sin escuela, adultas analfabetas. A cada persona intentan proporcionarle lo que necesite: dinero, casa, instrucción, vestidos, medicinas; y todo, siempre, servido con amor. Los medios que utilizan son un trabajo personal, y pedir limosna a quienes puedan darla.

De este modo, Sor Ángela estableció un vínculo, un puente desde los necesitados a los poderosos, de los pobres a los ricos. Evidentemente, ella no puede resolver los conflictos políticos ni los desequilibrios económicos. Su tarea significa una “caridad de urgencia”, por encima de toda división, llevando ayuda a quien la necesite. Pide en nombre de Cristo, y da en nombre de Cristo. La suya es aquella caridad cantada por el Apóstol Pablo en su primera Carta a los Corintios: “Paciente, benigna…, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa mal…; todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera”.

Esta acción testimonial y caritativa de Sor Ángela ejerció una influencia benéfica más allá de la periferia de las grandes capitales, y se difundió inmediatamente por el ámbito rural. No podía ser menos, ya que a lo largo del último tercio del siglo XIX, cuando Sor Ángela funda su instituto, la región andaluza ha visto fracasar sus conatos de industrialización y queda sujeta a modos de vida mayoritariamente rurales.

Muchos hombres y mujeres del campo acuden sin éxito a la ciudad, buscando un puesto de trabajo estable y bien remunerado. La misma Sor Ángela es hija de padre y madre venidos a Sevilla desde pueblos pequeños, para establecerse en la ciudad. Aquí trabajará durante unos años en un taller de zapatería.

También la Compañía de la Cruz se nutre mayoritariamente de mujeres vinculadas a familias campesinas, en sintonía perfecta con la sencilla gente del pueblo, y conserva los rasgos característicos de origen. Sus conventos son pobrecitos, pero muy limpios; y están amueblados con los útiles característicos de las viviendas humildes de los labriegos.

En vida de la Fundadora, las Hermanas abren casa en nueve pueblos de la provincia de Sevilla, cuatro en la de Huelva, tres en Jaén, dos en Málaga y una en Cádiz. Y su acción en la periferia de las capitales se despliega entre familias campesinas frecuentemente recién venidas del campo y asentadas en habitaciones miserables, sin los imprescindibles medios para afrontar una enfermedad, el paro, o la escasez de alimentos y de ropa.

Hoy, el mundo rural de Sor Ángela de la Cruz ha presenciado la transformación de las sociedades agrarias en sociedades industriales, a veces con un éxito impresionante. Pero este atractivo del horizonte industrial, ha provocado de rechazo un cierto desprecio hacia el campo, “hasta el punto de crear entre los hombres de la agricultura el sentimiento de ser socialmente unos marginados, y acelerar en ellos el fenómeno de la fuga masiva del campo a la ciudad, desgraciadamente hacia condiciones de vida todavía más deshumanizadoras”.

Tal menosprecio parte de presupuestos falsos, ya que tantos engranajes de la economía mundial continúan pendientes del sector agrario, “que ofrece a la sociedad los bienes necesarios para el sustento diario”.

En esa línea de defensa del hombre del campo, la Iglesia contemporánea anuncia a los hombres de hoy las exigencias de la doctrina sobre la justicia social, tanto en lo referente a los problemas del campo como al trabajo de la tierra: el mensaje de justicia del Evangelio que arranca de los Profetas del Antiguo Testamento. El Profeta Isaías nos lo recordaba hace algunos momentos: si partes tu pan con el hambriento, “entonces brotará tu luz como la aurora … e irá delante de ti tu justicia”. Llamada actual entonces y hoy, porque la justicia y el amor al prójimo son siempre actuales.

A lo largo del siglo XX, el campo ha cambiado, por fortuna, algunas condiciones que lo hacían inhumano: salarios bajísimos, viviendas míseras, niños sin escuela, propiedad consolidada en pocas manos, extensiones poco o mal explotadas, falta de seguros que ofrecieran un mínimo de serenidad frente al futuro.

La evolución social y laboral ha mejorado sin duda este panorama tristísimo, en el mundo entero y en España. Pero el campo continúa siendo la cenicienta del desarrollo económico. Por eso los poderes públicos deben afrontar los urgentes problemas del sector agrario. Reajustando debidamente costos y precios que lo hagan rentable; dotándolo de industrias subsidiarias y de transformación que lo liberen de la angustiosa plaga del paro y de la forzosa emigración que afecta a tantos queridos hijos de esta y de otras tierras de España; racionalizando la comercialización de los productos agrarios, y procurando a las familias campesinas, sobre todo a los jóvenes, condiciones de vida que los estimulen a considerarse trabajadores tan dignos como los integrados en la industria.

Ojalá las próximas etapas de vuestra vida pública logren avanzar en esa dirección, alejándose de fáciles demagogias que aturden al pueblo sin resolver sus problemas, y convocando a todos los hombres de buena voluntad para coordinar esfuerzos en programas técnicos y eficaces.

Para progresar en ese camino es necesario que la fuerza espiritual y amor al hombre que animó a Sor Ángela de la Cruz; que esa caridad que nunca tendrá fin, informe la vida humana y religiosa de todo cristiano.

Sé que Andalucía nutre las raíces culturales y religiosas de su pueblo, gracias a un depósito tradicional pasado de padres a hijos. Todo el mundo admira las hermosas expresiones piadosas o festivas que el pueblo andaluz ha creado para vestir plásticamente sus sentimientos religiosos. Por otra parte, las cofradías y hermandades creadas a lo largo de siglos, han obtenido influencia en el cuerpo social.

Esa religiosidad popular debe ser respetada y cultivada, como una forma de compromiso cristiano con las exigencias fundamentales del mensaje evangélico; integrando la acción de las hermandades en la pastoral renovada del Concilio Vaticano II, purificándolas de reservas ante el ministerio sacerdotal y alejándolas de cualquier tensión interesada o partidista. De este modo, esa religiosidad purificada podrá ser un válido camino hacia la plenitud de salvación en Cristo, como dije a vuestros Pastores.

Queridos andaluces y españoles todos: La figura de la nueva Beata se alza ante nosotros con toda su ejemplaridad y cercanía al hombre, sobre todo al humilde y del mundo rural. Su ejemplo es una prueba permanente de esa caridad que no pasa.

Ella sigue presente entre sus gentes con el testimonio de su amor. De ese amor que es su tesoro en la eterna comunión de los Santos, que se realiza por el amor y en el amor.

El Papa que ha beatificado hoy a Sor Ángela de la Cruz, confirma en nombre de la Iglesia la respuesta de amor fiel que ella dio a Cristo. Y a la vez se hace eco de la respuesta que Cristo mismo da a la vida de su sierva: “El Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces dará a cada uno según sus obras”.

Hoy veneramos este misterio de la venida de Cristo, que premia a Sor Ángela “según sus obras”.

* * *

santa-angela-de-la-cruz

Oración 

Oh Dios, que iluminaste a Santa Ángela
virgen con la sabiduría de la Cruz para
que reconociese a tu Hijo Jesucristo
en los pobres y enfermos abandonados,
y les sirviese como humilde esclava.
Concédenos la gracia que te pedimos,
por su intercesión (pedir la gracia).
Así también, inspira en nosotros el
deseo de seguir su ejemplo, abrazando
cada día nuestra propia cruz, en unión
con Cristo Crucificado, y sirviendo
a nuestros hermanos con entrega y amor.
Te lo pedimos por el mismo Jesucristo
tu Hijo y Señor nuestro, que vive y reina.
Amén

 Enlace recomendado: Hermanas de la Cruz

Encuentro con Bernadette

santa-bernadette

Encuentro con Bernadette

Ella es quien vino en mi busca. Es lo que siempre pasa con los santos. Nosotros vamos por un camino que parece ser nuestro, cuando de repente, en un desvío, en un sendero o en una gran ruta nos llaman. Consentimos y avanzamos en la nueva dirección un poco a la manera de Caperucita Roja, atraídos aquí por una flor, más allá por un pequeño bosque; el canto de los pájaros de un cerco espinoso nos dicen algo y, más lejos, en un claro bosque, bañado de sol, un profundo silencio nos dice mucho más.

Yo andaba con San Juan de la Cruz por las rutas polvorientas de España cuando una pequeñita de mi país me tomó de la mano y me dijo: “Sígueme”. La seguí sorprendida yo misma de ceder a su dulce autoridad, a su fuerza tranquila, tan de admirar en una niña de su edad. Enseguida aprecié la profundidad de su mirada oscura y límpida como una fuente oculta, su frente voluntariosa, sus redondas mejillas, su manera de hablar simple y concisa.

Y fui confundida por la inteligencia de esta niña ignorante, por el tono claro y leal de esta inteligencia. Haga usted, lector, un esfuerzo de imaginación: piense que usted es la pobre niña de la más pobre familia de una pequeña población, en la que todo el mundo se conoce y donde todos, en vez de amarse los unos a los otros, tratan de despreciarse y calumniarse mutuamente. Y un día en que usted con dos amigas fue a juntar ramas muertas cerca de una gruta salvaje, donde el cuidador de puercos lleva a sus animales, ve, con sus propios ojos, una joven vestida de blanco, en luminosa aparición, y con ella reza el rosario… Esto se repetirá 18 veces, las multitudes se amotinarán, les verán venir… pero nadie fuera de usted verá a la Dama, que un día le dirá: “Soy la Inmaculada Concepción”.

¿No es cómo para perder, si no la cabeza, al menos la serenidad? La calma de Bernadette es sobrenatural. Es imposible seguirla, oírla, sin creer en la absoluta verdad de lo que dice.

A cuantos la interrogaron —y son centenares— desde sus padres y vecinos hasta los comisarios, procuradores, jueces, médicos, sacerdotes, obispos, arzobispos, etc., hizo la misma narración de los hechos sin que haya sido posible perturbarla ni hacerla caer en contradicciones. Yo pienso en los incrédulos. Si no creen en las Apariciones, ¿como explican los dos días en que Bernadette no vio nada?

Ella respondía a las preguntas que se le hacían. Sobre algunos puntos decía: “No sé.. No he notado nada…”. ¿Qué le hubiera costado inventar?

En la pastora de Lourdes percibo un parecido con Juana de Arco. Es la misma actitud intrépida, la misma firmeza en la réplica, la misma pizca de insolencia y el mismo timbre de voz en una misma luz divina.

El prodigio de Lourdes se extiende al universo, pero hay que venir a Francia, atravesar el Gave, arrodillarse ante la Gruta de Massabielle, para sentir que allí ha sucedido y sucede algo extraordinario. Aún los no habituados a la oración se sienten impulsados a orar. Yo creo que, llevada a través del mundo con los ojos vendados, sería capaz de reconocer ciertos lugares privilegiados por la indecible admiración de espíritu que percibiría al pasar. Lourdes sería uno de ellos.

Marcelle Auclair. 1958.

Marcelle Auclair (1893 – 1983) fue una escritora e hispanista francesa, gran conocedora de la vida de Santa Teresa de Jesús.

* * *

virgen-de-lourdes-y-bernadette

Oración

¡Oh bienaventurada Bernardita! Acuérdate que la Virgen te dijo en la Gruta: “Ruega por los pecadores”, para que se conviertan y hagan penitencia. Ruega por mí, pecador, para que Dios perdone mis pecados. Ruega por mí a María Inmaculada, pues confío en que te concederá cuanto la pidas, porque fuiste su confidente en la Gruta de Lourdes. Así como Ella te prometió “hacerte feliz en el otro mundo”, te concederá que hagas felices a los que devotamente acudan a ti. A ti, pues, acudo humildemente, suplicándote no me dejes ni me abandones hasta verme contigo en el cielo. Amén.

La vida de Bernadette

Santo Tomás de Aquino, poeta del Universo

santo-tomas-de-aquino-1

Santo Tomás de Aquino, poeta del Universo

En la noche callada, Sócrates escuchaba la armonía del himno sublime que cantan las estrellas. Porque los cielos cantan —David lo había dicho— «cantan la gloria de Dios».
Santo Tomás es el filósofo de la armonía y el poeta del Universo. No escucha sólo el canto de las estrellas; oye el concierto de toda la creación, bajo la dirección del gran maestro de capilla, que es su Hacedor, el Poeta. Porque poeta, eso significa. La Creación es el poema con que Dios se canta a sí mismo, fuera de sí. Cada creatura es un verso de ese gran poema. Cada movimiento es una nota de ese gran concierto. De su conjunto resulta la nueva armonía.
Y el poema que Dios había escrito en jeroglíficos, con caracteres de esencias y movimientos, es el que Tomás de Aquino, el fraile dominico de hábito blanco y negro, ha descifrado. Al poema divino le ha dado forma humana. La «Suma Teológica» es un gran poema: el poema del Universo.
Por los sones lejanos de las creaturas, llega el poeta hasta Dios, principio de toda armonía, en su unidad simplicísima. Y ya en brazos de la Revelación —ninfa Egeria que le conduce por el país de lo ignoto—, penetra en el santuario, sorprende la vida íntima del Ser absoluto y canta con lengua inteligible los misterios del idilio eterno entre el Poder, que es el Padre, y la Sabiduría, que es el Hijo, en un efluvio de Amor infinito, que es el Espíritu Santo.
Y ese idilio inmanente, perpetuamente vital y fecundo, lanza fuera de sí, en el tiempo, algunas gotas del ser que son las creaturas. No como emanación espontánea de la substancia divina, sino como efecto producido fuera de sí por el Poder, la Sabiduría y el Amor.
Entre esas esencias creadas —gotas de ser infinito, vestigios del Infinito, Uno y Trino en substancia—, hay dos que son imagen suya, que tienen poder, sabiduría y amor: ¡el ángel y el hombre! A ellas está subordinado, por natural jerarquía, todo el resto de la creación. Ellas sólo tienen valores eternos, porque son capaces de participar del eterno idilio del Ser infinito, conociéndole y amándole. El drama angélico se ha terminado en un instante. El drama humano perdurará hasta el fin del mundo.
Y continúa el poema cantando al hombre. El hombre, el jerarca de este mundo visible, que debe producir la armonía, en sí mismo y fuera de sí. Esa es su tarea. De todas las cosas puede usar el hombre, pues todas fueron hechas para él y él es el dueño de sus actos y de sí mismo por su libre albedrío. Mas siguiendo el compás que le señala el Jerarca supremo con la batuta de su razón.
Armonía entre lo natural y sobrenatural. La gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona, en toda su integridad. La fe no rebaja la razón, le da ambiente para volar por las regiones de lo divino, donde ella sola caería asfixiada. La gracia diviniza al hombre. El hombre sometiéndose a Dios, se hace divino. Jerarquía y armonía, entre el hombre y Dios.
La razón y el apetito. No es Santo Tomás un idealista que independice la razón; ni escéptico que la aniquile. Con bravura defiende sus fueros, pero con dependencia objetiva. Y ella, grávida de la Verdad, la entrega al apetito que produce el Bien. Ni la voluntad es autónoma, independiente de la razón o superior a ella. La razón dirige, impera, manda, lo mismo en el fuero de la conciencia que en el orden social externo, porque la ley es un dictamen de la razón. Y la perfección de la voluntad consiste en ejecutar con fidelidad lo que la razón prescribe Ni son malas las pasiones. Solamente serán cuando rompen la armonía jerárquica que las mantiene sumisas al dictamen, de la razón y al impulso de la voluntad.
La misma armonía entre el alma y el cuerpo, que forma un todo substancial. El alma es la porción superior, pero ella sola no es el hombre. El cuerpo también es un valor humano. Todo lo que es, es bueno y debe subsistir. Pero en su puesto.
Y ese todo armónico que llamamos hombre, está ordenado a la operación. Y para obrar en armonía necesita de las virtudes. Y, sobre las virtudes, los dones del Espíritu Santo, con los que obra a lo divino.
La mística tomística no destruye, no aniquila, no desentona, no hace seres extraños. Es mesura y equilibrio. Todo lo purifica, todo lo transfigura. Así es la mística española, Granada y Teresa de Jesús.
Pero el hombre no es un ser irrelacionable. Es Social por naturaleza. Quien no vive en sociedad es menos que hombre o más que hombre. Armonía también entre los distintos hombres.
Y el Estado, el Poder, que armoniza, que concierta, que dirige y ajusta los instrumentos para que, dando cada cual su nota, resulte el acorde del bien común. Pero no absorbe al individuo, no amengua a la persona, da valor y eficacia a los derechos particulares.
Y ante el poder temporal se levanta otro Poder espiritual. También concierto, también armonía, también jerarquía. La Iglesia es superior al Estado, pero en nada viene a mermar sus derechos; antes le ayuda a conseguir sus fines.
Y frente a un Estado se levantan otros Estados. Mas entre ellos también hay armonía trascendente, que resulta de una unidad de la especie, de la catolicidad de la Iglesia, de la fraternidad en Cristo, de la comunión en el último fin.
Pero la raza humana no es homogénea. Es hombre y mujer Un vínculo irrompible, urdido, por el amor y apretado por la religión hará de dos uno, que se perpetuarán en nuevos seres. También con orden, con jerarquía. El hombre es superior a la mujer, es su cabeza. Más ella es también persona igual a él en sus derechos primarios, fundamentales. Y aquí el poema comienza a tomar colores de epopeya.
El ángel malo sedujo al hombre, que cayó, pecó y, con el pecado, rompió la armonía de todo el Universo. Sólo Dios podía restaurar esa armonía. Más el hombre la había roto y era justo que el mismo hombre fuese su restaurador.
La indignación divina, al ver su obra transformada por la culpa humana, cede ante los impulsos de su amor, que le saca fuera de sí en éxtasis sublime. Y Dios se hace hombre. Es la aspiración suprema del amor: hacerse de dos uno.
Y, como hombre, lucha con la muerte y se deja morir para vencer a la muerte, para arrebatar a la muerte sus presas, para devolvernos la vida divina, la vida inmortal.
Después, las fuentes de la vida que manan del Hombre-Dios, que nos incorporan a Cristo y nos hacen dioses por anticipación de su misma naturaleza.
Desenlace del poema. El triunfo definitivo del Bien sobre el Mal. La victoria del Hombre-Dios y de todos los que han luchado bajo su bandera. La plena armonía peregnalmente restablecida. La entrada triunfal del hombre restaurado en el reino de la luz. La satisfacción cumplida de sus ansias de amor, de bien, de belleza y de verdad.
Tal es el gran poema que Tomás ha escrito. El poema de la suprema armonía. El poema del Universo. El poema de la Verdad. Ya había escrito Aristóteles que la poesía es más verdadera que la historia.
Tomás de Aquino, sin ambiciones terrenales, oteando el horizonte desde su celda dominicana, embriagándose en la contemplación filosófica y sobrenatural, es el poeta de la Humanidad. Homero y Dante no osarán acercarse a él, ni aún sombrero en mano y lomo encorvado. Y Dios y los siglos siguen bendiciendo su nombre y su memoria.

Ignacio Menéndez-Reigada, O.P.

santo-tomas-de-aquino

Oración de Santo Tomás de Aquino al Santísimo Sacramento

¡Oh, Santísimo Jesús, que aquí sois verdaderamente Dios escondido; concededme desear ardientemente, buscar prudentemente, conocer verdaderamente y cumplir perfectamente en alabanza, y gloria de vuestro nombre todo lo que os agrada. Ordenad, ¡oh Dios mío!, el estado de mi vida; concededme que conozca lo que de mí queréis y que lo cumpla corno es menester y conviene a mi alma. Dadme, oh Señor Dios mío, que no desfallezca entre las prosperidades y adversidades, para que ni en aquellas me ensalce, ni en éstas me abata. De ninguna cosa tenga gozo ni pena, sino de lo que lleva a Vos o aparta de Vos. A nadie desee agradar o tema desagradar sino a Vos. Séanme viles, Señor, todas las cosas transitorias y preciosas todas las eternas. Disgústeme, Señor, todo gozo sin Vos, y no ambicione cosa ninguna fuera de Vos. Séame deleitoso, Señor, cualquier trabajo por Vos, y enojoso el descanso sin Vos. Dadme, oh Dios mío, levantar a Vos mi corazón frecuente y fervorosamente, hacerlo todo con amor, tener por muerto lo que no pertenece a vuestro servicio, hacer mis obras no por rutina, sino refiriéndolas a Vos con devoción. Hacedme, oh Jesús, amor mío y mi vida, obediente sin contradicción, pobre sin rebajamiento, casto sin corrupción, paciente sin disipación, maduro sin pesadumbre, diligente sin inconstancia, temeroso de Vos sin desesperación, veraz sin doblez; haced que practique el bien sin presunción que corrija al prójimo sin soberbia, que le edifique con palabras y obras sin fingimientos. Dadme, oh Señor Dios mío, un corazón vigilante que por ningún pensamiento curioso se aparte de Vos; dadme un corazón noble que por ninguna intención siniestra se desvíe; dadme un corazón firme que por ninguna tribulación se quebrante; dadme un corazón libre que ninguna pasión violenta le domine. Otorgadme, oh Señor Dios mío, entendimiento que os conozca, diligencia que os busque, sabiduría que os halle, comportamiento que os agrade, perseverancia que confiadamente os espere, y esperanza que, finalmente, os abrace. Dadme que me aflija con vuestras penas aquí por la penitencia, y en el camino de mi vida use de vuestros beneficios por gracia, y en la patria goce de vuestras alegrías por gloria. Señor que vivís y reináis, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

* * *

Enlaces recomendados:

santotomasdeaquinoverboencarnado.net (página dedicada a Santo Tomás de Aquino)

Santo Tomás de Aquino (perfil biográfico y semblanza espiritual)

Vi a la Santísima Virgen

virgen-de-la-medalla-milagrosa

Vi a la Santísima Virgen

Noviembre de 1830. Sor Catalina Labouré, la humilde aldeanita de las landas francesas, sigue en el Seminario de las Hijas de la Caridad, en París. Sus ojos han visto ya a la Reina de los Cielos. Pero aún no ha llegado la misión anunciada por la Virgen. La hermanita espera siempre; y llega el 27 de noviembre, un sábado, víspera del primer domingo de Adviento.

Las cinco y media. La Comunidad en pleno, a los pies de la Virgen Inmaculada, hace la oración de la tarde.

Y de pronto…

“Creí oír un roce de un vestido de seda, y vi a la Santísima Virgen. De mediana estatura, su rostro era tan bello, que no podría describirlo. Estaba de pie y llevaba un vestido blanco.”

La Santa describe la figura bellísima de la Virgen; y luego…

“Sus pies descansaban sobre un globo, del que yo veía sólo la mitad. Sus manos, elevadas a la altura del pecho, sostenían otro globo más pequeño figura del universo. Tenía los ojos elevados al cielo, y su figura se iluminó cuando lo ofrecía a Nuestro Señor.”

Los rayos de luz la envuelven en una claridad tal, que ya no se ven ni sus pies ni su vestido.

“Mientras la contemplaba, la Virgen bajó los ojos y me miró; y una voz me decía en el fondo del corazón:

-Este globo representa el mundo entero, particularmente Francia y cada persona en particular.

Y luego añadió:

-He aquí el símbolo de las gracias que doy a aquellos que me las piden.”

Así comprendió la Santa qué generosa es la Virgen con los que acuden a Ella.

Después se formó en torno a la figura de la Virgen un óvalo sobre el que puede leerse, en letras de oro:

“¡Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos!”

Las manos de María, cargadas de gracias, se bajan y se extienden en una actitud de entrega, la misma actitud que vemos en la medalla.

Medalla MilagrosaY oye decir:

“Haz acuñar una medalla según este modelo; los que la lleven con piedad recibirán grandes gracias, sobre todo llevándola del cuello; las gracias correrán abundantes de mis manos para aquellos que confíen en mí.”

Luego el óvalo parece dar la vuelta: Aparece entonces una gran “M” coronada por una cruz; y a su pie los corazones de Jesús y de María –juntos siempre-. Una corona de espinas rodea al primero; una espada atraviesa el corazón de María.

Sor Paz Cortés. Madrid

(Del manuscrito de Santa Catalina Labouré)

ORACIÓN DE JUAN PABLO II

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte Amén.

Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Vos. Ésta es la oración que tú inspiraste, oh María, a santa Catalina Labouré, y esta invocación, grabada en la medalla la llevan y pronuncian ahora muchos fieles por el mundo entero. ¡Bendita tú entre todas las mujeres! ¡Bienaventurada tú que has creído! ¡El Poderoso ha hecho maravillas en ti! ¡La maravilla de tu maternidad divina! Y con vistas a ésta, ¡la maravilla de tu Inmaculada Concepción! ¡La maravilla de tu fiat! ¡Has sido asociada tan íntimamente a toda la obra de nuestra redención, has sido asociada a la cruz de nuestro Salvador!

Tu corazón fue traspasado junto con su Corazón. Y ahora, en la gloria de tu Hijo, no cesas de interceder por nosotros, pobres pecadores. Velas sobre la Iglesia de la que eres Madre. Velas sobre cada uno de tus hijos. Obtienes de Dios para nosotros todas esas gracias que simbolizan los rayos de luz que irradian de tus manos abiertas. Con la única condición de que nos atrevemos a pedírtelas, de que nos acerquemos a ti con la confianza, osadía y sencillez de un niño. Y precisamente así nos encaminas sin cesar a tu Divino Hijo.

Te consagramos nuestras fuerzas y disponibilidad para estar al servicio del designio de salvación actuado por tu Hijo. Te pedimos que por medio del Espíritu Santo la fe se arraigue y consolide en todo el pueblo cristiano, que la comunión supere todos los gérmenes de división que la esperanza cobre nueva vida en los que están desalentados. Te pedimos por los que padecen pruebas particulares, físicas o morales, por los que están tentados de infidelidad, por los que son zarandeados por la duda de un clima de incredulidad, y también por los que padecen persecución a causa de su fe.

Te confiamos el apostolado de los laicos, el ministerio de los sacerdotes, el testimonio de las religiosas.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

virgen-de-la-milagrosa-1

Enlaces recomendados:

La Medalla Milagrosa: Escudo de armas de María

La historia de Santa Catalina Labouré

San Manuel González García, el Obispo de los Sagrarios abandonados

Santo Manuel González 1

“Pido ser enterrado junto a un Sagrario, para que mis huesos, después de muerto, como mi lengua y mi pluma en vida, estén siempre diciendo a los que pasen: ¡Ahí está Jesús! Ahí está. ¡No lo dejes abandonado!

En el día de hoy, 16 de octubre de 2016 -festividad de Santa Margarita M. Alacoque, la gran propagadora del culto al Sagrado Corazón de Jesús-, la iglesia católica canoniza al Obispo Manuel González, el gran amante del Corazón de Jesús en el Sagrario. ¡Divina Providencia!, la misma que acompañó a nuestro nuevo santo durante su vida. Manuel González García (1877 – 1940) nació en el seno de una humilde familia sevillana. De jovencito formó parte de los conocidos “seises” de la Catedral de Sevilla, agrupación coral de niños que canta y baila en los ochos días siguientes a la festividad del Corpus Christi y durante la octava de la Inmaculada Concepción. Fue ordenado sacerdote en 1901, recibiendo la imposición de manos a cargo del Cardenal Marcelo Spínola y Maestre (conocido como el “Arzobispo mendigo” y actualmente declarado beato). En 1916, Don Manuel es nombrado obispo auxiliar de Málaga; y en 1935, designado obispo de Palencia. Durante todo este tiempo funda varias obras eucarísticas de gran importancia, entre ellas: la Unión Eucarística Reparadora, en 1910; o la institución de Misioneras Auxiliares Nazarenas, en 1932. San Manuel González siempre se caracterizó por su corazón de buen pastor, humilde y heroico: con especial inclinación para atender a los feligreses más necesitados en el amplio sentido (material y espiritual), la catequesis de los niños, y la oración sostenida en su amor a la eucaristía y al sacerdocio (“Un cura que está sentado todos los días en su confesionario, aunque no acuda nadie (…) resucita la parroquia más muerta que haya en el mundo”). San Pío X estuvo al tanto de toda la actividad evangelizadora del apóstol sevillano y bendijo sus Obras que, sin duda alguna, han sido tocadas por la gracia de Dios. Escritor fecundo -más de 30 libros- en el que refleja su viva fe y devoto de la Virgen Inmaculada, murió santamente en Madrid en 1940. El 29 de abril de 2001 el papa Juan Pablo II lo beatificó en la Plaza de San Pedro de Roma. Sus restos se encuentran actualmente en la catedral de Palencia. La fiesta litúrgica se seguirá celebrando el 4 de enero, pero a partir de hoy y con regocijo con otra mención: San Manuel González.

san-manuel-gonzalez

*El Obispo de los Sagrarios abandonados

El 29 de abril de 2001 domingo III de Pascua, en la grandiosa plaza de San Pedro de Roma, el Papa Juan Pablo II proclamó solemnemente beato al Obispo español D. Manuel González García. Fue un acontecimiento gozoso para toda la Iglesia española, ya que don Manuel fue una figura muy relevante en la primera mitad del siglo XX; pero sobre todo, supuso una alegría inmensa para todas las Asociaciones Eucarísticas, especialmente para la Adoración Nocturna, por la identificación de don Manuel con nuestra Obra.

ALGUNOS DATOS BIOGRÁFICOS.- Nació en Sevilla el 25 de febrero de 1.877 (año en que D. Luis de Trelles funda la Adoración Nocturna en España). De familia humilde y muy religiosa, fue el cuarto de cinco hermanos. Su padre, carpintero; su madre ama de casa (algo así como la familia de Jesús). De niño, vio cumplida su gran ilusión de formar parte de los “seises” de la catedral de Sevilla, (grupos de niños de coro que bailan en las solemnidades del Corpus Christi y de la Inmaculada), lo que influyó seriamente en su amor a la Eucaristía y a Santa María la Inmaculada Madre de Dios.

Descubrió su vocación al sacerdocio debido esencialmente al ambiente religioso que se vivía en la familia y a los buenos ejemplos de los sacerdotes. Se presentó a exámenes de ingreso en el Seminario, sin que sus padres tuvieran siquiera conocimiento de ello. Ingresó y pagó sus estudios prestando servicios en el propio Seminario, ya que en su casa, la situación económica era precaria. El 21 de septiembre de 1901 fue ordenado sacerdote por el hoy beato Cardenal Marcelo Spínola. En 1902 fue enviado a dar una misión en Palomares del Río. El mismo cuenta esta experiencia que marcaría su futura pastoral sacerdotal; al llegar y ver el panorama difícil dice: “Fuime derecho al sagrario… y ¡qué Sagrario, Dios mío! ¡Qué esfuerzos tuvieron que hacer allí mi fe y mi valor para no salir corriendo para mi casa! Pero, no hui. Allí de rodillas… mi fe veía a un Jesús tan callado, tan paciente, tan bueno, que me miraba… que me decía mucho y me pedía más, una mirada en la que se reflejaba todo lo triste del Evangelio… La mirada de Jesucristo en esos Sagrarios es una mirada que se clava en el alma y no se olvida nunca. Vino a ser para mí como punto de partida para ver, entender y sentir todo mi ministerio sacerdotal”.

En 1.905 fue destinado a Huelva, donde había mucha indiferencia religiosa. Allí se preocupó de las familias necesitadas y fundó escuelas para niños. Ello dio lugar a que publicara el primero de sus numerosos libros: “Lo que puede un cura hoy”, por el que se guiaron después muchos sacerdotes.

El 4 de marzo de 1910, se dirigió a un grupo de colaboradoras de su parroquia, con estas palabras: “Permitidme que, yo que invoco muchas veces la solicitud de vuestra caridad a favor de los niños pobres y de todos los pobres abandonados, invoque hoy vuestra atención y vuestra cooperación a favor del más abandonado de todos los pobres: el Santísimo Sacramento. Os pido una limosna de cariño para Jesucristo Sacramentado, que os hagáis las Marías de esos Sagrarios abandonados”, naciendo así la “Obra para los Sagrarios Calvarios”: Obra que tiene como fin dar una respuesta de amor reparador al amor de Cristo en la Eucaristía, imitando a María Inmaculada, al apóstol San Juan y a las otras Marías que permanecieron fieles junto a Jesús en el Calvario.

Se extendió rápidamente un culto reparador al Santísimo Sacramento, iniciado con las “Marías de los Sagrarios y los Discípulos de San Juan”, y abriendo cauce también a la “Reparación Infantil Eucarística” en el mismo año.

El 28 de noviembre de 1912 fue recibido en audiencia por el Papa Pío X, a quien fue presentado como el apóstol de la Eucaristía. Después de escuchar muy atentamente su actividad apostólica, su Santidad Pío X, le animó a proseguir y bendijo su Obra.

Santo Manuel GonzálezEn 1916, el Papa Benedicto XV le nombra Obispo Auxiliar de Málaga, recibiendo la ordenación episcopal el 16 de enero, y siendo nombrado obispo residencial de dicha sede el 1920. En el ministerio pastoral de Málaga, tuvo continuo contacto con la Adoración Nocturna Malagueña, visitando la sede, inscribiéndose como Adorador Nocturno Honorario con el número 925, asistiendo a las Asambleas Diocesanas, a las Fiestas de Espigas, en las que permanecía hasta la procesión final con el Señor por los campos, y mostrando siempre gran interés y entusiasmo por nuestra Asociación, ofreciéndose incondicionalmente y colaborando en su difusión. Como hecho curioso y trascendental, cuentan los anales de la historia de la Sección de Málaga que en la Vigilia de la Fiesta de Espigas del 8 al 9 de julio de 1916, don Manuel permaneció toda la noche con los adoradores, llevó al Santísimo en procesión y dirigió la palabra en dos ocasiones a la numerosa asistencia. Y en distendida reunión con los adoradores les propuso un proyecto que tenía en mente y que mereció los unánimes aplausos: la Adoración Ambulante. Se trataba, dada la obsesión de don Manuel por los Sagrarios abandonados, de crear grupos expedicionarios que se trasladaran a no importa cuál rincón de la diócesis, y hacer una noche de oración, anunciándolo previamente e invitando a todas las gentes del lugar. El proyecto entusiasmó a todos los adoradores presentes, quienes se apresuraron a poner en marcha dicha iniciativa. En septiembre comienza la Adoración Ambulante en el pueblo de Benagalbón, y en los meses siguientes, en Torremolinos. Alora, Churriana, Miijas. etc.

En 1918 funda los sacerdotes Misioneros Eucarísticos, en 1921 la congregación de Misioneras Eucarísticas de Nazaret, en 1932 la institución de Misioneras Auxiliares Nazarenas, en 1939 la Juventud Eucarística Reparadora.

Por medio de la revista “El granito de Arena” fundada por don Manuel, pudo extender esta Obra a toda España y algunas diócesis de América.

En toda la diócesis de Málaga, lo mismo que hiciera anteriormente en Huelva, potenció las escuelas y catequesis parroquiales, practicó la evangelización por la calle, dialogando con las gentes. De esta manera descubrió la ignorancia religiosa existente y la urgente necesidad de sacerdotes: así que empezó la construcción de un seminario que reuniera las condiciones necesarias para la adecuada formación de los sacerdotes, y proyecta “un seminario sustancialmente eucarístico, en el que la Eucaristía fuera: en el orden pedagógico, el más eficaz estímulo; en el científico, el primer maestro y la primera asignatura; en el disciplinar, el más vigilante inspector; en el ascético, el modelo más vivo; en el económico, la gran providencia; y en el arquitectónico, la piedra angular”. La consigna que da a sus sacerdotes como camino de santidad es: “llegar a ser hostia en unión de la Hostia consagrada”, es decir, dar y darse a Dios a favor del prójimo, del modo más absoluto e irrevocable.

El 11 de mayo de 1931, con el establecimiento de la República en España, don Manuel, que por sus obras no pasaba desapercibido, sufre persecución, queman el palacio episcopal y para no poner en peligro a quienes le acogen, se traslada a Gibraltar. Después pudo pasara Madrid, desde donde sigue rigiendo su diócesis.

El 5 de agosto de 1935, el Papa Pío XI le nombra Obispo de Palencia, donde ejerció su ministerio episcopal los últimos años de su vida.

Don Manuel, además de los ya citados, escribió otros libros, entre los que destacan “El abandono de los Sagrarios acompañados”, “Oremos en el Sagrario como se oraba en el Evangelio”, “Artes para ser apóstol”, “La gracia en la educación”, “Arte y liturgia” etc…recopilados ahora bajo el titulo de “Obras completas”.

Tumba de Manuel González

Murió el 4 de enero de 1940, después de una dolorosa enfermedad, vivida con la sonrisa en el rostro, siendo enterrado en la catedral de Palencia, bajo el epitafio que él mismo había dejado escrito: “Pido ser enterrado junto a un Sagrario, para que mis huesos, después de muerto, como mi lengua y mi pluma en vida, estén siempre diciendo a los que pasen: Ahí está Jesús! Ahí está. No lo dejes abandonado!”

*La Lámpara del Santuario, nº13 (octubre – diciembre, 2004)

Santo Manuel González 2

Oración

Corazón de Jesús Sacramentado, que te dignaste elegir a tu siervo Manuel para ser el apóstol de tus Sagrarios abandonados, consagrando su vida entera  a reparar esos abandonos, dándote y buscándote  amorosa, fiel y reparadora compañía en el Santísimo  Sacramento; por aquella fidelidad con que te sirvió  durante toda su vida y por el celo ardiente con que procuró tu mayor gloria, mediante la educación cristiana de los  niños pobres, la formación de sacerdotes santos y la  aproximación de todos a Ti en la sagrada Eucaristía,  te rogamos humilde y fervorosamente, que si te agradan  sus méritos y virtudes, te dignes aceptar nuestras súplicas y concedernos por su intercesión, la gracia que de todo  corazón te pedimos si ha de ser para mayor gloria de  Dios, advenimiento de tu reino eucarístico honor de tu  Madre Inmaculada, exaltación de tu fidelísimo siervo  y provecho de nuestras almas. 
Amén.

El Obispo Manuel González

Foto 2: Pintura al óleo del pintor jienense Felipe Erena

Promesas de N. S. J. C. a Santa Margarita María de Alacoque

santa-margarita-de-alacoque-contemplando-el-corazon-de-jesus

¡Qué dulce es morir después de haber tenido una tierna y constante devoción al Sagrado Corazón de Aquel que nos ha de juzgar!

Hija de un notario real apellidado Alacoque, Margarita nació en la aldea de L’hautecourt, en la región francesa de Borgoña. Era la menor de cinco hermanos, destacando entre los suyos por su amabilidad, dulzura y religiosidad. Por ello frecuentó, desde muy tierna edad, el convento de las Clarisas de Charolles, donde hizo la Primera Comunión.

Algún tiempo después, en una visita reveladora al Monasterio de la Visitación de Paray-le-Monial, escucha una voz interior que le asegura: «Aquí es donde Yo te quiero». Comenzó a sufrir enfermedades que le acompañaron en su camino de perfección (y total reparación). Una especial devoción al Sagrado Corazón de Jesús cubrió en fulgor su vida religiosa. Recibió revelaciones, fuertemente eucarísticas, cuyas estelas han perdurado prodigiosas en la Iglesia. Llevaría en su cuerpo los estigmas como gracia mística dada por Dios. Murió en pleno éxtasis, con las señales en su cuerpo a flor de piel. Santa Margarita María Alacoque fue el instrumento valioso del que el Divino Redentor se valió para instituir la Devoción del Sagrado Corazón de Jesús:

«Hallándome, dice, en la presencia de Jesús Sacramentado un día de su octava, mi corazón se sintió oprimido en fuerza de un excesivo amor hacia mi Dios, y deseosa de ofrecerle alguna recompensa a gracia tan singular pagándole amor con amor; he aquí que su voz se deja oír de mi y me habló en estos términos: Tú no puedes ofrecerme mayor ni mas grata recompensa en cambio de mi amor, que dándome lo que con tantas ansias te he pedido; y descubriéndose su divino pecho… mira, me dice, mira este corazón, el cual ha amado a los hombres con tal exceso, que nada jamás ha rehusado hacer en favor de ellos hasta consumirse víctima de su amor. Este amor, no obstante, no recibe en recompensa sino ingratitudes, ultrajes, desprecios, irreverencias y sacrilegios y cuando menos, frialdad y una indiferencia horrible. Por tanto, exijo de ti, que el primer viernes después de la octava de mi Sacratísimo Cuerpo, sea dedicado a celebrar una fiesta especial, cuyo objeto exclusivo sea el honrar mi Corazón Sagrado y de este modo, reparar los ultrajes que contra mí se cometen continuamente; recibirás el Santísimo Sacramento tan a menudo como te será permitido por la obediencia, y a más comulgarás todos los primeros viernes de cada mes».

El Sumo Pontífice Pío IX introdujo la fiesta como celebración litúrgica universal en 1856. Al aprobar la consagración de todos los fíeles del orbe católico al dulcísimo Corazón del Salvador, dijo: «La Iglesia y la sociedad ponen todas sus esperanzas en el Corazón de Jesús. Él es quien ha de curar nuestros males».

santa-margarita-de-alacoque-2

PROMESAS DE N. S. J. C. A SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE

En favor de las personas devotas de su Divino Corazón

  1. Les daré gracias abundantes para cumplir los deberes de su estado.
  1. Introduciré la paz en el seno de sus familias.
  1. Les consolaré en todas sus penas.
  1. Seré su asilo seguro en toda su vida y en la hora de su muerte.
  1. Bendeciré copiosamente todas sus empresas.
  1. Los pecadores hallarán en mi Corazón el manantial y el océano infinito de la misericordia.
  1. Mudaré las almas tibias en fervorosas.
  1. Las almas fervorosas se elevarán prontamente a la perfección más encumbrada.
  1. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Corazón sea honrada: quiero que la imagen de mi Corazón se halle por doquiera, porque ansío ser adorado de todos los hombres.
  1. Daré a los Sacerdotes el talento de ablandar los corazones más duros.
  1. Grabaré indeleblemente en mi Corazón los nombres de los propagadores de esta devoción.
  1. En el exceso de la misericordia de mi Corazón, su amor todopoderoso, concederá a los que comulgasen nueve primeros viernes de mes seguidos, la gracia final de la penitencia: estos no morirán en desgracia mía, ni sin recibir los Sacramentos, pues mi Divino Corazón se tornará en la última hora su seguro asilo.

santa-margarita-de-alacoque

Oración a Santa Margarita María de Alacoque

¡Oh Bienaventurada Margarita María! depositaria venturosa del tesoro de los cielos, el Corazón Divino de Jesús, permite que, considerándote mi hermana, en este incomparable amor, te ruegue me des con generosidad, la parte que me corresponde en esa mansión de infinita caridad. Confidente de Jesús, acércame tú al Sagrario de su pecho herido; Esposa de predilección, enséñame a sufrir por la dilatación de aquel reinado cuya causa te confió el Maestro. Apóstol del Sagrado Corazón, consígueme que se realicen conmigo las promesas que en beneficio de su gloria, te hizo ochenta y siete veces el Amado; Discípula regalada del Divino Corazón, enséñame la ciencia de conocerlo como lo conociste tú, en el perfecto olvido de mí mismo y de la tierra. Víctima del Corazón de Jesús Sacramentado, toma el mío, y ocúltalo en la llaga donde tú viviste, compartiendo ahí las agonías del Cautivo del amor, de Jesús-Eucaristía. El, te dijo, hermana muy amada, que dispusieras en la eternidad del cielo, de este otro cielo, el de su Corazón Sacramentado; ¡Oh Margarita María! entrégamelo, pues, para consumirme en ese incendio, dámelo para llevarlo como vida redentora a los pobres pecadores y como glorificación de ese mismo Corazón Divino a las almas de los justos. ¡Ah, sí! compartamos, hermana mía el mismo sacrificio, el mismo apostolado, el mismo paraíso del Corazón Divino de Jesús: venga a nos su reino.

Enlaces recomendados:

Santa Margarita María de Alacoque y el Corazón de Jesús”, por el P. Ángel Peña, OCR (librito pdf)

Santa Margarita María de Alacoque

Imagen 1: “Santa Margarita de Alacoque contemplando el Sagrado Corazón de Jesús”, óleo de Corrado Giaquinto (1765).

La sombra del Hermano de Asís

san-francisco-de-asis-la-orotava

Pocos hombres en la historia humana han sentido y vivido como Francisco esta paternidad universal de Dios, que le llevó a sentirse hermano de todo y de todos, llenando de contenido el término tan querido por él de la fraternidad. Esta conciencia de pertenecer a la gran familia de los hijos de Dios, le empujó a sembrar, con su testimonio y palabra, la paz más sincera con todas las criaturas. Por todo ello no es de extrañar que a pesar del sobrenombre de su ciudad natal Asís y, de que Mussolini en su entusiasmo nacionalista llegase a decir que San Francisco fue el más santo de los italianos y el más italiano de los santos, en estos días se haya dicho una y otra vez, que San Francisco no es pertenencia de una ciudad, ni de una nación, ni de una orden religiosa, ni siquiera de una Iglesia, es considerado como auténtico patrimonio del mundo entero y, ciertamente, él se tuvo como el más pequeño y el más humilde ciudadano del mundo, que aún hoy es imitado y admirado fuera de todo tipo de fronteras establecidas por la cicatería humana.

Fr. Manuel Castrillo, C.F.M.

la-sombra-del-hermano-de-asis

La sombra del Hermano de Asís

De un humilde peregrino
cuenta el pueblo de Toscana
una historia prodigiosa
saturada de fragancia;
Fiel relato que conmueve
lo más hondo de las almas,
de las almas que escudriñan
buceando en limpia fuente
las devotas tradiciones de la raza…

Yo percibo entre mis sueños,
por la tierra agreste y parda
una sombra lenta y suave,
una sombra solitaria
que en el aire va dejando
un reguero luminoso al hollar de sus sandalias;
es la sombra de otros tiempos,
de otra edad noble y lejana
cuyo trazo vigoroso,
cuya línea consagrada
puso cerco a los castillos
frente al cerco de las lanzas,
sin temor de los guerreros
el estruendo de las armas
ni los bélicos sonidos
que emitían los clarines desde el mar a la montaña.

Es la sombra cuyos brazos
ampararon al humilde en las noches de borrasca.
Es la sombra que recorre
los senderos polvorientos, las estepas desoladas,
y al portal de la pobreza
sonriente y compasiva se acercaba…
Y más tarde se perdía, eminente y temblorosa
como el rastro de una estrella fugitiva que se apaga.

Sacra sombra que errabunda,
incansable relataba
las doctrinas del Maestro, en el fondo de los bosques,
a las piedras y a las aguas…
Evangélica figura
cuya frente circundada
por la fe resplandeciente,
por un rayo de esperanza,
en el seno de los siglos
sus rosales legendarios aún esplenden rosas blancas.

Oh, el humilde peregrino
de los valles de Toscana;
el seráfico viajero
con aroma de plegaria,
que sufriendo los desdenes
de los hijos de la patria,
nunca tuvo ni un reproche,
ni un eco amargo su palabra;
su palabra que el viento se extinguía…

Y la luz de su mirada
en las hondas agonías del ocaso
¡con qué extraños resplandores fulguraba!
¡Cuántas veces en mis sueños,
esta sombra dulce y vaga,
el lumínico sendero me han mostrado
al pasar como una ráfaga;
y el perfume de una rosa
de una albura inmaculada
ha caído cual rocío, como lluvia bienhechora
en la sima tenebrosa de mi alma!

Yo que vago solitario
por la estepa desolada
quiero ver tras de las nieblas de mis culpas,
como rayo de esperanza
el divino claror suave
que en el oro de la gloria van dejando sus sandalias.

                               José Hernández Amador

san-francisco-de-asis-la-orotava1

Oración a San Francisco de Asís 

Oh San Francisco,
que recibiste los estigmas en La Verna,
el mundo tiene nostalgia de ti
como icono de Jesús crucificado.

Tiene necesidad de tu corazón
abierto a Dios y al hombre,
de tus pies descalzos y heridos,
y de tus manos traspasadas e implorantes.

Tiene nostalgia de tu voz débil,
pero fuerte por el poder del Evangelio.

Ayuda, Francisco, a los hombres de hoy
a reconocer el mal del pecado
y a buscar su purificación en la penitencia.

Ayúdalos a liberarse también
de las estructuras de pecado,
que oprimen a la sociedad actual.

Reaviva en la conciencia de los gobernantes
la urgencia de la paz
en las naciones y entre los pueblos.

Infunde en los jóvenes tu lozanía de vida,
capaz de contrastar las insidias
de las múltiples culturas de muerte.

A los ofendidos por cualquier tipo de maldad
concédeles, Francisco,
tu alegría de saber perdonar.

A todos los crucificados por el sufrimiento,
el hambre y la guerra,
ábreles de nuevo las puertas de la esperanza.

Amén.

(Oración de San Juan Pablo II)

Enlaces recomendados:

El Hermano de Asís

“San Francisco de Asís, el amigo universal”, P. Ángel Peña, O.A.R (libro en pdf)

Fotos de la imagen de San Francisco de Asís: Juan Luis Bardón G.

El Perdón de Asís

san-francisco-de-asis-la-orotava2

“Hermanos, quiero enviaros a todos al Paraíso”

Durante este año se ha celebrado el 800 aniversario del perdón de Asís (indulgencia de la Porciúncula), que tuvo su momento cumbre el pasado 2 de agosto. En vísperas de la festividad de San Francisco de Asís, al considerarlo de interés y en estrecha relación con la misericordia y la espiritualidad franciscana, rememoramos un excelente texto del que fuera obispo de la Diócesis de Canarias, D. Ramón Echarren -q.e.p.d.-, con motivo del otrora 800 aniversario del nacimiento del Poverello de Asís:

«Gal 6, U-18. Mt. 5, 13-16

Queridos hermanos: Celebramos hoy, a los pies de nuestra Patrona la Virgen del Pino, el inicio del VIII Centenario del nacimiento de ese santo grande, verdadero renovador de la vida cristiana y de la vida de la Iglesia que fue San Francisco de Asís.

Efectivamente, han pasado 800 años desde que San Francisco de Asís abría sus ojos a un mundo que con los años sabría contemplar con una mirada limpia, llena de amor por Jesús, capaz de descubrir en todo lo que le rodeaba, cosas y animales, hombres y naturaleza, la huella llena de belleza del Dios creador.

Han pasado 800 años y, sin embargo, aquella mirada no ha perdido nada de su brillo original de santo poeta, de cristiano entusiasmado con el Evangelio, de un hombre con el corazón siempre joven que lanzaba al mundo un mensaje alegre y esperanzado que sigue teniendo hoy, 800 años después, la misma vigencia, la misma fuerza que hace ya 8 siglos.

San Francisco fue, y sigue siendo, por su vida, por su ejemplo y por su enseñanza, un verdadero símbolo de tres aspiraciones permanentes de la Humanidad: la paz, el amor y la protección de la naturaleza, y el amor hacia los más pobres, hacia los más pequeños, hacia los más débiles. San Francisco de Asís fue y sigue siendo, una llamada a la Humanidad para que haga la paz, del respeto a la naturaleza y del amor a los pobres, algo así como el gran programa del hombre del siglo XX, superando para siempre la destrucción y la agresividad, el deterioro del paisaje, la explotación del hombre por el hombre.

En un mundo en guerra permanente, en el que la carrera de armamentos se convierte en un objetivo que no tiene otra salida que la destrucción total del hombre por el hombre, en el que sólo el terror permite un precario equilibrio de fuerzas que amenaza acabar con todo lo que, hasta ahora y a través de siglos, la Humanidad ha conseguido de convivencia, de cultura, de civilización, el mensaje de la paz de San Francisco resuena con más fuerza que nunca. El que supo asimilarse a Cristo hasta llevar sus llagas inscritas en su cuerpo, que supo ser pacífico hasta el final, que fue sembrador de la paz y de la misericordia de Dios en medio de los hombres, hoy nos sigue pidiendo a los creyentes que sepamos crucificarnos para el mundo siendo auténticos constructores de la paz, de esa paz del Señor que constituye la única fórmula para borrar de la tierra el odio y la violencia, la agresividad y las divisiones, el egoísmo y la insolidaridad a nivel del universo entero.

En un mundo en el que todo atenta contra la naturaleza, en el que el egoísmo humano va destruyendo poco a poco paisajes y animales, en el que el hombre cada día se aleja más de un amor sincero y puro a la creación entera, el mensaje de fraternidad con TODO lo que nos rodea, de amor a los astros, al cielo, al agua y al fuego, a las plantas y a los animales que nos dejó San Francisco, constituye todo un programa de vida para los creyentes de hoy, de forma que nuestras obras buenas den gloria a nuestro Padre que está en el cielo y que ha creado el mar y las estrellas, el sol y la luna, las cumbres y las islas, las plantas y los animales como expresión de su bondad y de su belleza, como expresión de su ternura para con todos los hombres.

En un mundo en el que a pesar de sus adelantos técnicos y de los avances de la ciencia, en un mundo que a pesar de que cada día el hombre es más dueño de su destino y logra domesticar con más facilidad las fuerzas de la naturaleza; no sólo permanecen las insufribles situaciones de pobreza y de miseria para cientos de millones de seres humanos sino que aumenta cada día el número de los que sufren toda clase de necesidades sin poder satisfacerlas y el hambre y la incultura, la enfermedad y la falta de vivienda, la muerte y la miseria se adueñan de poblaciones enteras, no sólo en el Tercer Mundo, sino dentro de las naciones desarrolladas y entre nosotros mismos: en un mundo así la llamada que para siempre hizo San Francisco, a la luz del Evangelio, de amar a los más pobres aceptando él mismo la pobreza por amor a los pequeños, sigue significando un grito cristiano para los seguidores de Cristo del siglo XX un grito que intenta despertar nuestra solidaridad, nuestra entrega, de forma que nuestras obras, siendo propias de los hijos de Dios, se conviertan en signo de que nos sentimos hermanos de todos los hombres y en especial de los más desamparados para ir construyendo unas relaciones humanas fraternales que sean sal de la tierra y luz del mundo, que sean reflejo de la misma luz de Dios.

Efectivamente, el mensaje de San Francisco en favor de la paz, en favor del amor y del respeto a la naturaleza, en favor de un amor incondicional a los pobres, es decir, a los que son sacramento de Cristo, es un mensaje actual para el mundo de hoy. San Francisco dejó en la Iglesia y en el mundo no sólo un gran ideal cristiano, no sólo también un gran ideal humano, sino toda una espiritualidad y una familia franciscana de religiosas, religiosos y seglares que encarnan aquella y que tiene como misión especifica continuar a través de los siglos el mismo carisma que supo iniciar el santo de Asís.

Yo quisiera pedirles a todos ustedes, como continuadores del carisma franciscano, que sepan ser animadores de los grandes valores evangélicos que San Francisco de Asís supo encarnar: que sean sembradores de esos carismas en nuestra Iglesia diocesana; que sepan siempre ser fieles a San Francisco promoviendo en nuestra sociedad aquellos maravillosos ideales que, a la luz de Cristo-Jesús, el santo de Asís supo perfilar para bien de los hombres.

Así serán luz del mundo y sal de la tierra. Que esta Eucaristía, a los pies de María, sea un impulso y un compromiso: un impulso para nuestra entrega franciscana; un compromiso para vivir el Evangelio con la misma fidelidad con que supo vivirlo San Francisco de ASÍS, hace ochocientos años.

Que el Señor Jesús les bendiga a todos ustedes».

Ramón Echarren Ysturiz

– Obispo de Canarias-

Tomado de “El Eco de Canarias”, 14 de noviembre de 1981.