Canto a San Antonio de Padua (La canción de los pajaritos)

CANCIÓN DE LOS PAJARITOS

Padre mío san Antonio,
suplicad al Dios inmenso
que con su gracia divina
alumbre mi entendimiento

para que mi lengua
refiera el milagro
que en el huerto obraste
de edad de ocho años.

Desde niño fue criado
con mucho temor de Dios,
de sus padres estimado
y del mundo admiración.

Fue caritativo
y perseguidor
de todo enemigo
con mucho rigor.

Su padre era un caballero
cristiano, honrado y prudente,
que mantenía su casa
con el sudor de su frente.

Y tenía un huerto
donde recogía
cosechas y frutos
que el tiempo traía.

Por la mañana, un domingo,
como siempre acostumbraba,
se marchó su padre a misa
cosa que nunca olvidaba.

Y le dice: «Antonio,
ven acá, hijo amado,
escucha que tengo
que darte un recado.

Mientras que yo estoy en misa,
gran cuidado has de tener,
mira que los pajaritos
todo lo echan a perder.

Entran en el huerto
pican el sembrado,
por eso te advierto
que tengas cuidado».

Cuando se ausentó su padre
y a la iglesia se marchó,
Antonio quedó cuidando
y a los pájaros llamó:

«Venid, pajaritos,
no entréis en sembrados,
que mi padre ha dicho
que tenga cuidado.

Para que mejor yo pueda
cumplir con mi obligación
voy a encerraros a todos
dentro de esta habitación».

Y los pajaritos
entrar les mandabas
y ellos muy humildes
en el cuarto entraban.

Por aquellas cercanías
ningún pájaro quedó,
porque todos acudieron
cuando Antonio les llamó.

Lleno de alegría,
san Antonio estaba,
y los pajaritos
alegres cantaban.

Cuando se acercó su padre,
luego les mandó callar;
llegó su padre a la puerta
y comenzó a preguntar:

«Ven acá, Antonito;
dime, hijito amado,
¿de los pajarillos
qué tal has cuidado?»

El niño le contestó:
«Padre, no tenga cuidado
que, para que no hagan mal,
todos los tengo encerrados».

El padre que vio
milagro tan grande
al señor obispo
trató de avisarle.

Acudió el señor obispo
con gran acompañamiento
quedando todos confusos
al ver tan grande portento.

Abrieron ventanas,
puertas a la par,
por ver si las aves
se quieren marchar.

Antonio les dice entonces:
«Señores, nadie se agravie,
los pájaros no se marchan
hasta que yo no lo mande».

Se puso en la puerta
y les dijo así:
«Ea, pajaritos,
ya podéis salir.

Salgan cigüeñas con orden,
águilas, grullas y garzas,
avutardas, gavilanes,
lechuzas, mochuelos y grajas.

Salgan las urracas,
tórtolas, perdices,
palomas, gorriones
y las codornices.

Salga el cucu y el milano,
zorzal, patos, y andarríos,
canarios y ruiseñores,
tordos, jilgueros y mirlos.

Salgan verderones
y las cardelinas,
también cojugadas
y las golondrinas».

Al instante que salieron
todos juntitos se ponen,
escuchando a san Antonio
para ver lo que dispone.

Antonio les dice:
«No entréis en sembrado,
marchad por los montes,
los riscos y prados».

Al tiempo de alzar el vuelo
cantan con dulce alegría,
despidiéndose de Antonio
y su ilustre compañía.

El señor obispo,
al ver tal milagro,
por diversas partes
mandó publicarlo.

Antonio bendito,
por tu intercesión
todos merezcamos
la eterna mansión.

* * *

Enlace relacionado:

San Antonio de Padua y los pobres

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Rafael, no te fuiste (al Hermano Rafael Arnáiz)

*Homilía

Queridos hermanos, Compañeros, representación del Ayuntamiento de la ciudad, asociación del barrio, comunidad parroquial: a todos nos acoge y nos saluda el Señor Jesucristo. Él es el que nos acoge y él es el que nos saluda. Bienvenidos.

También en este día celebramos como parroquia la fiesta del Hermano Rafael, el Señor nos llena de esperanza. A lo largo de toda la Sagrada Escritura, en un relato precioso, los momentos más gozosos que el pueblo experimenta, son los encuentros de Dios con su pueblo. Hoy también en honor de Cristo Resucitado, y en honor del Hermano San Rafael sentimos la alegría que Dios da al corazón humano, no solamente como un hecho psicológico, sino como un hecho profundo de la realidad de nuestra propia vida.

Estamos en unos días preciosos de la celebración en este tiempo solemne de Pascua, y el Señor Jesucristo resucitado y glorioso nos acompaña con su cercanía y la certeza de su amor. Vemos en estos textos los primeros testimonios de Cristo resucitado que realmente llenan nuestros sentimientos y nuestra mente. Es tan intensa la realidad de la fiesta pascual que ilumina nuestra vida, la belleza de Cristo resucitado se hace luz, se hace esperanza en el corazón, es la verdadera alegría. Dice la Escritura, que sólo Dios puede alegrar el corazón humano.

Estamos celebrando también la fiesta del Hermano San Rafael; sin duda vosotros mismos conocéis tantas cosas de él y de su vida, realmente entrañable por muchos motivos, también por su proximidad histórica, ya que casi pisamos sus huellas. Simplemente en este rato quisiera recordar, a la luz de la fe pascual, la humanidad profunda del Hermano San Rafael, la experiencia impresionante del hombre que se acerca a Dios en una actitud de adoración, en una actitud de fe profunda que encierra toda su vida.

Rafael encontró en la fe, la luz y la alegría de concebir a Dios, y por eso concibió el ser humano, la realidad y la existencia de su vida… También nosotros estamos llamados desde la realidad de nuestra propia vida, nuestra propia tierra, nuestras propias gentes; estamos llamados a buscar el bien de los bienes, el mayor bien, aquel que sostiene la creación, aquel que sostiene y da la vida al ser humano.

Queridos hermanos: Rafael tenía la actitud de reflexionar los hechos, de pensar la vida.

Rafael amaba la vida y amaba a Dios por encima del corazón, los sentimientos; la calidad humana del corazón nos hace nobles, le hizo noble a Rafael ante los demás y ante Dios mismo. Rafael llevó el amor a la vida, el amor a Dios y el amor a la creación entera, con un amor entrañable.

Dice la Escritura, que estamos llamados a amar, desde la inteligencia, desde el corazón y también desde las entrañas; la Escritura hace también referencia hacia las entrañas, a las partes nobles de la vida que quedan en nuestra propia existencia; normalmente en nuestro lenguaje todavía usamos esa expresión: esa persona, ese hombre, esa mujer tiene buenas entrañas. Rafael quería a Dios con un amor realmente entrañable.

En definitiva, nos encontramos con un hombre creyente en Dios. Él vivió la fe cristiana que recibió signado en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Del mismo modo, todos los que estamos aquí hemos sido bautizados y llevamos en nuestro cuerpo las señales de Jesucristo porque fuimos ungidos y bautizados en nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,  llevamos en nuestro cuerpo la muerte y la resurrección de Jesucristo. Este misterio tan sencillo de fe, lo vivió Rafael con una intensidad profunda en el aspecto de acoger en su vida de Dios Padre, el amor a Cristo y la presencia constante del Espíritu.

Hoy es un gran día de fiesta y ojalá la sepamos vivir con intensidad, con amor, con frescura, con la fuerza misma que da la fiesta; pero a la vez quisiéramos recordar la realidad de nuestro mundo para acoger el misterio de Dios en nuestra vida, en nuestras personas, en la realidad incluso de la Iglesia, por eso, en este tiempo pascual e imagen del Hermano San Rafael, verdadero injerto del cuerpo del Señor, vamos a hacer también ese recorrido, ese itinerario que de alguna manera es el camino de Dios en el silencio del amor, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Cristo nos ha permitido en su cuerpo humano y glorificado, ser de Él y para Él para siempre.

Hermanos es la actitud de vivir la fe cristiana con gratitud y con esperanza todo este tiempo de pascua, para que el Señor nos de la alegría de la vida, la fortaleza en la tribulación, para que el Señor limpie nuestro corazón con la túnica blanca del bautismo, una túnica blanca de la dignidad eclesial; los santos padres decían que representa la túnica del despojo de Cristo que se dejó en su desnudez y vistió el ser humano; a cada uno de nosotros el Señor nos ha vestido con su túnica de amor en el día de nuestro bautismo, de ahí la esperanza para que la fe vaya creciendo, no por lo que otros nos han dicho de Cristo, sino por lo que cada uno de nosotros podemos experimentar y ser testigo de Él.

Y ya para terminar, Rafael nos habla de la ternura y cercanía de Dios. También a nosotros nos toca ser testigos de Dios, de la ternura y del cariño de Dios en medio de nuestro mundo, como sin duda alguna Rafael ha sido.

Ánimos hermanos, escogisteis en vuestra parroquia al Hermano San Rafael. Hay muchos espejos en la vida en los cuales podemos mirarnos, vosotros habéis escogido a Rafael para miraros en él. Cada día que amanece también aparece la vida entrañable de los hombres y mujeres buenos y santos de ayer y de hoy que son el viento y voz profética de todos nosotros.

Ánimo hermanos, el Señor por mediación de Rafael, ha tenido aquí su mano limpia, profundamente limpia y generosa para poder escuchar su Palabra. Que en este escuchar su Palabra se pueda también encender el ardor en nuestros corazones, como en el camino de Emaús.

*Homilía de D. Miguel Ángel Delgado. Burgos, 27 de abril de 2017.

* * *

Rafael, no te fuiste
tú siempre vivirás entre nosotros.
Volverá tu alegría trascendente
a darnos el sonrís de tu mirada,
más pasos en tu ruta de desierto,
más sed con el torrente de tus aguas,
más luz que rasgue tules de inconsciencia,
más fuego con el fuego de tu brasa.

Tú siempre vivirás entre nosotros
sencillo: sin palabras.

¿Volverás, Rafael? No te fuiste,
permanece tu luz serena y blanca
tus escritos en alas del misterio,
son dardos, son hoguera, son espada.

Tu espíritu que arranca decisiones
tu fuego que enardece y arrebata
tu fe en incesante forcejeo
se clava en los rincones de las almas.

Hoy el mundo comprende tu alegría,
tu dolor, tus renuncias, tus llamadas.

¡Rafael, no te fuiste,
hoy el mundo… ¡es tu Trapa!

           M. Gemma Abia, Filipense

Boletín Informativo San Rafael Arnáiz Barón (Enero-Junio 2017, nº 186)

Al Santo Hermano Pedro de Vilaflor

Al Santo Hermano Pedro de Vilaflor

En los rincones dispares del mundo
Siervo de Dios, hermano de los hombres
que a los ricos motivas y a los pobres;
ejerciendo con humildad tu rumbo.
Antepones sacrificio a libertad
pleno tu corazón de valentía
la conciencia le sirve a tu valía
para poner en tus hechos caridad.
¡Qué irónica es la vida en tu actuación!
Fundador de tu escuela, sin estudios
enfermero sin la ciencia, por amor.
Hospital de vagabundos tu pensión,
refugio es tu posada de impedidos
tu casa: ¡lugar de paz y de oración!
incansable terciario franciscano;
luchador por el pobre y la injusticia
y del enfermo, predilecto hermano.
Campanilla pequeña es tu palabra
que llama con tu toque la atención;
mil cosas dice con su voz de bronce
llenando los corazones de emoción.

               Carmen Suárez Baute
   “Imágenes en verso” (2005)

* * *

Festividad del Santo Hermano Pedro

La devoción al Patriarca San José

La devoción al Patriarca San José

Muchísimos son los devotos de San José que han atestiguado haber hallado consuelo y remedio a sus necesidades, implorando la protección de este glorioso Patriarca: hombres, mujeres, ancianos, jóvenes, todos, siendo fervientes devotos de San José, han experimentado la poderosa virtud de su patrocinio, porque según dice San Bernardo: «él mismo abre su pecho para que de sus piedades se surtan y provean todos largamente».

¡Cuántas miserias templadas y cuantas desgracias remediadas por su poderosa intercesión! Leamos la vida de Santa Teresa de Jesús, escrita por su mano y en ella encontraremos elocuentísimas palabras, asegurando que habiendo tomado por abogado al glorioso San José y encomendándose mucho a él con verdadera devoción; no recordaba haberle suplicado cosa que la hubiera dejado de hacer, y en todas las sabias y meritísimas obras de tan gran santa, recomienda eficazmente esta devoción, porque siempre resulta para consuelo de los cristianos, que San José es su protector, su amparo, su sombra y su refugio; que su patrocinio no solamente es seguro, sino también poderosísimo: que la representación de nuestras miserias, su piedad y ternura, el ejemplo de su misericordiosísima Esposa y de su Hijo, los intereses de la sangre del unigénito de Dios vertida por nosotros, y últimamente la experiencia testificada por los Santos; todo está acreditando una finísima voluntad y un patrocinio seguro.

Testimonio elocuentísimo de esta voluntad y patrocinio, lo es, el que en todo el orbe católico se celebra con la mayor solemnidad la festividad de San José, del Padre putativo del Hijo-Dios, del esposo amantísimo de la Virgen María, y cuando por todas partes y en todos los sitios se cantan las glorias del benditísimo Patriarca, entonces el alma cristiana respira de gozo y siente una verdadera satisfacción, nacida de la esperanza, porque el esposo de María Santísima no desoye nunca cuanto se le pide, escucha atento los ruegos de sus devotos, intercede é implora de la divina Providencia la realización de los favores que se le piden.

Postrémonos todos a los pies de San José, llenos de esperanza, pero practicando a la vez las virtudes cristianas, en la seguridad, de que con su patrocinio seremos verdaderamente venturosos, verdaderamente felices y verdaderamente cristianos.

Francisco Jiménez Marco (1898)

* * *

Al Patriarca San José

Diste a Jesús tu cariño,
y es tu cariño tan fuerte,
que jamás logramos verte
si no es con el tierno Niño.

Y estés andando o parado,
y estés sentado o de pie,
siempre en tus brazos se ve,
y a ti en mirarle obstinado.

Tus brazos trono le dan;
tus labios miel y dulzor,
y tu mirada ese amor
que El busca con tanto afán.

Mas la actitud extasiada
de tu bendita figura,
también, José, nos augura
¡que en el taller no haces nada!

Pues al quererle cuidar
con tanto y tanto ardimiento,
¡no tendrás nunca un momento
para darte a trabajar!

Yo, pues, que siento gran pena
de que no ejerzas tu arte,
vengo gozoso a brindarte
un medio de hacer faena.

Para que tú, buen José,
tomes la gubia o la sierra.
¡al Rey de cielos y tierra
yo en mi regazo tendré!

Su frente es blanco jazmín;
su boca es rojo clavel,
y allí mis besos de miel
pondré con ansia sin fin…

Mis brazos trono le harán,
mis versos daránle honor,
y el corazón ese amor
que Él busca con tanto afán.

Pero… ¿no quieres?… ¿Te humilla?…
¿Qué pena tu pecho embarga?
¿Qué es esa lágrima amarga
que resbala en tu mejilla?…

Ah!, sí…, ya sé…; ¡no te atreves!
¡Tan necio y tan loco he sido!
¡Tantas veces le he ofendido
con mis acciones aleves!

Mas… ¡dámelo! ¿No querrás?
Yo mi constancia aseguro…
Déjamelo… ¡Yo te juro
no abandonarlo jamás!…

Yo pagaré con usura
todo el gran mal que le he hecho;
verás, verás en mi pecho
¡qué incendio de amor fulgura!

Y si algún día, atrevido,
Satán de nuevo me intima,
y ves que avanzo a la sima…
y ves que de Dios me olvido…;

si ves que corro obcecado
y extiendo hacia el mal mis alas…
¡oh!, sea a buenas o a malas,
¡líbrame tú del pecado!

Muéstrame que eres mi amigo…
Detén mi fuga inaudita…
¡Toma tu vara bendita,
y usa tu vara conmigo!…

      Pascual Lull Giménez

A San José

A SAN JOSÉ

Bajo tu excelsa tutela,
Casto esposo de María,
Ha crecido el alma mía
En virtud y perfección:
Deja, pues, que agradecido
Y a impulsos del sentimiento
Te dedique estos acentos
Que exhala mi corazón.

Yo recuerdo avergonzado
Que hubo un tiempo, que abomino,
En que desprecié el camino
Que conduce a la virtud;
Y en que mi alma colocada
Al borde del precipicio
Con el fango de los vicios
Profanó su excelsitud.

Tiempo lleno de inquietudes
Que mis dichas amargaba,
En que mi alma zozobraba
En el mar de la pasión,
Fueron sus frutos aciagos
Según los vi en mi conciencia.
Sombras en la inteligencia
Llantos en el corazón.

Tú, lucero de la Iglesia,
Con santas inspiraciones
Rompiste con las prisiones
Que me ligaban al mal.
¡Cuántas sombras de la mente
Disipaste cariñoso
Al influjo poderoso
De tu gracia celestial!

¡Cuántas veces de mis pasos
Cortaste la audaz carrera.
Para que el alma viviera
Y triunfara la virtud!
¡Cuántas veces en el templo
Ante ti me postré triste,
Y a mis voces respondiste
Con tierna solicitud!

Allí escuché de tus labios
Esa doctrina sublime,
Que regocija al que gime
Y consuela al pecador.
Esas máximas de vida
Del Verbo Eterno emanadas
Y a los hombres enseñadas
Por Jesús, mi Salvador.

Y creí en tus enseñanzas,
Y practiqué tus consejos,
Y percibí los reflejos
De la celeste mansión.
Y sé que tu sombra augusta
Rige y guía mi existencia,
Alumbra mi inteligencia
Y alegra mi corazón.

Ya no siento aquí, en mi pecho
Los acerbos sinsabores
Que sienten los amadores
De este mundo terrenal:
Que es el vicio, y su deleite.
Como la sierpe alevosa.
Que oculta tras fresca rosa
Clava su dardo letal.

Solo ansío la virtud,
Que en esto solo se encierra
La dicha que aquí en la tierra
Puede el alma disfrutar.
Haz que sean los afanes
De ésta mi alma agradecida.
Sufrir mucho en esta vida,
Para en el cielo gozar.

No importa que sus senderos.
Cubran flores purpurinas;
Porque ¡ay!, agudas espinas
Desgarran el corazón.
Padecer es necesario:
Mas, Dios dispuso propicio,
En la tierra el sacrificio
Y en el cielo el galardón.

Y tú, faro esplendoroso,
De la humanidad errante,
Fiel custodio, tierno amante,
Y celoso Protector.
No abandones un momento
A mi alma humilde y piadosa,
Hasta que vuele gozosa
Ante el trono del Señor.

          P. Albino Justa

* * *

Grandeza de San José

Santa Teresa de Lisieux (Santa Teresita del Niño de Jesús)

Quiero pasar mi cielo haciendo bien en la tierra

Nació en Alençon (Normandía, Francia) el dos de enero de 1873. Fue la mayor de las cinco hijas de los esposos Luis Martin y Celia Guerin. Inteligente y sumamente tierna, escribe: «Si no hubiese sido educada por padres virtuosos, hubiera llegado a ser muy mala y tal vez perderme eternamente». Más tarde, visitando el Carmelo de Lisieux sintió la llamada divina en su alma. A causa de su poca edad y de una grave enfermedad, no podía lograr su deseo. En su habitación la imagen de la Virgen “le sonrió, recuperando milagrosamente la salud. En 1887, delante de León XIII, arrodillada y bañada en lágrimas pidió ser admitida al Carmelo. Al poco tiempo de morir su madre se cumplieron sus deseos, ingresando en las benedictinas de Lisieux el 9 de abril de 1888. Llevó una vida de amor y heroico sacrificio, mereciendo durante toda ella el elogio que recibió una vez: No hizo ninguna cosa extraordinaria, pero todo lo hizo extraordinariamente bien. Únicamente sentía un deseo: ¡Amar a Jesús hasta la locura! Teresita se entrega como ofrenda al cuidado de los pobres y necesitados, siguiendo con humildad su caminito espiritual que ya claramente tiene trazado hacia el cielo: «El amor se paga nada más que con amor, mi misma debilidad me da valor para ofrecerme como víctima a vuestro amor». Pasó diez años dentro de la clausura y su salud no tarda en resistirse. Enferma de tuberculosis, en una larga noche de santa expectación dolorosa, sólo en el corazón de Santa Teresita florece la paz. En su lecho de dolor pronunció estas proféticas palabras: «Sólo amor he dado a Dios durante mi vida, y sólo amor me devolverá el Señor. Después de mi muerte derramaré una lluvia de rosas». Murió el 30 de septiembre de 1897.

* * *

“La vida es con frecuencia pesada. ¡Qué amargura, pero también qué dulzura; Sí, la vida cuesta; es penoso comenzar un día de trabajo; tanto el débil capullo como el hermoso lirio lo han experimentado. ¡Si al menos se sintiese a Jesús…! ¡Oh, con qué gusto se haría todo por El! Pero no. El parece estar lejos… estamos solas con nosotras mismas. Oh, la enojosa compañía cuando Jesús está ausente!

¿Pero qué hace, entonces, este dulce Amigo? ¿No ve nuestra angustia, el peso que nos oprime? ¿Dónde está, por qué no viene a consolarnos puesto que no tenemos otro amigo que a El? ¡Ay…! El no está lejos, está muy cerca y nos mira; y nos “mendiga” esta tristeza, esta agonía… El la “necesita” para las almas, para nuestra alma: ¡Quiere darnos tan bella recompensa! ¡Sus ambiciones para nosotras son tan grandes…!

…¡Oh, qué destino! ¡Qué grande es nuestra alma! ¡Elevémonos por encima de la tierra! Más arriba el aire es puro. Jesús se esconde, pero se le adivina adivina… Derramando lágrimas se le enjugan las suyas, y la Santísima Virgen sonríe. ¡Pobre Madre! ¡Ha sufrido tanto Ella por causa nuestra! Justo es que nosotros la consolemos un poco llorando y sufriendo con Ella…”.

(Extracto de una carta de Santa Teresa de Lisieux a su hermana Celina, Sor Genoveva de la Santa Faz).

Oración

¡Oh Santa Teresita del Niño Jesús, modelo de humildad, de confianza y de amor! Desde lo alto de los cielos deshoja sobre nosotros esas rosas que llevas en tus brazos: la rosa de humildad, para que rindamos nuestro orgullo y aceptemos el yugo del Evangelio; la rosa de la confianza, para que nos abandonemos a la Voluntad de Dios y descansemos en su Misericordia; la rosa del amor para que abriendo nuestras almas sin medida a la gracia, realicemos el único fin para el que Dios nos ha creado a su Imagen: Amarle y hacerle amar Tú que pasas tu Cielo haciendo bien en la tierra, ayúdame en esta necesidad y concédeme del Señor lo que Te pido si ha de ser para gloria de Dios y bien de mi alma. Así sea.

Enlace recomendado: La Basílica de Santa Teresita

Festividad de San José de Cupertino, fraile franciscano conventual

San José de Cupertino, fraile franciscano conventual

La familia religiosa del Seráfico padre San Francisca de Asís, en la rama más antigua de su primera Orden, llamada de Menores franciscanos conventuales, celebra la fiesta de este santo, singular premio por sus virtudes —humildad y paciencia ante las humillaciones y los fracasos— y por los dones que recibió del Señor. Nació José María Desa el año 1.603, en la localidad italiana de Cupertino, de la provincia de Lecce, de padres pobres y religiosos que educaron a su hijo en el santo amor a Dios. En su deseo de ofrecerse al Señor, intentó ingresar en la religión capuchina, más hubieron de despedirlo por su ineptitud para los oficios; no desistió el joven y solicitó su ingreso entre los padres conventuales, quienes movidos de la bondad del postulante, le admitieron como hermano lego. Más tarde, a causa de su excelente comportamiento y por especial disposición del Señor, le hicieron estudiar y a los 25 años se ordena sacerdote. Sus virtudes, los favores que recibía del cielo y otros prodigios  —arrobado de éxtasis, levitaba a grandes alturas— hacían que la gente acudiera, a su pesar, en tropel a venerarlo. Más de sesenta fueron los éxtasis públicos, con la particularidad de que cesaban a la voz de la obediencia. Su paciencia era inagotable, ya que muchos le atacaban por su sencillez, por su humildad y por su extremada pobreza; y vivió muchos años con grandes tribulaciones, de las que le libró después el Señor, llevándolo al descanso eterno desde Osimo el 18 de septiembre de 1663, cuando contaba sesenta años. Sus últimas palabras fueron para la Virgen: Monstra te esse Matrem: Muestra que eres mi Madre. Contaban los frailes que aquel perfume milagroso que indicaba su presencia en los conventos se difundió en ese momento y duró muchos años. Conocido como “el santo volador” es, además, considerado patrono de los estudiantes, pues sus oportunas invocaciones a la Virgen le bastaban para lograr prodigios de sabiduría en los exámenes.

* * *

Protector de los examinandos 

Vivió San José de Cupertino en el siglo XVII (1603-1663). Joven todavía, y vencidas ya no pequeñas dificultades motivadas por su escasísima aptitud para las letras, fue admitido en calidad de lego en la Orden de Franciscanos Conventuales y destinado inmediatamente al convento de Santa María della Grotella, cuyos religiosos diéronse muy pronto cuenta del gran tesoro que Dios les había confiado, que a las reiteradas y a las justas instancias de ellos debió el Santo la singular merced de ser admitido entre los religiosos del coro, a pesar, según hemos dicho, de su poca disposición para el estudio.

Por su parte, haciéndose cargo el joven Religioso de sus nuevos deberes de estudiante, dióse con ánimo esforzado a observarlos, y después de mucho trabajo y diligencia pudo penetrar algo en el conocimiento del latín y aun a traducir con seguridad aquel fragmento del Evangelio, donde, entre otras cosas, se leen aquellas tan conocidas palabras: Beatus venter qui te portavit.

Preparado de esta suerte y puesta toda su confianza en la Santísima Virgen presentóse para recibir el Diaconado, siendo de advertir que la primera clerical tonsura, las cuatro Órdenes menores y el subdiaconado los recibió sin previo examen, atendida su pura santidad. Era el señor Obispo de Nardó, D. Jerónimo de Franchi, quien debía conferirle tal Orden, y lo hubiera realizado pasando por alto el requisito del previo examen, a no habérselo recordado uno de los que le acompañaban. Por este motivo se dispuso aquel Prelado a cumplir los sagrados Cánones, y a tal fin abrió al azar el libro de los santos Evangelios, señalando como materia para el examen el pasaje que tan providencialmente se había ofrecido, esto es, el único ya citado, que el Santo conocía con perfección. Tradújolo el humilde religioso y lo comentó luego con tan santa maestría, ponderando las excelencias de la Virgen, que dejó al Obispo sumamente satisfecho y admirados a los demás presentes.

Pero mayores y hasta humanamente insuperables eran las dificultades con que parecía haber de tropezar para recibir el Presbiterado, pues, dada la fama de riguroso que tenía el señor Obispo de Castro, Don Juan Deti, era de temer que por esta vez saliese mal parado el Santo, y esto le habría sucedido a no contar con la protección y amparo de la Santísima Virgen, la cual le infundió tal ánimo que se presentó con toda confianza a exámenes en compañía de otros ordenandos de su Instituto muy aprovechados en ciencias divinas y humanas. Preguntó el señor Obispo a varios de los mismos con el rigor que acostumbraba, y deduciendo, luego, de la notoria aptitud de los ya examinados la de los que quedaban todavía por examinar, entre los cuales estaba San José de Cupertino, dejó de preguntar a estos últimos, dándose por satisfecho de todos.

Pedro Mártir Bordoy i Torrents

Oración

Querido Santo, purifica mi corazón, transfórmalo y hazlo semejante al tuyo, infunde en mí tu fervor, tu sabiduría y tu fe. Muestra tu bondad ayudándome y yo me esforzaré en imitar tus virtudes. Gloria…

Amable protector mío, el estudio frecuentemente me resulta difícil, duro y aburrido. Tú puedes hacérmelo fácil y agradable. Esperas solamente mi llamada. Yo te prometo un mayor esfuerzo en mis estudios y una vida más digna de tu santidad. Gloria…

Oh Dios, que dispusiste atraerlo todo a tu unigénito Hijo, elevado sobre la tierra en la Cruz, concédenos qué, por los méritos y ejemplos de tu Seráfico Confesor José, sobreponiéndonos a todas las terrenas concupiscencias, merezcamos llegar a El, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

San José de Cupertino, por José María Feraud

La Venerable Madre Joaquina de Vedruna

*La Venerable Madre Joaquina de Vedruna

La Venerable Joaquina de Vedruna, viuda de Mas, nació en Barcelona el 16 de abril del año 1783, y fue bautizada con los nombres de Joaquina, Francisca de Paula Antonia. Sus padres, distinguidísimos por la nobleza y piedad cristiana, se llamaron Lorenzo y Teresa Vidal, los cuales, habiendo tenido ocho hijos, estudiaron de educarlos en el temor de Dios. Joaquina, que era de naturaleza dócil, respondió plenamente a sus cuidados, de modo que todos los que frecuentaban la familia admiraban la docilidad y obediencia, el candor de su ánimo, la diligencia y el progreso que hacía en los estudios, como también el amor a la oración, en la que empleaba el tiempo que la dejaban libre sus ocupaciones; igualmente eran llenos de admiración para con ella viendo el esfuerzo continuo que hacía para conquistar la virtud, especialmente después de la primera Comunión.

Llegada a la edad de doce años, deseó entrar en el Monasterio de las Carmelitas para ser religiosa; pero, disponiendo diversamente el Señor, no pudo seguir tal voluntad, puesto que, obsequiando a su padre, y habiéndose añadido el consejo del confesor para ello, en el año 1799 contrajo matrimonio con el noble y piadoso joven Teodoro de Mas, con el que convivió santamente por diecisiete años y del cual tuvo nueve hijos, que felizmente preparó para la gloria de Dios; de ellos cuatro hijas fueron religiosas, dos se unieron en matrimonio honestísimo, tres volaron al cielo en tierna edad.

Invadiendo España Napoleón Bonaparte, Teodoro tomó las armas para defender la patria, pero los malestares de la guerra, despojado de fuerzas y oprimido por las angustias, poco después murió piadosamente en el año 1816.

Joaquina, quedando viuda de su amantísimo esposo se retiró a Vich con sus hijos, y allí atendió por diez años a la educación de los mismos, a administrar los bienes patrimoniales, dedicándose también insistentemente a las obras de piedad para con Dios y de caridad para con sus prójimos, así como a conocer más claramente la voluntad del Altísimo, para seguirla, implorando ardientemente para tal fin, con oraciones y penitencias durísimas, la luz del cielo.

Mucho tuvo que sufrir, de parte de sus allegados, por razones políticas; no obstante, teniendo por norma la justicia y confiando en Dios, todo lo superó con fortaleza.

Por inspiración divina, y con el consejo e impulso del P. Esteban de Olot, de los Menores Capuchinos, hombre distinguido por su santidad, se aprestó a fundar una nueva Congregación de Hermanas, la cual tuvo primero la aprobación de los Padres Franciscanos, y después, por la autoridad del Obispo de Vich, Pablo de Jesús Corcuera, fue en I826 canónicamente erigida con el nombre de Instituto de las Carmelitas de la Caridad, señalándose un doble fin: educar a las niñas y tener cuidado de los enfermos. Tal Instituto tuvo la aprobación del Sumo Pontífice Pío IX; las constituciones después compuestas por el mismo P. Esteban de Olot, fueron primero aprobadas por el mismo Pontífice, y más tarde confirmadas plenamente por el mismo Pontífice León XIII, de felicísima memoria.

Con la dirección suave, prudente y fuerte de la  Venerable Sierva de Dios, se levantaron muchas casas del mismo Instituto en Cataluña, en toda España y en otras partes del mundo.

Al empezar la gran obra es difícil el decir cuántas son las contrariedades, cuántas las angustias, cuántas las amarguras que tuvo que soportar, llevándolo todo con ánimo sereno e intrépido. Confiada en Dios, sostuvo resignada las asperezas del destierro, la miseria de la cárcel, las privaciones y las defecciones de algunas Hermanas. Semejante virtud, la conquistó ella de la íntima unión con Dios, teniendo ya dispuesta desde niña su ánimo. Continuamente dada a la oración, meditaba los divinos misterios, especialmente aquellos de la Santísima Trinidad, repitiendo muchísimas veces al día el Trisagio con indecible consolación y gozo del ánimo; veneró grandemente a la  Santísima Eucaristía; y a guisa de buena hija amó a la celeste Madre, y mostró devoto afecto a San José, San Rafael Arcángel y los Santos. Fue humildísima y se complacía en sufrir y ser despreciada. En el cuádruple estado de su vida se manifestó verdaderamente heroica. Igualmente se distinguió por la sabiduría y caridad con las Hermanas, como también para las niñas a quienes educaba y en el amor a los enfermos en el que no fue vencida por nadie.

Y así, estas grandes virtudes de la Sierva quiso Dios colmarlas de grandes dones, tanto en vida como después de su muerte.

En el año 1849 tuvo un ataque de apoplejía, del que todavía se libró. En 1852, agravada tal enfermedad, no pudiendo ejercer más el oficio de Superiora, tomó para compañera suya a la Sierva de Dios Paula de San Luis Delpuig, para que hiciese sus veces y la que fue más tarde Superiora General. Imperando el cólera en Barcelona, la Venerable, que se encontraba entonces allí, fue atacada por la terrible enfermedad. Recibidos con ánimo piadoso los Sacramentos de la Iglesia, murió santamente el día 28 de agosto del año 1854.

La fama de santidad que tuvo mientras vivía, se acrecentó después de su muerte. Por tanto, la Curia de Vich, en los años 1909, 1911, con ordinaria autoridad hizo los procesos relativos. El día 22 de enero de 1919 se tuvo un favorable decreto de la Congregación Sagrada para los escritos de la Sierva de Dios. El 14 de enero de 1920 el Sumo Pontífice Benedicto XV, de feliz memoria, signó de propio puño la Comisión de Introducción de la Causa. El día 13 de julio de 1921 fue declarada la observancia hecha de los decretos de Urbano VIII. Completados los Procesos Apostólicos en Barcelona y Vich, con decreto exprofeso del 23 de junio de 1923, fueron éstos reconocidos jurídicamente válidos. Por tanto, delante de su Eminencia Reverendísima el Cardenal Luis Sincero, Ponente, es decir, Relator de la Causa, el 28 de abril de 1931, tuvo, lugar la Congregación Anti-preparatoria sobre las virtudes; a continuación, el 7 de agosto del pasado año, se celebró la Congregación Preparatoria; y el día 28 de mayo del corriente año, se tuvo la General, en la presencia de Su Santidad Pío XI, felizmente reinante, quien difirió su juicio hasta el 16 de junio, día solemne de la Santísima Trinidad, en que, celebrado el Divino Sacrificio, y oídos los Eminentísimos Cardenales, los Oficiales Prelados y los Consultores que intervinieron, proclamó heroicas las virtudes de la Rdma. M. Joaquina de Vedruna, viuda de Mas, fundadora de las Hermanas Carmelitas de la Caridad.

Hagamos votos al Cielo para que a la declaración solemne de la heroicidad de las virtudes de la Venerable Madre Joaquina de Vedruna siga a no tardar su beatificación, y podamos ver pronto en los altares a la Sierva de Dios que durante un cuarto de siglo trabajó por la recristianización de Cataluña.

La Hormiga de Oro, agosto de 1935.

* El presente artículo fue escrito en los albores del proceso diocesano de la Causa de la Madre Joaquina Vedruna, siendo declarada Venerable el 16 de junio de 1935.

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Festividad de Santa Joaquina Vedruna, fundadora de las Carmelitas de la Caridad

A María Micaela del Santísimo Sacramento

A María Micaela del Santísimo Sacramento

Casta Virgen, de Cristo enamorada
oculto en la Sagrada Eucaristía;
tu amante corazón allí aprendía
cuál es la caridad más acendrada.
Por el Pastor divino aleccionada
y con la antorcha de la fe por guía,
tu existencia empleaste noche y día
en buscar la ovejuela extraviada.
Desdeñaste del mundo los honores
por seguir a Jesús crucificado
y sufriste improperios y dolores;
pisaste mil abrojos punzadores
luchando contra el mundo y el pecado,
por dar gloria al amor de tus amores.

¡Mártir de caridad; blanca paloma!…
huyó la noche;… el sol radiante asoma…
Los querubes en cántico armonioso
—¡Mirad—repiten—a la esposa amada!…
Vedla feliz, y con laurel glorioso
por el Rey de los cielos coronada.
Y aquí en la tierra un eco misterioso
cual cefirillo leve
aclamarte parece rumoroso,
maravilla del siglo diecinueve.

                             D.S.B.

(La autora de esta poesía, consagrada a Dios en el retiro de un claustro, ha preferido no revelar su nombre).

María Micaela del Santísimo Sacramento murió el 24 de agosto de 1865 y su memoria se celebra el 15 de junio, aniversario de sus votos perpetuos.

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Santa María Micaela del Santísimo Sacramento, la Santa de la Eucaristía

Pío X, glorioso

San Pío X, el Papa humilde que nació, vivió y dio su último aliento a Dios en la más edificante pobreza. El Papa que amó tiernamente a los niños y desbordó su corazón por los cauces de la caridad. El Pontífice que lloró amargamente su proclamación, bajo el peso de una responsabilidad presentida, pero que supo sostener el Pontificado con un rango supremo de dignidad y de justicia.

Pío X, glorioso

El alma de la Virgen glorificó al Señor y recordó, entre otras cosas que Dios “derribó del solio a los poderosos y ensalzó a los humildes; colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos los despidió sin nada”.
En el siglo primero de nuestra era sonaron a misterio indescifrable estas frases de María, pronunciadas ante su prima Isabel. Tampoco hoy, después de veinte siglos de vida cristiana, se esfuerza el mundo por llegar a comprenderlas. No es ello extraño, sin embargo. Cada día que pasa puede observarse cómo entre los criterios del mundo y los criterios de Dios existe una perpetua enemistad, análoga a la que Dios anunciara entre la Mujer y la serpiente.
El mundo exalta el brillo del dinero. Dios llama bienaventurados a los pobres. El mundo alardea de sus bajas concupiscencias. Dios alaba la virtud oculta. El mundo brinda su aplauso más caliente a los grandes ladrones, a los estafadores avisados, a los mentirosos advertidos, a los truhanes elegantes y escurridizos y a los cretinos que pliegan su cintura para cortejar la mueca forzada del poderoso. Dios da su bendición al santo que repudia la mentira, que ama la paz del corazón, que desprecia el dinero y que retuerce la ambición en sus inicios cordiales…
El dia 2 de junio de 1835 nacía en el pueblecito de Riese, provincia de Treviso, sita al nordeste de Italia, José Melchor Sarto. Hijo del alguacil de su pueblo natal, fue creciendo entre penurias económicas y dolorosas privaciones. En 1850 entra como becario en el Seminario de Padua. El 18 de septiembre de 1858 se ordena de sacerdote y es destinado inmediatamente a Tombolo, como coadjutor. En 1.867 se le nombra párroco de Salzano. En 1875 desempeña el cargo de canónigo de Treviso y Padre Espiritual de aquel seminario. En 1.884 es ya Obispo de Mantua. En 1.893 sube a Cardenal Patriarca de Venecia. En 1903 es elegido Sumo Pontífice, la suprema dignidad de la tierra, tocando el nombre de Pío X. Gobierna el timón de la Iglesia hasta el año 1.914, en que muere. En 1.954 es elevado al honor de los altares.
He aquí, pues, la cronología de este hombre que en todo momento sólo conoció una preocupación fundamental: cumplir con su deber, suavizando cada aspereza con el bálsamo de una bondad carente de artificios. Un autor francés escribió sobre Pío X: “Su mirada, su conversación, todo su ser, respiraban tres cosas: bondad, firmeza, fe. La bondad del hombre, la firmeza del dirigente y la fe del cristiano, del sarcedote, del Pontífice, del hombre de Dios”.
José Sarto, el hijo humilde y sumiso del oscuro alguacil de Riese, escala hoy, por sus méritos constatados con fina escrupulosidad, el honor de los altares. Como un ejemplo para este mundo amasado de envidias y ambiciones, aturdido de rencillas, seco de caridad, presa de resentimientos, ha de brillar la figura ingente de Pío X; de aquel Pío X lloroso y desfallecido ante el duro peso de Tiara Pontificia que se le confiaba.
Fue el Cardenal Merry del Val, el gran diplomático español, luego Secretario de Estado durante el pontificado de Pío X quien hubo de consolarlo y animarlo cuando le encontró en la Capilla Paolina, arrodillado en el suelo, con la cabeza entre las manos y el pulso tembloroso: “Eminencia, armaos de valor; el Señor os ayudará”.
No quería ser Papa y lo fue. En rasgo de permanente humildad, jamás permitió que a sus hermanas se les asignase título nobiliario alguno. Pero el Señor prometió exaltación al que se humilla y hoy, día 29 de mayo, subirá a la Gloria de Bernini la radiante figura del Papa Sarto, para recibir el homenaje público que la iglesia, y sólo ella, guarda para los santos…
Y es que también aquí existe una radical diferencia entre los criterios de Dios y los criterios del mundo. Mientras el mundo olvida a los truhanes, a los mentirosos y a los ladrones cuando los deja ya en el pudridero. Dios engrandece a los humildes cuando traspasan los umbrales de este mundo y entran gozosos en la luz perpetua, que los ha de iluminar para siempre.

Gabriel de Armas Medina, sección “Plumas de las islas” (periódico Falange, 29 de mayo de 1954).

Oración a San Pío X

Glorioso Papa de la Eucaristía, San Pío X, que te has empeñado en “restaurar todas las cosas en Cristo”. Obtenme un verdadero amor a Jesucristo, de tal manera que sólo pueda vivir por y para Él. Ayúdame a alcanzar un ardiente fervor y un sincero deseo de luchar por la santidad, y a poder aprovechar todas las riquezas que brinda la Sagrada Eucaristía. Por tu gran amor a María, madre y reina de todo lo creado, inflama mi corazón con una tierna y gran devoción a ella.

Bienaventurado modelo del sacerdocio, intercede para que cada vez haya más santos y dedicados sacerdotes, y se acrecienten las vocaciones religiosas. Disipa la confusión, el odio y la ansiedad, e inclina nuestros corazones a la paz y la concordia, a fin de que todas las naciones se coloquen bajo el dulce reinado de Jesucristo. Amén.

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Enlace de interés: S. Pius PP. X