A la Preciosísima Sangre de Cristo

A la Preciosísima Sangre de Cristo (Oración de liberación)

Señor nuestro Jesucristo te adoro, te alabo, te bendigo, gracias por tu infinito amor por el que te has hecho uno de nosotros naciendo de la Virgen María y por el que subiste a la Cruz para dar tu vida por nosotros.

Gracias por tu sangre preciosísima con que nos has redimido.

Con tu sangre preciosísima brotada de tus sacratísimas sienes traspasadas por espinas: cúbrenos, séllanos, lávanos, purifícanos, libéranos, destruye en nosotros todo pecado, toda iniquidad, todo poder maligno, todo poder satánico.

Con tu sangre preciosísima brotada de tu hombro y espalda llagados por la Cruz a cuestas: cúbrenos, séllanos, lávanos, purifícanos, libéranos, destruye en nosotros todo pecado, toda iniquidad, todo poder maligno, todo poder satánico.

Con tu sangre preciosísima brotada de tu costado abierto por la lanza: cúbrenos, séllanos, lávanos, purifícanos, libéranos, destruye en nosotros todo pecado, toda iniquidad, todo poder maligno, todo poder satánico.

Con tu sangre preciosísima brotada de tus pies y de tus manos traspasados por los clavos: cúbrenos, séllanos, lávanos, purifícanos, libéranos, destruye en nosotros todo pecado, toda iniquidad, todo poder maligno, todo poder satánico.

Con tu sangre preciosísima brotada de todo tu cuerpo llagado por los azotes: cúbrenos, séllanos, lávanos, purifícanos, libéranos, destruye en nosotros todo pecado, toda iniquidad, todo poder maligno, todo poder satánico.

(Tres veces Gloria).

Amén, Amén, Amén.

Oración por Moseñor Morales

* * *

Letanías de la Preciosísima Sangre de Cristo

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Cristo y Tú

Cristo y Tú

1) Cristo – Lo que Cristo hizo por ti:
a) Siendo Dios se hizo hombre.
b) Quiso nacer en un humilde establo.
c) Trabajó.
d) Se preparó en silencio para su vida pública.
e) Sufrió, se fatigó, fue humillado y despreciado por propagar el nombre de su padre.
f) Consumó su sacrificio en el Calvario.
g) Y todo por redimirte a Ti.

2) Tú – Lo que puedes hacer por ÉL:
a) Humíllate por su causa.
b) Lleva una vida austera.
c) Esfuérzate.
d) Prepárate en la juventud, formándote y actuando para futuras empresas.
e) Sufre, fatígate, no te importen la humillación ni el desprecio por propagar el nombre de Dios.
f) Demuestra, por tu vida, que estás dispuesto a sacrificarla si fuera necesario.
g) Todo, por completar en ti lo que le falta a la Pasión de Cristo, en frase de San Pablo.

3) Tú y Cristo – Que Él sea para ti algo más que una idea.
Recíbelo.
Aprende a conocerlo.
Ámalo.
Enloquece por Él.
Propagálo.

A Jesucristo en la Cruz

A Jesucristo en la Cruz

¡Tú, por Mi amor de un leño suspendido!
¡Tú, que tienes por trono el firmamento,
haber desde tan alto descendido
a dar así tu postrimer aliento!

¡Tú sufrir, resignado de esa suerte
tanta y tan honda y, tan amarga herida,
y Tú del mundo recibir la muerte,
cuando viniste a dar al mundo vida!

¡Tú, rasgados los miembros soberanos;
Tú, escupido en la faz cándida y pura,
y al hombre ver clavándote las manos,
esas manos, gran Dios, de que es hechura!

¡Tú, que animas el rayo y das el trueno,
así expiar entre amarguras tantas
por un gusano de miserias lleno,
que no vale ni el polvo de tus plantas!

¡Tú por mi amor, en fin, tan humillado!
¿Y aún a ofenderte, Santo Dios, me atrevo,
cuando yo, nada a Ti, nada te he dado,
y cuando tanto a Ti, tanto te debo?…

¡Miserable de mí! Más los enojos
depón, Señor, del rostro esclarecido;
que ya cansados de llorar los ojos
vuelvo a tu Cruz con pecho arrepentido.

Vuelvo, Señor, a demandar tu gracia;
vuelvo, Señor, como al pastor la oveja;
porque el dolor en tan cruel desgracia
ni aun aire ya que respirar me deja.

Vuelvo trayendo el corazón doliente
lleno de contrición, de luto lleno,
y ante tus plantas a inclinar la frente,
con la profunda devoción del bueno.

¡Escucha, pues mi voz! Yo no soy digno
de hallar, Señor, tu voluntad propicia;
mas suple Tú mis méritos benigno,
y juzgue tu bondad, no tu justicia.

                  Ramón de Satorres

Manos de Cristo

Manos de Cristo

Esas manos, Señor, blancas, divinas
y que el hierro rasgó con vil suplicio,
abiertas con dolor al sacrificio
rubrican el amor de sus doctrinas.

Blancas manos, Señor, que peregrinas
tuvieron en su palma un orificio
para el mundo regar de beneficio
izando la verdad entre sus ruinas.

Manos blancas, caminos de esperanza
que alumbran para el orbe el derrotero
con el Norte de firme confianza;

pues tus manos clavadas al madero,
en abierto abrazo, es esperanza
de un mensaje de paz al mundo entero.

           Federico Acosta Noriega

Imagen ilustrativa:  Detalle del cartel del quinario del Santísimo Cristo a la Columna de la Villa de la Orotava del año 2016 (Hermandad de la Venerable Esclavitud del Santísimo Cristo a la Columna).

La Oración del Huerto

La Oración del Huerto

I

En sus bases de pórfido
del Erego la mística montana
sus encumbradas cimas
hasta el cielo levanta.
La luna melancólica,
escondida entre lóbregas nimbadas,
traslucir deja, en vaga intermitencia.
su moribundo resplandor de plata.

Las nieblas vagarosas,
extendiendo del monte por las faldas
sus húmedos vapores,
por el extenso campo se dilatan.

El viento, entre los cedros,
y las robustas palmas
que se yergen altivas en el valle,
hondos suspiros de tristeza exhalan,
y del verde olivar en el ramaje,
los pardos búhos de pupilas anchas,
en agorera queja
sus tétricos ronquidos desparraman.

En sus nidales las palomas sueñan
y en los cañales del Cedrón, las garzas
empiezan a dormir, mientras el río,
como un sollozo, su caudal arrastra.

II

Es media noche.
En el obscuro seno
de una abrupta caverna,
con dolorosas ansías,
orando está Jesús, el rostro en tierra.
En sedosa madeja a sus espaldas
flota su cabellera
y por el blanco cuello
en guedejas undívagas se enreda.

Conmueve la caverna sus entrañas
y retumbar escúchase en sus grietas
la voz de Dios que exclama:
“Si hay alguien en el mundo que se atreva
a servir de holocausto por el hombre,
responda a mis acentos. Dios lo espera”.
Y alzando Cristo su angustiada frente,
sin vacilar contesta:
—”Señor, estoy dispuesto,
en redención te ofrezco mi existencia…
Soy obra de tus manos;
hágase en mí la Voluntad Eterna!”.

III

Y se rompen de nuevo
los senos de la gruta, y un arcángel
se yergue en ella en actitud altiva…
Y en ese mismo instante
llena la caverna de relámpagos
y un trueno sordo suena por el Valle.
El ángel habla a Cristo:
-¿Dime, Jesús, vas a verter tu sangre
para salvar al hombre?
-Sí, contesta Jesús, por su rescate
ofreceré mi vida
y le abriré los cielos. Ya lo sabes.
Un rugido infernal de sus entrañas
exhala, ardiente de furor, el ángel,
y volviéndose al Cristo:
—¿Cómo te atreves, dícele, a inmolarte
por la prole de Adán, raza maldita,
con millones de crímenes culpable?
Troncha Caín el cuello de su hermano
y vaga ahora por el mundo errante;
vende a Sansón la pérfida Dalila;
asesina Aristóbulo a su madre;
Absalón es traidor y sanguinario…
¿Y aún así piensas, Jesús, sacrificarte?
—Sí, le responde Cristo dulcemente.
Yo cumpliré la voluntad del Padre…
Y, en tanto, rueda por su sacro rostro,
tembladora, una lágrima de sangre.

Comprimida sonrisa de despecho
muestra en su labio el ángel,
y con acento irónico,
—Óyeme, dícele, óyeme un instante,
oh Cristo, que el Eterno me concede
tres horas más aún, para tentarte.
Si los pasados crímenes,
para calmar tu afán no son bastantes,
mira la historia que vendrá mañana.
En un inmundo dédalo de sangre
Nerón, Tiberio y el feroz Calígula
harán del trono pedestal infame…
Vendrá, quizá, otra Venus más impura
y el Odio y el Rencor tendrán altares;
erguiráse en un solio la Soberbia
y estos vicios será nuevas deidades
que en su locura adorarán los hombres.
Infesta Babilonia las ciudades
consumarán el crimen de Sodoma…
¿Y así vas, oh Jesús, Divino Mártir,
a morir por el hombre?
—Sí, yo ofrezco
gustoso mi existencia en su rescate,
Cristo, de nuevo, le responde, y rueda
otra vez una lágrima de sangre
por su pálido rostro…
El ángel presuroso
se aleja blasfemando,
mientras los senos de la gruta se abren.
Se llena la caverna de relámpagos
y los truenos retumban por el valle…

          Tomás Gatica Martínez

Imagen ilustrativa: “La Oración en el Huerto”, óleo de Mariano de la Roca y Delgado.

El Cristo de la Humildad (soneto)

El Cristo de la Humildad 

Después de condenado en burdo juicio,
coronada tu frente por espinas,
sobre tu misma mano la reclinas
en el breve descanso del suplicio.

¿Qué se esconde, Señor, bajo tu frente?
¿Qué piensas mi Señor en ese instante?
¿Es acaso, Jesús, que no es bastante
hacerte condenar, siendo inocente?

Sólo a tus jueces la condena infama
por el torpe baldón de su sentencia,
y todo el orbe con ardor se inflama

al noble resplandor de tu inocencia.
Y para siempre con amor te aclama,
Señor de la Humildad y la Paciencia.

        Federico Acosta Noriega

Imagen ilustrativa: Cristo de la Humildad y Paciencia de la Iglesia de San Agustín (La Orotava). Foto: Bruno J. Alvárez.

Getsemaní (según La Orotava)

Getsemaní (según La Orotava)

Pasa el tiempo. Cae la tarde.
El sol, mientras tiñe el monte
de rojo, en el horizonte
como ahogado en el mar, arde.
La noche, con un alarde
de contrito frenesí,
pretende llegar así
más pronto, a costa del día,
con tal de ver la agonía
de Cristo en Getsemaní.

Aquí los temores fieros
de Cristo serán aciagos
llantos que vetustos dragos,
tendrán como prisioneros.
Los agapantos primeros
adelantarán el alba,
con tal de que sea el malva
de sus flores cuaresmal
imagen de la final
traición que a los hombres salva.

Ya comenzó la Pasión
y el antiguo San Lorenzo
llena de nubes de incienso
el más perdido rincón.
San Francisco es aluvión
de pesares y agonía,
entre un Cristo que confía
a su Padre estas jornadas
y una tormenta de espadas
al corazón de María.
[Silencio] que ni un milímetro puedes
fallarle al peso suspenso,
de un trono, en prodigio extenso,
cruzando estrechas paredes.
El olivo a las mercedes
de los cargadores va,
y cuando en la calle está
Cristo clava la mirada
en la noche despejada:
Getsemaní empieza ya.

        Eduardo Duque González (2017)

Foto: Santísimo Señor del Huerto. Iglesia de San Francisco de Asís de La Orotava. Franciscana Hermandad del Santísimo Cristo del Huerto.

Amor del viento (soneto al Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas)

Amor del viento

En tu cuerpo desnudo, amor del viento,
beben su palidez las alboradas
y en tus manos enclavadas,
la luna siega en flor el sentimiento.

Cómo aprenden de tu estremecimiento
las hojas por las brisas acunadas.
Cómo aprenden quejidos y baladas
de tu cuerpo desnudo y violento.

El manantial que copia tus heridas,
tu corazón, el pájaro; tus dedos
las pobres cañamizas abatidas;

que haya un enorme aletear de credos
y desde esa vendimia en la que anidas
acaricien tus ojos a mis miedos.

                                   Antonio Gala

Soneto escrito por Antonio Gala (dramaturgo, novelista, poeta y ensayista español de reconocido prestigio) al Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas, Córdoba. La Muy Humilde y Antigua Hermandad Sacramental del Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas  y Nuestra Señora Madre de Dios en sus Tristezas realiza su estación penitencial el Lunes Santo.

Las Gracias obtenidas por participar de la Santa Misa

Todas las obras reunidas no equivalen al santo Sacrificio de la Misa, porque son obras de los hombres; mientras que la Misa es obra de Dios, es el Sacrificio que Dios hace de su cuerpo y de su sangre por amor a los hombres.

San Juan María Vianney, Santo Cura de Ars.

*Las Gracias que se obtienen por participar de la Santa Misa:

1. La Misa es la continuación del Calvario.
2. Cada Misa vale tanto como la vida, sufrimientos y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, ofrecidos en sacrificio.
3. La Santa Misa es el acto de desagravio más poderoso para expiar los pecados.
4. A la hora de la muerte, el consuelo más grande del alma consistirá de las Misas oídas en vida.
5. Cada Misa bien oída nos acompañará hasta el Tribunal Divino, suplicando perdón.
6. En la Santa Misa, según el fervor con que se asiste, se puede disminuir en grado mayor o menor, la pena temporal debida por los pecados.
7. Al asistir devotamente a la Santa Misa, se rinde el más grande homenaje a la Sagrada Humanidad de Nuestro Señor.
8. En la Santa Misa, Nuestro Señor Jesucristo ofrece expiación y desagravio por muchas omisiones y negligencias nuestras.
9. En la Santa Misa, Jesucristo perdona los pecados veniales que todavía no se han confesado. Además se disminuye el poder de Satanás sobre el alma.
10. Al asistir a la Santa Misa se proporciona a las almas del Purgatorio, el alivio más grande que sea posible.
11. Una Misa bien oída durante la vida, será de más provecho al alma, que muchas que se ofrecieran para su reposo después de la muerte.
12. Por asistir a Misa, el alma se preserva de peligros, desgracias y de calamidades, que de otro modo hubieran sucedido. Además, se abrevia o reduce la duración de su Purgatorio.
13. Cada Misa bien oída obtiene para el alma un grado más elevado de gloria en el Cielo.
14. En la Misa se recibe la bendición del sacerdote que Nuestro Señor ratifica en el Cielo.
15. En la Misa se arrodilla entre una multitud de los santos ángeles, que están presentes en actitud de profunda reverencia, durante el sacrificio adorable de la Santa Eucaristía.
16. En la Santa Misa se reciben bendiciones para todos los bienes y empresas temporales.

∗Promesas de Cristo a Santa Gertudris para aquellos que participan de la Santa Misa.

* * *

 Eucaristía

Amor de ti nos quema, blanco cuerpo;
amor que es hambre, amor de las entrañas;
hambre de la palabra creadora
que se hizo carne; fiero amor de vida
que nos se sacia con abrazos, besos,
ni con enlace conyugal alguno.
Solo comerte nos apaga el ansia,
pan de inmortalidad, carne divina.
Nuestro amor entrañado, amor hecho hambre,
¡oh Cordero de Dios!, manjar Te quiere;
quiere saber ardor de tus redaños,
comer tu corazón, y que su culpa
como maná celeste se derrita
sobre el ardor de nuestra seca lengua,
que no es gozar en Ti; es hacerte nuestro,
carne de nuestra carne, y tus dolores
pasar para vivir muerte de vida.
Y tus brazos abriendo como en muestra
de entregarte amoroso nos repites:
“¡Venid, comed, tomad: esto es mi cuerpo!”
¡Carne de Dios, verbo encarnado, encarna
nuestra divina hambre carnal de Ti!

                   Miguel de Unamuno.

Imagen ilustrativa: ” La Misa de San Juan de la Mata”, de Juan Carreño de Miranda.

Cristo, Rey desde la fe

Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera.

Hoy celebra la Iglesia —escribía don Joaquín Artiles en su inolvidable «Cristo en la calle»— la fiesta de Cristo Rey, el reinado de Cristo sobre las almas y sobre los cuerpos, sobre los cielos y sobre la tierra, sobre el mundo entero. Un reinado sin altivez, manso y humilde, que penetra suavemente en los corazones y los transforma, que impregna lentamente las inteligencias y las domina. Reinando sobre nuestro querer y nuestro entender, sobre nuestros instintos, sobre nuestras pasiones, sobre nuestras generosidades para premiarlas y sobre nuestras infidelidades para esterilizarlas.

Hoy es día de triunfos y de glorias; hoy es día de vítores del corazón y de aplausos y de sumisión de todas las voluntades. Porque hoy es un Día Universal en que la Iglesia proclama los derechos de Cristo a reina sobre toda la creación, sobre todos los seres racionales y sobre todos los latidos de todos los corazones. Es un derecho universal en la geografía y en el tiempo. Es un derecho sin mediatizaciones y sin fronteras, absoluto, ilimitado, único. Es un derecho sobre todos y cada uno de los hombres, queramos o no queramos, lo admitamos o no.

Pero este derecho exige unos deberes que Dios ha fiado a nuestra frágil libertad humana. Y aquí es donde puede fallar, y de hecho falla, el reinado de Cristo. Cristo no reina en muchas almas. Son muchas las inteligencias rebeldes que no se dejan alumbrar por las claridades del Evangelio de Cristo. Son muchos los pechos que anidan las víboras del pasado. Son muchas las pasiones sin ataduras, los Instintos sin encauzar. Nuestro cuerpo, muchas veces, no es propiedad de Cristo. Nuestra alma, muchas veces, divaga por regiones que están muy lejos de la soberanía de Cristo. Somos como islotes rebeldes enclavados en la geografía del reino de Cristo…

Cada vez que incumplimos uno de sus mandamientos nos afianzamos en una rebeldía absurda y suicida. Cada uno de nuestros pecados es un grito subversivo… Humillemos hoy nuestra inteligencia hasta los pies de este gran Rey. Inclinemos nuestra voluntad ante su querer. Sometamos nuestras pasiones a su imperio. Cristo en todo nuestro ser y nuestro obrar. Cristo siempre y en todo.

P. José Cabrera Vélez¹.

* * *

Cristo Rey

Por ser Hijo de Dios, Verbo encarnado,
porque en la cruz fue tuya la victoria,
y porque el Padre te vistió de gloria
con la luz del primer resucitado.

Por eso eres, Jesús, Rey coronado,
señor y Pantocrator de la Historia,
libertador de noble ejecutoria,
triunfador de la muerte y del pecado.

Ya sé que no es tu Reino de este mundo,
que es sólo dimensión de algo interior,
-lo más cordial del hombre y más profundo-
donde te haces presente y seductor;
allí donde tu encuentro es más fecundo,
allí donde tu Reino se hace Amor.

            P. José Luis Martínez, SM.

¹. El Eco de Canarias, noviembre de 1982. Extracto de artículo.