Ante Nuestra Señora (soneto)

Imagen de Nuestra Señora de las Mercedes, obra de José Luján Pérez (Iglesia Matriz de Santa María de Guía, Gran Canaria). Foto: Wikipedia.

ANTE NUESTRA SEÑORA

Cuando era niño se hablaba del pasado
con más unción y menos abundancia,
se daba a Cristo el pálpito hechizado
de todo fin humano hecho fragancia.

¡Oh, cuánto amor de aquel amor guardado!
¡Oh, doble pan al hombre hecho sustancia,
sabor del uno a sangre del costado,
el otro, a miel divina de la infancia!

Como llegara a ti, místico a la entrega,
con el alma en tu historia enamorada,
subí a la torre y contemplé la vega.

Viejo, torno a ser niño en la mirada
que es miel celeste por Luján¹ brindada,
¡Virgen de las Mercedes, mágica al que llega!

                               Luis Doreste Silva

1. Soneto en homenaje a la celebración del bicentenario del nacimiento del imaginero José Luján Pérez. Dicha conmemoración tuvo lugar en mayo de 1956.

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Las Fiestas del Cristo de Tacoronte (poema)

Las Fiestas del Cristo

Oh qué fiesta de luces
sobre el campo y el pueblo.
En incesante hervor,
en creciente abejeo,
desde lejanos puntos,
afluyen los romeros.
Y el Santuario, la Plaza,
las calles, los paseos,
revientan de fervores
en este día espléndido…
Y en Tu honor, los exvotos,
cirios y pebeteros;
las brazadas de flores,
los frutales de incendio,
las rodillas sangrantes,
los cánticos y rezos.
Y en tu honor, Cristo mío,
yo también, de muy lejos,
—de las simas profundas
de mi propio destierro—;
yo también, onda amarga
entre el gentío inmenso…;
con renovada fiebre
de amores a Ti vengo,
a ofrendarte el humilde
manojo de mis versos.
Oh qué fiesta de júbilos
sobre el campo y el pueblo.
La flor de los cohetes
se abre con estruendo,
y sus estambres de oro
estallan en aplausos pirotécnicos;
esparcen las campanas sus temblores
—azucenas metálicas del viento—;
y Tú sales, oh Cristo, del Santuario.
Magnífico, sereno.
Abrazado a tu Cruz.
Tal una hermosa estampa de Durero…
Por un río de luces,
navegas en barcaza de hombros recios.
La trémula corriente, a tus espaldas,
va creciendo y creciendo.
Y delante de Ti —tambor y flauta,
cambiante rueda y eje pintoresco,
carrousel de colores y de ritmos—,
trenza “la danza” su ágil arabesco.
También, en torno tuyo,
columna viva y mástil verdadero;
también en torno tuyo,
y atados con la cinta de mis versos,
también, en torno tuyo, Cristo mío,
giran mis pensamientos.
Oh qué fiesta de ritmos en el aire.
Oh qué fiesta de llamas en mi pecho.

             Emeterio Gutiérrez Albelo
      “Cristo de Tacoronte: Poemas”.

Cruz, Corona y Lanzada

Cruz, Corona y Lanzada
-Tríptico-

I
Afrentoso suplicio y emblema sacrosanto
oprobio y luz; tormento y sol de redención,
castigo inmerecido del Dios tres veces santo,
llave del Paraíso y arca de salvación.

Cruz, que del alma eres esperanza y espanto,
pues das con tu dureza pavorosa lección,
oculta tus rigores y muéstranos tu encanto,
o enciende en nuestro pecho valiente decisión.

Porque el Calvario es duro y el mundo nos fascina,
queremos a la cumbre con ánimo subir,
mientras Luzbel astuto pretende nuestra ruina;

tú puedes envolvernos en claridad divina,
y aunque la senda sea hiriente, seca y pina,
sabremos en tus brazos expirar que es vivir.

II
¡Espinas! El desprecio de todos los placeres,
la exaltación suprema del supremo dolor,
insignia del Imperio que Tú, Jesús, prefieres,
sobre un mundo de almas ganadas por tu amor.

Las sienes traspasadas, el soberano eres
del cielo y de la tierra, augusto Emperador,
te aclaman y bendicen subyugados los seres
viendo en tu pecho unidos, humildad y esplendor.

Traspasa nuestra frente con tu cruel corona,
cura nuestra soberbia con mano paternal,
para el jardín eterno, nuestras almas sazona,

aquí hiere y castiga, que tu rigor abona
tus flores perdidas… Pero al final perdona:
Tu corazón sea premio del ímpetu filial.

III
¡Herida del Costado! Portada luminosa
del Alcázar eterno, del jardín celestial;
panal, cráter, abismo, lucero fuente y rosa:
para el amante nido; y en la sed, manantial.

Refugio, invulnerable en noche procelosa
contra el infierno impío torre, escudo y fanal;
y frente a la del mundo seducción engañosa
mansión de jaspe y oro, de marfil y cristal.

Herida. ¡Flor de sangre, oculto santuario,
palacio de las almas, todo silencio y luz:
Tabor, Sepulcro y Cueva, Getsemaní, Calvario,

de tu vivir divino, lo escondido y lo vario
el misterio inefable de paz del Sagrario,
el Amor hecho llaga, néctar, abrazo y Cruz!

                                  F. Caballero (1938)

* * *

Elogio de la Cruz

A la Preciosísima Sangre de Cristo

A la Preciosísima Sangre de Cristo (Oración de liberación)

Señor nuestro Jesucristo te adoro, te alabo, te bendigo, gracias por tu infinito amor por el que te has hecho uno de nosotros naciendo de la Virgen María y por el que subiste a la Cruz para dar tu vida por nosotros.

Gracias por tu sangre preciosísima con que nos has redimido.

Con tu sangre preciosísima brotada de tus sacratísimas sienes traspasadas por espinas: cúbrenos, séllanos, lávanos, purifícanos, libéranos, destruye en nosotros todo pecado, toda iniquidad, todo poder maligno, todo poder satánico.

Con tu sangre preciosísima brotada de tu hombro y espalda llagados por la Cruz a cuestas: cúbrenos, séllanos, lávanos, purifícanos, libéranos, destruye en nosotros todo pecado, toda iniquidad, todo poder maligno, todo poder satánico.

Con tu sangre preciosísima brotada de tu costado abierto por la lanza: cúbrenos, séllanos, lávanos, purifícanos, libéranos, destruye en nosotros todo pecado, toda iniquidad, todo poder maligno, todo poder satánico.

Con tu sangre preciosísima brotada de tus pies y de tus manos traspasados por los clavos: cúbrenos, séllanos, lávanos, purifícanos, libéranos, destruye en nosotros todo pecado, toda iniquidad, todo poder maligno, todo poder satánico.

Con tu sangre preciosísima brotada de todo tu cuerpo llagado por los azotes: cúbrenos, séllanos, lávanos, purifícanos, libéranos, destruye en nosotros todo pecado, toda iniquidad, todo poder maligno, todo poder satánico.

(Tres veces Gloria).

Amén, Amén, Amén.

Oración por Moseñor Morales

* * *

Letanías de la Preciosísima Sangre de Cristo

Cristo y Tú

Cristo y Tú

1) Cristo – Lo que Cristo hizo por ti:
a) Siendo Dios se hizo hombre.
b) Quiso nacer en un humilde establo.
c) Trabajó.
d) Se preparó en silencio para su vida pública.
e) Sufrió, se fatigó, fue humillado y despreciado por propagar el nombre de su padre.
f) Consumó su sacrificio en el Calvario.
g) Y todo por redimirte a Ti.

2) Tú – Lo que puedes hacer por ÉL:
a) Humíllate por su causa.
b) Lleva una vida austera.
c) Esfuérzate.
d) Prepárate en la juventud, formándote y actuando para futuras empresas.
e) Sufre, fatígate, no te importen la humillación ni el desprecio por propagar el nombre de Dios.
f) Demuestra, por tu vida, que estás dispuesto a sacrificarla si fuera necesario.
g) Todo, por completar en ti lo que le falta a la Pasión de Cristo, en frase de San Pablo.

3) Tú y Cristo – Que Él sea para ti algo más que una idea.
Recíbelo.
Aprende a conocerlo.
Ámalo.
Enloquece por Él.
Propagálo.

A Jesucristo en la Cruz

A Jesucristo en la Cruz

¡Tú, por Mi amor de un leño suspendido!
¡Tú, que tienes por trono el firmamento,
haber desde tan alto descendido
a dar así tu postrimer aliento!

¡Tú sufrir, resignado de esa suerte
tanta y tan honda y, tan amarga herida,
y Tú del mundo recibir la muerte,
cuando viniste a dar al mundo vida!

¡Tú, rasgados los miembros soberanos;
Tú, escupido en la faz cándida y pura,
y al hombre ver clavándote las manos,
esas manos, gran Dios, de que es hechura!

¡Tú, que animas el rayo y das el trueno,
así expiar entre amarguras tantas
por un gusano de miserias lleno,
que no vale ni el polvo de tus plantas!

¡Tú por mi amor, en fin, tan humillado!
¿Y aún a ofenderte, Santo Dios, me atrevo,
cuando yo, nada a Ti, nada te he dado,
y cuando tanto a Ti, tanto te debo?…

¡Miserable de mí! Más los enojos
depón, Señor, del rostro esclarecido;
que ya cansados de llorar los ojos
vuelvo a tu Cruz con pecho arrepentido.

Vuelvo, Señor, a demandar tu gracia;
vuelvo, Señor, como al pastor la oveja;
porque el dolor en tan cruel desgracia
ni aun aire ya que respirar me deja.

Vuelvo trayendo el corazón doliente
lleno de contrición, de luto lleno,
y ante tus plantas a inclinar la frente,
con la profunda devoción del bueno.

¡Escucha, pues mi voz! Yo no soy digno
de hallar, Señor, tu voluntad propicia;
mas suple Tú mis méritos benigno,
y juzgue tu bondad, no tu justicia.

                  Ramón de Satorres

Manos de Cristo

Manos de Cristo

Esas manos, Señor, blancas, divinas
y que el hierro rasgó con vil suplicio,
abiertas con dolor al sacrificio
rubrican el amor de sus doctrinas.

Blancas manos, Señor, que peregrinas
tuvieron en su palma un orificio
para el mundo regar de beneficio
izando la verdad entre sus ruinas.

Manos blancas, caminos de esperanza
que alumbran para el orbe el derrotero
con el Norte de firme confianza;

pues tus manos clavadas al madero,
en abierto abrazo, es esperanza
de un mensaje de paz al mundo entero.

           Federico Acosta Noriega

Imagen ilustrativa:  Detalle del cartel del quinario del Santísimo Cristo a la Columna de la Villa de la Orotava del año 2016 (Hermandad de la Venerable Esclavitud del Santísimo Cristo a la Columna).

La Oración del Huerto

La Oración del Huerto

I

En sus bases de pórfido
del Erego la mística montana
sus encumbradas cimas
hasta el cielo levanta.
La luna melancólica,
escondida entre lóbregas nimbadas,
traslucir deja, en vaga intermitencia.
su moribundo resplandor de plata.

Las nieblas vagarosas,
extendiendo del monte por las faldas
sus húmedos vapores,
por el extenso campo se dilatan.

El viento, entre los cedros,
y las robustas palmas
que se yergen altivas en el valle,
hondos suspiros de tristeza exhalan,
y del verde olivar en el ramaje,
los pardos búhos de pupilas anchas,
en agorera queja
sus tétricos ronquidos desparraman.

En sus nidales las palomas sueñan
y en los cañales del Cedrón, las garzas
empiezan a dormir, mientras el río,
como un sollozo, su caudal arrastra.

II

Es media noche.
En el obscuro seno
de una abrupta caverna,
con dolorosas ansías,
orando está Jesús, el rostro en tierra.
En sedosa madeja a sus espaldas
flota su cabellera
y por el blanco cuello
en guedejas undívagas se enreda.

Conmueve la caverna sus entrañas
y retumbar escúchase en sus grietas
la voz de Dios que exclama:
“Si hay alguien en el mundo que se atreva
a servir de holocausto por el hombre,
responda a mis acentos. Dios lo espera”.
Y alzando Cristo su angustiada frente,
sin vacilar contesta:
—”Señor, estoy dispuesto,
en redención te ofrezco mi existencia…
Soy obra de tus manos;
hágase en mí la Voluntad Eterna!”.

III

Y se rompen de nuevo
los senos de la gruta, y un arcángel
se yergue en ella en actitud altiva…
Y en ese mismo instante
llena la caverna de relámpagos
y un trueno sordo suena por el Valle.
El ángel habla a Cristo:
-¿Dime, Jesús, vas a verter tu sangre
para salvar al hombre?
-Sí, contesta Jesús, por su rescate
ofreceré mi vida
y le abriré los cielos. Ya lo sabes.
Un rugido infernal de sus entrañas
exhala, ardiente de furor, el ángel,
y volviéndose al Cristo:
—¿Cómo te atreves, dícele, a inmolarte
por la prole de Adán, raza maldita,
con millones de crímenes culpable?
Troncha Caín el cuello de su hermano
y vaga ahora por el mundo errante;
vende a Sansón la pérfida Dalila;
asesina Aristóbulo a su madre;
Absalón es traidor y sanguinario…
¿Y aún así piensas, Jesús, sacrificarte?
—Sí, le responde Cristo dulcemente.
Yo cumpliré la voluntad del Padre…
Y, en tanto, rueda por su sacro rostro,
tembladora, una lágrima de sangre.

Comprimida sonrisa de despecho
muestra en su labio el ángel,
y con acento irónico,
—Óyeme, dícele, óyeme un instante,
oh Cristo, que el Eterno me concede
tres horas más aún, para tentarte.
Si los pasados crímenes,
para calmar tu afán no son bastantes,
mira la historia que vendrá mañana.
En un inmundo dédalo de sangre
Nerón, Tiberio y el feroz Calígula
harán del trono pedestal infame…
Vendrá, quizá, otra Venus más impura
y el Odio y el Rencor tendrán altares;
erguiráse en un solio la Soberbia
y estos vicios será nuevas deidades
que en su locura adorarán los hombres.
Infesta Babilonia las ciudades
consumarán el crimen de Sodoma…
¿Y así vas, oh Jesús, Divino Mártir,
a morir por el hombre?
—Sí, yo ofrezco
gustoso mi existencia en su rescate,
Cristo, de nuevo, le responde, y rueda
otra vez una lágrima de sangre
por su pálido rostro…
El ángel presuroso
se aleja blasfemando,
mientras los senos de la gruta se abren.
Se llena la caverna de relámpagos
y los truenos retumban por el valle…

          Tomás Gatica Martínez

Imagen ilustrativa: “La Oración en el Huerto”, óleo de Mariano de la Roca y Delgado.

El Cristo de la Humildad (soneto)

El Cristo de la Humildad 

Después de condenado en burdo juicio,
coronada tu frente por espinas,
sobre tu misma mano la reclinas
en el breve descanso del suplicio.

¿Qué se esconde, Señor, bajo tu frente?
¿Qué piensas mi Señor en ese instante?
¿Es acaso, Jesús, que no es bastante
hacerte condenar, siendo inocente?

Sólo a tus jueces la condena infama
por el torpe baldón de su sentencia,
y todo el orbe con ardor se inflama

al noble resplandor de tu inocencia.
Y para siempre con amor te aclama,
Señor de la Humildad y la Paciencia.

        Federico Acosta Noriega

Imagen ilustrativa: Cristo de la Humildad y Paciencia de la Iglesia de San Agustín (La Orotava). Foto: Bruno J. Alvárez.

Getsemaní (según La Orotava)

Getsemaní (según La Orotava)

Pasa el tiempo. Cae la tarde.
El sol, mientras tiñe el monte
de rojo, en el horizonte
como ahogado en el mar, arde.
La noche, con un alarde
de contrito frenesí,
pretende llegar así
más pronto, a costa del día,
con tal de ver la agonía
de Cristo en Getsemaní.

Aquí los temores fieros
de Cristo serán aciagos
llantos que vetustos dragos,
tendrán como prisioneros.
Los agapantos primeros
adelantarán el alba,
con tal de que sea el malva
de sus flores cuaresmal
imagen de la final
traición que a los hombres salva.

Ya comenzó la Pasión
y el antiguo San Lorenzo
llena de nubes de incienso
el más perdido rincón.
San Francisco es aluvión
de pesares y agonía,
entre un Cristo que confía
a su Padre estas jornadas
y una tormenta de espadas
al corazón de María.
[Silencio] que ni un milímetro puedes
fallarle al peso suspenso,
de un trono, en prodigio extenso,
cruzando estrechas paredes.
El olivo a las mercedes
de los cargadores va,
y cuando en la calle está
Cristo clava la mirada
en la noche despejada:
Getsemaní empieza ya.

        Eduardo Duque González (2017)

Foto: Santísimo Señor del Huerto. Iglesia de San Francisco de Asís de La Orotava. Franciscana Hermandad del Santísimo Cristo del Huerto.