Santos canarios, santos de todos los colores…

CARTAS AL VIENTO

P. Jesús Vega Mesa

SANTOS CANARIOS, SANTOS DE TODOS LOS COLORES…

San Martín de Porres, es un santo mulato. Un santo que, cuando fue canonizado hace unos 40 años, se hizo muy popular y simpático por el color de su piel y por la forma en que se le representa, con una escoba en actitud de trabajo. Fray Escoba le decían y Fray Escoba se llamaba la película que se hizo sobre él. No sé si actualmente se vería con tanta simpatía la figura del santo negro. El racismo que se ha ido metiendo en la población por no comprender el problema de la inmigración y, sobre todo, por falta de sensibilidad, impide descubrir lo bueno que hay detrás de las cosas accidentales como el color de una persona o el lugar de nacimiento. Los santos, como toda persona buena, no se caracterizan por cómo visten o cómo hablan o de qué color tienen sus ojos. Eso importa poco.

Una vez, fuera de nuestra tierra, me preguntaron por la cantidad de santos que hay en nuestra diócesis de Canarias. Y primero, hasta un poco avergonzado, dije que no, que de Canarias no había salido ningún santo. Luego empecé a rectificarme yo mismo:

-Bueno, santos canarios si que hay y ha habido muchos. Lo que pasa es que no han sido canonizados, no están reconocidos. Y hasta me atreví a dar nombres de personas conocidas a las que yo consideraba santas. Hoy no me atrevo a tanto. Pero después de escuchar a nuestro obispo que el objetivo para la diócesis estos años es vivir y transmitir la fe, supongo que la persona que viva y transmita su fe…será santa. Y, claro, se pone uno a pensar ¿Quién me transmitió a mí la fe, cómo me llegó, a través de qué personas? Y va descubriendo la santidad de las madres, de las catequistas, de los sacerdotes que sembraron la fe con su vida y su testimonio. Santos canarios en hospitales y centros de acogida. Santos soportando una terrible enfermedad, santos calumniados, santos perseguidos, santos defensores de lo justo, Santos que con grandes sacrificios tuvieron que emigrar a Cuba, Venezuela o Argentina. Santos que han tenido que soportar en silencio la soledad o la miseria. Santos que han llegado a nuestras islas a bordo de una frágil embarcación en busca del pan para sus hijos. Santos negros, blancos, gitanos, hijos de familias destrozadas por el alcohol, santas que han sido maltratadas, castigadas, asesinadas.

¿Santos canarios? ¿Que no hay ninguno? Qué va. Muchísimos, muchísimos santos.

En la parroquia en donde estoy hay un mural, un grandiosos y bello mural en el que aparece representada la crucifixión de Jesús y junto a la cruz de Jesús otras muchísimas cruces de personas anónimas. Laura, de 11 años, me preguntó un día: ¿Todas esos crucificados son jesucristos? No recuerdo qué le respondí, pero desde entonces yo me hago la misma pregunta. ¿Todos esos crucificados que uno ve en el mural y, sobre todo en el gran mural de la vida son jesucristos? Bueno, de lo que sí estoy seguro es que son santos.

Dicen que es difícil compartir vida con un santo porque siempre su modo de vida te está cuestionando la vida. A mí me ha tocado vivir con unos cuantos. Uno de ellos se llamó Cristian Briales, jesuita. (Ay, perdonen, me había propuesto no dar nombres). Pero no importa. Para muestra, un botón. Estén seguros. Hace unos días celebramos el día de Todos los santos. Y hoy, al moreno San Martín de Porres. Todo el que coge una escoba en la mano para servir a los demás, está ya en buen camino. Servir es cosa de santos. Mi comentario hoy quiere ser un homenaje a tantos “martín de porres” que en la familia y en el trabajo y en la Iglesia están en actitud de servicio, están viviendo y transmitiendo la fe. Están viviendo la vocación de santos. Que sigan prodigándose, ojala, los santos canarios, peninsulares, senegaleses y guatemaltecos. Y que nosotros sepamos descubrirlos, que esa es otra. Pero de eso hablaremos otro día.

Fuente del texto y página recomendada: buzoncatolico.es