Sé tú mi guía

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No te apartes de mí, sé tú mi guía,
plácida calma de la noche umbrosa:
con tu paz buscaré la luz del día,
con tu brisa el aroma de la rosa.

Y si pasan las horas
y no encuentro la luz, sé tú mi guía:
con tu plácida calma otras auroras
luz y aromas darán el alma mía.

                       José Cabrera Vélez, de su poesía ‘Nocturno’.

Himno antiguo a la Virgen de Candelaria

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Himno á la Patrona del Archipiélago de las Canarias

No te goces más Teide orgulloso
Que hasta el cielo la frente levantas
Figurándote ser un coloso
Que subyugas el mundo á tus plantas.

Hay un antro formado por lava
Encendido en tu pecho agresor
En ese antro una virgen moraba
Que supera tu gloria y valor.

No celebres tu atlética altura
Que domina las Islas Canarias
Ni la noble y esbelta figura
De tus cumbres, asaz solitarias.

Aquel ser venerado en el mundo
Por los Guanches, se eleva hasta el cielo
Y en belleza tan rico y fecundo
Que es sublime, perfecto modelo.

Te glorías de que te visiten
Grandes sabios, hombres poderosos
Que te admiren y te feliciten
Con discursos y versos pomposos?

Pues al ser de quien hablo visitan
Ricos, pobres, indoctos y sabios
Mil obsequios ante él depositan
Y sus glorias las cantan mil labios.

De la nieve formando vestidos,
Calmaré mis ardores latentes,
Y en rica agua después convertidos.
Surtiré los arroyos, las fuentes.

Oye: aquella feliz criatura
Los incendios del alma destruye,
Forma ríos, y un mar de dulzura
Por el cual todo bien siempre fluye.

Clama el Teide con voces tronadas
Desafiando aguerridas naciones;
Sus ejércitos, fuertes y armados
Caerán ante mis erupciones.

¡Oh que audacia! No harás más alarde
De tu lava temible y tu fuego
Que esa lava no brota, ni aún arde
Si lo pide María en su ruego.

¿Y quién es tan feliz criatura
Que mis fuegos nutridos extingue?
Tan excelso que vence mi altura
Tan ilustre, que Dios la distingue?

Es la Reina preciada del Cielo,
Es la madre del omnipotente,
Es del oibe la paz, el consuelo;
De Canarias, lucero explendente.

CORO

Es la Madre de Dios Hijo
Es la hija de Dios Padre
De los cielos regocijo
De los hombres también Madre.

Es la luz que desvanece
Las tinieblas del error,
y en María resplandece
Con insólito fulgor.

                              Devoción popular. Siglo XIX

* * *

Festividad de la Virgen de Candelaria

Los dominicos en Candelaria

La Candelaria

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La Candelaria

Son dos pichones, dos, los que en sus manos
baten el vuelo en pulcritud de calas:
copos de amor, oh Dios, que te regalas
en diáfanos vellones soberanos.

Son dos esposos, dos, y tan cercanos
al misterio del ángel, que sus alas
cubren la entrega y alzan sus escalas
tan humildes y ardientes artesanos.

Son dos ancianos, dos, los del encuentro:
el labio florecido en profecías
y la casta viudez, amor adentro.

Y son dos cirios, dos, alegorías
en tus dos manos, Candelaria centro:
dos del dos en los meses y en los días.

                          P. José Cabrera Vélez, “En plenitud de luz” (1973)

Foto: Virgen de Candelaria (Villa de Moya). De Laetare Jerusalem.

Lo invisible

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Inefable es la dulzura
Que por la atmósfera vaga;
Ni un ruido que deshaga
La unción de noche tan pura.

¡Cómo brillan en el cielo
Luces que otros mundos son,
Y á do la imaginación
Se remota en raudo vuelo!

Mi espíritu en la armonía
Del universo gozando.
Va lo invisible buscando
Para calmar su agonía.

Porque en lo invisible escrito
El nombre de Dios se extiende,
Y sin verlo, se comprende
A Dios en el infinito!

                                 P.S.

Santísimo Nombre de Jesús: dulzura sobre los corazones

¡Todo el año es Navidad!

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¡Todo el año es Navidad!
-Debe serlo y serlo en vena
de hacer toda vida plena
en vena de eternidad-.

Pues el hacerse Bondad
ciñendo ternura ajena
desmayó Dios en la pena
de toda la humanidad.

¡Hora de Dios!, que ya mora
en el heno del tamaño
de nuestra sed pecadora.

Que al nacer a nuestro engaño
-Clavel caído a la Aurora-,
Navidad… ¡Es todo el año!

                                            P. José Cabrera Vélez, “Cinco Villancicos y un Canto”.

Evocación de Navidad

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¡Gloria y honor al Niño de Belén,
nuestro Salvador y nuestro Dios!

Se acerca la Navidad y Dios quiere llegar a lo más profundo de nosotros: Él quiere nacer en nuestras almas. Y nosotros, sintiendo al unísono la dulce llamada del Espíritu Santo, deseamos renacer con Jesús y de hoy en adelante vivir en Él, por Él y para Él. Como dice aquel hermoso invitatorio: “Cristo nació por nosotros; venid, adorémosle”… Hagamos nuestro camino hacia Dios junto a nuestras familias y amigos, pero también con la Virgen y el bueno de Fray Martín. Que el transcurso de este recorrido sea Tiempo de amor, tiempo del perdón de las ofensas. Tiempo de paz con nosotros mismos, tiempo para nuestra esperanza: la de todos.

Un minuto con el Niño Jesús (oración)

Bendíceme, Niño Jesús y ruega por mi sin cesar. Aleja de mí, hoy y siempre el pecado. Si tropiezo, tiende tu mano hacia mi. Si cien veces caigo, cien veces levántame. Si me dejas Niño, ¿que será de mí? En los peligros del mundo asísteme. Quiero vivir y morir bajo tu manto. Quiero que mi vida te haga sonreír. Mírame con compasión, no me dejes Jesús mio. Y, al final, sal a recibirme y llévame junto a Ti. Tu bendición me acompañe hoy y siempre. Amén. Aleluya. Rezar un gloria.

nacimiento

Evocación de Navidad

La noche apaga el grito del sol y la colina.
En un raudo paréntesis se recogen los sueños.
En los ojos se aprieta la esperanza del mundo;
y en el aire se enhebran los poemas del cielo.

Tienen ecos profundos las primeras palabras.
Los hombres se despiertan a nivel de una estrella.
Si el cielo es el imperio del alma trascendida,
la tierra es el refugio donde nace la ofrenda.

La noche rueda y rueda, como una tumba viva,
sobre el nido desnudo de la flor y la rama.
La oración y el recuerdo tienen ecos lejanos,
y es profunda la huella de la orilla encontrada.

La mano es honda siembra de esperanza y destino;
línea pura tan sólo sobre el pan y la frente.
Y en todo está la noche, la infancia y la mirada,
la verdad y el latido de un Nacimiento, siempre.

                   Josefina Rodríguez Del Toro

Gloria a Dios en las alturas y en la Tierra su Amor que aúne nuestros corazones en un solo pueblo.

Con esperanza y paz, les deseamos una Feliz Navidad en Dios.

San Francisco de Asís, el arquitecto de belenes

Arquitecto de Belenes

El cielo te inspiró, divo profeta,
con su luz blanca sus celestes bienes.
Tú, Francisco de Asís, fuiste poeta
y arquitecto genial de los “belenes”.

Las lágrimas que un día derramaron
tus ojos, al leer el “Nacimiento”,
cual torrente de amor, se desbordaron
y surgió, por ensalmo, ese portento
de ternura, de fe, de misticismo,
en tu clásica Gruta belemita;
donde, por gracia del franciscanismo,
los más tiernos idilios se dan cita.

Tú, con tus manos de arrobado asceta,
modelaste los valles, los caminos,
los arroyos, los lagos cristalinos,
el nevado picacho y la meseta.

Elevaste en las cumbres imposibles
palacios de atrevida arquitectura.
La pastoril cabaña, en la espesura,
florecida en églogas sensibles.

Diste vida al rebaño trashumante,
que busca al Sol en noche misteriosa,
tras el lucero, cuya luz medrosa
anuncia al orbe el venturoso instante.

Con las ovejas, en el hato enano,
humilde, compasivo y penitente,
colocas al enorme lobo hermano,
siempre más bueno que esta mala gente.

Y en los olmos nevados y en los pinos,
alzas bandas de pájaros cantores,
que, al llenarse el “belén” de resplandores,
cual fondo musical, le den sus trinos.

No falta en tu “belén” aquella Estrella
que dio luz a los Sabios del Oriente,
siendo flecha fugaz su blanca huella,
y en los espacios, senda refulgente.

Mas donde tu piedad se hace ternura,
poeta, artista y dulce Franciscano,
es en el gran “Misterio”, que tu mano
reviste de piedad y de ventura.

Esta es tu Gruta, mínimo Francisco:
el Sol sobre unas pajas reclinado.
La Luna en plenilunio. En el aprisco
un Lucero de Dios. Manso ganado,
que adora más que el hombre a ese Dios Niño.
Medita el alma y ante el Portal se humilla,
vertiendo dulces perlas de cariño,
y doblando hasta el suelo su rodilla.

Así adoraste tú aquella noche
misteriosa, de arcángeles en vuelo;
y de un gozo infinito en el derroche,
en tus brazos alzaste al Rey del cielo.

Cantabas villancicos de alegría.
Danzabas al compás de los rabeles,
mientras el Niño en torno repartía
de sonrisas sin fin sus dulces mieles.

Desde entonces tu bella arquitectura,
con su estilo infantil, corrió el planeta.
Pende un “belén” de cada noble altura,
en versos de tu alma de poeta.

Hiciste bien, Francisco, al enseñarnos
este estilo de honrar a Jesús Niño.
Nos revelas la forma de acercarnos
y hablarle con palabras de cariño.

En tu “belén” mi mente se extasía,
pretendiendo un amor como era el tuyo…
Como balar de oveja, como arrullo
de paloma, le canta el alma mía:
“Mira, Niño chiquito; mira, encanto:
yo quiero ser cordero de tu aprisco.
Y quiero, Jesusito, amarte tanto
como te amara el mínimo Francisco”.

      A. Ureña Arroyo. Salesiano

natividad

El Belenismo: el misterio hecho arte

Imagen 1. “San Francisco y Santa Clara de Asís adorando al Niño Jesús”, de Josefa de Óbidos.

Imagen 2. “La Natividad”, de Philippe de Champaigne

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: San Martín de Porres

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“Tomando Jesús la palabra, dijo: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes, y se las has revelado al pequeño”. (Mt 11,25-30)

En el Perú celebramos hoy la solemnidad de San Martín de Porres.
Todos le conocemos como:
El Santo de la escoba.
El que unió perro, gato y pericote comiendo amistosamente en el mismo plato.
El Santo barbero.
Todo eso puede ser una realidad.
Pero el mejor título que se le ha dado es:
“Hermano Martín de la caridad”.
“El portero de lo pobres”.

En el Perú leeremos el Evangelio de Mateo 11,25-30.
“Dios se revela a los sencillos”.
“Los sencillos se abren a la palabra de Dios”.
En la Iglesia universal leemos Lc 14,12-14.
Ambos revelan y manifiestan la espiritualidad de Martín.

Porque Martín fue:
de esas almas sencillas siempre abiertas a las llamadas de Dios.
el enamorado del amor de Dios que se revelaba y manifestaba en él.
Pero también el enamorado de los pobres, lisiados, cojos y ciegos.
El enamorado del servicio a todos los necesitados.
La portería del Convento dominico estaba siempre lleno de pobres, indigentes y necesitados.

Martín fue el Evangelio de los pobres que todos podían leer.
Más que un Evangelio escrito en el papel, fue un evangelio escrito en la vida.
Juan XXIII que lo canonizó, lo llamó en su homilía “Martín de la caridad”.
Yo le llamaría “Evangelio vivo”.
O si prefieren, “el Santo de las preferencias de Dios”.
El Santo de los sencillos siempre abiertos al amor de Dios.
El Santo de los pobres, preferidos por Dios.
Que da de comer a los pobres.
Que sirve y atiende a los que sufren.
Que invita no a los que no pueden retribuirle.

Es posible que más de uno se molestase al ver tanto pobre tocando a la puerta del Convento.
Y hasta es posible que recibiese más de una reprimenda, por la mala impresión que daba la portería.
Pero los sencillos y los enamorados de Dios se fijan poco en la estética de la puerta.
Más bien viven la alegría de descubrir el rostro de Jesús escrito en la puerta.

Es que los santos piensan, ven y siente de otra manera.
No invitar a quien puede invitarte.
Sino vivir del amor de la gratuidad.

Pese a que han pasado tantos siglos también Jesús puede orar al Padre:
“Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños”.
“Cuando des un banquete, invita a los pobres, lisiados, cojos y ciegos, dichoso tú, porque no pueden pagarte”.

Es posible que en el Convento dominico hubiese grandes intelectuales.
Pero solo nos ha quedado la memoria del “del santo del amor y de los pobres”.
Es posible que aquellas ideas se las haya llevado el viento.
Pero la sencillez con los sencillos, sigue teniendo actualidad.
¿Acaso el problema de hoy y el testimonio más claro del Evangelio no es entregarnos al servicio de los pobres?

P. Clemente Sobrado, C.P. (3 de noviembre de 2016)

Fuente: mensajesalosamigos.wordpress.com

Todos los Santos de Dios, ¡Rogadle por nosotros!

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Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra, de Tu gloria…

 El 1 de Noviembre celebra la Iglesia la festividad de Todos los Santos, conocidos y desconocidos, que gozan ya triunfantes de la claridad celestial de Dios nuestro Señor. Ellos, que habitaron este mundo con amor, paz y mansedumbre, bebiendo del espíritu del Evangelio, han recibido su merecida aureola y moran en el cielo de los cielos. Los santos son ejemplos vivos de amor cristiano: aspiremos a ser uno entre ellos en la festividad eterna.

Santo sin premio,
Santo para no ofenderte,
Santo para servir mejor a los demás.
Señor, en el día de hoy,
que recordamos y celebramos la memoria de todos los Santos,
ayúdame a acercarme más a Ti.
A ellos les ruego que pidan al Espíritu,
me conceda los dones necesarios para ser mejor.
No porque yo merezca algo,
Sino para que mi alabanza llegue a Ti, más plena.
Señor, Perdóname,
Por mis faltas y pecados,
Por todo lo que podía haber hecho y no hice,
Por todo lo que podía haber servido y no serví,
Por todo lo que he desaprovechado.
Dame tu Bendición para que el resto de mi vida,
Te sea Fiel y Caritativo,
Luz Tuya y Servidor de Todos,
según Tu me pidas en cada momento.
Gracias Señor por Tu Misericordia conmigo.
Amén.

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Patriarcas que fuisteis la semilla

Patriarcas que fuisteis la semilla
del árbol de la fe en siglos remotos,
al vencedor divino de la muerte
rogadle por nosotros.

Profetas que rasgasteis inspirados
del porvenir el velo misterioso,
al que sacó la luz de las tinieblas
rogadle por nosotros.

Almas cándidas, santos Inocentes
que aumentáis de los ángeles el coro,
al que llamó a los niños a su lado
rogadle por nosotros.

Apóstoles que echasteis en el mundo
de la Iglesia el cimiento poderoso,
al que es de la verdad depositario
rogadle por nosotros.

Mártires que ganasteis vuestra palma
en la arena del circo, en sangre rojo,
al que es fuente de vida y hermosura
rogadle por nosotros.

Monjes que de la vida en el combate
pedisteis paz al claustro silencioso,
al que es iris de calma en las tormentas
rogadle por nosotros.

Doctores cuyas plumas nos legaron
de virtud y saber rico tesoro,
al que es raudal de ciencia inextinguible
rogadle por nosotros.

Soldados del ejército de Cristo,
santas y santos todos,
rogadle que perdone nuestras culpas
a aquel que vive y reina entre vosotros. Amén.

                                      Gustavo Adolfo Bécquer

Poesía a un campanario

Iglesia de Santo Domingo de Guzmán (La Orotava)

A un campanario

Tañen las campanas
en el campanario.
Se extiende el silencio
por el valle azul.
Y tras de tu reja,
como en un sagrario,
rezando estas tú…

Su rodar pesado
las carretas paran.
La noche se envuelve
en velos de tul.
Y tras de, tu reja,
de flores cuajada,
con Dios hablas tú…

Al nido regresan
raudos los jilgueros.
Las doradas sombras
se vuelven tisú.
Y tiembla en tu pecho
suspiro ligero
que a Dios mandas tú…

Se fragua la noche
borrando colores.
Cerca, en el estanque,
la rana croó.
Y bajo tu reja
y oliendo tus flores
te contemplo yo…

Sube tu plegaria
cual blanca azucena.
En la enredadera
la alondra trinó.
Y como tú rezas
y como eres buena
también rezo yo…

En el cielo brilla
la primera estrella.
El faro del Cristo
ya se iluminó.
Y como lo miras
y como eres bella
también miro yo…

Cupido se acerca.
Ciego, caprichoso,
de un solo flechazo
dos almas hirió.
Y en la tarde dulce
de tonos borrosos
reímos los dos.

   Víctor Oaltier