Soneto en la dulzura innumerable de María

Soneto en la dulzura innumerable de María

Es dulce tu puñal, dulce María,
y su punta me hirió tan dulcemente,
que la quiero clavada eternamente;
deme dolor la dulce Poesía.

Hiéreme más, oh dulce Madre mía,
hiéreme el pecho, hiéreme en la frente,
que a más puñal tu mano inmensamente
versos en luz eterna me daría …

Oh Madre dulce, el lírico secreto
del puñal que me hiere y me da vida
hácese ya dulzura de soneto

por el dulce milagro de la herida.
¡En tu panal, oh Madre —graves, tersos—,
mi Vía-Crucis de catorce versos! …

             Luis Doreste Silva.

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¡Bellas horas de la vida!…

¡Bellas horas de la vida!

En mis manos las magnolias perfumadas de tus manos
florecían; blancas, tiernas, de pureza virginal;
En mis labios las sonrisas de tus labios, rojos, sanos,
desgranaban el encanto de un sonoro madrigal.

En mis ojos de las luces de tus ojos los reflejos
fulguraban luz divina de otro mundo de ilusión,
luz divina de una llama que venía de allá lejos,
de allá arriba, de aquí dentro, de mi pecho, la emoción.

En mis sueños de tus sueños los miríficos dioramas
disipaban de las sombras de otros horas el capuz;
horizontes se encendían y grandiosos panoramas
en suntuosas lejanías irisados por la luz.

En mis ansias se escanciaba de tus ansias la dulzura;
era el vino de un anhelo que hacia un mundo celestial,
embriagado, me llevaba suavemente, en la ventura
de una vida inmarcesible, esotérica, inmortal.

En mis tímidas caricias, como el roce de unas alas,
cual el toque de aquel beso que se apaga sin rumor,
se cernían tus caricias, mariposas cuyas alas,
con sus oros, orquestaban los silencios del amor.

En mi vida la fragancia embriagadora de tu vida,
trascendiendo de este vaso palpitante de mi ser,
perfumaba el holocausto, sobre el ara bendecida,
de otro sueño, de otra gloria que no fueras tú, mujer.

¡Bellas horas de la vida que emprendisteis la carrera
de infinitos y de soles hacia ignota eternidad,
arrastradme con vosotras, transportadme adondequiera!…
¡Qué no sienta yo el vacío de esta inmensa soledad!…

                                                        José F. Hidalgo.

Imagen: Ilustración perteneciente al manuscrito “Las muy ricas horas del duque de Berry” (también conocido como “Las bellas horas de Jean de Berry”).

Noviembre

Noviembre

Ya llega Noviembre tan triste, tan grave;
se acerca sereno, cual tímida nave,
que trae lejanos recuerdos de ayer;
recuerdos dolientes que roban la calma,
recuerdos que llevan jirones del alma
a los que a la vida no pueden volver.

¡Oh! ¡Mes de lo muertos, que vistes de luto!
¡Tú vas por el mundo cobrando un tributo
de lágrimas, flores, incienso, oración!
¡Tu voz nos congrega, nos llama sin ruido,
y mágicamente disuelve el olvido
que invade y anula nuestro corazón!

¡Oh! ¡Mes de los muertos! ¡Tu voz insonora
nos habla de aquellos que viven ahora
la vida dichosa, la vida verdad!
¡De aquellos que fueron, cual yo, sombra vana
y de los que vieron tras la farsa humana
los amplios umbrales de la eternidad!

¡Oh! ¡Mes de los muertos! ¡Tu tétrica estela
es algo sublime que al alma revela
la dulce esperanza que alienta a bregar,
y dice en silencio: no temas la suerte,
pues tras el enigma fatal de la muerte,
es cuando la vida se viene a empezar!

                    Bohemia Pulido Salazar, de “Mujeres canarias”.

Dos poemas a San Martín de Porres

Yo soy uno de ellos

El Santo moreno
tiene entre sus manos
dolencias de pobres
tragedias de antaño.

Tiene en su mirada
gritos de palomas,
palabras cruzadas.
Plegarias y rezos
recoge en su palma.

El Santo moreno,
viene con su escoba
derrotando imposibles,
predicando esperanzas.

Nos trae evangelio
de madres que barren
y encuentran tesoros
que nunca esconden
y siempre comparten.

El Santo moreno
me mira y lo miro
y su mirada clava
en miles de anhelos,
de pequeñas heridas
y grandes consejos.

El Santo moreno
se queda en penumbra,
—y entre silencios—
recoge las cartas
de fieles eternos…

Yo soy uno de ellos…

              (Rogelio)

* * *

El Santo

Se le fue la tarde leyendo
poemas en la iglesia de San Martín.

Al levantarse y ver de nuevo
los vitrales luminosos
—después de pensar
en darles la espalda e irse—
imaginó en sordina el ruido de los autos
y todas las frecuencias de sonido
que se le pegarían a la cara.

Entonces, decidió dormir ahí,
depositarse en la ternura del silencio
o echarse a descansar en una imagen tibia
y alimentarse solo de luz… solo de Luz.

                                            (Javier)

Poemas de Rogelio y Javier, padre e hijo, en la iglesia de los Dominicos de Concepción (Chile).

Fuente: Revista Amigos de Fray Martín, Septiembre-Octubre de 2017 (Nº 560).

Encontrarás a Dios (poema)

Encontrarás a Dios

Dondequiera que pongas tu mirada,
dondequiera que fijes tu atención,
dondequiera que un átomo subsista,
ENCONTRARÁS A DIOS.

En las formas diversas de las nubes,
en los rayos dorados que da el sol,
en el brillo que lanzan las estrellas,
ENCONTRARÁS A DIOS.

En los dulces balidos que en los prados
el rebaño da al silbo del pastor,
en los trinos cambiantes de las aves.
ENCONTRARÁS A DIOS.

En la sangre que corre por tus venas,
en la misma conciencia del tu YO,
en los propios latidos de tu pecho,
ENCONTRARÁS A DIOS.

En la santa figura de la madre
cuyo seno la vida te donó,
en la franca sonrisa de una hermana,
ENCONTRARÁS A DIOS.

En las lindas pupilas de la joven
que de amores prendió tu corazón,
en la grata visión de un ser querido,
ENCONTRARÁS A DIOS.

En las horas de sombra y amargura
cuando a solas estés con tu dolor
si le buscas en la sombría noche
ENCONTRARÁS A DIOS.

           Arturo Gutiérrez Martín.

A un mendigo (poema)

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A un mendigo

Llama con confianza, anciano,
al ver cerrada mi puerta;
más, si la hallares abierta,
entra sin respeto humano.

Que al saber lo que es pobreza
y lo que es caridad,
se brinda hospitalidad
al pobre aquí con llaneza.

Ya ves: cuando te avecinas
de mi portada a los hierros,
ni se enfurecen los perros,
ni se turban mis gallinas.

Mi hermana regocijada,
porque sabe que eres pobre,
una moneda de cobre
pone en tu mano arrugada.

Y al ver de hambre temblar,
te convida francamente
con gofio y leche caliente
acabada de ordeñar.

Porque al acercarte en pos
del sustento deseado,
reconoce en ti un enviado
que llega en nombre de Dios.

Entra, pues, sin dilación,
traspasa el umbral, amigo,
y entre en mi casa contigo
del cielo la bendición.

No te detenga el rubor,
que tu andrajoso sayal
es un ropaje especial
de los hijos del Señor.

Las inclemencias de Enero
te tienen yerto de frío;
siéntate aquí al lado mío
a la lumbre del brasero.

Seca el calor apacible
tus harapos remendados,
y él a tus miembros helados
dé el vigor apetecible.

En vez de tu desgarrado
y sucio traje raído,
ponte este nuevo vestido
que para ti he procurado.

Para que Dios inmortal
al cabo de mi jornada…
me abra las puertas de entrada
de su mansión celestial.

D. Juan Francisco  y González, Rvdo.

D. Juan Francisco y González (Arucas, 30 de Marzo de 1863 – Arucas, 14 de agosto de 1937), sacerdote y poeta.

Beato John Henry Newman (Cardenal Newman): de las sombras a la luz

Guíame, Luz amable

Guíame, Luz amable,
entre tanta tiniebla espesa:
guíame hacia adelante.

Oscura es la noche
y mi morada aún está lejos:
guíame hacia adelante.

Guarda mis pasos;
no te pido ver confines ni horizontes,
porque un solo paso seguro me basta.
Antes, no pensaba así, ni te dirigía mis oraciones:
guíame hacia adelante.

Me complacía elegir yo sólo el camino;
pero ahora guíame Tú.

Me complacía la luz del día
y sin temor alguno anteponía el orgullo:
no guardes, te ruego, cuenta del pasado.

Desde hace mucho tiempo has estado cerca de mí;
y por ello puedo decir una vez más:
guíame hacia adelante,
por entre ciénagas y pantanos,
entre precipicios y arroyos,
hasta que haya pasado la noche.
Al amanecer,
aquellos rostros de ángeles volverán a sonreír;
ellos, a quienes amé
y por desgracia con el pasar del tiempo, perdí.

         Versos de su poema “La Columna de nube”.

Dios cuida de ti

Dios te quiere, Dios cuida de ti, te llama por tu nombre.
Te ve y te comprende tal y como te hizo.
Sabe lo que hay en ti,
todos tus sentimientos y pensamientos propios,
tus inclinaciones y preferencias,
tu fortaleza y debilidad.

Te ve en tu hora de alegría
y en la hora de tu infortunio.

Conoce tus esperanzas
y se compadece de tus tentaciones.

Se interesa por todas tus ansiedades y recuerdos,
por todos los momentos de tu espíritu.
Te envuelve y te sostiene con sus brazos.

Nunca te olvida,
tanto cuando ríes como cuando lloras.
Cuida de ti con amor.
Escucha tu voz, tu respiración,
los latidos de tu corazón.

* * *

“Ex umbris et imaginibus in veritatem”: De las sombras y las imágenes pasó a la Verdad.

Oración

Oh Dios que diste al Beato John Henry Newman, sacerdote,
la gracia de seguir tu amable luz y hallar la paz en tu Iglesia;
concédenos, por su intercesión y ejemplo,
que podamos pasar de las sombras y las imágenes
a la plenitud de tu verdad.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
un solo Dios, por lo siglos de los siglos. Amen

(Fuente de la oración: Hispanismo.org)

Aunque el fallecimento del Beato Cardenal John Henry Newman —converso del anglicanismo— se produjo el 11 de agosto de 1890, su fiesta se celebra el 9 de octubre: día de su conversión al catolicismo (9 de octubre de 1845).

Enlaces recomendados:

John Henry Newman, profeta de la Verdad católica

Asociación Amigos de Newman

A la Virgen del Rosario (plegaria)

A la Virgen del Rosario
(Plegaria)

A tus plantas hermosas
llegué otras veces,
uniendo bellas rosas
y humildes preces,
que entonces era
un camino florido
mi primavera.

Hoy no traigo otra ofrenda
que fe y amores,
que esta vez en mi senda
no encuentro flores,
pues la fortuna
las agostó a mi paso
una por una.

Dame Tú, Madre mía,
con que adornarte
cuando vuelva otro día
mi fe a buscarte;
con tu permiso
florecerá la tierra
donde yo piso.

Y pues siempre he buscado
yo mis consuelos
en tu manto azulado
como los cielos,
da sin tardanza
alientos que reanimen
a mí esperanza.

No olvides, Virgen pura,
que has ofrecido
endulzar la amargura
del que afligido
va al santuario
para besar las cuentas
de tu rosario.

                Concha Espina de Serna.

* * *

Tu Orden la he encomendado a mi Madre

Imagen ilustrativa: Nuestra Señora del Rosario de la Villa de Agüimes (Foto: José J. Santana)

Al Santísimo Cristo de Tacoronte (Plegaria)

Plegaria

¿Te vas, señor?
Parece que caminas
levantando tu cruz como bandera.
Caudillo, adelantado, que nos hablas
de luchas y de guerras.

Espera que te hable…
Que he venido
a contarte mis penas…
A pedir por aquellos que no piden…
Que de tí no se acuerdan,
hasta que ven muy cerca la desgracia,
o la sombra fatal, tétrica y negra
del infortunio roza sus mejillas;
o en sus tapias acecha
la segadora del caballo ciego
y la guadaña intrépida…
La que corta las flores más altivas
y las flores modestas.

Por los que alguna vez vienen a verte
y te saben rezar a su manera,
yo te pido, Señor,
el de la cruz en forma de bandera.

Por los que un sol de invierno ha calcinado
y fascina la voz de la sirena.
Los que no ven la luz de un cielo claro
por no elevar sus ojos de la tierra.

Por los que ignoran que esta vida es paso
y ruta a las estrellas.
Los que no ven la espina entre la rosa
ni la marcada huella
del reptil por el polvo menudito
de la vereda estrecha.
Los que no oyeron en su blanca cuna
una canción de nardos y azucenas.
Por los que llevan el amor oculto
en un mar de tristezas.
Por los que llegan sólo para verte
y no pasan tus puertas,
porque les da pavor esa mirada
que a mí me infunde amores y clemencia…
Por todos, que son hijos de tu sangre.
Por todos mi plegaria.
Tu bandera.
Capitán de un ejército ecuménico,
en marcha está.

¡Alerta!
Y ya sabemos que el vivir es eso:
¡Vivir es dura guerra!

                 A. Ureña, Salesiano.

La Virgen de las Angustias (Recuerdo de Granada)

La Virgen de las Angustias

(Recuerdo de Granada)

Allí donde cerrada
De perlas y de aromas
Yació vilipendiada
Y esclava la mujer;
Allí donde los moros
Gozaron sus amores
Y alzaron entre flores
El Templo del Placer;

Al pie de la colina
Que aún muestra por corona
La Alhambra granadina,
Palacio del Amor,
Alzaron los cristianos
Morada más divina:
La casa de la Virgen,
El Templo del Dolor.

En él está la madre
De todos los que lloran…
Rendidos a sus plantas
Estáticos le adoran…
La tímida doncella
La busca por dechado:
Perdón aguarda de ella
La triste que ha pecado.

La lluvia providente
Le pide el campesino;
La vuelta del ausente
La esposa del marino;
Salud el pobre enfermo,
Victoria el campeón:
El huérfano infelice,
Fiado en su amor santo,
«¡Ampárame (le dice)
Debajo de tu manto!»

Demándale el pechero
Que postre a su enemigo;
Justicia el caballero….
Consuelos el mendigo,
Puerto seguro el náufrago.
El vate inspiración.

Y al ver aquellas lágrimas
Que en las mejillas mustias
De la celeste Madre
Revelan sus Angustias,
Todos los tristes hallan
Alivio a su penar.

Que es el dolor la fuente
Del bien y la alegría,
Y de la cruz pendiente
El Hijo de María
Trocó en mérito y gloria
La dicha de llorar.

                         Pedro Antonio de Alarcón (S. XIX).