“Tengo ganas”, un poema de Francisco Tarajano

TENGO GANAS
(A Oswaldo Brito)

Tengo ganas de amar
al pobre hombre que se droga con ron,
y ganas de abrazar
al niño pobre que come amargor.

Tengo ganas de besar a la viuda,
mocha de dulce amor,
y ganas de abrigar a la huerfanita
que quedó sin calor.

Tengo ganas de aunar
mis lágrimas con madres de dolor
a quienes la voraz
guerra en pozos lutosos sepultó.

Tengo ganas, patrón,
de tus sueldos mezquinos olvidar,
y ganas de que un sol
de justicia alumbre el lóbrego hogar.

Tengo ganas de que no haya color
ni agrio cliché racial,
y ganas de que el cielo llueva amor
como dulce maná.

Tengo ganas de alzar
con los hombres sojuzgados mi voz,
y ganas de soltar
al aherrumbrado en triste prisión.

Tengo ganas de sembrar libertad,
desterrar el terror,
y con duros peñascos escachar
al tirano opresor.

Tengo ganas, oh Dios,
de estrujar con mis manos al satán
que clava el corazón
y al caín que huele a sangre fraternal.

Tengo ganas de tirar al avión
preñado de maldad,
y ganas de hundir al barco invasor
en el fondo del mar.

Tengo ganas de paz,
como de agua el suplicante cardón.
Quiero sólo escuchar
del hermano-hombre toda la canción.

          Francisco Tarajano
               “Años malditos” (1980).

Francisco Tarajano Pérez, escritor, poeta, profesor y gran defensor de la cultura canaria, falleció el pasado 10 de noviembre de 2018. Descanse en paz.

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Canto al hábito dominico

Canto al hábito

Yo tengo un hábito, blanco
como una vida que empieza
y, como un grito de muerte,
lo cubre una capa negra.
Y es perfecto, que al mirarlo,
vida y muerte se recuerdan
y vida y muerte se hermanan
y se amigan y se besan.
Y no es ya la muerte signo
de terrores y tristezas,
no es ya ni muerte tan sólo,
que es ¡puerta de vida eterna!

Yo tengo un hábito blanco
como una vida que empieza,
que por amor a la muerte
se cubre con capa negra.

Vida y muerte de la mano
Juntas por la misma senda.
¡Qué meditación tan honda
mi cuerpo sobre sí lleva!
La muerte, con sus abismos…
La vida, con sus promesas…

Blanco es el hábito mío
lo mismo que la azucena.
Y negro como la noche
de huracanes y tormentas.
Blanco, como la sonrisa.
Negro, como la tristeza.
Blanco como la alegría
y negro como la pena.
Blanco, como nieve virgen.
Negro, como la ilusión muerta.
Es blanco como la luna
y su cortejo de estrellas,
es negro como los vientos
gritando entre ramas secas…
Es blanco como la espuma
que el mar regala a la arena…
Es negro como el pecado,
—signo y cruz de penitencia—,
es blanco como la fe,
blanco como la pureza,
y porque quiso María,
—bendita Madre— que fuera,
es: ¡blanco como la Hostia
que el cuerpo del Hijo encierra!

¡Qué meditación más honda
mi cuerpo sobre sí lleva!

La vida y la muerte juntas
como alegres compañeras,
¡qué prodigio de equilibrio
y qué lección de prudencia!

Negro y blanco, muerte y vida
seguiréis siendo en la tierra,
pero en el cielo seréis
negro y blanco, ¡vida eterna!

   (Fr. José Mª Guervós, OP)

* * *

Festividad de todos los Santos y Santas de la Orden de Predicadores

Soledad amarga, dulce soledad

                               Soledad

Soledad. Soledad cantada por tantos poetas.
Soledad amarga, dulce soledad,
porque tú eres, a ratos amarga, triste, negra, ingrata…
y, a veces tan suave, tan dulce,
tan queda y amable…
De Dios instrumento en su inmensa obra de santificar
siendo tú, en su diestra,
cual diente de acero,
desgarra del alma vicios y miserias;
que así, sola ella, palpe que es la nada, sienta su impotencia.
¡Oh alma que llegas a sentirte presa de esta soledad!
humildad profunda sacarás de ella
y esta será base de tu santidad.
Llegarás, pasada la prueba,
y aún estando en ella,
a bendecir la diestra que así, tan cruelmente
te hiere, te pena.
Designios de amor son los que ella encierra.
Soledad
luego tan amable cuando el alma vuelve la luz y la paz,
entonces, en ti sumergida, te busco y te busco,
sola, sola, sola
yo quisiera estar.
Que me dejen sola todas las criaturas
que aquí, en soledad habla Dios al alma…
“Sola con Él solo”, dulce soledad…

Sor María Esclava, O.P.

Quiero hacer con mi vida una oración

Quiero hacer con mi vida una oración

Quiero hacer con mi vida una oración,
agradecer tus gracias y tus dones,
pedirte, mi Señor, que me perdones,
y poner a tus pies mi corazón.

Yo quiero compartir tu redención,
basar en tu verdad mis ilusiones,
servirte diligente en tus misiones
y, al final, merecer tu bendición.

Eres mi amor, mi amigo, mi cobijo.
Como el ladrón, que tu bondad bendijo,
condúceme hasta el Reino de tu Padre.

Oye el ruego que humilde te dirijo,
dile a María: ahí tienes a tu hijo.
Y dime: hijo, ahí tienes a tu Madre.

Emma-Margarita R.A.-Valdés
(Versos de amor y gloria)

Tu beso, mi Dios (poema)

Tu beso, mi Dios

Quiero un beso en el alma, lo preciso,
beso blanco de hostia perfumada
y vivir de ese beso no el momento,
sino toda su esencia inmaculada.

Bésame, como el mar besa la playa,
como el sol, al salir, le besa al lirio;
pon tus labios de escarcha en mi corola,
pon tus labios de fuego en mi delirio.

Tu beso embriagador rasga el oriente,
y en tus labios florece aurora pura;
a tus besos declina ya la tarde
y surgen las estrellas con premura.

Es tu beso el que mece la azucena
y el que hace brotar la campanilla;
y el que mima las rosas y los nardos
y cuida la violeta tan sencilla.

Tu beso es de galán, de padre, de flor,
tu beso es suave brisa y luz del día,
tu beso es de placer, cielo y amor,
tu suave beso es música y poesía.

Pon tu beso en mi alma enamorada,
languidezco en la espera…
al contacto de tu Hostia tan ansiada
déjame que te quiera.

                  Don Desiderio

Imagen ilustrativa: “Virgen Eucaristíca”, óleo de Jean Ausguste Dominique Ingres.

A la Iglesia de San Francisco de La Orotava

Iglesia de San Francisco de La Orotava

En la tierra, pedacito de cielo a cubierto
es nuestro recoleto templo franciscano,
que –confidente– aleja de lo mundano
y nos da cobijo en su Cristo del Huerto.

Naciste bajo la Orden Seráfica
con la palabra de Dios como cimiento;
florece en tu interior el recogimiento,
paz y bien que tu Santo Patrón glorifica.

Ya llega el tañido de tu vieja campana,
llamada a las dos villas a la oración:
un canto a San Juan y a la Concepción
cuya voz nunca se oyó tan cercana.

A tu vera, el sagrado camposanto
donde los difuntos en paz descansan
y en su recuerdo los vivos se amansan,
pues también la nostalgia acaba en llanto.

Tarde de domingo de Ramos;
abren tus puertas a la evocación:
es el sufrir del Señor en su Pasión,
getsemaní que todavía lloramos.

Suena la música, el nudo en mi garganta.
La Soledad acompaña al que es su vida:
ahí va tu Hijo en su dolorosa partida
marcando el paso de nuestra Semana Santa.

Se agiganta el entorno con la sombra:
brota la noche en el drago y los cipreses,
elevando al cielo flores que son preces
en memoria de quienes te dieron justa honra.

En mi conciencia se aligera el quebranto
adentro con la Virgen de la Caridad,
que en su aceite rezuma santidad
y en la leyenda prendió el encanto.

Guardan los muros el debido secreto
y añora la historia que era fecunda,
pero que el hombre ávido refunda
cuando vencido firmó un mal decreto.

Convento, hospital… lugar señorial;
en mi retina grabada un hermoso lienzo
imagino lo que fue el antiguo San Lorenzo:
¡Cinco veces centenario es nuestro Escorial!

                 José J. Santana, La Orotava.

El antiguo convento franciscano de San Lorenzo de La Orotava fue fundado en 1519, por lo que el próximo año será la efemérides del 500 aniversario fundacional.

* * *

San Francisco de La Orotava, por Alfonso Trujillo Rodríguez (Biblioteca Virtual Viera y Clavijo)

Foto 1: Presbiterio de la iglesia con motivo de la festividad de San Francisco de Asís. Gentileza de Juan Luis Bardón.

Foto 2: San Francisco y su entorno a finales de la década de los sesenta.

Se permite la reproducción de este poema haciéndose mención a su autor.

Ante Nuestra Señora (soneto)

Imagen de Nuestra Señora de las Mercedes, obra de José Luján Pérez (Iglesia Matriz de Santa María de Guía, Gran Canaria). Foto: Wikipedia.

ANTE NUESTRA SEÑORA

Cuando era niño se hablaba del pasado
con más unción y menos abundancia,
se daba a Cristo el pálpito hechizado
de todo fin humano hecho fragancia.

¡Oh, cuánto amor de aquel amor guardado!
¡Oh, doble pan al hombre hecho sustancia,
sabor del uno a sangre del costado,
el otro, a miel divina de la infancia!

Como llegara a ti, místico a la entrega,
con el alma en tu historia enamorada,
subí a la torre y contemplé la vega.

Viejo, torno a ser niño en la mirada
que es miel celeste por Luján¹ brindada,
¡Virgen de las Mercedes, mágica al que llega!

                               Luis Doreste Silva

1. Soneto en homenaje a la celebración del bicentenario del nacimiento del imaginero José Luján Pérez. Dicha conmemoración tuvo lugar en mayo de 1956.

Las Fiestas del Cristo de Tacoronte (poema)

Las Fiestas del Cristo

Oh qué fiesta de luces
sobre el campo y el pueblo.
En incesante hervor,
en creciente abejeo,
desde lejanos puntos,
afluyen los romeros.
Y el Santuario, la Plaza,
las calles, los paseos,
revientan de fervores
en este día espléndido…
Y en Tu honor, los exvotos,
cirios y pebeteros;
las brazadas de flores,
los frutales de incendio,
las rodillas sangrantes,
los cánticos y rezos.
Y en tu honor, Cristo mío,
yo también, de muy lejos,
—de las simas profundas
de mi propio destierro—;
yo también, onda amarga
entre el gentío inmenso…;
con renovada fiebre
de amores a Ti vengo,
a ofrendarte el humilde
manojo de mis versos.
Oh qué fiesta de júbilos
sobre el campo y el pueblo.
La flor de los cohetes
se abre con estruendo,
y sus estambres de oro
estallan en aplausos pirotécnicos;
esparcen las campanas sus temblores
—azucenas metálicas del viento—;
y Tú sales, oh Cristo, del Santuario.
Magnífico, sereno.
Abrazado a tu Cruz.
Tal una hermosa estampa de Durero…
Por un río de luces,
navegas en barcaza de hombros recios.
La trémula corriente, a tus espaldas,
va creciendo y creciendo.
Y delante de Ti —tambor y flauta,
cambiante rueda y eje pintoresco,
carrousel de colores y de ritmos—,
trenza “la danza” su ágil arabesco.
También, en torno tuyo,
columna viva y mástil verdadero;
también en torno tuyo,
y atados con la cinta de mis versos,
también, en torno tuyo, Cristo mío,
giran mis pensamientos.
Oh qué fiesta de ritmos en el aire.
Oh qué fiesta de llamas en mi pecho.

             Emeterio Gutiérrez Albelo
      “Cristo de Tacoronte: Poemas”.

Cruz, Corona y Lanzada

Cruz, Corona y Lanzada
-Tríptico-

I
Afrentoso suplicio y emblema sacrosanto
oprobio y luz; tormento y sol de redención,
castigo inmerecido del Dios tres veces santo,
llave del Paraíso y arca de salvación.

Cruz, que del alma eres esperanza y espanto,
pues das con tu dureza pavorosa lección,
oculta tus rigores y muéstranos tu encanto,
o enciende en nuestro pecho valiente decisión.

Porque el Calvario es duro y el mundo nos fascina,
queremos a la cumbre con ánimo subir,
mientras Luzbel astuto pretende nuestra ruina;

tú puedes envolvernos en claridad divina,
y aunque la senda sea hiriente, seca y pina,
sabremos en tus brazos expirar que es vivir.

II
¡Espinas! El desprecio de todos los placeres,
la exaltación suprema del supremo dolor,
insignia del Imperio que Tú, Jesús, prefieres,
sobre un mundo de almas ganadas por tu amor.

Las sienes traspasadas, el soberano eres
del cielo y de la tierra, augusto Emperador,
te aclaman y bendicen subyugados los seres
viendo en tu pecho unidos, humildad y esplendor.

Traspasa nuestra frente con tu cruel corona,
cura nuestra soberbia con mano paternal,
para el jardín eterno, nuestras almas sazona,

aquí hiere y castiga, que tu rigor abona
tus flores perdidas… Pero al final perdona:
Tu corazón sea premio del ímpetu filial.

III
¡Herida del Costado! Portada luminosa
del Alcázar eterno, del jardín celestial;
panal, cráter, abismo, lucero fuente y rosa:
para el amante nido; y en la sed, manantial.

Refugio, invulnerable en noche procelosa
contra el infierno impío torre, escudo y fanal;
y frente a la del mundo seducción engañosa
mansión de jaspe y oro, de marfil y cristal.

Herida. ¡Flor de sangre, oculto santuario,
palacio de las almas, todo silencio y luz:
Tabor, Sepulcro y Cueva, Getsemaní, Calvario,

de tu vivir divino, lo escondido y lo vario
el misterio inefable de paz del Sagrario,
el Amor hecho llaga, néctar, abrazo y Cruz!

                                  F. Caballero (1938)

* * *

Elogio de la Cruz

A María Santísima

A MARÍA SANTÍSIMA

Yo te saludo al comenzar el día,
Madre excelsa de Dios y Madre mía,
Cifrando desde el alba mi ventura
En invocar ¡oh Virgen! con fe pura
El dulcísimo nombre de María.

Yo te saludo cuando el sol hermoso
Brilla en el medio día esplendoroso;
Y al ver en ti mi amparo más seguro,
Repito sin cesar tu nombre puro
Más que la miel dulcísimo y sabroso.

Yo te saludo cuando en luces bellas
Sucede al sol el escuadrón de estrellas,
Cifrando siempre mi placer y encanto
En invocar el nombre sacrosanto,
De la que brilla coronada de ellas.

¡Ea, pues Virgen pura y Madre amada!
Tú que del sol vestida y adornada
A tu planta inmortal tienes la luna,
Y libre de mudanzas de fortuna
Junto al trono de Dios estas sentada!

Haz que mi labio que con fe tan pía
En repetir tu nombre se gloría,
Así prosiga en venturosa suerte;
Y cuando llegue el trance de la muerte,
Sea invocando el nombre de MARÍA.

              Miguel Agustín Príncipe

* * *

El Santo y Dulce Nombre de María