Piedra angular

Piedra angular

Voy a labrar mi piedra milenaria;
y cuando Tú me digas: “Tú eres Pedro”,
entonces yo seré la piedra viva
sobre la cual Tú vengas a edificar tu templo.

Dame la escuadra y el cincel, ahora
que ya tengo
en la diestra
el martillo de acero.

Avergonzado estoy de haber holgado
tanto tiempo.
Voy a empezar al punto. Ya sé cómo,
sin descansar, laboran tus obreros.
Ya sé cómo Tú mismo
eres el Arquitecto
de la Obra
cuyo término
la mente no concibe,
pero
cuya gloriosa cúpula, de fijo,
se clavará en el Cielo.

Por su escala interior irán los ángeles
subiendo.
Después… todo
lo sabremos.

A mí sólo me importa,
sólo me basta, para mi contento,
saber que Tú me ordenas,
oh Maestro,
saber que Tú me ordenas
y que yo te obedezco.

Voy a labrar mi piedra milenaria;
y cuando Tú me digas: “Tú eres Pedro”,
entonces yo seré la piedra viva
sobre la cual Tú vengas a edificar tu templo.

                        Pedro Bethencour (1954)

* * *

Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia: Cátedra de San Pedro

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La concordia (poema)

La concordia

Se reunió en concilio el hombre con sus dientes,
examinó su palidez, extrajo
un hueso de su pecho: —Nunca, dijo,
jamás la violencia.

Llegó un niño de pronto, alzó la mano,
pidió pan, rompió el hilo del discurso.
Reventó el orador, huyeron todos.
—Jamás la violencia, se dijeron.

Llovió el invierno a mares lodos, hambre.
Navegó la miseria a plena vela.
Se organizó el socorro en procesiones
de exhibición solemne. Hubo más muertos.
Pero nunca, jamás, la violencia.

Se fueron uno, cien, doscientos, muchos:
no daba el aire propio para tantos.
El año mejor fue que otros peores.
No están los que se han ido y nadie ha hecho
violento recurso a la justicia.

El concejal, el síndico, el sereno,
el solitario, el sordo, el guardia urbano,
el profesor de humanidades: todos
se reunieron bajo su cadáver
sonriente y pacífico y lloraron
por sus hijos más bien, que no por ellos.

Exhaló el aire putrefacto pétalos
de santidad y orden.
Quedó a salvo la Historia, los principios,
el gas del alumbrado, la fe pública.
—Jamás la violencia, cantó el coro,
unánime, feliz, perseverante.

José Ángel Valente, “La memoria y los signos” (1966)

(Los poderosos no resuelven nada, no salvan al mundo. Nunca nos han dado la paz, mucho menos la felicidad: La salvación y la Paz son de Dios).

Hora del Ángelus

Hora del Ángelus

Las luces todas del campo
ya llegan
a mi ventana.
Que son rosas de la aurora
con toda su veste
cándida;
y plenas de luz sus pétalos
son ya las flores
del alba.
El azul del firmamento
su hondura prolongada
diáfana,
y yerra por su extensión
jirones de nubes
blancas.
Y la campiña sonríe
y sus dominios
se alargan,
más allá de aqueste círculo
donde se posan mis plantas.
Mil trinos llenan los ámbitos;
hay repiques
de campanas,
y palpables corazones
del amor urnas
sangradas.
Bendita la hora sea
de esta espléndida
mañana,
y ojalá que así prosigan
las horas todas del alma.

Francisco González Tosco
“Poemas de brisa y sol”, 2014 (Ediciones Idea).

Imagen ilustrativa: Iglesia de Santo Domingo de Guzmán de La Orotava.

Despedida de la Santísima Virgen

Despedida de la Santísima Virgen

Oye, alma, la tristeza
y la amarga despedida,
que la madre de pureza
hizo de Jesús, su vida,
postrada ante su grandeza.

Contempla cuán dolorida
nuestra Madre Soberana,
llorando la despedida
del hijo de sus entrañas,
de esta suerte le decía:

—Adiós, Jesús amoroso,
adiós, claro sol del alba,
adiós, celestial esposo,
de mi virginidad palma,
de mi seno fruto hermoso.

Adiós, lucero inmortal,
adiós, lumbre de mis ojos,
que me dejas, cual rosal
entre espinas y entre abrojos
y en una pena mortal.

Hijo, que a morir te vas,
adiós, fin de mis suspiros,
no te olvidaré jamás,
pues nací para serviros
y para penar no más.

Hijo, si en amargo llanto
se queda mi corazón,
sufra yo el duro quebranto
de mi triste situación
con paciencia y dolor santo.

De dolor acongojada
quedó la Virgen María,
pero un tanto recobrada.
Y exclamó con energía
en su alma dolorida:

Dejarte no puede ser,
aunque no tenga valor.
Soy Madre y soy mujer
y moriré por tu amor
si me dejas escoger.

                           Cancionero religioso tradicional

Imagen: “The Mother Of Christ”, óleo por Piotr Stachiewicz.

Poema al fuego

Poema al fuego

Quisiera,
como tú, fuego,
lleno de calor y lumbre,
morir intensamente.

Arder en sueños,
ser llama viva,
no dejar más rastro
que el humo o la ceniza.

Yo no quiero
una vida larga,
estar a oscuras
eternamente.

¡Yo quiero
una vida
como la tuya!,
oh, fuego,
luminosa y breve…

     José Rafael Hernández

* * *

Miércoles de Ceniza: Que los corazones fríos puedan resugir de las cenizas por el fuego de la Caridad

Plegaria-Invocación a Nuestra Señora de Candelaria

“Y como se cumplieron los días de la purificación de María, conforme la Ley de Moisés, trajeron al Niño a Jerusalén para presentarlo al Señor… Y para dar la ofrenda conforme a lo que está dicho en la ley del Señor: un par de tórtolas… Y he aquí había un hombre en Jerusalén, llamado Simeón y este hombre, justo y pío… lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios y dijo:… Luz para ser revelada a los Gentiles…” (San Lucas, 11, 22-32).

Plegaria-Invocación a Nuestra Señora de Candelaria

Virgen de la Candelaria,
Madre de mi Redentor,
Reina de la grey canaria:
¡No nos niegues el calor
de tu celestial amor!

Porque un día, en el templo de Israel
al Niño presentaste ¡Virgen Pura!
a tu alcázar venimos en tropel
en demanda de paz y de ternura.

Luz de Revelación brindaste a los Gentiles
al traerlos a Aquél que ennobleció a la Cruz.
Duchos nosotros hoy en mil ciencias sutiles
precisamos también el fulgor de esa luz…

Morenita Candelaria
cuyo trono es mi Nivaria
quiero quemarme al calor
de tu celestial amor.

Acepta nuestra plegaria:
Ella es tórtola votiva
que en esta tierra canaria
—porque aspira a ser cautiva
de tus manos, oh, Señora—,
con impaciencia aletea…
En su volar hacia arriba,
sepa guiarla en buena hora,
como antorcha, como tea
de esplendente luminaria,
tu candela, Candelaria.

¡Abrásenos el calor
de tu celestial amor!

       Amaro Lefranc

Foto ilustrativa: Nuestra Señora de la Candelaria. Iglesia de Santo Domingo de Guzmán, La Orotava.

* * *

Virgen de Candelaria, bendita Virgen morena

El Angelus

El Angelus

«Mantened su rezo acostumbrado, donde y cuando sea posible». (MC, 41)

Doce campanadas suenan
cruzando el aire triunfantes,
desde el alto miranete
de palacios celestiales.

Invitan a la oración
con melodías de Arcángel:
«Salve, graciosa Señora,
Madre de Dios, Dios te salve».

∼II∼

Están tocando a rebato:
el Corazón de Dios arde;
fuego nos trae a la tierra,
y es preciso que se inflame.

Tres avecillas en vuelo
mientras las campanas tañen;
que en un inmenso abanico,
de gozo, sus alas abren.

Tres llamaradas de amor,
de cada hijo a su Madre;
tres rosales florecidos,
en los jardines del aire.

Un santo estremecimiento
cubre pueblos y ciudades;
y saludando a la Virgen,
juntan sus manos orantes.

El labrador, boina en mano,
deja el arado un instante,
y contempla emocionado
que se inclinan los trigales…

Suenan doce campanadas:
Madre de Dios, Dios te salve.

  Paquita Sánchez Remiro
(De “Madre de misericordia. Esperanza nuestra”)

* * *

Foto ilustrativa: Unos niños tocan las campanas de la Iglesia de La Concepción de La Orotava. Año 1945. (Colección: ABG).

Las Gracias obtenidas por participar de la Santa Misa

Todas las obras reunidas no equivalen al santo Sacrificio de la Misa, porque son obras de los hombres; mientras que la Misa es obra de Dios, es el Sacrificio que Dios hace de su cuerpo y de su sangre por amor a los hombres.

San Juan María Vianney, Santo Cura de Ars.

*Las Gracias que se obtienen por participar de la Santa Misa:

1. La Misa es la continuación del Calvario.
2. Cada Misa vale tanto como la vida, sufrimientos y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, ofrecidos en sacrificio.
3. La Santa Misa es el acto de desagravio más poderoso para expiar los pecados.
4. A la hora de la muerte, el consuelo más grande del alma consistirá de las Misas oídas en vida.
5. Cada Misa bien oída nos acompañará hasta el Tribunal Divino, suplicando perdón.
6. En la Santa Misa, según el fervor con que se asiste, se puede disminuir en grado mayor o menor, la pena temporal debida por los pecados.
7. Al asistir devotamente a la Santa Misa, se rinde el más grande homenaje a la Sagrada Humanidad de Nuestro Señor.
8. En la Santa Misa, Nuestro Señor Jesucristo ofrece expiación y desagravio por muchas omisiones y negligencias nuestras.
9. En la Santa Misa, Jesucristo perdona los pecados veniales que todavía no se han confesado. Además se disminuye el poder de Satanás sobre el alma.
10. Al asistir a la Santa Misa se proporciona a las almas del Purgatorio, el alivio más grande que sea posible.
11. Una Misa bien oída durante la vida, será de más provecho al alma, que muchas que se ofrecieran para su reposo después de la muerte.
12. Por asistir a Misa, el alma se preserva de peligros, desgracias y de calamidades, que de otro modo hubieran sucedido. Además, se abrevia o reduce la duración de su Purgatorio.
13. Cada Misa bien oída obtiene para el alma un grado más elevado de gloria en el Cielo.
14. En la Misa se recibe la bendición del sacerdote que Nuestro Señor ratifica en el Cielo.
15. En la Misa se arrodilla entre una multitud de los santos ángeles, que están presentes en actitud de profunda reverencia, durante el sacrificio adorable de la Santa Eucaristía.
16. En la Santa Misa se reciben bendiciones para todos los bienes y empresas temporales.

∗Promesas de Cristo a Santa Gertudris para aquellos que participan de la Santa Misa.

* * *

 Eucaristía

Amor de ti nos quema, blanco cuerpo;
amor que es hambre, amor de las entrañas;
hambre de la palabra creadora
que se hizo carne; fiero amor de vida
que nos se sacia con abrazos, besos,
ni con enlace conyugal alguno.
Solo comerte nos apaga el ansia,
pan de inmortalidad, carne divina.
Nuestro amor entrañado, amor hecho hambre,
¡oh Cordero de Dios!, manjar Te quiere;
quiere saber ardor de tus redaños,
comer tu corazón, y que su culpa
como maná celeste se derrita
sobre el ardor de nuestra seca lengua,
que no es gozar en Ti; es hacerte nuestro,
carne de nuestra carne, y tus dolores
pasar para vivir muerte de vida.
Y tus brazos abriendo como en muestra
de entregarte amoroso nos repites:
“¡Venid, comed, tomad: esto es mi cuerpo!”
¡Carne de Dios, verbo encarnado, encarna
nuestra divina hambre carnal de Ti!

                   Miguel de Unamuno.

Imagen ilustrativa: ” La Misa de San Juan de la Mata”, de Juan Carreño de Miranda.

A la Virgen de la Soledad

A la Virgen de la Soledad

Virgen de la Soledad,
paloma de muerte herida,
permite que en mi orfandad
llegue a ofrecerte mi vida.

Quiero recoger tu llanto
con besos del alma mía;
quiero esconderme en tu manto
de negra melancolía;

Quiere pedirte mi labio
piedad y perdón, Señora,
y ofrecerte en desagravio
un corazón que te adora;

Quiero contemplar tus ojos
que enturbió la desventura,
y a tus pies caer de hinojos
adorando tu amargura.

Para alegrar tus dolores
tus altares adornaron,
y al verte tristes las flores
de pena se marchitaron.

Desmayó del sol la lumbre,
reinó un silencio profundo,
e insólita pesadumbre
se extendió por todo el mundo;

Y las notas de mi lira
que hasta tu altar ascendieron,
en tu boca que suspira
temblorosas se escondieron.
…….
Madre de inmensa piedad,
a quien con el alma adoro,
Virgen de la Soledad,
¡yo también contigo lloro!

                    Luisa García

Plegaria Lírica a Fray Andrés

Plegaria Lírica a Fray Andrés

Fray Andrés Filomeno, que atormentadamente
tu fervor sepultaste en tierra americana:
escucha mi plegaria y acaricia mi frente
que es mi mayor orgullo el saberme tu hermana.

Los dos hemos sentido el dolor, de que un día,
en tierra majorera fue la primera luz;
la oración de tus labios se hizo en mí poesía
y en mi vida agitada, se perfila tu cruz.

Fray Andrés Filomeno, tu obra fue obra santa;
donde naciste santo, poeta nací yo;
haz que tu amor perfume, mientras mi musa canta…
canto y perfume suben al Trono del Señor.

Yo he nacido sufriendo mal de literatura,
lecturas y lecturas, donde a diario acudí;
moldearon mi rumbo, rompiendo la figura…
¡destrabase mi esencia, para llegar a ti!

Eres tú blando al ruego, yo sorda a la amenaza;
tú serenas los odios, y yo exalto el amor,
somos los exponentes de majorera raza:
éxtasis y tumulto, misticismo y fragor…

Pastorcito de cabras, con tu alegre pandero
cual símbolo feliz de tu claro linaje;
improvisas tu diálogo, Orfeo majorero:
música y bestezuelas, lo divino y salvaje…

Patrón de nuestra balsa, abre el celeste manto,
para que nuestro pueblo contigo halle su fe.
Sobre la Cenicienta, yo haré recordar mi canto:
ponlos tú de rodillas; yo los quiero de pie.

Fray Andrés Filomeno, que atormentadamente
tu fervor sepultaste en tierra americana:
escucha mi plegaria y acaricia mi frente
que es mi mayor orgullo el saberme tu hermana.

                                           Agustina Padilla

* * *

Fray Andrés Filomeno García Acosta, OFM (Fray Andresito)