Himno a la Virgen de la Soledad de la Paloma

Himno a la Virgen de la Paloma 

Oh, Virgen de la Paloma,
Madre de la Soledad,
con fervor Madrid entona
este canto a su Señora,
la Virgen más popular;
con fervor Madrid entona
este canto a su Señora,
la virgen más popular.

A tus pies, Madre querida,
nuestros hijos te ofrecemos
que tu mano generosa
les proteja desde el cielo.

Oh, Virgen de la Paloma,
Madre de la Soledad,
con fervor Madrid entona
este canto a su Señora,
la Virgen más popular;
con fervor Madrid entona
este canto a su Señora,
la virgen más popular.

Salve, Reina de los Cielos,
Virgen santa madrileña,
eres tú nuestro consuelo,
nuestra Madre verdadera.

Oh, Virgen de la Paloma,
Madre de la Soledad,
con fervor Madrid entona
este canto a su Señora,
la Virgen más popular;
con fervor Madrid entona
este canto a su Señora,
la virgen más popular.

               F. Palazón

* * *

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A la Virgen de la Soledad y Humildad

A la Virgen de la Soledad y Humildad
-Virgo Humilitatis et Solicitudinis-

Virgen de la Soledad y Humildad,
en la santa noche de azabache color
conmovida por el intenso dolor
aguardas en la cruz tu dulce verdad.

Tu mirada es ternura maternal, Madre de la Piedad.
Presencia que acompaña llena de amor,
paz y fervor que irradian candor;
tierno velo, luto sereno: la perfecta sobriedad.

Hice de súplica la oración afectiva
y tu soledad fue guía que llevó
a mi triste sentir fiel intercesión;

puse mi mano en tu mano compasiva
y tu humildad fue guía que me acercó
al corazón de tu Hijo, nuestra redención.

         José J. Santana (La Orotava)

Al pañuelo de la Virgen

Al pañuelo de la Virgen

Yo la he visto, Virgencita
como temblaba en tus dedos
la batista blanca y fina
de tu pañuelo.
Como en suave caricia
venía a besarla el viento
y dejaba entre su trama
la fragancia de su beso.

Yo he visto como guardaba
un suspiro de tu pecho
la batista blanca y fina
de tu pañuelo,
y un tulipán de tu trono
con cáliz de terciopelo
anhelando aquel suspiro
lloraba de sentimiento.

Yo he visto como una lágrima
la esperaba con deseos
la batista blanca y fina
de tu pañuelo,
mientras un clavel sangraba
por sus pétalos abiertos
el aroma de su vida
para llevarte consuelo.

Y yo tenía mucha envidia
de las caricias del viento
del tulipán de tu trono
y de aquel clavel abierto,
porque los tres me robaban
todo cuanto yo había puesto
en la tela blanca y fina
de tu pañuelo.

         Federico Acosta

Imagen: Nuestra Señora de la Soledad de la Portería Coronada, Las Palmas de Gran Canaria.

Madre y Virgen. Tríptico de Sonetos de la Coronación de Nuestra Señora de la Portería

Madre y Virgen

… Y la virgen sigue sola…

Un camino encharcado, una lluvia torrencial, viento, frío, tormenta… Una mujer camina por él. Está cubierta por un gran manto negro. Va descalza. Las zarzas y las hierbas del camino se abalanzan sobre sus pies como si quisieran besarlos, apartándose después para dejarla paso. Parece que no roza el suelo.

Su rostro apenas se ve; es como si la cubriese un velo, pero no, nada lo tapa. Anda despacio, muy despacio, y lleva las manos, unas manos largas delgadas y blancas, cruzadas sobre el pecho.

Esta mujer viene de ver morir a su hijo. Ha visto como le pegaban, azotaban, escupían: ha visto cómo lo mataban. Y no llora. Esta mujer es madre y es virgen. Es la Virgen, y va sola.

El pelo que se escapa del manto danza empujado por el viento, alrededor de su cabeza, y con sobrehumano poder deja de ser cabello para convertirse en corona, en corona de espinas. Los poros de la frente se van abriendo, abriendo, como si de capullos primaverales se tratara, y por ellos van penetrando las púas largas y afiladas que hacen brotar sangre, sangre roja, ardiente, enfurecida, que se deja resbalar dulcemente besando los negros cabellos y la piel pálida de esta mujer que no llora y qué va sola.

Su dolor es tan grande, que en espesa cortina se alza a los aires y, como vidrio celestial, cae sobre ella protegiéndola de la lluvia, del viento, de la tormenta…

Y no llora… y va sola…

Se acuerda de la Lanzada, y un lamento de muerte, formado en las entrañas de la tierra, sale al exterior e impulsado por fuerzas del más allá quiebra el cristal que la cubre, ciñéndose en torno a su garganta, a la cual oprime hasta cerrarla. En contra de él, un sollozo la abre y se escapa rasgando el manto de silencio que se ha formado en la noche.

El camino desciende, pero los pies de la virgen pisan el viento y subiendo por escalera de estrellas se pierde en una nube, que la acoge escondiéndola del mundo que siempre la deja sola.

Y aún está allí, esperando que alguien vaya a decirla:

—Mamá, llora, no dejes que tu dolor caiga en el gran abismo de tu corazón. Mamá, llora, que ahora… ya no estás sola.

Mayer (Diario de Las Palmas, 18 de marzo de 1964. Víspera de la Coronación de Nuestra Señora de la Portería).

* * *

Tríptico de Sonetos de la Coronación de Nuestra Señora de la Portería

I

La muy noble y leal ciudad mariana
Se congrega al amor de tu casona
Y el oro del fervor se hace corona
Para ceñir tu frente soberana.

La visión de la reina castellana
En la isla se encuentra y perfecciona
Y a través de los siglos lo pregona
La humilde portería franciscana.

De aquella franciscana portería
Nació la portentosa romería
Que lleva hasta tu altar honda plegaria

Y mira el rutilar de tu diadema
En donde brilla la encendida gema
Del corazón de la ciudad canaria.

II

VIRGEN de la ciudad, madre del llanto,
Arrebujada en luto y desconsuelo
Y en las manos la nieve del pañuelo,
Seguimos tu camino el Viernes Santo.

Junto a tu soledad, junto a tu manto
Que cobija el dolor de nuestro anhelo.
Va la ciudad llorando su desvelo,
Va la ciudad vertida en tu quebranto.

Cairasco —lyricen et vates— cante
En su esdrujúleo “Templo Militante”
La epifanía de tu sien ceñida

Por la regia corona que Las Palmas
Cinceló con el oro de sus almas
Para hacerte su reina dolorida.

III

¿VIRGEN de Soledad dice la gente,
Y estás siempre de amor acompañada?
¡Si es que Las Palmas siente, enamorada,
Que es de ti soledad estar ausente!

Juntos en soledad estás presente
Siendo luz invisible y voz callada
Que alumbra y grita, si la sombra errada
En soledad nos turba carne y frente.

Nuestra ciudad mariana y grancanaria,
En soledad contigo, solitaria
No está de tu materna compañía.

Juntos en soledad reza y espera
Que seas de otra Puerta compañera,
Nuestra Señora de la Portería.

                           Ignacio Quintana Marrero

La Coronación Canónica de Nuestra Señora de la Soledad de la Portería tuvo lugar en la Catedral de Santa Ana de Las Palmas de Gran Canaria el 19 de marzo de 1964, jueves de Pasión y festividad de San José.

A la Virgen María en su soledad

A la Virgen María en su soledad

Tórtola herida que con dulces trinos
Cuentas al bosque tu mortal congoja,
Flor azotada por el cierzo crudo,
Inocente paloma:

¿Quién al mirarte solitaria y triste
Cabe el sepulcro en que tu amor reposa?
¿Quién no golpea su rebelde pecho
Y tus angustias llora?

Virgen bendita, manantial de amores,
Por mí te encuentras lacerada y sola;
Por mí la espada del dolor acerbo
Tu corazón destroza.

Fueron mis culpas el amargo cáliz
Que tuvo que apurar, hasta la hora
En que rindió a la muerte su cabeza
En la cumbre del Gólgota.

Mis culpas aguzaron las espinas;
Mis culpas incitaron a la tropa
De sus torpes verdugos; yo su pecho
Rasgué con furia loca.

Déjame, Madre, que contigo llore;
Permite que mi sangre pecadora
Purifique besando enloquecido
De tu manto la orla.

            Isidoro Macabich (marzo de 1907)

Despedida de la Santísima Virgen

Despedida de la Santísima Virgen

Oye, alma, la tristeza
y la amarga despedida,
que la madre de pureza
hizo de Jesús, su vida,
postrada ante su grandeza.

Contempla cuán dolorida
nuestra Madre Soberana,
llorando la despedida
del hijo de sus entrañas,
de esta suerte le decía:

—Adiós, Jesús amoroso,
adiós, claro sol del alba,
adiós, celestial esposo,
de mi virginidad palma,
de mi seno fruto hermoso.

Adiós, lucero inmortal,
adiós, lumbre de mis ojos,
que me dejas, cual rosal
entre espinas y entre abrojos
y en una pena mortal.

Hijo, que a morir te vas,
adiós, fin de mis suspiros,
no te olvidaré jamás,
pues nací para serviros
y para penar no más.

Hijo, si en amargo llanto
se queda mi corazón,
sufra yo el duro quebranto
de mi triste situación
con paciencia y dolor santo.

De dolor acongojada
quedó la Virgen María,
pero un tanto recobrada.
Y exclamó con energía
en su alma dolorida:

Dejarte no puede ser,
aunque no tenga valor.
Soy Madre y soy mujer
y moriré por tu amor
si me dejas escoger.

                           Cancionero religioso tradicional

Imagen: “The Mother Of Christ”, óleo por Piotr Stachiewicz.

A la Virgen de la Soledad

A la Virgen de la Soledad

Virgen de la Soledad,
paloma de muerte herida,
permite que en mi orfandad
llegue a ofrecerte mi vida.

Quiero recoger tu llanto
con besos del alma mía;
quiero esconderme en tu manto
de negra melancolía;

Quiere pedirte mi labio
piedad y perdón, Señora,
y ofrecerte en desagravio
un corazón que te adora;

Quiero contemplar tus ojos
que enturbió la desventura,
y a tus pies caer de hinojos
adorando tu amargura.

Para alegrar tus dolores
tus altares adornaron,
y al verte tristes las flores
de pena se marchitaron.

Desmayó del sol la lumbre,
reinó un silencio profundo,
e insólita pesadumbre
se extendió por todo el mundo;

Y las notas de mi lira
que hasta tu altar ascendieron,
en tu boca que suspira
temblorosas se escondieron.
…….
Madre de inmensa piedad,
a quien con el alma adoro,
Virgen de la Soledad,
¡yo también contigo lloro!

                    Luisa García

Nuestra Señora de la Soledad de la Victoria, la Virgen enlutada

Virgen de la Soledad de la Victoria (antigua destruida)

Imagen original de Nuestra Señora de la Soledad del Convento de la Victoria (Madrid), obra de Gaspar Becerra. Posteriormente la talla fue trasladada a la Colegiata de San Isidro, siendo destruida tras la quema de la iglesia con el inicio de la Guerra Civil Española en julio de 1936.

La Soledad del Convento de la Victoria de Madrid de la Orden de los Mínimos de San Francisco de Paula fue la primera imagen española de la Soledad y supuso una nueva tipología mariana propia, con el atuendo de las viudas nobles de la época: túnica blanca, manto negro y toca. Una indumentaria de luto cuyo uso se extendió desde el tiempo de la Reina Juana I Castilla hasta el siglo XVIII, que refleja de una manera distinguida el sufrimiento o ese sentimiento de dolor por la pérdida del ser querido. Recordemos que el tema de la Soledad se encuentra estrechamente relacionado con la representación de María a los pies de la Cruz y es otra forma de encarnar los Siete Dolores de la Santísima Virgen.

Nuestra Señora de la Soledad de la Victoria tomó su nombre de un cuadro devocional traído desde Francia por la reina Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II, que representaba la Soledad y Angustias de la Virgen [1], una devoción muy popular por aquel entonces en Francia. Los frailes —en este caso Fray Diego de Valvuena, confesor de la Reina Isabel— le confiaron el encargo de una escultura de talla para el convento de los Mínimos de Madrid a partir de la pintura que Doña Isabel conservaba en su oratorio; propuesta que la soberana acogió de buen grado, concediendo las facilidades necesarias para que se convirtiera en una hermosa realidad. Recordemos que Isabel fue llamada la “Reina de la paz”, una mujer de espíritu abierto y amplia cultura que llevó el refinamiento y las buenas maneras a la Corte española.

Sería el baezano Gaspar Becerra y Padilla, un reputado imaginero de la época, el elegido para realizar tan importante encomienda. Becerra fue, además, arquitecto y pintor, recibiendo una fuerte influencia del renacimiento y manierismo italiano durante su estancia en el país transalpino. Sin duda pasará a la historia como un innovador de la iconografía de la Soledad. En lo concerniente a esta obra que tratamos, durante un año de trabajo el resultado no es el esperado. Lo intenta una segunda vez, que satisface a los frailes pero sigue sin convencer a la reina, es tal el grado de perfección requerido. Preocupado, y acaso como ultimátum, lo vuelve a intentar. En una fría noche, de un severo invierno, el escultor se encuentra agotado y prácticamente vencido por la desesperanza; arroja un tronco a la chimenea para mantener el calor de la habitación mientras se retira a descansar. Durante el sueño escucha una voz que le dice que retire aquel trozo de madera del fuego. Se levanta y con asombro vislumbra lo que es un contorno trabajado por la lengua de fuego. Una vez rescatado aquel leño esculpe sobre la parte aprovechable, y a medida que avanza en su trabajo observa —ahora sí— que va apareciendo ese rostro de la Virgen sereno y mirada llena de ternura que su retina guardaba ante aquella deslumbrante visión. Becerra culmina en 1565 esta portentosa imagen y la Reina ha quedado satisfecha. Fue el primero de otros tantos prodigios.

Vno de tres Retratos, inʃpirado,
O Artifice ʃacaʃte parecido,
Que en el amor Divino ha concurrido,
Coma otra vez, en fuego disfrazado.
Eʃte de Soledad vivo traslado,
De vn encendido Leño ha procedido,
Que ʃobre la materia de encencido
Cae la forma mejor de apaʃsionado
Fuego es amor, y amor grave tormento,
Si fe pierde el objeto que fe adora,
Pues queda en Soledad quien adoraba
Fuego en el Leño ʃirve de instrumento,
Pues el agua eficaz, que ardiente llora,
Dolor empieça, y Soledad acaba.[2]

Soneto de Don Antonio de Espinosa

Soledad de mi amor y compañía;
Luz que mi alma alienta,
Sea de vos en lágrimas deshecho,
Templo mi corazón, Altar mi pecho.

La imagen en cuestión no era de bulto de redondo (o talla completa) sino de candelero, concebida para ser vestida y sacada en procesión, y que la condesa Viuda de Ureña, Camarera Mayor de Isabel de Valois, atavió con sus propias ropas de luto. En una enternecedora representación de la Soledad la Virgen se encuentra arrodillada, con su rostro sereno y con las manos cruzadas en actitud humilde y devota. La misma fue entronizada el 15 de septiembre de 1565 y gozó de gran devoción entre los madrileños. La propia Isabel fundó la hermandad de Nuestra Señora de la Soledad y de las Angustias, a la que pertenecieron sus dos hijas (las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela) y su marido, el rey Felipe II. La cofradía se extinguió en 1651, motivada por los frecuentes desencuentros entre los frailes y cofrades. No obstante, la devoción a la Virgen de la Soledad siguió intacta entre el pueblo madrileño. El éxito de la imagen fue tal que se popularizó su iconografía en infinidad de copias, tanto en escultura como en pintura.

El convento de Nuestra Señora de la Victoria fue demolido con la desamortización de Mendizábal y la imagen de la virgen se trasladó a la Real Colegiata de San Isidro. Desgraciadamente, el edificio y la imagen —que se encontraba en la capilla del Buen Suceso— quedaron destruidos por un voraz incendio tras el comienzo de la Guerra Civil española. Aun así, esta advocación se difundió, incluso dando lugar o derivando a otras: como la de la venerada Virgen de la Paloma (un lienzo que representa a la virgen de la Soledad)con otra variante, pero con parecida iconografía, son la Virgen de la Soledad de Arganda y la de Chinchón, ambas en la provincia de Madrid; posiblemente algo anterior a la Soledad de Gaspar Becerra, pero que incluimos en este grupo por sus delicadas facciones y su característica vestimenta de viuda noble castellana de la época de los Austria que tuvo su máxima expresión en la citada corte de Felipe II, es Nuestra Señora de la Soledad de la Portería (Las Palmas de Gran Canaria), la hermosa imagen cuyo rostro —cuenta una leyenda con visos de realidad— es a semejanza del de la propia Reina Isabel I, “la Católica”; y sin olvidarnos, entre otras tantas dignas de mención, con Nuestra Señora de la Soledad Coronada, Patrona de Badajoz, cuya tierna mirada —y bien reza el dicho— “ablanda el corazón de todo aquel que la mira”. Asimismo, en numerosas iglesias y ermitas de ciudades y pueblos de tierras castellanas y andaluzas se encuentran cuadros al óleo con esta representación de la Virgen de la Soledad, sin olvidarnos de museos diocesanos y colecciones particulares. De hecho, muchas de estas pinturas o vera efigies, que oscilan entre los siglos XVII y XVIII, alcanzan cifras considerables en reputadas galerías de arte y en subastas de antigüedades.

Fuera de nuestro país existen numerosas representaciones de la Soledad de la Victoria situadas principalmente en iglesias y museos, destacando entre otras: la Virgen de la Soledad de la Iglesia de San Francisco, en la ciudad de Caracas (Venezuela); o la preciosa imagen de la Soledad de Amberes (Bélgica), atribuida al escultor flamenco —de estilo barroco— Petrus Verbrugghen. También ha quedado para la posteridad un cuadro de la Soledad de la Victoria sobre las andas procesionales del pintor puertorriqueño José Campeche Jordán (1752-1809), uno de los máximos exponentes del rococó en América. Asimismo, en Sudamérica las representaciones pictóricas a la Soledad de la denominada escuela cuzqueña, de clara influencia colonial española, son abundantes. Y al otro lado del mundo, en Filipinas, existe una importante devoción a Nuestra Señora de Porta Vaga (llamada la “Luz de Filipinas”); se trata de un cuadro de la Virgen de la Soledad, que arrodillada con su vestimenta blanca y negra tan propia se encuentra orante en la Pasión de su hijo.

Hace unos pocos años tuvimos la noticia de un lienzo del pintor madrileño Javier Cámara Sánchez-Seco —obra encargada para un monasterio— que representa, precisamente, a la desaparecida Virgen de la Soledad de la Victoria de Gaspar Becerra, con un resultado ciertamente extraordinario.

Como vemos, ha permanecido la divina influencia de esta santa imagen, tanto en su iconografía como en los prodigios realizados, que hoy día sigue conmoviendo el corazón de sus numerosos devotos.

por J.J. Santana

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Enlaces de interés:

Representaciones de la Virgen de la Soledad de La Victoria

De la Soledad de la Victoria a la Soledad de la Paloma (pdf)

Citas bibliográficas

[1]. Los Teatros Madrileños y la Cofradía de la Soledad, Bernardo J. García.

[2]. A la Venerabilísima imagen de N. S. de la Soledad en la célebre translación a su suntuosa capilla, con un epítome de su sagrada historia. (1664).

Nuestra Señora de la Soledad de la Portería, leyenda dorada

Mas, entre tantas Imágenes de Soledad existentes en las Islas, resalta y tiene encanto especial la del Convento de San Francisco de Las Palmas, conocida con el nombre de Virgen de la Portería.

El origen de esta Imagen lo encontramos también arropado con una leyenda delicada, que, de padres a hijos y de boca en boca, ha llegado hasta nosotros.

Cuentan, que, allá por los años de la conquista de Gran Canaria, se paseaba, por el puerto de la ciudad de Cádiz, una señora enlutada, con una pena profunda en su alma resignada. Buscaba embarcación para la isla recién conquistada, porque quería hacer llegar a los Padres Franciscanos de la misma un encargo misterioso.

Ella, con rostro suplicante, se dirige al capitán de unas de las naves, que estaban prontas a zarpar. Mas el patrón, lleno de altivez y sin hacer caso a la petición de la señora, suelta las amarras de su barco y se hace a la mar. Y comienza a navegar rumbo hacia el sur. Pero de pronto, Y de un modo inesperado, le sorprende una tormenta y se ve obligado a volver al puerto, de donde había salido.

Por segunda y muchas veces más vuelve a hacerse a la mar, y otras tantas tiene que refugiarse, porque nuevas tormentas le obligan a ello.

La señora enlutada insiste en su petición; y el marino, ya sin la altivez de antes, acepta en su nave el embalaje. Recibirlo y cesar los obstáculos a la navegación, todo fue uno.

A los pocos días el marino, – tranquilo, como el mar, arriba al puerto de las Isletas con toda felicidad. A toda prisa se encamina al Real de Las Palmas y entrega su encargo al Convento de San Francisco.

En presencia del Guardián, Discretos del Convento y de los hombres de la mar, se abre el baúl del misterio. Y ¡oh sorpresa!, aparece, ante las miradas de todos, una Imagen de María; y comprueban con sus propios ojos, como ella tiene la misma cara, los mismos vestidos de luto, y hasta la misma pena de aquella señora enlutada, que días atrás se paseara por el puerto de Cádiz.

¡Era la Virgen de la Soledad, o de la Portería, del Convento de San Francisco de las Palmas!

Veracazorla. B.O. Diócesis de Canarias, 1981

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Soneto a la Virgen de la Soledad

Pasas muda, florosa y enlutada;
y al ver esa piedad con que me miras
sé que ruegas por mí y por mí suspiras;
por mí, que soy ceniza, polvo, nada.

Dame tu llanto lágrima sagrada,
para salvarme del mundo y sus mentiras.
Yo, pecador, hallo en la fe que inspiras
un consuelo a mi alma atormentada.

El Dolor es contigo, y me arrepiento
de ser causa de él, por tener parte,
pues soy hombre y culpable en el delito
de alzar la cruz, y en mi interior la siento.
Mas su signo se trueca en mí baluarte
y tu dolor está en mi cruz inscrito.

                          Luis Benítez Inglott

Nuestra Señora de la Soledad del Fuego (Baterno, Badajoz)

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El 20 de agosto se festeja en la localidad pacense de Baterno la fiesta en honor a Nuestra Señora del Fuego, una representación de la Virgen en lienzo y que fue coronada canónicamente por el arzobispo Marcelo González Martín.

 NUESTRA SEÑORA DEL FUEGO

Esta Santa Imagen se llama del Fuego, aunque es de la Soledad, porque en el año del 1672, a 20 de agosto, día del glorioso San Bernardo, en que se quemó la panadería de la Plaza Mayor de Madrid, hallándose un pobre hombre en uno de los cuartos más altos de la casa en que moraba, sin poderse escapar del incendio, encomendándose a esta Santa Imagen y abrazándose con ella, se arrojó de la dicha altura en que estaba a la Plaza, donde también había grande fuego, y cayendo en ella sin hacerse daño alguno se escapó de las llamas, dejándose en ellas la dicha Santa Imagen hasta que una pobre mujer, que reparó en el caso, la sacó, hallándole abrasado todo el lienzo y pintura por todas partes, excepto el rostro, pecho, manos de dicha Santa Imagen, y unas tres tiras del mismo lienzo. Se la llevó la dicha mujer a su casa, y habiendo muerto ésta se la llevó una vecina, a quien la dejó; y hecho almoneda de los bienes de ésta por no haber quien diese nada por le dicha imagen, se la llevó uno de los albaceas a su casa, y sucediendo lo mismo en la muerte de este albacea, se la llevó a su casa otro. Y habiéndola hallado en casa de este último albacea, el referido padre Fray Joseph de San Juan en la forma expresada, el año 1695, informado de todo lo dicho, y de otras cosas, que se dejan por brevedad, se la pidió al sobredicho albacea, con deseo de colocarla donde estuviese con veneración, ya que tanto tiempo había estado despreciada, creyendo que aquel prodigio de haber Dios reservado del fuego el rostro, pecho y manos de dicha Santa Imagen, era para manifestar en ella sus misericordias con sus devotos, y el haber reservado aquellas tres listas del mismo lienzo, que la mantenía en su propio lugar, era para darnos a entender, quería que la mantenían con veneración.

Y ambas cosas se han experimentado, porque lo primero: que es colocarla con veneración, ya se ha ejecutado, pues a fuerza de prodigios se le ha fabricado una hermosísima capilla ochavada, de treinta pies de hueco, con su sastrería detrás y pórtico delante, su media naranja, retablo y preciosas pinturas, todo poco para quien tanto merece; y mucho, por haber pendido del sobredicho religioso, haciendo la Madre de Dios cobrarles las cantidades, que por incobrables le han cedido algunos devotos.
Y lo segundo, de manifestarse el Señor en esta Santa Imagen misericordioso, no menos se ha experimentado, porque primeramente, habiendo traído la dicha Santa Imagen al convento real de San Gil de Madrid, donde el dicho religioso es morador y habiéndola lavado en el estanque de la huerta de dicho convento con un estropajo y ceniza por cerner el Siervo de Dios E. Joseph de Canalejas (que fue quien le puso el nombre de Nuestra Señora del Fuego) subió a la enfermería de dicho convento con ella el dicho religioso, y entrando en la celda de otro religioso grave, que estaba desahuciado, le dijo que le llevaba aquella Santa Imagen para que se encomendase a ella, porque esperaba que había de ser milagrosa, y deseaba que fuese con él la primera misericordia; rezaron allí los circunstantes una salva, y a la noche ya estaba fuera de peligro el enfermo, y en breve convaleció y estuvo bueno.

CLAVES-COMENTARIO: Libro de Ntra Sra del Fuego (Baterno). Badajoz, 1986. Edita: Parroquia de San Andrés.
Diccionario Enciclopédico P&J. Tomos: II, III, IV, VI y VIII.
MARTOS NÚÑEZ, E. Albúm de cuentos y leyendas de Extremadura. Grupo Alborán.

Fuente: alcazaba.unex.es (biblioteca Siberia)