A la Soledad (en su tránsito de la noche del Viernes)

A la Soledad (en su tránsito de la noche del Viernes)

Déjame ser el pañuelo
en tu mano de azucena
para enjugar tu llanto.

Y ser la cera encendida
en esta noche tremenda
de soledad, alumbrando
el silencio de las sombras
y el silencio de tus pasos.

Déjame ser el incienso
para perfumar el aire.
Y amapola. Y rosa. Y nardo.

Y déjame ser el viento.
Y torrente. Y lluvia. Y trueno.
Y convertirme en tormenta
rugiente, por tu calvario,

Y de tus pies la sandalia.
Y déjame ser el árbol,
que dé sombra a tu camino
y a tu caminar descanso.

Déjame ser en tu herido
corazón, consuelo,
haciendo mío tu dolor
y ese reposado llanto…

                      José Rodríguez Batllori. Abril de 1982.

Imagen: Nuestra Señora de la Soledad de la Portería. Iglesia de San Francisco de Asís, Las Palmas de G.C. (Foto: José Ubay)

Cantos sencillos de invocación a la Virgen de la Portería

Soledad de la Portería

I

Vivo en el viejo sueño de tu huerta
con la oración del fraile bien plantada,
y la nervuda mano que a la puerta
llamaba del Convento en la alborada.
Vivo en tu cara a mi ternura abierta
el milagro auroral de tu arribada;
Capitán cuya nave nos despierta
en un sueño de Virgen Enlutada.
Vivo el mágico viaje, vivo la tormenta,
con una dama a bordo misteriosa,
suspiro oculto que el periplo alienta,
bajel de gloria recto a su destino,
vivo el instante aquel, vivo el divino
decir “es Ella esta mujer hermosa”…
¡Y el caer de rodillas del marino!

II

Guardiana Virgen de la Portería
que el puerto celas, mar nuestro camino,
en tu ribera aguardo, madre mía,
de ochenta largos viajes peregrino.
Sangre longeva en fuente de aquel día,
bebida eterna de Castilla al sino,
cuando el Real la Reina recibía
que en rostro y manto de Isabel nos vino.
Madre de Dios tu eras la Enviada,
vela tu manto y brisa de partida,
vida de nuevos mundos tu llegada;
volaba Gran Canaria dando vida,
vuelo en la anchura azul de tu mirada
vuelo en tu suave lágrima encendida,
vuelo del alma en Cristo derramada;
¡hoy tu corona a nuestra paz ceñida
tiene a tus pies la Historia arrodillada!

III

Eres como un perfume de la infancia,
de rosas de los Viernes de Dolores,
para siempre en el alma la fragancia
cuando a tus pies dejábamos las flores.
Terciopelos de luto tu prestancia,
lloraban tu dolor nuestros mayores,
y era de dulcedumbres la abundancia
de madre a madre el círculo de amores.
Azahar de José, novia intocada,
con ansiedad aprendimos la balada
el alba de Belén, tu sufrimiento,
Madre sublime ante la Cruz postrada;
una Reina soñó con tu Embajada
mañanita de asombro en el Convento;
Azahar de José, novia intocada,
que eres paz, salvación, arrobamiento,
¡nuestra infancia de Viernes perfumada,
nuestro perdón del último momento!…

                                Luis Doreste Silva

Nuestra Señora de la Soledad de la Portería (Las Palmas de Gran Canaria)

Procesión de “El Retiro”, a la Virgen de la Soledad de la Portería

Nuestra Señora de la Soledad de la Portería

No sé decirte en verdad
lo que venero y admiro,
tu procesión “del Retiro”,
Madre de la Soledad.

Procesión de El Retiro

En la noche solemne y silenciosa
como sumida en religioso anhelo,
el clarinete con gemir de duelo
dice en el aire su canción llorosa.

Se ve avanzar la imagen milagrosa,
prendida en las manitas el pañuelo,
y del manto de rico terciopelo
envuelta en la negrura suntuosa.

Bajo el palio magnífico y severo
destaca el porte señoril y austero,
y parece más triste en su tristeza
al vaivén de los cirios la Señora:
¡Esta es la noche en que la Virgen llora…
y esta es la noche en que Las Palmas reza!

                            Ignacia de Lara Henríquez

A la Santísima Virgen de la Soledad de la Portería

A Nuestra Señora de la Soledad de la Portería

 A la Santísima Virgen de la Soledad

Eres rosa de pálida blancura
Marfileña…sumida en el quebranto
De un pesar que te hiere tanto y tanto
Cual mar tempestuoso de amargura…
¡Virgen Santa! Tu celestial figura
en la tarde sin par del Viernes Santo
se lleva entre los pliegues de tu manto
la compasión de toda criatura.
¡Hay un dolor inmenso en tu mirada…
¡Tan hondo es ese abismo…cual ferviente
es el amor de tu alma torturada!
¡Y llevas en tus labios dibujada
el ansia de besar aquella frente,
con crueles espinas traspasada!
María del Carmen Barber (Semana Santa de 1964)

≈ ≈≈

Noche de Viernes Santo

La ciudad se agrupa en torno a su Virgen y la acompaña en la noche de su pena.
Las sombras de las calles se van iluminando al paso tembloroso de la imagen.
En el cielo se encienden otras luces, y entre cielo y tierra la brisa del mar trae por encima de
las blancas azoteas el rodar de las olas.
Las puertas del templo, cuajadas de luz, se abren como ofreciéndole el único puerto seguro para
su congoja.
La Virgen se detiene.
Es la última vez que aguardará inútilmente a su Hijo antes de recogerse.
               Claudio de la Torre, a Nuestra Señora de la Soledad de la Portería.

A Nuestra Señora de la Soledad de la Portería

Soledad de la Portería

A Nuestra Señora de la Soledad de la Portería

QUE cuajado dolor va por tus ojos,
por tu frente, por tu rostro, todo adolorido,
Madre de soledades, que has venido
a llorar por el Hijo Omnipotente.

Porque parte soy de esa simiente,
mírame el corazón; cómo me aflijo
por tan amarga fuente abrir al Hijo
de tu amor y mi amor, de penitente.

Perdón por esas sales de tu llanto.
Perdón por producirte tal quebranto.
Por ser parte, en tu pena y en su muerte:
ya que de una cruz su amor pendiendo,

irá en cuantos siglos queden, sean,
a estos sus pobres hijos redimiendo.
A estos también tus hijos: que El te diera
en una triste y trascendente hora…

(En hora sin igual: postrera hora,
en la que manó sangre -de ti, llanto-;
en la que enlutando el aire su agonía,
inútil fue la lanza a su quebranto…)

Qué crecidas, qué enormes soledades
las tuyas; cómo las siento yo y tus bondades,
Madre de todos los que la han perdido.
Que si el corazón me siento derrumbado,

me siento derrumbado y sin sentido
porque su amor me fuera ya amputado;
fundido veo en tu rostro, si te miro,
refugio del amor desamparado…

Virgen la toda herida, si puñales;
perdone tu piedad tantos rigores;
los que sufriste e inconscientes, dimos.
Perdón por cuantos dolores te inferimos,
Madre de las más solas soledades…

                           Chona Madera

  ∼

Nuestra Señora de la Soledad de la Portería (Las Palmas de Gran Canaria)

Corona de los Siete Dolores de Nuestra Señora de la Soledad de la Portería

Soledad de la Portería

Corona de los Siete Dolores de Nuestra Señora de la Soledad de la Portería

Primer Dolor

La Profecía de Simeón

Madre de la Soledad, ayúdanos a tener en cuenta el dolor de todas las madres de mundo que contemplan para sus hijos un futuro incierto por la guerra o la injusticia, el hambre o la miseria, el chabolismo o la violencia doméstica.

Padrenuestro, siete avemarías, y un gloria

Segundo Dolor

La huida a Egipto

Madre, que conociste el desgarrón de abandonar tu tierra para poner a salvo tu vida y la de tu Hijo. Ayúdanos a prestar todo nuestro apoyo a los refugiados, a los inmigrantes forzosos, y a los desplazados por cualquier tipo de injusticia.

Padrenuestro, siete avemarías, y un gloria

Tercer Dolor

El niño perdido y hallado en el templo

Madre Dolorosa, te rogamos por todas las familias, y te pedimos que todos nosotros seamos desinteresados y pacientes en la construcción de la fraternidad familiar. Concédenos ser en el seno de nuestras familias fuente de unidad y de amor, teniendo como modelo a tu familia de Nazaret.

Padrenuestro, siete avemarías, y un gloria

Cuarto Dolor

María en la Vía Dolorosa

Santa María, Señora de la Dignidad, tú eres la cumbre de la grandeza y dignidad femeninas. Te pedimos por todas las mujeres del mundo, para que nos ayudes a valorarlas en toda su dignidad humana, por la construcción siempre incompleta de la gran hermandad universal que es la Iglesia.

Padrenuestro, siete avemarías, y un gloria

Quinto Dolor

La crucifixión de Jesús

María, Virgen Madre en el Dolor, tu estabas allí como Madre y como figura de la humanidad nueva, solidaria con los que caen más bajo. Concédenos descubrir las cruces de nuestra sociedad y mostrarnos como hermanos sinceros, sin hipocresía, de todos los que participan de la Cruz de Cristo.

Padrenuestro, siete avemarías, y un gloria

Sexto Dolor

El descendimiento

María, Madre angustiada con el hijo muerto en los brazos, ayúdanos a vivir el amor incluso dentro del dolor. Te imploramos que siguiendo tu ejemplo, sepamos acompañar a los demás en sus propias soledades.

Padrenuestro, siete avemarías, y un gloria

Séptimo Dolor

La sepultura de Jesús

¡Virgen de la Soledad de la Portería! Te pedimos por todos tus hijos cofrades y devotos, por todos los que nos han precedido en la fe y devoción a ti, nuestra celestial portera. Haz Señora, que al deshacerse nuestra morada terrenal, adquiramos un lugar en la mansión eterna de la Gloria.

Padrenuestro, siete avemarías, y un gloria

Oración a la Virgen de la Soledad de la Portería

¡Virgen de la Soledad! Que quisiste de un modo admirable hacer objeto de tus predilecciones a esta ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, colmándola de tus bondades desde la portería del humilde convento de San Francisco de Asís en donde fue colocada tu imagen: haz Señora que todos los que te invoquen encuentren en ti y en la comunidad cristiana consuelo y ayuda en las tristezas y penalidades de esta vida; y al salir de este destierro, te encontremos en los umbrales de la eternidad, para que junto a Jesús, tu Hijo y Señor nuestro, seas para todos, verdadera Puerta Celestial. Amén.

≈ ≈ ≈

Nuestra Señora de la Soledad de la Portería 1

Nuestra Señora de la Soledad de la Portería (Las Palmas de Gran Canaria)

Nuestra Señora de la Soledad de la Portería (Las Palmas de Gran Canaria)

Iglesia de San Francisco

Madre de soledades que has venido
a llorar por el Hijo omnipotente…
Perdón por esas sales de tu llanto.
Perdón por producirte tal quebranto.
Por ser parte, en tu pena y en su muerte,
ya que de una cruz su amor pendiendo
irá en cuantos siglos queden, sean,
a estos sus pobres hijos redimiendo…

                                           Chona Madera

“Junto a la Cruz de Jesús, estaba María, su madre”: Ya la podemos llamar Santísima Virgen de la Soledad, pues la Madre de Dios, a la muerte de su Hijo del alma, quedó en la soledad de su portería cual Calvario. Una soledad colmada de amor y esperanza…La hermosa imagen de Nuestra Señora de la Soledad de la Portería se encuentra en su propio santuario -que converge en un retablo neoclásico diseñado por Luján Pérez- de la iglesia de San Francisco de Asís, en Las Palmas de Gran Canaria, al lado mismo de la Alameda de Colón y muy cerca de la conocida zona de Triana. La misma llegó a la isla de Gran Canaria, ya entrado el siglo XVI. Su nombre proviene por haber estado en la portería del antiguo convento de San Francisco -el primero que se fundó en la ciudad (1483)-. Una versión probable es que llegó en un velero, en una gran caja confiada por una misteriosa dama al convento. La enorme caja permaneció en la soledad de la portería del convento hasta una vez realizada las indagaciones pertinentes sobre quién la había enviado. Una vez abierta, la imagen que allí venía era fiel a la de la misma misteriosa señora que la había entregado en el puerto de origen. De entre las distintas leyendas, con distintos matices pero con final idéntico, hemos escogido esta de Domingo José Navarro:

Un día, en el puerto de Sevilla, junto a la Torre del Oro, se disponía a partir para las islas de Canaria una carabela. A la orilla del Guadalquivir acudió una señora vistiendo el negro manto de las viudas nobles y rogó al capitán de la nao que le llevase al guardián del convento de San Francisco de Canaria una pesada caja. Negóse el capitán por tener demasiada carga en su navío y partió, pero a los tres días regresó a Sevilla obligado por furioso temporal, encontrando de nuevo a la misteriosa señora que volvió a rogarle que llevase a Canaria su encargo. Negóse otra vez el patrón y otra vez nuevo temporal le hizo retroceder a Sevilla volviendo a hallar a la señora que insistió en sus súplicas. Cedió al fin el capitán y partió la carabela, encontrando entonces un tiempo favorable que en pocos días la llevó al puerto de las Isletas. Intrigado el marino con el encargo que la enlutada señora le hiciera con tan extraña insistencia, quiso saber lo que la caja contenía y él mismo fue portador de ella pidiéndole al Guardián del convento que la abriese é su presencia. Cual no sería su sorpresa al ver que la imagen que allí venía era la de la misma misteriosa señora que se le apareció en Sevilla...(Domingo J. Navarro, “Memorias de un noventón”).

El escultor que la esculpió copió las facciones de Isabel I, “la Católica” – fundadora y patrona del convento, y quien probablemente donó la efigie de Nuestra Señora al propio convento-, copiando las líneas del rostro y sus ojos verdes. Persiste entre los grancanarios, aún con emoción, la leyenda sobre la llegada de la imagen a la Portería del Convento franciscano de Las Palmas de G.C; portería de la que toma nombre esta entrañable advocación mariana canaria, y cómo el rostro e indumentaria de la Virgen de la Soledad es un fiel retrato de la reina Isabel I de Castilla (“Una vez abierta la caja, ahí dentro estaba la magnifica imagen –que según contó el capitán del buque- correspondía a la señora que le había entregado la imagen”)

Si su rostro es o no el vivo retrato de la reina será siempre un tema a discutir, como todas las leyendas. Por lo demás, su expresión enigmática seguirá intrigándonos por los siglos de los siglos, iluminada por esa sonrisa que florece en sus labios el Sábado de Gloria al oír repicar de las campanas que anuncian al mundo la Resurrección del Hijo amado.

Claudio de la Torre, en “El escritor y su isla”

Verdad o leyenda, lo único cierto es que el bello rostro de nuestra virgen inspira bondad y mucha ternura; sus lágrimas, las que sólo puede derramar una madre por un hijo, caen puras y celestiales bendiciéndonos. A su vez, la fuerza en su mirada pura y virginal nos vislumbra una vida de momentos dolorosos, pero también de esperanza…y siempre, siempre, una vida llena de hermosura.

Nuestra Señora de la Soledad de la Portería

Ella es del mendigo amparo, del náufrago esperanza, consuelo del triste, refugio de pecadores, del conturbado paz

Una imagen de arraigada devoción apoyada en su aparición: Nuestra Señora de la Portería, cuya advocación proviene porque también en tiempos pretéritos estaba expuesta -en aquel humilde rinconcito- a la veneración principalmente de las gentes más pobres y humildes. Estos fueron, junto a los marineros, los primeros devotos, acaso esperando las horas en que los legos salían a repartir el sobrante del refectorio. Con el tiempo, y por la fama de sus milagros, la devoción se extendió a otras clases de la población, que acudía a visitarla buscando alivio, paz y esperanza en las plegarias y a cumplir con las promesas que ella, como Madre de Dios y administradora de las gracias celestiales, concede en el socorro a los hombres y mujeres de bien. Tanto fervor despertaba, que hubo una época en la que muchos de sus devotos al fallecer eran pasados por el manto de la Virgen. Uno de los más conocidos devotos de la Virgen de la Portería fue el gran apóstol español San Antonio María Claret.

Coronación canónica de Nuestra Señora de la Soledad

Y mira el rutilar de tu diadema
En donde brilla la encendida gema.
Del corazón de la ciudad canaria…

Por la regia corona que Las Palmas
Cinceló con el oro de sus almas
Para hacerte su Reina dolorida.

                                 Ignacio Quintana Marrero

Y así, en el transcurso del tiempo y de los piadosos sentimientos, llega un gran día para Las Palmas de Gran Canaria, de emocionante recuerdo y constituyendo una efemérides histórica para la ciudad. Nuestra madre celestial es coronada canónicamente el 19 de marzo de 1964, en virtud de la bula por la cual S.S. Juan XXIII otorgaba la coronación a la Virgen de la Soledad ( “…y en atención a la mucha devoción que le profesa la ciudad”). Monseñor Pildain diría en el acto solemne de la coronación canónica: “Así como por nuestras manos eres coronada en la Tierra, del mismo modo merezcamos ser nosotros coronados por tu hijo Jesucristo de gloria y honor en los cielos”. Y en ese preciso momento impuso la corona de oro y pedrería a la Virgen de la Portería, que se encontraba en su trono de plata primorosamente adornado. Una coronación que marcaba un hito luminoso en la vida de la ciudad. Asimismo, desde ese glorioso día, la Virgen de la Soledad de la Portería es patrona de la corporación del Cabildo de Gran Canaria.

Nuestra Señora de la Soledad de la Portería

Virgen de la Ciudad, madre del llanto,
Arrebujada en luto y desconsuelo
Y en las manos la nieve del pañuelo,
Seguimos tu camino el Viernes Santo.

Junto a tu soledad, junto a tu manto,
Que cobija el dolor de nuestro anhelo,
Va la ciudad llorando su desvelo,
Va la ciudad vertida en tu quebranto.

Cada viernes santo, desde la Parroquia de San Francisco de Asís, sale la fervorosa Procesión del Retiro y Silencio de Nuestra Señora de la Soledad de la Portería, en su magnifico trono, llorando la muerte de su Hijo y acompañada en el más profundo silencio, en una imponente manifestación de piedad popular y fe cristiana íntimamente ligadas. Iluminada la imagen tan sólo por la luz de las velas que adornan profusamente su trono, la Virgen de la Soledad, ataviada de riguroso y aterciopelado luto, recorre las estrechas y solitarias calles de los alrededores del templo. Como única compañía, sus devotos seguidores, quienes se aferran piadosamente a su trono para caminar a su paso. Un sentimiento devocional y religioso plasmado, como preciado tesoro, en hermosas palabras:

En la noche solemne y silenciosa como sumida en silencioso anhelo,…Se ve avanzar la imagen milagrosa, prendida en las manitas el pañuelo, y del manto rico terciopelo envuelta en la negrura suntuosa. ¡Esta es la noche en que la Virgen llora…y esta es la noche en que Las Palmas reza! (Ignacia de Lara. De su poesía “A la Procesión de El Retiro”)

Soledad de la Portería

Virgen de la Portería: interminable en milagros y llena de gracia, Señora y Madre celestial de Las Palmas de G.C.

¿Virgen de Soledad, dice la gente,

Y estás siempre de amor acompañada?

Si es que Las Palmas siente, enamorada,

Que es de ti soledad estar ausente!

Juntos en soledad estás presente

Siendo luz invisible y voz callada

Que alumbra y grita, si la sombra errada

En soledad nos turba carne y frente.

Nuestra ciudad mariana y grancanaria,

En soledad contigo, solitaria

No está de tu materna compañía.

Juntos en soledad, reza y espera

Que seas de otra Puerta compañera,

Nuestra Señora de la Portería.

Ignacio Quintana Marrero (Sonetos de la Coronación Pontificia de Nuestra Señora de la Soledad de la Portería).

La Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad se funda en 1587 mediante bula pontificia del Papa Sixto V, para darle culto a la devotísima imagen de Nuestra Señora de la Soledad. En la iglesia de San Francisco tiene su sede canónica. En 1988, la cofradía pasó a ser reconocida como Archicofradía, asumiendo el título concedido por el Papa Pío IX, donde la reconoce como la cofradía mariana de Pasión más antigua del Archipiélago Canario. La Archicofradía de Nuestra Señora de la Soledad ostenta el título de Pontificia por los privilegios que le fueron concedidos por el Papa Pío IX, en 1857; y el de Real, por haber aceptado la reina Isabel II, en 1858, el cargo de hermana mayor. Posteriormente, en el año 1985, la Reina Doña Sofía de Grecia aceptó ser la Camarera Mayor de la Santísima Virgen con lo que se recuperaba la vinculación con la Casa Real desde la Reina Isabel de Castilla. Cabe destacar, además, que fue la primera Imagen de la Santísima Virgen María en ir bajo palio en el Archipiélago Canario.

Nuestra Señora de la Soledad de la Portería 1

Oración a la Virgen de la Soledad de la Portería

¡Virgen de la Soledad! Que quisiste de un modo admirable hacer objeto de tus predilecciones a esta ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, colmándola de tus bondades desde la portería del humilde convento de San Francisco de Asís en donde fue colocada tu imagen: haz Señora que todos los que te invoquen encuentren en ti y en la comunidad cristiana consuelo y ayuda en las tristezas y penalidades de esta vida; y al salir de este destierro, te encontremos en los umbrales de la eternidad, para que junto a Jesús, tu Hijo y Señor nuestro, seas para todos, verdadera Puerta Celestial. Amén.

Obispo Pildain y Zapiain

Estampas antiguas de la Virgen de la Portería

≈ ≈ ≈

Enlaces recomendados:

Sitio Oficial de la Pontificia y Real Archicofradía de Nuestra Señora de la Soledad de la Portería

Nuestra Señora de la Soledad de la Portería

Regocíjate, Madre de la Portería, por el amor de tus hijos. Protégenos bajo el manto de tu cariño y misericordia. Virgen de la Soledad, Virgen de la Portería, Ruega por nosotros.

Con devoción, fraymartindeporres.wordpress.com