¡Todo el año es Navidad!

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¡Todo el año es Navidad!
-Debe serlo y serlo en vena
de hacer toda vida plena
en vena de eternidad-.

Pues el hacerse Bondad
ciñendo ternura ajena
desmayó Dios en la pena
de toda la humanidad.

¡Hora de Dios!, que ya mora
en el heno del tamaño
de nuestra sed pecadora.

Que al nacer a nuestro engaño
-Clavel caído a la Aurora-,
Navidad… ¡Es todo el año!

                                            P. José Cabrera Vélez, “Cinco Villancicos y un Canto”.

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Día de Navidad: Navidad es presencia

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1.-«Hermanos, Dios ha nacido —sobre un pesebre. Aleluya.— Hermanos, cantad conmigo.— «Gloria a Dios en las alturas». Así, de sencillo y profundo. Así, cantan los nuevos himnos, sacados de la literatura española, en la Liturgia de las Horas. ¡Estamos en Navidad!
«Hermanos, cantad conmigo». Porque Navidad es el misterio de una Presencia, que lo llena todo. La Eternidad se ha metido en el tiempo; la Trascendencia se ha hecho condescendencia; la Omnipotencia, sencillez de niño.
La Navidad es Dios con nosotros y para nosotros. Es la salvación que recibimos, el gozo que sentimos, la verdad que vivimos. Navidad es Dios con nosotros y nosotros con nuestro hermano. Navidad no es una palabra o un recuerdo. Navidad es un acontecimiento hoy, entre nosotros.
Y siguen los himnos: «No la debemos dormir —la nochesanta—, no la debemos dormir». Porque en Navidad, Belén se hace camino: encuentro entre Dios y los hombres, con aires de urgencia. Es imposible la quietud y el reposo, sí se oye de verdad el mensaje de este día.
Caminan los pastores, porque tienen la salvación. Y camina la humanidad porque la liberación ha llegado a ella. Belén es el paso de los dones de Dios hasta la donación de Dios mismo. ¡Ya el hombre no está solo: Dios le acompaña en todo lo humano, en todo quehacer! Dios entra en la historia de noche, como de puntillas. Para amanecer con el hombre, caminando a su lado.

2.- Pero que no nos engañen los himnos. Porque Dios hace cosas grandes con realidades sencillas. Y podemos creer que todo está hecho porque los ángeles cantaron la paz en esta noche santa. Todo es sencillo en Belén. Hay ternura humana y canción con ritmo de villancico. Un pesebre, un Niño, María que sonríe, José que acaricia, pastores que buscan, ángeles que cantan. Todo es sencillo. Todo… menos el mensaje.
Porque podemos quedarnos en lo externo, en la sencillez. Y Dios, en Belén llama. Llama al hombre a su gracia, a su amistad. Y el hombre tiene que responder saliendo al encuentro de Cristo. Nos ha nacido un Salvador. Pero es una salvación que se nos ofrece. Y que puede quedar en pura oferta si el hombre no se arriesga a buscarla. Hoy se nos habla de amor. Pero de amor compartido que necesita el compromiso del hombre.
Y sigue el himno: «Más no nace solamente —en Belén— nace donde hay un caliente —corazón—. Nace en mí, nace en cualquiera, —sí hay amor— nace donde hay verdadera —comprensión—». Y sólo entonces termina el himno: «¡Qué gran gozo y alegría— tiene Dios!».

3.- Si. El gozo y la alegría de Dios compartida en Belén. Que el pesebre es «misión», «escalofrío», como repite otro himno, el del Oficio de Lectura: «Poner paz en tanta guerra, —calor donde hay tanto frío— ser de todos que es mío, —plantar un cielo en la tierra—. ¡Qué misión de escalofrío— la que Dios nos confió! —¡Quién lo hiciera y fuera yo!». ¡Quién lo hiciera y fuera yo! Navidad es Presencia, impulso. O no es nada.

* * *

¿Recordáis el bello párrafo de Papini? Dice, más o menos, así. La nieve que borra los caminos no es igual al yeso que esparcimos sobre nuestros diminutos belenes. Es nieve verdadera que hace temblar. Tampoco los ríos son de platina. Ni los pastores de barro cocido. Todo es humano, terriblemente humano en Belén. Hasta el Niño, que se nos ha dado, es hombre. Con sus miserias y sus debilidades. Con su cansera y su sed. Todo humano, menos en el pecado.
Y si hoy recordamos el Nacimiento, y seguimos poniendo tiestos de flores, pastores de yeso, ríos de espejos, puentes de corcho… Y nos quedamos ahí, Belén será un cuento para niños y un negocio para comerciantes.
Belén es Dios que se hace hombre, para decirnos a los hombres que lo somos. Belén es Dios que se encama, para que todos nos encarnemos en la vida cotidiana. Belén es amor, para que no nos olvidemos de que detrás de cada hombre es Dios mismo el que late. Todo lo demás: yeso, barro cocido, platina…
Jesús es la Palabra de Dios hecha Carne, de nuestra misma especie. Para decimos la verdad Para hacer que vivamos todos la Verdad. Jesús se hace hombre. Pone su tienda junto a la última que hemos puesto los hombres. Dios no huye del mundo —con todas sus estructuras, todas sus falsedades, todas sus trapisondas—. Viene a vivir en el mundo, para que nosotros huyamos del mundo. Sino que tratemos de cambiarlo en más humano, en más divino, si se quiere. Como lo hizo El. Que Cristo «pasó» por el mundo. Pero interesándose por todo lo que «mundo» significa.
Porque Cristo se encarnó en las entrañas de la Virgen. Y nació una noche en Belén. Y se puso a vivir con los hombres, para los hombres.
Jesús nacido es el hecho concretísimo al que debemos conformarnos si queremos ser sus discípulos. La fe no puede ser sólo la aceptación de unas verdades. Sino de la Verdad misma, de Jesús.
Por la fe entramos en comunicación con El, nos incorporamos a su persona, a su casa. Nos comprometemos a seguirla de por vida. Y hasta de por muerte, para resucitar con El.
Que eso es Navidad. Y no al corcho, la platina, el barro cocido. Vengan, en buena hora, los belenes. Y hasta el árbol de Navidad. Pero siempre que signifiquen que nos ha nacido un Niño, que Dios se ha hecho hombre para que los hombres amándonos de veras nos encaremos con El.

P. José Cabrera Vélez, 25 de diciembre de 1980. El Eco de Canarias.

Evocación de Navidad

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¡Gloria y honor al Niño de Belén,
nuestro Salvador y nuestro Dios!

Se acerca la Navidad y Dios quiere llegar a lo más profundo de nosotros: Él quiere nacer en nuestras almas. Y nosotros, sintiendo al unísono la dulce llamada del Espíritu Santo, deseamos renacer con Jesús y de hoy en adelante vivir en Él, por Él y para Él. Como dice aquel hermoso invitatorio: “Cristo nació por nosotros; venid, adorémosle”… Hagamos nuestro camino hacia Dios junto a nuestras familias y amigos, pero también con la Virgen y el bueno de Fray Martín. Que el transcurso de este recorrido sea Tiempo de amor, tiempo del perdón de las ofensas. Tiempo de paz con nosotros mismos, tiempo para nuestra esperanza: la de todos.

Un minuto con el Niño Jesús (oración)

Bendíceme, Niño Jesús y ruega por mi sin cesar. Aleja de mí, hoy y siempre el pecado. Si tropiezo, tiende tu mano hacia mi. Si cien veces caigo, cien veces levántame. Si me dejas Niño, ¿que será de mí? En los peligros del mundo asísteme. Quiero vivir y morir bajo tu manto. Quiero que mi vida te haga sonreír. Mírame con compasión, no me dejes Jesús mio. Y, al final, sal a recibirme y llévame junto a Ti. Tu bendición me acompañe hoy y siempre. Amén. Aleluya. Rezar un gloria.

nacimiento

Evocación de Navidad

La noche apaga el grito del sol y la colina.
En un raudo paréntesis se recogen los sueños.
En los ojos se aprieta la esperanza del mundo;
y en el aire se enhebran los poemas del cielo.

Tienen ecos profundos las primeras palabras.
Los hombres se despiertan a nivel de una estrella.
Si el cielo es el imperio del alma trascendida,
la tierra es el refugio donde nace la ofrenda.

La noche rueda y rueda, como una tumba viva,
sobre el nido desnudo de la flor y la rama.
La oración y el recuerdo tienen ecos lejanos,
y es profunda la huella de la orilla encontrada.

La mano es honda siembra de esperanza y destino;
línea pura tan sólo sobre el pan y la frente.
Y en todo está la noche, la infancia y la mirada,
la verdad y el latido de un Nacimiento, siempre.

                   Josefina Rodríguez Del Toro

Gloria a Dios en las alturas y en la Tierra su Amor que aúne nuestros corazones en un solo pueblo.

Con esperanza y paz, les deseamos una Feliz Navidad en Dios.

El Belén de María Rosa (Cuento de Navidad)

portal de belén

El Belén de María Rosa

Por fin María Rosa iba a convertir en realidad su más bello sueño. La Nochebuena, tan cerquita ya, tendría su Belén en su humilde hogar.

¡Qué angustia la de los años anteriores, cuando desde el fondo de su portería observaba el bajar y subir apresurado de los niños de los pisos, en alegre tropel, para contemplar mutuamente sus respectivos y costosos Nacimientos. Y cómo se acentuaba su pena cuando alguno le apuntaba irónicamente al pasar: “Enséñanos tu Belén, María Rosa. Ah, no me acordaba que eres pobre y no tienes ninguno”. Y huía presuroso como si acabase de arrojar una piedra. ¡Piedra certera, desde luego, en su sensible corazón!…

Pero este año, no. Este año no sucedería así. El Niño Jesús había oído sus ruegos y la había inspirado para que consiguiese su propósito.

Como por un milagro cristalizaron sus fervientes anhelos. En un ángulo del humilde, pero limpio y reluciente comedor, se destacaba un Belén encantador y chiquitín, pero “completito”, como decía candorosamente la niña, mientras palmeteaba entusiasmada. Con su precioso Misterio, rodeado de casitas de corcho y cartulina, palmeras de latón, riachuelos de platina y pastorcitos de barro con diversos dones y corderitos de blanco algodón.

Y todo ganado por ella, por ella sólita. En las horas libres, después de su asistencia a la escuela, María Rosa bordó afanosamente motivos sencillos para la tiendecita de modas más cercana, y mientras sus compañeras de estudio jugaban y leían “Colorines”, ella renunció a sus naturales aficiones y trabajó asiduamente, invirtiendo el importe de sus afanes en adquirir el precioso Misterio, centro principal de todos sus sueños, y luego todo lo demás, ayudada por su maestra, que enterada de la conducta de la aplicada y piadosa niña la hizo merecedora al premio metálico mensual, y además la orientó en la confección de objetos y adornos para el portalito, mientras le decía: “Es hermosísimo lo que has conseguido, nenita, haciendo entrar en tu hogar al Niño Jesús en la más feliz de las noches del año, pero el ideal sería que entrase también para siempre en el corazón de sus moradores”.

Sin comprender del todo las palabras, pero adivinándolas instintivamente, María Rosa suplicó anhelante a su Divino Niño que se cumpliese esta segunda y principal parte y… ¿cómo no había de oírla Jesús, y por tanto permitir que se cumpliese?…

Una tarde que su padre regresaba del trabajo, para marchar luego, como de costumbre, a la taberna, donde entre naipes y copas quedaba buena parte de su módico sueldo, se fijó en lo atareada de su hijita, inclinada sobre el bastidor, y al inquirir el motivo de su laboriosidad excesiva, la pequeña contestó muy seria: “¡Oh, papá! ¿Tú crees que sólo los hombres trabajan en eso que llaman horas extraordinarias? Nosotras también podemos hacerlo. Con el importe de ellas, verás qué precioso Nacimiento prepararé para Nochebuena; porque este año la tendremos en casa y tú nos acompañarás”. ¿Verdad, padre? Y, muy bajito, casi sollozando, añadió: Si no estás tú, no será “Buena” de verdad para mí”.

Como un eco lejano sonó la voz de la hijita querida en su corazón, evocando su niñez y las costumbres de la que fue su santa madre… Un repentino remordimiento sacudió todo su ser, se humedecieron los ojos de la carne y se abrieron los del espíritu. El flechazo de amor del Dios Niño había llegado. Los ruegos de María Rosa obtenían contestación.

Desde aquel momento el padre se prometió asimismo cambiar de conducta, y en adelante, las horas dedicadas a la taberna, se trocaron en horas de trabajo extra, que trajeron la paz y nuevos ingresos a su hogar.

Y este fue el mejor premio del comportamiento de la niña, concedido por su Jesusito adorado.

Llegó por fin la noche más hermosa del año, y María Rosa, luego de haber oído con sus padres la típica misa de gallo por vez primera en su vida, recibió la visita de los ricos inquilinos, que admiraban el pequeño portal, y aún más la transformación espiritual y material de aquel hogar, fruto de los afanes de la pequeña porterita, a quien colmaron de alabanzas y regalos.

Luego, solos los tres, ante las imágenes de aquellos “Otros tres” que formaron la “Familia modelo”, pasaron la más feliz noche de su vida, porque más que golosinas pascuales y alegres villancicos poseían el tesoro divino de Jesús, y el de !a hijita buena, la niña “pobre”, como la motejaban despectivamente los vecinos pudientes, más rica que ninguno, porque tenia un corazón de oro.

El alegre ruido de castañuelas y panderetas invade la casa. Cantos y risas la pueblan de sonidos, y en la iluminada portería una vocecita dulce y clara, como campanita de cristal, repica a los pies del Dios Niño:

En el portal de Belén
brotó la Rosa más bella,
y pronto vendrá del cielo,
para adorarla, una estrella.

Cuento de Josefina Tresguerras. Diciembre de 1952.

San Francisco de Asís, el arquitecto de belenes

Arquitecto de Belenes

El cielo te inspiró, divo profeta,
con su luz blanca sus celestes bienes.
Tú, Francisco de Asís, fuiste poeta
y arquitecto genial de los “belenes”.

Las lágrimas que un día derramaron
tus ojos, al leer el “Nacimiento”,
cual torrente de amor, se desbordaron
y surgió, por ensalmo, ese portento
de ternura, de fe, de misticismo,
en tu clásica Gruta belemita;
donde, por gracia del franciscanismo,
los más tiernos idilios se dan cita.

Tú, con tus manos de arrobado asceta,
modelaste los valles, los caminos,
los arroyos, los lagos cristalinos,
el nevado picacho y la meseta.

Elevaste en las cumbres imposibles
palacios de atrevida arquitectura.
La pastoril cabaña, en la espesura,
florecida en églogas sensibles.

Diste vida al rebaño trashumante,
que busca al Sol en noche misteriosa,
tras el lucero, cuya luz medrosa
anuncia al orbe el venturoso instante.

Con las ovejas, en el hato enano,
humilde, compasivo y penitente,
colocas al enorme lobo hermano,
siempre más bueno que esta mala gente.

Y en los olmos nevados y en los pinos,
alzas bandas de pájaros cantores,
que, al llenarse el “belén” de resplandores,
cual fondo musical, le den sus trinos.

No falta en tu “belén” aquella Estrella
que dio luz a los Sabios del Oriente,
siendo flecha fugaz su blanca huella,
y en los espacios, senda refulgente.

Mas donde tu piedad se hace ternura,
poeta, artista y dulce Franciscano,
es en el gran “Misterio”, que tu mano
reviste de piedad y de ventura.

Esta es tu Gruta, mínimo Francisco:
el Sol sobre unas pajas reclinado.
La Luna en plenilunio. En el aprisco
un Lucero de Dios. Manso ganado,
que adora más que el hombre a ese Dios Niño.
Medita el alma y ante el Portal se humilla,
vertiendo dulces perlas de cariño,
y doblando hasta el suelo su rodilla.

Así adoraste tú aquella noche
misteriosa, de arcángeles en vuelo;
y de un gozo infinito en el derroche,
en tus brazos alzaste al Rey del cielo.

Cantabas villancicos de alegría.
Danzabas al compás de los rabeles,
mientras el Niño en torno repartía
de sonrisas sin fin sus dulces mieles.

Desde entonces tu bella arquitectura,
con su estilo infantil, corrió el planeta.
Pende un “belén” de cada noble altura,
en versos de tu alma de poeta.

Hiciste bien, Francisco, al enseñarnos
este estilo de honrar a Jesús Niño.
Nos revelas la forma de acercarnos
y hablarle con palabras de cariño.

En tu “belén” mi mente se extasía,
pretendiendo un amor como era el tuyo…
Como balar de oveja, como arrullo
de paloma, le canta el alma mía:
“Mira, Niño chiquito; mira, encanto:
yo quiero ser cordero de tu aprisco.
Y quiero, Jesusito, amarte tanto
como te amara el mínimo Francisco”.

      A. Ureña Arroyo. Salesiano

natividad

El Belenismo: el misterio hecho arte

Imagen 1. “San Francisco y Santa Clara de Asís adorando al Niño Jesús”, de Josefa de Óbidos.

Imagen 2. “La Natividad”, de Philippe de Champaigne

Ya alborea el día (2º domingo de Adviento)

adviento

La liturgia del Adviento, tiempo de anhelante expectación, es un clamor de brazos abiertos que se alza hasta el Cielo en demanda del Redentor. Y aunque el pensamiento dominante de la liturgia es el de conmemorar la primera venida de Nuestro Señor Jesucristo al mundo; no lo hace solamente rememorando el acontecimiento histórico, sino que considera la venida del Señor como un hecho de actualidad, fecundo en gracias y bendiciones sobrenaturales.

Por esto, el Adviento es tiempo de purificarnos y de expurgar el espíritu del mundo; es decir, la disipación de la vida muelle, el pensar y obrar puramente naturales, el no enfocar hacia Dios todas nuestras intenciones, toda nuestra conducta.

Significa el Adviento un decidido apartamiento del pecado: “Ha concluido la noche. Ya alborea el día. Rompamos, pues, con toda obra de tinieblas y empuñemos las armas de la luz. Marchemos honradamente, como a plena luz del día; no en glotonerías y embriagueces, no en envidias y contiendas”.

Es el Adviento tiempo de penitencia, porque en él se espera la venida de Dios; y Dios sólo viene sobre la carne ceñida y castigada. Es inútil esperarle de otro modo. El Bautista Precursor único del Único Salvador, habló con toda claridad a su paso por las riberas del Jordán: “Preparad el camino del Señor… Haced dignos frutos de penitencia”.

Y esta misma voz que clama en el desierto, la repite la Iglesia en estos primeros días del Adviento para recordarnos cómo debemos estar dispuestos y preparados para recibir al Señor, que viene a nosotros por medio de la Gracia.

Así, pues, porque éste es el deseo y el espíritu de la Iglesia, porque es el tono que ha de ser dominante en nuestra Patria, hemos de llevar siempre una vida sobria y austera, con espíritu de penitencia y disciplina, para estar siempre dispuestos a recibir la venida del Señor, a celebrar la Navidad.

A esta norma de vida se ha de añadir la oración y el gozo exultante de la Iglesia: “¡Se acerca la Redención!” “¡Ya llega el día!” “He aquí que viene el Señor!” “¡Una Virgen concebirá!” “¡Lloved, cielos, de arriba, y que las nubes lluevan al Justo!”.

Así, conducidos por la mano de la Iglesia, es el único modo de sentir y de celebrar la alegría de la Navidad.

Revista “Guía”, diciembre de 1940

¡Feliz Natividad de Nuestro Señor Jesucristo!

Adoración de los pastores

El Señor ha querido nacer también en nuestras vidas y en nuestras almas. En todo está el latido de su Nacimiento.

Nuestro Señor no nació en el mejor palacio como acaso le correspondía; nació en un lugar humilde y pobre, un pesebre. Y nació allí porque desde el primer día nos quiso enseñar que la redención sólo se hace con sacrificio. La Navidad nos anuncia que Dios se hace hombre y se hace niño por nosotros. Y, principalmente, nos anuncia el misterio de Dios que se hace carne -tomando nuestra mortalidad-, pues ha venido para salvarnos y conducirnos por las sendas de la verdadera dicha en este mundo para ser eternamente felices en el otro.

Se ha hecho niño para que tú puedas llegar a ser hombre; ha sido envuelto en pañales para que tú puedas ser librado del lazo de la muerte. Está en el pesebre, para ponerte a ti en los altares; está en la tierra para que tú llegues a las estrellas; no ha encontrado lugar en el mesón, para que tú puedas encontrar bastantes moradas en el cielo (San Ambrosio)

Por eso, la Navidad es una llamada a la paz, a la esperanza, a la salvación. Nos enseña que debemos renunciar a lo mundano y vivir en este mundo con mucho amor, de forma justa y piadosa, aguardando el advenimiento glorioso del Salvador nuestro Jesucristo. Encontrémonos hoy llenos de gozo, pues es el día de la misericordia sobre los hombres; la misericordia está siempre presente en nuestro Señor y es copiosa su redención: ¡Sálvanos por tu nacimiento, Señor!

Oración

Dios Todo Poderoso, que derramáis hoy sobre nosotros la nueva luz de vuestro Verbo encarnado, haced que la fe de este misterio se infunda también en nuestros corazones. Señor y Dios nuestro, haced del mismo modo, te lo rogarnos, que celebrando con alegría la Natividad de N. S. Jesucristo, merezcamos, por una vida digna de El, gozar de su presencia. Así sea.

St. Joseph's Church, Boyle (Irlanda)

La noche de Natividad es para todos un recuerdo purísimo que entristece sin afligir; los sueños de la infancia se deslizan en esa velada ante nuestros ojos bajo las formas de una aurora sonrosada (Joaquín Tomeo y Benedicto).

Gloria a Dios en el cielo y Paz en la tierra a los hombres que ama el Señor…Pues con la paz también se encuentra la gloria, ¡Feliz Navidad, llena de amor y alegría!

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Natividad del Señor: La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros (pdf)

Feliz Navidad y Venturoso Año Nuevo 2015

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Os anuncio una gran alegría para todo el pueblo: Os ha nacido un salvador:El Mesías, el Señor.

Y os doy esta señal: Encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

      (Lucas 2,11)

Pasan las horas de la vida. Llega otra Navidad: Celebramos un Dios que nace niño, que se hace Hombre. Que nos invita a creer en la paz, a compartir, a perdonar, a soñar…a amar de manera sencilla y pura para que todas las personas de este mundo lleguemos a la Salvación. Es el mensaje de la Navidad para mujeres y hombres: Siempre Hijos de Dios.

Dios Todo Poderoso, que derramáis hoy sobre nosotros la nueva luz de vuestro Verbo encarnado, haced que la fe de este misterio se infunda también en nuestros corazones. Señor y Dios nuestro, haced del mismo modo, te lo rogamos, que celebrando con alegría la Natividad de N. S. Jesucristo, merezcamos, por una vida digna de El, gozar de su presencia. Así sea.

Con los mejores deseos para todos y para vuestras familias. Que la paz más profunda reine en nuestros corazones. 

Entre Fray Martín de Porres y sus devotos y amigos. Con afecto, siempre.

El Belenismo: el misterio hecho arte

Belén

En el Portal está patente la benignidad y humanidad de Dios nuestro Salvador y nuestro modelo

La escenificación del nacimiento de Cristo ha tenido a lo largo de la historia un marcado significado religioso, artístico y cultural. Reproducimos a continuación un interesante texto donde partiendo de la fe se aúnan en armoniosa síntesis tradición y arte belenístico:

Desde la Nochebuena de 1223, en la que Francisco de Asís realizó su particular pesebre, se ha perpetuado en los países de raigambre cristiana esta bella tradición de recordar, por medio de la representación plástica, el misterio de la Encarnación de Dios. El hecho de colocar en nuestros hogares, plazas y comercios a María, José y el niño Jesús constituye ya de por sí una confirmación rotunda del Nacimiento de Cristo, un suceso histórico irrefutable ocurrido en un espacio y tiempo determinado. De esta forma, la gran difusión de esta tradición en nuestra cultura ha supuesto que cualquier persona pueda realizar o simplemente colocar un Belén, distribuyendo las figuras de una u otra calidad en un escenario ideado por su imaginación o siguiendo un modelo específico.

Muchos han intentado establecer una definición a cerca del belenismo, pero se han dado cuenta de la imposibilidad de limitar en una frase una expresión cultural tan extensa y heterogénea. El belenismo carece de fronteras, no podríamos amoldarlo a unos cánones específicos, sino que se convierte en un fenómeno universal que es adaptado por las peculiaridades sociales e históricas de cada pueblo. Desde los sencillos e ingenuos belenes de la infancia hasta las complejas y elaboradas representaciones de belenes hebreos o regionales, pasando por los monumentales y vivientes… una amalgama de tipologías y estilos que se funden con el imaginario y las capacidades personales para constituir un todo.

Naturalmente, este abanico de posibilidades da lugar a diversas categorías estéticas, muchas de ellas cuestionables al alejarse del hecho artístico y fundirse con la mediocridad, asociada generalmente a los belenes populares, a pesar de que su inocente simpleza nos transmite una sensación de ternura hacia lo representado

Obviando todas estas manifestaciones, el belenismo solo alcanza su razón artística cuando pasa a convertirse en una actividad especializada donde entran en juego una serie de conocimientos de distinta índole, adquiridos por la experiencia, el aprendizaje o por la propia intuición. Y es que el belenismo podría asociarse a lo que los pensadores románticos alemanes llamaban Gesamtkunstwerk, la obra de arte total, la fusión de una serie de materias que convierten al artesano belenista en un erudito de la forma y el espacio. Se vale de las escuadras, cartabones y medidas del arquitecto para crear verídicas construcciones, colocadas bajo la sapiencia del urbanista que estudia las tramas de las antiguas ciudades de Palestina, de la Nápoles del ochocientos o de las Canarias de nuestros abuelos… Aplica los colores como el mejor de los pintores, jugando con las variedades cromáticas hasta conseguir los efectos más realistas. De la escultura adopta el sentido de la tridimensionalidad para crear con la pericia de un miniaturista todo tipo de figuras, utensilios y objetos. Asimismo, el estudio de la naturaleza lo convierte en botánico para realizar con exquisita precisión cualquiera de las especies endémicas que pueblan la composición, dispuestas según los conocimientos de un verdadero paisajista. Incluso, sobrepasa los límites de lo artístico para adentrarse en otros saberes como la matemática en la que se basan los espejos de los dioramas o las nociones de electricidad requeridas para dotar a la obra de una veracidad asombrosa, jugando con las luces y las sombras como si del tenebrismo de Caravaggio se tratase.

Como es de apreciar, el artesano belenista podría considerarse un polifacético, aquel que es capaz de integrar en una gran enciclopedia pequeñas nociones de un extenso catálogo de materias y ramas del saber. Sin embargo, no se vanagloria de ello, sino que trabaja en silencio, bajo la atenta mirada de la humildad y la constancia, con esfuerzo y tesón, para lograr una de las manifestaciones efímeras más elaboradas y complejas, el Belén, un arte sublime no solo por todo lo recogido en estas líneas sino por algo más importante: la fusión intrínseca de lo representado y su representación, pues el belenismo desprende la misma sencillez del misterio del nacimiento de Cristo.

Juan Luis Bardón González

Ruta de Belenes, Villa de la Orotava. Navidad 2014

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La natividad

Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre (Lc 2,12).

Honraré la paz que contemplo en el pesebre, con una disposición a tener hartura en vez de ansiedad, en la posesión de Dios, que no se niega nunca al alma que le busca de verdad, adorando la divinidad en ese estado de la Infancia de Jesús e imitando cuanto pueda su santa Humanidad, en especial en su sencillez y caridad que le han movido a hacerse Niño para facilitar a sus creaturas el libre acceso a El. (Santa Luisa de Marillac)

Fray Martín, en este año nuevo, ¡sigue dándonos la fe!

Parroquia Mission Dolores Basilica, S.F.

Parroquia Mission Dolores Basilica, San Francisco (EE.UU) (foto: Karla Turner)

San Martín de Porres, danos la fe que te enseñó a triunfar para que a pesar de los sufrimientos, enfermedades y fatigas, seamos testigos del amor sencillo y humilde de Dios entre los más necesitados. Desde la fe también te pedimos más fortaleza, más amor a Dios, para propiciar cambios con los que mejorar nuestras vidas: que las buenas intenciones se transformen en buenas obras que nos acerquen esencialmente a ÉL.

¡FELIZ Y  VENTUROSO AÑO NUEVO 2014!