A la Virgen de la Soledad de la Portería (poema)

A la Virgen de la Soledad de la Portería

(Virgen de la Soledad de la Portería,
en Las Palmas fuiste coronada
y ya por siempre venerada,
¿sin ti de nosotros que sería?)

Cuenta la leyenda que una dama de incógnito,
vestida de noble y que es reina,
te envió a esta tierra grabada en tu retina
para velar de Dios a su Hijo Unigénito.

Y llevas por sobrenombre la portería
de aquel que fue humilde convento,
donde escapando del lamento
a los pies de tu retablo la paz encontraría.

Por el pecado somos almas cautivas,
dominadas por la iniquidad…
¡dulce anhelo llegar a la benignidad
con el perdón y sus rogativas!

Noche de Viernes Santo, noche de abril;
por dentro va un sentimiento de llanto
y a cada recuerdo un pálpito con quebranto,
incontenible al dolor más febril.

Sale el Retiro, piadoso camino a seguir;
en el permanente rezo del Salterio
anuncian las cuentas en cada misterio
que tus ojos son el credo de nuestro plañir.

Mientras, sujetas entre tus dedos el pañuelo
que lleva tu sentir en lágrimas de pena:
impregnada la tela en fragancia de azucena
y el suspiro del Tránsito redimido en celestial vuelo.

Afligida quedas, que hasta el aire se silencia;
que si en el silencio empieza la Contrición
en el Calvario llegó la Verdad y la Resurrección:
nacería el gozo pascual con la penitencia…

Ante tu imagen mi pesar torna a ternura,
pues es tu mirada tan pura y serena
que ante ti me postro, virgen nazarena,
al ver tu corazón rodeado de un aura.

Y en el lento transcurrir de cada instante,
la añoranza de un pronto regreso
y aquel adiós con el soplo de un beso
hicieron de la Fe generoso garante.

Virgen enlutada, castellana y canaria;
al pie de la cruz a tu hijo honraste su partir
con un atuendo que a cada herida vino a cubrir:
¡cobíjanos, Madre, bajo el manto de tu plegaria!

                      José J. Santana (La Orotava)

* * *

Nuestra Señora de la Soledad de la Portería

Anuncios

Alma cautiva (a la Virgen de la Soledad de la Portería)

Creo estar leyendo en tus ojos, tan expresivos y serenos—¡oh dulce María!—el salmo tan infantil y medroso que Eva, niña como tú porque empezaba a vivir, dejaría caer a las puertas del perdido Paraíso.
Aún lleva, como tu alma, calor tibio de divinas manos; y zumbido sonoro de la voz del Altísimo, a la manera del que produce una abeja cuando se desprende del corazón de una flor, o la cuerda de violín que pone punto final a una sonata de Primavera.
La tristeza de tu mirada—¡oh dulce, Dulce María!—no es tristeza nacida del contacto con las cosas de este mundo; es, como la tristeza original que floreció en las pupilas de la madre Eva a las puertas del Paraíso, añoranza de un infinito bien temporalmente perdido.
¡Alma—tu alma—cautiva en linda figura de muñeca—tu cuerpo—que se asoma a derramar su pena por las ventanas de tus ojos tan expresivos y serenos!
Haber, ha muy poco, sido aliento divino y sentir la aspereza del barro, gran melancolía y desvanecimiento espiritual debe producir.
No quisiera que alegría de torrente formara cantarines ríos en el borde de tus ojos. Más me gustan así, tristes, porque ello pregona que aún miran hacia la Luz y no hacia estas tinieblas mal alumbradas cuyas luces alegran con alegría artificiosa y perecedera.

Francisco de Vega (1947)

* * *

Nuestra Señora de la Soledad de la Portería, leyenda dorada

Madre y Virgen. Tríptico de Sonetos de la Coronación de Nuestra Señora de la Portería

Madre y Virgen

… Y la virgen sigue sola…

Un camino encharcado, una lluvia torrencial, viento, frío, tormenta… Una mujer camina por él. Está cubierta por un gran manto negro. Va descalza. Las zarzas y las hierbas del camino se abalanzan sobre sus pies como si quisieran besarlos, apartándose después para dejarla paso. Parece que no roza el suelo.

Su rostro apenas se ve; es como si la cubriese un velo, pero no, nada lo tapa. Anda despacio, muy despacio, y lleva las manos, unas manos largas delgadas y blancas, cruzadas sobre el pecho.

Esta mujer viene de ver morir a su hijo. Ha visto como le pegaban, azotaban, escupían: ha visto cómo lo mataban. Y no llora. Esta mujer es madre y es virgen. Es la Virgen, y va sola.

El pelo que se escapa del manto danza empujado por el viento, alrededor de su cabeza, y con sobrehumano poder deja de ser cabello para convertirse en corona, en corona de espinas. Los poros de la frente se van abriendo, abriendo, como si de capullos primaverales se tratara, y por ellos van penetrando las púas largas y afiladas que hacen brotar sangre, sangre roja, ardiente, enfurecida, que se deja resbalar dulcemente besando los negros cabellos y la piel pálida de esta mujer que no llora y qué va sola.

Su dolor es tan grande, que en espesa cortina se alza a los aires y, como vidrio celestial, cae sobre ella protegiéndola de la lluvia, del viento, de la tormenta…

Y no llora… y va sola…

Se acuerda de la Lanzada, y un lamento de muerte, formado en las entrañas de la tierra, sale al exterior e impulsado por fuerzas del más allá quiebra el cristal que la cubre, ciñéndose en torno a su garganta, a la cual oprime hasta cerrarla. En contra de él, un sollozo la abre y se escapa rasgando el manto de silencio que se ha formado en la noche.

El camino desciende, pero los pies de la virgen pisan el viento y subiendo por escalera de estrellas se pierde en una nube, que la acoge escondiéndola del mundo que siempre la deja sola.

Y aún está allí, esperando que alguien vaya a decirla:

—Mamá, llora, no dejes que tu dolor caiga en el gran abismo de tu corazón. Mamá, llora, que ahora… ya no estás sola.

Mayer (Diario de Las Palmas, 18 de marzo de 1964. Víspera de la Coronación de Nuestra Señora de la Portería).

* * *

Tríptico de Sonetos de la Coronación de Nuestra Señora de la Portería

I

La muy noble y leal ciudad mariana
Se congrega al amor de tu casona
Y el oro del fervor se hace corona
Para ceñir tu frente soberana.

La visión de la reina castellana
En la isla se encuentra y perfecciona
Y a través de los siglos lo pregona
La humilde portería franciscana.

De aquella franciscana portería
Nació la portentosa romería
Que lleva hasta tu altar honda plegaria

Y mira el rutilar de tu diadema
En donde brilla la encendida gema
Del corazón de la ciudad canaria.

II

VIRGEN de la ciudad, madre del llanto,
Arrebujada en luto y desconsuelo
Y en las manos la nieve del pañuelo,
Seguimos tu camino el Viernes Santo.

Junto a tu soledad, junto a tu manto
Que cobija el dolor de nuestro anhelo.
Va la ciudad llorando su desvelo,
Va la ciudad vertida en tu quebranto.

Cairasco —lyricen et vates— cante
En su esdrujúleo “Templo Militante”
La epifanía de tu sien ceñida

Por la regia corona que Las Palmas
Cinceló con el oro de sus almas
Para hacerte su reina dolorida.

III

¿VIRGEN de Soledad dice la gente,
Y estás siempre de amor acompañada?
¡Si es que Las Palmas siente, enamorada,
Que es de ti soledad estar ausente!

Juntos en soledad estás presente
Siendo luz invisible y voz callada
Que alumbra y grita, si la sombra errada
En soledad nos turba carne y frente.

Nuestra ciudad mariana y grancanaria,
En soledad contigo, solitaria
No está de tu materna compañía.

Juntos en soledad reza y espera
Que seas de otra Puerta compañera,
Nuestra Señora de la Portería.

                           Ignacio Quintana Marrero

La Coronación Canónica de Nuestra Señora de la Soledad de la Portería tuvo lugar en la Catedral de Santa Ana de Las Palmas de Gran Canaria el 19 de marzo de 1964, jueves de Pasión y festividad de San José.

Nuestra Señora de la Soledad de la Portería, leyenda dorada

Mas, entre tantas Imágenes de Soledad existentes en las Islas, resalta y tiene encanto especial la del Convento de San Francisco de Las Palmas, conocida con el nombre de Virgen de la Portería.

El origen de esta Imagen lo encontramos también arropado con una leyenda delicada, que, de padres a hijos y de boca en boca, ha llegado hasta nosotros.

Cuentan, que, allá por los años de la conquista de Gran Canaria, se paseaba, por el puerto de la ciudad de Cádiz, una señora enlutada, con una pena profunda en su alma resignada. Buscaba embarcación para la isla recién conquistada, porque quería hacer llegar a los Padres Franciscanos de la misma un encargo misterioso.

Ella, con rostro suplicante, se dirige al capitán de unas de las naves, que estaban prontas a zarpar. Mas el patrón, lleno de altivez y sin hacer caso a la petición de la señora, suelta las amarras de su barco y se hace a la mar. Y comienza a navegar rumbo hacia el sur. Pero de pronto, Y de un modo inesperado, le sorprende una tormenta y se ve obligado a volver al puerto, de donde había salido.

Por segunda y muchas veces más vuelve a hacerse a la mar, y otras tantas tiene que refugiarse, porque nuevas tormentas le obligan a ello.

La señora enlutada insiste en su petición; y el marino, ya sin la altivez de antes, acepta en su nave el embalaje. Recibirlo y cesar los obstáculos a la navegación, todo fue uno.

A los pocos días el marino, – tranquilo, como el mar, arriba al puerto de las Isletas con toda felicidad. A toda prisa se encamina al Real de Las Palmas y entrega su encargo al Convento de San Francisco.

En presencia del Guardián, Discretos del Convento y de los hombres de la mar, se abre el baúl del misterio. Y ¡oh sorpresa!, aparece, ante las miradas de todos, una Imagen de María; y comprueban con sus propios ojos, como ella tiene la misma cara, los mismos vestidos de luto, y hasta la misma pena de aquella señora enlutada, que días atrás se paseara por el puerto de Cádiz.

¡Era la Virgen de la Soledad, o de la Portería, del Convento de San Francisco de las Palmas!

Veracazorla. B.O. Diócesis de Canarias, 1981

* * *

Soneto a la Virgen de la Soledad

Pasas muda, florosa y enlutada;
y al ver esa piedad con que me miras
sé que ruegas por mí y por mí suspiras;
por mí, que soy ceniza, polvo, nada.

Dame tu llanto lágrima sagrada,
para salvarme del mundo y sus mentiras.
Yo, pecador, hallo en la fe que inspiras
un consuelo a mi alma atormentada.

El Dolor es contigo, y me arrepiento
de ser causa de él, por tener parte,
pues soy hombre y culpable en el delito
de alzar la cruz, y en mi interior la siento.
Mas su signo se trueca en mí baluarte
y tu dolor está en mi cruz inscrito.

                          Luis Benítez Inglott

Santo Niño Jesús Enfermero (Las Palmas de Gran Canaria)

Santo Niño Enfermero Iglesia de San Francisco de Las Palmas G.C.

En la iglesia parroquial de San Francisco de Asís recibe culto este lienzo denominado el Niño Enfermero. La imagen, de autor desconocido y a la que se atribuyen curaciones prodigiosas, se encontraba en la cabecera de la enfermería del extinto convento de San Bernardino de Siena. Una vez derruido el convento, la pintura fue llevada en 1840 a su sitio actual.

En las primeras celebraciones del año: la Circuncisión de Nuestro Señor y Octava de su Nacimiento (día 1 de enero), la Fiesta del Santísimo o Dulce Nombre de Jesús (3 de enero), la Epifanía del Señor (6 de enero), el Bautismo del Señor (domingo que sigue a la Epifanía del Señor) y hasta el día de la Santa Infancia (cuarto domingo de enero), es tradicional la fiesta en honor al Santo Niño Jesús en buena cantidad de parroquias y comunidades religiosas. Es una fiesta muy agradable, especialmente para los más jóvenes. Una tradición que se remonta muy atrás en el tiempo, que después de un largo período de decaimiento ha comenzado a resurgir de nuevo. “Donde hubo, siempre queda”, afirma el refranero y acaso no le falta razón. En Canarias, durante los siglos XVII-XVIII (la época del estilo Barroco y el surgimiento de las ideas ilustradas), estuvo extendida una gran devoción al infante Jesús en las capitales de las islas mayores —inclusive Santa Cruz de La Palma—, y en ciudades como Arucas (las tradicionales “Visitas al Niño Jesús”) o San Cristóbal de La Laguna (El Santo Niño de los Afligidos es una devoción que todavía se conserva en la ciudad lagunera en la víspera del día de Reyes). Las esculturas del Niño Jesús se encuentran prácticamente en todos los templos de las islas y en muchos hogares canarios (ya sean tallas, lienzos, grabados, medallas u otros objetos religiosos).

En Gran Canaria, las veneraciones más importantes estaban centradas en la capital grancanaria, en tres principalmente: El mencionado lienzo del Santo Niño Jesús Enfermero, actualmente en la propia parroquia de San Francisco de Asís; el Dulce Niño Niño Jesús o del Coro, bella efigie que se encuentra en la parroquia de Santo Domingo de Guzmán; y el Santo Niño del Remedio del ex-convento de Concepción de las monjas Bernardas —ahora en la ermita de San Telmo—, que constituyó la devoción predilecta de la Venerable Madre Sor Petronila de San Esteban.

Ahora nos referiremos al primero de ellos. Desde finales del siglo XVII se rinde culto en las Palmas de Gran Canaria al Niño Enfermero. El lienzo está copiado de un grabado “Salvator Mundi”, del holandés Jacob Matham. La pintura representa a Jesús niño, con túnica blanca que deja al descubierto el hombro y brazo izquierdo. Se encuentra sentado sobre un almohadón rojo, con la bola del mundo en una de sus manos y la otra alzada en actitud de bendecir.

Así como otras advocaciones de los pasados tiempos han sido olvidadas o preteridas, esta devoción a Jesús Enfermero se ha mantenido constante y hasta en aumento. Comenzó en el Convento de San Bernardino de Siena, de las monjas de Santa Clara, hoy desaparecido. Fue fundado este monacato en el año 1664 y estuvo en pie hasta la primera mitad del siglo XIX en que se inició su demolición.

En la enfermería de esta casa de religiosas se colocó el cuadro del Niño Enfermero para que sirviera de alivio y consuelo a las monjas que se veían privadas del precioso don de la salud. A Él (a nuestro Niño Enfermero) se dirigían en sus sufrimientos estas hijas de Santa Clara; y el Niño Dios, siempre misericordioso en favor de los afligidos, inclinaba sus oídos a las súplicas de la comunidad devolviendo la salud o dando fuerzas a las que padecían. En los labios de las clarisas, entre ellas Santa Catalina de San Mateo, siempre había una jaculatoria: “De todo mal, por tu Santa Infancia, líbranos Señor”.

De la enfermería pasó a la Iglesia del Convento para que los vecinos de Las Palmas de Gran Canaria pudieran también alcanzar su favores e implorar sus gracias.

En el año 1840 el convento fue demolido para dar paso a la construcción de lo que hoy es el Gabinete Literario. Pasó entonces el milagroso Niño a la Iglesia de San Francisco y en ella lleva más de un siglo recibiendo el culto ferviente de sus numerosos devotos. El famoso pintor canario Juan de Miranda llegó a representar, con algunas variantes, al Niño Enfermero en varios de sus cuadros.

A principios de los años 70 la obra fue restaurada, ajustándose a la pintura original. La celebración del triduo y Solemnidad del Santo Niño Jesús Enfermero tiene lugar el fin de semana siguiente a la Fiesta del Bautismo del Señor, y previo al domingo de la Santa Infancia (Obra Pontificia de la Infancia Misionera).

santo-nino-jesus-enfermero

ORACIONES POR LOS ENFERMOS

Porque tus misericordias son muchas para los que te invocan, inclina Divino Niño Enfermero tus oídos a nuestras súplicas y haz que el don de la salud, que por nuestras iniquidades no merecemos, la conservemos para glorificar tu nombre. Amén

* * *

¡Oh Jesús! Celestial Enfermero que con infinita misericordia limpiaste el cuerpo del leproso y devolviste al ciego la vista; al sordo, el oído; al impedido, el andar, y diste vida al que había muerto; danos la salud para nuestros cuerpos, si así nos conviene, y la eterna salvación para nuestras almas. Amén.

iglesia-de-san-francisco-de-asis

Parroquia de San Francisco de Asís

Bibliografía consultada:

Página de la Parroquia de San Francisco de Asís.

“Historia de un cuadro. El Niño enfermero” (1971). José Miguel Alzola.

Cantos sencillos de invocación a la Virgen de la Portería

Soledad de la Portería

I

Vivo en el viejo sueño de tu huerta
con la oración del fraile bien plantada,
y la nervuda mano que a la puerta
llamaba del Convento en la alborada.
Vivo en tu cara a mi ternura abierta
el milagro auroral de tu arribada;
Capitán cuya nave nos despierta
en un sueño de Virgen Enlutada.
Vivo el mágico viaje, vivo la tormenta,
con una dama a bordo misteriosa,
suspiro oculto que el periplo alienta,
bajel de gloria recto a su destino,
vivo el instante aquel, vivo el divino
decir “es Ella esta mujer hermosa”…
¡Y el caer de rodillas del marino!

II

Guardiana Virgen de la Portería
que el puerto celas, mar nuestro camino,
en tu ribera aguardo, madre mía,
de ochenta largos viajes peregrino.
Sangre longeva en fuente de aquel día,
bebida eterna de Castilla al sino,
cuando el Real la Reina recibía
que en rostro y manto de Isabel nos vino.
Madre de Dios tu eras la Enviada,
vela tu manto y brisa de partida,
vida de nuevos mundos tu llegada;
volaba Gran Canaria dando vida,
vuelo en la anchura azul de tu mirada
vuelo en tu suave lágrima encendida,
vuelo del alma en Cristo derramada;
¡hoy tu corona a nuestra paz ceñida
tiene a tus pies la Historia arrodillada!

III

Eres como un perfume de la infancia,
de rosas de los Viernes de Dolores,
para siempre en el alma la fragancia
cuando a tus pies dejábamos las flores.
Terciopelos de luto tu prestancia,
lloraban tu dolor nuestros mayores,
y era de dulcedumbres la abundancia
de madre a madre el círculo de amores.
Azahar de José, novia intocada,
con ansiedad aprendimos la balada
el alba de Belén, tu sufrimiento,
Madre sublime ante la Cruz postrada;
una Reina soñó con tu Embajada
mañanita de asombro en el Convento;
Azahar de José, novia intocada,
que eres paz, salvación, arrobamiento,
¡nuestra infancia de Viernes perfumada,
nuestro perdón del último momento!…

                                Luis Doreste Silva

Nuestra Señora de la Soledad de la Portería (Las Palmas de Gran Canaria)

Procesión de “El Retiro”, a la Virgen de la Soledad de la Portería

Nuestra Señora de la Soledad de la Portería

No sé decirte en verdad
lo que venero y admiro,
tu procesión “del Retiro”,
Madre de la Soledad.

Procesión de El Retiro

En la noche solemne y silenciosa
como sumida en religioso anhelo,
el clarinete con gemir de duelo
dice en el aire su canción llorosa.

Se ve avanzar la imagen milagrosa,
prendida en las manitas el pañuelo,
y del manto de rico terciopelo
envuelta en la negrura suntuosa.

Bajo el palio magnífico y severo
destaca el porte señoril y austero,
y parece más triste en su tristeza
al vaivén de los cirios la Señora:
¡Esta es la noche en que la Virgen llora…
y esta es la noche en que Las Palmas reza!

                            Ignacia de Lara Henríquez

A la Santísima Virgen de la Soledad de la Portería

A Nuestra Señora de la Soledad de la Portería

 A la Santísima Virgen de la Soledad

Eres rosa de pálida blancura
Marfileña… sumida en el quebranto
De un pesar que te hiere tanto y tanto
Cual mar tempestuoso de amargura…

¡Virgen Santa! Tu celestial figura
en la tarde sin par del Viernes Santo
se lleva entre los pliegues de tu manto
la compasión de toda criatura.

¡Hay un dolor inmenso en tu mirada…
¡Tan hondo es ese abismo… cual ferviente
es el amor de tu alma torturada!

¡Y llevas en tus labios dibujada
el ansia de besar aquella frente,
con crueles espinas traspasada!

               María del Carmen Barber, Semana Santa de 1964.

* * *

Noche de Viernes Santo

La ciudad se agrupa en torno a su Virgen y la acompaña en la noche de su pena.
Las sombras de las calles se van iluminando al paso tembloroso de la imagen.
En el cielo se encienden otras luces, y entre cielo y tierra la brisa del mar trae por encima de las blancas azoteas el rodar de las olas.
Las puertas del templo, cuajadas de luz, se abren como ofreciéndole el único puerto seguro para su congoja.
La Virgen se detiene.
Es la última vez que aguardará inútilmente a su Hijo antes de recogerse.

Claudio de la Torre, a Nuestra Señora de la Soledad de la Portería.

A Nuestra Señora de la Soledad de la Portería

Soledad de la Portería

A Nuestra Señora de la Soledad de la Portería

QUE cuajado dolor va por tus ojos,
por tu frente, por tu rostro, todo adolorido,
Madre de soledades, que has venido
a llorar por el Hijo Omnipotente.

Porque parte soy de esa simiente,
mírame el corazón; cómo me aflijo
por tan amarga fuente abrir al Hijo
de tu amor y mi amor, de penitente.

Perdón por esas sales de tu llanto.
Perdón por producirte tal quebranto.
Por ser parte, en tu pena y en su muerte:
ya que de una cruz su amor pendiendo,

irá en cuantos siglos queden, sean,
a estos sus pobres hijos redimiendo.
A estos también tus hijos: que El te diera
en una triste y trascendente hora…

(En hora sin igual: postrera hora,
en la que manó sangre -de ti, llanto-;
en la que enlutando el aire su agonía,
inútil fue la lanza a su quebranto…)

Qué crecidas, qué enormes soledades
las tuyas; cómo las siento yo y tus bondades,
Madre de todos los que la han perdido.
Que si el corazón me siento derrumbado,

me siento derrumbado y sin sentido
porque su amor me fuera ya amputado;
fundido veo en tu rostro, si te miro,
refugio del amor desamparado…

Virgen la toda herida, si puñales;
perdone tu piedad tantos rigores;
los que sufriste e inconscientes, dimos.
Perdón por cuantos dolores te inferimos,
Madre de las más solas soledades…

                           Chona Madera

  ∼

Nuestra Señora de la Soledad de la Portería (Las Palmas de Gran Canaria)