Rafael, no te fuiste (al Hermano Rafael Arnáiz)

*Homilía

Queridos hermanos, Compañeros, representación del Ayuntamiento de la ciudad, asociación del barrio, comunidad parroquial: a todos nos acoge y nos saluda el Señor Jesucristo. Él es el que nos acoge y él es el que nos saluda. Bienvenidos.

También en este día celebramos como parroquia la fiesta del Hermano Rafael, el Señor nos llena de esperanza. A lo largo de toda la Sagrada Escritura, en un relato precioso, los momentos más gozosos que el pueblo experimenta, son los encuentros de Dios con su pueblo. Hoy también en honor de Cristo Resucitado, y en honor del Hermano San Rafael sentimos la alegría que Dios da al corazón humano, no solamente como un hecho psicológico, sino como un hecho profundo de la realidad de nuestra propia vida.

Estamos en unos días preciosos de la celebración en este tiempo solemne de Pascua, y el Señor Jesucristo resucitado y glorioso nos acompaña con su cercanía y la certeza de su amor. Vemos en estos textos los primeros testimonios de Cristo resucitado que realmente llenan nuestros sentimientos y nuestra mente. Es tan intensa la realidad de la fiesta pascual que ilumina nuestra vida, la belleza de Cristo resucitado se hace luz, se hace esperanza en el corazón, es la verdadera alegría. Dice la Escritura, que sólo Dios puede alegrar el corazón humano.

Estamos celebrando también la fiesta del Hermano San Rafael; sin duda vosotros mismos conocéis tantas cosas de él y de su vida, realmente entrañable por muchos motivos, también por su proximidad histórica, ya que casi pisamos sus huellas. Simplemente en este rato quisiera recordar, a la luz de la fe pascual, la humanidad profunda del Hermano San Rafael, la experiencia impresionante del hombre que se acerca a Dios en una actitud de adoración, en una actitud de fe profunda que encierra toda su vida.

Rafael encontró en la fe, la luz y la alegría de concebir a Dios, y por eso concibió el ser humano, la realidad y la existencia de su vida… También nosotros estamos llamados desde la realidad de nuestra propia vida, nuestra propia tierra, nuestras propias gentes; estamos llamados a buscar el bien de los bienes, el mayor bien, aquel que sostiene la creación, aquel que sostiene y da la vida al ser humano.

Queridos hermanos: Rafael tenía la actitud de reflexionar los hechos, de pensar la vida.

Rafael amaba la vida y amaba a Dios por encima del corazón, los sentimientos; la calidad humana del corazón nos hace nobles, le hizo noble a Rafael ante los demás y ante Dios mismo. Rafael llevó el amor a la vida, el amor a Dios y el amor a la creación entera, con un amor entrañable.

Dice la Escritura, que estamos llamados a amar, desde la inteligencia, desde el corazón y también desde las entrañas; la Escritura hace también referencia hacia las entrañas, a las partes nobles de la vida que quedan en nuestra propia existencia; normalmente en nuestro lenguaje todavía usamos esa expresión: esa persona, ese hombre, esa mujer tiene buenas entrañas. Rafael quería a Dios con un amor realmente entrañable.

En definitiva, nos encontramos con un hombre creyente en Dios. Él vivió la fe cristiana que recibió signado en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Del mismo modo, todos los que estamos aquí hemos sido bautizados y llevamos en nuestro cuerpo las señales de Jesucristo porque fuimos ungidos y bautizados en nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,  llevamos en nuestro cuerpo la muerte y la resurrección de Jesucristo. Este misterio tan sencillo de fe, lo vivió Rafael con una intensidad profunda en el aspecto de acoger en su vida de Dios Padre, el amor a Cristo y la presencia constante del Espíritu.

Hoy es un gran día de fiesta y ojalá la sepamos vivir con intensidad, con amor, con frescura, con la fuerza misma que da la fiesta; pero a la vez quisiéramos recordar la realidad de nuestro mundo para acoger el misterio de Dios en nuestra vida, en nuestras personas, en la realidad incluso de la Iglesia, por eso, en este tiempo pascual e imagen del Hermano San Rafael, verdadero injerto del cuerpo del Señor, vamos a hacer también ese recorrido, ese itinerario que de alguna manera es el camino de Dios en el silencio del amor, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Cristo nos ha permitido en su cuerpo humano y glorificado, ser de Él y para Él para siempre.

Hermanos es la actitud de vivir la fe cristiana con gratitud y con esperanza todo este tiempo de pascua, para que el Señor nos de la alegría de la vida, la fortaleza en la tribulación, para que el Señor limpie nuestro corazón con la túnica blanca del bautismo, una túnica blanca de la dignidad eclesial; los santos padres decían que representa la túnica del despojo de Cristo que se dejó en su desnudez y vistió el ser humano; a cada uno de nosotros el Señor nos ha vestido con su túnica de amor en el día de nuestro bautismo, de ahí la esperanza para que la fe vaya creciendo, no por lo que otros nos han dicho de Cristo, sino por lo que cada uno de nosotros podemos experimentar y ser testigo de Él.

Y ya para terminar, Rafael nos habla de la ternura y cercanía de Dios. También a nosotros nos toca ser testigos de Dios, de la ternura y del cariño de Dios en medio de nuestro mundo, como sin duda alguna Rafael ha sido.

Ánimos hermanos, escogisteis en vuestra parroquia al Hermano San Rafael. Hay muchos espejos en la vida en los cuales podemos mirarnos, vosotros habéis escogido a Rafael para miraros en él. Cada día que amanece también aparece la vida entrañable de los hombres y mujeres buenos y santos de ayer y de hoy que son el viento y voz profética de todos nosotros.

Ánimo hermanos, el Señor por mediación de Rafael, ha tenido aquí su mano limpia, profundamente limpia y generosa para poder escuchar su Palabra. Que en este escuchar su Palabra se pueda también encender el ardor en nuestros corazones, como en el camino de Emaús.

*Homilía de D. Miguel Ángel Delgado. Burgos, 27 de abril de 2017.

* * *

Rafael, no te fuiste
tú siempre vivirás entre nosotros.
Volverá tu alegría trascendente
a darnos el sonrís de tu mirada,
más pasos en tu ruta de desierto,
más sed con el torrente de tus aguas,
más luz que rasgue tules de inconsciencia,
más fuego con el fuego de tu brasa.

Tú siempre vivirás entre nosotros
sencillo: sin palabras.

¿Volverás, Rafael? No te fuiste,
permanece tu luz serena y blanca
tus escritos en alas del misterio,
son dardos, son hoguera, son espada.

Tu espíritu que arranca decisiones
tu fuego que enardece y arrebata
tu fe en incesante forcejeo
se clava en los rincones de las almas.

Hoy el mundo comprende tu alegría,
tu dolor, tus renuncias, tus llamadas.

¡Rafael, no te fuiste,
hoy el mundo… ¡es tu Trapa!

           M. Gemma Abia, Filipense

Boletín Informativo San Rafael Arnáiz Barón (Enero-Junio 2017, nº 186)

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San Rafael Arnáiz Barón (Memoria)

SAN RAFAEL ARNÁIZ BARÓN
Memoria

Antífona de entrada (Sal 91, 13-14)

El justo crecerá como palmera, se alzará como cedro del Líbano; plantado en la casa del Señor, en los atrios de nuestro Dios.

Oración colecta
Oh Dios, que hiciste de San Rafael Arnáiz un discípulo preclaro en la ciencia de la Cruz de Cristo, concédenos que, por su ejemplo e intercesión, te amemos sobre todas las cosas, y siguiendo el camino de la Cruz con el corazón dilatado, consigamos participar del gozo pascual.
Por nuestro Señor Jesucristo.
R/. Amén.

Oración sobre las ofrendas
Dios de bondad, que en San Rafael Arnáiz has querido destruir el hombre viejo y crear en él un hombre nuevo, a tu imagen, concédenos, por sus méritos, ser renovados por ti, como él lo fue, para que podamos ofrecerte un sacrificio que te sea agradable.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

Antífona de comunión (Cf. Mt 19, 27-29)
Creedme: Los que lo habéis dejado todo y me habéis seguido, recibiréis cien veces más y heredaréis la vida eterna.

Oración después de la comunión
Te rogamos, Señor, que nosotros tus siervos, fortalecidos por este sacramento, aprendamos a buscarte sobre todas las cosas a ejemplo de San Rafael Arnáiz, y a ser nosotros, mientras vivamos en este mundo, imagen del hombre nuevo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén

* * *

Al Hermano Rafael

¡Que perfume el de las rosas
en tu atildado jardín!
¡Cuánto requiebro sin fin
en tus noches deliciosas!
¡Sinfonías cadenciosas
de un cántico divinal
que resuena por igual
en la tierra y en los cielos
ya sin cortinas ni velos
en honra al Dios eternal!

                         Porfirio

Festividad de San Rafael Arnáiz Barón

¡Qué grande es Dios, que dulce es María! (por el Hermano Rafael)

Oración de San Rafael  Arnáiz 

¡Qué grande es Dios! ¡Qué bien ordena los acontecimientos siempre para su gloria!
¡Sólo Dios llena el alma…, y la llena toda!
La verdadera felicidad se encuentra en Dios y solamente en Dios.
El que no tiene a Dios necesita consuelo; pero el que ama a Dios, ¿qué más consuelo?
¡Cómo se inunda mi alma de caridad verdadera hacia el hombre, hacia el hermano débil, enfermo…! Si el mundo supiera lo que es amar un poco a Dios, también amaría al prójimo.
Al amar a Jesús, forzosamente se ama lo que El ama.

La única verdad es… Cristo.

He hecho el voto de amar siempre a Jesús. Virgen María, ayúdame a cumplir mi voto.
Para Jesús todo, y todo, para siempre, para siempre.
No le bastó a Dios entregarnos a su Hijo en una Cruz, sino además nos dejó a María.
Honrando a la Virgen, amaremos más a Jesús; poniéndonos bajo su manto, comprenderemos mejor la misericordia divina.
¡Qué grande es Dios, qué dulce es María!

Amén.

Oración de San Rafael Arnáiz Barón (Hermano Rafael).

* * *

Mi corazón está a los pies de María

Mi corazón está a los pies de María (Hermano Rafael)

«¡Que dulce es esperar, pensando en Dios y debajo del manto de María!».

¡Qué alegría el día que pueda ver a María!

Desde la misma cuna recibió Rafael una formación mariana. En sus primeros años de colegio padeció unas fiebres que le obligaron a abandonar los estudios algún tiempo. En cuanto recobró la salud, sus padres, agradecidos a este favor del cielo, lo llevaron a Zaragoza para dar gracias a la Virgen del Pilar y consagrarlo a su servicio. Su madre fue enseñándole progresivamente prácticas de devoción mariana tradicionales, y le aleccionó sobre todo, ver que nunca se omitía el rezo del Santo Rosario en familia. En el colegio tuvo el honor de ser Congregante de María Inmaculada.

A esta insistente formación mariana correspondió pronto Rafael con su colaboración personal. Luchó cuanto por mantener la vida en gracia y por vencer peligros que le cercaron.

Cuando llamó, con 22 años, a las puertas del Císter –Orden consagrada de manera especial a la Virgen Santísima– creció en su alma esta devoción, como él mismo manifiesta en sus escritos, por el continuo ejercicio de prácticas señaladas en las Reglas, por el ejemplo vivo de los demás Hermanos, amantes a cual más de la Señora, y sobre todo por la meditación de san Bernardo, el santo que más influencia ha ejercido en la devoción mariana de todos los tiempos. En esta escuela procuraba Rafael caldear su corazón joven, inquieto y alegre.

Todos los escritos de Rafael rezuman marianismo, están salpicados de citas sobre la Virgen, son chispas de fuego ardiente y tierno en honor de la Señora que llevaba muy dentro de su corazón, hasta enamorarse locamente de tan buena Madre.

Quien visita por vez primera la Abadía de San Isidro de Dueñas —escenario donde transcurrieron los últimos años de san Rafael Arnaiz y una urna que guarda hoy con cariño sus restos— queda impresionado ante la talla de la Virgen Santísima que en el misterio de la Asunción preside el retablo del altar mayor. Es obra de Granda, y por sí sola llena la iglesia abacial. Es un hecho honroso para el Císter: todos sus monasterios —desde los primeros tiempos de la Orden— deben consagrar sus iglesias a Santa María Reina de los cielos y tierra. El altar mayor de la iglesia de cada uno de ellos suele estar presidido por una imagen, representando la Maternidad divina —con el Niño Jesús en los brazos— o en el misterio de la Asunción, como en el monasterio de San Isidro de Dueñas.

Precisamente esta imagen iba a ser la que cautivara para siempre a aquel joven de mirada limpia, que sentía inquietud vocacional y buscaba un lugar alejado del mundo, empeñado como estaba en vivir enteramente para Dios. Causa admiración todavía cómo este joven adornado de cualidades físicas y morales, con un porvenir de color de rosa en la mano, supo luchar para dejarlo todo. Precisamente en una época de materialismo desbocado, cual fue la de los dos años de la república, de tan tristes recuerdos por centenares de iglesias y monasterios quemados o destruidos. Allí a los pies de la Virgen de la Trapa se forjó la vocación de Rafael, de una manera sencilla, fiel, entrañable.

«¿Cómo no ser santos, Dios mío, si en la tierras nos ayudas con tantas almas de Dios, y en el cielo con María?».

Mi corazón está a los pies de María

Todavía hoy pueden visitarse en Oviedo los lugares santificados por la presencia y devoción de San Rafael. Uno de ellos es la capilla del Sagrario de la Catedral en la que pasaba largas horas. Otra la del Rosario en la iglesia de los Padres Dominicos. Solía ir Rafael con frecuencia y allí tuvo lugar un episodio emocionante, que retrata al vivo su sensibilidad exquisita. Se expresa así en otra carta a su tía¹:

“Estuve una hora en la iglesia y la mayor parte con la Señora. Si vieras cómo me quiere. Es la Virgen del Rosario… Por cierto que en los últimos momentos se llegó hasta el altar una muchacha que hizo el camino de rodillas y cuando llegó se puso en cruz y la oí llorar mientras miraba a la Virgen. Por poco lloro yo también. Debía tener una pena muy grande y fue a contársela a la Señora. Me edificó mucho y pedía a la Virgen que la atendiera. Yo creo que la escuchará. Si vieras es tan buena la Virgen. No hay pena que Ella no dulcifique, no hay alegría que Ella no santifique…

Te aseguro que si acudiéramos siempre a la Virgen María sería otra cosa de nosotros… A mí siempre me ha servido de mucho. Casi en todo se lo debo a Ella; hasta mi vocación. ¡Es tan dulce el amor a María!”.

¡Cuánto amaba Rafael a la Virgen! ¡Qué cosas tan maravillosas ha escrito de Ella! ¡Qué confianza sin límites, la suya en la Señora!

D. Rafael Palmero

Extracto del artículo “Enamorado de la Señora. ¡Qué alegría el día que pueda ver a María!” (Boletín informativo San Rafael Arnáiz Barón, Julio-Diciembre 2017, nº 187)

¹Referencia a su tía María Osorio Moscoso, duquesa de Maqueda.

El Hermano Rafael (por José L. Martín Descalzo)

José L. Martín Descalzo (1930 – 1991) sintió una admiración especial por la vida y obra del Hermano Rafael. En sus últimos años se encomendó al santo burgalés para encontrar el alivio necesario que hiciera más llevadera su enfermedad, encarando el dolor como un camino hacia la esperanza (“Puedo afirmar que el dolor es probablemente lo mejor que me ha dado la vida y que, siendo en sí una experiencia peligrosa, se ha convertido más en un acicate que en un freno”, diría). Hubiera deseado el “milagro” de su curación, no tanto por él mismo sino para que tan extraordinario hecho llevara al Hermano Rafael a los altares. No estaba en los designios del Señor en ese momento; sin embargo, algunos años después, el 11 de octubre de 2009, tuvo lugar la esperada canonización de Rafael Arnáiz Barón por S.S. Benedicto XVI. Quiera ahora el Señor, que algún día cercano, se promueva el inicio el proceso para la causa de beatificación de Martín Descalzo (lo pedimos con fe y con la debida observancia de los preceptos).

El Hermano Rafael

Espero que ustedes me permitan que les diga con toda sinceridad que, entre los personajes cuya santidad me ha impresionado entre los contemporáneos, aquel que siento más próximo, aquel que más hondo me ha calado, es Rafael Arnáiz, el hermano Rafael.

¿Y por qué? Creo que la mejor respuesta sería decirles: lean ustedes su vida, lean ustedes sus obras, y lo comprenderán sin que yo explique nada.

Pero si ustedes me dicen que no escurra el bulto, y que les explique qué es lo que de él me impresiona, les diría que lo que más me llama la atención es lo limpio, lo luminoso, lo cordial, lo próxima a nosotros que resulta su santidad. El Hermano Rafael fue radicalmente un hombre de nuestro tiempo y radicalmente un santo. No abdicó ni de su convicción de hombre ni de su mentalidad de hijo de nuestro tiempo para hacerse santo.

Me impresiona su alegría, su constante buen humor, el gozo que respiran todos sus escritos, especialmente los de la Trapa cuando ya ha decidido entregarse enteramente a Dios.

Me impresiona su juventud. Y no me refiero a la cronológica que fue evidentemente, puesto que murió a los 27 años, sino esa otra juventud interior: la anchura de su corazón, la vitalidad de su alma, la ausencia de egoísmo en todos sus planteamientos.

Me impresiona el radicalismo con que vive el “sólo Dios basta” de Santa Teresa. Aún suenan en mis oídos las palabras de Rafael:

“En el monasterio pasan los días. ¿Qué importa? Sólo Dios y yo… Vivo aún en la tierra rodeado de hombres. ¿Qué importa? Sólo Dios y yo… Y al mirar el mundo, no veo grandezas, no veo miserias, no veo las nieblas, no distingo el sol. El mundo se reduce a un punto y en el punto hay un monasterio, y, en el monasterio, sólo Dios y yo”.

Pero aún me impresiona más saber como sabe unir ése “sólo Dios” con el amor a los hombres:

“Ante Dios, lo demás es secundario. Pero muchas veces lo secundario es necesario para tener paz y amar a Dios.

Si el mundo supiera lo que es amar un poco a Dios, también amaría al prójimo. Al amar a Jesús, forzosamente se ama a lo que Él ama. Este es el apostolado del trapense, pedir por los que no piden, y amar por lo que no le aman”.

Y me impresiona también la ternura de su cariño a María. ¿Cómo hablar de él, sin recordar que fue el gran enamorado de la Virgen Madre? ¿Cómo no recordar tantas frases suyas señalando en ella la causa de su alegría?

“La Virgen, ni me interesa otra cosa”.

Y me impresiona finalmente su amor a la cruz, el alegre coraje con que vivió su enfermedad y su joven muerte.

José Luis Martín Descalzo († 11 de junio de 1991)

Boletín informativo San Rafael Arnáiz (Julio – Diciembre 2016, nº 185)

* * *

José Luis Martín Descalzo, un hombre de Dios y gran humanista

Homilía en el día de San Rafael Arnáiz Barón

Hermano Rafael, así era

Homilía en el día de San Rafael

El Papa Francisco, sin duda bajo la inspiración del Espíritu Santo, ha convocado el año de la misericordia. En la bula Misericordiae vultus de convocatoria al año jubilar nos da las claves del misterio de la misericordia en la revelación, Antiguo y Nuevo Testamento. Así nos afirma que “es propio de Dios usar misericordia y especialmente en esto se manifiesta su omnipotencia”. “’Paciente y misericordioso’ es el binomio que a menudo aparece en el Antiguo Testamento para descubrir la naturaleza de Dios. Su ser misericordioso se constata concretamente en tantas acciones de la historia de su salvación donde su bondad prevalece por encima del castigo y la destrucción”. “Eterna es su misericordia” es el estribillo que acompaña cada verso del Salmo 135 mientras se narra la historia de la revelación de Dios.

El Papa afirmará que la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Toda su acción pastoral debería estar revestida por la ternura con la que Dios se dirige a los creyentes. Por eso con la mirada fija en Jesús y en su rostro misericordioso podemos percibir el amor de la Santísima Trinidad.

¿Y cómo ha percibido Rafael, la misericordia de Dios? No es mucho lo que ha escrito de la misericordia si lo comparamos con otros aspectos de su espiritualidad, como el amor a Jesucristo, a su Madre Santísima (la Señora, como él la llama), a la eucaristía y en especial de su aceptación de la cruz de Cristo a través de la enfermedad. Pero son lo suficientes para comprender que ha percibido los aspectos fundamentales de este atributo de Dios.

Rafael nos hablará de este Dios paciente y misericordioso, y como todos los atributos divinos son infinitos, también lo es su misericordia; y lo va a reflejar en distintas ocasiones. A su tío Leopoldo le hablará de la gran misericordia de Dios. A su padre, ante los acontecimientos políticos de España en ese tiempo, le escribirá animándole Todo es una gran misericordia de Él, y los hombres no llegan más allá de donde él permite. En distintos escritos a su padre, a su madre, a su tío Polín, al Hermano Tescelino… en su cuaderno “Dios y mi alma” hablará de la gran misericordia de Dios, su infinita misericordia, su infinita bondad y su gran misericordia, las grandezas de Dios y de su infinita misericordia.

Y Rafael sabe bien que en donde se pone de manifiesto de modo especial el tributo de la misericordia de Dios, es en su relación con el hombre, y con el hombre caído por el pecado. Si San Bernardo jugando con las expresiones latinas nos dice que la miseria y la misericordia se encuentra; la miseria (del hombre) y la misericordia (de Dios), en San Rafael será una constante que la misericordia de Dios está siempre actuando para perdonar y sanar la miseria de su criatura. Después de una fuerte experiencia de Dios en el Coro, escribe a su madre:

A pesar de no entender latín, mi alma se llenaba de las palabras de David, de tal manera, que me acercaba a Dios, para pedirle misericordia y pedirle que detuviese su ira en el día grande y sublime de la resurrección.

A su tío Leopoldo:

Si te miras a ti mismo, más vale no hablar. ¿Qué queda, pues?… Dios y sólo Dios. Él suple lo que el mundo y sus criaturas no pueden dar. En su infinita Misericordia quedan ocultas nuestras miserias, olvidos e ingratitudes.

En la Apología del trapense:

Es alegre y dichoso de ver la bondad de Dios reflejada en las criaturas, de palpar su misericordia y el amor de Jesús… Le da gracias de haberle sacado del mundo lleno de peligros y pecados.

Pero la experiencia personal de la misericordia de Dios la hará Rafael en carne propia, y sabrá interpretar los avatares y sufrimientos de su vida, no como algo negativo, sino como la manifestación de Dios en su misericordia que le va a transformar poco a poco hasta llevarle a la aceptación plena de su enfermedad, e incluso de la muerte. Algunos textos del santo para confirmarlo.

En la Apología del trapense:

Si el monje se retira del claustro, es para alabar a Dios con más facilidad y sin distracciones… La salmodia, el silencio, le ayudan a ello; piensa en los pecados de los hombres para pedir por ellos y desagraviar al Señor; piensa en los que son desgraciados en la tierra, y en los que son felices, pidiendo para todos misericordia.

En mi cuaderno:

Soy feliz con lo que tengo; a nada aspiro, que no sea a Dios, y a Dios le tengo en la pequeña cruz de mi enfermedad. ¿De qué me puedo quejar?… ¡Si en mi vida no veo más que misericordias divinas!… ¡Cómo se ensancha el alma al ver la misericordia de Dios! «En la tribulación me ensanchasteis», dice el profeta David.

Y el hermano Tescelino, le escribe:

Cuando serenamente, contemplo todas las maravillas que Él hace conmigo, a pesar de mi obstinación a la gracia, a pesar de no encontrar en mi más que egoísmo, olvidos y pecados de todo género…, entonces el aturdimiento se convierte en una maravillosa luz, que me habla de las grandezas de Dios, de su infinita misericordia.

Profundizar en la misericordia de Dios le ha llevado a comprender, a interiorizar los misterios de la acción de Dios en el hombre, y por ello llegará a aceptar su enfermedad y su muerte como el misterio de Dios en su vida. A su tío Leopoldo le llega a afirmar: la gran misericordia de Dios es una buena muerte; ahí se acaba todo…toda esa serie de cosas que nos rodean…, y entonces no hay más que una cosa… Dios.

Para Rafael una de las manifestaciones más hermosas de la misericordia de Dios ha sido el entregarnos a su Madre la Virgen María. Lo afirmará en distintas ocasiones, pero creo que hay dos momentos en los que lo expresa con una fuerza y un lirismo insuperable:

A su tío Polín: ¿Cómo no amar a Dios, viendo su infinita bondad que llega a poner como intercesora entre Él y los hombres, a una criatura como María, que todo es dulzura, que todo es paz, que suaviza las amarguras del hombre sobre la tierra, poniendo una nota tan dulce de esperanza en el pecador, en el afligido…, que es Madre de los que lloran, que es estrella en la noche del navegante, que es…, no sé…, es la Virgen María? ¿Cómo no bendecir, pues, a Dios, con todas nuestras fuerzas al ver su gran misericordia para con el hombre, poniendo entre el cielo y la tierra, a la Santísima Virgen?

Y en sus meditaciones del cuaderno Dios y mi alma:

¡Ah!, Virgen María…, he aquí la gran misericordia de Dios… He aquí cómo Dios va obrando en mi alma, a veces en la desolación, a veces en el consuelo, pero siempre para enseñarme que sólo en Él tengo que poner mi corazón, que sólo en Él he de vivir, que sólo a Él he de amar, de querer, esperar…, en pura fe, sin consuelo ni ayuda de humana criatura.

Para terminar, afirmando:

¡Qué grande es la misericordia de Dios!

San Rafael sigue siendo para todos un modelo de virtudes cristianas, y entre ellas la misericordia es también fuente de experiencia de Dios que le ha enseñado a aceptar su enfermedad e incluso la muerte, y comprender que en las entrañas de misericordia de nuestro Dios encontramos nuestro refugio y nuestro consuelo. Ojalá que todos hagamos la experiencia de la misericordia de Dios en nuestra vida como lo hizo San Rafael Arnáiz.

P. Enrique Trigueros.

San Rafael Arnáiz Barón (Boletín informativo, Enero – Junio 2016, nº 184)

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Festividad de San Rafael Arnáiz Barón

Homilía en la fiesta de San Rafael Arnáiz

Hermano Rafael

Homilía en la Fiesta del Hermano Rafael

P. Alberico Feliz, 27 de Abril de 2014

En esta misma fecha, -hace 77 años-, nuestro Hermano Rafael, acababa de desaparecer, después de estar de cuerpo presente en nuestra iglesia, mientras la Comunidad le dedicaba las últimas oraciones de recomendación.

Hoy día, le percibimos invisible y glorioso, pues ya está inscrito en el catálogo de los santos, con una capilla dedicada a su veneración, para que sea él, quien interceda por nosotros.

Son los Santos:

  • los que en su interior, llevan la pequeñez de los grandes;
  • los inconfundibles, por que si deslumbrar, alumbran con su testimonio callado y con su forma de situarse;
  • los que llevan hasta el extremo de dar y darse;
  • los que contagian la fe que llevan a flor de piel;
  • los que aciertan a ver el valor de lo sencillo y la grandeza de lo pequeño;
  • los que llevan un exterior común, siendo singularísimos por dentro;
  • los testigos limpios de una fe transparente en Cristo;
  • los héroes silenciosos del cumplimiento del deber de la vida diaria…

Así nos lo ha dicho él, en lectura del segundo nocturno, cuando nos hablaba de la “sencillez”: “Sólo pretendo vivir una vida muy sencilla, sin cosas extraordinarias”. Y también: “No hace falta, para ser grandes santos, grandes cosas; basta hacer grandes, las cosas pequeñas”.

Pero está bien claro, que para llegar a un convencimiento tan sublime, como excelso, se necesita un punto de apoyo inconmovible, que a su amparo, puedan superarse todas las turbulencias y dubitaciones de mente y de espíritu que puedan sobrevenir con el tiempo o por sorpresa.

Este apoyo, que también es “fondo” y “centro”, tal como lo interpreta el mayor de los místicos, San Juan de la Cruz, no es otro que Dios, el “¡sólo Dios!” de nuestro Hermano Rafael, y que no siempre es bien entendido, pues no se refiere a “exclusividad”, sino a  “prioridad” en el amor.

Esta “primacía en el amor”, es aquella profesión israelítica, que nos ha recordado la primera lectura: “Escucha Israel”…; la oración de todos los días, y que había que recitarla más señalados: “estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado”.

Y para evitar todo peligro de inadvertencia, “había que atarla a la muñeca, o ponerla como broche en el turbante, para no perderla nunca de vista: “Amarás al Señor tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas sus fuerzas”.

El amor debe apoderarse de toda la persona, para que no quede como mero afecto sentimental; de tal manera, que en la entrega total del amante, suene el lenguaje del amor más profundo: “Mi Amado es para mi, y yo para mi Amado”.

De ahí la inquietud bendita de que Rafael “buscara a Dios” por todos los medios, modos y maneras que se le ofrecían hasta dar con El. Y por eso nos dice que, “por más que nos sorprenda lo que veamos a los lados, lo que interesa es no detenerse y seguir, pensando que al fin del camino está el que se busca, esperando con los brazos abiertos”.

Y esto lo decía, cuando se hallaba estudiando, aunque ya había conectado con nuestro monasterio en sucesivas visitas.

En su primera carta, ya desde el convento, escribe a sus padres, y les dice: “Quisiera comunicaros mi alma, mi amor a Dios, para que vierais que vuestro hijo ha encontrado el verdadero camino… y como dice el evangelio, “un tesoro”, y sin pérdida de tiempo, se dedica a desenterrarlo”.

Es fácil decir esto, cuando en los primeros meses del noviciado se viven de luna de miel del todo enamorado; pero tendremos que escucharlo a lo largo de toda la trayectoria, para ver si ése “buscar a Dios por Dios, para quedarse con el “¡sólo Dios!” como único lema, lo lleva clavado en el alma, pase lo que pase y ocurra lo que ocurra.

Y parece ser que sí…, pues va a resultar clave de fondo y la tensión fundamental del alma absorbida por la “pasión” de Dios, que como ciervo herido gime: “Ansias de vida eterna… Ansias del alma que sujeta al cuerpo, gime por ver a Dios…; ¡Ansias de Cristo!”.

Y cuando nuestro Hermano se expresa así, nos parece estar escuchando a San Pablo: “Todo lo estimo pérdida comparando con la excelencia del conocimiento de Cristo mi Señor”. Jesucristo es para él, su “todo”, el modelo que hay que reproducir, y el guía que hay que seguir.

Y en sus escritos, chorrea constantemente esta obsesión bendita por Cristo, que es el que le da luz, la fuerza y el ánimo entusiastas para buscarle, seguir, proseguir hasta conseguir lo que anhelaba.

Nos lo dirá en sendas expresiones:

  • “No vivamos en lo exterior, hermano, que todo es vanidad y luego pasa. Animémonos a vivir en Cristo y sólo para El”…
  • “Todo lo que vibra, todo lo que al alma en la vida rodea, todo es flor de un día, que ahora viene y luego se va. Nada la interesa que no sea Cristo…
  • Y nos expone su propia experiencia: “Bien sabe el Señor, que cuanto más débil me siento, cuanto más lucho con la materia que tira hacia abajo, cuando mi alma sufre un dolor más humano que divino, es entonces cuando veo que sólo en Cristo se halla descanso”.
  • “Para el alma enamorada de Dios, para el alma que ya no ve más arte ni más ciencia que la vida de Jesús…, le es necesario ocultarse en Cristo, y allí estarse a solas con Dios” “Nada tengo y tengo a Cristo; nada deseo y poseo, pero poseo y deseo a Cristo”.

Pero él sabe muy bien, que a pesar de su anhelo ardiente, -“no ha conseguido el premio”- y por eso, se ha propuesto como San Pablo, mediante un típico vocabulario deportivo, un esforzado y continuado camino hasta la meta, que exige un duro combate espiritual.

  • La meta que para él es la santidad, y lo repite muchas veces: “Lo único que hay que hacer, por mucho que nos sorprenda lo que vemos a los lados del camino, es no detenerse, seguir”…
  • El esfuerzo, es no volver la mirada atrás; por eso repite varias veces la frase evangélica: “He puesto la mano en el arado… y no quiero mirar atrás”.
  • Y su persistencia consistió en ofrecerse a Dios, no una, ni dos o tres, sino cuatro veces, afirmando con toda el alma que lo haría mil veces si fuera necesario…

Y en esto consiste la “sencillez y sabiduría que Dios revela a la gente sencilla“. Escuchemos esta expansión de Rafael: “Ni el mundo comprende, ni es necesario, la locura del alma que ama a Cristo; la locura, sí, que hace que el alma desbarre, que las palabras se hagan torpes de tanto querer decir y no poder decir nada”.

La locura sostenida únicamente por estar unida a la voluntad de Dios, y que nos hace callar, cuando quisiéramos gritar; que nos hace prudentes y el alma se desata, y el ansia palpita impaciente dentro del corazón…

La locura de Cristo…, no se comprende, es natural, y hay que ocultarla…, ocultarla muy dentro, muy dentro; que sólo El la vea, y que nadie, si es posible, ni aún uno mismo, se entere de que está dominado por ella”.

Este es amor y la locura de nuestro Hermano Rafael por la persona de Cristo; aprendamos la lección que él nos regala, y sepamos perseverar hasta conseguir la meta, aunque ello suponga una oblación de vida, como la que él ofrendó al Señor. Por eso consiguió lo que se propuso, y hoy le venera la Iglesia entera con singular devoción.

Sólo Dios basta…

Del boletín informativo San Rafael Arnáiz Barón (Enero-Junio 2015 – nº182)

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El Hermano Rafael Arnáiz

San Rafael Arnáiz: Sólo Dios basta

San Rafael Arnaiz Barón

Sólo Dios basta

La historia de Rafael Arnáiz, del Hermano Rafael, es de esas que tocan el corazón y dan a las cosas su auténtico valor, más allá de la frivolidad de las personas.

Rafael, estudiante de Arquitectura, es el prototipo bueno del joven rico; es el modelo del intelectual que busca a Dios. Como un nuevo Agustín de Hipona, este muchacho dejó todo para seguir a Cristo; como otro Juan de la Cruz, abandonó la sabiduría de los hombres para abismarse en la contemplación de Dios, única y plena sabiduría; repitiendo los pasos del también trapense Thomas Merton, escribió desde la soledad de Dueñas su particular montaña de los siete círculos, montaña impregnada de dolor físico, de muerte prematura y a la vez de exaltación amorosa, de esa plenitud de felicidad que sólo conocen los que han hecho de la amistad de Dios su mayor tesoro.

Recuerdo al Hermano Rafael por dos motivos: porque me impresionó de adolescente, cuando supe que había dejado la Universidad para consagrarse a Dios, e incluso su ejemplo me sirvió a mi en cierto modo de orientación; y porque Martín Descalzo le quería una barbaridad. No puedo olvidar lo ilusionado que estaba José Luis con que el Hermano Rafael lo curara, con que fuera un milagro suyo el que le salvara de la diálisis y de la muerte que le acechaba, y que ese milagro hubiera podido servir para llevar a los altares a su admirado monje.

Pero de todos los sentimientos que me asaltan ahora, lo que deja un poso más fértil en mi alma, es recordarle como modelo de la elección de Dios. Me imagino a Rafael dejando los libros para entrar en clausura dejando futuros proyectos, y me lo imagino repitiendo gozoso, incluso en medio de la enfermedad, la oración de Santa Teresa: “Sólo Dios basta”.

Dichoso tú, Rafael; dichosos contigo todos aquellos que han sabido descubrir en qué campo estaba escondido el verdadero tesoro y fueron capaces de vender todo lo demás para comprarlo.

Santiago Martín

Hermano Rafael

Tu “Sólo Dios” fue todo tu destino

y ése es el lema que llenó tu vida.

Tan solo a El estaba el alma asida

cubriendo de este modo tu camino.

Es cierto: Dios te diseñó ese sino,

la senda por ti luego recorrida.

En toda la existencia así vivida,

huiste de cualquier mal desatino.

Cruel enfermedad, que hasta la Cruz

de morir, si hacer tu profesión,

sufriste con paciencia y alegría.

Ayúdanos a coger cada día

la nuestra, que nos lleve hasta la luz

y allí tenga su fin nuestra pasión.

                    José A. Carbonell

San Rafael Arnáiz 1

Teresa y Rafael en comandita

acertaron a ver la trascendencia

de un Dios, que a cada hora, se evidencia

en el céfiro etéreo que musita…

Su empuje desde adentro se acredita,

y quien todo lo alcanza, la paciencia,

y cada instante es la mejor ciencia,

que da la hora y marca cada cita.

En la cocina y entre los pucheros

y con los libros en la estantería,

y en la labor del campo y de los aperos…

Y presidiendo siempre está María,

que marca las trochas y senderos,

y la velocidad en la autovía…

Cruces de algarabía,

se aclaran en silencio de clausura

¡con gracia singular y galanura!

                       Germán Lezcano, OCD.

Del boletín informativo San Rafael Arnáiz Barón, nº 181 (Julio – Diciembre 2014)

* * *

San Rafael Arnáiz fue uno de los patrones de la Jornada Mundial de la Juventud 2011 (Madrid). Su testimonio de vida es todo un ejemplo para los jóvenes, tal y como señaló el Papa Juan Pablo II, en Santiago de Compostela (JMJ 1989). De familia acomodada, gozaba de una buena posición social y le aguardaba un futuro prometedor como arquitecto. Sin embargo, a los 23 años dejó sus estudios en la Universidad para ingresar como monje de clausura en el Monasterio Cisterciense de San Isidro de Dueñas, en Palencia. Pronto se dio a conocer por su hondura espiritual y sus milagros.

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San Rafael Arnáiz Barón, Hermano Rafael. Monje trapense (Orden Cisterciense)

Festividad de San Rafael Arnáiz Barón, Hermano Rafael. Monje trapense (Orden Cisterciense)

Dios no nos exige más que
sencillez por fuera
y amor por dentro…
¿Ves qué fácil?…
Y en realidad qué fáciles y sencillos
son los verdaderos caminos de Dios,
cuando se camina por ellos con espíritu
de confianza y con el corazón libre
y puesto en ÉL.

                     Hermano Rafael

Rafael Arnáiz Barón (Hermano Rafael) nació en Burgos un 9 de Abril de 1911 en el seno de una familia de alto nivel social y profundamente religiosa. Joven brillante, alegre, sensible, de buen corazón y con un futuro prometedor como arquitecto, pronto se sintió atraído por la vida contemplativa, especialmente tras haber visitado la Trapa de San Isidro de Dueñas, Palencia (“Vine a la Trapa buscando una cosa y el Señor en su infinita misericordia me ha dado otra”). Rafael representa la esencia de vivir para Dios y en Dios, la exaltación de la esencia de la fe cristiana. Su vida espiritual se fue acrecentando a medida que su vida iba consumiéndose por el agotamiento físico y sus dolencias que soportaba con ejemplar sentido cristiano. Falleció el *26 de Abril de 1938 a la edad de 27 años, tras sufrir durante años una penosa enfermedad que llevó con entereza y heroicidad, aceptando humildemente la voluntad del Señor. Es considerado uno de los grandes místicos del siglo XX. Sus hermosísimos pensamientos atestiguan su completa pertenencia a Dios: las palabras “Sólo Dios fueron precisamente el lema que orientaron su vida ejemplar. Esta expresión que el hermano repite incansablemente, resume, en buena manera, toda esa aspiración que pudiéramos llamar arquetípica de su alma, pues refleja de forma fidedigna su profunda vida interior. Los escritos del Hermano Rafael fueron aprobados por la Sagrada Congregación para las causas de los Santos en 1974. Sus restos reposan en la iglesia del monasterio de San Isidro de Dueñas. S.S. Juan Pablo II lo declaró beato el 27 de septiembre de 1992 para alegría de la santa Iglesia y el eterno reconocimiento de todo el pueblo de Dios. Finalmente, el Papa Benedicto XVI lo canonizó el 11 de Octubre de 2009 en la Basílica de San Pedro de Roma:

«…El Hermano Rafael, aún cercano a nosotros, nos sigue ofreciendo con su ejemplo y sus obras un recorrido atractivo,  especialmente para los jóvenes que no se conforman con poco, sino que  aspiran a la plena verdad, a la más indecible alegría, que se alcanzan  por el amor de Dios. ‘Vida de amor… He aquí la única razón de vivir’, dice el nuevo santo. E insiste: ‘Del amor de Dios sale todo’. Que el Señor escuche benigno una de las últimas plegarias de San Rafael Arnáiz, cuando le entregaba toda su vida, suplicando: ‘Tómame a mí y date Tú al mundo’.  Que se dé para reanimar la vida interior de los cristianos de hoy. Que  se dé para que sus hermanos de la Trapa y los centros monásticos sigan  siendo ese faro que hace descubrir el íntimo anhelo de Dios que Él ha  puesto en cada corazón humano…»

Fragmento: Homilía de Benedicto XVI el día de su canonización.

Joven y sabio maestro de la ciencia de la cruz, es sin duda, contemporáneo y testigo de la clásica tradición española de los grandes místicos de Cristo. San Rafael Arnáiz Barón es una figura luminosa de esa pura mística, capaz de hacer de su vida entera un gran vuelo de adoración que nos acerca el cielo a nuestros pies; y que resulta necesaria, hoy más que nunca, para la realización de toda vocación.

Hermano Rafael

En el mundo se sufre mucho, pero se sufre poco por Dios. El cristiano no ama la debilidad ni el sufrimiento tal como éste es en sí, sino tal como es Cristo; y el que ama a Cristo ama su Cruz.

Oración y Novena a San Rafael Arnáiz

¡Oh Dios! que hiciste a San Rafael Arnáiz un discípulo preclaro en la ciencia de la Cruz de Cristo, concédenos que, por su ejemplo e intercesión, te amemos sobre todas las cosas, y siguiendo el camino de la Cruz con el corazón dilatado, consigamos participar del gozo pascual. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Novena

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San Isidro Dueñas

La abadía de San Isidro de Dueñas y San Rafael, tan estrechamente unidos, son un modelo para muchos cristianos que en su vida ordinaria hacen de su entrega callada y silenciosa un verdadero acto de amor a Dios y a los hombres. En ese sentido el monasterio es un referente para muchas personas, porque es un espacio que invita a contemplar lo verdadero y permanente en nuestra vida.

Enlace recomendado: abadiasanisidro.es/rafael/index.html

* El 13 de Enero del año 2012, en el Vaticano, en la sede de la Congregación del Culto divino y Disciplina de los Sacramentos, el cardenal Cañizares, como Prefecto de la misma, firmaba el decreto, a instancias del Sr. Arzobispo de Oviedo, por el que se recogían nuevas memorias en el calendario litúrgico diocesano. Entre ellas se encuentra la de San Rafael Arnáiz Barón a celebrar el día 27 de Abril. Su “dies natalis”, que es el día de su muerte, y es lo que la Iglesia normalmente celebra, sucedió un 26 de Abril, pero por coincidir con la fiesta de San Isidoro de Sevilla, se traslada la memoria de su muerte en Cristo, al día siguiente.

Festividad de San Rafael Arnáiz Barón (Hermano Rafael)

hermano rafael arnáiz

Oración al Hermano Rafael

Señor Omnipotente que glorificas a los humildes y abates a los soberbios, te suplicamos por la gloria de tu Santo Nombre ensalses la memoria del Hermano Rafael, concediéndonos la gracia que te pedimos por intercesión del mismo, que vivió y murió para glorificarte a Ti, Señor, que con el Hijo y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

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Novena a San Rafael Arnáiz

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San Rafael Arnáiz Barón: Sus escritos (Podcast)

+ información sobre el Hermano Rafael: Aquí

* El pasado 13 de Enero del presente año 2012, en el Vaticano, en la sede de la Congregación del Culto divino y Disciplina de los Sacramentos, el cardenal Cañizares, como Prefecto de la misma, firmaba el decreto, a instancias del Sr. Arzobispo de Oviedo, por el que se recogían nuevas memorias en el calendario litúrgico diocesano. Entre ellas se encuentra la de San Rafael Arnáiz Barón a celebrar el día 27 de Abril. Su “dies natalis”, que es el día de su muerte, y es lo que la Iglesia normalmente celebra, sucedió un 26 de Abril, pero por coincidir con la fiesta de San Isidoro de Sevilla, se traslada la memoria de su muerte en Cristo, al día siguiente.