Fiesta de la Beata Laura Vicuña

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Oración

¡Oh Beata Laura Vicuña!
Tú que seguiste heroicamente
el camino de Cristo,
acoge nuestra confiada plegaria.

Alcánzanos de Dios las gracias
Que necesitamos…
Y ayúdanos a cumplir
con corazón puro y dócil
la voluntad del Padre.

Otorga a nuestras familias
la paz y la felicidad.
Haz que también en nuestra vida
como en la tuya
resplandezca una fe firme,
una pureza intrépida, y
la caridad atenta y solícita
para el bien de los hermanos
Amén.

25 pensamientos de la Beata Laura Vicuña:

1. “¡Oh Jesús! Me ofrezco a ti, y quiero ser toda tuya aunque haya de quedarme en el mundo”.
2. “No tengo miedo, estamos en los brazos de la Virgen”.
3. “Jesús quiero hacer cuanto sé y puedo para que tú seas conocido y amado”.
4. “María Santísima es mi fuerza y alegría: ¡Oh María!, dame tu mano, ¡coge las mías!”
5. “Para mí rezar y trabajar es lo mismo, es lo mismo rezar o jugar, rezar o dormir. Haciendo lo que debo, cumplo lo que Dios quiere de mí; y ésta es mi mejor oración”.
6. “María es ¡mi Madre! No hay nada que me haga más feliz que el pensar que soy hija de María”.
7. “Entiendo mortificarme en todo lo que me podría alejar de Dios”.
8. “Qué felices seremos en el paraíso con Jesús y María si les hemos siempre amado aquí abajo”.
9. “Sé constante en la virtud; desde el Cielo seguiré ayudándote”.
10. “Mi único deseo es adherirme con alegría a los deseos de Jesús y al amor de María Santísima”.
11. “El recuerdo de la presencia de Dios me acompaña y me ayuda siempre, doquiera yo me encuentre”.
12. “Quiero iniciar en la tierra la vida que continuaré en el Cielo”.
13. “Si recordáramos a menudo que Dios nos ve y nos ama, cuántos males podríamos evitar”.
14. “Amemos y ayudemos mucho a los pobres; por ellos Jesús tuvo un amor de predilección”.
15. “No despreciar a los pobres y no mirar a ninguno con indiferencia”.
16. “En cualquier sitio donde me encuentre, sea en clase, sea en el patio, este recuerdo me acompaña, me conforta y me ayuda a hacer todo en la mejor de las maneras y no me es ocasión de distracción, porque aún no pensando en esto, sin darme cuenta me
encuentro gozando de este recuerdo”.
17. “Estoy contenta de sufrir: mi único deseo es de contentar a Jesús y a María, mi querida Madre”.
18. “La santidad no se adquiere en pocos días; basta quererla, basta pedirla continuamente a Dios, basta empezar”.
19. “Hacer la voluntad de Dios: esta es mi oración preferida”.
20. “Me siento conmovida con pensar que Jesús se ha humillado tanto en la Cruz por nuestro amor”.
21. “Antes morir que pecar”.
22. “Señor: que yo sufra todo lo que a Ti te parezca bien, pero que mi madre se convierta y se salve”.
23. “Mamá, he pedido a Jesús morir por ti”.
24. “¡Oh Dios mío, quiero amarte y servirte toda mi vida, por eso te doy mi alma, mi corazón, todo mi ser!”.
25. “No hay amor más grande, que dar la vida por la persona amada”.

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Enlaces recomendados:

Para conocer a Laura Vicuña (pdf)

Beata Laura Vicuña, confesora de la fe (sitio dedicado a Laura Vicuña)

Beata María Clementina Anuarite: fiel hasta la muerte

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Foto de María Clementina (Alfonsina) Anuarite el día de su profesión religiosa dentro de la Congregación religiosa de las Hermanas de la Sagrada Familia en Bafwabaka.

María Clementina Anuarite Nengapeta nace en un lugar llamado Wamba (en el Congo, un país que en aquel entonces era una colonia belga), en el año 1941; aunque se da otra fecha como probable, el 29 de diciembre de 1939. Por lo tanto, atendiendo a esta última, hoy se cumplen setenta y siete años de su nacimiento. Sor Clementina tenía un carácter algo primitivo o áspero, acaso por vivir en una época y lugar muy duros, pero gozaba de un corazón bondadoso. Era una mujer de gran compromiso cristiano y una voluntad en sus quehaceres poco habitual. Su vida estuvo llena de amor a Dios, su gran referente y consuelo. Ante la inminencia de su muerte, tuvo la generosidad y fuerza cristiana de perdonar a su verdugo. Finalmente, es brutalmente asesinada -a golpes de fusil- el 1 de diciembre de 1964. Es conocida también como la “María Goretti africana”, pues al igual que la santa italiana murió por defender su virginidad. Una vida la suya de sufrimiento, de perdón y fidelidad. Fue beatificada por S.S. Juan Pablo II el 15 de agosto de 1985. El día de su fiesta litúrgica es el 1 de diciembre.

Existe un deliciosa biografía titulada “Fiel hasta la muerte. Vida y espiritualidad de la Beata M. Clementina Anuarite”, de Fray Antonio Bendito, O.P., que es un hermoso testimonio de fe y un recorrido general por el discernimiento vocacional de la monja africana. A continuación, un pequeño fragmento del mismo.

Fiel hasta la muerte

El 15 de agosto de 1985 fue beatificada en Kinshasa una joven religiosa de raza negra: Sor María Clementina Anuarite Nengapeta, de la Congregación Religiosa de la Jamaa Takatifu (Sagrada Familia). Fue glorificada como mártir de la virginidad. Había sido asesinada por los rebeldes simbas el día 1 de diciembre de 1964, al negarse a aceptar las proposiciones de su jefe: convertirse en su mujer, es decir, en su concubina.

La elevación a los altares se ha convertido para nuestro mundo occidental en un evento casi rutinario, y apenas se le presta ya atención. Máxime si se trata de personajes poco conocidos o distantes por razón de lugar y cultura, como en nuestro caso. Por eso, este acontecimiento pasó del todo desapercibido para muchos cristianos. Cosa muy distinta fue para el entonces Zaire (actual República Democrática de Congo)  y para los cristianos de África, en general. Fue un acontecimiento de auténtica trascendencia, porque Sor Anuarite era la primera mujer del África negra cuya santidad era reconocida solemnemente por la Iglesia; era el primer santo congoleño que sube a los altares; y era el coronamiento y la confirmación de una Iglesia que llega a su mayoría de edad, justo cuando apenas acababa de celebrarse el centenario de su segunda evangelización.

Pero, sobre todo, la joven mártir Anuarite Nengapeta es el modelo que los jóvenes africanos necesitan hoy con urgencia como guía. Porque eligió morir en defensa de su virginidad y por fidelidad a Cristo, a quien consagrara su vida. Y así les ofrece, en este crítico momento de la historia de su país (en agitada crisis de crecimiento), los valores fundamentales e indispensables para la realización de esa plenitud humana y espiritual a la que aspiran, así como, también, el dinamismo necesario para hacerlos vida, en plena libertad interior.

Anuarite es una mujer africana que supo elegir su camino y defenderlo con firmeza, a pesar de los múltiples obstáculos que tuvo que afrontar: por su condición de mujer, por estar dotada de un sistema nervioso más bien débil, por su pobre formación intelectual y por su humilde origen social.

Revestida de la sabiduría y fortalezas divinas, nos enseña que también nosotros (hombres y mujeres de cualquier edad, raza o condición social) podemos construir el edificio de la propia vida y el de la sociedad sí, como ella, nos apoyamos en el Señor y nos dejamos guiar por su Espíritu.

Fr. Antonio Bendito Hernández, OP. “Fiel hasta la muerte. Vida y espiritualidad de la Beata M. Clementina Anuarite”. Editorial Mundo Negro (2005).

Beato Carlos de Foucauld, a cien años de su fallecimiento

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«La Eucaristía es Dios con nosotros, es Dios en nosotros, es Dios que se da perennemente a nosotros, para amar, adorar, abrazar y poseer».

Hoy, 1 de diciembre de 2016, se cumplen cien años del fallecimiento de Carlos de Foucauld (Estrasburgo, 15 de septiembre de 1858 – Tamanrasset, 1 de diciembre de 1916), asesinado -de un disparo- por unos milicianos a la entrada de su ermita en Tamanrasset (Sahara argelino). Para conmemorar una fecha tan especial les proponemos un valioso texto por el P. Andrés Molina, que esboza acertadamente la fisionomía espiritual del Hermano Foucauld.

Vivió la Eucaristía

He aquí una figura eucarística fascinante que resplandece con fulgores propios como astro de primera magnitud. Cabalgó entre la segunda mitad del siglo XIX y las dos primeras décadas del pasado siglo XX. Enamorado ardiente de la Eucaristía, murió como él lo había deseado: de rodillas, con su mirada extática sobre la Blanca Hostia, con una entrega incondicional a su «Bienamado Hermano y Señor Jesucristo».

Síntesis biográfica

Nace en Estrasburgo (Francia) el 15 de septiembre de 1858. No ha cumplido los seis años cuando pierde a su madre el 13 de marzo de 1864, y a su padre el 9 de agosto del mismo año. A pesar de los tremendos avatares de su vida, recordará siempre las últimas palabras de su progenitora en el lecho de muerte: «¡Dios mío, hágase tu voluntad y no la mía!». Su educación es confiada al abuelo materno, el coronel Mollet, hombre piadoso, enamorado de la literatura y de la arqueología, pero incapaz de responder a las inteligentes preguntas de su inteligente nieto, alumno aventajado del Liceo de Nacy. A los quince años comienzan las dudas de fe hasta perderla progresivamente del todo en 1873. Se trató de una pérdida real de la primera virtud teologal y escribe así a un íntimo amigo: «Durante doce años he vivido sin fe alguna». Descreído, vivió su juventud en completo abandono moral: «Yo vivía -escribirá más tarde- como puede vivirse cuando se ha extinguido la última chispa de fe». En 1876 ingresa en la Academia Militar de Sant-Cyr, estimulado por el ejemplo de su abuelo y deseoso de gloria humana. Nombrado subteniente pasa a la Escuela de Caballería de Saumur, pero vive entregado a toda clase de frivolidades.

En una inspección de 1879 escucha este triste informe: «No tiene en grado suficiente el sentimiento del deber». Participa en una campaña militar de Argelia, y cesa en 1881 por indisciplina y mala conducta. Carlos de Foucauld está totalmente descentrado, con viva conciencia de su desesperado ateísmo, pero su espíritu inquieto descubre entre lejanas brumas la luz relampagueante de Dios que le asedia, preparando la aurora de su conversión. Porque dentro de las espesas tinieblas en que se debate, no puede olvidar el testimonio religioso del mundo musulmán de Argelia y Marruecos, como una viva llamada a resucitar su fe.

Llega así el año decisivo de 1886 en que se instala en París muy cerca de la Iglesia de Saint-Agustin. Comienza a leer las «Elevaciones sobre los misterios» de Bossuet, regalo familiar de su Primera Comunión. Se pasa las horas repitiendo, en busca de un rayo de luz, esta corta oración: «Dios mío, si existís, haced que yo os conozca». Por fin el 30 de octubre del mismo año confiesa y comulga. Su retorno a Dios es tan firme como definitivo: «Apenas creí que había Dios, comprendí que sólo podía vivir para Él». Tenía entonces 28 años y se muestra íntimamente convencido de que su conversión ha sido un milagro exclusivo de Dios misericordioso. Su itinerario espiritual a partir de esta crucial experiencia del encuentro con Dios, es rectilíneo. Brujulea, pero es sólo buscando cómo podrá vivir con más plenitud su entrega, es decir, en qué estado podrá servir con mayor perfección a Jesucristo. Comienza para él una etapa difícil. Se formula acuciantes interrogaciones en la búsqueda exacta de la voluntad de Dios. Lee y medita sin cesar la vida de Jesús: «El evangelio me hizo ver que el primer mandamiento es amar a Dios con todo el corazón, y que todo ha de encerrarse en el amor cuyo primer efecto es la imitación».

Intenta realizar su vocación con los trapenses en Notre Dame des Neiges, y seguidamente en Akbés (Siria). Viene después su vocación sacerdotal y sus estudios teológicos en Roma. Abandona la Trapa y marcha a Tierra Santa para vivir como ermitaño en Nazaret. No le interesa tanto vestir el hábito en una determinada orden religiosa, cuanto vivir con total fidelidad el auténtico espíritu contemplativo en la más completa pobreza y total desprendimiento. Después de un trienio en Tierra Santa regresa a Francia y el 9 de junio de 1901 se ordena sacerdote en Viviers, a los 43 años. Pasa a Marruecos para preparar su evangelización y celebra su Primera Misa en Beni Abbés preparándose para fundar su Primera Fraternidad y acogiendo a pobres y enfermos. Es para todos el «Hermanito Universal». Redacta unas «Reglas» para los que deseen compartir con él su vida abnegada. Después de cinco años se traslada a Tananrasset donde permanece los diez últimos años de su existencia como un contemplativo del desierto y como humilde servidor de cuantos acuden a él. Su vida se ha convertido en un aparente fracaso. Pero antes de su muerte lanza este grito desde la cruz de su calvario interior: «Diez años llevo diciendo la Misa en Tananrasset y no puedo contar ni un solo convertido».

El 1 de diciembre de 1916 muere en la heroica soledad de verdadero adorador eremita, sin ningún compañero ni discípulo, víctima de una emboscada asesina, al ser confundido por un espía. Ese mismo día había escrito en su Diario Espiritual: «Se siente que se sufre, pero no siempre se siente que se ama y esto es un grave sufrimiento más». Quince años después de su muerte, sepultado en el surco como fecundo grano de trigo, surgieron los «Hermanitos de Jesús» hoy presentes en todo el mundo católico como herederos espirituales del P. Carlos Foucauld. El sueño del Hermano Carlos quedaba cumplido de manera póstuma y «el páramo se volvía un vergel» (Isaías 32,15).

Disponibilidad sin condiciones

La mayor parte de su vida en el desierto se la pasó adorando la Sagrada Eucaristía en una modestísima tienda de campaña. Todos sus Escritos están inspirados a la sombra de la pequeña Custodia y de su pobrísimo Sagrario. Todo lo que salió de su pluma está transido por una autenticidad evangélica que contagia. Era de veras un alma que amaba apasionadamente a Cristo buscando como única obsesión el mejor modo de imitarle. A esta única meta encaminó todos sus esfuerzos durante los treinta años que transcurrieron desde su conversión (1886) hasta su muerte (1916). El esquema de su sencilla y a la vez profunda espiritualidad cabe en pocas frases: imitar la pobreza de Jesús, fidelidad al «Amado oculto», sentimiento de la adoración, sacerdocio reparador en el desierto de las bienaventuranzas. Entre sus Meditaciones destaca una plegaria programática que podemos calificar como la oración de la disponibilidad sin condiciones. Su texto es muy conocido y muchas personas lo recitan para ofrecerse al Señor en lo más duro y exigente de la vida cristiana:
«Padre: Me pongo en tus manos. Haz de mí lo que quieras. Sea lo que sea te doy las gracias. Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal de que su voluntad se cumpla en mí y en todas tus criaturas. No deseo nada más, Padre. Te confío mi alma, te la doy con todo el amor de que soy capaz, porque te amo y necesito darme, ponerme en tus manos sin medida, con infinita confianza, porque Tú eres mi Padre».

Carlos de Foucauld deseaba que se leyeran a menudo las vidas de los santos y hombres de Dios porque las consideraba como una especie de comentario al Evangelio. Su divisa era bien sencilla: «Amor, amor, bondad, bondad». A cada cristiano se le pide imitar en su estado el «Fiat» de María ante los misteriosos caminos de Dios a quien no podemos exigir cuentas de lo que manda, dispone y permite». Por ello es imprescindible un profundo sentido providencialista convencidos de que Dios todo lo dispone con número, peso y medida, puesto que su providencia se extiende poderosa del uno al otro confín y lo gobierna todo con exquisita suavidad (Sab 8,10 y 11,21). El ideal de este «Hermanito Universal» se sintetiza así: «Leer y releer continuamente el Santo Evangelio, para tener siempre ante el espíritu, los actos, las palabras, las ideas de Jesús a fin de pensar, hablar y obrar como Él».

Apasionado adorador: Textos Eucarísticos

1. Vos estáis ahí, mi Señor Jesús, ¡En la Sagrada Eucaristía! ¡Vos estáis ahí, a un metro de mí, en el Sagrario! ¡Vuestro cuerpo, vuestra alma, vuestra humanidad, todo vuestro ser está ahí con su doble naturaleza! ¡Qué cerca estáis Dios mío! Dígnate darme ese sentimiento de tu presencia en mí y en torno a mí y ese amor temeroso que se siente en presencia de aquel a quien se ama apasionadamente y que nos hace quedarnos ante la persona amada sin poder apartar los ojos de ella con un gran deseo de hacer cuanto le agrada, con un gran temor de hacer, decir o pensar cualquier cosa que le disguste.

2. La Sagrada Eucaristía es Jesús, todo Jesús. Todo el resto no es sino una criatura muerta. En la Sagrada Eucaristía, vos estáis todo entero, totalmente vivo, mi bienamado Jesús, tan plenamente como estabais en casa de la Sagrada Familia de Nazaret, en casa de Magdalena en Betania, como estabais en medio de vuestros Apóstoles. ¡No estemos jamás fuera de la presencia de la Sagrada Eucaristía ni uno solo de los instantes que Jesús nos permita estar junto a ella!

3. Corazón Sagrado de Jesús, gracias por el don eterno de la Sagrada Eucaristía: gracias por estar de esta manera siempre con nosotros, siempre bajo nuestro techo, siempre ante nuestros ojos, cada día en nosotros. ¡Gracias por daros, entregaros, abandonaros así, todo entero a nosotros! El medio mejor y más sencillo de unirnos al Corazón de Jesucristo, es hacer, decir y pensar todo con Él y como Él, manteniéndose en su presencia e imitándole. En todo lo que hagamos, digamos, pensemos, decirnos: Jesús me ve, veía este instante durante su vida mortal: ¿cómo actuaba, hablaba, pensaba Él? ¿Qué haría, diría, pensaría en mi lugar? Mirarle e imitarle. Jesús mismo indicó a sus Apóstoles este método tan sencillo de unión con Él.

4. La Eucaristía no es solamente la comunión, el beso de Jesús, el matrimonio con Jesús: es también el Sagrario y la Custodia, Jesús presente en nuestros altares «todos los días hasta la consumación de los siglos», verdadero Enmanuel, verdadero Dios-con-nosotros, expuesto a cualquier hora, en todos los lugares de la tierra, a nuestras miradas, a nuestra adoración, a nuestro amor, y transformando por esta presencia perpetua la noche de nuestra vida en una iluminación deliciosa. La Eucaristía es Dios con nosotros, es Dios en nosotros, es Dios dándosenos perpetuamente para amar, adorar, abrazar y poseer. A Él la gloria, alabanza, honor y bendición por los siglos de los siglos. Amén.

Sean suficientes los brevísimos textos citados para valorar la gigantesca talla eucarística del P. Carlos Foucauld que leía siempre los Evangelios arrodillado junto al Santísimo Sacramento. Insistía mucho en esta práctica y escribía: «Hay que intentar impregnarse del espíritu de Jesús, leyendo y releyendo, meditando y remeditando sin cesar sus palabras y ejemplos. Que hagan en nuestras almas como la gota de agua que cae una y otra vez sobre una losa, siempre en el mismo lugar».

Hemos de educar y alimentar sólidamente nuestra piedad eucarística haciéndola cada día más evangélica y testimonial. En Jesús Eucaristía poseemos todos los tesoros y en ocasiones solemos olvidarlo. Que el heroico Carlos de Foucauld -próximo a ser beatificado¹– nos ayude con su ejemplo e intercesión a vivir con plenitud nuestra inapreciable vocación eucarística.

Andrés Molina Prieto, Pbro. “La Lámpara del Santuario”, nº5 (2002)

¹ Carlos de Foucauld fue beatificado el 13 de noviembre de 2005 por Su Santidad Benedicto XVI.

La Oración de Abandono (Beato Carlos de Foucauld)

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Padre mío:
Me abandono a Ti.
Haz de mí lo que quieras.
Sea lo que sea, te doy las gracias.
Estoy dispuesto a todo.
Lo acepto todo,
con tal que Tu voluntad se realice en mí
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Dios mío.
Pongo mi vida en Tus manos.
Te la doy, Dios mío,
con todo el amor de mi corazón,
porque te amo,
y porque para mí amarte es darme,
entregarme en Tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre.

Enlace recomendado:

Familia espiritual de Charles de Foucauld

Hermano Francisco Gárate, S.J., el amigo servicial

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El Hermano Francisco Gárate, de la Compañía de Jesús

El H. Francisco Gárate es un siervo de Dios, un gran siervo de Dios, de esos que cautivan el corazón de los sencillos, de los humildes, de los pobres, de todos los que saben comprender la augusta sublimidad de un alma siempre inalterada, de unos labios en perpetua sonrisa, de unas manos en constantes obras de misericordia, de unos ojos dulces y blandos con mirada de bondad y de luz y de alegría y de amparo.

El H. Gárate es casi un símbolo de aquella caridad honda y sin fulgores llamativos; pero en incandescente ardimiento, dispuesto al alivio de los desvalidos con atentísima conmiseración; en atisbos largos de obras de misericordia y de aliento que otorga benigna, graciosa y desinteresadamente… a todos.

El H. Francisco Gárate nació entre castaños y maizales, en el silencio y paz cristiana de uno de esos caseríos vascos típicos, que a la puerta llevan el emparrado de unas vides y dentro la armonía familiar y un buen pasar, fruto de la frugalidad y de las costumbres sanas de sus moradores. El caserío que oyó los primeros vagidos del H. Gárate tiene el privilegio de recostarse en los muros mismos del Colegio de Loyola y de cubrirse con la sombra de la gran cúpula de la Basílica ignaciana.

Nació Gárate, el 3 de febrero de 1857. Su niñez se deslizó en la paz del valle riente, en quietud y piedad… Después, Dios, que le había escogido para sí, le condujo a la Compañía de Jesús el día 2 de febrero de 1874. Los jesuitas españoles estaban en Francia y a ellos se sumó Gárate, jovencito, en el destierro.

Y fue jesuita íntegro, en plenitud. Y pasó su vida en el estado de humildad que se llama Hermano Coadjutor. Pero fue más feliz que los reyes, más rico que los plutócratas, más señor de sí que todos los que mandan ejércitos. Con una fidelidad a la obediencia imponderable. Con una inaltabilidad de espíritu que casi hace desesperar a los que sienten con viveza las idas y venidas, los giros de una naturaleza tornadiza más que veleta en campanario.

Porque el H. Gárate fue portero, durante cuarenta y un años en la portería de la Universidad de Deusto. Y en ella —difícil, ciertamente de desempeñar— conservó la calma y la paz y la sonrisa del alma, porque conservó la igualdad de la estima para con todos y de la caridad y de la misericordia para con los pobres de cuerpo y de espíritu.

Cuarenta y un años vivió así, con pasmo de propios y de extraños… Tenía una memoria prodigiosa para reconocer a las personas aun por el solo timbre de su voz a través del teléfono y a lo largo de muchos años de ausencia, y aunque solamente las hubiera saludado una vez personalmente.

Sería un don extraordinario de Dios, no hay duda, aunque se lo otorgara por vía de una naturaleza privilegiada.

Era hombre de singular oración y unión con Dios, de silencio, ponderado y discreto, finísimo de trato, dispuesto siempre a sacrificarse sin distingos, a ayudar a cualquiera que tuviera necesidad de sus servicios. En todos veía la imagen de Dios. Así vivió… Y se murió como se mueren los santos. Como si supiera la hora del tránsito, sereno, devoro; Se durmió en el Señor. Así, se durmió, el día de la Virgen de Aránzazu, Patrona de Guipúzcoa, 9 de Septiembre del año 1929.

Se fue de este mundo sin ruido, silencioso, como había vivido. Pero quedó de su paso el suave perfume de unas virtudes heroicas y el atractivo irresistible de su memoria en todos los que le conocieron. Y por eso se le invoca hoy, con confianza. Le invocan los pobres y los enfermos y los estudiantes… Y sabemos que los escucha con prontitud.

¹Por todo, esperamos su pronta beatificación. Para ello no solo concederá grandes gracias temporales y espirituales, como hasta el presente; sino que obrará, por la benignidad de Dios, grandes milagros. Así lo creemos.

Pedro Toni Ruiz, S. J.

Bilbao, julio 1942.

¹ El Hermano Gárate fue beatificado el 6 de octubre de 1985 por Juan Pablo II.

Gárate

Oraciones

Dios de vida y del amor, que hicisteis partícipe al Hermano Francisco Gárate de las mejores virtudes que pueden acompañar a un hombre en la tierra: amor, servicio y humildad, glorificad a vuestro siervo ante la Iglesia, atendiendo la gracia que os pido por su intercesión (pídase la gracia deseada). Pero si esto que os pido no es conforme a vuestra santísima voluntad, concededme lo que conduzca a vuestra mayor gloria y bien de mi alma. (Padrenuestro, Avemaría y Gloria)

Amorosísimo Dios, que nos mostrasteis con las admirables virtudes del beato H. Francisco Gárate, cuán dichosa es a vuestros ojos la vida escondida en humildad, obediencia y trabajo: dignaos glorificar a vuestro siervo ante la Iglesia, concediéndonos la gracia que pedimos por su intercesión, si ha de ser para vuestra mayor gloria y bien de nuestras almas. Así Sea. (Padrenuestro, Avemaría y Gloria)

Enlace recomendado: Beato Gárate: hacia la canonización

Beato Josep Tàpies y seis compañeros presbíteros, Mártires de Urgell

Mártires de Urgell

Los sacerdotes seculares del presbiterio de la Diócesis de Urgell, Rvdo. Josep Tàpies y seis compañeros mártires, fueron asesinados por el mero hecho de ser sacerdotes, el día 13 de agosto de 1936, en los inicios de la guerra civil española. Se habían refugiado en La Pobla de Segur (Lleida) que era su ciudad de origen y el lugar donde ejercían su ministerio sacerdotal, y allí fueron juzgados sumarísimamente. Se animaron unos a otros al martirio por Cristo, y fueron conducidos a la vecina población de Salàs de Pallars, donde fueron fusilados en las puertas del cementerio. Fueron beatificados el 29 de octubre de 2005, en la Basílica de San Pedro del Vaticano. Su fiesta se celebra el día 13 de agosto.

Oración

Dios todopoderoso y eterno que concediste a los beatos Josep Tàpies, Pasqual Araguàs, Silvestre Arnau, Josep Boher, Francesc Castells, Pere Martret y Josep-Joan Perot, sacerdotes del presbiterio de Urgell, la gracia de morir por Cristo; ayúdanos en nuestra debilidad para que, así como ellos no dudaron en morir por ti, así también nosotros nos mantengamos fuertes en la confesión de tu nombre.
Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

Siete sacerdotes de Urgell, Mártires de Cristo

Los mártires son aquellos que han llevado la vivencia del misterio de la Pascua de Jesucristo hasta sus últimas consecuencias. Han acompañado al cordero de Dios en su cruz y ahora viven por siempre con Él. A nosotros nos ayudan y estimulan con su ejemplo de fidelidad y de coherencia, nos acompañan en los caminos de dolor y de persecución, y a la vez interceden para que también nosotros sigamos a Cristo con radicalidad, sin medias tintas y con un amor inquebrantable. Es tan grande el amor que da la vida; y la iglesia siempre ha creído que aquellos que la llegan a dar por motivos de fe, es seguro que han sido llevados por el Espíritu de Jesucristo y están ya con Él en el paraíso. En ellos brilla el poder de la santidad de Dios y son signos reveladores de la gloria de Dios. I sobretodo nos animan a ser santos en nuestras propias vocaciones y responsabilidades.

El 29 de octubre del 2005, el Emmo. y Rvdmo. Sr. Cardenal José Saraiva Martins, Prefecto de la Congregación para la causa de los santos, beatifico a siete sacerdotes de nuestra diócesis de Urgell, que fueron asesinados a causa de su fe católica durante la persecución que tuvo lugar en Catalunya y en España durante los años 1936 al 1939. Son unos mártires de Cristo que fueron prisioneros en La Pobla de Segur y fusilados a las puertas del cementerio de Salàs de Pallars el día 13 de agosto de 1936, fecha que se convirtió en día de fiesta y de triunfo.

Sus nombres inscritos por Dios en el libro de la vida son: Mn. Josep Tàpies i Sirvant, nacido en el 1869 en Ponts y que era beneficiado-organista de La Pobla de Segur. Mn. Pasqual Araguàs i Guàrdia, nacido en el 1899 en Pont de Claverol, i que era párroco de Noals (Huesca). Mn. Silvestre Arnau i Pasqüet, nacido en Gòsol en el 1911, el más joven de todos, y que era vicario de La Pobla de Segur. Mn. Josep Boher i Foix, nacido en el año 1887 en Sant Salvador de Toló, y párroco de La Pobleta de Bellveí. Mn. Francesc Castells i Brenuy, nacido en el 1886, en La Pobla de Segur, párroco de tiurana y ecónomo de El Poal. Mn. Pere Martret i Moles, nacido en el 1901 en La Seu d’Urgell, que era ecónomo de la Pobla de Segur. Y Mn. Josep-Joan Perot i Juanmartí, nacido en el 1877 en Boulonge (Toulouse-Francia) y que era en ese entonces el párroco de San Juan de Vinyafrescal.

Son un grupo de sacerdotes diocesanos, pastores de parroquia, que dieron la vida por Cristo y por amor a los hermanos, regalando el perdón a sus verdugos, viviendo aquellos momentos trágicos con sentimientos de unión con la pasión del Señor y de amor a su madre celestial, la Virgen de Ribera, a la cual se encomendaban encaminándose a la muerte. Difundamos la vida y el martirio de estos venerables hermanos nuestros, valoremos su culto i sobretodo imitemos sus virtudes.

Los cristianos de toda la diócesis de Urgell y de las diócesis hermanas de Catalunya y de España nos sentimos muy honrados con este gozoso reconocimiento de la Iglesia y les agradecemos que sean nuestros intercesores ante Dios. Pidámosles que nos ayuden a seguir a Cristo con un gran amor.

+Joan-Enric Vives,
Obispo de Urgell y Copríncipe de Andorra

Carta Pastoral “Set sacerdots d’Urgell, màrtirs de Crist

Fiesta de los Beatos Miguel Tomaszek y Zbigniew Strzalkowski, mártires franciscanos

Beatos Miguel Tomaszek (izqu.) y Zbigniew Strzalkowski

“Padres, para nosotros no habéis muerto”

Hoy se cumple el 25 aniversario de las muertes de los misioneros polacos Miguel Tomaszek y Zbigniew Strzalkowski, Franciscanos Conventuales, asesinados el 9 de agosto de 1991 en Pariacoto (Perú), por un comando de Sendero Luminoso. Algunos días después, el 25 de agosto, también sería asesinado el religioso italiano Alessandro Dordi.

Miguel y Zbigniew nacieron en Polonia (país que nos ha dado grandes santos contemporáneos), en el seno de familias católicas, y pronto sintieron la llamada de Dios. Tras realizar sus estudios decidieron seguir los pasos de San Francisco de Asís. Ambos tenían en común, entre otras muchas cosas, una profunda fe, la sencillez y su solidaridad y compromiso cristiano. Es por ello que el Señor dispuso unirlos en el mismo camino evangelizador. De este modo habían llegado, a finales de los años 80, al distrito de Pariacoto (región de Ancash), con el propósito de formar una sólida comunidad cristiana, crear una escuela para catequistas y participar en las visitas pastorales a pobres y enfermos. Inauguraron oficialmente la parroquia “Señor de Mayo” el 30 de agosto del mismo año, día de la Festividad de Santa Rosa de Lima en Latinoamérica. Fueron recibidos con entusiasmo y pronto se ganaron los corazones de los lugareños. Miguel Tomaszek se referiría al respecto:

“La gente es muy buena. Los niños nos saludan alegremente, incluso cuando ya los hemos visto varias veces durante el día. Hay muchos jóvenes que constantemente vienen a la iglesia. Aquí nadie toca el órgano, pero los jóvenes les va muy bien con sus propios instrumentos. Tienen un par de guitarras y una flauta (muy diferentes que en Polonia); tocan un instrumento hecho de caña de azúcar (suena bonito), tambores nativos de troncos huecos, algo que se asemeja a una gran vaina de la semilla, con el interior de los granos secos.
Cantan muy bien y en armonía. Tenemos misa todos los días a las 8 p.m. porque durante el día casi todo el mundo está trabajando en el campo o en sus huertas. Lo mismo ocurre los domingos; todo el mundo trabaja. (Por cierto, Zbyszek y los niños de la localidad llevaron casi una tonelada de grava de río hoy, domingo, para poner los ladrillos en diferentes partes de nuestra casa”.

Era una época complicada en Perú, a nivel político y económico. Este panorama desembocó en una gran violencia, principalmente por las guerrillas que generaron un conflicto armado (guerra de guerrillas) durante años. Sendero Luminoso sembraba el terror en el país andino, pues era su intención instaurar un régimen comunista por aquel entonces. A pesar de la amenaza en ciernes, los dos religiosos vivían abandonados en Dios y en el prójimo…Hasta que llegó el fatídico día en que fueron sacados a la fuerza de su convento, introducidos en una furgoneta y tras un proceso sumario, fusilados.

Los tres sacerdotes Mártires hablaban la lengua de la caridad de Dios. Provenían de países lejanos. Tenían idiomas distintos: el Padre Miguel y el Padre Zbigniew hablaban polaco, Don Alessandro italiano.

Cuando vinieron a Perú aprendieron a hablar vuestra bella lengua. Pero en realidad la lengua de nuestros tres Mártires fue sobre todo la de la caridad. Su predicación, su comportamiento, su apostolado, su aceptación del martirio fueron lecciones de caridad.

La caridad vence al odio y aplaca la venganza. La caridad es paciente, benigna, no falta al respeto, no se enfada, no lleva cuentas del mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se complace de la verdad. La caridad perdona a los asesinos y genera reconciliación. La caridad todo lo abarca, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. La caridad no acabará nunca (cf. 1 Cor 13, 2-7).

Es la caridad el auténtico sendero luminoso que trae vida y no muerte, que genera paz y no guerra, que crea fraternidad y no división. Es la caridad la que acompaña a la humanidad hacia el paraíso, hacia la Jerusalén celestial, la ciudad del amor ilimitado de Dios y del gozo sin fin…

Ellos son mártires tanto por la sangre derramada por la confesión de la fe ante los asesinos, como por la confesión de la caridad, que transforma nuestra historia, contaminada por el mal, en historia de salvación, fermento de esperanza y de bondad.

Cardenal Angelo Amato, en la homilía de Beatificación de los Mártires de Pariacoto

La causa de beatificación comenzó en los años 90. En 2015, en el mes de febrero, el Papa Francisco decretó que habían fallecido por odio a la fe; siendo beatificados, en una multitudinaria ceremonia, en diciembre de ese mismo año. El asesino que ordenó la ejecución pidió perdón y su testimonio resultó fundamental para el reconocimiento del martirio.

Mártires de Pariacoto

   Oración

Señor, Tú que ungiste con el don del sacerdocio
a tus hijos Miguel, Zbigniew y Sandro
y los enviaste como mensajeros
de la Buena Nueva en el Perú.
Te damos gracias por haberles otorgado
la palma del martirio
y te pedimos que los glorifiques también
con la corona de los santos.
Por su sangre derramada por Ti,
danos fidelidad en la fe,
haznos testigos de la esperanza,
guarda nuestras vidas
y concede a nuestra patria
el don de la paz.
A las víctimas inocentes de la violencia,
recíbelas en tu Reino
y concédeles el premio.
Amén.

Enlaces recomendados:

Beatos Miguel Tomaszek y Zbigniew Strzalkowski, biografías

Testigos de la esperanza (página web dedicada a los mártires Miguel Tomaszek y Zbigniew Strzalkowski, y Alessandro Dordi)

Mártires de Tazacorte: Sangre en el mar

Mártires de Tazacorte, sangre en el mar

Era el tiempo en que la Rosa de los vientos llevaba el pabellón de la España imperial clavado en cada uno de sus estilizados pétalos. Era el tiempo en que España dejaba blanquear los huesos de sus hijos —soldados y teólogos— en las costas de Albión, en las dunas de Flandes, en los campos de Francia y Alemania para mantener enhiesta, sobre la herejía vencida, la Fe católica de Roma. Era la Edad gloriosa, cuando España, no contenta de salvar a la Europa latina de la infección protestante,— “fiera recrudescencia de la barbarie septentrional”— ofrecía a la Iglesia, a cambio de los desgarros que en su túnica perpetraron manos apóstatas, un nuevo mundo conquistado por el valor de sus capitanes y evangelizado por la virtud de sus Misioneros.

Un día del año de 1570 zarpa del puerto de Lisboa un navío con rumbo al Brasil. Un navío hispano – lusitano porque el mismo cetro real de Felipe II rige a Portugal y a España y, además, porque en lo ideal no hay fronteras dentro de la Península ibérica; el mismo destino histórico evangelizado y civilizador impera en las gestas de españoles y portugueses. La nave lleva un rico cargamento, de Hispanidad: arcabuceros, fogueados quizás en San Quintín o en las marismas bátavas, licenciados de Coimbra o Salamanca, labriegos, mercaderes, menestrales, y, como razón que justifica y guía que señala infalible el camino de la Civilización verdadera, sobre la cubierta del bajel se destaca- el austero hábito del sacerdote de Cristo.

Hacia el Brasil se dirigen cuarenta religiosos de la Compañía de Jesús, es superior de la expedición, el Padre Ignacio de Azevedo. Nombre ya prestigioso en el recién fundado Instituto. Nacido en Oporto en 1527, ingresó en el noviciado a los veintiún años admitido por el Padre Simón Rodríguez, compañero de San Ignacio e introductor de la Compañía en Portugal. En 1552 es nombrado rector del Colegio de San Antonio en Lisboa, pasando luego de superior a la casa profesa de San Roque y poco después se le otorga el cargo de Vice-Provincial de todo Portugal. Asistió a la segunda Congregación general en la que fue elegido San Francisco de Borja, quien le envió a las misiones brasileñas. De Roma se trajo, como obsequio del Papa S. Pío V, una copia del cuadro de Santa María la Mayor, imagen que llevaba consigo en todos los viajes.

Regresó de América para allegar recursos y misioneros y una vez obtenidos se reembarca para proseguir en las selvas vírgenes del Amazonas, su iniciada labor conquistadora de almas para Cristo. Pero la Divina Providencia había decretado que aquellos apóstoles no arribaran al puerto de Río de Janeiro sino a otro puerto de término definitivo —«inmortal seguro»— adonde van consignados los tesoros de «preciosas margaritas». Al llegar el buque el 15 de julio de 1570, a la altura de la isla de La Palma, frente al puerto de Santa Cruz, avista una nutrida escuadra que les cierra el paso. En los mástiles de aquellos navíos ondea el siniestro pabellón de un corsario calvinista. Su nombre ha llegado hasta nosotros: Jacobo Serel, (no Soria como impropiamente se le designa) natural de Criel, entre Dieppe y la Villa d’Eu; famoso por sus correrías manchadas siempre de crimen y exterminio.

Frente a frente se hallan dos concepciones antropológicas y teológicas de oposición irreductible. De una parte el paroxismo de la rebeldía, del error y del odio hecho carne en el Calvinismo; de otra la personificación más acendrada de la disciplina y obediencia heroica —«tanquam cadaver»— de amplísima verdad —humanismo cristiano del «ratio studiorum»— y de la caridad como suprema ley y regla de vida, plasmada en la última maravillosa producción de la Iglesia Católica: la COMPAÑÍA DE JESÚS.

Los más genuinos representantes de la Hispanidad, los Hermanos en Religión del P. Laínez cuya doctrina sin medias tintas — tan católica como hispana— sobre el libre albedrío afirma que todos los hombres, sin distinción de razas superiores e inferiores, si quieren, pueden salvarse; los que, por estar imbuidos en esta doctrina, sienten, quizás como, ninguna Orden, la vocación misionera, se encuentran, como corderos entre lobos, rodeados de los herejes que han llevado más lejos sus errores sobre la, libertad humana: el fatalismo había hallado en Calvino su más brutal definidor: «hay hombres que nacen destinados al infierno porque Dios lo quiere». Y el hombre que formula esta blasfemia inverosímil tiene discípulos y ejerce una influencia enorme en Suiza, Francia e Inglaterra…

Mediante un rápido abordaje consiguen los piratas apoderarle de su fácil presa. Los cuarenta jesuitas son condenados a muerte. No puede haber cuartel para la quinta esencia del Catolicismo y de la Hispanidad El Padre Ignacio de Azevedo, con la imagen de Santa María la Mayor a guisa de escudo, lleno de sobrenatural serenidad, exhorta a sus Hermanos con palabras de fuego a ser dignos soldados de la Milicia de Jesús; se vuelve, luego, a los herejes e increpa su impiedad y extravío hasta que cae acribillado por golpes de lanza. Sus compañeros sufren un martirio más prolongado. Despojados de sus hábitos, son apaleados hasta fracturarles brazos y piernas, alanceados y acuchillados son, por último, arrojados semivivos al mar.

Durante la ejecución de la inicua sentencia acaece un suceso digno de figurar en un acta martirial de la Iglesia primitiva. Los herejes habían indultado a un Hermano coadjutor por precisar de sus conocimientos culinarios. Un joven pasajero (sobrino del capitán de la nave portuguesa ) que ya había mostrado su deseo de ingresar en la Compañía, sintiéndose solidario de aquellos invictos confesores y para completar el simbólico, número de cuarenta, ocultamente se viste la sotana perteneciente a uno de los verdugos confesando su fe y su vocación, recibiendo al momento la púrpura inmortal infinitamente más valiosa que la de los Césares romanos.

Entre los mártires se encontraba un sobrino de Santa Teresa: Francisco Pérez Godoy, natural de Torrijos. La Doctora Mística tuvo una visión sobrenatural donde contempló a los cuarenta mártires victoriosos ascender llenos de júbilo a los cielos. Este es el asunto de la alegoría que ilustra este artículo. En el cuarto centenario de la fundación de la Compañía de Jesús es oportuno recordar esta gloria conjunta de. ella y de Canarias. No fueron mártires del Brasil, como se les suele llamar a los cuarenta beatificados por Pío XI el 1 de mayo de 1854, sino mártires de Canarias donde se les conmemora con Oficio particular y propio.

La bondad divina quiso que las costas del Archipiélago se vieran ungidas por sangre de martirio. La espuma del Atlántico que besa nuestras playas dejó de ser blanca. Un día de julio las olas empenacharon sus crestas con el color ardiente del sacrificio y de la caridad heroica. La sangre fecunda de los inmolados por Cristo circundó como corona de rosas bermejas a esta tierra atlántica, centinela avanzado de la Hispanidad.

Gabriel G. Landero. Prebístero
Santa Cruz de Tenerife. 1941

* * *

Mártires de Tazacorte

Festividad de los Mártires de Tazacorte (Beato Ignacio de Azebedo y 39 compañeros jesuitas)

Beata Ángela (Aniela) Salawa, la empleada de hogar que llegó a santa

Beata Ángela Salawa (2)

El trabajo de un ama de casa o de una empleada del hogar es escondido, pero necesario e indispensable: el trabajo sacrificado y no aparente, que no se ve aplaudido y que quizá no encuentra siquiera gratitud y reconocimiento. El trabajo humilde, repetido, monótono, y por consiguiente heroico, de una innumerable multitud de madres y de jóvenes mujeres, que con su fatiga cotidiana contribuyen al equilibrio económico de tantas familias y que resuelve tantas situaciones difíciles y precarias, ayudando a padres lejanos o a hermanos necesitados.

SS. Juan Pablo II

Hija de Bartolomé Salawa y Eva Bochenek, campesinos pobres pero religiosos, nació el 9 de septiembre de 1881 en Siepraw, región muy árida e improductiva, distante 18 kilómetros de Cracovia. Ángela era la menor de nueve hermanos, nació y creció desnutrida, débil y enfermiza, era un tanto desobediente y caprichosa. Hizo los dos años de escuela posibles en el lugar, y aprendió a leer, pero no mucha ortografía. Piadosa, aficionada a leer buenos libros. A los 12 años comenzó a trabajar al servicio de vecinos en oficios de hogar. A los 16 años, en busca de trabajo, se trasladó a Cracovia, donde ya residía su hermana Teresa. Esta le ayudó a conseguir su primer trabajo, pero los dos primeros años debió cambiar de empleo frecuentemente. Ingresó a la Asociación de Santa Zita, de las empleadas de hogar. En los primeros tiempos era vanidosa y frívola, y no muy piadosa, y mientras su hermana, según ella, iba de afán camino del cielo, ella también quería llegar, pero “despacito”. Sin embargo, siguió fiel a sus prácticas de piedad, y a sus deberes religiosos, quizás un tanto rutinariamente. Los consejos de su hermana y la prematura muerte de ésta, la movieron a cambiar de conducta y a tomar más en serio su vida. Bajo impulso sobrenatural abandonó la frivolidad en sus diversiones y en su presentación personal, de modo que, presentándose impecablemente, lo hacía solamente movida por su dignidad de hija de Dios.

Comenzó a progresar en la piedad, poco a poco se fue corrigiendo hasta llegar a convertirse en consejera de sus compañeras. Mientras tanto, alimentaba su vida interior con la lectura de libros de mística y de biografías de santos, sintiendo gran devoción por la figura de la santa italiana Gema Galgani. Con cierta frecuencia visitaba a su familia. Pensó algún tiempo en ingresar a un monasterio. Después de consultarlo con su confesor, hizo voto de castidad perpetua. Poco a poco comprendió que su vocación era sufrir con Cristo, y la aceptó resueltamente, pero consciente de su debilidad. Oraba largamente ante el Santísimo Sacramento y leía libros de alta mística tomando notas de los puntos prácticos que hallaba. Por orden del confesor comenzó a llevar un “diario”, para consignar sus vivencias místicas, facilitar las consultas y abreviar sus confesiones. Encontró al fin condiciones favorables de trabajo, llevaba ya cerca de ocho años trabajando con una pareja de esposos sin hijos. Su confesor estable, cansado de las intrigas de personas envidiosas, e inclusive de las calumnias movidas contra Ángela, se negó bruscamente a atenderla en confesión, y públicamente la sacó de la fila del confesionario. Una mujer, en plena iglesia, le dio una bofetada; ella soportó pacientemente estas dolorosas humillaciones. La señora en cuya casa trabajaba, enfermó gravemente y murió, asistida por Ángela. Después de esto, dos parientas del viudo pasaron a vivir con él, y comenzaron a hacerle difícil a Ángela la vida y el trabajo. Al sentirse abandonada, de repente siente que Jesús le dice: “¿Hija, por qué te preocupas? Yo no te he abandonado”. Toma como director espiritual a un padre jesuita, el cual la acompaña en su proceso hasta el fin. Para seguir más de cerca de Cristo pobre y crucificado, se hace terciaria franciscana el 15 de marzo de 1912, y hace su profesión el 6 de agosto de 1913.

Mientras dispone de trabajo, ayuda a los enfermos en los hospitales, a los pobres y a sus compañeras necesitadas. En el otoño de 1916 es expulsada del trabajo, acusada de ladrona. Las enfermedades la agobian, la necesidad la acosa, y las envidiosas la persiguen, insultan y calumnian. Consigue algunos trabajos pasajeros, pero en mayo de 1917 ya no puede trabajar más. En un primer momento se acoge al hospital de Santa Zita, como cumplida socia que había sido. Pero también allí la calumnia y la envidia la persiguen, y decide irse a vivir sola, logra alquilar una pequeña habitación dónde vivir. Allí, en medio de los sufrimientos, tiene algunas visiones de Jesús que la conforta pero también la corrige. A veces puede con gran dificultad ir a la iglesia y comulgar; pues una envidiosa, acusándola de fingir la enfermedad, había logrado impedir que los franciscanos le llevaran la comunión a su vivienda. Ofrece sus sufrimientos por la libertad de Polonia, su patria ocupada. En octubre de 1920, participa con ayuda de sus compañeras en una peregrinación a Chestochowa, que ellas organizaron para orar a la Virgen de Jasna Gora. A finales de 1920 hasta casi mediados de 1921 sufre terribles dolores, con crueles tentaciones de desesperación, ella acepta todos sus “queridos tormentos”, para unirse a Cristo en su pasión. Cristo la conforta con algunas visiones, pero luego viene otro período de tentaciones diabólicas, sugestiones alternativas de desesperación y de orgullo y presunción. Por fin viene una última etapa de consolación, y finalmente muere con una envidiable paz del corazón el 12 de marzo de 1922. Fue beatificada el 13 de agosto de 1991 por Juan Pablo II, en Cracovia. Precisamente, Karol Wojtyla al inicio de su pontificado, impulsó la reanudación de la causa de beatificación de Ángela y su introducción en Roma.

Expiró serenamente en el Señor el 12 de marzo del año 1922 en Cracovia, y su fama de santidad se difundió rápidamente por toda Polonia.

La beatificó Juan Pablo II el 13 de agosto de 1991, en la misa que celebró en la plaza del Mercado de Cracovia. En la homilía dijo, entre otras cosas: «Me alegra sobremanera haber podido celebrar en Cracovia la beatificación de Aniela Salawa. Esta hija del pueblo polaco, nacida en el cercano Siepraw, vivió una parte notable de su vida en Cracovia. Esta ciudad fue el ambiente de su trabajo, de sus sufrimientos y de su maduración en la santidad. Vinculada a la espiritualidad de san Francisco de Asís, mostró una sensibilidad insólita ante la acción del Espíritu Santo. Los escritos que nos dejó dan testimonio de ello». En otro momento de la homilía, se refirió a la beata Eduvigis, reina, y a la nueva beata: «Que se unan a nuestra conciencia estas dos figuras femeninas. ¡La reina y la sirvienta! ¿Acaso no se expresa toda la historia de la santidad cristiana y de la espiritualidad edificada según el modelo evangélico en esta simple frase: “Servir a Dios es reinar”? (cf. Lumen Gentium 36). La misma verdad encuentra expresión en la vida de una gran reina y de una sencilla sirvienta».

Fuentes:

franciscanos.net/santoral («Franciscanos para cada día» Fr. G. Ferrini O.F.M.)

franciscanos.org (Texto de L’Osservatore Romano)

Beata Ángela Salawa

Dios misericordioso, con vuestra inspiración la Beata Ángela Salawa participó en la misión profética, sacerdotal y real de Cristo, llenándose con el amor de su vocación como fiel Sierva.
Concede que por su intercesión, seamos fieles a la gracia del bautismo, para que de buen grado sirvamos al Señor y a nuestros hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

“Beata Ángela Salawa, empleada doméstica”. Ángel Peña, O.A.R. (libro pdf)

La voluntad de ser santo: Beato Domingo (del Santísimo Sacramento) Iturrate, presbítero de la Orden Trinitaria

Beato Domingo Iturrate

Haré lo ordinario extraordinariamente bien

“Esto es lo único que debemos desear en esta vida: el servicio de Dios. Todas las cosas, fuera de amar a Dios son transitorias y perecederas. Las riquezas y comodidades de esta vida no son otra cosa que un placer momentáneo, que no pasa más allá de la muerte. Y además de ser tan cortas, están mezcladas con tantas amarguras y cuidados. Por eso debemos procurar atesorar riquezas espirituales, que siempre duran y nos conducen a una vida eternamente feliz. Los bienes de este mundo debemos considerarlos como medios que Dios nos da para que le sirvamos con más facilidad”.

Domingo Iturrate

El Beato Domingo Iturrate Zubero, sacerdote trinitario, nació en Dima (Vizcaya) el 11 de mayo de 1901. Era el mayor de 11 hermanos, hijos de padres labradores muy piadosos. Fue un niño ejemplar. Modelo de virtud en su juventud; vivió con toda radicalidad la vocación religiosa. A los 13 años entró en el seminario de los trinitarios donde se caracterizó por ser un buen alumno y su tenacidad en los estudios. Con 18 años se marcha a estudiar a Roma (1919-1926), en la universidad Gregoriana de los Jesuitas, donde se doctoró en Filosofía y Teología de manera brillante.

Hizo el noviciado en Bien Aparecida (Cantabria), donde emitió el 1 de diciembre de 1918 los votos temporales en manos de su superior. El 23 de octubre de 1922, fiesta de Jesús Nazareno Redentor para los trinitarios, había hecho su profesión solemne. Aunque deseaba ser misionero sus superiores le aconsejaron su dedicación a la formación y al ejercicio del ministerio. El 9 de agosto de 1925 fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicario de Roma, Mons. Pompilli. El 15 del mismo mes, fiesta de la Asunción, cantó su primera misa solemne en la capilla de las religiosas Adoratrices en el marco de una liturgia rebosante de júbilo por la subida de María a los cielos. Pero su sacerdocio duró poco tiempo. En la plenitud de su vida le diagnostican una enfermedad incurable que Domingo acepta con entereza, entregándose a la voluntad del Señor. El 7 de abril de 1927 murió en el Convento de Belmonte (Cuenca) enfermo de tuberculosis. Tras una segunda exhumación, sus reliquias se veneran actualmente en la iglesia trinitaria del Santísimo Redentor de Algorta (Vizcaya). La fama de santidad de Domingo Iturrate se ha extendido por toda España y América Latina, siendo un modelo “asequible” de santo para jóvenes y no tan jóvenes, religiosos y sacerdotes. Fue beatificado por Juan Pablo II, el 30 de octubre de 1983, quien afirmó: “Todo lo orientaba hacia la Trinidad y todo lo contemplaba desde ese inefable misterio…Una fidelidad a la llamada interior y una respuesta generosa a la misma”. Como religiosos trinitario, procuró vivir según los dos grandes ejes de la espiritualidad de su Orden: el misterio de la Santísima Trinidad y la obra de la redención, que en él se hacía vivencia de intensa caridad…”

Beato Domingo Iturrate

Los grandes amores de Fr.Domingo fueron: la Santísima Trinidad, la sagrada Humanidad de Cristo, la Eucaristía y la Santísima Virgen María. La Virgen aparece en sus escritos y cartas unida a Jesús y, en alguna otra ocasión, a la Stma. Trinidad. Sin duda, amaba a la Virgen como una madre suya: “Yo me he consagrado y entregado enteramente a Jesús por María; por consiguiente, de aquí en adelante en todo me consideraré como una cosa suya, de suerte que en cualquier cosa que me suceda, sea próspera o adversa, según o contra mi voluntad, diré: Soy de Jesús y María; por consiguiente, que hagan de mí lo que más les agrade”.

Beato Domingo Iturrate 2

El SECRETO de su vida, lo expresaba el mismo: “En las cosas pequeñas de cada día cuidar la fidelidad y poner todo el amor en el empeño”. Era una frase muy querida para él: “Hoy y aquí, hacer lo mejor posible lo que tengo delante, porque ésa es la voluntad de Dios”.Beato Domingo Iturrate 3

Oración al Beato Domingo Iturrate

Oh Trinidad amabilísima, en Vos creo, en Vos espero. Os amo con todo mi corazón, y os pido llenéis mi alma de vuestra gracia y la confirméis en ella de modo que jamás deje de ser vuestro santo templo y la morada de vuestras delicias. Dignaos glorificar a vuestro Beato Domingo Iturrate, concediéndome la gracia que solicito, si ha de ser para mayor gloria vuestra, bien y provecho de mi alma. (Récese tres Padrenuestros a la Santísima Trinidad)

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Beato Domingo Iturrate 1

Causa del Beato Domingo Iturrate

PP. Trinitarios-Parroquia Santísimo Redentor

Apartado 93

48990 Algorta (Bilbao)

Monseñor Óscar Romero, la voz de los sin voz

Mural con el retrato de Monseñor Óscar Arnulfo Romero (Giobanny Ascencio y Raúl Lemus, 1991. Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Sociales de la Universidad de El Salvador)

Óscar Arnulfo Romero fue un sacerdote salvadoreño, muy querido por su defensa de los derechos humanos y su entrega y compromiso con los más pobres. Nació en 1917 en Ciudad Barrios, en un hogar humilde y cristiano. Siendo joven -un poco tímido pero con afán de superarse- se siente atraído por la vocación sacerdotal, y muy pronto ingresa en el Seminario. En 1942 es sacerdote, caracterizándose por ser un hombre acogedor y de escucha. Amplía estudios y se doctora en Teología en la Universidad Gregoriana de Roma. Tras ocupar distintos cargos en la Conferencia Episcopal salvadoreña es nombrado Obispo Auxiliar de San Salvador (1970). En 1974, con el apoyo del Nuncio Apostólico de Roma, es elegido Obispo de la Diócesis Santiago de María.

Su labor encomiable le lleva a ser Consagrado como Arzobispo de San Salvador en febrero de 1977. Sus comienzos resultaron dramáticos con la muerte del también jesuita Rutilio Grande y una situación política del país enrarecida y beligerante; de tal modo que sus pensamientos -teológicos y pastorales- sufrieron un vuelco, aún más si cabe, comenzando a predicar con enorme firmeza y mayor denuedo, siempre en defensa de las familias pobres y oprimidas. Entiende que sin justicia social no hay evangelización completa. El pueblo escuchaba con interés y entusiasmo sus homilías, pero la represión arreciaba contra la iglesia y sus palabras -de denuncia de los abusos del gobierno- no eran bien vistas por el poder político-militar. Hombre profético que supo anunciar la justicia, la paz y la solidaridad, fue candidato al Premio Nobel de la Paz, propuesto por el Parlamento británico en 1978. Además, recibió el “Premio Paz 1980” de parte de la “Acción Ecuménica Sueca”.

Monseñor Romero, finalmente, moría vilmente asesinado (en odio por su fe) durante el ejercicio de su ministerio pastoral el 24 de marzo de 1980. Ante el altar, junto a las ofrendas del pan y el vino, su sangre aún caliente por la certera bala sellaría su ofrenda al Señor. Su causa de beatificación se abrió durante el pontificado de San Juan Pablo II, que en varias ocasiones repitió con fuerza: «Romero es nuestro, Romero es de la Iglesia»; y así Dios lo ha querido, la *declaración oficial de beato se producirá este año 2015. Su forma de vida y sus escritos revelan una gran calidad humana y de verdadero compromiso con los más necesitados («Romero no era un obispo revolucionario, sino un hombre de la Iglesia, del Evangelio y de los pobres», monseñor Vicenzo Paglia). Es uno los hombres destacados del siglo XX, un “mártir contemporáneo” que supo ser fiel y generoso servidor de Jesús, y que se une a otros muchos obispos, sacerdotes, religiosos, que han ofrendado su vida en defensa de los derechos de los desposeídos. Sin duda, con testigos así se engrandece el mundo:

• “ El martirio es una gracia de Dios que no creo merecer. Pero si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea la semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad.»

• “ Puede usted decir si llegasen a matarme que perdono y bendigo a quienes lo hagan. Ojalá si, se convencieran que perderán su tiempo. Un Obispo morirá pero la Iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás.»

• “ Mi voz desaparecerá, pero mi palabra que es Cristo quedará en los corazones que lo hayan querido acoger” (17.12.78)

• “ Hermanos, guarden este tesoro. No es mi pobre palabra la que siembra esperanza y fe; es que yo no soy más que el humilde resonar de Dios en este pueblo” (2.10.77).”

• “…La palabra que a muchos molesta, la liberación, es una realidad de la redención de Cristo. La liberación quiere decir la redención de los hombres, no sólo después de la muerte para decirles «confórmense mientras viven». No. Liberación quiere decir que no exista en el mundo la explotación del hombre por el hombre. Liberación quiere decir redención que quiere libertar al hombre de tantas esclavitudes. Esclavitud es el analfabetismo. Esclavitud es el hambre, por no tener con qué comprar comida. Esclavitud es la carencia de techo, no tener donde vivir. Esclavitud, miseria, todo eso va junto….” (Romero, 1977: 342).

• “ La misión de la Iglesia es identificarse con los pobres… así la Iglesia encuentra su salvación.» (Homilía dominical, 11 de noviembre de 1977)

• “ ¿Qué otra cosa es la riqueza cuando no se piensa en Dios? Un ídolo de oro, un becerro de oro. Y lo están adorando, se postran ante él, le ofrecen sacrificios. ¡Qué sacrificios enormes se hacen ante la idolatría del dinero! No sólo sacrificios, sino iniquidades. Se paga para matar. Se paga el pecado. Y se vende. Todo se comercializa. Todo es lícito ante el dinero.» (Homilía dominical, 11 de septiembre de 1977)

• “ La justicia social no es tanto una ley que ordene distribuir; vista cristianamente es una actitud interna como la de Cristo, que siendo rico, se hace pobre para poder compartir con los pobres su amor. Espero que este llamado de la Iglesia no endurezca aún más el corazón de los oligarcas sino que los mueva a la conversión.» (Homilía dominical, 24 de febrero de 1980)

(Mons.Óscar Romero)

Romero, un símbolo que representa “la voz de los sin voz”:

Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles… Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: “No matar”. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión

Monseñor Romero

Oración

¡Oh! Jesús, Pastor Eterno: Tú hiciste de Monseñor Óscar Romero un ejemplo vivo de fe y de caridad, y le concediste la gracia de morir al pie del altar en un acto supremo de amor a Ti. Concédenos, si es Tu voluntad, la gracia de su beatificación. Haz que sigamos su ejemplo de amor por tu Iglesia, por tu Palabra y la Eucaristía; y te amemos en los más pobres y necesitados. Te lo pedimos por la intercesión de la Virgen María, Reina de La Paz.  Amén.

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Documental sobre la vida y obra de Monseñor Romero (creado por el Arzobispado de San Salvador)

Enlaces

Página de interés: Monseñor Óscar Romero: Biografía, obra, fonoteca, imágenes, enlaces de interés (Biblioteca Cervantes Virtual)

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*Monseñor Óscar Arnulfo Romero será beatificado en una ceremonia que se llevará a cabo en San Salvador el próximo 23 de mayo, anunció el representante del Vaticano Monseñor Vincenzo Paglia -postulador de la causa del arzobispo mártir- en una rueda de prensa en la capital salvadoreña, donde también confirmó que la ceremonia de beatificación será presidida por el cardenal Angelo Amato.