Oración del Papa Francisco a los santos peruanos

Oración del Papa Francisco a los santos peruanos en la Catedral de Lima.

Oración

Dios y Padre nuestro,
que por medio de Jesucristo
has instituido tu Iglesia
sobre la roca de los Apóstoles,
para que guiada por el Espíritu Santo
sea en el mundo signo e instrumento
de tu amor y misericordia,
te damos gracias por los dones
que has obrado en nuestra Iglesia en Lima.

Te agradecemos de manera especial
la santidad florecida en nuestra tierra.
Nuestra Iglesia arquidiocesana,
fecundada por el trabajo apostólico
de santo Toribio de Mogrovejo;
engrandecida por la oración,
penitencia y caridad de santa Rosa de Lima
y
san Martín de Porres;
adornada por el celo misionero
de san Francisco Solano
y el servi
cio humilde de san Juan Macías;
bendecida por el testimonio de vida cristiana
de otros hermanos fieles al Evangelio,
agradece tu acción en nuestra historia
y te suplica ser fiel a la herencia recibida.

Ayúdanos a ser Iglesia en salida,
acercándonos a todos,
en especial a los menos favorecidos;
enséñanos a ser discípulos misioneros
de Jesucristo, el Señor de los Milagros,
viviendo el amor, buscando la unidad
y practicando la misericordia
para que, protegidos por la intercesión
de Nuestra Señora de la Evangelización,
vivamos y anunciemos al mundo
el gozo del Evangelio.

Fuente: op.org/es (Orden de Predicadores)

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El Angelus

El Angelus

«Mantened su rezo acostumbrado, donde y cuando sea posible». (MC, 41)

Doce campanadas suenan
cruzando el aire triunfantes,
desde el alto miranete
de palacios celestiales.

Invitan a la oración
con melodías de Arcángel:
«Salve, graciosa Señora,
Madre de Dios, Dios te salve».

∼II∼

Están tocando a rebato:
el Corazón de Dios arde;
fuego nos trae a la tierra,
y es preciso que se inflame.

Tres avecillas en vuelo
mientras las campanas tañen;
que en un inmenso abanico,
de gozo, sus alas abren.

Tres llamaradas de amor,
de cada hijo a su Madre;
tres rosales florecidos,
en los jardines del aire.

Un santo estremecimiento
cubre pueblos y ciudades;
y saludando a la Virgen,
juntan sus manos orantes.

El labrador, boina en mano,
deja el arado un instante,
y contempla emocionado
que se inclinan los trigales…

Suenan doce campanadas:
Madre de Dios, Dios te salve.

  Paquita Sánchez Remiro
(De “Madre de misericordia. Esperanza nuestra”)

* * *

Foto ilustrativa: Unos niños tocan las campanas de la Iglesia de La Concepción de La Orotava. Año 1945. (Colección: ABG).

Las Gracias obtenidas por participar de la Santa Misa

Todas las obras reunidas no equivalen al santo Sacrificio de la Misa, porque son obras de los hombres; mientras que la Misa es obra de Dios, es el Sacrificio que Dios hace de su cuerpo y de su sangre por amor a los hombres.

San Juan María Vianney, Santo Cura de Ars.

*Las Gracias que se obtienen por participar de la Santa Misa:

1. La Misa es la continuación del Calvario.
2. Cada Misa vale tanto como la vida, sufrimientos y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, ofrecidos en sacrificio.
3. La Santa Misa es el acto de desagravio más poderoso para expiar los pecados.
4. A la hora de la muerte, el consuelo más grande del alma consistirá de las Misas oídas en vida.
5. Cada Misa bien oída nos acompañará hasta el Tribunal Divino, suplicando perdón.
6. En la Santa Misa, según el fervor con que se asiste, se puede disminuir en grado mayor o menor, la pena temporal debida por los pecados.
7. Al asistir devotamente a la Santa Misa, se rinde el más grande homenaje a la Sagrada Humanidad de Nuestro Señor.
8. En la Santa Misa, Nuestro Señor Jesucristo ofrece expiación y desagravio por muchas omisiones y negligencias nuestras.
9. En la Santa Misa, Jesucristo perdona los pecados veniales que todavía no se han confesado. Además se disminuye el poder de Satanás sobre el alma.
10. Al asistir a la Santa Misa se proporciona a las almas del Purgatorio, el alivio más grande que sea posible.
11. Una Misa bien oída durante la vida, será de más provecho al alma, que muchas que se ofrecieran para su reposo después de la muerte.
12. Por asistir a Misa, el alma se preserva de peligros, desgracias y de calamidades, que de otro modo hubieran sucedido. Además, se abrevia o reduce la duración de su Purgatorio.
13. Cada Misa bien oída obtiene para el alma un grado más elevado de gloria en el Cielo.
14. En la Misa se recibe la bendición del sacerdote que Nuestro Señor ratifica en el Cielo.
15. En la Misa se arrodilla entre una multitud de los santos ángeles, que están presentes en actitud de profunda reverencia, durante el sacrificio adorable de la Santa Eucaristía.
16. En la Santa Misa se reciben bendiciones para todos los bienes y empresas temporales.

∗Promesas de Cristo a Santa Gertudris para aquellos que participan de la Santa Misa.

* * *

 Eucaristía

Amor de ti nos quema, blanco cuerpo;
amor que es hambre, amor de las entrañas;
hambre de la palabra creadora
que se hizo carne; fiero amor de vida
que nos se sacia con abrazos, besos,
ni con enlace conyugal alguno.
Solo comerte nos apaga el ansia,
pan de inmortalidad, carne divina.
Nuestro amor entrañado, amor hecho hambre,
¡oh Cordero de Dios!, manjar Te quiere;
quiere saber ardor de tus redaños,
comer tu corazón, y que su culpa
como maná celeste se derrita
sobre el ardor de nuestra seca lengua,
que no es gozar en Ti; es hacerte nuestro,
carne de nuestra carne, y tus dolores
pasar para vivir muerte de vida.
Y tus brazos abriendo como en muestra
de entregarte amoroso nos repites:
“¡Venid, comed, tomad: esto es mi cuerpo!”
¡Carne de Dios, verbo encarnado, encarna
nuestra divina hambre carnal de Ti!

                   Miguel de Unamuno.

Imagen ilustrativa: ” La Misa de San Juan de la Mata”, de Juan Carreño de Miranda.

“Retacitos” de Zenaida Bacardí de Argamasilla

¡Perdóname!

Por mi temor para sufrir, por mi afán por abarcar y por mis tropiezos para crecer.

Perdóname cuando me tarde para reponerme del dolor y lo deje ahí aposentado, desperdiciando las oportunidades que me das para dejarlo correr.

Perdóname cuando me das la mano y yo te digo: “¡No puedo!”  Cuando me das la luz y yo te digo: “¡No veo!” Cuando me llamas y yo te digo: ¡”No oigo”!

Perdóname, porque seguro me he quedado con muchas sonrisas dentro, con muchas flores en las manos ¡y ni siquiera me he dado cuenta!

Por no saber que lo que muere en mi corazón todos los días son espacios que debo preparar para recibir las alegrías del nuevo amanecer.

Perdóname por no saber aceptar el frío y las nevadas del invierno, lo mismo que acepté antes la fragancia y las rosas de tantas primaveras.

Perdóname los desperdicios de la vida.  Es muy dura y muy compleja: unas veces he sido yo quien he querido bebérmela de un sorbo y otras es ella la que me ha ido absorbiendo a mí.

Perdóname esas pequeñas indiferencias que duelen más que un pecado, esa pesadez de algunos días que lastima más que una ofuscación y esos olvidos imperceptibles que duelen más que una caída.

Perdóname cuando me faltan los detalles, me aparecen las arideces y se me cansa el alma de luchar y de sufrir … ¡cuando me siento tan poca cosa!

Perdona mi ineficacia, mi falta de fe y mis impedimentos humanos.  Por no darme cuenta de que no hay muerte: lo que hay es principio, tierra y cielo.

Une tu misericordia y mi humildad, para ver nacer el perdón…

¡Y quédate conmigo!

Quédate conmigo, con valiente arraigo.
Mira que me entibio, me turbo, decaigo.
Fúndete a mi alma, invade mi ser.
Que la sombra humana nos impide ver.

Porque si te quedas, si te vas mostrando,
estas arideces se me irán quitando.
Que si Tú te quedas junto a mi dolor,
en la propia hondura sentiré tu amor.

Quédate conmigo, razón de mis razones.
Conoces ese frío que dan las decepciones.
Quédate en la rutina, en la pena, en el desvío,
¡te necesito tanto, Jesús mío!

Quédate conmigo, mira que anochece,
La tarde declina, todo se oscurece.
Dulces resplandores tendrá la partida,
¡si quedas conmigo por toda la vida!

* * *

La Misericordia

La Misericordia de Dios, es un rocío de la
mañana…
lo que tenemos que hacer es ver salir el sol.

Es un goteo constante…
lo que tenemos que hacer es poner debajo nuestro
cántaro…

Es un ramaje que nos columpia…
lo que tenemos que hacer es dejarnos llevar.

Es una aguja que Dios ensarta…
lo que tenemos que hacer es bordar la vida.

Su Misericordia no es tribunal de juicio…
sino brazos de redención.

Le pido a Su Misericordia que ponga algún
brote verde al tramo oscuro de mi vida…
Alguna huella nueva a la parte estrecha de mi
camino…
Algún impulso de vida a la parte seca de mi
raíz…

¡Unos cuantos toques a mi corazón….
¡Y unas cuantas rosas a mi cruz…!

* * *

La sabiduría de las madres

La sabiduría de las madres es la primera que
enseña a los hijos donde nace el amor.

La sabiduría de las madres es la primera que
enseña a los hijos el comienzo de la vida.

La sabiduría de las madres es la primera que
enseña a los hijos cómo se secan las lágrimas
del corazón.

La sabiduría de las madres es la primera en
intuición y en instinto, con lo que suple a veces
la razón y la inteligencia.

La sabiduría de las madres viene de Dios.

El Sol aprendió el amor, besando la Luna.
El poeta aprendió el amor haciendo cantar la
tierra. La madre aprendió el amor cuando le
acariciaste las entrañas.

Por eso su amor inmedible, gratis, mágico
e invulnerable.

Más sobre la obra de la poetisa cubana Zenaida Bacardí en el siguiente enlace: Aquí

A la Virgen de la Soledad

A la Virgen de la Soledad

Virgen de la Soledad,
paloma de muerte herida,
permite que en mi orfandad
llegue a ofrecerte mi vida.

Quiero recoger tu llanto
con besos del alma mía;
quiero esconderme en tu manto
de negra melancolía;

Quiere pedirte mi labio
piedad y perdón, Señora,
y ofrecerte en desagravio
un corazón que te adora;

Quiero contemplar tus ojos
que enturbió la desventura,
y a tus pies caer de hinojos
adorando tu amargura.

Para alegrar tus dolores
tus altares adornaron,
y al verte tristes las flores
de pena se marchitaron.

Desmayó del sol la lumbre,
reinó un silencio profundo,
e insólita pesadumbre
se extendió por todo el mundo;

Y las notas de mi lira
que hasta tu altar ascendieron,
en tu boca que suspira
temblorosas se escondieron.
…….
Madre de inmensa piedad,
a quien con el alma adoro,
Virgen de la Soledad,
¡yo también contigo lloro!

                    Luisa García

Plegaria Lírica a Fray Andrés

Plegaria Lírica a Fray Andrés

Fray Andrés Filomeno, que atormentadamente
tu fervor sepultaste en tierra americana:
escucha mi plegaria y acaricia mi frente
que es mi mayor orgullo el saberme tu hermana.

Los dos hemos sentido el dolor, de que un día,
en tierra majorera fue la primera luz;
la oración de tus labios se hizo en mí poesía
y en mi vida agitada, se perfila tu cruz.

Fray Andrés Filomeno, tu obra fue obra santa;
donde naciste santo, poeta nací yo;
haz que tu amor perfume, mientras mi musa canta…
canto y perfume suben al Trono del Señor.

Yo he nacido sufriendo mal de literatura,
lecturas y lecturas, donde a diario acudí;
moldearon mi rumbo, rompiendo la figura…
¡destrabase mi esencia, para llegar a ti!

Eres tú blando al ruego, yo sorda a la amenaza;
tú serenas los odios, y yo exalto el amor,
somos los exponentes de majorera raza:
éxtasis y tumulto, misticismo y fragor…

Pastorcito de cabras, con tu alegre pandero
cual símbolo feliz de tu claro linaje;
improvisas tu diálogo, Orfeo majorero:
música y bestezuelas, lo divino y salvaje…

Patrón de nuestra balsa, abre el celeste manto,
para que nuestro pueblo contigo halle su fe.
Sobre la Cenicienta, yo haré recordar mi canto:
ponlos tú de rodillas; yo los quiero de pie.

Fray Andrés Filomeno, que atormentadamente
tu fervor sepultaste en tierra americana:
escucha mi plegaria y acaricia mi frente
que es mi mayor orgullo el saberme tu hermana.

                                           Agustina Padilla

* * *

Fray Andrés Filomeno García Acosta, OFM (Fray Andresito)

Al Niño Dios

Al Niño Dios

Al rendirte, hermoso niño,
respetuosa adoración,
con dulcísimo cariño
te ofrezco mi corazón.

¡Qué hechicero es tu semblante!
¡Qué lindos tus ojos son!
Con placer, divino infante,
te ofrezco mi corazón.

Ni oro, ni mirra, ni incienso
puedo darte en rico don;
mas hoy con júbilo inmenso
te ofrezco mi corazón.

¿Quién, siendo tú tan gracioso,
no te amará con pasión?
Rubio Betlemita hermoso,
te ofrezco mi corazón.

Si en tu pobreza extremada
careces de habitación,
Jesús mío, por morada
te ofrezco mi corazón.

Tus ojos vierten amores,
también llanto de aflicción.
No llores, niño, no llores:
Recibe mi corazón.

          Jenaro Gabica, C.M.F.

* * *

Al Niño Dios (soneto)

El alba tomó cuerpo en tu figura,
el aire se hizo carne, los rosales
desangraron sus rosas virginales
para crear tu piel silente y pura.

Desparramó la brisa su ternura,
la luz cuajó en tu forma sus cristales,
la luna derramó sus manantiales
para crear en Ti nuestra ventura.

Divinidad que, tan pequeña y suave,
se hace niña en tu carne redentora,
en lo infinito ni siquiera cabe.

En Ti la eternidad tiene su aurora,
En Ti nada se halla que se acabe,
oh, alba de Dios, que entre la paja llora.

                                   Rafael Morales

Imagen ilustrativa: Niño Jesús del Monasterio Benedictino de la Santísima Trinidad (Santa Brígida, Gran Canaria). Foto: José J. Santana.

Aprender de ellos

Aprender de ellos

Es sencillo…

Fijaos en los niños.
Aman sin dudar.
Abrazan sin avisar.
Besan inesperadamente.
Escriben en las paredes.
Comparten muchas veces sin pensar en nada.

Mucho tenemos que aprender de ellos.

  Defreds, José A. Gómez Iglesias

Imagen ilustrativa: “Niños bajo el paraguas”, pintura al óleo de Edmund Adler.

Soneto al Santísimo Nombre de Jesús

Al Santísimo Nombre de Jesús (1)

Sagrado Redemptor y dulce Esposo,
peregrino y supremo Rey del Cielo,
camino celestial, firme consuelo,
amado Salvador, Jesús gracioso;

prado ameno, apacible, deleitoso,
fino rubí engastado, fuego en yelo,
divino amor, paciente y santo celo,
dechado perfectísimo y glorioso.

Muestra de amor y caridad subida
distes, Señor, al mundo haciéndoos hombre;
tierra pobre y humilde a vos juntando;

viniste hombre y Dios, amparo y vida
nuestra vida y miseria mejorando;
encierra tal grandeza tal renombre.

                                           Anónimo

(1). Este soneto se puede leer empezando por el primer verso o por el último, o leyendo los versos al revés o al derecho.

* * *

Santísimo Nombre de Jesús: dulzura sobre los corazones

Himno a María

Himno a María

De místicas flores
ceñida la frente,
mil himnos, Señora,
quisiera ofrecerte
de amor, de ternura,
de dicha inocente:
quisiera en mis cantos
tener de las fuentes
el grato murmurio,
que el valle suspende;
del ave los trinos,
del aura el son leve,
del mar la armonía,
del ángel las preces,
y el místico acento
que el alma conmueve,
con tiernas baladas,
con himnos solemnes.
Más pura que el ampo
de cándida nieve,
que allá en las montañas
se cuaja en Diciembre;
más bella que el rayo
que lánguida vierte
la nítida estrella
que el cielo esclarece
en noche sombría
de horrores y muerte;
más tierna que el cáliz
de flor que se mece
en lindas praderas
vestidas de verde,
al plácido arrullo
de brisas campestres;
más grata que el niño
de faz sonriente,
que allá en el regazo
materno se duerme,
y en ángeles sueña
que tímidos vienen
la historia a contarle
de amores celestes,
y en torno a su cuna
las alas suspenden,
de plumas formando
preciosos doseles:
Estrella divina,
Paloma inocente,
¡oh, Virgen sin mancha!
¡oh, Lirio celeste!
¡Feliz quien pudiera
besar de tu frente
la casta hermosura,
que el hombre no entiende!
¡Feliz quien pudiera
tu voz oír tenue,
gozar tu sonrisa,
sentir tu amor siempre!
Y lejos del mundo,
de falsos placeres,
que infunden al alma
mortífera fiebre;
¡feliz quien pudiera
con célica suerte
tan solo adorarte,
tan solo quererte!…
Los bellos querubes
tu trono sostienen,
formado de estrellas
que el día oscurecen;
los ángeles todos
sonríen al verte,
y al son de sus arpas
tu gloria enaltecen.
La luna te calza,
tu manto es de nieve,
y el astro del día
corona tus sienes.
Por reina te aclaman
los mares cien veces
al son de sus olas,
que agítense breves:
las trémulas brisas,
que turban alegres
los rústicos ecos
de valles agrestes,
gimiendo en las ramas
tu nombre enaltecen.
Los cielos te cantan,
y amores te ofrecen
el ave en su selva,
la aurora en su Oriente,
los mudos arroyos
saltando en el césped,
las flores que nacen,
los lirios que mueren.
¡Cuán pura, cuán bella
al hombre apareces,
que aquí sólo sufre
tristeza y desdenes!
¡Feliz quien supiera
cual tú te mereces¡
cantarte mil himnos
de amor inocente!
Y lejos del mundo,
de falsos placeres
que infunden al alma
mortífera fiebre,
¡feliz quien pudiera
con célica suerte
tan solo adorarte,
tan solo quererte,
oh, Virgen sin mancha,
oh, Lirio celeste!

D. Norberto Torcal, sacerdote.
                                   (Zaragoza)

Imagen ilustrativa: “El alma bienaventurada” (1605-1610), de Francisco Ribalta. Óleo sobre lienzo (Museo del Prado). El uso de la misma es puramente académico y divulgativo, sin otra difusión que este blog.