¿Qué tiene tu corazón?

¿Qué tiene tu corazón?

¿Qué vi notable, Dios mío,
en tu hermoso corazón,
que me ofusca la razón
y me roba el albedrío?

¿Por qué yo que siempre fui
hacia tu iglesia perjuro
siento al mirarte tan puro
deleite dentro de mí?

¿Cómo aquella desazón
que sin cesar me ha embargado
se ha en dicha eterna tornado
al mirar tu corazón?

¿Qué, Padre mío, vi en él
que me torna bondadoso
cuando un infierno horroroso
me atenazaba cruel?

Yo, que jamás he sabido,
qué fuera remordimiento,
no sé en la sangre qué siento;
algo que nunca he sentido.

Yo, que me he encolerizado,
cuando alabarte sentí,
siento un cariño hacia ti
jamás por nadie igualado.

¿Qué merecía, Señor,
el que burlarse quería
de tus dolores un día
y hoy te tiene tal amor?

Sufro; pero este sufrir
algo es sobrenatural
que torna en dicha mi mal
y hace gozando vivir.

¿Cómo antes no comprendí
¡cien mil veces desdichado!
que solamente a tu lado
se goza y se sufre así?

Dios mío, si ser pudiera
no me quisiera apartar
nunca de vos y gozar
esa amistad verdadera.

Y pues Tú dentro de mí
a todas horas, Señor,
estás, desea mi amor
alojar dentro de ti.

Tú que puedes mi destino,
Padre mío, variar
no me dejes vacilar
y guíame en el camino.

Dime cómo llegaré
a ser siendo un hombre vivo
de ese corazón cautivo,
y no dudes que lo haré.

Porque no es, Señor, ni anhelo
cuando me muera gozar
viéndome por Ti alojar
en el prometido cielo;
sino quiere mi razón,
pues Tú me adoras así,
no gozar dichas allí:
vivir en tu corazón.

            S. Pérez de Bustamante (Madrid).

Corpus de La Orotava y San Juan de 1885

Foto retrospectiva de la calle Tomás Pérez, en la Infraoctava del Corpus, a finales de la primera década del siglo pasado.

Las festividades del Corpus Christi y la Natividad de San Juan Bautista, a pesar de una relativa proximidad en el calendario, rara vez tienen la ocasión de coincidir (recordemos que puede suceder por aquello de que el Corpus es fiesta movible). La próxima vez acontecerá en el año 2038; más allá en el tiempo, el día grande de La Orotava (la Infraoctava) coincidirá con la fiesta de San Juan en 2049. En definitiva, algo inusual que sucede en contadas ocasiones a lo largo de un siglo. Tanto es así que en la península existen paremias que aluden a este singular hecho; una de ellas reza: «Viene cada Corpus y San Juan», haciendo referencia a algo que sucede muy de tarde en tarde. Asimismo, otro dicho popular dentro del refranero español es: «San Juan de buena estrena, buena comida y mejor cena; sobre todo si coincide San Juan y Corpus Christi, todo en un día», para celebrar tan solemne día. Ciertamente interesante (y que nos ha alegrado descubrir) es la frase siguiente: «Si San Jorge mata a Cristo, San Marcos lo resucita y San Juan lo sacramenta»[1], recordándonos que cuando la fiesta de San Jorge cae en Viernes Santo el día de San Juan Bautista coincidirá con la festividad del Corpus Christi (60 días después de la Resurrección). Con otra variante a las anteriores, más de nuestra tierra y muy común, es la expresión «San Juan a Corpus», en alusión a algo que tarda más de lo debido en realizarse.

El insigne historiador orotavense D. Jesús Hernández Perera —catedrático del Historia del Arte y rector de la universidad lagunera entre 1968 y 1972— escribe sobre este hecho rescatando una interesante crónica firmada por don Antonio Verde y León (Beneficiado de la Villa de Arriba) junto a don Antonio Pineda y Casañas (Secretario de la Hermandad Sacramental de la parroquia de San Juan). A continuación, el referido relato donde, de paso, se hace una bonita descripción del sentir de antaño en nuestra fiesta magna, concretamente allá en 1885.

Corpus y San Juan de 1885

Siempre se ha distinguido la villa de la Orotava, entre todas las poblaciones canarias, por la fervorosa dedicación que anualmente consagra al Santísimo Corpus Christi. En pocas localidades españolas podrá mostrarse con menos justicia cuan grandiosos resultan cada año los «tres jueves que relucen más que el sol». Porque si el Jueves Santo orotavense ofrece desfiles procesionales de emoción única en el archipiélago, pocas ciudades pueden mostrar el espectáculo de maravilla que el día de la Ascensión tiene lugar en la hermosísima iglesia de la Concepción, cuando una lluvia continuada de pétalos de rosas esparcen su perfume por las amplias naves y, mientras dura la función y procesión claustral, la cúpula y las bóvedas destilan cual maná prodigioso pétalos y más pétalos, arrullados y mecidos por los trinos de cien pajarillos canarios, que desde velados rincones entonan su himno triunfal al Hijo del Hombre entrando en los cielos; y el Jueves del Corpus se repite el homenaje único de las alfombras de flores, creadas por la Orotava en el más hermoso y sorprendente vasallaje ofrendado a la Eucaristía.

Si a este renovado fervor hacia el Pan de los Ángeles se suma la fecha feliz para la Villa de la fiesta de San Juan Bautista, el Santo Precursor, a quien está consagrada la mitad de la población, cada vez que se da la coincidencia de fechas entre el día del Corpus y en la fiesta de San Juan, la Orotava derrocha sus galas y vuelca toda su religiosidad en homenaje a Cristo y a su Precursor. Pocas veces se retrasa tanto la festividad del Santísimo Corpus Christi que coincida con el 24 de Junio. Pero cuantas veces ha ocurrido esto, la Orotava lo conmemora con categoría de verdadero acontecimiento religioso. Hay noticia de que en el siglo XVIII coincidió Corpus y San Juan el año 1734, y no volvió a suceder sino siglo y medio más tarde, hasta el 24 de junio de 1885. La coincidencia de ambas fiestas en este siglo ya ocurrió en 1943, pero no tendrá lugar hasta la próxima centuria. En esta última fecha, la Villa recordó el homenaje tributado en 1885, y no será vano reproducir una crónica firmada por el beneficiado de la Villa de Arriba don Antonio Verde y León y el secretario de la Hermandad Sacramental de la parroquia de San Juan don Antonio Pineda y Casañas, que da cuenta circunstanciada de cómo los católicos orotavenses del XIX celebraron esta rara coyuntura. Dice así:

«Hoy 25 de Junio de 1885, fecha memorable para los hijos de San Juan Bautista de esta Villa, se ha celebrado con gran pompa y magnificencia la gloriosa Natividad de su Patrono, en unión de la solemnidad del Santísimo Corpus Christi, acontecimiento que no se ha repetido desde el año de 1734. «La Iglesia ostentaba sus mejores galas y alhajas y había sido adornada con exquisito primor. A los lados del elegante tabernáculo se hallaban colocadas bajo doseles y en ricas andas de plata, las sagradas imágenes de Nuestra Señora de los Remedios y San Juan Bautista; un poco más abajo, delante del arco, aparecían en sus tronos San Buenaventura y San Zacarías, y todas las demás Imágenes que se veneran en este Templo estaban descubiertas y así permanecieron durante la octava; los altares se encontraban rodeados de flores y con la correspondiente iluminación.

«La festividad se anunció por espacio de ocho días con repiques, cohetes y luminarias en la torre, que presentaba vistosas colgaduras y banderas. Llegada la víspera del Corpus, a las 12 hubo un repique general de campanas en ambas parroquias y en todas las ermitas de la población. La plaza estaba vestida de plumas, que lucían preciosas banderas en forma de pendones. Había tres arcos triunfales, y en los extremos de la calle de San Juan, esto es, al llegar a la de San Zacarías y a la del Cantillo, se habían levantado dos grandiosos pabellones; otros dos se habían puesto en la calle Nueva y en la de Claudio, y todo el trayecto que recorría la procesión estaba alfombrado con abundantes flores y ramaje.

«El día del Corpus, después de la Misa mayor, cantada con diáconos y con las demás solemnidades, se sacaron en procesión los dos Patronos (la Virgen de los Remedios y San Juan), a fin de conducirlos a la Iglesia Matriz, cuyo beneficio le salió al encuentro y vino a recibirla en la raya de la jurisdicción. Seguía un inmenso concurso de fieles, las hermandades, y la Sociedad Filarmónica tocaba variadas y escogidas marchas.

«El majestuoso templo de la Concepción también estaba primorosamente adornado: a los extremos del arco principal estaban preparados los tronos que habían de ocupar nuestros Patronos y había cuatro tronos más con las imágenes de San Pedro, San Agustín, Santo Tomás de Aquino y San Isidro. En seguida se dio principio a la tercia y a continuación la Misa mayor a la que acompañó la orquesta, y después tuvo lugar la brillantísima procesión acompañada de nuestros Patronos y de los mencionados Santos, siendo en extremo conmovedor y edificante ver a esas sagradas Imágenes con solios, llevando ángeles sus mitras o bonetes; y en los descansos del Santísimo se volvían hacia la Majestad en ademán de adoración. Terminada la procesión, continuó la de San Juan en su marcha hasta su Iglesia, donde llegó a las tres de la tarde, por cuyo motivo se cantaron inmediatamente las primeras Vísperas.

«Por la noche, a los Maitines y Laudes, era sorprendente la iluminación del Templo. Terminados, hubo en la plaza música y se quemaron la mitad de los fuegos artificiales, dejando la otra mitad para mañana a la noche, en la que la banda de música volverá a amenizar el paseo con sus tocatas.

«Al siguiente día muy temprano, se dijo misa rezada, más tarde otra, y a las diez y media fue la mayor, que cantó el beneficio de la Iglesia Matriz, para lo cual fue atentamente invitado, y la orquesta tocó con mucha afinación y lucimiento. El Panegírico, que duró una hora y diez minutos, fue pronunciado por el Sr. Arcediano Dr. D. Pedro Llabrés y Llompart, el que demostró los puntos de contacto que existen entre San Juan Bautista y la fiesta del Corpus, por ser Nuestro Señor Jesucristo aquel Cordero a quien señala San Juan para que todos le conozcan y le amen.

«Por la tarde, a las seis, con acompañamiento del Beneficio de la Iglesia Matriz, de las Venerables Hermandades, de la Sociedad Filarmónica y una inmensa concurrencia de fieles de la Orotava y de los pueblos limítrofes, salió a la calle la procesión del Santísimo Corpus, Ntra. Señora de los Remedios, San Juan, San Buenaventura y San Zacarías y recorrió las calles acostumbradas, cuyos arcos, y enramado ya hemos descrito. Tres sacerdotes vestidos con capa presidían la procesión, y al Pueblo el Iltre. Ayuntamiento.

«A estas horas, que son las ocho de la noche, acaba de entrar la procesión; la hermandad (del Santísimo) se dirigió a la sacristía dando mil plácemes y parabienes al Hermano Mayor don Rafael Vivas y Pérez por la brillantez y generosidad con que ha cumplido su cargo».

Así celebró la Orotava, Corpus y San Juan de 1885.

Por Jesús H. Perera

Madrid y Junio de 1951.

Revista Criterio, Episodios católicos isleños. Junio de 1951.

(Foto: Revista ilustrada La Esfera, nº342, año 1920)

[1]: Calendario y refranero. Consideraciones acerca de algunas fechas del calendario en relación con el refranero español y francés. Jesús Cantera Ortiz de Urbena.

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Infraoctava del Corpus Christi: El arte de las alfombras de La Orotava

Conozcamos a Dios, conozcamos su Corazón

Conozcamos a Dios, conozcamos su Corazón

El mes de Junio trae cada año a la memoria del pueblo cristiano el recuerdo al  dulcísimo del Sagrado Corazón, y con la devoción al Sagrado Corazón el testimonio más grande de la misericordia de Dios.

Este Corazón, sobremanera amable, nos ha amado infinitamente. El fuego sagrado en que se abrasa no puede ser otro que aquel que vino a poner El en la tierra, y que desea ver propagado por todas partes. El estuvo siempre abrasado en este amor. Amó a los suyos y a su pueblo; amó a sus enemigos y a sus verdugos. Pidió perdón para ellos, y oró, sufrió y murió por ellos…

El salmista nos dice que “sus misericordias están sobre todas sus obras” y, aunque a primera vista parece una exageración, no lo es; porque la misericordia de Dios brilla en todas sus obras. Brilla en la creación lo mismo que en la redención; lo mismo cuando castiga que cuando premia y colma de beneficios a su pueblo.

Cuantas perfecciones  y hermosura contemplan nuestros ojos en la tierra y en los cielos, nos hablan de la magnificencia y poder del Creador; pero todo es obra de su misericordia; todo ha sido creado para el hombre, que es el rey de la creación, capaz de comprender la grandeza y majestad de Dios… Y el mismo hombre ha sido creado por amor: Dios le sacó de la nada por puro amor, para hacerle participante de su naturaleza divina por la gracia.

Pero el hombre renunció a esta dicha por el pecado, quedando en la más espantosa miseria. Pudo Dios haber aniquilado al hombre, que le había desobedecido, y había rechazado su amor infinito… pero, precisamente, el lamentable estado en que quedó el hombre fue lo que conmovió a Dios a compasión: triunfó sobre la justicia su amor, su misericordia.

Dios prometió al hombre el socorro de un Redentor. Y este Redentor será el mismo Dios, que se hará Hombre para hacerse misericordioso: para poder sentir como propias las miserias ajenas, para entristecerse con los tristes, llorar con los atribulados y enfermar con los que padecen. Si fuese sólo Dios, y no hombre no entendería de lágrimas, ni de temores y tristezas; pero siendo “Dios y hombre”, ya tiene un corazón para sentir como propias las tristezas de los desgraciados y comprender la amargura del llanto.

¡Es hombre! Tiene corazón de hombre que se afligió por la suerte de la oveja perdida, y se entristeció por las negaciones de Pedro, y se estremeció con las lágrimas de Magdalena y se llenó de espanto por la condenación de Judas.

Los fariseos, hipócritamente escandalizados de Jesús, lanzaban contra El una acusación, que es su mayor timbre de gloria: “Este recibe a los pecadores”. Y es verdad, esas palabras son la divisa de su escudo, la mejor ejecutoria de su vida, el lema que podíamos poner sobre su Corazón, lo mismo que en la puerta del Sagrario y en lo alto de la Cruz. Este recibe a los pecadores. Sólo Jesús los recibe. Sólo su Corazón amoroso les ofrece seguro asilo. El mundo desprecia a los pecadores, los condena y escarnece. Solamente Jesús tiene un Corazón abierto para recibirlos.

En este mes de Junio, Jesús, Nuestro Adorable Salvador, nos abre de par en par las puertas de su Corazón. No se las cierra a nadie por muy pecador que sea. Es más, cuanto mayor sea el pecado del que a El acude, mayor será también su misericordia… Vayamos todos, pues, al Corazón Sagrado de Jesús, para que le proporcionemos el consuelo de volcar sobre nosotros los tesoros infinitos de su misericordia.

P. Jesús Cabrera Medina, Revista Betania (Junio de 1947).

Imagen: “El Sagrado Corazón de Jesús adorado por todos los pueblos del mundo”, Hippolyte-Dominique Holfeld (1804-1872).

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Oración al Sagrado Corazón de Jesús

Oh Señor Jesús, a tu Sagrado Corazón yo confío esta intención. Solo mírame, entonces haz conmigo lo que tu Corazón indique. Deja que tu Sagrado Corazón decida… Yo confío en ti. ¡Me abandono en tu Misericordia, Señor Jesús! Ella no me fallará. Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío. Sagrado Corazón de Jesús, creo en tu amor por mi. Sagrado Corazón de Jesús, que venga tu Reino.

Oh Sagrado Corazón de Jesús, te he pedido por tantos favores, pero con ansias te imploro por esta petición. Tómala, ponla en tu abierto y roto corazón, y cuando el Padre Eterno la mire, cubierta por tu Preciosa Sangre, no podrá rehusarla. Ya no será más mi oración, sino la tuya, Oh Jesús.

Oh Sagrado Corazón de Jesús, pongo toda mi confianza en Ti. Nunca permitas que me confunda. Amén.

Eucaristía

Eucaristía

Amor de Ti para saciar la gana
en blanco pan de celestial blandura;
hambre de la palabra más humana
que precisa divina levadura.

Sólo comerte nos apaga el duelo
de estas hambrientas ansiedades nuestras;
el Cordero Pascual, un don del Cielo
como un maná de las divinas muestras.

Acercarnos al ara consagrada
con el ardor de las sufridas penas,
teniendo el alma limpia, inmaculada
para alcanzar venturas más serenas.

Espiritual comida deseada
en la oración sentida cada día.
Hostia santa, bendita y adorada
en la Sacramental EUCARISTÍA.

                          Gurmesindo Galván de las Casas
                                                       Agosto de 1979.

Santa María Micaela del Santísimo Sacramento, la Santa de la Eucaristía

“Es mi elemento y mi vida el Santísimo Sacramento, y cuando le veo expuesto, soy la criatura más feliz de la tierra… Que nuestro distintivo sea amar a Dios como nadie: que en el amor a Jesús Sacramentado nadie nos lleve ventaja”. 

Madre María Micaela.

María Micaela Desmaisiéres y López de Dicastillo vino al mundo el 1 de enero de 1809 siendo el quinto fruto matrimonial de Miguel Desmaisiéres y Bernarda López, insignes miembros de la nobleza española que todavía aumentarían con cinco hijos más su aristocrática familia. Durante su infancia padeció en vivo las consecuencias de la invasión francesa contra la cual se vio obligado a combatir su progenitor en calidad de militar de alta graduación.

Normalizada la situación política es enviada al Colegio de las Ursulinas de Pau donde hizo la Primera Comunión. Recibió de sus padres una esmerada formación religiosa en la que se le inculcan los principios morales de la recta conducta, así como una delicada solicitud por los más desvalidos. En su juventud sobresalen ya dos rasgos que la van a caracterizar después: intensa devoción a la Eucaristía y obsequioso amor a los pobres cuidando personalmente en Guadalajara —donde solía residir los veranos— de los enfermos de cólera.

Su excepcional educación y posición social le abren todas las puertas, pero Micaela sabe conducirse con enorme responsabilidad y mesura en todo y con todos. Existe un período de su vida que ella califica como «años perdidos» ya que se ve obligada a alternar en diversos círculos de ambiente frívolo. Después de tres años de limpio noviazgo con un joven ejemplar, la inminente boda se rompe por cuestión de intereses. En un cuaderno autobiográfico escrito con admirable espontaneidad resumirá estas relaciones con la siguiente frase: «Todo era tomarnos cuenta de los rezos y quién hacía más oración».

Acompañando a un hermano diplomático alternó en París y Bruselas con muchas personalidades teniendo que participar en teatros, tertulias y bailes pero siempre atenta a las exigencias de su intensa vida religiosa. Porque lo que nadie podía sospechar era que a los dolores agudos originados por su enfermizo estómago añadía ella la tosca aspereza de un doloroso cilicio. Ha de madrugar muchísimo para hacer su oración y recibir la Comunión diaria.

En 1844 empieza a visitar el Hospital de San Juan de Dios en Madrid. Quedó tan profundamente impresionada de la penosa situación de prostitutas enfermas que esta tremenda experiencia será el germen de su obra la cual pasó por diferentes etapas y pruebas durísimas: incomprensiones, abandonos de amistades, calumnias, burlas y un largo catálogo de trances crucificadores. Se apoya únicamente en Dios y se deja conducir por un insigne director jesuita que le anima constantemente. En 1852 la Obra se consolida y las jóvenes colegiales recuperadas de la vía pública, van en aumento.

La Vizcondesa de Jorbalán comprende que es necesaria una Congregación que dé estabilidad al maravilloso proyecto de acertar a reducarles a integrarlas en la sociedad una vez totalmente rehabilitadas. El 1 de enero de 1857 hacen sus votos las primeras «Adoratrices y Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad». Pronto se expanden por varias ciudades de España. La Fundadora que había adoptado el nombre de «Madre Sacramento» fallece en Valencia el 24 de agosto de 1865 contagiada por el cólera y víctima de la caridad. Beatificada en 1925 fue canonizada por Pío XI en 1934. Esta mujer extraordinariamente audaz y San Antonio María Claret constituyen las dos figuras más grandiosas del catolicismo español del siglo XIX.

Centrada en la Eucaristía

Son tantos los rasgos eucarísticos que configuran la fisonomía espiritual de Santa Micaela que los biógrafos tienen dificultad en describirlos. Es verdad que ocurre lo mismo con los grandes santos adoradores del Sacramento del Amor. Intentemos, con brevedad sumaria, recoger algunos datos especialmente significativos donde resalta esplendorosamente la personalidad reciamente eucarística de Santa Micaela, figura colosal del Santoral cristiano. Quien se acerca a ella queda subyugado por su grandeza moral que derivaba ciertamente de su indecible amor a Jesús Sacramentado. Santa Micaela constituye un astro de primera magnitud en la fulgurante constelación de las almas eucarísticas más eminentes.

No perder la comunión diaria le supuso grandes heroísmos recompensados con hechos que rayan en el milagro. Cuando teme no poder comulgar, por lo insólito de la hora en que se ve obligada a viajar, aparece un sacerdote que se ofrece a celebrar la Misa en plena madrugada. Cuando se entera, ya fundadora y en su primer colegio, del sacrilegio cometido por una joven recogida del arroyo, se postra deshecha en llanto en la tribuna de la capilla exclamando ante Jesús Sacramentado: “¿Cómo has podido consentir, Señor, tamaña ofensa en tu casa? De haber previsto yo esta infamia, jamás hubiera abierto el Colegio”.

Y es que le quemaba el celo por todo lo que se refería a su Señor Sacramentado. Siempre que hablaba de la Eucaristía su semblante se transfiguraba y su corazón parecía arder en vivas llamaradas. Tal fue su hermoso carisma que como creciente caudal de un río se iba ensanchando en el decurso y desarrollo de su hermosa Obra y de su fecunda vida absorbida enteramente por el Sacramento. Aunque sucedió en su etapa seglar merece ser conocida su intervención en un Convento de Burdeos ganado para la causa jansenista y donde reinaba un increíble rigor que apartaba a las Religiosas de la Comunión.

El Señor Arzobispo conocedor del temple apostólico y eucarístico de la Vizcondesa de Jorbalán, le ruega que hable con las monjas, y ella, venciéndose lo indecible se presenta en el locutorio. Primero convence a la Superiora, y en una segunda intervención habla a toda la Comunidad que rompe en un mar de lágrimas ante las palabras convincentes y llenas de fuego de Micaela. Se reconcilian totalmente con el Arzobispo, piden perdón y normalizan su vida religiosa y sacramental, abjurando de la peor herejía contra el amor de Dios cuya máxima expresión es el Sacramento del Altar. Y es que en 1847, a poco de llegar a París después de hacer en Madrid sus Ejercicios Espirituales, recibe una gracia mística el día de Pentecostés, y a partir de ese momento su vida cambiará radicalmente.

La experiencia de la presencia eucarística y la caridad con los más indigentes en todas sus formas son los polos de atracción y dinamismo sobrenatural para la sacrificada Vizcondesa de Jorbalán.

Textos Eucarísticos

Hemos de escoger forzosamente muy pocos en el repertorio de su interesante autobiografía donde la Eucaristía es el centro de sus experiencias y confidencias. Así, nos confiesa con sencillez: «Me sentía morir: al llegar el sacerdote a darme la comunión vi al Señor como si de su Corazón sacara la Forma que me daba en aquel momento. Y la Santísima Virgen estaba a mi lado, y la veía más cerca y mejor que al Señor». Una testigo declara lo que observó calificándolo de «éxtasis» en sentido místico: «Sus ojos, fijos en la Sagrada Hostia, aquel color encendidísimo en su cara, aquella inmovilidad y absoluta abstracción de cuanto la rodeaba, pues nada la distraía de la profunda atención con que se abismaba, demostraban claramente que debía estar sumida en éxtasis divino».

En el Libro de los Favores divinos, Madre Sacramento nos ha relatado hechos admirables de su prodigiosa vida eucarística. La espiritualidad micaeliana no puede entenderse sin esta pasión ardentísima por el Sacramento que la convierte en una «loca de la Eucaristía». Será difícil hallar en toda la Hagiografía una figura más injuriada y calumniada que la Fundadora de las Adoratrices. La amargura tan intensa que le producía el cúmulo de falsas acusaciones contra ella le obligaban a quejarse amorosamente ante Cristo Sacramentado a quien le decía, a veces, entre abundantes lágrimas: “Señor, si a Ti no te sirvo en medio de tantas contradicciones, entonces ¿a quién serviré?” Y oía una voz que respondía dentro del Sagrario pero que ella escuchaba con toda claridad en el fondo de su alma: “A Mí me sirves. Sigue adelante que Yo estoy contigo”. En efecto, en medio de tantas borrascas y tormentas el Señor se complacía en manifestarles que estaba con ella, premiando su fidelidad.

Hay una escena biográfica que pone de relieve su indescriptible amor a la Eucaristía la cual presidía todos sus Colegios de rehabilitación y educación moral para una numerosa legión de jóvenes caídas. Un día se presenta en la Casa de Atocha el párroco con la orden del Señor Arzobispo de que suprimiera el Sagrario trasladando el Copón a su Parroquia. El sacerdote somete a Madre Sacramento a un humillante examen y aduce —muy mal informado— que no hay suficiente limpieza en el templo. Micaela le invita a recorrer la Capilla y que viera con sus propios ojos cómo trataba ella al Amor de sus amores. El párroco entra en el templo y se arrodilla. Permanece inmóvil. Cuando se levanta después de media hora se dirige a la Vizcondesa para decirle llorando: “Señora, me habían engañado. No lo dude: Jesucristo no quiere salir de este recinto porque está muy contento. Yo mismo informaré al Señor Arzobispo. Usted tiene preso a Jesús Sacramentado con cadenas de amor. Siga su Obra porque es Dios quien la guía”.

Cuando Micaela despidió cortésmente al sacerdote corre a su Capillita y se arroja a los pies del Sagrario exclamando con incontenible alegría: “Señor, ¡Triunfamos, triunfamos! ¡Guárdame Tú a mí siempre que yo te guardaré a Ti, a costa de mi vida, pues no tengo ya corazón donde quepan tantos amores!”.

No es posible aducir aquí sus muchas frases, comentarios y testimonios eucarísticos que nos dejó por escrito, y que testigos presenciales recogieron amorosamente para legarlas a la posteridad.

Lección de una gran fundadora

Merece Santa Micaela ser designada Co-Patrona de la Adoración Nocturna Española. Cuando llega a Bélgica en 1848 la encuentra extendida por todas partes. Pero recibe el honroso encargo de introducir la Adoración Nocturna en el Hogar con la Obra de los Tabernáculos que ella funda en Bélgica. Mientras se entregaba aquí y en París al desarrollo de esta Obra eucarística no olvidaba a su querida Patria. Con razón afirma uno de sus biógrafos refiriéndose a la Adoración Nocturna Española: «A la Madre Sacramento se debe su introducción en España, como también le debe el mismo beneficio la Ciudad de París».

Su figura, sus empresas apostólicas —de marcada índole social que hicieron de ella una adelantada en el más difícil campo educativo y de rehabilitación— y su espíritu de adoración eucarística la convierten en un completo modelo para todos cuantos militan en la Adoración Nocturna. En nada impide su condición de Fundadora y Religiosa esta admirable función ejemplificadora. Por otra parte fue en su etapa de seglar cuando impulsó varias obras eucarísticas.

Nuestros adoradores han de mirar con afán de sincera edificación a la figura prócer de Santa Micaela del Santísimo Sacramento dejando a un lado sus admirables gracias místicas. Lo importante en ella es su espíritu eucarístico y su talante de perfecta y fiel adoradora. Esto es lo verdaderamente imitable para cada adorador en su propio estado y condición. Aprendamos a adorar y reparar a Cristo Sacramentado siguiendo los iluminadores pasos de la Vizcondesa de Jorbalán, preclara Fundadora y singularísima alma eucarística.

Andrés Molina Prieto, Pbro.
La lámpara del Santuario, Enero de 2002.

Oración a Santa María Micaela del Santísimo Sacramento

Ardentísima y constante adoradora en la tierra de Jesucristo oculto en la Eucaristía, a quien ya contemplas sin velos en la celestial Sión, Santa Madre Sacramento; gózome intensamente al mirarte circundada del esplendor de la eterna beatitud, por lo que doy gracias al Dador de todo bien que tan prodigiosamente te adornó de sus más preciosos dones, especialmente del de la perfecta caridad para con Dios y con el prójimo, y te suplico te valgas de tu poderosa intercesión con Aquél que tanta predilección te ha demostrado, para que derrames en mi alma las gracias de que tengo necesidad para cumplir con toda perfección la divina voluntad en este destierro y glorificarlo eternamente en la celeste patria. —Amén.

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Santa María Micaela del Santísimo Sacramento, 150 aniversario de su fallecimiento

El Hermano Rafael (por José L. Martín Descalzo)

José L. Martín Descalzo (1930 – 1991) sintió una admiración especial por la vida y obra del Hermano Rafael. En sus últimos años se encomendó al santo burgalés para encontrar el alivio necesario que hiciera más llevadera su enfermedad, encarando el dolor como un camino hacia la esperanza (“Puedo afirmar que el dolor es probablemente lo mejor que me ha dado la vida y que, siendo en sí una experiencia peligrosa, se ha convertido más en un acicate que en un freno”, diría). Hubiera deseado el “milagro” de su curación, no tanto por él mismo sino para que tan extraordinario hecho llevara al Hermano Rafael a los altares. No estaba en los designios del Señor en ese momento; sin embargo, algunos años después, el 11 de octubre de 2009, tuvo lugar la esperada canonización de Rafael Arnáiz Barón por S.S. Benedicto XVI. Quiera ahora el Señor, que algún día cercano, se promueva el inicio el proceso para la causa de beatificación de Martín Descalzo (lo pedimos con fe y con la debida observancia de los preceptos).

El Hermano Rafael

Espero que ustedes me permitan que les diga con toda sinceridad que, entre los personajes cuya santidad me ha impresionado entre los contemporáneos, aquel que siento más próximo, aquel que más hondo me ha calado, es Rafael Arnáiz, el hermano Rafael.

¿Y por qué? Creo que la mejor respuesta sería decirles: lean ustedes su vida, lean ustedes sus obras, y lo comprenderán sin que yo explique nada.

Pero si ustedes me dicen que no escurra el bulto, y que les explique qué es lo que de él me impresiona, les diría que lo que más me llama la atención es lo limpio, lo luminoso, lo cordial, lo próxima a nosotros que resulta su santidad. El Hermano Rafael fue radicalmente un hombre de nuestro tiempo y radicalmente un santo. No abdicó ni de su convicción de hombre ni de su mentalidad de hijo de nuestro tiempo para hacerse santo.

Me impresiona su alegría, su constante buen humor, el gozo que respiran todos sus escritos, especialmente los de la Trapa cuando ya ha decidido entregarse enteramente a Dios.

Me impresiona su juventud. Y no me refiero a la cronológica que fue evidentemente, puesto que murió a los 27 años, sino esa otra juventud interior: la anchura de su corazón, la vitalidad de su alma, la ausencia de egoísmo en todos sus planteamientos.

Me impresiona el radicalismo con que vive el “sólo Dios basta” de Santa Teresa. Aún suenan en mis oídos las palabras de Rafael:

“En el monasterio pasan los días. ¿Qué importa? Sólo Dios y yo… Vivo aún en la tierra rodeado de hombres. ¿Qué importa? Sólo Dios y yo… Y al mirar el mundo, no veo grandezas, no veo miserias, no veo las nieblas, no distingo el sol. El mundo se reduce a un punto y en el punto hay un monasterio, y, en el monasterio, sólo Dios y yo”.

Pero aún me impresiona más saber como sabe unir ése “sólo Dios” con el amor a los hombres:

“Ante Dios, lo demás es secundario. Pero muchas veces lo secundario es necesario para tener paz y amar a Dios.

Si el mundo supiera lo que es amar un poco a Dios, también amaría al prójimo. Al amar a Jesús, forzosamente se ama a lo que Él ama. Este es el apostolado del trapense, pedir por los que no piden, y amar por lo que no le aman”.

Y me impresiona también la ternura de su cariño a María. ¿Cómo hablar de él, sin recordar que fue el gran enamorado de la Virgen Madre? ¿Cómo no recordar tantas frases suyas señalando en ella la causa de su alegría?

“La Virgen, ni me interesa otra cosa”.

Y me impresiona finalmente su amor a la cruz, el alegre coraje con que vivió su enfermedad y su joven muerte.

José Luis Martín Descalzo († 11 de junio de 1991)

Boletín informativo San Rafael Arnáiz (Julio – Diciembre 2016, nº 185)

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José Luis Martín Descalzo, un hombre de Dios y gran humanista

A la Virgen del Desprecio

Nuestra Señora la Virgen del Desprecio es una advocación que se celebra en la localidad segoviana de Martín Muñoz de las Posadas el lunes de Pentecostés. Se trata de una representación pictórica de la Virgen de la Soledad.

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A la Virgen del Desprecio

Virgen, virgen del Desprecio,
mira, ya llegó tu hora
de que te adoremos todos
y que no te sientas sola.

Dinos y te seguiremos
dinos, donde está la gloria
y caminaremos todos
juntos, ante ti Señora.

Virgen del Desprecio
quiero estar contigo
llévame en tus andas
ábreme el camino
que mis ojos vean
lo que tú has querido
estando a tu lado
yo estoy protegido.

                      Letra y música: Lázaro Sáez

* * *

Foto: Página del ayuntamiento de Martín Muñoz de las Posadas (Segovia).

Himno al Niño

Santo Niño de Praga, tú que conoces de la grandeza y pureza de los niños, vela por ellos para que crezcan siempre en la fe y en tu amor. 

Himno al Niño

CORO
Del jardín de la vida es el niño
precioso capullo
de nítida flor;
sus perfumes serán las virtudes
el arte, la ciencia,
la fe y el amor.

ESTROFAS
Tres santos recintos cobijan al niño:
la casa, la escuela, el patrio solar;
que son de la vida sagrados crisoles
e integran la dicha, la fe, el ideal.

La casa es un nido de santos afectos;
santuario, es la escuela, de ciencia y virtud,
la Patria es la herencia de nuestros mayores,
la cuna en que vimos del cielo la luz.

Cual arco celeste, que a todos abraza,
culmina la iglesia, del cielo dosel:
merecidos por ella, nuestra alma recibe
la gracia divina, unida a la fe.

El niño es promesa de gloria y ventura,
el niño es un germen de ciencia y bondad,
cuando auras del cielo le besan la frente,
prendiendo en su alma la luz divinal.

CORO
Del jardín de la vida es el niño
precioso capullo
de nítida flor;
sus perfumes serán las virtudes
el arte, la ciencia,
la fe y el amor.

Letra de Julio Menéndez ∼ Música de Francisco Vendrell.

* * *

Imagen: Niño Jesús de Pagra, Padres Carmelitas Descalzos de Madrid.

Nota: La Fiesta del Niño Jesús de Praga se celebra cada primer domingo del mes de junio.

Veni, Sancti Spiritus

Veni, Sancti Spiritus

Ven, oh amante y piadoso Santo Espíritu,
Y de tu luz envía desde el cielo
Un rayo de favor.
Ven de los pobres, ¡Ay! padre dulcísimo,
Manantial de favores y consuelo,
Fuente de puro amor.
Del pecho atribulado luz purísima,
Refugio suave, refrigerio inmenso
De herido corazón.
Reposo en los trabajos, dulce bálsamo,
Y alivio grato en el bochorno intenso
De la triste aflicción.
¡Oh de esplendor eterna luz vivísima!
De tus fieles el alma enamorada
Inunda de fervor.
Sin Ti nada es el hombre; noche lóbrega
Sin Ti reina doquier; sin Ti no hay nada,
¡Oh Espíritu criador!
Lavad lo inmundo, sí, regad lo seco,
Lo que hay enfermo en mí, médico
santo, Dulcísimo sanad.
Lo que en mí se desvíe de su centro,
Torne a Vos: de mi amor el digno
encanto Nutrid y fomentad.
Dad al que en Vos confía y en Vos
cree De vuestros siete dones celestiales
La flor de la virtud.
Verted de vuestro amor dicha a raudales,
Y al alma prometed el premio eterno
De la eterna salud.

Oración atribuida originariamente al Papa Inocencio III
Revisión: José Sayol y Echevarría

Imagen: “Pentecostés”, del pintor eslovaco Ladislav Záborský

Santa Rita de Casia, patrona de las causas desesperadas

Santa Rita de Casia, viuda y religiosa

Los padres de Rita, naturales de Casia, era ya de avanzada edad cuando obtuvieron de Dios, por intercesión de la Virgen María, a su única hija, nacida sin dolores y por milagro, poniéndole el nombre de Margherita por indicación de un ángel. Cuenta una leyenda que al quinto día de su nacimiento su boca sirvió de morada a un enjambre de abejas blancas, que en suave susurro publicaban lo perfecto de aquella tierna flor. Era muy humilde, obediente, caritativa y dada a la oración. Muy poco costó inclinarla a las virtudes, por las que sentía natural disposición, ofreciéndose ella al Señor en perfecta virginidad. Más sus padres, sin consultarla, la ofrecieron en matrimonio a uno de sus muchos pretendientes. Resignada Rita, después de haber consultado en oración, se casa con un marido que a poco manifestó su mal carácter, llevando la cruz con suma paciencia y resignación. Sufrió pacientemente sus malos tratos, procurando ganarlo con su humildad y condescendencia y con múltiples súplicas al Señor.

Muerto violentamente pidió Rita a Dios que sus dos hijos no le vengasen, y, oído su ruego, Rita quedo sola al morir ambos de manera natural. Ya viuda y sin hijos quiso entrar en las religiosas de las Agustinas de su pueblo natal, pero éstas no quisieron admitirla las tres veces que se presentó; puesta en oración, se le aparecieron San Juan Bautista, San Agustín y San Nicolás de Tolentino, que le aconsejaron fuese al monasterio, en el que entró sin abrirse ninguna puerta, siendo admitida a la vista de tal milagro. Allí ejemplarizó su vida santa y de penitencia.

Su vida de religiosa resultó un ejemplar de perfección; tuvo tal afecto a la Pasión, que Jesucristo le impuso una corona de espinas, dejando huellas en el exterior (una llaga en su frente). Después de cuatro años de enfermedad fue visitada por Jesús y María en la hora de su muerte, el 22 de mayo de 1457. Fue beatificada por Urbano VIII en 1627 y canonizada por León XIII el 24 de mayo de 1900.

Oración a Santa Rita de Casia

¡Oh, excelsa taumaturga Santa Rita, desde tu verdadero Santuario de Casia, donde con suave semblante duermes el sueño de la paz y tu cuerpo despide celestiales efluvios, vuelve tus ojos piadosos hacia mí que tanto sufro y lloro!
Tú vez a mi pobre corazón, rodeado de espinas y sangrando por el dolor. Tú vez, querida Santa, que mis ojos no tienen ya lágrimas de tantas como han vertido. ¡Rendido, desalentado, hasta la oración sale trabajosamente de mis labios! ¿Habrá de invadirme la desesperación en esta circunstancia de mi vida? Ven pues, Oh Santa Rita, ven a socorrerme y ayudarme. ¿No eres tú la que los pueblos cristianos llaman Santa de los imposibles, Abogada de los casos desesperados? Intercede pues en mi favor, para que el Señor me conceda la gracia que le pido (dígase el favor deseado). Todos ensalzan tus glorias, todos narran los milagros más extraordinarios que el Señor ha obrado por tu intercesión; ¿habré de quedar solo yo decepcionado porque tú no me escuches? ¡Oh no! Ruega, pues. Ruega por mí para que tu dulce Jesús se apiade de mis aflicciones y que por ti, bondadosa Santa Rita pueda obtener lo que tan ardientemente ansía mi corazón.—(Tres padrenuestros, Avemarías y Glorias).

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Enlace: Santa Rita de Casia y su devoción en Canarias