Santa María, Reina

Desde los primeros siglos del cristianismo invocaron los fieles a la Santísima Virgen como Reina del cielo y de la tierra. Ella es reina por aclamación universal de todos sus hijos.

Pío Xll en la encíclica “Ad Caeli Reginam” (ll-X-1954) instituyó la fiesta litúrgica de María Reina, que actualmente se celebra en la octava de la Asunción de la Virgen María. El primer fundamento de la dignidad real de María es indudablemente su divina maternidad. María es Reina porque engendró un Hijo que, aun en cuanto hombre, por la unión hipostática de la naturaleza humana con el Verbo, es Rey y Señor de todas las cosas. María es también Reina del Cielo y de la Tierra por haber participado como mediadora de todas las gracias en la obra de nuestra salvación.

Para que “todos conozcan más claramente y veneren con más ardor el bondadoso y maternal imperio de la Madre de Dios, importa mucho que se conserve, afiance y perdure la paz de las naciones, alterada casi diariamente por cuestiones llenas de incertidumbres”. Estas palabras de Pío XII en la encíclica “Ad Caeli Reginam” expresan uno de los principales motivos que le incitaron a instituir la fiesta: la unión y concordia de los pueblos por el reconocimiento de la realeza de María. Ciertamente María es el arco iris puesto por Dios en las nubes como señal de la alianza de la paz entre los hombres. Por ello, ante las adversidades, no dudemos en pedirle a nuestra Reina y Madre de Misericordia: Santa María, Reina de la Paz, ¡ruega por nosotros!

Oración

Dios todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre de tu Unigénito, concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria de tus hijos en el reino de los cielos.
Reina dignísima del mundo, María Virgen perpetua, intercede por nuestra paz y salud, tú que engendraste a Cristo Señor, Salvador de todos.
Por Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Oración

En vuestro Corazón Inmaculado confiamos en esta hora trágica de la historia humana: que os conmuevan tantas ruinas materiales y morales, tantos dolores, tantas agonías de los padres, madres, esposos, hermanos, criaturas inocentes; tantas vidas cortadas en flor, tantos cuerpos despedazados en una horrenda carnicería, tantas almas torturadas y agonizantes, tantas en peligro de perderse eternamente. Reina de la paz, rogad por nosotros y dad al mundo en guerra, la paz que los pueblos suspiran: la paz en la verdad, en la justicia, en la caridad de Cristo. A los pueblos separados por los errores y por la discordia, especialmente a aquellos que os profesan singular devoción, donde no había casa que no ostentase vuestro venerado icono, hoy acaso escondido y reservado para mejores días, dadles la paz y reconducidlos al único redil de Cristo, bajo el único y verdadero Pastor. Conceded a la Santa Iglesia de Dios un fin de paz y de verdad. Contened el diluvio inundante del neopaganismo, todo materia, y fomentad en los fieles el amor de la pureza, la práctica de la vida cristiana, del celo apostólico, para que el coro de los que sirven a Dios aumente en mérito y en número.

(Oración de Pío XII al Corazón de María)

Imagen ilustrativa: “La Coronación de la Virgen”, obra del pintor malagueño Raúl Berzosa. Oratorio de Santa María Reina y Madre de la Hermandad de las Penas (Málaga).

Pío XII, después de consagrar a todo el género humano al Inmaculado Corazón de María, para ponerlo bajo la protección de la Madre del Salvador, decretó el 4 de mayo de 1944, que toda la Iglesia celebrase anualmente —en la octava de la Solemnidad de la Asunción— una fiesta en honor del Inmaculado Corazón de María. Posteriormente, en 1970, llevados por los principio señalados por el Vaticano II se reforma el calendario y el santoral litúrgico. Entre otros cambios, la fiesta del Corazón de María se trasladó al día después del Sagrado Corazón de Jesús y la de Santa María Reina del 31 de mayo al 22 de agosto.

Nuestra Señora de la Soledad del Fuego (Baterno, Badajoz)

nuestra-senora-de-la-soledad-del-fuego-baterno

El 20 de agosto se festeja en la localidad pacense de Baterno la fiesta en honor a Nuestra Señora del Fuego, una representación de la Virgen en lienzo y que fue coronada canónicamente por el arzobispo Marcelo González Martín.

 NUESTRA SEÑORA DEL FUEGO

Esta Santa Imagen se llama del Fuego, aunque es de la Soledad, porque en el año del 1672, a 20 de agosto, día del glorioso San Bernardo, en que se quemó la panadería de la Plaza Mayor de Madrid, hallándose un pobre hombre en uno de los cuartos más altos de la casa en que moraba, sin poderse escapar del incendio, encomendándose a esta Santa Imagen y abrazándose con ella, se arrojó de la dicha altura en que estaba a la Plaza, donde también había grande fuego, y cayendo en ella sin hacerse daño alguno se escapó de las llamas, dejándose en ellas la dicha Santa Imagen hasta que una pobre mujer, que reparó en el caso, la sacó, hallándole abrasado todo el lienzo y pintura por todas partes, excepto el rostro, pecho, manos de dicha Santa Imagen, y unas tres tiras del mismo lienzo. Se la llevó la dicha mujer a su casa, y habiendo muerto ésta se la llevó una vecina, a quien la dejó; y hecho almoneda de los bienes de ésta por no haber quien diese nada por le dicha imagen, se la llevó uno de los albaceas a su casa, y sucediendo lo mismo en la muerte de este albacea, se la llevó a su casa otro. Y habiéndola hallado en casa de este último albacea, el referido padre Fray Joseph de San Juan en la forma expresada, el año 1695, informado de todo lo dicho, y de otras cosas, que se dejan por brevedad, se la pidió al sobredicho albacea, con deseo de colocarla donde estuviese con veneración, ya que tanto tiempo había estado despreciada, creyendo que aquel prodigio de haber Dios reservado del fuego el rostro, pecho y manos de dicha Santa Imagen, era para manifestar en ella sus misericordias con sus devotos, y el haber reservado aquellas tres listas del mismo lienzo, que la mantenía en su propio lugar, era para darnos a entender, quería que la mantenían con veneración.

Y ambas cosas se han experimentado, porque lo primero: que es colocarla con veneración, ya se ha ejecutado, pues a fuerza de prodigios se le ha fabricado una hermosísima capilla ochavada, de treinta pies de hueco, con su sastrería detrás y pórtico delante, su media naranja, retablo y preciosas pinturas, todo poco para quien tanto merece; y mucho, por haber pendido del sobredicho religioso, haciendo la Madre de Dios cobrarles las cantidades, que por incobrables le han cedido algunos devotos.
Y lo segundo, de manifestarse el Señor en esta Santa Imagen misericordioso, no menos se ha experimentado, porque primeramente, habiendo traído la dicha Santa Imagen al convento real de San Gil de Madrid, donde el dicho religioso es morador y habiéndola lavado en el estanque de la huerta de dicho convento con un estropajo y ceniza por cerner el Siervo de Dios E. Joseph de Canalejas (que fue quien le puso el nombre de Nuestra Señora del Fuego) subió a la enfermería de dicho convento con ella el dicho religioso, y entrando en la celda de otro religioso grave, que estaba desahuciado, le dijo que le llevaba aquella Santa Imagen para que se encomendase a ella, porque esperaba que había de ser milagrosa, y deseaba que fuese con él la primera misericordia; rezaron allí los circunstantes una salva, y a la noche ya estaba fuera de peligro el enfermo, y en breve convaleció y estuvo bueno.

CLAVES-COMENTARIO: Libro de Ntra Sra del Fuego (Baterno). Badajoz, 1986. Edita: Parroquia de San Andrés.
Diccionario Enciclopédico P&J. Tomos: II, III, IV, VI y VIII.
MARTOS NÚÑEZ, E. Albúm de cuentos y leyendas de Extremadura. Grupo Alborán.

Fuente: alcazaba.unex.es (biblioteca Siberia)

A la Virgen de la Paloma para pedir un parto feliz

Oración

Virgen clementísima, Paloma inmaculada y Madre de piedad, ya que prosperáis con vuestra intercesión delante de Dios mi vínculo conyugal, y me habéis traído a este estado, os ruego humildemente que pues sois la que dais prosperidad a los sucesos, desvanecéis las fatalidades, apartáis las ruinas y desgraciadas horas, os dignáis llevarme bien hasta el punto del alumbramiento, y sacarme de él con toda felicidad: alcanzadme este favor, Madre mía, para que por él enderece mi corazón a Dios, en quien tengo puesta toda mi confianza, que me lo concederá si me conviene, y en Vos que me protegeréis en este lance tan grande y especial, para que así os pueda estar atenta y agradecida en todas horas. Amén.

Pedimos por aquellas mujeres embarazadas o que han sido recientemente madres para que el Señor y su Madre del Amor Hermoso, en la advocación de Nuestra Señora de la Paloma, cuiden de ellas y den salud a sus hijos; guardándoles de las adversidades y brindándoles con el amor filial.

Con confianza y alegría, fraymartindeporres.wordpress.com

Imagen ilustrativa: Nuestra Señora de la Paloma, La Viña (Telde, Gran Canaria).

La Virgen de la Paloma (mirando al pasado)

Virgen de la Paloma

Como las majas que la rindieron culto, hace perdurable su fama a través de las generaciones. Y, sin embargo, su primitiva capillita ha desaparecido en silencio. Su historial es ya de otro tiempo; no entrarán más en el sagrario las chulas de la barriada; nadie interrumpirá la paz de aquel recinto; el santuario dejó de ser, pero la capillita vive; con el espíritu de lamas castiza de las verbenas madrileñas, que, llevada al teatro, dejó en los fastos de la escena un recuerdo tan imperecedero como el de la Virgen milagrosa, que los hijos de Madrid veneran con grandísimo fervor. Ábrese el vacío de un solar; pero dos pasos más arriba, en el nuevo templo de San Pedro el Real, existe la Virgen de la Paloma, cuyo nombre es dulce y apacible como el arrullo.

La capillita de la Paloma tuvo unos gloriosos días de esplendor y magnificencia, cuando la reina María Luisa hincaba la rodilla al píe del altar, y con ella las damas majas y todo el pueblo heroico que legó el ciego amor religioso a Doña Isabel II, postrada también de hinojos ante la Virgen popular de los barrios manolescos.

No imaginara el arquitecto D. Francisco Sánchez, discípulo de Ventura Rodríguez, cuando en 1795 construyó la iglesia, que el pequeño templo había de verse tan concurrido, pues si bien es verdad que ya la imagen tenía enormes devotos, no dieron en visitarla con la posterior frecuencia y generalidad las mujeres que oían la primera misa después de dar a luz. Esta costumbre fue la nota más característica de la capillita que nos ocupa.

Aquel paraje resultaba en otro tiempo el confín del populoso barrio de Calatrava, lleno de tradiciones y de lugares curiosos, por la importancia que tenía en los anales de la villa. Hacia el campillo de Gil Imón, el caserío de humildes viviendas domingueras, así llamadas porque sus vecinos las pagaban semanalmente, no con poco trabajo. Por dónde el hospital de la Orden Tercera, la morada del fiscal Gil Imón de la Mata, que dio nombre al descampado y al portillo que allí se abría. En una casa cercana vivió y murió el duque de Osuna. Más atrás, en la calle del Águila, quedaba la capilla de la Sacramental de San Andrés, guardadora de una de las arcas donde estuvo sepultado San Isidro. En la calle de los Santos, frente a la parte del monasterio de San Francisco que luego se dedicó a prisión militar, estaba en pie la casa de la beata Clara. Y por entonces, conforme se pasaba por la plaza de la Cebada, camino de este barrio legendario, se alzaba, en la equina de la calle del Humilladero, la ermita de Santa María de Gracia, debida a la Hermandad de la Santa Vera Cruz.

Es muy complejo y largo de contar el origen del retablo de esta imagen. Existen varias opiniones, desperdigadas en libros y papeles. Las más autorizadas son que unos gitanos que vivían en la calle que hoy se llama de Arlaban, entre la leña con que se calentaban, tenían un cuadro sin valor alguno, con la sagrada efigie de la Virgen de las Maravillas, y que, pasando a la sazón cierto pintor que habitaba en la calle del Lobo, lo compró y regaló después a una señora muy cristiana, que a su vez lo donó al convento de Carmelitas descalzas. Y que una paloma criada en el corral de las monjas de San Juan de la Penitencia, acompañó, volando, a la Virgen de las Maravillas, cuando fue trasladada a su nueva iglesia. Una devota mujer del pueblo hizo representar la escena en un cuadro, lo colocó en el portal de su casa, le rindieron culto los vecinos y, con los milagros, adquirió celebridad.

Lo cierto es que, jugando con el cuadro unos muchachos de la barriada, que lo habían substraído del montón de leña de una tahona próxima, lo vio María Isabel Andrea Tintero, quien, arrebatándolo de manos de los chiquillos, lo puso en un marco, y alumbró con las limosnas recogidas. Era el retablo de Nuestra Señora de la Soledad, venerado en el portalillo de la calle de la Paloma, esquina a la de la Solana. Con limosnas se fabricó la capillita; con limosnas se dijeron las primeras misas, y con limosnas atendió a su vida la piadosa mujer, que vivía en la casa contigua, y que cuidaba y limpiaba la iglesia.

La imagen de las Maravillas era muy otra: era un Cristo así nombrado, porque se veneraba en el portalillo perteneciente a las monjas de Maravillas, y que se trasladó a San Andrés. El Cristo cercano al parador de Calatrava, y al que rogaban las infelices criaturas sometidas al portentoso tratamiento de la famosa curandera Juana Picazo, que vivía en la calle de la Ventosa.

Era la capillita un ascua de oro en el barrio humilde. Sonaba a gloria su campana. Honrábanse y tenían a gala los que allí se bautizaban. Y la estampa de la Virgen figuraba en todas las casas, amparando la paz del hogar.

Ya era popularísimo el santuario. Ya se celebraban en él las bodas de rumbo, amenizadas con la música de los murgantes. Ya las madres amantísímas presentaban a la Virgen los recién nacidos. Ya se trajo el Santísimo Cristo de la Misericordia. Ya arrimaban a su puerta los coches palacianos. Y todo pasó, todo se acabó. Cerróse la puerta; cerróse la cancela; hízose el silencio; la piqueta demolió el lugar sagrado, y en lo que hoy es solar, lo mismo que las golondrinas que anidaban en el quicio del portón, unas niñas saltan y cantan en un ambiente de romería de verbena.

Antonio Velasco Zazo. Revista La Esfera, agosto de 1919 (nº294).

* * *

Enlace relacionado: Nuestra Señora de la Soledad de la Paloma

Gozos al gloriosísimo Tránsito, Asunción y Coronación de María Santísima

Gozos al gloriosísimo Tránsito, Asunción y Coronación de María Santísima, Señora Nuestra

Pues sois Ave que hasta el cielo,
María, voláis ansiosa;
Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.
Lleno de celestial luz
vuestra muerte os anunció
un ángel que os envió
vuestro amado Hijo Jesús:
logrando el mayor consuelo
en nueva tan misteriosa.

Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.

Los Apóstoles que acaso
en vuestra muerte asistieron,
devotos se enternecieron
al ver tan cerca el ocaso
de ese sol, que al mismo cielo
supo dar luz tan copiosa.

Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.

Sin achaque de dolor
os ponéis en una cama,
y viendo á Jesús que os llama,
espiráis fénix de amor:
rindiéndole vuestro anhelo
el alma más prodigiosa.

Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.

Del pecado y de su muerte,
del infierno y su adalid,
divina y bella Judit,
triunfó vuestro valor fuerte:
y a pesar de su desvelo
os aclaman victoriosa.

Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.

Tomás que aún no sabía
de vuestra muerte, llegó
a Getsemaní, y abrió
el sepulcro al tercer día:
mas solo halló vuestro velo,
y vestidura preciosa.

Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.

En premio de la victoria
que en este mundo alcanzasteis,
desde el sepulcro volasteis
en cuerpo y alma á la gloria;
como lo confiesa el celo
de la religión piadosa.

Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.

Al ver tantas perfecciones,
pasmados los querubines,
ángeles y serafines,
dicen con admiraciones:
¿quién es esta, que del suelo
se remonta tan gloriosa?

Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.

En los brazos recostada
de vuestro Hijo querido,
sobre el trono más lucido
sois María colocada:
cual iris que con desvelo
anuncia la paz dichosa.

Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.

Mejor que Bersabé vos
del Hijo al lado os sentáis,
tan hermosa, que os lleváis
la atención del mismo Dios:
si sois el mejor modelo
de su mano poderosa.

Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.

Allí con celeste canto
por Hija os corona el Padre,
el Hijo por dulce Madre,
por Esposa el Amor Santo:
Reina sois de tierra y cielo,
y Abogada portentosa.

Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.

Salve, Virgen pura y bella,
salve, sagrario divino,
salve, espejo cristalino,
salve, sol, luna y estrella:
salve, universal consuelo,
salve en fin, Madre amorosa.

Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.

            Composición religiosa popular (Levante español).

Imagen ilustrativa: Nuestra Señora del Tránsito, “la Virgen Difunta”, de la Parroquia de la Concepción de La Orotava.

La Solemnidad del Tránsito de María se celebra el día 15 de agosto. El tránsito o dormición de la Virgen significa que tras su expiración María pasó directamente al cielo, llevada en cuerpo y alma por el poder de su hijo (Dogma de la Asunción de María).

Virgen Morena (a la Virgen de Candelaria)

Virgen Morena

La ponemos Candelaria
la Virgen se lo ganó,
porque nació morenita
sin haberle dado el sol.
(Copla popular)

Los frailes blancos
a Ella cuidan.
Blanca es la torre
de la basílica
y la gaviota
que hasta allí emigra.
De cal las casas;
la playa es limpia;
la tierra es gruesa,
honda y caliza.

Dentro del templo
se santifica
un mármol puro
que luz irisa.
La Candelaria
está vestida
con trajes claros
y alba toquilla.

Corona, sol,
andas, reliquias,
cetro y encajes
áureos brillan.
Moreno el Niño,
y en sus manitas,
a un pajarillo
de oro anida.

Todo es pureza
y candor de isla:
¿por qué la Virgen
es morenita?

           Manuel Perdomo Alfonso

                 (Foto gentileza de David González)

* * *

Enlace de interés: Los dominicos en Candelaria

Gozos a Nuestra Señora de la Soledad de la Paloma

Gozos a Nuestra Señora de la Soledad de la calle de la Paloma

Pues del Verbo Engendradora,
Sois, María Inmaculada,
Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

La Iglesia, mística Rosa
Os apellida triunfante,
Por ser Vos la más constante
Del Eterno Verbo Esposa;
De dolientes amorosa
Sois dulce consoladora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

De Paloma en los Cantares
Gozáis título amoroso,
Por eso el más milagroso
Aquí mostráis a millares:
Quitando grandes pesares
Al que a tus Pies pide y llora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Vuestra Imagen ultrajada
En este sitio se vio;
Pero una mujer corrió
Al momento apresurada;
Y ella misma apiadada
Se hace desagraviadora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Este Pueblo enternecido
Se sacrifica sincero,
Al ultraje verdadero
Que vos habéis recibido;
Apartando del olvido
La efigie que humilde adora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Por tal desagravio Pía
La devoción os ensalza,
Con un culto que realza
Más y más de día en día,
Aclamándoos a porfía,
Alma, Madre y Protectora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Vuestro original copiado
De Lucas Evangelista,
Quien fiel testigo de vista
Nos lo dio en un fiel dechado,
Siendo el más perfeccionado
De su hábil arte Pintora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Este nuevo Santuario
Alcázar de devoción,
Disteis a esta Población
Para ser nuevo sumario
Del culto que a Vos diario
Toca como bienhechora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Vuestro rostro en nuestro suelo
Todas las gracias encierra,
Siendo la dichosa tierra
Que escogió vuestro desvelo,
Para darnos el consuelo
En todo momento y hora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Entre espinas azucena
De Soledad con el llanto,
Os miró el Esposo Santo
De dolores toda llena;
Convertid ya vuestra pena
En amable aliviadora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

De fe pura el más ameno
Un jardín la piedad,
Nos muestra en tu Soledad
De delicias siempre lleno,
Saliendo de vuestro Seno
La Flor más encantadora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Al olor de vuestra aroma
Corren sabias y benditas,
Las que os aman doncellitas
Como a Cándida Paloma,
Siendo quien la culpa doma
La pureza que en Vos mora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Si como Mirra escogida
Disteis la dulce fragancia,
Sednos Madre de constancia
En nuestra fatal caída,
Alejando nuestra vida
De toda culpa traidora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Ya del borrascoso invierno
Se ausentó el rigor insano,
Viniendo de vuestra mano
El Divino Sol sereno:
Haced, pues, que venga ameno
A ser nuestra feliz hora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Pues del Verbo Engendradora
Sois, María inmaculada,
Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

Socorred, Virgen Sagrada,
Al devoto que os implora.

De la Novena Rogativa a Nuestra Señora de la Soledad de la calle de la Paloma, por  el D.D.J.G. (1797)

Salve a la Virgen de la Paloma, por María Pepa de Chamberí

La artista madrileña Marí Pepa de Chamberí canta a la Virgen de la Paloma en el templo, una salve compuesta por ella titulado “A la Virgen de la Paloma”, e interpretada —como es habitual en estos últimos años— momentos antes de salir la procesión, en presencia de los fieles, autoridades y el Arzobispo de Madrid. La festividad litúrgica de Nuestra Señora de la Soledad de la Paloma, una de las advocaciones más queridas de Madrid, se celebra el 15 de agosto —Solemnidad de la Asunción de la Virgen María—.

 

 

 

A la Virgen del Carmen

A la Virgen del Carmen (I)

Espejo de bondades y ternuras,
son vuestros ojos, bellos e ideales,
de dulce bien son fuentes celestiales,
cataratas de amores y dulzuras.

Ante vos, se mitigan las torturas,
que hay en mi ser, en cruentos manantiales;
vuestros ojos de límpidos cristales,
disipan mis tormentos y amarguras.

No abandonéis, Señora, Virgen mía.
a este mortal que muéstrase doliente,
y que sufre, de pena, la agonía…

Dad a mi corazón bien y consuelo,
por ese ángel tierno e inocente
que a vuestros brazos Dios mandó del Cielo.

                                         Cecilio Recalde

A la Virgen del Carmen (II)

Si vuestra corona
no fuese de perlas,
otra yo os pondría
de rosas y hortensias,
de nardos de nácar,
de albas azucenas,
de jazmines blancos
de pureza emblema;
mas, vuestra corona,
la Cruz Santa lleva,
y aventaja a todas
las flores más bellas.

¡Señora, escuchadme!:
¡os pido clemencia!
¡calmad mis dolores,
mitigad mis penas!
que yo he sido bueno,
que está en mi conciencia,
limpia de pecados,
de virtudes llena.
¡Virgen de mi vida,
os pido indulgencia,
como los que lloran
y la gracia esperan,
al pie de una Virgen
sagrada y excelsa!
Y apartad de mi mente el recuerdo
de mujer aquella,
que inundó de pesares mi alma,
de llantos, tristezas.
¡Haced, Virgen mía,
haced que mis pasos se aparten de ella!

Yo la creí más noble,
la pensé más buena,
y mis ilusiones
cifraba yo en ella;
cuanto ella quería
al punto la diera,
mirando a aquel ángel,
que Dios a la tierra,
nos había mandado,
creyendo a su madre, cual mujer, discreta:
ese ángel que quiero salvéis,
¡oh, Virgen del Carmen, Virgen hechicera,
del mal que en la vida pudiera pasarle
por su mala estrella!

Cuando era pequeño,
me dijo mi padre, con voz placentera:
—¿Me preguntas, hijo,
por tu madre muerta…?
No la conociste;
era tu existencia,
muy joven, muy joven,
murió, cuando eras
un niño y no andabas,
ni hablabas siquiera.
Mira su retrato,
mira qué belleza,
qué mirar más dulce,
qué bondad más tierna:
eran sus mejillas
de rosas muy frescas,
y su casta frente
como una azucena,
era cariñosa,
callada, discreta,
laboriosa, honrada,
recatada, austera,
todos la querían
porque era muy buena,
nunca vióse un pobre
sin pan ante ella,
ella consolaba
al ser en la tierra;
ella era una santa,
una santa era.
La Virgen del Carmen,
divina y excelsa,
era su consuelo,
su refugio era,
por eso yo voy
a ver a la Iglesia
a esa flor tan preciada, que tiene
tan dulce cadencia
para hablar a las almas que sufren,
que lloran y esperan.
Así me decía aquel padre mío
que ya con mi madre ante Dios se encuentra.

Desde entonces, sin dejar un día,
a Virgen tan santa contaba mis penas,
y yo la pedía
que fuese muy buena
la mujer que se uniese
conmigo en la tierra.
Una tarde, recuerdo que estaba
hablando con ella
y la dije que no procedía
con toda nobleza,
que dijese a su madre lo que nos pasaba,
antes que naciera
un ángel que el cielo
mandaba a la tierra:
pero fue imposible
realizar la idea,
que el niño o la niña
con padre se viera,
y no comprendiendo
toda mi franqueza,
destrozó mi alma,
me hirió sin conciencia,
y el ángel, sin padre,
vio la luz Febea.

Yo sufrí duros trances,
sufrí muchas penas,
porque no podía,
por culpa de ella,
dar a aquella niña
mis besos a espuertas.
y en vez de apiadarse
de hombre de nobleza,
me martirizaba,
me causaba ofensas,
hasta que yo un día
le hablé como hablan las almas aquellas
que saben que hay Cielo,
Dios y Providencia.
—Escucha un momento:
no más, por la nena,
debes de ser santa,
sencilla y discreta,
que pecó, y es cierto,
María Magdalena,
y luego la hermana
de la Virgen era.
Yo te doy, sincero.
yo te doy de veras
el perdón, por la niña, que culpa
no tiene y se queda
sin padre por causa
de acciones funestas,
que si yo te he querido con ansias
y te amé sin mezcla
de males algunos,
pensé que a mi madre tú te parecieras.

Sin comer me quedaba yo siempre
por darle a la nena,
por darle a la madre el diario sustento
y que pan tuvieran.

¡La Virgen del Carmen parece que escucha
mi voz lastimera!

Virgen de mi vida,
os pido indulgencia,
oíd mis plegarias
todas de fe llenas,
que hacer no he podido
que se convirtiera,
como convirtióse
María Magdalena,
y ya no es posible
que vaya yo a verla:
pero por la niña,
por esa pequeña
vengo a vuestras plantas.
Virgen hechicera,
para que no olvide
a esa niña tierna.

¡Virgen de mi vida!
¡Virgen tan excelsa!
¡Salvad a ese ángel,
salvad a esa nena,
y en cuanto a la madre,
haced que mis pasos se alejen de ella!

                          Cecilio Recalde 

* * *

Imagen de la Virgen del Carmen de la parroquia de San Gregorio Taumaturgo, Telde. (Foto: José J. Santana).

La Santísima Virgen del Carmen y su escapulario

Hoy celebramos la popular y sentidísima fiesta de Nuestra Señora del Carmen, una de las advocaciones que más místicamente ha logrado apoderarse del sentimiento cristiano: celebramos y solemnizamos en el día de hoy una de las más estupendas misericordias de la que es Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; la incomparable y altísima misericordia, que se encierra en el santo Escapulario del Carmen, que es una de las prendas de amor más grande y singular que perpetuamente nos da el maternal Corazón de la Virgen Santísima: al mirar a la Santísima Virgen del Carmen, instintivamente se nos va el alma y el corazón a su santo Escapulario, que es prenda de salvación.

He aquí las dulcísimas, amorosas y celestiales palabras, que a Simón Stock dijo la Santísima Virgen, cuando para él y para todos los cristianos trajo de cielo el Escapulario del Carmen e hizo entrega del mismo al Santo para la salvación de innumerables almas:

“Recibe el Escapulario de tu Orden en prueba de mi especial benevolencia y protección, y para que sirva de privilegio a todos los carmelitas. Por este vestido o librea se han de conocer mis hijos y mis siervos.
En él TE ENTREGO UNA SEÑAL DE PREDESTINACIÓN y una como escritura de paz y de alianza eterna y una defensa en los peligros. EL QUE TENGA LA DICHA DE MORIR CON ESTA ESPECIAL DIVISA DE MI AMOR, NO PADECERÁ EL FUEGO DEL INFIERNO”.

* * *

Mis cantares (a la Virgen del Carmen)

Virgencita del Carmen,
¡Cuánto te quiero!
no más pensar en ti
vivo que muero…

Unos aman la vida,
otros la muerte;
yo si a escoger me dan,
quiero quererte.

Por estar a tu lado,
¡oh Madre mía!
y gozar de tu vista,
al Cielo iría.

¡Virgencita del Carmen!
Cuan bien pareces
con ese escapulario
que nos ofreces.

Vísteme, Madre mía,
con tu librea;
no quiero más blasón
ni más presea.

Al partir de mi hogar,
tu escapulario
fue de tiernos recuerdos
el relicario.

Surcando voy los mares
con rumbo cierto,
y espero he de llegar
seguro al puerto.

Pues sois, Virgen, la nave
segura y nueva
que a todos tus devotos
al Cielo lleva.

Y es la segura tabla
de salvación
tu santo escapulario,
que es mi blasón.

Rosa de Jericó
Flor del Carmelo,
quiero aspirar tu aroma,
¡llévame al Cielo!

             Augusto Olangua, C.M.F.