Nuestra Señora de la Soledad de la Victoria, la Virgen enlutada

Virgen de la Soledad de la Victoria (antigua destruida)

Imagen original de Nuestra Señora de la Soledad del Convento de la Victoria (Madrid), obra de Gaspar Becerra. Posteriormente la talla fue trasladada a la Colegiata de San Isidro, siendo destruida tras la quema de la iglesia con el inicio de la Guerra Civil Española en julio de 1936.

La Soledad del Convento de la Victoria de Madrid de la Orden de los Mínimos de San Francisco de Paula fue la primera imagen española de la Soledad y supuso una nueva tipología mariana propia, con el atuendo de las viudas nobles de la época: túnica blanca, manto negro y toca. Una indumentaria de luto cuyo uso se extendió desde el tiempo de la Reina Juana I Castilla hasta el siglo XVIII.

Nuestra Señora de la Soledad de la Victoria tomó su nombre de un cuadro devocional traído desde Francia por la reina Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II, que representaba la Soledad y Angustias de la Virgen [1], una devoción muy popular por aquel entonces en Francia. Los frailes —en este caso Fray Diego de Valvuena, confesor de la Reina Isabel— le confiaron el encargo de una escultura de talla para el convento de los Mínimos de Madrid a partir de la pintura que Doña Isabel conservaba en su oratorio; propuesta que la soberana acogió de buen grado, concediendo las facilidades necesarias para que se convirtiera en una hermosa realidad. Recordemos que Isabel fue llamada la “Reina de la paz”, una mujer de espíritu abierto y amplia cultura que llevó el refinamiento y las buenas maneras a la Corte española.

Sería el baezano Gaspar Becerra y Padilla, un reputado imaginero de la época, el elegido para realizar tan importante encomienda. Becerra fue, además, arquitecto y pintor, recibiendo una fuerte influencia del renacimiento y manierismo italiano durante su estancia en el país transalpino. Sin duda pasará a la historia como un innovador de la iconografía de la Soledad. En lo concerniente a esta obra que tratamos, durante un año de trabajo el resultado no es el esperado. Lo intenta una segunda vez, que satisface a los frailes pero sigue sin convencer a la reina, es tal el grado de perfección requerido. Preocupado, y acaso como ultimátum, lo vuelve a intentar. En una fría noche, de un severo invierno, el escultor se encuentra agotado y prácticamente vencido por la desesperanza; arroja un tronco a la chimenea para mantener el calor de la habitación mientras se retira a descansar. Durante el sueño escucha una voz que le dice que retire aquel trozo de madera del fuego. Se levanta y con asombro vislumbra lo que es un contorno trabajado por la lengua de fuego. Una vez rescatado aquel leño esculpe sobre la parte aprovechable, y a medida que avanza en su trabajo observa —ahora sí— que va apareciendo ese rostro de la Virgen sereno y mirada llena de ternura que su retina guardaba ante aquella deslumbrante visión. Becerra culmina en 1565 esta portentosa imagen y la Reina ha quedado satisfecha. Fue el primero de otros tantos prodigios.

Vno de tres Retratos, inʃpirado,
O Artifice ʃacaʃte parecido,
Que en el amor Divino ha concurrido,
Coma otra vez, en fuego disfrazado.
Eʃte de Soledad vivo traslado,
De vn encendido Leño ha procedido,
Que ʃobre la materia de encencido
Cae la forma mejor de apaʃsionado
Fuego es amor, y amor grave tormento,
Si fe pierde el objeto que fe adora,
Pues queda en Soledad quien adoraba
Fuego en el Leño ʃirve de instrumento,
Pues el agua eficaz, que ardiente llora,
Dolor empieça, y Soledad acaba.[2]

Soneto de Don Antonio de Espinosa

Soledad de mi amor y compañía;
Luz que mi alma alienta,
Sea de vos en lágrimas deshecho,
Templo mi corazón, Altar mi pecho.

La imagen en cuestión no era de bulto de redondo (o talla completa) sino de candelero, concebida para ser vestida y sacada en procesión, y que la condesa Viuda de Ureña, Camarera Mayor de Isabel de Valois, atavió con sus propias ropas de luto. En una enternecedora representación de la Soledad la Virgen se encuentra arrodillada y con las manos cruzadas en actitud humilde y devota. La misma fue entronizada el 15 de septiembre de 1565 y gozó de gran devoción entre los madrileños. La propia Isabel fundó la hermandad de Nuestra Señora de la Soledad y de las Angustias, a la que pertenecieron sus dos hijas (las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela) y su marido, el rey Felipe II. La cofradía se extinguió en 1651, motivada por los frecuentes desencuentros entre los frailes y cofrades. No obstante, la devoción a la Virgen de la Soledad siguió intacta entre el pueblo madrileño. El éxito de la imagen fue tal que se popularizó su iconografía en infinidad de copias, tanto en escultura como en pintura.

El convento de Nuestra Señora de la Victoria fue demolido con la desamortización de Mendizábal y la imagen de la virgen se trasladó a la Real Colegiata de San Isidro. Desgraciadamente, el edificio y la imagen —que se encontraba en la capilla del Buen Suceso— quedaron destruidos por un voraz incendio tras el comienzo de la Guerra Civil española. Aun así, esta advocación se difundió, incluso dando lugar o derivando a otras: como la de la venerada Virgen de la Paloma (un lienzo que representa a la virgen de la Soledad)con otra variante, pero con parecida iconografía, son la Virgen de la Soledad de Arganda y la de Chinchón, ambas en la provincia de Madrid; posiblemente algo anterior a la Soledad de Gaspar Becerra, pero que incluimos en este grupo por sus delicadas facciones y su característica vestimenta de viuda noble castellana de la época de los Austria que tuvo su máxima expresión en la citada corte de Felipe II, es Nuestra Señora de la Soledad de la Portería (Las Palmas de Gran Canaria), la hermosa imagen cuyo rostro —cuenta una leyenda con visos de realidad— es a semejanza del de la propia Reina Isabel I, “la Católica”; y sin olvidarnos, entre otras tantas dignas de mención, con Nuestra Señora de la Soledad Coronada, Patrona de Badajoz, cuya tierna mirada —y bien reza el dicho— “ablanda el corazón de todo aquel que la mira”. Asimismo, en numerosas iglesias y ermitas de ciudades y pueblos de tierras castellanas y andaluzas se encuentran cuadros al óleo con esta representación de la Virgen de la Soledad, sin olvidarnos de museos diocesanos y colecciones particulares. De hecho, muchas de estas pinturas o vera efigies, que oscilan entre los siglos XVII y XVIII, alcanzan cifras considerables en reputadas galerías de arte y en subastas de antigüedades.

Fuera de nuestro país existen numerosas representaciones de la Soledad de la Victoria situadas principalmente en iglesias y museos, destacando entre otras: la Virgen de la Soledad de la Iglesia de San Francisco, en la ciudad de Caracas (Venezuela); o la preciosa imagen de la Soledad de Amberes (Bélgica), atribuida al escultor flamenco —de estilo barroco— Petrus Verbrugghen. También ha quedado para la posteridad un cuadro de la Soledad de la Victoria sobre las andas procesionales del pintor puertorriqueño José Campeche Jordán (1752-1809), uno de los máximos exponentes del rococó en América. Asimismo, en Sudamérica las representaciones pictóricas a la Soledad de la denominada escuela cuzqueña, de clara influencia colonial española, son abundantes.

Hace unos pocos años tuvimos la noticia de un lienzo del pintor madrileño Javier Cámara Sánchez-Seco —obra encargada para un monasterio— que representa, precisamente, a la desaparecida Virgen de la Soledad de la Victoria de Gaspar Becerra, con un resultado ciertamente extraordinario.

Como vemos, ha permanecido la divina influencia de esta santa imagen, tanto en su iconografía como en los prodigios realizados, que hoy día sigue conmoviendo el corazón de sus numerosos devotos.

por J.J. Santana

* * *

Enlaces de interés:

Representaciones de la Virgen de la Soledad de La Victoria

De la Soledad de la Victoria a la Soledad de la Paloma (pdf)

Citas bibliográficas

[1]. Los Teatros Madrileños y la Cofradía de la Soledad, Bernardo J. García.

[2]. A la Venerabilísima imagen de N. S. de la Soledad en la célebre translación a su suntuosa capilla, con un epítome de su sagrada historia. (1664).

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A la Virgen del Rosario (plegaria)

A la Virgen del Rosario
(Plegaria)

A tus plantas hermosas
llegué otras veces,
uniendo bellas rosas
y humildes preces,
que entonces era
un camino florido
mi primavera.

Hoy no traigo otra ofrenda
que fe y amores,
que esta vez en mi senda
no encuentro flores,
pues la fortuna
las agostó a mi paso
una por una.

Dame Tú, Madre mía,
con que adornarte
cuando vuelva otro día
mi fe a buscarte;
con tu permiso
florecerá la tierra
donde yo piso.

Y pues siempre he buscado
yo mis consuelos
en tu manto azulado
como los cielos,
da sin tardanza
alientos que reanimen
a mí esperanza.

No olvides, Virgen pura,
que has ofrecido
endulzar la amargura
del que afligido
va al santuario
para besar las cuentas
de tu rosario.

                Concha Espina de Serna.

* * *

Tu Orden la he encomendado a mi Madre

Imagen ilustrativa: Nuestra Señora del Rosario de la Villa de Agüimes (Foto: José J. Santana)

A Nuestra Señora del Silencio

Nuestra Señora del Silencio, Patrona de los sordos. Esta imagen se encuentra en la Parroquia de Santa María del Silencio (Madrid).

Tú, que oyes nuestras voces, aunque no hablemos, pues comprendes en el movimiento de nuestras manos el lenguaje de nuestros corazones. No te pedimos, Señora, que nos des la voz y el oído para nuestros cuerpos, sino que nos concedas entender la Palabra de tu Hijo, y llegar a Él con amor, para la salvación de nuestras almas. Queremos amar nuestro silencio para evitar la calumnia, el odio y el pecado y, callando, dar testimonio de nuestra Fe. Queremos ofrecerte el silencio en que vivimos para que todos te llamemos Madre y seamos verdaderos hermanos, sin odios, ni rencores, como hijos tuyos. Te rogamos traduzcas nuestro arrepentimiento ante tu divino Hijo, en la hora de la muerte, para que en la otra vida podamos oír y hablar cantando tu alabanza por toda la eternidad.

(Oración compuesta por dos personas sordomudas en 1972).

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Enlace recomendado: Santa María del Silencio (Parroquia de personas sordas y sordociegas)

La Virgen de las Angustias (Recuerdo de Granada)

La Virgen de las Angustias

(Recuerdo de Granada)

Allí donde cerrada
De perlas y de aromas
Yació vilipendiada
Y esclava la mujer;
Allí donde los moros
Gozaron sus amores
Y alzaron entre flores
El Templo del Placer;

Al pie de la colina
Que aún muestra por corona
La Alhambra granadina,
Palacio del Amor,
Alzaron los cristianos
Morada más divina:
La casa de la Virgen,
El Templo del Dolor.

En él está la madre
De todos los que lloran…
Rendidos a sus plantas
Estáticos le adoran…
La tímida doncella
La busca por dechado:
Perdón aguarda de ella
La triste que ha pecado.

La lluvia providente
Le pide el campesino;
La vuelta del ausente
La esposa del marino;
Salud el pobre enfermo,
Victoria el campeón:
El huérfano infelice,
Fiado en su amor santo,
«¡Ampárame (le dice)
Debajo de tu manto!»

Demándale el pechero
Que postre a su enemigo;
Justicia el caballero….
Consuelos el mendigo,
Puerto seguro el náufrago.
El vate inspiración.

Y al ver aquellas lágrimas
Que en las mejillas mustias
De la celeste Madre
Revelan sus Angustias,
Todos los tristes hallan
Alivio a su penar.

Que es el dolor la fuente
Del bien y la alegría,
Y de la cruz pendiente
El Hijo de María
Trocó en mérito y gloria
La dicha de llorar.

                         Pedro Antonio de Alarcón (S. XIX).

Nuestra Señora de la Soledad de la Portería, leyenda dorada

Mas, entre tantas Imágenes de Soledad existentes en las Islas, resalta y tiene encanto especial la del Convento de San Francisco de Las Palmas, conocida con el nombre de Virgen de la Portería.

El origen de esta Imagen lo encontramos también arropado con una leyenda delicada, que, de padres a hijos y de boca en boca, ha llegado hasta nosotros.

Cuentan, que, allá por los años de la conquista de Gran Canaria, se paseaba, por el puerto de la ciudad de Cádiz, una señora enlutada, con una pena profunda en su alma resignada. Buscaba embarcación para la isla recién conquistada, porque quería hacer llegar a los Padres Franciscanos de la misma un encargo misterioso.

Ella, con rostro suplicante, se dirige al capitán de unas de las naves, que estaban prontas a zarpar. Mas el patrón, lleno de altivez y sin hacer caso a la petición de la señora, suelta las amarras de su barco y se hace a la mar. Y comienza a navegar rumbo hacia el sur. Pero de pronto, Y de un modo inesperado, le sorprende una tormenta y se ve obligado a volver al puerto, de donde había salido.

Por segunda y muchas veces más vuelve a hacerse a la mar, y otras tantas tiene que refugiarse, porque nuevas tormentas le obligan a ello.

La señora enlutada insiste en su petición; y el marino, ya sin la altivez de antes, acepta en su nave el embalaje. Recibirlo y cesar los obstáculos a la navegación, todo fue uno.

A los pocos días el marino, – tranquilo, como el mar, arriba al puerto de las Isletas con toda felicidad. A toda prisa se encamina al Real de Las Palmas y entrega su encargo al Convento de San Francisco.

En presencia del Guardián, Discretos del Convento y de los hombres de la mar, se abre el baúl del misterio. Y ¡oh sorpresa!, aparece, ante las miradas de todos, una Imagen de María; y comprueban con sus propios ojos, como ella tiene la misma cara, los mismos vestidos de luto, y hasta la misma pena de aquella señora enlutada, que días atrás se paseara por el puerto de Cádiz.

¡Era la Virgen de la Soledad, o de la Portería, del Convento de San Francisco de las Palmas!

Veracazorla. B.O. Diócesis de Canarias, 1981

* * *

Soneto a la Virgen de la Soledad

Pasas muda, florosa y enlutada;
y al ver esa piedad con que me miras
sé que ruegas por mí y por mí suspiras;
por mí, que soy ceniza, polvo, nada.

Dame tu llanto lágrima sagrada,
para salvarme del mundo y sus mentiras.
Yo, pecador, hallo en la fe que inspiras
un consuelo a mi alma atormentada.

El Dolor es contigo, y me arrepiento
de ser causa de él, por tener parte,
pues soy hombre y culpable en el delito
de alzar la cruz, y en mi interior la siento.
Mas su signo se trueca en mí baluarte
y tu dolor está en mi cruz inscrito.

                          Luis Benítez Inglott

Dedicada a la Santísima Virgen de los Dolores

Al Pie de la Cruz.
(Dedicada a la Santísima Virgen de los Dolores)

I

Venid en derredor, cercadme todos,
Mirad al Hijo tierno mármol frío,
Y entre los varios modos
Con que el pecho combate al albedrío.
Decid, ¿dónde hay un dolor igual al mío?

Su sangre es leche mía, sus entrañas
Entrañas mías son ¿quien tal dijera?
¡Ay! ¿cómo al alma extraña
Podrían ser las penas que sufriera
Aquel por cuya vida miles diera?

Torno los ojos sin su luz perdidos
Que mi sol se anubló ¡tristes amores!
Si al cielo fueron idos.
Coronada de espinas, flor de flores,
Virgen y madre soy, más de dolores.

De aquí no apartaré la planta esquiva
Hasta quererlo y ordenarlo el Padre,
Sea yo mientras viva
La efigie del dolor para que cuadre:
“No hay un amor igual al de una madre”.

Dijo María, y con pesar profundo
Muda, a sus pies lloró la humanidad:
¡Oh! ¡cuán cara ha costado siempre al mundo
La inestimable luz de la verdad!

Amargura del mar, mar de amarguras
Dice a todos tu santo y dulce nombre;
Más por eso entre tantas criaturas
Mereciste ser madre del Dios-hombre.

Lágrimas mil mas puras que el rocío
Tu herido corazón tierno manó;
Más, ¡cuántas almas del averno impío
Cada gota de aquellas rescató!

Si una madre no acepta ya consuelo
Cuando vela el sepulcro de su amor,
Temple al menos tu pena en este suelo
Ver los hijos que engendra tu dolor.

Veelos unidos…. tu piedad imploran
Porque amaron también, y en este día
Recuerdos de su amor perdidos lloran
Juntando su dolor al de María.

Helos todos aquí que al Hijo amado
Con inefable afán ruegan y admiran;
Más al tocar tu pecho desgarrado,
¡Ya no pueden orar…. solo suspiran!

II

“Amad y perdonad”: Jesús lo dijo
Y de amor y perdón nos dio el modelo
Cuando en sufrir prolijo
Tras descender cual hostia desde el cielo,
Por nuestro amor no más murió en el suelo.

Pues no saben lo que hacen, exclamaba,
Padre mió, perdónalos te pido:
¡Ah! con ello enseñaba
Que el Justo de ignorantes ofendido,
La injuria debe dar siempre al olvido.

Se estremece la tierra adolorida
Mientras el árbol de paz firme se ostenta
Cual roca combatida:
Así vence la Iglesia a la tormenta
Que a los pueblos sacude y amedrenta.

Turbado el sol en convulsión tan fuerte
Viste por luto fúnebre capuz;
Más, ¡cuál es nuestra suerte!
Pío temáis si del sol muere la luz,
Que otra eterna ha nacido de la cruz.

Si aurora sin ocaso blanda hiere
Los ojos en el vicio adormecidos,
Un día el que creyere,
Con los ojos del alma enaltecidos
Verá al sol de justicia entre escogidos.

Y las nieblas del mal que al orbe entero
Amagaron cubrir, temerá en vano
Cuando al fulgor primero
Que su imagen tomó del Soberano,
Torne el destino del linaje humano.

Si el hierro al sauce hiere, aun más pomposo
Extiende a su placer tallos y sombra;
Tal el mártir glorioso
Con sentir en su cuerpo mal que asombra
Extiende más y más la fe que nombra.

Árbol a cuyo pie, si herido, fuerte,
Reúnes hoy la humanidad perdida
En busca de su suerte;
La palabra de Dios está cumplida,
Un árbol dio la muerte, otro da vida.

Mas, ¡ay! que entre tus vástagos lozanos
Tinta en llanto de sangre tan preciosa,
Por nuestra culpa, hermanos,
Está de Jericó la blanca rosa,
Triste como el dolor, cual él hermosa.

¡Ah! Madre virgen, si entre mil dolores
Ves cual hombre morir al Dios que admiran.
Perdonen tus amores
A estos hijos que al verte cual le miran.
Como amaron también, también suspiran.

                                 C. Pascual y Genís.

Imagen ilustrativa: “A tus plantas”, pintura a acuarela y tinta china del artista Domingo J. Cabrera.

El Dulce Nombre de María

El Dulce Nombre de María

Hay un nombre en el mundo que enamora
a aquel que le pronuncia con fe pía:
este nombre es el nombre de María
con que Dios adornó a la gran Señora.

Por esto cuando brilla ya la aurora
derramando la luz y la alegría,
se hunde en el pasado un nuevo día
huyendo sin cesar hora tras hora…

La mar que en leves ondas se dilata,
el ave que en el bosque se guarece,
de la luna la tibia luz de plata,

El sol que entre las nubes resplandece,
y aun el hombre, que acaso desconfía,
murmuran con amor: ¡Virgen María!

                       José Rogerio Sánchez.

* * *

El Santo y Dulce Nombre de María

A la Virgen de la Piedad

Madre, que sabes lo que significa estrechar entre los brazos el cuerpo muerto del Hijo.

Gozos en honor a Nuestra Señora de la Piedad

Pues tanta es vuestra bondad
que a nadie habéis desoído:
Consolad al afligido,
tierna Madre de Piedad.

Cuando el Señor os crio
hermosa e inmaculada
para ser su Madre amada,
ya de piedad os dotó;
toda piadosa os formó
en pro de la humanidad.

Vuestra piedad hacia Dios
es la mayor que ha existido,
pues ser creado no ha habido
que le amase como Vos,
ni que mostrase por nos
más ardiente caridad.

Al Niño Dios concebisteis
para nuestro Salvador,
al que en Belén con amor
por nosotros a luz disteis,
y en el templo lo ofrecisteis
hostia por nuestra maldad.

Sumamente piadosa
en el Calvario os mostrasteis,
cuando a Jesús contemplasteis
clavad o en Cruz afrentosa;
lo sufristeis generosa
para nuestra libertad.

Por hijos a Vos nos dio
el Redentor moribundo,
y con dolor muy profundo
vuestra piedad nos parió
en espíritu, y cumplió
de Jesús la voluntad.

En los brazos recibisteis
ya muerto al Hijo querido,
y habiéndonos a Él unido,
al Padre nos ofrecisteis,
“Son los hijos que me disteis”,
diciendo a Su Majestad.

Desde entonces, Madre amada,
piadosa al hombre miráis
por hijo, y no le olvidáis,
aunque Reina coronada
del cielo, y sois su abogada
delante la Trinidad.

Aunque pobres pecadores
somos todos hijos vuestros;
no miréis los yerros nuestros,
causa de vuestros dolores:
de tantas culpas y errores
el perdón nos alcanzad.

Siempre que con devoción
el fiel a Vos ha acudido
pronto el efecto ha sentido
de vuestra protección;
por Vos toda tentación
cede y toda enfermedad.

En el trance de la muerte
amparadnos piadosa;
ya que sois tan poderosa,
alcanzadnos del Dios fuerte
logremos la feliz suerte
de gloriosa eternidad.

Ya que a vuestra gran bondad
en vano nadie ha acudido:
Consolad al afligido,
tierna Madre de Piedad.

V. Per tuam pietatem, Virgo María

R. Intercede pro nobis ad Dominum.

* * *

Oración a la Virgen de la Piedad

Madre, que sabes lo que significa estrechar
entre los brazos el cuerpo muerto del Hijo,
de Aquel a quien has dado la vida,
ahorra a todas las madres de esta tierra
la muerte de sus hijos,
los tormentos, la esclavitud,
la destrucción de la guerra,
las persecuciones,
los campos de concentración, las cárceles.
Mantén en ellas el gozo del nacimiento,
del sustento, del desarrollo del hombre y de su vida.
En nombre de esta vida,
en nombre del nacimiento del Señor,
implora con nosotros la paz y la justicia en el mundo.

Madre de la Paz,
en toda la belleza y majestad de tu Maternidad
que la Iglesia exalta y el mundo admira,
te pedimos:
Permanece con nosotros en todo momento.
Haz que este nuevo año sea año de paz
en virtud del nacimiento y la muerte de tu Hijo.

Amén.

            Homilía del Santo Padre Juan Pablo II. Basílica de San Pedro, Vaticano, 1-1-1979

Imagen ilustrativa: Cuadro de Nuestra Señora de la Piedad (Ermita de la Piedad, La Orotava).

A la Santísima Virgen del Pino (Tríptico)

A LA SANTÍSIMA VIRGEN DEL PINO

TRÍPTICO
I
LA INOCENCIA
—¿Por qué lloran los hombres al mirarte,
siendo tan buena, tan hermosa y santa?
Yo soy niño y, ya ves, a mi me encanta
tu nombre pronunciar y contemplarte.

¿Por qué el pueblo no cesa de alabarte
con tan firme piedad y con fe tanta,
que me asusta y oprime mi garganta
un temor que no acierto a explicarte?

No lo sé; pero, quiero ser como ellos,
y tus glorías cantar y defenderte.
¡Madre mía del Pino, yo te adoro!

Vuelve, vuelve hacia mí tus ojos bellos
y verás cómo soy un hombre fuerte;
que, aunque te rezo y canto, yo no lloro.

II
LA FORTALEZA
—Hombre soy. De mis padres he aprendido
a serte fiel. ¡Ayúdame, Señora,
que es difícil seguir en esta hora
la senda que trazaron los que se han ido!

Te enaltece tu pueblo agradecido;
es el mismo que cuando sufre y llora
acude a Ti, su Reina y Protectora,
y ¡siempre, siempre, siempre le has oído!

Hoy la paz, la abundancia en sus hogares
hacen feliz al pueblo que te ama.
¿No perderá, por ello, su camino?

¿Olvidará que en los canarios lares
ardió siempre la pura y viva llama
de intenso amor a Ti, Virgen del Pino?

III
LA FE
—Si la Patria se siente amenazada
y sonido estridente a guerra toca,
el soldado, en Ti puesta la mirada,
tu dulce nombre con fervor invoca.

Si la mar fragorosa, embravecida,
como a hoja seca el bajel sacude,
el nauta, con su fe más encendida,
es a Ti, Virgen Santa, a quien acude.

Y la madre que por sus hijos reza;
la joven que defiende su pureza;

y el hombre de ciudad, y el campesino,
¡todos piensa en Ti, Virgen del Pino!

¡Cuán hermosa, la fe pura y sencilla
que guarda entre sus pliegues la mantilla!

             Juan Bautista Ros Andreu, 1954.

Dios te Salve, María (a la Virgen del Pino)

A la Virgen del Pino

Reina de Gran Canaria, Madre excelsa del pino:
Cuando Tú vas delante, no es amargo el camino,
ni es temible la noche, ni la estrecha vereda
que hasta el valle desciende de la abrupta.

Cuando Tú vas delante, el camino es de rosas
que sembraron doncellas y cortaron las diosas,
y es de violetas y de pálidos lirios,
que trajeron los ángeles de los jardines sirios.

Y de camelias nítidas saturadas de esencia,
venidas entre nubes de la hermosa Valencia,
y de claveles dobles que allá en Granada mora,
cogieron manos blancas para la Gran Señora.

Madre excelsa del Pino, Reina de Gran Canaria:
yo te ruego que escuches esta humilde plegaría,
que brota hasta los labios de un pobre corazón,
en esa hora mística del toque de oración.

Yo te pido que traigas el remedio a mis males;
que de mí siempre apartes los pecados mortales;
que me des humildad del hermano Francisco
de Asís, aunque vaya por el llano o el risco;
que broten en mi pecho las flores del amor,
para todos los hombres que marchite el dolor;
que de estas islas nunca apartes Tus miradas,
porque, si Tú las miras, sí son Afortunadas;
que sean el dichoso rincón del Universo
libre de la malicia y del instinto perverso,
y sean Paraíso eterno terrenal.
¡Reina de las Canarias: Defiéndelas del mal!

                       Francisco Losada Calvo.

* * *

Dios te Salve, llena de gracia…

Dios te Salve María,
Rosa Lozana,
más pura que la brisa
de la mañana;
de gracia llena
Limpia de toda mancha,
Linda azucena.

El Señor es contigo,
Bendita eres,
Entre las escogidas,
Santas Mujeres.
Sea Jesús Bendito
Fruto precioso;
De tu Sagrado vientre
Casto y Dichoso.

Santa María,
Madre del Dios de amores,
Ruégale, por nosotros
Los Pecadores,
Y ahora, y en la hora,
—de nuestra muerte;
nos defienda tu brazo
Seguro y fuerte.

Virgen María,
Madre de amor
Todos te aclaman;
Con gran fervor.

Mira a tus hijos,
tan doloridos,
tan afligidos,
tan condolidos.

Mira a tus hijos,
Con tierno amor
Con Maternales; muestras
de Redención.

Ya que tú quieres, que sea así:
Virgen del Pino,
Ruega por Mí.

Desde tu Pino,
ya Resplandeces
Como la Reina y Madre;
de estos Vergeles.

Madre del Pino,
Madre de amor
Conserva puro,
mi Corazón.

El Pueblo canta.
Su Seguidilla
Y reza acorde,
de Maravilla.

¡Oh!, Madre Buena,
La de Teror
mira a tus hijos,
Con fiel Amor.

Todos estamos.
Siempre contigo
Y a la Venta,
De tus Caminos.

Para darte un abrazo,
De amor Filial
A la Madre más buena.
De Dulzura sin par.

Reina y Madre del Pino,
me entrego a Ti
descansando en tus brazos,
hasta morir.

La Virgen de los Canarios,
es la Madre de Teror,
La Virgencita del Pino,
es nuestra Madre Mayor.

Gran Canaria se postra,
ante la Virgen,
a llevarle las flores,
de sus pensiles.

            Juan Suárez Guerra.

Imagen ilustrativa: “Virgen del Pino”, del artista Domingo José Cabrera.

Festividad de Nuestra Señora del Pino