Romance de la Anunciación de la Virgen Santa María

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“Y el Verbo se hizo carne para habitar con nosotros”

La página más bella de la vida de María la narra el Evangelio y es el mejor documento de su grandeza. Por el misterio de la Encarnación María es Madre de Dios. Y a este fin supremo obedecen todos los dones, todas las gracias con que el Hijo la llenó “¡llena de gracia…!”.

Esta festividad viene a ser el compendio de todas las fiestas marianas: Nos dice el porqué de la Inmaculada Concepción; de la realeza de la Madre; de su participación en la Redención; de su mediación universal… El “Ave María” resuena constante en todo el Mundo repetido por boca de la cristiandad universal. ¡El eco de las palabras del Ángel no se extinguirá jamás! El Rosario y el Ángelus llevan las palabras evangélicas por todos los rincones de la tierra celebrando, cada instante de los siglos, la festividad de la Anunciación.

* * *

Romance de la Anunciación de la Virgen Santa María

La cantiga es de una rosa.
El lugar es Nazaret.
En el agua del aljibe
se quiere la luna ver.
Cada casa es como nido
perfumada por doquier,
azahar de flor y aroma
de florido naranjel.

Bendita Judá que diste
tanta flor y tanto bien:
San José, vara florida,
y María, su mujer.
Azucena que reblanca,
guardando su doncellez
con una cinta de cielo,
cinta que no tiene envés.

Las maderas del amor
serrando está San José.
Un vuelo hay de paloma.
Es el Arcángel Gabriel.
En cada pluma un amor
flotan sobre Nazaret
y en el aire hay impaciencias
de amores que yo no sé.

—María, campo sin siembra,
de tu tierra ha de nacer
flor de semilla de cielo
sin dejar tu doncellez.

María se quedó muda
al escuchar a Gabriel,
sus palabras fueron notas
y su rostro rosicler…
—que temblores da el amor
cuando del amor se es—
y sus miradas el vuelo
de una alondra, quieren ser.

Para su cuerpo columna
el rostro por capitel.
Colmena llena de gracias,
panal florido de miel.
Fuente donde una paloma
las aguas quiere beber,
cansada vuela de amor
y muriendo está de sed.

Por una escala florida
volvió al cielo San Gabriel.
Hubo danzas, hubo cantos
y Dios concebido fue.
Es el cuerpo de María
templo para Nazaret.

                        Alfredo Reyes Darias. “Sonaja y Pandero” (1955)

Sé tú mi guía

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No te apartes de mí, sé tú mi guía,
plácida calma de la noche umbrosa:
con tu paz buscaré la luz del día,
con tu brisa el aroma de la rosa.

Y si pasan las horas
y no encuentro la luz, sé tú mi guía:
con tu plácida calma otras auroras
luz y aromas darán el alma mía.

                       José Cabrera Vélez, de su poesía ‘Nocturno’.

Lourdes, puerta del cielo

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*Lourdes, puerta del cielo

Este año, como aquel de 1858, ¡ahora hace un siglo!, se ha adelantado la Primavera, empezando el 11 de febrero… ¿No vio Bernadette rosas de oro a los pies de la Virgen…? Al cumplirse el primer Centenario de las Apariciones, el mundo católico y hasta el no católico, florece en una primavera espléndida de fe, esperanza y amor. ¡Las virtudes teologales no solo se predican en Lourdes, se viven intensamente. Nosotros, fabricamos cohetes y satélites artificiales para llegar a los astros… Ella, la Mujer vestida del sol, coronada de estrellas, que tiene a sus plantas la luna, no necesita los progresos de la Ciencia para atravesar el espacio y bajar dieciocho veces a un valle desconocido del Pirineo, para hablar con una humilde pastorcilla.
Y, ¿de qué tratan…?
Su Virgen pide… ¡siempre que pide algo es para dar más! Pide a Bernadette que vaya quince días seguidos a la gruta y en cambio le promete el cielo… También le pide, que ruegue por los pecadores… que se levante en aquel lugar una capilla y que vayan allí en procesión.
¿Cómo ha respondido el pueblo cristiano a los deseos de la Virgen? No uno, sino tres templos escalonados, se han levantado junto a la Gruta de las Apariciones. Empezaron a construirse en el año 1862; el primero que se abrió al Culto fue la Cripta, después la Basílica y por último el del Rosario. Hoy, ya son insuficientes y se ha levantado el de S. Pío X, a la izquierda de la explanada, capaz para 20.000 personas, que será consagrado el 25 de marzo, aniversario de aquel día ¡hace 100 años! en que la Virgen dijo a Bernadette: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.
Y que vengan en procesión —añade la Señora…
Las dos procesiones tradicionales de Lourdes se forman delante de la gruta… donde Ella descansó 18 veces. La del Santísimo, por la tarde, es el clamor angustioso de la humanidad desterrada en el valle de las lágrimas.
Señor, que vea…
Señor, que oiga…
Señor, que ande…
Unos enfermos se levantan de sus camillas. Otros siguen atados a la Cruz. ¡Dios sabrá por qué! ¡El no tiene azar y siempre se propone algo! Pero el milagro que mueve los más hondos pozos del alma humana, no es una llaga que se cierra o un paralítico que deja las muletas…
El gran milagro de Lourdes… es la muerte del egoísmo, la oración de cada uno porque curen los demás, la alegría sincera de todos, cuando hay algún privilegiado…
Aquí el “yo” se desinfla y se convierte en el “nos” del Padrenuestro. Y cuando el sol se marcha y solo alumbra a la Virgen la claridad dorada de los cirios, bajan las estrellas y trazan un camino de luz, que nace y muere, en la Gruta; es la Procesión de las Antorchas… parece un reptil gigante, en llamas, agitándose sin desplazarse; de esta maza enorme sale el Avemaría, en todos los idiomas.
El aire se carga de la fuerza más poderosa del hombre: la oración —esa oración hecha por todos— en plural, que es el verdadero sentido de la oración católica.
Bernadette habló, hace 100 años, con la Virgen. Desde entonces las peregrinaciones se suceden. Hay dos nacionales, la del “tren blanco” de los enfermos graves que organizan los Padres de la Asunción en agosto y la del Rosario, por los dominicos, a fines de septiembre. Hay otras especiales como la de excombatientes después de la gran guerra, en la que, se abrazaban como hermanos, los que habían luchado hacia muy poco; la de ciegos, la de liberados de campos de concentración, la de mineros, la de veteranos de la guerra; todos, al arrancar el tren, arrojan a los pies de la Señora el “piropo” del Magníficat.
Por Lourdes han pasado todos los pueblos de la tierra —millones cada año— y en este del Centenario espera una inmensa multitud. Lourdes es la Verdadera Sociedad de Naciones, donde flota la bandera de la paz, vuelta hacia el cielo, como la llama de los sirios y perfumada con el canto del Ave María.
Ante la Gruta han desfilado hombres de todas las razas y de todos los credos. Millonarios indios que se quitan sus anillos de brillantes, para trabajar como camilleros; musulmanes que rezan a la Sadiya de la que dijo Mahoma a su hija Fátima: “Hija mía, serás la primera mujer del Paraíso, después de la Virgen María”.
Indios que se arrodillan ante esta mujer de su raza y le dicen como Franz Werfel: “Si me salvas de la furia nazi escribiré para ti mi primer libro”. Y surgió “La Canción de Bernadette” que ha recorrido en triunfo el mundo.
Protestantes de buena fe, almas rectas, sinceras, como Ruth Cranston, que ha escrito el mejor libro sobre Lourdes; todos van a enriquecerse espiritualmente a esta “Capital de la oración”, como la llamó Rene Schwol, el judío convertido. Todos van a aspirar el perfume de esta “Rosa puesta a los pies de la Virgen”, según Mauricio Barres.

* * *

Nosotros, ¿no iremos a Lourdes este año? El 11 de febrero se abre el Centenario. Vendrán peregrinos de todos los países a poner el problema de su vida, sus tristezas y esperanzas a los pies de la “Blanca Señora” de la Gruta. Lourdes es internacional; el “Domame” de la Virgen es la plaza espiritual del mundo… Llegarán multitudes exóticas, de Australia, del Oriente lejano, del África negra. América enviará lo más selecto de sus riquezas humanas: Mons. Fulton Sheen ha estado en Lourdes 23 veces y vive en Norteamérica; nosotros, tan próximos a Europa, ¿no nos acercaremos este año a la “puerta del cielo”? Allí nos espera la Señora con su mejor sonrisa, para prometernos como a Bernadette la felicidad, no en esta vida sino en el cielo. Ese es el gran don de la Virgen.

Sor Redención de Jesús
Dominica de la Sagrada Familia

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Santuario Nuestra Señora de Lourdes: El mensaje de Lourdes

* Febrero de 1958, en el centenario de las apariciones de Lourdes. R. Betania.

Himno antiguo a la Virgen de Candelaria

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Himno á la Patrona del Archipiélago de las Canarias

No te goces más Teide orgulloso
Que hasta el cielo la frente levantas
Figurándote ser un coloso
Que subyugas el mundo á tus plantas.

Hay un antro formado por lava
Encendido en tu pecho agresor
En ese antro una virgen moraba
Que supera tu gloria y valor.

No celebres tu atlética altura
Que domina las Islas Canarias
Ni la noble y esbelta figura
De tus cumbres, asaz solitarias.

Aquel ser venerado en el mundo
Por los Guanches, se eleva hasta el cielo
Y en belleza tan rico y fecundo
Que es sublime, perfecto modelo.

Te glorías de que te visiten
Grandes sabios, hombres poderosos
Que te admiren y te feliciten
Con discursos y versos pomposos?

Pues al ser de quien hablo visitan
Ricos, pobres, indoctos y sabios
Mil obsequios ante él depositan
Y sus glorias las cantan mil labios.

De la nieve formando vestidos,
Calmaré mis ardores latentes,
Y en rica agua después convertidos.
Surtiré los arroyos, las fuentes.

Oye: aquella feliz criatura
Los incendios del alma destruye,
Forma ríos, y un mar de dulzura
Por el cual todo bien siempre fluye.

Clama el Teide con voces tronadas
Desafiando aguerridas naciones;
Sus ejércitos, fuertes y armados
Caerán ante mis erupciones.

¡Oh que audacia! No harás más alarde
De tu lava temible y tu fuego
Que esa lava no brota, ni aún arde
Si lo pide María en su ruego.

¿Y quién es tan feliz criatura
Que mis fuegos nutridos extingue?
Tan excelso que vence mi altura
Tan ilustre, que Dios la distingue?

Es la Reina preciada del Cielo,
Es la madre del omnipotente,
Es del oibe la paz, el consuelo;
De Canarias, lucero explendente.

CORO

Es la Madre de Dios Hijo
Es la hija de Dios Padre
De los cielos regocijo
De los hombres también Madre.

Es la luz que desvanece
Las tinieblas del error,
y en María resplandece
Con insólito fulgor.

                              Devoción popular. Siglo XIX

* * *

Festividad de la Virgen de Candelaria

Los dominicos en Candelaria

La Candelaria

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La Candelaria

Son dos pichones, dos, los que en sus manos
baten el vuelo en pulcritud de calas:
copos de amor, oh Dios, que te regalas
en diáfanos vellones soberanos.

Son dos esposos, dos, y tan cercanos
al misterio del ángel, que sus alas
cubren la entrega y alzan sus escalas
tan humildes y ardientes artesanos.

Son dos ancianos, dos, los del encuentro:
el labio florecido en profecías
y la casta viudez, amor adentro.

Y son dos cirios, dos, alegorías
en tus dos manos, Candelaria centro:
dos del dos en los meses y en los días.

                          P. José Cabrera Vélez, “En plenitud de luz” (1973)

Foto: Virgen de Candelaria (Villa de Moya). De Laetare Jerusalem.

Ave María, Reina Madre

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Ave María llena de gracia, más Santa que los santos, más excelsa que los Cielos, más gloriosa que los Querubines, más honorable que los Serafines, y más digna de veneración que toda criatura.

San Germán.

“Dios te salve, delicia del Padre, por quien llegó el conocimiento de Dios hasta los confines de la tierra. Ave, domicilio del Hijo, de quien Él tomó carne. Ave, habitación inefable del Espíritu Santo. Ave, tú que eres celebradísima admiración de los entendimientos celestiales. Ave, más santa que los querubines, más gloriosa que los serafines; ave, más extensa que el cielo, más brillante que el sol, más resplandeciente que la luna… Ave, suave resplandor para los ojos de los fieles; trueno espiritual que resuenas sin estrépito en los oídos de los hombres; ave, aura santa que disipas de la tierra el viento de la malicia. Ave, preanuncio noble de los profetas. Ave, voz en los oídos de los apóstoles por todo el mundo; ave, confesión admirable de los mártires, ave, ornamento máximo de los santos; ave, placer verdadero de los justos; ave, felicísima glorificación de las vírgenes; ave, cetro y firmeza de los reyes. Ave, misterio máximo de los sacerdotes, refugio invicto de los pecadores. Ave, glorioso gobierno de los navegantes; ave, elevación de los que caen, oh Señora. Ave, gratuita medicina de los enfermos; ave, resurrección cierta de los moribundos. Ave, causa de salud de todos los mortales. Ave, gozo inenarrable del mundo. Ave, Reina conciliadora de la paz; ave, esplendor inmaculado de las Madres… Ave, Divina enseñanza para los jóvenes, custodia ilustre de los niños. Ave, Medianera de todas las cosas que están debajo del cielo, Reparadora de todo el mundo. Ave, celebridad magnificentísima del cielo y de la tierra; ave, llena de gracia, el Señor contigo”.

San Tarasio de Constantinopla (siglo VIII).

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Dios te salve, Reina y Madre

Dios te salve,
Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros,
esos tus ojos misericordiosos.
Y, después de este destierro,
muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima, Oh piadosa,
Oh dulce Virgen María!
Ruega por nosotros,
Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos
de alcanzar las promesas
de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Santa María, Madre de Dios

La Inmaculada Concepción: Tres miradas

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¡Bendita Tú, María Inmaculada!,
que eres la salvación de los creyentes,
escucha nuestras súplicas fervientes,
envuélvenos ¡oh Madre! en tu mirada.

I. Hacia las alturas

Festividad de la Inmaculada Concepción. Día de la “Purísima”, como llama el pueblo a María en su misterio augusto, con esa profundidad intuitiva que sólo tiene su origen en una fe sencilla y recia.
La Concepción Inmaculada de María. Nada, en Ella, de indigencia sobrenatural, nunca mancha alguna, jamás alejamiento de Dios; desde el primer instante, la gracia adorna y llena su alma…
Si Dios la introduce en el mundo con esta plenitud de inocencia y de santidad, es que la prevé en la misión a que la destina y la prepara su amor eterno.
La concepción inmaculada es la victoria completa de la Madre de Dios. Será la colaboradora de su Hijo en la destrucción del pecado. Rescatada por El, ha de cooperar a la redención del mundo. Estará siempre junto a El: en la lucha y en el triunfo. María desde el primer momento de su ser, está separada de la multitud de los rescatados; puesta en otro orden; dotada de vida sobrenatural y operante. Su alma es ya jardín de delicias…

II. Hacia la tierra

Al llegar la fiesta de la Inmaculada, la mirada del católico lleva empañada su gozo por un fondo de tristeza. Corren tiempos de mucha irreflexión. Días de craso materialismo. Y nos falta a todos un poco del recto sentido de la CARIDAD CRISTIANA.
Anteponemos, con harta frecuencia, a lo grande, vital y de urgencia, las pequeñeces cotidianas, y luchamos demasiado ensañadamente por cosas deleznables. Curémonos de los excesos y pongamos la marida en la altura, allí donde, limadas las asperezas, convergen los más nobles anhelos de nuestro pensar y de nuestro sentir. No estamos en los tiempos místicos de Lull y de Fray Luis de León, de Calderón y de Lope; aquellos tiempos en que las Universidades de Salamanca, de Alcalá, de Baeza, juraban defender el misterio mariano por antonomasia.
Es verdad que también, ahora, prometemos y juramos… Pero ¡qué débiles son nuestras promesas y qué faltos de consistencia son nuestros mismos juramentos! El viento de cualquier novedad nos arrastra. El dragón del comunismo nos amenaza; y los tentáculos de los diminutos Luteros se van extendiendo…
Abramos el Apocalipsis. El de San Juan, el del Vidente de la isla de Patmos. Allí, veremos para consuelo nuestro, cómo sobre el fondo negro de las abominaciones de la tierra, y de sus desolaciones, aparece la Virgen blanca, salvadora de los horrores y errores de todos los tiempos. La Mujer exenta que venció a Satán.

III. Hacia dentro

¿Cómo está nuestro Corazón? Purifiquemos, en el gran día de nuestra MADRE, las escorias del corazón. Nadie, como la Inmaculada, para volvernos limpios. El misterio de la Purísima Concepción tiene la virtud de depurar las concepciones de la mente humana, después de haber tenido la de eximir de impurezas al único cuerpo virginal exento del original pecado.
María, sublime y sencilla, extraordinaria y corriente, “diosa” y mujer, debe ser el modelo que purifique nuestras intenciones. Que, en la Mama de su amor, se consuman, hoy, nuestras pasioncillas. Con alteza de miras, abramos la senda de la rectitud de intención, el camino de la pureza del ideal. Será el más férvido homenaje a la Inmaculada.

Revista Betania, diciembre de 1957. La Redacción

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Oración

Oh Dios que por la Inmaculada Virgen preparaste digna morada a Tu Hijo, te suplicamos que así como a ella la preservaste de toda mancha en previsión de la muerte del mismo Hijo, nos concedas también que por medio de su intercesión, lleguemos a Tu presencia libres de todo pecado.

Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

Jaculatorias

Bendita sea la Santa e Inmaculada Concepción de la Gloriosa Virgen María, Madre de Dios.
Ave María

Oh María que entraste en el mundo sin mancha de culpa, obtén para mí de Dios la gracia de salir de él sin pecado.
Ave María

Oh Virgen María que nunca estuviste afeada con la mancha del pecado original, ni de ningún pecado actual, yo te encomiendo y confío la pureza de mi corazón.
Ave María

Por tu Inmaculada Concepción, Oh María haz puro mi cuerpo y santa el alma mía.
Ave María

Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que acudimos a Ti.
Ave María

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Imagen 1: “La Inmaculada Concepción”, óleo de Carlo F. Nuvolone

Imagen 2: “La Inmaculada Concepción”, óleo de Fray Juan Sánchez Cotán

Imagen 3: “La Inmaculada Concepción”, óleo de Juan de Miranda

Vi a la Santísima Virgen

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Vi a la Santísima Virgen

Noviembre de 1830. Sor Catalina Labouré, la humilde aldeanita de las landas francesas, sigue en el Seminario de las Hijas de la Caridad, en París. Sus ojos han visto ya a la Reina de los Cielos. Pero aún no ha llegado la misión anunciada por la Virgen. La hermanita espera siempre; y llega el 27 de noviembre, un sábado, víspera del primer domingo de Adviento.

Las cinco y media. La Comunidad en pleno, a los pies de la Virgen Inmaculada, hace la oración de la tarde.

Y de pronto…

“Creí oír un roce de un vestido de seda, y vi a la Santísima Virgen. De mediana estatura, su rostro era tan bello, que no podría describirlo. Estaba de pie y llevaba un vestido blanco.”

La Santa describe la figura bellísima de la Virgen; y luego…

“Sus pies descansaban sobre un globo, del que yo veía sólo la mitad. Sus manos, elevadas a la altura del pecho, sostenían otro globo más pequeño figura del universo. Tenía los ojos elevados al cielo, y su figura se iluminó cuando lo ofrecía a Nuestro Señor.”

Los rayos de luz la envuelven en una claridad tal, que ya no se ven ni sus pies ni su vestido.

“Mientras la contemplaba, la Virgen bajó los ojos y me miró; y una voz me decía en el fondo del corazón:

-Este globo representa el mundo entero, particularmente Francia y cada persona en particular.

Y luego añadió:

-He aquí el símbolo de las gracias que doy a aquellos que me las piden.”

Así comprendió la Santa qué generosa es la Virgen con los que acuden a Ella.

Después se formó en torno a la figura de la Virgen un óvalo sobre el que puede leerse, en letras de oro:

“¡Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos!”

Las manos de María, cargadas de gracias, se bajan y se extienden en una actitud de entrega, la misma actitud que vemos en la medalla.

Medalla MilagrosaY oye decir:

“Haz acuñar una medalla según este modelo; los que la lleven con piedad recibirán grandes gracias, sobre todo llevándola del cuello; las gracias correrán abundantes de mis manos para aquellos que confíen en mí.”

Luego el óvalo parece dar la vuelta: Aparece entonces una gran “M” coronada por una cruz; y a su pie los corazones de Jesús y de María –juntos siempre-. Una corona de espinas rodea al primero; una espada atraviesa el corazón de María.

Sor Paz Cortés. Madrid

(Del manuscrito de Santa Catalina Labouré)

ORACIÓN DE JUAN PABLO II

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte Amén.

Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Vos. Ésta es la oración que tú inspiraste, oh María, a santa Catalina Labouré, y esta invocación, grabada en la medalla la llevan y pronuncian ahora muchos fieles por el mundo entero. ¡Bendita tú entre todas las mujeres! ¡Bienaventurada tú que has creído! ¡El Poderoso ha hecho maravillas en ti! ¡La maravilla de tu maternidad divina! Y con vistas a ésta, ¡la maravilla de tu Inmaculada Concepción! ¡La maravilla de tu fiat! ¡Has sido asociada tan íntimamente a toda la obra de nuestra redención, has sido asociada a la cruz de nuestro Salvador!

Tu corazón fue traspasado junto con su Corazón. Y ahora, en la gloria de tu Hijo, no cesas de interceder por nosotros, pobres pecadores. Velas sobre la Iglesia de la que eres Madre. Velas sobre cada uno de tus hijos. Obtienes de Dios para nosotros todas esas gracias que simbolizan los rayos de luz que irradian de tus manos abiertas. Con la única condición de que nos atrevemos a pedírtelas, de que nos acerquemos a ti con la confianza, osadía y sencillez de un niño. Y precisamente así nos encaminas sin cesar a tu Divino Hijo.

Te consagramos nuestras fuerzas y disponibilidad para estar al servicio del designio de salvación actuado por tu Hijo. Te pedimos que por medio del Espíritu Santo la fe se arraigue y consolide en todo el pueblo cristiano, que la comunión supere todos los gérmenes de división que la esperanza cobre nueva vida en los que están desalentados. Te pedimos por los que padecen pruebas particulares, físicas o morales, por los que están tentados de infidelidad, por los que son zarandeados por la duda de un clima de incredulidad, y también por los que padecen persecución a causa de su fe.

Te confiamos el apostolado de los laicos, el ministerio de los sacerdotes, el testimonio de las religiosas.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

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Tu Orden la he encomendado a mi Madre

Orden encomendada a La Virgen

Tu Orden la he encomendado a mi Madre

La vida del apóstol castellano es toda ella un mosaico de respeto y veneración a la Madre de las Misericordias. Por ella fundó su Orden de Predicadores. Cuando Domingo se dirigía a Roma a pedir la confirmación del Romano Pontífice para su Orden, cuentan con ingenuidad las crónicas de su tiempo, que tuvo una visión:

Jesucristo, con el rostro airado, amenaza al mundo por sus muchos pecados. María intercede, arrodillada ante EL:

—Como Tú sabes, queda todavía un camino por el que los traerás hacia Ti. Tengo un siervo fiel que enviarás al mundo para que anuncie tus palabras, y se convertirán…

—He aquí que me agrada lo que me pides- dice Cristo.

Entonces la Virgen Madre presentó al bienaventurado Domingo. A la cual dijo el Señor:

—Cumplirá justamente lo que dijiste.

Otra relación contemporánea refiere la aparición de la Virgen a Santo Domingo para manifestarle su protección a la Orden de Predicadores. Es de la Beata Cecilia, una de las religiosas que hizo su profesión en manos de Santo Domingo.

Nuestra Señora, acompañada de dos santas, se le aparece, bendiciendo a los frailes:

“Cierta ocasión en que el bienaventurado Domingo pernoctaba hasta media noche rezando en la iglesia, salió de allí y entró en el dormitorio, y después de hechas las cosas que venía a cumplir, se puso en oración…, y estando así, al mirar hacia una parte del dormitorio, vio a tres bellísimas Señoras que se acercaban, una de las cuales, que iba en medio, parecía una matrona venerable, más hermosa y más digna que las otras…Advirtiendo lo cual, el bienaventurado Domingo se fijó atentamente quién era, y dejando en suspenso la oración, fue al encuentro de aquella Señora, junto a la lámpara que pendía en medio del dormitorio, y, arrojándose a sus pies, comenzó a rogarle con insistencia que se dignara indicarle quién era, aunque él la conociese…

Y contestando la Matrona al bienaventurado, dijo_

—Yo soy aquella que invocáis todas las tardes; y cuando decías “ea, pues, abogada nuestra”, me inclino ante mi Hijo, para rogarle por la conservación de esta Orden…

El bienaventurado Domingo volvió al lugar donde estaba antes para continuar la oración, cuando he aquí que súbitamente fue arrebatado en éxtasis ante Dios, y vio al Señor, y sentada a su diestra a la Santísima Virgen, pareciéndole al bienaventurado Domingo que Nuestra Señora vestía una capa de color de zafiro. Mas como el bienaventurado Domingo tendiese la vista alrededor, viendo ante Dios religiosos de todas las Órdenes y ninguno de la suya, comenzó a llorar muy amargamente, y situado a lo lejos, temía acercarse al Señor y a su Madre. Entonces Nuestra Señora le hizo señas para que se acercase a Ella. Pero él no se atrevió hasta que el Señor le llamó también.

—¿Porqué lloras con tanta pesadumbre?

—Lloro— contesta aquél— porque contemplo aquí miembros de todas las Órdenes y no veo alguno de la mía.

El Señor le respondió:

-¿Quieres ver a tu Orden?

Y él contesta estremecido:

—Sí, Señor.

Y poniendo el Señor la mano sobre el hombro de la Santísima Virgen, dice al bienaventurado Domingo:

—Tu Orden la he encomendado a mi Madre…

Manto de la Virgen

Entonces la Santísima Virgen abre el manto con que está vestida y lo extiende a la vista del bienaventurado Domingo, que le pareció ser de tales dimensiones, que cubría todo el cielo, y bajo él ve una muchedumbre innumerable de frailes. Prostérnase entonces el bienaventurado Domingo, dando gracias a Dios y a su Madre Santísima, la Virgen María, y desapareció la visión. Y volviendo en sí al momento, apresuradamente tocó a maitines.”

Domingo había recibido la caricia de la Madre amorosa que ya no olvidará jamás. Y así bajo su tutela maternal emprende la reforma de la iglesia medieval, con la nobleza de cruzado de tan grande Reina.

Y en la fundación del monasterio de religiosas de San Sixto, en Roma, Santo Domingo, sobre sus hombros, lleva la imagen bendita de Nuestra Señora, para que Ella sea la primera en ingresar en el monasterio.

Ordena a sus frailes en las constituciones, que hagan sus votos solemnes también a la Santísima Virgen, e inculca a sus hijos ese amor a la Señora. De ellos saldrán más tarde los incansables apóstoles de María y del rosario, los grandes místicos y teólogos que tanto la han amado.

(“Historia de la  Vida de Santo Domingo”, 1705; “Santo Domingo de Guzmán: su vida, su obra, sus escritos”, 1947)

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Nuestra Señora del Rosario (2016)

La Virgen y la Orden de Predicadores

A los pies de la Paloma

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A los pies de la Paloma 

Dios te salve María
llena eres de Gracia
sálvame tú, madre mía
y me libres de toda desgracia.
El Señor es contigo,
y bendita tú eres,
quiera Dios que estés,
siempre conmigo,
si el dolor o la pena, me hiere.

Bendito tu sea aquel hijo,
que en Belén le cantaste la nana
mientras le dabas cobijo,
y era un sol al nacer la mañana.
Junto a la luna y la estrella
eres Madre, la rosa más bella,
porque bendita tu eres,
entre todas…
entre todas las… las mujeres.

Sé tú mi vida y dulzura,
para aliviar mis pesares,
y yo elevaré a tu altura,
el nardo de mis cantares.

Y si lo quiere mi suerte,
y a mi vida un cariño se asoma,
tuya sería hasta la muerte,
virgencita…
virgencita de… la Paloma.

(Ochaíta, Valerio y Solano)

A los pies de la Paloma – Marisol Reyes