Dios te Salve, María (a la Virgen del Pino)

A la Virgen del Pino

Reina de Gran Canaria, Madre excelsa del pino:
Cuando Tú vas delante, no es amargo el camino,
ni es temible la noche, ni la estrecha vereda
que hasta el valle desciende de la abrupta.

Cuando Tú vas delante, el camino es de rosas
que sembraron doncellas y cortaron las diosas,
y es de violetas y de pálidos lirios,
que trajeron los ángeles de los jardines sirios.

Y de camelias nítidas saturadas de esencia,
venidas entre nubes de la hermosa Valencia,
y de claveles dobles que allá en Granada mora,
cogieron manos blancas para la Gran Señora.

Madre excelsa del Pino, Reina de Gran Canaria:
yo te ruego que escuches esta humilde plegaría,
que brota hasta los labios de un pobre corazón,
en esa hora mística del toque de oración.

Yo te pido que traigas el remedio a mis males;
que de mí siempre apartes los pecados mortales;
que me des humildad del hermano Francisco
de Asís, aunque vaya por el llano o el risco;
que broten en mi pecho las flores del amor,
para todos los hombres que marchite el dolor;
que de estas islas nunca apartes Tus miradas,
porque, si Tú las miras, sí son Afortunadas;
que sean el dichoso rincón del Universo
libre de la malicia y del instinto perverso,
y sean Paraíso eterno terrenal.
¡Reina de las Canarias: Defiéndelas del mal!

                       Francisco Losada Calvo.

* * *

Dios te Salve, llena de gracia…

Dios te Salve María,
Rosa Lozana,
más pura que la brisa
de la mañana;
de gracia llena
Limpia de toda mancha,
Linda azucena.

El Señor es contigo,
Bendita eres,
Entre las escogidas,
Santas Mujeres.
Sea Jesús Bendito
Fruto precioso;
De tu Sagrado vientre
Casto y Dichoso.

Santa María,
Madre del Dios de amores,
Ruégale, por nosotros
Los Pecadores,
Y ahora, y en la hora,
—de nuestra muerte;
nos defienda tu brazo
Seguro y fuerte.

Virgen María,
Madre de amor
Todos te aclaman;
Con gran fervor.

Mira a tus hijos,
tan doloridos,
tan afligidos,
tan condolidos.

Mira a tus hijos,
Con tierno amor
Con Maternales; muestras
de Redención.

Ya que tú quieres, que sea así:
Virgen del Pino,
Ruega por Mí.

Desde tu Pino,
ya Resplandeces
Como la Reina y Madre;
de estos Vergeles.

Madre del Pino,
Madre de amor
Conserva puro,
mi Corazón.

El Pueblo canta.
Su Seguidilla
Y reza acorde,
de Maravilla.

¡Oh!, Madre Buena,
La de Teror
mira a tus hijos,
Con fiel Amor.

Todos estamos.
Siempre contigo
Y a la Venta,
De tus Caminos.

Para darte un abrazo,
De amor Filial
A la Madre más buena.
De Dulzura sin par.

Reina y Madre del Pino,
me entrego a Ti
descansando en tus brazos,
hasta morir.

La Virgen de los Canarios,
es la Madre de Teror,
La Virgencita del Pino,
es nuestra Madre Mayor.

Gran Canaria se postra,
ante la Virgen,
a llevarle las flores,
de sus pensiles.

            Juan Suárez Guerra.

Imagen ilustrativa: “Virgen del Pino”, del artista Domingo José Cabrera.

Festividad de Nuestra Señora del Pino

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Virgen de la Cuevita, Gran Canaria (pregón de 1967)

La fiesta principal de la Virgen de la Cuevita se celebra el último domingo del mes de agosto en la localidad de Artenara (Gran Canaria). Recogemos este magnífico pregón leído hace cincuenta años, toda una prueba viva de devoción a esta advocación mariana en la isla.

Sólo el gran amor a Gran Canaria, sencillamente el sentir con la más sincera devoción cuanto con lo nuestro se relaciona, me hace ir de uno al otro punto del ámbito isleño y, enhebrado en tal actitud, la cordialidad y el excesivo optimismo de los organizadores de actos y fiestas me hacen pregonero, cosa que acepto sabiendo mis pocos méritos para tal empresa, pero no eludiendo nunca mi participación entusiástica por todo lo canario… Y canaria, canarísima es esta fiesta de la Virgen de la Cuevita de la que brevemente vernos a tratar ahora, aquí.

Y queriendo decir algo original para corresponder a la atención amable de todos ustedes, vamos a anotar algo curioso y significativo en la geografía marina de nuestra isla y es que en la Costa veneramos a la Virgen bajo la advocación de La Luz; en las Medianías y con proyección incluso al mundo entero donde exista un canario o descendiente de canarios, está la Virgen del Pino, y en las Cumbres, tenemos la devoción de la Virgen de la Cuevita, y así se unen la luz, el árbol y la piedra más noblemente labrada para sede y peana del grancanario por la Virgen.

Y, con ellas y fieles al dogma y la hispanidad esas otras devociones igualmente profundas, antiguas y definidoras, tal el Rosario en Agüimes; de la Antigua, en la Catedral; de las Nieves, en Agaete; de Guadalupe, en Juan Grande; del Carmen en multitud de lugares, y además de otras no falta en este mapa espiritual los impactos de Lourdes y Fátima.

Así, pues, hemos visto que en la Luz, en el Árbol y en la vivienda rupestre, el alma canaria, siguiendo casi el poema de la Creación, ha ido logrando una fervorosa manifestación del amor a la Virgen, uniendo lo humano, lo terreno, con lo divino, con lo espiritual… y más aún, en cada uno de estos cultos y estas fiestas se cumple asimismo esa verdad de la psicología y de la geografía, que hacen a los hombres de una forma según el ambiente, el medio, en que viven y se cumple esa espiritualidad en nuestras tierras altas, de tal forma que en ninguna otra aérea geográfica de las islas de dan tantas vocaciones religiosas como en la que tiene su eje en esta Virgen de la Cuevita de Artenara, pues, entre este pueblo y los vecinos, tal Juncalillo, la proporción de religiosos y religiosas sobre los demás lugares de la provincia es astronómica. Y sí la geografía mezclada con la psicología define este afán, esta necesidad espiritual del hombre, no cabe duda que el fervor por la Virgen de la Cuevita es razón igualmente poderosa y definitiva.

Ya vamos viendo como esta fiesta, esta devoción por la Virgen de la Cuevita, nos señala estas originalidades de las devociones marianas de Gran Canaria (la luz, el árbol, la cueva); y, además, como aquí se cumple con la filosofía de la existencia, pasando a la Cumbre de la esencia. Y hay más aún por decir y afincar en esta fiesta de la Virgen de la Cuevita y es que según en lo religioso fue el propio Jesucristo quien eligió la Montaña para decir el Sermón más hermoso que conoce la Humanidad y otro monte para allí, con los brazos abiertos al perdón, impartir la redención del género humano, ocurre también que a los grandes hombres les gusta hacer su mejor página en las alturas, y así Napoleón, como Aníbal o César pasan los Alpes y allí sienten su grandeza inmortal… Y también la isla, siguiendo la verdad de ser continente en miniatura, busca en sus alturas supremas expresiones, y es un día en Ansite donde se proclama el heroísmo del aborigen y su noble pacto con entrada en la civilización cristiana y es, en este otro monte de Artenara, donde con la arquitectura más emotivamente elocuente hace la ermita más original, hermosa y simbólica de la Gran Canaria.

Todas estas razones profundas, sinceras, antiguas, eternas, justifican el fervor de siempre por la Virgen de la Cuevita y el que, año tras año, a esta fiesta se le imprima un carácter canarísimo, y entidades, actividades y agrupaciones, en especial el folklore, pongan bajo Ella el patronazgo.

Y así, en estas fiestas de Artenara, los que tenemos la fortuna de conocerlas y vivirlas tenemos, para siempre en el alma multitud de cuadros inolvidables, en especial esa procesión nocturna, cuando la Virgen regresa a su Cueva, acompañada del pueblo que enciende hogueras a lo largo del camino; que canta sus rezos en la noche y entonces, allí, en nuestras cumbres sentimos algo supremo que está por encima de las palabras, de las tierras y de las cosas, dialogando con los astros, teniendo en la lírica caligrafía de las estrellas y en el aire alto y limpio esa verdad de lo eterno, de lo sencillo, de lo auténticamente bello…

Un gran poeta dijo que la historia de la humanidad se ha hecho de cumbre en cumbre y en cada cumbre una cruz; pues bien, en la Gran Canaria, en la entrañable historia de nuestro amor a la Virgen también lo hacemos (además de la Luz o del Pino, como ya señalamos), en la Cumbre… y en esta cumbre nuestra, en esta cruz ponemos como nacimiento en esta Cuevita con esta Virgen y este Niño que emociona las almas; que a todo el que la conoce imanta para siempre, y que llama ya a su fiesta —una fiesta distinta, muy nuestra: canarísima— y a la que este pregonero señala como acto que una vez vivido nunca se olvida y se tiene muy dentro del alma, con esa verdad profunda de lo auténtico, de lo nuestro, de lo inmortal.

Y así, con la sencillez y la noble tradición de unos actos inigualables invitamos a la fiesta de la Virgen de la Cuevita, donde la Gran Canaria en su cumbre inscribe un mensaje sincero y sencillo de amor a la Virgen, y es por este amor que sentimos, la razón única por la que nos ha correspondido este año el pregón de estas fiestas tan magníficamente cantadas otras veces, fiestas en un marco donde el hombre y la tierra canaria se unen para lograr esa expresión que allí se siente, se vive y está más allá de las palabras.

Con Artenara, frente al Bentayga y al Nublo, el corazón mas verdadero de la Gran Canana, con eterno lenguaje de piedra y estrella, cueva y Virgen, ahora en fiestas.

Luis Jorge Ramírez. Pregón de las fiestas de la Virgen de la Cuevita (1967). Del folleto de las fiestas.

Santa María, Reina

Desde los primeros siglos del cristianismo invocaron los fieles a la Santísima Virgen como Reina del cielo y de la tierra. Ella es reina por aclamación universal de todos sus hijos.

Pío Xll en la encíclica “Ad Caeli Reginam” (ll-X-1954) instituyó la fiesta litúrgica de María Reina, que actualmente se celebra en la octava de la Asunción de la Virgen María. El primer fundamento de la dignidad real de María es indudablemente su divina maternidad. María es Reina porque engendró un Hijo que, aun en cuanto hombre, por la unión hipostática de la naturaleza humana con el Verbo, es Rey y Señor de todas las cosas. María es también Reina del Cielo y de la Tierra por haber participado como mediadora de todas las gracias en la obra de nuestra salvación.

Para que “todos conozcan más claramente y veneren con más ardor el bondadoso y maternal imperio de la Madre de Dios, importa mucho que se conserve, afiance y perdure la paz de las naciones, alterada casi diariamente por cuestiones llenas de incertidumbres”. Estas palabras de Pío XII en la encíclica “Ad Caeli Reginam” expresan uno de los principales motivos que le incitaron a instituir la fiesta: la unión y concordia de los pueblos por el reconocimiento de la realeza de María. Ciertamente María es el arco iris puesto por Dios en las nubes como señal de la alianza de la paz entre los hombres. Por ello, ante las adversidades, no dudemos en pedirle a nuestra Reina y Madre de Misericordia: Santa María, Reina de la Paz, ¡ruega por nosotros!

Oración

Dios todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre de tu Unigénito, concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria de tus hijos en el reino de los cielos.
Reina dignísima del mundo, María Virgen perpetua, intercede por nuestra paz y salud, tú que engendraste a Cristo Señor, Salvador de todos.
Por Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Oración

En vuestro Corazón Inmaculado confiamos en esta hora trágica de la historia humana: que os conmuevan tantas ruinas materiales y morales, tantos dolores, tantas agonías de los padres, madres, esposos, hermanos, criaturas inocentes; tantas vidas cortadas en flor, tantos cuerpos despedazados en una horrenda carnicería, tantas almas torturadas y agonizantes, tantas en peligro de perderse eternamente. Reina de la paz, rogad por nosotros y dad al mundo en guerra, la paz que los pueblos suspiran: la paz en la verdad, en la justicia, en la caridad de Cristo. A los pueblos separados por los errores y por la discordia, especialmente a aquellos que os profesan singular devoción, donde no había casa que no ostentase vuestro venerado icono, hoy acaso escondido y reservado para mejores días, dadles la paz y reconducidlos al único redil de Cristo, bajo el único y verdadero Pastor. Conceded a la Santa Iglesia de Dios un fin de paz y de verdad. Contened el diluvio inundante del neopaganismo, todo materia, y fomentad en los fieles el amor de la pureza, la práctica de la vida cristiana, del celo apostólico, para que el coro de los que sirven a Dios aumente en mérito y en número.

(Oración de Pío XII al Corazón de María)

Imagen ilustrativa: “La Coronación de la Virgen”, obra del pintor malagueño Raúl Berzosa. Oratorio de Santa María Reina y Madre de la Hermandad de las Penas (Málaga).

Pío XII, después de consagrar a todo el género humano al Inmaculado Corazón de María, para ponerlo bajo la protección de la Madre del Salvador, decretó el 4 de mayo de 1944, que toda la Iglesia celebrase anualmente —en la octava de la Solemnidad de la Asunción— una fiesta en honor del Inmaculado Corazón de María. Posteriormente, en 1970, llevados por los principio señalados por el Vaticano II se reforma el calendario y el santoral litúrgico. Entre otros cambios, la fiesta del Corazón de María se trasladó al día después del Sagrado Corazón de Jesús y la de Santa María Reina del 31 de mayo al 22 de agosto.

Pío X, glorioso

San Pío X, el Papa humilde que nació, vivió y dio su último aliento a Dios en la más edificante pobreza. El Papa que amó tiernamente a los niños y desbordó su corazón por los cauces de la caridad. El Pontífice que lloró amargamente su proclamación, bajo el peso de una responsabilidad presentida, pero que supo sostener el Pontificado con un rango supremo de dignidad y de justicia.

Pío X, glorioso

El alma de la Virgen glorificó al Señor y recordó, entre otras cosas que Dios “derribó del solio a los poderosos y ensalzó a los humildes; colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos los despidió sin nada”.
En el siglo primero de nuestra era sonaron a misterio indescifrable estas frases de María, pronunciadas ante su prima Isabel. Tampoco hoy, después de veinte siglos de vida cristiana, se esfuerza el mundo por llegar a comprenderlas. No es ello extraño, sin embargo. Cada día que pasa puede observarse cómo entre los criterios del mundo y los criterios de Dios existe una perpetua enemistad, análoga a la que Dios anunciara entre la Mujer y la serpiente.
El mundo exalta el brillo del dinero. Dios llama bienaventurados a los pobres. El mundo alardea de sus bajas concupiscencias. Dios alaba la virtud oculta. El mundo brinda su aplauso más caliente a los grandes ladrones, a los estafadores avisados, a los mentirosos advertidos, a los truhanes elegantes y escurridizos y a los cretinos que pliegan su cintura para cortejar la mueca forzada del poderoso. Dios da su bendición al santo que repudia la mentira, que ama la paz del corazón, que desprecia el dinero y que retuerce la ambición en sus inicios cordiales…
El dia 2 de junio de 1835 nacía en el pueblecito de Riese, provincia de Treviso, sita al nordeste de Italia, José Melchor Sarto. Hijo del alguacil de su pueblo natal, fue creciendo entre penurias económicas y dolorosas privaciones. En 1850 entra como becario en el Seminario de Padua. El 18 de septiembre de 1858 se ordena de sacerdote y es destinado inmediatamente a Tombolo, como coadjutor. En 1.867 se le nombra párroco de Salzano. En 1875 desempeña el cargo de canónigo de Treviso y Padre Espiritual de aquel seminario. En 1.884 es ya Obispo de Mantua. En 1.893 sube a Cardenal Patriarca de Venecia. En 1903 es elegido Sumo Pontífice, la suprema dignidad de la tierra, tocando el nombre de Pío X. Gobierna el timón de la Iglesia hasta el año 1.914, en que muere. En 1.954 es elevado al honor de los altares.
He aquí, pues, la cronología de este hombre que en todo momento sólo conoció una preocupación fundamental: cumplir con su deber, suavizando cada aspereza con el bálsamo de una bondad carente de artificios. Un autor francés escribió sobre Pío X: “Su mirada, su conversación, todo su ser, respiraban tres cosas: bondad, firmeza, fe. La bondad del hombre, la firmeza del dirigente y la fe del cristiano, del sarcedote, del Pontífice, del hombre de Dios”.
José Sarto, el hijo humilde y sumiso del oscuro alguacil de Riese, escala hoy, por sus méritos constatados con fina escrupulosidad, el honor de los altares. Como un ejemplo para este mundo amasado de envidias y ambiciones, aturdido de rencillas, seco de caridad, presa de resentimientos, ha de brillar la figura ingente de Pío X; de aquel Pío X lloroso y desfallecido ante el duro peso de Tiara Pontificia que se le confiaba.
Fue el Cardenal Merry del Val, el gran diplomático español, luego Secretario de Estado durante el pontificado de Pío X quien hubo de consolarlo y animarlo cuando le encontró en la Capilla Paolina, arrodillado en el suelo, con la cabeza entre las manos y el pulso tembloroso: “Eminencia, armaos de valor; el Señor os ayudará”.
No quería ser Papa y lo fue. En rasgo de permanente humildad, jamás permitió que a sus hermanas se les asignase título nobiliario alguno. Pero el Señor prometió exaltación al que se humilla y hoy, día 29 de mayo, subirá a la Gloria de Bernini la radiante figura del Papa Sarto, para recibir el homenaje público que la iglesia, y sólo ella, guarda para los santos…
Y es que también aquí existe una radical diferencia entre los criterios de Dios y los criterios del mundo. Mientras el mundo olvida a los truhanes, a los mentirosos y a los ladrones cuando los deja ya en el pudridero. Dios engrandece a los humildes cuando traspasan los umbrales de este mundo y entran gozosos en la luz perpetua, que los ha de iluminar para siempre.

Gabriel de Armas Medina, sección “Plumas de las islas” (periódico Falange, 29 de mayo de 1954).

Oración a San Pío X

Glorioso Papa de la Eucaristía, San Pío X, que te has empeñado en “restaurar todas las cosas en Cristo”. Obtenme un verdadero amor a Jesucristo, de tal manera que sólo pueda vivir por y para Él. Ayúdame a alcanzar un ardiente fervor y un sincero deseo de luchar por la santidad, y a poder aprovechar todas las riquezas que brinda la Sagrada Eucaristía. Por tu gran amor a María, madre y reina de todo lo creado, inflama mi corazón con una tierna y gran devoción a ella.

Bienaventurado modelo del sacerdocio, intercede para que cada vez haya más santos y dedicados sacerdotes, y se acrecienten las vocaciones religiosas. Disipa la confusión, el odio y la ansiedad, e inclina nuestros corazones a la paz y la concordia, a fin de que todas las naciones se coloquen bajo el dulce reinado de Jesucristo. Amén.

* * *

Enlace de interés: S. Pius PP. X

Nuestra Señora de la Soledad del Fuego (Baterno, Badajoz)

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El 20 de agosto se festeja en la localidad pacense de Baterno la fiesta en honor a Nuestra Señora del Fuego, una representación de la Virgen en lienzo y que fue coronada canónicamente por el arzobispo Marcelo González Martín.

 NUESTRA SEÑORA DEL FUEGO

Esta Santa Imagen se llama del Fuego, aunque es de la Soledad, porque en el año del 1672, a 20 de agosto, día del glorioso San Bernardo, en que se quemó la panadería de la Plaza Mayor de Madrid, hallándose un pobre hombre en uno de los cuartos más altos de la casa en que moraba, sin poderse escapar del incendio, encomendándose a esta Santa Imagen y abrazándose con ella, se arrojó de la dicha altura en que estaba a la Plaza, donde también había grande fuego, y cayendo en ella sin hacerse daño alguno se escapó de las llamas, dejándose en ellas la dicha Santa Imagen hasta que una pobre mujer, que reparó en el caso, la sacó, hallándole abrasado todo el lienzo y pintura por todas partes, excepto el rostro, pecho, manos de dicha Santa Imagen, y unas tres tiras del mismo lienzo. Se la llevó la dicha mujer a su casa, y habiendo muerto ésta se la llevó una vecina, a quien la dejó; y hecho almoneda de los bienes de ésta por no haber quien diese nada por le dicha imagen, se la llevó uno de los albaceas a su casa, y sucediendo lo mismo en la muerte de este albacea, se la llevó a su casa otro. Y habiéndola hallado en casa de este último albacea, el referido padre Fray Joseph de San Juan en la forma expresada, el año 1695, informado de todo lo dicho, y de otras cosas, que se dejan por brevedad, se la pidió al sobredicho albacea, con deseo de colocarla donde estuviese con veneración, ya que tanto tiempo había estado despreciada, creyendo que aquel prodigio de haber Dios reservado del fuego el rostro, pecho y manos de dicha Santa Imagen, era para manifestar en ella sus misericordias con sus devotos, y el haber reservado aquellas tres listas del mismo lienzo, que la mantenía en su propio lugar, era para darnos a entender, quería que la mantenían con veneración.

Y ambas cosas se han experimentado, porque lo primero: que es colocarla con veneración, ya se ha ejecutado, pues a fuerza de prodigios se le ha fabricado una hermosísima capilla ochavada, de treinta pies de hueco, con su sastrería detrás y pórtico delante, su media naranja, retablo y preciosas pinturas, todo poco para quien tanto merece; y mucho, por haber pendido del sobredicho religioso, haciendo la Madre de Dios cobrarles las cantidades, que por incobrables le han cedido algunos devotos.
Y lo segundo, de manifestarse el Señor en esta Santa Imagen misericordioso, no menos se ha experimentado, porque primeramente, habiendo traído la dicha Santa Imagen al convento real de San Gil de Madrid, donde el dicho religioso es morador y habiéndola lavado en el estanque de la huerta de dicho convento con un estropajo y ceniza por cerner el Siervo de Dios E. Joseph de Canalejas (que fue quien le puso el nombre de Nuestra Señora del Fuego) subió a la enfermería de dicho convento con ella el dicho religioso, y entrando en la celda de otro religioso grave, que estaba desahuciado, le dijo que le llevaba aquella Santa Imagen para que se encomendase a ella, porque esperaba que había de ser milagrosa, y deseaba que fuese con él la primera misericordia; rezaron allí los circunstantes una salva, y a la noche ya estaba fuera de peligro el enfermo, y en breve convaleció y estuvo bueno.

CLAVES-COMENTARIO: Libro de Ntra Sra del Fuego (Baterno). Badajoz, 1986. Edita: Parroquia de San Andrés.
Diccionario Enciclopédico P&J. Tomos: II, III, IV, VI y VIII.
MARTOS NÚÑEZ, E. Albúm de cuentos y leyendas de Extremadura. Grupo Alborán.

Fuente: alcazaba.unex.es (biblioteca Siberia)

La Virgen de la Paloma (mirando al pasado)

Virgen de la Paloma

Como las majas que la rindieron culto, hace perdurable su fama a través de las generaciones. Y, sin embargo, su primitiva capillita ha desaparecido en silencio. Su historial es ya de otro tiempo; no entrarán más en el sagrario las chulas de la barriada; nadie interrumpirá la paz de aquel recinto; el santuario dejó de ser, pero la capillita vive; con el espíritu de lamas castiza de las verbenas madrileñas, que, llevada al teatro, dejó en los fastos de la escena un recuerdo tan imperecedero como el de la Virgen milagrosa, que los hijos de Madrid veneran con grandísimo fervor. Ábrese el vacío de un solar; pero dos pasos más arriba, en el nuevo templo de San Pedro el Real, existe la Virgen de la Paloma, cuyo nombre es dulce y apacible como el arrullo.

La capillita de la Paloma tuvo unos gloriosos días de esplendor y magnificencia, cuando la reina María Luisa hincaba la rodilla al píe del altar, y con ella las damas majas y todo el pueblo heroico que legó el ciego amor religioso a Doña Isabel II, postrada también de hinojos ante la Virgen popular de los barrios manolescos.

No imaginara el arquitecto D. Francisco Sánchez, discípulo de Ventura Rodríguez, cuando en 1795 construyó la iglesia, que el pequeño templo había de verse tan concurrido, pues si bien es verdad que ya la imagen tenía enormes devotos, no dieron en visitarla con la posterior frecuencia y generalidad las mujeres que oían la primera misa después de dar a luz. Esta costumbre fue la nota más característica de la capillita que nos ocupa.

Aquel paraje resultaba en otro tiempo el confín del populoso barrio de Calatrava, lleno de tradiciones y de lugares curiosos, por la importancia que tenía en los anales de la villa. Hacia el campillo de Gil Imón, el caserío de humildes viviendas domingueras, así llamadas porque sus vecinos las pagaban semanalmente, no con poco trabajo. Por dónde el hospital de la Orden Tercera, la morada del fiscal Gil Imón de la Mata, que dio nombre al descampado y al portillo que allí se abría. En una casa cercana vivió y murió el duque de Osuna. Más atrás, en la calle del Águila, quedaba la capilla de la Sacramental de San Andrés, guardadora de una de las arcas donde estuvo sepultado San Isidro. En la calle de los Santos, frente a la parte del monasterio de San Francisco que luego se dedicó a prisión militar, estaba en pie la casa de la beata Clara. Y por entonces, conforme se pasaba por la plaza de la Cebada, camino de este barrio legendario, se alzaba, en la equina de la calle del Humilladero, la ermita de Santa María de Gracia, debida a la Hermandad de la Santa Vera Cruz.

Es muy complejo y largo de contar el origen del retablo de esta imagen. Existen varias opiniones, desperdigadas en libros y papeles. Las más autorizadas son que unos gitanos que vivían en la calle que hoy se llama de Arlaban, entre la leña con que se calentaban, tenían un cuadro sin valor alguno, con la sagrada efigie de la Virgen de las Maravillas, y que, pasando a la sazón cierto pintor que habitaba en la calle del Lobo, lo compró y regaló después a una señora muy cristiana, que a su vez lo donó al convento de Carmelitas descalzas. Y que una paloma criada en el corral de las monjas de San Juan de la Penitencia, acompañó, volando, a la Virgen de las Maravillas, cuando fue trasladada a su nueva iglesia. Una devota mujer del pueblo hizo representar la escena en un cuadro, lo colocó en el portal de su casa, le rindieron culto los vecinos y, con los milagros, adquirió celebridad.

Lo cierto es que, jugando con el cuadro unos muchachos de la barriada, que lo habían substraído del montón de leña de una tahona próxima, lo vio María Isabel Andrea Tintero, quien, arrebatándolo de manos de los chiquillos, lo puso en un marco, y alumbró con las limosnas recogidas. Era el retablo de Nuestra Señora de la Soledad, venerado en el portalillo de la calle de la Paloma, esquina a la de la Solana. Con limosnas se fabricó la capillita; con limosnas se dijeron las primeras misas, y con limosnas atendió a su vida la piadosa mujer, que vivía en la casa contigua, y que cuidaba y limpiaba la iglesia.

La imagen de las Maravillas era muy otra: era un Cristo así nombrado, porque se veneraba en el portalillo perteneciente a las monjas de Maravillas, y que se trasladó a San Andrés. El Cristo cercano al parador de Calatrava, y al que rogaban las infelices criaturas sometidas al portentoso tratamiento de la famosa curandera Juana Picazo, que vivía en la calle de la Ventosa.

Era la capillita un ascua de oro en el barrio humilde. Sonaba a gloria su campana. Honrábanse y tenían a gala los que allí se bautizaban. Y la estampa de la Virgen figuraba en todas las casas, amparando la paz del hogar.

Ya era popularísimo el santuario. Ya se celebraban en él las bodas de rumbo, amenizadas con la música de los murgantes. Ya las madres amantísímas presentaban a la Virgen los recién nacidos. Ya se trajo el Santísimo Cristo de la Misericordia. Ya arrimaban a su puerta los coches palacianos. Y todo pasó, todo se acabó. Cerróse la puerta; cerróse la cancela; hízose el silencio; la piqueta demolió el lugar sagrado, y en lo que hoy es solar, lo mismo que las golondrinas que anidaban en el quicio del portón, unas niñas saltan y cantan en un ambiente de romería de verbena.

Antonio Velasco Zazo. Revista La Esfera, agosto de 1919 (nº294).

* * *

Enlace relacionado: Nuestra Señora de la Soledad de la Paloma

Gozos al gloriosísimo Tránsito, Asunción y Coronación de María Santísima

Gozos al gloriosísimo Tránsito, Asunción y Coronación de María Santísima, Señora Nuestra

Pues sois Ave que hasta el cielo,
María, voláis ansiosa;
Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.
Lleno de celestial luz
vuestra muerte os anunció
un ángel que os envió
vuestro amado Hijo Jesús:
logrando el mayor consuelo
en nueva tan misteriosa.

Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.

Los Apóstoles que acaso
en vuestra muerte asistieron,
devotos se enternecieron
al ver tan cerca el ocaso
de ese sol, que al mismo cielo
supo dar luz tan copiosa.

Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.

Sin achaque de dolor
os ponéis en una cama,
y viendo á Jesús que os llama,
espiráis fénix de amor:
rindiéndole vuestro anhelo
el alma más prodigiosa.

Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.

Del pecado y de su muerte,
del infierno y su adalid,
divina y bella Judit,
triunfó vuestro valor fuerte:
y a pesar de su desvelo
os aclaman victoriosa.

Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.

Tomás que aún no sabía
de vuestra muerte, llegó
a Getsemaní, y abrió
el sepulcro al tercer día:
mas solo halló vuestro velo,
y vestidura preciosa.

Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.

En premio de la victoria
que en este mundo alcanzasteis,
desde el sepulcro volasteis
en cuerpo y alma á la gloria;
como lo confiesa el celo
de la religión piadosa.

Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.

Al ver tantas perfecciones,
pasmados los querubines,
ángeles y serafines,
dicen con admiraciones:
¿quién es esta, que del suelo
se remonta tan gloriosa?

Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.

En los brazos recostada
de vuestro Hijo querido,
sobre el trono más lucido
sois María colocada:
cual iris que con desvelo
anuncia la paz dichosa.

Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.

Mejor que Bersabé vos
del Hijo al lado os sentáis,
tan hermosa, que os lleváis
la atención del mismo Dios:
si sois el mejor modelo
de su mano poderosa.

Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.

Allí con celeste canto
por Hija os corona el Padre,
el Hijo por dulce Madre,
por Esposa el Amor Santo:
Reina sois de tierra y cielo,
y Abogada portentosa.

Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.

Salve, Virgen pura y bella,
salve, sagrario divino,
salve, espejo cristalino,
salve, sol, luna y estrella:
salve, universal consuelo,
salve en fin, Madre amorosa.

Dadnos alas, Ave hermosa,
para seguir vuestro vuelo.

            Composición religiosa popular (Levante español).

Imagen ilustrativa: Nuestra Señora del Tránsito, “la Virgen Difunta”, de la Parroquia de la Concepción de La Orotava.

La Solemnidad del Tránsito de María se celebra el día 15 de agosto. El tránsito o dormición de la Virgen significa que tras su expiración María pasó directamente al cielo, llevada en cuerpo y alma por el poder de su hijo (Dogma de la Asunción de María).

Virgen Morena (a la Virgen de Candelaria)

Virgen Morena

La ponemos Candelaria
la Virgen se lo ganó,
porque nació morenita
sin haberle dado el sol.
(Copla popular)

Los frailes blancos
a Ella cuidan.
Blanca es la torre
de la basílica
y la gaviota
que hasta allí emigra.
De cal las casas;
la playa es limpia;
la tierra es gruesa,
honda y caliza.

Dentro del templo
se santifica
un mármol puro
que luz irisa.
La Candelaria
está vestida
con trajes claros
y alba toquilla.

Corona, sol,
andas, reliquias,
cetro y encajes
áureos brillan.
Moreno el Niño,
y en sus manitas,
a un pajarillo
de oro anida.

Todo es pureza
y candor de isla:
¿por qué la Virgen
es morenita?

           Manuel Perdomo Alfonso

                 (Foto gentileza de David González)

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Enlace de interés: Los dominicos en Candelaria

La familia Dominicana

La familia Dominicana

España fue la tierra escogida por el Señor para que viese la luz Santo Domingo de Guzmán. «Esa luz, dice un ilustre escritor del siglo fenecido, fue encendida por primera vez en la frente de Santo Domingo, niño, en forma de resplandeciente estrella». Estrella, símbolo del carácter distintivo de su Orden, que ostenta como mote en su escudo heráldico una mágica palabra, Veritas, reflejo del Verbo del Padre celestial; y la verdad dilata e ilustra las inteligencias y educa y enaltece los corazones, libertando a aquéllas de las nieblas del error y a éstos del ominoso yugo de las pasiones: «Veritas liberabit vos».

Lucere et ardere, blasón que les dio Juan XXII. La Orden del antiguo Canónigo Regular y Arcediano de. la catedral de Osma, después evangelizador del Mediodía de Francia contra los multiformes e impíos errores de los Albigenses, es la primera que se propuso por objeto la predicación, misión capital de los apóstoles y sus sucesores los obispos: Id y enseñad a todas Las gentes: Ite et docete.

Y tan sin fronteras fue el celo y tan gigantescos expansivos los bríos con que los Hijos de Domingo comenzaron desde su infancia a recorrer el camino de la siembra de la palabra de Dios, que la tradición refiere que ya en los albores de la Orden, al dirigirles Honorio III un Breve laudatorio, quiso comenzar: «A nuestros amados Hijos en Cristo los Hermanos (Frailes) que predican en…»; y como su memoria, su diestra y su pluma se fatigaban en querer enumerar las varias regiones teatro de su celo, cortó por lo sano en aras de la brevedad, escribiendo: «A nuestros amados Hijos en Cristo los frailes Predicadores: Salud y bendición Apostólica». Con ello quedó ya canonizada la augusta misión apostólica y docente que caracterizó ab incunabulis a los Hijos del más ilustre de los ilustres Guzmanes españoles, y que ellos han difundido y perpetuado ore et cálamo, sin los desmayos del pesimismo, por los ámbitos del orbe en el espacio de siete centurias. El odio a la herejía y la consiguiente defensa, científica y ardorosa, del dogma y la verdad, son sus características: Púgiles fidei et vera muudi lumina apellidólos en otra ocasión el repetido Honorio.

Y el benedictino Bto. Urbano V, aún en ocasión poco favorable para la Orden, hizo de ellos este lacónico, pero compendioso elogio: «No me acobardan las herejías ni sus ramificaciones, mientras subsista en pie de guerra esta Orden».

Nos explicamos perfectamente el natural asombro de un ilustre miembro de la preclara Compañía de Jesús, el elocuente orador P. Félix, al contemplar la colosal grandeza de la Orden dominicana. Superan la cifra de cincuenta mil (!) (y no se tome a hipérbole) los Mártires que la han fecundado con su sangre, y tenemos entendido se está tramitando en Roma el proceso de Beatificación de mil trescientos del Japón. —¿Misioneros no Mártires? Sabe su número Aquel que cuenta las arenas del mar: valga por todos San Vicente Ferrer, el Ángel del Apocalipsis, la trompeta del Juicio final, apóstol de Valencia, España y media Europa.

Y aparte de este nuevo Elías y Bautista del siglo XIV, los pies evangelizadores de los Hijos de Domingo han encallecido en sus correrías apostólicas por la culta Europa como por las regiones antípodas: su celo devorador hales hecho plantar sus tiendas lo mismo entre los infecundos hielos árticos que en los calcinados arenales de la zona tórrida.

Y han fijado la Cruz redentora en las atrevidas crestas de los alcores coronados de nieve virgen, donde asoma su búcaro descolorido y enfermizo la Campanilla blanca, flor del hielo, en busca de las tibias caricias de un sol de invierno, y en las profundas cuencas de los valles, donde germina lozana y luce sus colores amarillo y rojo la Primavera, primer adorno con que se engalana la naturaleza al advertir la proximidad de la estación florida: ¡oh!, «¡cuán graciables son los pies de los que evangelizan la paz y el bien!»

Y, ¿hay Maestros en esta Orden, docente por antonomasia? Ahí está Alberto Magno, Doctor universalis, que es legión. Y el nombre augusto de Maestro General ostenta el supremo Jerarca de la misma, en una áurea cadena de 79 eslabones, arrancando del Querúbico Patriarca y terminando hoy en el Rmo. P. Gillet: Y 13 de ellos son españoles, entre los cuales descuella el tercero, el por varios títulos insigne catalán San Raimundo de Peñafort, canónigo de Barcelona, Penitenciario de Gregorio IX, eminente canonista, compilador de las Decretales, co-fundador de la Orden de la Merced y modelo de desprendimiento, desinterés y humildad, pues renunció sin dolor y generosamente el Magisterio General de la Orden y rehusó el Arzobispado de Tarragona para vacar a la oración y al estudio, entre cuyos castos placeres murió casi centenario en la nobilísima Barcino, su patria, que se enaltece con la memoria de tan excelso hijo: canonizóle Clemente VIII en 1601.

Además, en el catálogo de los Maestros Generales figuran, aparte del Patriarca y el repetido Peñafort, varios Bienaventurados, y sabios muy eminentes, más un Papa, el Bto. Benedicto XI, diez cardenales, varios arzobispos y obispos, Legados a Latere, Nuncios Apostólicos, Inquisidores Generales e insignes Padres de todos los Concilios ecuménicos del siglo XIII acá: en la Orden son muchos centenares los cardenales y obispos. Y ha tenido la Orden muchos insignes confesores de Reyes. Y han prestigiado la Sede Apostólica cuatro hijos del querúbico Patriarca, el Bto. Inocencio V, el Beato Benedicto XI, ya citado, San Pío V, que cierra con aristocrático broche de amatista el áureo catálogo de los Papas canonizados, y el Venerable Benedicto XIII (Príncipe Orsini). Y exigencias del laconismo nos vedan apuntar siquiera las eminencias del catálogo de Maestros del Sacro Palacio, importantísimo cargo y alta dignidad de la Orden a través de siete centurias, arrancando esa especie de dinastía del propio Domingo.

Y, ¿tiene sabios tan egregia Orden? Su solo y desnudo índice ocuparía muchas paginas: valga uno por un ejército: Tomás de Aquino, titán de la Metafísica, querubín de la Teología, Príncipe del Escolasticismo, que tras de siete siglos sigue empuñando en su vigorosa diestra el cetro de la ciencia divina: el Tridentino, que en el estrado presidencial colocó a la derecha del Crucifijo la Sagrada Escritura, colocó a la izquierda al mismo—¡honor insigne!—la Suma del Santo: «Consulamus divum Thomam», clama la Iglesia en los casos difíciles y espinosos, y todos los gloriosos Pontífices de nuestra época rivalizan en proclamar y dilatar su Dictadura científica, que no tiene peligro de languidecer.

¿Y artistas? De su dilatada serie no mencionemos sino al Beato Angélico de Fiésole (el celebérrimo Fray Angélico), celoso de la pintura espiritualista y mística, cuyos maravillosos frescos, con sus ángeles y vírgenes ideales, parecen anticipamos las delicias paradisíacas.

Y lo apuntado, nada más que ligerísimamente apuntado, y lo que la brevedad nos obliga a silenciar, no es más que un pálido reflejo de la primera Orden dominicana, primera por el sexo más noble y por los honores divinos del sacerdocio, pues no fue cronológicamente la primera engendrada por el regalado Capellán de la Virgen y simpatiquísimo Patriarca del Rosario, ariete formidable contra la herejía albigense y contra las de todos los tiempos sucesivos.

La primera fundación del Santo Patriarca fue el Monasterio de Proville, cabe Franjaux en Francia, refugio de doncellas nobles perseguidas por los herejes, y fue el origen de la Segunda Orden venero de santas vírgenes y viudas. Y de la Tercera Orden de Penitencia bástenos citar uno de los nombres más gloriosos del sexo femenino, Santa Catalina de Sena, que nos atreveríamos a llamar la mujer fuerte del siglo XIV, pues fue sostén, confidente y Embajadora de los Papas Gregorio XI y Urbano VI, y consejera de cardenales y obispos, y hasta de su director y confesor el Beato Raimundo de Capua, su hermano de hábito.

¡Colosal es la grandeza de la Orden de Predicadores! Como su hermana gemela la Orden Seráfica, en sus tres ramas cuenta con varios centenares de Santos, Beatos y Venerables, con príncipes y magnates, así como multitud de sabios, eminencias y notabilidades, tanto en sola la rama femenina (Segunda Orden) como con los dos sexos de la Tercera, así claustral como secular.

Si «el hijo sensato es la gloria del padre», ¿cuántas y cuán grandes son las glorias del querúbico Patriarca, que se alegra con la sabiduría y santidad de tantos hijos santos y sabios? Al contemplar asombrado tan magnífica visión de celestial ensueño, una santa envidia nos trae a las mientes las palabras de un Profeta: «¡Muera yo con la muerte de los justos, y sean mis postrimerías semejantes a las suyas!»

Jose Erice Espelosin, Canónigo Arcipreste de Mondoedo.
Hormiga de Oro, agosto de 1932.

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Festividad de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores

La Transfiguración: Fiesta para soñar

Levantaos y no temáis

Fiesta para soñar

1.— La Transfiguración del Señor en el monte Tabor es una fiesta para soñar, para lanzar nuestra pobre imaginación al aire de los ensueños. Es un misterio profundo de la vida de Cristo. Pero, al mismo tiempo, una realidad que debemos hacer patente en nuestra existencia. Un momento decisivo para reavivar en momentos de oscuridad. Todo esto es para nosotros —debe serlo— este día de la Transfiguración, donde se dieron cita tantas dimensiones de nuestra fe.
Porque no se trata de una contemplación maravillosa del milagro cuando de descubrir en nuestra vida la necesidad de irnos transfigurando en Cristo. Se trata, en el fondo, de descubrir a Jesús. De ir viendo cómo debemos incrustarlo en nuestra existencia de —mirándolo a El— irnos haciendo cristianos cada día más. Así, y no de otra manera debemos enfocar el Mensaje de esta fiesta.
La Iglesia ya nos puso ante nuestra vida este hecho evangélico en Cuaresma. Y era lógico. En Cuaresma se trataba de cambiar, de transformarnos. Se nos hablaba allí de «penitencia» en el sentido etimológico de la palabra, es decir, de cambio. Y la Transformación era ejemplo y paradigma de lo que debíamos hacer.
Hoy vuelve a la carga. Hoy, más serenos ya, quiere la Iglesia que caigamos en la cuenta de esta verdad. En Cuaresma los acontecimientos pascuales nos embargan. Ahora en pleno verano estamos hasta de vacaciones. Tenemos más tiempo, más calma. Y es momento de ver en Cristo cuanto tenemos que hacer en nosotros.
La Transfiguración nos habla de un trabajo. De ese trabajo nuestro de cada día: ser Cristo, transfigurarnos en Cristo. Porque para el cristiano Cristo lo es todo. Todo en nuestra vida debe estar marcado de la misma trascendencia de Cristo.

2.— Sin embargo, esta fiesta para soñar, no ha de ser un señor ilusorio sino real. Porque no se trata de que demos alas a la imaginación, sino al empeño. De que nos concienciemos de que el trabajo nuestro de cada día —trabajo material, trabajo laboral, trabajo social, trabajo humano— ha de tener un vértice: Cristo.
Que la Transfiguración no ha de hacernos «gansos». Todo lo contrario. La Transfiguración debe espolearnos a terminar de hacernos Cristos. A poner toda la carne en el asador. A transformar —eso significa Transfiguración— todo lo que está a nuestro lado, en nuestro entorno. Pero a transformarlo en Cristo. O al menos, a transformarlo en lo que Cristo quiere.
Porque hoy hablamos mucho de estructuras nuevas, de compromiso social, de empeño político del cristiano. Ya todo eso nos lanza la Transfiguración. El cristiano debe trabajar en el mundo por hacerlo nuevo, por transformarlo. Debe meterse en política, para hacerla más humana y más bien común. Debe reivindicar todo lo reivindicable. Porque su consigna es Transfigurar. Eso sí, Transfigurar en Cristo.
Y es lo que olvidamos. Porque no se puede reducir el cristianismo a las tareas sociales, a las luchas ideológicas, a reivindicaciones salariales, a mejoras humanas y sociales, a la lucha obrera. Si en toda esta lucha, el cristiano no busca a Cristo no busca transfigurarse y transfigurar el mundo en Cristo, está perdiendo el tiempo. Si pierde el sentido religioso de la vida, si pierde la dirección al Señor más allá de la muerte y de todas las realidades terrenas, su cristianismo habrá sido castrado en uno de sus elementos más esenciales: Transfigurar todo en Cristo, no en Marx, ni en ninguno de esos ideológicos aventureros.

3.— Eso nos pide hoy la Transfiguración del Señor. Tenemos que comprometer socialmente, políticamente, humanamente nuestra vida cristiana Pero eso es un solo polo de la dialéctica cristiana. Porque ese compromiso ha de tender a Cristo. La trascendencia, la nostalgia del cielo tienen también un lugar —necesario y esencial para el cristiano— en su vida de cada día. Lo interesante es Cristo, más allá de las realidades y las luchas concretas.
Transfigurarnos en Cristo. Transfigurar el mundo en Cristo. Estos son los «dolores de parto» de que nos habla San Pablo Para nosotros y para el mismo, mundo. Recapitular todas las cosas en El. Hacerlas nuevas.
Fiesta para lanzarnos, para soñar. De verdad.

P. José Cabrera Vélez.
El Eco de Canarias, 5 de agosto de 1978.

Imagen: “La Transfiguración”, por Fra Angélico.

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          Oración

Muéstrate, por fin, Señor.
No permanezcas por más tiempo
oculto a nuestros ojos.
No guardes silencio más días.

¿Hasta cuándo vamos a caminar entre tinieblas,
cansados, desorientados y abatidos?
Desata tu brazo, Señor, desata tu poder
y sal en defensa del pobre y oprimido.
Tiende tus brazos a los que vacilan,
hazte encontradizo a los que te buscan,
sorprende a los que te huyen.

No permitas que se blasfeme tu nombre,
diciendo: es el azar,
es el inconsciente,
es la materia.
¿Acaso el que ha hecho el oído… no oye?
¿No ve el que se ha inventado los ojos?

Los pensamientos de todos los hombres
están en tu ordenador,
todas sus palabras están registradas.

Bienaventurado
el que se deja enseñar por tu palabra.
Dichosos los que no ven y creen.
Sin estar en la seguridad social, están seguros.
Sin necesidad de tranquilizantes,
dormirán tranquilos y vivirán en paz.

Porque tú, Señor,
eres nuestro Padre
y nos quieres.