Piedra angular

Piedra angular

Voy a labrar mi piedra milenaria;
y cuando Tú me digas: “Tú eres Pedro”,
entonces yo seré la piedra viva
sobre la cual Tú vengas a edificar tu templo.

Dame la escuadra y el cincel, ahora
que ya tengo
en la diestra
el martillo de acero.

Avergonzado estoy de haber holgado
tanto tiempo.
Voy a empezar al punto. Ya sé cómo,
sin descansar, laboran tus obreros.
Ya sé cómo Tú mismo
eres el Arquitecto
de la Obra
cuyo término
la mente no concibe,
pero
cuya gloriosa cúpula, de fijo,
se clavará en el Cielo.

Por su escala interior irán los ángeles
subiendo.
Después… todo
lo sabremos.

A mí sólo me importa,
sólo me basta, para mi contento,
saber que Tú me ordenas,
oh Maestro,
saber que Tú me ordenas
y que yo te obedezco.

Voy a labrar mi piedra milenaria;
y cuando Tú me digas: “Tú eres Pedro”,
entonces yo seré la piedra viva
sobre la cual Tú vengas a edificar tu templo.

                        Pedro Bethencour (1954)

* * *

Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia: Cátedra de San Pedro

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Soneto al Santísimo Nombre de Jesús

Al Santísimo Nombre de Jesús (1)

Sagrado Redemptor y dulce Esposo,
peregrino y supremo Rey del Cielo,
camino celestial, firme consuelo,
amado Salvador, Jesús gracioso;

prado ameno, apacible, deleitoso,
fino rubí engastado, fuego en yelo,
divino amor, paciente y santo celo,
dechado perfectísimo y glorioso.

Muestra de amor y caridad subida
distes, Señor, al mundo haciéndoos hombre;
tierra pobre y humilde a vos juntando;

viniste hombre y Dios, amparo y vida
nuestra vida y miseria mejorando;
encierra tal grandeza tal renombre.

                                           Anónimo

(1). Este soneto se puede leer empezando por el primer verso o por el último, o leyendo los versos al revés o al derecho.

* * *

Santísimo Nombre de Jesús: dulzura sobre los corazones

Expectación del Parto de Nuestra Señora

En esta fiesta de hoy de la Expectación del Parto de María, nombre que le dio San Ildefonso, arzobispo de Toledo, se recuerdan las grandes ansias con que era esperada por el pueblo de Israel y aún por todo el universo la venida del Mesías. Como la Iglesia, desde la víspera de este día entona en su liturgia las principales frases con que se manifestaron tales deseos en las antífonas. Todas ellas comienzan con la letra O (de ahí que también esta fiesta sea conocida como Nuestra Señora de la O) referentes a la venida del Salvador encarnado ya en las purísimas entrañas de la Virgen María, donde culminan estas esperanzas. Por ende se ha formado un nuevo título de advocación con respecto a la Madre de Dios, toda vez que sobresalía en Ella el amor verdadero al Señor, la perfección y aquellos anhelos sublimes de que viniese a redimir al mundo; en tanto grado que algunos santos afirman que Dios adelantó los días de su venida en atención a las súplicas de la Virgen Santísima. Esta advocación mariana también es conocida por la de Nuestra Señora de la Esperanza, invocándosela para obtener la perseverancia final, en atención al continuado y nunca desmayado anhelo con que la Virgen Santísima suplicaba la venida del Mesías Redentor prometido.

* * *

Salutaciones a la Santísima Virgen de la Expectación

V. Dignare me laudare te, Virgo sacrata.
(Dígnate que te alabe, oh Virgen sagrada)
R. Da mihi virtutem contra hostes tuos.
(Dame fuerza contra tus enemigos)

 In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen.
(En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.)

                 I

QUEM terra, pontus, aethera
colunt, adorant, praedicant,
trinam regentem machinam
claustrum Mariae baiulat.

(Al que tierra, mar y cielo
Proclaman, honran y adoran,
A la Trinidad que todo rige
Lleva María en su seno)

Os saludamos, oh Virgen de la Expectación, por el primer mes de vuestra divina gestación y os pedimos la gracia de que, así como os sometisteis de buen grado a la voluntad de Dios y fuisteis dócil a sus planes en la Encarnación del Verbo, así también seamos fieles a la vocación a la que cada uno de nosotros es llamado. Avemaría.

Os saludamos, oh Virgen de la Expectación, por el segundo mes de vuestra divina gestación y os pedimos la gracia de que, así como al saludar a vuestra prima Isabel fuisteis el vehículo de la santificación de san Juan en el seno de su madre, así también nosotros ejerzamos las obras de misericordia espirituales con el prójimo y, mostrándole a Cristo en nuestras palabras y obras, le ayudemos a su salvación. Avemaría.

Os saludamos, oh Virgen de la Expectación, por el tercer mes de vuestra divina gestación y os pedimos la gracia de que así como, movida de exquisita caridad, socorristeis a vuestra prima Santa Isabel hasta el nacimiento de su hijo, así también nosotros ejerzamos las obras de misericordia corporales con el prójimo. Avemaría. 

             II

Cui Luna, Sol, et omnia
deserviunt per tempora,
perfusa caeli gratia,
gestant Puellae viscera.

(Al que el Sol, la Luna y todo
Obedecen por los siglos,
Las entrañas de la Virgen
Agraciada lo contienen.)

Os saludamos, oh Virgen de la Expectación, por el cuarto mes de vuestra divina gestación y os pedimos la gracia de que así como san José, hallándoos encinta y asaltado por las dudas, siendo varón justo, no quiso libraros a la pública vergüenza, así nosotros desterremos todo juicio temerario de nuestras mentes y toda detracción contra el prójimo de nuestros labios.Avemaría.

Os saludamos, oh Virgen de la Expectación, por el quinto mes de vuestra divina gestación y os pedimos la gracia de que así como san José fue tranquilizado por el ángel de parte de Dios y os recibió en su casa y adoptó al fruto bendito de vuestro vientre, así también nosotros obedezcamos a las divinas inspiraciones para que nuestros corazones sean digna morada vuestra y de Jesús. Avemaría.

Os saludamos, oh Virgen de la Expectación, por el sexto mes de vuestra divina gestación y os pedimos la gracia de que así como tuvisteis la dicha de que vuestra madre santa Ana os asistiera diligente mientras esperabais el nacimiento de su nieto Jesús, así también nosotros sepamos corresponder a los desvelos de nuestros mayores cuando dependíamos de ellos y no los abandonemos en sus necesidades. Avemaría.

           III

Beata Mater, munere,
cuius supernus Artifex,
mundum pugillo continens,
ventris sub arca clausus est.

(Madre dichosa de Aquel
Que, sumo Autor, conteniendo
Todo el mundo en un pellizco,
En tu vientre se ha encerrado).

Os saludamos, oh Virgen de la Expectación, por el séptimo mes de vuestra divina gestación y os pedimos la gracia de que así como os gozasteis en vuestra dulce espera y suspirabais por ver al Hijo tan deseado que Dios os dio, así también las mujeres que han de ser madres acepten, deseen y reciban a los hijos que el Señor quiera darles y nunca cometan el crimen horrendo del aborto. Avemaría.

Os saludamos, oh Virgen de la Expectación, por el octavo mes de vuestra divina gestación y os pedimos la gracia de que así como fue ocultado al demonio el misterio de vuestra Divina Maternidad y de nuestra Redención, así también nosotros merezcamos hallar seguro asilo bajo vuestro santo manto y nos veamos libres de las asechanzas y tentaciones diabólicas. Avemaría.

Os saludamos, oh Virgen de la Expectación, por el noveno mes de vuestra divina gestación y os pedimos la gracia de que así como, a punto de dar a luz, tuvisteis que partir con san José para Belén por el edicto de empadronamiento de César Augusto, así también nosotros emprendamos la peregrinación de esta vida llevando siempre a Jesús con nosotros para que merezcamos ver inscritos nuestros nombres en el Libro de la Vida. Avemaría. 

HYMNVS

Virgo Dei Genitrix, quem totus non capit orbis:

In tua se clausit viscera factus homo.
Vera fides Geniti purgavit crimina mundi,

Et tibi virginitas inviolata manet.
Te matrem pietatis, opem te clamitat orbis:

Subvenias famulis, O benedicta, tuis.
Gloria magna Patri, compar sit gloria Nato,

Spiritui Sancto gloria magna Deo.
Amen.

(Oh Virgen, Madre de Dios, Aquel al que todo el universo no puede contener,
en tus entrañas se ha encerrado haciéndose hombre.
La fe verdadera del engendrado ha purgado los crímenes del mundo
Mientras te ha conservado virginidad intacta.
A Ti, Madre de piedad, su ayuda te proclama el universo:
Auxilia, oh bendita, a tus siervos.
Gran gloria sea dada al Padre y del mismo modo al Hijo
Y gran gloria a Dios Espíritu Santo. Amén.)

V. Ecce concipiet et pariet Filium.
(He aquí que concebirá y dará a luz un Hijo.)
R. Et vocabit nomen ejus Jesum.
(Y le pondrá por nombre Jesús.)

Oremus. Deus, qui de beatae Mariae Virginis utero Verbum tuum, Angelo nuntiante, carnem suscipere voluisti: praesta supplicibus tuis; ut, qui vere eam Genetricem Dei credimus, eius apud te intercessionibus adiuvemur. Per eumdem Christum Dominum nostrum. R. Amen.

(Oremos. Oh Dios, que quisiste que, al anuncio del Ángel, tu Verbo se encarnase en el seno de la Bienaventurada Virgen María: suplicámoste hagas que, los que creemos que Ella es verdaderamente Madre de Dios, seamos ayudados ante Ti por su intercesión. Por el mismo Cristo Nuestro Señor. R. Amén.)

V. Nos cum prole pia.

(Con su divina prole pía.)

R. Benedicat Virgo María.

(Nos bendiga la Virgen María)

Cristo, Rey desde la fe

Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera.

Hoy celebra la Iglesia —escribía don Joaquín Artiles en su inolvidable «Cristo en la calle»— la fiesta de Cristo Rey, el reinado de Cristo sobre las almas y sobre los cuerpos, sobre los cielos y sobre la tierra, sobre el mundo entero. Un reinado sin altivez, manso y humilde, que penetra suavemente en los corazones y los transforma, que impregna lentamente las inteligencias y las domina. Reinando sobre nuestro querer y nuestro entender, sobre nuestros instintos, sobre nuestras pasiones, sobre nuestras generosidades para premiarlas y sobre nuestras infidelidades para esterilizarlas.

Hoy es día de triunfos y de glorias; hoy es día de vítores del corazón y de aplausos y de sumisión de todas las voluntades. Porque hoy es un Día Universal en que la Iglesia proclama los derechos de Cristo a reina sobre toda la creación, sobre todos los seres racionales y sobre todos los latidos de todos los corazones. Es un derecho universal en la geografía y en el tiempo. Es un derecho sin mediatizaciones y sin fronteras, absoluto, ilimitado, único. Es un derecho sobre todos y cada uno de los hombres, queramos o no queramos, lo admitamos o no.

Pero este derecho exige unos deberes que Dios ha fiado a nuestra frágil libertad humana. Y aquí es donde puede fallar, y de hecho falla, el reinado de Cristo. Cristo no reina en muchas almas. Son muchas las inteligencias rebeldes que no se dejan alumbrar por las claridades del Evangelio de Cristo. Son muchos los pechos que anidan las víboras del pasado. Son muchas las pasiones sin ataduras, los Instintos sin encauzar. Nuestro cuerpo, muchas veces, no es propiedad de Cristo. Nuestra alma, muchas veces, divaga por regiones que están muy lejos de la soberanía de Cristo. Somos como islotes rebeldes enclavados en la geografía del reino de Cristo…

Cada vez que incumplimos uno de sus mandamientos nos afianzamos en una rebeldía absurda y suicida. Cada uno de nuestros pecados es un grito subversivo… Humillemos hoy nuestra inteligencia hasta los pies de este gran Rey. Inclinemos nuestra voluntad ante su querer. Sometamos nuestras pasiones a su imperio. Cristo en todo nuestro ser y nuestro obrar. Cristo siempre y en todo.

P. José Cabrera Vélez¹.

* * *

Cristo Rey

Por ser Hijo de Dios, Verbo encarnado,
porque en la cruz fue tuya la victoria,
y porque el Padre te vistió de gloria
con la luz del primer resucitado.

Por eso eres, Jesús, Rey coronado,
señor y Pantocrator de la Historia,
libertador de noble ejecutoria,
triunfador de la muerte y del pecado.

Ya sé que no es tu Reino de este mundo,
que es sólo dimensión de algo interior,
-lo más cordial del hombre y más profundo-
donde te haces presente y seductor;
allí donde tu encuentro es más fecundo,
allí donde tu Reino se hace Amor.

            P. José Luis Martínez, SM.

¹. El Eco de Canarias, noviembre de 1982. Extracto de artículo.

Festividad de San Martín de Porres: Fray Martín, el santo de la santa sencillez

Si no nos hacemos sencillos y puros de intenciones, como los niños, no entraremos en el Reino de Dios.

Fray Martín era un hombre abierto, cercano y auténtico. La sencillez de su carácter era fruto de un resultado natural y a su profundo deseo, con convicción, de ser sólo un hombre bueno. Pero detrás de esta modestia del santo mulato se encontraba un trabajo duro, de sacrificio y de un amor sin artificios: sintió con el prójimo doliente, viviendo en la voluntad de Dios y participando de su inagotable Misericordia. Para las almas puras, como la de Martín, que han llegado a la luz de la fe y de la verdad, todo es sencillo y natural. La fe, pues, radica en la respuesta verdadera dada a la Palabra de Dios; no tanto en su erudición. Una respuesta que iba acompañada —como algo innato— de humildad generosa y de una presencia que atrapaba confiadamente en el espacio vital. Así, en ese espacio creaba nuestro querido santo su “propio” lugar de amor del que hacía partícipe a los demás. Gozaba, por tanto, de un alma fervorosa que transmitía paz y alegría allá donde estuviera, y a su vez, encontraba su razón de ser procurando el bien al prójimo.

Es bien cierto que los buenos hijos de Dios no sólo nos ayudan a mejorar sino que además nos cambian la vida. Precisamente en este mundo que compartimos, donde vivimos y convivimos, junto a nuestras familias y en comunidad, es nuestra forma de ser la que puede obrar el cambio en el comportamiento de aquellas personas que nos rodean, y especialmente frente a actitudes poco gratificantes. La expresión humana de la sencillez siempre cala en los buenos corazones, esos mismos donde sempiterna resuena la Palabra del Señor.

A su vez, solícito pero sin nimiedades, deseaba nuestro amigo Martín ser el último porque, libre de cargas mundanas y ambiciones personales, sabía que era el camino seguro para servir a Dios y a los hombres. Y a los ojos del Señor, es la sencillez y humildad de corazón los valores que más aprecia: ambas constituyen ese dulce triunfo sobre nuestros corazones, a menudo tan llenos de soberbia y sentir hipócrita que marcan de manera deleznable muchos actos de nuestras vidas.

“Con dos alas se levanta el hombre de las cosas terrenas, que son sencillez y pureza”, dijo Tomás Kempis; y no le faltaba razón, pues la sencillez glorifica y la pureza, además, santifica: como así vivió, de manera permanente en estas cualidades, Fray Martín.

J.J.

* * *

El mulato de Lima sigue su camino, con su sublime humildad, sin sorprenderse de nada de cuanto de extraordinario va ocurriendo a su paso. Todo es natural en él, todo lo lleva a cabo con tal sencillez, con tanta naturalidad, que diríase que éste es el camino obligado de su realización. En su casi ingenuidad infantil, en su innata inocencia, no puede pensar que el camino que sigue sea extraordinario. Nunca pensó que él fuera la causa y el agente de tantas maravillas y prodigios. Porque Fray Martín tuvo conocimiento sobrenatural de los acontecimientos y penetración de las cosas ocultas, poseyó el don de profecía y de la sutileza, siendo capaz de penetrar en lugares cerrados, sin abrir la puerta.

También por voluntad Divina poseyó otros dones asombrosos: el de la ligereza, que le permitía recorrer grandes distancias en un momento, y el de la invisibilidad, cosas ambas que fue capaz de comunicar a otras personas.

Y todo ello, no nos cansaremos de repetirlo, porque su humildad y su gran inocencia no le deja pensar que es capaz de tales prodigios. Tiene una visión infantil de las cosas. No se sorprende, como no se sorprenden los niños de las más extraordinarias maravillas, porque en su espíritu lo creen la cosa más natural del mundo.

Su humildad fue heroica, fundamento de todas las demás virtudes. Su caridad, inagotable, ya que alcanzó incluso a los irracionales. Su paciencia, imperturbable, basada en su gran humildad sin que las censuras e incomprensiones que tuvo que soportar, alterasen su sonrisa. Su obediencia, admirable, ya que murió obedeciendo. El conocimiento que tenía de su propia bajeza le protegía.

Este era Fray Martín de Porres, el mulato de Lima, que realizó los más portentosos milagros con tal naturalidad que diríase que era el camino simple y obligado de su sencilla existencia. Sus actos fueron sumamente sencillos, y la vida que llevó nunca se salió de lo ordinario. Lo extraordinario le llegaba de lo Alto, del supremo Hacedor.

Hábito dominicano,
aumenta tu penitencia,
es extrema tu obediencia,
sufres el insulto humano;
si te alaban, es en vano
que es opuesto a tu humildad.

Oración

Oh, San Martín de Porres, interponed vuestra poderosa intercesión ante el divino Señor y alcanzadnos a cuantos admiramos la sublimidad de vuestras virtudes, el favor de imitaros para que así logremos la dicha de disfrutar de las bendiciones de la gracia. Y en prenda de que son escuchados estos nuestros ruegos, otorgadnos el consuelo de ver remediadas las necesidades que con todo fervor y plena confianza encomendamos a vuestra intercesión. Así sea.

Con cariño, a Fray Martín, santo sencillo y bueno. Para que algún día aprendamos a ser como tú.

Enlace relacionado: Fray Martín, el “enfermero” de almas

¿Quiénes son todos los Santos?

¿Quiénes son todos los Santos?
Son, ni más ni menos, aquellos
que en la Montaña de las Bienaventuranzas
encontraron y renovaron, una y otra vez,
su pasión y su carnet de identidad. 
Los que, abriendo la ventana de su corazón,
permitieron que entrase la luz divina y, con esa luz eterna,
agradar totalmente a Dios sin olvidar a las personas.
Son, esos hermanos nuestros que, sin hacer cosas extraordinarias,
fueron grandes por su inmensa sencillez;
en la oscuridad, nunca se cansaron de buscar al Señor
y en la luz del mundo nunca lo dejaron perder.

¿Quiénes son todos los Santos?
Son aquellos y aquellas que fueron fieles al Señor
sin doblegarse o arrodillarse a los pies de otros dioses.
Los que, en el sufrimiento, nunca se acobardaron
y, en el éxito, no quisieron dar la espalda al Evangelio.
Los que, ante la injusticia, eran altavoz de los que no tenían voz
o los que, ante la pobreza, sabían sembrar a Dios como riqueza.

¿Quiénes son todos los Santos?
Tal vez los que, sin levantar mucho ruido,
hicieron un bien inmenso en tantos hombres y mujeres del mundo.
Aquellos que, en la soledad, acompañaron con horas sin término.
Los que, obligados a renunciar a su fe, prefirieron el martirio.
Los que, enmudecidos por muchos intereses, nunca callaron.
Los que, presionados por la hostilidad, sólo predicaron la paz.

¿Quiénes son todos los Santos?
Son los que, lejos de dejarse seducir por la palabrería barata,
se dejaron llevar por la Palabra de Jesucristo.
Son los que, tentados por los mil sabores de la tierra,
no quisieron jamás apartarse del alimento del cielo: la Eucaristía.
Son los que, perseguidos por proclamar la verdad,
se crecieron y fueron fuertes hasta el último instante de sus vidas.
Son los que, además de amar con pasión la creación,
nunca olvidaron que, Alguien, era su Creador.

¿Quiénes son todos los Santos?
Son los que pretendieron un mundo diferente,
atravesado por la estrella de la fe e iluminado por el Espíritu Santo.
Los que esperaron y soñaron con Dios como recompensa final.
Los que, sin ser entendidos ni comprendidos,
han sido recibidos con un abrazo gratificante en el cielo.
Los que, con su vida y en su vida, por su vida y desde su vida,
quisieron y disfrutaron llevando a Dios
hasta lo más hondo de su existencia.

Esos son… nuestros santos.

Javier Leoz, Sacerdote Diocesano de Pamplona (Navarra).

* * *

Enlace de interés: Nuestros santos de Canarias

Beato John Henry Newman (Cardenal Newman): de las sombras a la luz

Guíame, Luz amable

Guíame, Luz amable,
entre tanta tiniebla espesa:
guíame hacia adelante.

Oscura es la noche
y mi morada aún está lejos:
guíame hacia adelante.

Guarda mis pasos;
no te pido ver confines ni horizontes,
porque un solo paso seguro me basta.
Antes, no pensaba así, ni te dirigía mis oraciones:
guíame hacia adelante.

Me complacía elegir yo sólo el camino;
pero ahora guíame Tú.

Me complacía la luz del día
y sin temor alguno anteponía el orgullo:
no guardes, te ruego, cuenta del pasado.

Desde hace mucho tiempo has estado cerca de mí;
y por ello puedo decir una vez más:
guíame hacia adelante,
por entre ciénagas y pantanos,
entre precipicios y arroyos,
hasta que haya pasado la noche.
Al amanecer,
aquellos rostros de ángeles volverán a sonreír;
ellos, a quienes amé
y por desgracia con el pasar del tiempo, perdí.

         Versos de su poema “La Columna de nube”.

Dios cuida de ti

Dios te quiere, Dios cuida de ti, te llama por tu nombre.
Te ve y te comprende tal y como te hizo.
Sabe lo que hay en ti,
todos tus sentimientos y pensamientos propios,
tus inclinaciones y preferencias,
tu fortaleza y debilidad.

Te ve en tu hora de alegría
y en la hora de tu infortunio.

Conoce tus esperanzas
y se compadece de tus tentaciones.

Se interesa por todas tus ansiedades y recuerdos,
por todos los momentos de tu espíritu.
Te envuelve y te sostiene con sus brazos.

Nunca te olvida,
tanto cuando ríes como cuando lloras.
Cuida de ti con amor.
Escucha tu voz, tu respiración,
los latidos de tu corazón.

* * *

“Ex umbris et imaginibus in veritatem”: De las sombras y las imágenes pasó a la Verdad.

Oración

Oh Dios que diste al Beato John Henry Newman, sacerdote,
la gracia de seguir tu amable luz y hallar la paz en tu Iglesia;
concédenos, por su intercesión y ejemplo,
que podamos pasar de las sombras y las imágenes
a la plenitud de tu verdad.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
un solo Dios, por lo siglos de los siglos. Amen

(Fuente de la oración: Hispanismo.org)

Aunque el fallecimento del Beato Cardenal John Henry Newman —converso del anglicanismo— se produjo el 11 de agosto de 1890, su fiesta se celebra el 9 de octubre: día de su conversión al catolicismo (9 de octubre de 1845).

Enlaces recomendados:

John Henry Newman, profeta de la Verdad católica

Asociación Amigos de Newman

A la Virgen del Rosario (plegaria)

A la Virgen del Rosario
(Plegaria)

A tus plantas hermosas
llegué otras veces,
uniendo bellas rosas
y humildes preces,
que entonces era
un camino florido
mi primavera.

Hoy no traigo otra ofrenda
que fe y amores,
que esta vez en mi senda
no encuentro flores,
pues la fortuna
las agostó a mi paso
una por una.

Dame Tú, Madre mía,
con que adornarte
cuando vuelva otro día
mi fe a buscarte;
con tu permiso
florecerá la tierra
donde yo piso.

Y pues siempre he buscado
yo mis consuelos
en tu manto azulado
como los cielos,
da sin tardanza
alientos que reanimen
a mi esperanza.

No olvides, Virgen pura,
que has ofrecido
endulzar la amargura
del que afligido
va al santuario
para besar las cuentas
de tu rosario.

                Concha Espina de Serna

* * *

Tu Orden la he encomendado a mi Madre

Imagen ilustrativa: Nuestra Señora del Rosario de la Villa de Agüimes (Foto: José J. Santana)

Témporas de acción de gracias y de petición

Las Témporas son días de acción de gracias y de petición que la comunidad cristiana ofrece a Dios, terminadas las vacaciones y la recolección de las cosechas, al retomar la actividad habitual. En España, la celebración de las Témporas se limita a un día: el 5 de octubre.

Himno

Gracias, Señor, por esta agua que llega
del aire hasta los campos, hasta el bosque y el huerto;
gracias por tu palabra que riega este desierto
del alma, prometiendo las horas de la siega.

Gracias por tanta gracia, tanta cuidada entrega,
por el sol que calienta este corazón yerto;
gracias por estas flores primeras que han abierto
ojos de luz a tanta claridad honda y ciega.

Gracias porque te he visto latiendo en los bancales,
favoreciendo, urdiendo los tiernos esponsales
del verdor con la tierra, la rosa con la rama.

Gracias porque nos enseñas a ser en lo que era,
al olvidar mis estiajes en esta primavera;
gracias porque es llegado el tiempo del que ama.

Amén.

* * *

Enlaces recomendados:

Las témporas de acción de gracias y de petición

Evangelio del día: “Pedid y se os dará”. Témporas de acción de gracias y petición

 

Santa Teresa de Lisieux (Santa Teresita del Niño de Jesús)

Quiero pasar mi cielo haciendo bien en la tierra

Nació en Alençon (Normandía, Francia) el dos de enero de 1873. Fue la mayor de las cinco hijas de los esposos Luis Martin y Celia Guerin. Inteligente y sumamente tierna, escribe: «Si no hubiese sido educada por padres virtuosos, hubiera llegado a ser muy mala y tal vez perderme eternamente». Más tarde, visitando el Carmelo de Lisieux sintió la llamada divina en su alma. A causa de su poca edad y de una grave enfermedad, no podía lograr su deseo. En su habitación la imagen de la Virgen “le sonrió, recuperando milagrosamente la salud. En 1887, delante de León XIII, arrodillada y bañada en lágrimas pidió ser admitida al Carmelo. Al poco tiempo de morir su madre se cumplieron sus deseos, ingresando en las benedictinas de Lisieux el 9 de abril de 1888. Llevó una vida de amor y heroico sacrificio, mereciendo durante toda ella el elogio que recibió una vez: No hizo ninguna cosa extraordinaria, pero todo lo hizo extraordinariamente bien. Únicamente sentía un deseo: ¡Amar a Jesús hasta la locura! Teresita se entrega como ofrenda al cuidado de los pobres y necesitados, siguiendo con humildad su caminito espiritual que ya claramente tiene trazado hacia el cielo: «El amor se paga nada más que con amor, mi misma debilidad me da valor para ofrecerme como víctima a vuestro amor». Pasó diez años dentro de la clausura y su salud no tarda en resistirse. Enferma de tuberculosis, en una larga noche de santa expectación dolorosa, sólo en el corazón de Santa Teresita florece la paz. En su lecho de dolor pronunció estas proféticas palabras: «Sólo amor he dado a Dios durante mi vida, y sólo amor me devolverá el Señor. Después de mi muerte derramaré una lluvia de rosas». Murió el 30 de septiembre de 1897.

* * *

“La vida es con frecuencia pesada. ¡Qué amargura, pero también qué dulzura; Sí, la vida cuesta; es penoso comenzar un día de trabajo; tanto el débil capullo como el hermoso lirio lo han experimentado. ¡Si al menos se sintiese a Jesús…! ¡Oh, con qué gusto se haría todo por El! Pero no. El parece estar lejos… estamos solas con nosotras mismas. Oh, la enojosa compañía cuando Jesús está ausente!

¿Pero qué hace, entonces, este dulce Amigo? ¿No ve nuestra angustia, el peso que nos oprime? ¿Dónde está, por qué no viene a consolarnos puesto que no tenemos otro amigo que a El? ¡Ay…! El no está lejos, está muy cerca y nos mira; y nos “mendiga” esta tristeza, esta agonía… El la “necesita” para las almas, para nuestra alma: ¡Quiere darnos tan bella recompensa! ¡Sus ambiciones para nosotras son tan grandes…!

…¡Oh, qué destino! ¡Qué grande es nuestra alma! ¡Elevémonos por encima de la tierra! Más arriba el aire es puro. Jesús se esconde, pero se le adivina adivina… Derramando lágrimas se le enjugan las suyas, y la Santísima Virgen sonríe. ¡Pobre Madre! ¡Ha sufrido tanto Ella por causa nuestra! Justo es que nosotros la consolemos un poco llorando y sufriendo con Ella…”.

(Extracto de una carta de Santa Teresa de Lisieux a su hermana Celina, Sor Genoveva de la Santa Faz).

Oración

¡Oh Santa Teresita del Niño Jesús, modelo de humildad, de confianza y de amor! Desde lo alto de los cielos deshoja sobre nosotros esas rosas que llevas en tus brazos: la rosa de humildad, para que rindamos nuestro orgullo y aceptemos el yugo del Evangelio; la rosa de la confianza, para que nos abandonemos a la Voluntad de Dios y descansemos en su Misericordia; la rosa del amor para que abriendo nuestras almas sin medida a la gracia, realicemos el único fin para el que Dios nos ha creado a su Imagen: Amarle y hacerle amar Tú que pasas tu Cielo haciendo bien en la tierra, ayúdame en esta necesidad y concédeme del Señor lo que Te pido si ha de ser para gloria de Dios y bien de mi alma. Así sea.

Enlace recomendado: La Basílica de Santa Teresita