A la Virgen del Carmen de San Juan del Farrobo

A la Virgen del Carmen de San Juan del Farrobo (soneto)

Virgen del Carmen, sempiterna flor del Carmelo,
nunca marchitarás en tu Farrobo floreciente;
llega julio y permaneces en mí presente:
yo te cuido con mi rezo, fiel es tu consuelo.

Las campanas de San Juan tocan a vuelo.
Predilecta de la Villa a lo lejos ya se siente
como caudal de amor que lleva el torrente,
y agradecida bendices desde el cielo.

Madre del Escapulario, camino de terciopelo
hacia tu Hijo que, atado a la Columna,
nos liberó para nuestra divina fortuna;

en la gracia de la salvación eres mi anhelo:
quiero estar a los pies de tu media luna,
sentir que floreces en mi paz nocturna…

                             José J. Santana

A todas las de nombre Carmen, a los devotos de la Virgen, y a aquellos que encontrándose fuera tienen hoy su pensamiento y corazón en la Virgen del Carmen de San Juan del Farrobo.

(Nuestra Señora del Carmen Coronada, de la Parroquia de San Juan Bautista, ostenta el título Alcaldesa Mayor, Perpetua y Honoraria de la Villa de La Orotava).

* * *

Dos poemas a la Virgen de Carmen de San Juan del Farrobo

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A la Preciosísima Sangre de Cristo

A la Preciosísima Sangre de Cristo (Oración de liberación)

Señor nuestro Jesucristo te adoro, te alabo, te bendigo, gracias por tu infinito amor por el que te has hecho uno de nosotros naciendo de la Virgen María y por el que subiste a la Cruz para dar tu vida por nosotros.

Gracias por tu sangre preciosísima con que nos has redimido.

Con tu sangre preciosísima brotada de tus sacratísimas sienes traspasadas por espinas: cúbrenos, séllanos, lávanos, purifícanos, libéranos, destruye en nosotros todo pecado, toda iniquidad, todo poder maligno, todo poder satánico.

Con tu sangre preciosísima brotada de tu hombro y espalda llagados por la Cruz a cuestas: cúbrenos, séllanos, lávanos, purifícanos, libéranos, destruye en nosotros todo pecado, toda iniquidad, todo poder maligno, todo poder satánico.

Con tu sangre preciosísima brotada de tu costado abierto por la lanza: cúbrenos, séllanos, lávanos, purifícanos, libéranos, destruye en nosotros todo pecado, toda iniquidad, todo poder maligno, todo poder satánico.

Con tu sangre preciosísima brotada de tus pies y de tus manos traspasados por los clavos: cúbrenos, séllanos, lávanos, purifícanos, libéranos, destruye en nosotros todo pecado, toda iniquidad, todo poder maligno, todo poder satánico.

Con tu sangre preciosísima brotada de todo tu cuerpo llagado por los azotes: cúbrenos, séllanos, lávanos, purifícanos, libéranos, destruye en nosotros todo pecado, toda iniquidad, todo poder maligno, todo poder satánico.

(Tres veces Gloria).

Amén, Amén, Amén.

Oración por Moseñor Morales

* * *

Letanías de la Preciosísima Sangre de Cristo

Canto a San Antonio de Padua (La canción de los pajaritos)

CANCIÓN DE LOS PAJARITOS

Padre mío san Antonio,
suplicad al Dios inmenso
que con su gracia divina
alumbre mi entendimiento

para que mi lengua
refiera el milagro
que en el huerto obraste
de edad de ocho años.

Desde niño fue criado
con mucho temor de Dios,
de sus padres estimado
y del mundo admiración.

Fue caritativo
y perseguidor
de todo enemigo
con mucho rigor.

Su padre era un caballero
cristiano, honrado y prudente,
que mantenía su casa
con el sudor de su frente.

Y tenía un huerto
donde recogía
cosechas y frutos
que el tiempo traía.

Por la mañana, un domingo,
como siempre acostumbraba,
se marchó su padre a misa
cosa que nunca olvidaba.

Y le dice: «Antonio,
ven acá, hijo amado,
escucha que tengo
que darte un recado.

Mientras que yo estoy en misa,
gran cuidado has de tener,
mira que los pajaritos
todo lo echan a perder.

Entran en el huerto
pican el sembrado,
por eso te advierto
que tengas cuidado».

Cuando se ausentó su padre
y a la iglesia se marchó,
Antonio quedó cuidando
y a los pájaros llamó:

«Venid, pajaritos,
no entréis en sembrados,
que mi padre ha dicho
que tenga cuidado.

Para que mejor yo pueda
cumplir con mi obligación
voy a encerraros a todos
dentro de esta habitación».

Y los pajaritos
entrar les mandabas
y ellos muy humildes
en el cuarto entraban.

Por aquellas cercanías
ningún pájaro quedó,
porque todos acudieron
cuando Antonio les llamó.

Lleno de alegría,
san Antonio estaba,
y los pajaritos
alegres cantaban.

Cuando se acercó su padre,
luego les mandó callar;
llegó su padre a la puerta
y comenzó a preguntar:

«Ven acá, Antonito;
dime, hijito amado,
¿de los pajarillos
qué tal has cuidado?»

El niño le contestó:
«Padre, no tenga cuidado
que, para que no hagan mal,
todos los tengo encerrados».

El padre que vio
milagro tan grande
al señor obispo
trató de avisarle.

Acudió el señor obispo
con gran acompañamiento
quedando todos confusos
al ver tan grande portento.

Abrieron ventanas,
puertas a la par,
por ver si las aves
se quieren marchar.

Antonio les dice entonces:
«Señores, nadie se agravie,
los pájaros no se marchan
hasta que yo no lo mande».

Se puso en la puerta
y les dijo así:
«Ea, pajaritos,
ya podéis salir.

Salgan cigüeñas con orden,
águilas, grullas y garzas,
avutardas, gavilanes,
lechuzas, mochuelos y grajas.

Salgan las urracas,
tórtolas, perdices,
palomas, gorriones
y las codornices.

Salga el cucu y el milano,
zorzal, patos, y andarríos,
canarios y ruiseñores,
tordos, jilgueros y mirlos.

Salgan verderones
y las cardelinas,
también cojugadas
y las golondrinas».

Al instante que salieron
todos juntitos se ponen,
escuchando a san Antonio
para ver lo que dispone.

Antonio les dice:
«No entréis en sembrado,
marchad por los montes,
los riscos y prados».

Al tiempo de alzar el vuelo
cantan con dulce alegría,
despidiéndose de Antonio
y su ilustre compañía.

El señor obispo,
al ver tal milagro,
por diversas partes
mandó publicarlo.

Antonio bendito,
por tu intercesión
todos merezcamos
la eterna mansión.

* * *

Enlace relacionado:

San Antonio de Padua y los pobres

Fiesta del Corpus Christi en la Villa de La Orotava

Flores… más flores… muchas flores…

Desde la Cuesta de la Villa, momentáneamente, contemplo en actitud admirativa el incomparable Valle de la Orotava. Es una mañana en que la atmósfera está limpia como el cristal de roca. La primavera, en posesión de su máxima hermosura, se manifiesta en el Valle-prodigio, en plena floración.
La luz solar, plata y oro en fusión maravillosa, rompe en la alfombra verde de los extensos platanares y arranca centelleos a las gotas de rocío, como si fueran éstas, brillantes incrustados en las hojas de la vegetación. Tan intensa es la luz, que parece que llega acariciante hasta el mismo corazón del mortal que admira tanta belleza y siente la caricia como un hormigueo del espíritu.
El Teide poderoso, parece querer besar la bóveda celeste; contrastando con el azul purísimo, la nacarina nieve que en forma de caperuza cubre su mayor altura. Este día de sol incomparable, parece querer dar un mentís a ese tradicional proverbio que dice:

«Tres días hay en el año 
que relucen más que el sol
Jueves Santo, Corpus Christi
y el día de la Ascensión».

Corpus. Día de gloria… día de flores y de sol. Aquí, en la Orotava, este santo día, es de más brillantez que en cualquier otro sitio. La deliciosa villa, viste sus mejores galas. Las calles limpias, primorosamente adornadas, dan la grata impresión de un país de ensueño. La policromía de las múltiples alfombras confeccionadas en su mayor parte con flores naturales, parecen tener una interrogación en cada corola de flor y una sonrisa en cada pétalo.
El gusto artístico predomina en este alfombrado de las calles pinas y asimétricas. Como todos, con religiosidad mística, contemplo las alfombras en las que el genio del artista se funde en estrecho abrazo con esa obra inimitable que la naturaleza labró en las flores: luz y color, armonía suprema, obra de Dios…
En holocausto a él, se ofrenda todo esté derroche de arte, de color y luminosidad. La comitiva religiosa, pasa por sobre las alfombras que los mortales no osaron hollar con su planta por ver en ello la profanación.
Tras de sí deja la procesión las flores marchitas y deshechas. Las flores, más y más flores, muchas flores que antes parecían sonreír, ahora, muestran un gesto de dolor…
Mas no han quedado rotas y marchitas todas las flores… Como algo indestructible, semidivino, podemos admirar en profusión alucinante la eterna maravilla de luz y de color que en sus caras de diosas ostentan siempre las mujeres de la Orotava: Estas, como aquellas, son flores.

Y porque así Dios lo ha querido,
adornándolas como a las rosas,
recreándose en su obra complacido,
como a ellas, las hizo tan hermosas.

Rafael Peña León. La Orotava, 1926.
Revista Hespérides, agosto de 1926 (nº35)

* * *

Fiesta del Corpus Christi en la Villa de La Orotava

Siempre variada, aunque no distinta
camina en Corpus Christi La Orotava.
Religioso su espíritu proclama
la especial aventura ya intimista.
Elementos… Milagros vegetales
llenan de esplendor, dichosa Villa
perfume de sus montes, sus orillas…
hasta el mismo rincón donde hay sus mares.
Con tapices de pétalos y arena…
¡Oh volcán que rendido va a tu pie
y a la hostia sagrada fuego lleva!
qué hay más hermoso que te dé…
por dejar tu andar la propia vida
sino la ofrenda de amor con nuestra fe.
¡Y tú, villa norteña, bien nacida!
Tan llena de mil gracias tus rincones
donde abunda la paz entre las flores;
con tu Señor, Tú siempre agradecida.
Son tus calles bellezas alfombradas
se inclinan a tus pasos cual vecinos
en calidad su adoración de hijos;
levantando tu cáliz ya te alaban.
Para rendirte culto eternamente,
sin agotar el paso caminamos
para seguirte sin pensar dos veces;
¡Qué eres la verdad de cada día!
nos sorprende tu andar a nuestro lado
¡de manera tan franca, inmerecida!

               Carmen Suárez Baute
    “Imágenes en verso” (2005)

Enlace relacionado:

El arte de las alfombras de La Orotava (Infraoctava del Corpus Christi)

Fiesta del Beato Pere Tarrés i Claret

Pere Tarrés i Claret (Manresa, 30 de mayo de 1905 – Barcelona, 31 de agosto de 1959) fue un médico de gran competencia y caridad. Apóstol de la juventud y dirigente de la Federación de Jóvenes Cristianos de Cataluña. Durante la Guerra Civil ejercitó de médico en el frente republicano del Pirineo y del Ebro. Ordenado sacerdote el 30 de mayo de 1942, se entregó totalmente a los hermanos. 

Ya enfermo, pasó en Núria sus últimos veranos atendiendo a grupos de Acción Católica Femenina de la Parroquia de Sarrià (Barcelona), donde se encuentra su sepulcro.

Beatificado en Loreto el 5 de septiembre de 2004, su fiesta tiene lugar el 30 de mayo. Tiene dedicada en Núria una fuente en la Ermita de San Gil (P. Queraltó, 1951) y una escultura en la Basílica (R. Muñoz, 2012).

Oración

Señor, Padre santo: Tú has llamado al bienaventurado Pedro Tarrés i Claret, presbítero, a llevar en su persona la imagen de Cristo, médico corporal y espiritual, y, por la gracia del Espíritu Santo, lo has hecho insigne en la caridad y en la castidad: por su intercesión y su ejemplo, concede a tus fieles perseverar siempre en la Iglesia como testigos y pregoneros del Evangelio. Por Cristo nuestro Señor.

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Vida del Dr. Pere Tarrés

A la Vera Cruz (tríptico)

A la Vera Cruz (tríptico)

I

Escrito fue en el cielo tu existencia
a aquel que de tu amor nunca supiera.
Y en medio del fragor, Cruz verdadera,
te alzaste como altar de la conciencia.

Y fuiste desde entonces plena audiencia
a todo pecador que te inquiriera.
Y fuiste, Cruz de amor, aura cimera
capaz de perdonar toda inclemencia.

Crecidos a tu sombra redentora,
gustamos el manjar de nuestra vida.
Sabiendo que algún día, a cualquier hora,

sin pausa emprenderemos la partida,
al seno ya infinito de la aurora
que emana de tu dicha compartida.

II

Al símbolo de amor que nos tutela
le llueven primaveras de alegría
que visten de floral alegoría
los brazos que su cuerpo nos desvela.

Rendidas a sus pies dejan su estela
las manos que conforman la armonía
y tejen con sublime maestría
el lábaro floral, que nos revela

el culto inmemorial a la verdad
del Hijo de Dios Padre ajusticiado
por culpa de la torpe humanidad.

La Cruz es redentora del pecado
y en ella descubrimos la bondad
que emana de un perdón, ya perdonado.

III

Por vestir a tu Cruz yo me desvelo
buscando lo mejor entre las flores,
son mayos que reviven los amores
que diste sin medida al propio anhelo.

Labrando estoy tu Cruz, que desde el suelo
se erige cual estrella de fulgores
y en ella van clavados los errores
de un torpe pecador que implora al cielo.

Ungido de perdón yo fui signado
y en ínfimo Jordán inmerso en luz.
En él fui, mi Señor, iluminado,

vestido con el cándido capuz,
que nace del encuentro afortunado
contigo y con tu Santa Vera Cruz.

Juan Carlos Monteverde García
(“Teselas”, 2016)

* * *

El sentido de la Cruz

San Rafael Arnáiz Barón (Memoria)

SAN RAFAEL ARNÁIZ BARÓN
Memoria

Antífona de entrada (Sal 91, 13-14)

El justo crecerá como palmera, se alzará como cedro del Líbano; plantado en la casa del Señor, en los atrios de nuestro Dios.

Oración colecta
Oh Dios, que hiciste de San Rafael Arnáiz un discípulo preclaro en la ciencia de la Cruz de Cristo, concédenos que, por su ejemplo e intercesión, te amemos sobre todas las cosas, y siguiendo el camino de la Cruz con el corazón dilatado, consigamos participar del gozo pascual.
Por nuestro Señor Jesucristo.
R/. Amén.

Oración sobre las ofrendas
Dios de bondad, que en San Rafael Arnáiz has querido destruir el hombre viejo y crear en él un hombre nuevo, a tu imagen, concédenos, por sus méritos, ser renovados por ti, como él lo fue, para que podamos ofrecerte un sacrificio que te sea agradable.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

Antífona de comunión (Cf. Mt 19, 27-29)
Creedme: Los que lo habéis dejado todo y me habéis seguido, recibiréis cien veces más y heredaréis la vida eterna.

Oración después de la comunión
Te rogamos, Señor, que nosotros tus siervos, fortalecidos por este sacramento, aprendamos a buscarte sobre todas las cosas a ejemplo de San Rafael Arnáiz, y a ser nosotros, mientras vivamos en este mundo, imagen del hombre nuevo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén

* * *

Al Hermano Rafael

¡Que perfume el de las rosas
en tu atildado jardín!
¡Cuánto requiebro sin fin
en tus noches deliciosas!
¡Sinfonías cadenciosas
de un cántico divinal
que resuena por igual
en la tierra y en los cielos
ya sin cortinas ni velos
en honra al Dios eternal!

                         Porfirio

Festividad de San Rafael Arnáiz Barón

Al Santo Hermano Pedro de Vilaflor

Al Santo Hermano Pedro de Vilaflor

En los rincones dispares del mundo
Siervo de Dios, hermano de los hombres
que a los ricos motivas y a los pobres;
ejerciendo con humildad tu rumbo.
Antepones sacrificio a libertad
pleno tu corazón de valentía
la conciencia le sirve a tu valía
para poner en tus hechos caridad.
¡Qué irónica es la vida en tu actuación!
Fundador de tu escuela, sin estudios
enfermero sin la ciencia, por amor.
Hospital de vagabundos tu pensión,
refugio es tu posada de impedidos
tu casa: ¡lugar de paz y de oración!
incansable terciario franciscano;
luchador por el pobre y la injusticia
y del enfermo, predilecto hermano.
Campanilla pequeña es tu palabra
que llama con tu toque la atención;
mil cosas dice con su voz de bronce
llenando los corazones de emoción.

               Carmen Suárez Baute
   “Imágenes en verso” (2005)

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Festividad del Santo Hermano Pedro

La Resurrección (cántico)

“Aleluya, que Cristo triunfó ya de la muerte y de sus enemigos y de su padecer”.

La Resurrección (cántico)

Resucitó: con melodiosas voces
que el aire puebla de melifluo son,
dice la lira del cantor cristiano:
resucitó.

El que de espinas coronó la plebe
con mofa impía y sin igual rencor,
de luz orlado, Triunfador divino
resucitó.

Blando el trinar de la avecilla amante,
dando armoniosa su sonora voz,
cauta del alba a los sonrientes rayos:
resucitó.

Su dulce acorde la aromada brisa
festiva ensaya al despertar la flor,
y esencia y ecos, confundidos, dicen:
resucitó.

Cantad, oh mares, el que os dio armonía,
y ecos divinos y triunfal rumor,
el que en pañales os fajó de arena,
resucitó.

Tiende con pompa tu encendida veste
por las alturas del espacio ¡oh sol!
que ya el que un día te prendió en los cielos
resucitó.

Claras estrellas que alfombráis la altura,
lindar divino del hogar de Dios;
el que os ha hollado triunfador y fuerte
resucitó.

Cantad, oh vientos; desplegad las alas
tended el vuelo y escuchad mi voz;
decidle al mundo que el Señor de todo
resucitó.

El que en sus brazos a la aurora mece,
el que a la noche entretejió crespón,
el que dio al valle matizadas flores,
resucitó.

Ya jubilosa y redimida se alza
la raza triste que clamó al Señor;
y en himnos santos, entusiasta, dice:
resucitó.

Templos que ayer con enlutadas galas
inspirabais pavura al corazón,
vestid de flores; que el divino Atlante
resucitó.

No ya el doliente y misterioso trino
tus santos coros nos repitan hoy;
canten festivos con divinas voces:
resucitó.

Almas que ayer bajo su impuro yugo
gemir hizo el infernal dragón,
vencido habéis, porque el Cordero santo
resucitó.

Ceñid la Cruz de Inmaculadas flores
si hijas amantes de su gloria sois:
resucitad a la virtud, que el Fuerte
resucitó.

Resucitó: con acordadas voces
cantad su gloria y sus grandezas hoy,
y ebrias de gozo, repetid alegres:
¡resucitó!

                    Juan B. Pastor

Imagen ilustrativa: “La Resurrección”, óleo del pintor danés Carl Heinrich Bloch .

La devoción al Patriarca San José

La devoción al Patriarca San José

Muchísimos son los devotos de San José que han atestiguado haber hallado consuelo y remedio a sus necesidades, implorando la protección de este glorioso Patriarca: hombres, mujeres, ancianos, jóvenes, todos, siendo fervientes devotos de San José, han experimentado la poderosa virtud de su patrocinio, porque según dice San Bernardo: «él mismo abre su pecho para que de sus piedades se surtan y provean todos largamente».

¡Cuántas miserias templadas y cuantas desgracias remediadas por su poderosa intercesión! Leamos la vida de Santa Teresa de Jesús, escrita por su mano y en ella encontraremos elocuentísimas palabras, asegurando que habiendo tomado por abogado al glorioso San José y encomendándose mucho a él con verdadera devoción; no recordaba haberle suplicado cosa que la hubiera dejado de hacer, y en todas las sabias y meritísimas obras de tan gran santa, recomienda eficazmente esta devoción, porque siempre resulta para consuelo de los cristianos, que San José es su protector, su amparo, su sombra y su refugio; que su patrocinio no solamente es seguro, sino también poderosísimo: que la representación de nuestras miserias, su piedad y ternura, el ejemplo de su misericordiosísima Esposa y de su Hijo, los intereses de la sangre del unigénito de Dios vertida por nosotros, y últimamente la experiencia testificada por los Santos; todo está acreditando una finísima voluntad y un patrocinio seguro.

Testimonio elocuentísimo de esta voluntad y patrocinio, lo es, el que en todo el orbe católico se celebra con la mayor solemnidad la festividad de San José, del Padre putativo del Hijo-Dios, del esposo amantísimo de la Virgen María, y cuando por todas partes y en todos los sitios se cantan las glorias del benditísimo Patriarca, entonces el alma cristiana respira de gozo y siente una verdadera satisfacción, nacida de la esperanza, porque el esposo de María Santísima no desoye nunca cuanto se le pide, escucha atento los ruegos de sus devotos, intercede é implora de la divina Providencia la realización de los favores que se le piden.

Postrémonos todos a los pies de San José, llenos de esperanza, pero practicando a la vez las virtudes cristianas, en la seguridad, de que con su patrocinio seremos verdaderamente venturosos, verdaderamente felices y verdaderamente cristianos.

Francisco Jiménez Marco (1898)

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Al Patriarca San José

Diste a Jesús tu cariño,
y es tu cariño tan fuerte,
que jamás logramos verte
si no es con el tierno Niño.

Y estés andando o parado,
y estés sentado o de pie,
siempre en tus brazos se ve,
y a ti en mirarle obstinado.

Tus brazos trono le dan;
tus labios miel y dulzor,
y tu mirada ese amor
que El busca con tanto afán.

Mas la actitud extasiada
de tu bendita figura,
también, José, nos augura
¡que en el taller no haces nada!

Pues al quererle cuidar
con tanto y tanto ardimiento,
¡no tendrás nunca un momento
para darte a trabajar!

Yo, pues, que siento gran pena
de que no ejerzas tu arte,
vengo gozoso a brindarte
un medio de hacer faena.

Para que tú, buen José,
tomes la gubia o la sierra.
¡al Rey de cielos y tierra
yo en mi regazo tendré!

Su frente es blanco jazmín;
su boca es rojo clavel,
y allí mis besos de miel
pondré con ansia sin fin…

Mis brazos trono le harán,
mis versos daránle honor,
y el corazón ese amor
que Él busca con tanto afán.

Pero… ¿no quieres?… ¿Te humilla?…
¿Qué pena tu pecho embarga?
¿Qué es esa lágrima amarga
que resbala en tu mejilla?…

Ah!, sí…, ya sé…; ¡no te atreves!
¡Tan necio y tan loco he sido!
¡Tantas veces le he ofendido
con mis acciones aleves!

Mas… ¡dámelo! ¿No querrás?
Yo mi constancia aseguro…
Déjamelo… ¡Yo te juro
no abandonarlo jamás!…

Yo pagaré con usura
todo el gran mal que le he hecho;
verás, verás en mi pecho
¡qué incendio de amor fulgura!

Y si algún día, atrevido,
Satán de nuevo me intima,
y ves que avanzo a la sima…
y ves que de Dios me olvido…;

si ves que corro obcecado
y extiendo hacia el mal mis alas…
¡oh!, sea a buenas o a malas,
¡líbrame tú del pecado!

Muéstrame que eres mi amigo…
Detén mi fuga inaudita…
¡Toma tu vara bendita,
y usa tu vara conmigo!…

      Pascual Lull Giménez