La Santísima Virgen del Carmen y su escapulario

Hoy celebramos la popular y sentidísima fiesta de Nuestra Señora del Carmen, una de las advocaciones que más místicamente ha logrado apoderarse del sentimiento cristiano: celebramos y solemnizamos en el día de hoy una de las más estupendas misericordias de la que es Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; la incomparable y altísima misericordia, que se encierra en el santo Escapulario del Carmen, que es una de las prendas de amor más grande y singular que perpetuamente nos da el maternal Corazón de la Virgen Santísima: al mirar a la Santísima Virgen del Carmen, instintivamente se nos va el alma y el corazón a su santo Escapulario, que es prenda de salvación.

He aquí las dulcísimas, amorosas y celestiales palabras, que a Simón Stock dijo la Santísima Virgen, cuando para él y para todos los cristianos trajo de cielo el Escapulario del Carmen e hizo entrega del mismo al Santo para la salvación de innumerables almas:

“Recibe el Escapulario de tu Orden en prueba de mi especial benevolencia y protección, y para que sirva de privilegio a todos los carmelitas. Por este vestido o librea se han de conocer mis hijos y mis siervos.
En él TE ENTREGO UNA SEÑAL DE PREDESTINACIÓN y una como escritura de paz y de alianza eterna y una defensa en los peligros. EL QUE TENGA LA DICHA DE MORIR CON ESTA ESPECIAL DIVISA DE MI AMOR, NO PADECERÁ EL FUEGO DEL INFIERNO”.

* * *

Mis cantares (a la Virgen del Carmen)

Virgencita del Carmen,
¡Cuánto te quiero!
no más pensar en ti
vivo que muero…

Unos aman la vida,
otros la muerte;
yo si a escoger me dan,
quiero quererte.

Por estar a tu lado,
¡oh Madre mía!
y gozar de tu vista,
al Cielo iría.

¡Virgencita del Carmen!
Cuan bien pareces
con ese escapulario
que nos ofreces.

Vísteme, Madre mía,
con tu librea;
no quiero más blasón
ni más presea.

Al partir de mi hogar,
tu escapulario
fue de tiernos recuerdos
el relicario.

Surcando voy los mares
con rumbo cierto,
y espero he de llegar
seguro al puerto.

Pues sois, Virgen, la nave
segura y nueva
que a todos tus devotos
al Cielo lleva.

Y es la segura tabla
de salvación
tu santo escapulario,
que es mi blasón.

Rosa de Jericó
Flor del Carmelo,
quiero aspirar tu aroma,
¡llévame al Cielo!

             Augusto Olangua, C.M.F.

El recuerdo emocionado de mi virgencita de los Remedios de Los Llanos de Aridane

Rescatamos un texto¹ publicado en 1938 que, por su interés y emotividad, nos abre el corazón de júbilo en este día de 2 de julio: la historia de un soldado palmero que en plena Guerra Civil española, entre trincheras y el fatídico silbo de las balas, tiene un recuerdo para su Virgen de los Remedios. Una virgen también especial para nosotros. Hoy nuestro pensamiento se encontrará en el Valle de Aridane junto a su patrona, teniéndola presente de manera particular en nuestras oraciones.

El recuerdo emocionado de mi virgencita

He arrancado del calendario de mi alma, porque aquí, en la guerra, no tengo otro, una hoja. Una hoja, que se ha llevado un día, para dar paso al de hoy: 2 de Julio. ¡Con qué inefable emoción lo pronuncian los labios! ¡Con qué hondo sentimiento llega esta fecha al corazón!

La inmensa mayoría de los que me leéis, no sabéis de qué proviene esta emoción y este sentimiento. Pero yo si lo sé, y os lo voy a decir. Es que ni los disparos intermitentes de la fusilería, ni el “tabletear” de las ametralladoras, ni las bombas de los morteros, que esta tarde han caído en nuestras líneas con prodigalidad, han podido evitar que mi pensamiento vuele hoy a Canarias. Y salte a la más lejana y la más bella de las islas. Y busque una ciudad poética, dormida en el regazo maravilloso de un valle. Y allí encuentre una Iglesia, perfumada de incienso, de rosas y magnolias, que tiene en su Altar Mayor, preparada para el tránsito religioso y emocional, en unas andas de plata, a la Virgen de los Remedios, con la corona majestuosa, el manto tejido con primaveras y con luz, entre los brazos un niño pequeño y gracioso, que tiene la carita caída hacia atrás, en una tierna dejadez de ensueño, y las manitas buscando las inconfundibles caricias maternales. Allí está la Virgencita buena, oyendo la oración de todas las madres, de todas las hermanas, de todas las novias, que estremecidas de emoción y de congoja, han llegado suspirantes y trémulas a sus plantas, para decirle por el dolor y la alegría de la guerra, por la Muerte y la Gloria: Dios te salve, María…

Parece esta una impresión aislada, personal, sin importancia alguna. La tiene, sin embargo, y grande; porque esta nostalgia, esta saudade indefinible, esta mezcla de satisfacción íntima y de dilacerante amargura, es la misma cosa que, desgarrándoles el alma, sienten todos los que aquí luchan, en el día memorable de sus fiestas del terruño lejano. En el día de las festividades grandes. Generalmente, las del Patrón o Patrona. Todos traen a la memoria ese día mil recuerdos de tiempos pretéritos…

Allí está la Iglesia donde los labios maternales nos enseñaron las primeras preces. Al lado, la plaza, que sabe de los primeros ingenuos amores de chiquillo. Allí las campanas, que repicaban jubilosas, con sonoridades tan suyas, que por ninguno de los caminos de España las hemos vuelto a oír; campanas que nos llamaban con los frescores del alba, en las mañanas azules de la Resurrección. Allí, el paisaje ubérrimo, de colorido inigualable, y la tranquila belleza de aquel cielo, donde las estrellas parpadean con vivos fulgores; aquellas estrellas que guiaron nuestros pasos en la noche; y que hoy, aquí, nos llaman ofreciéndonos sus moradas astrales. Allí las calles y viejos senderos de nuestras correrías infantiles; y los laureles que guardaron insospechados secretos, y que hoy me dicen que languidecen y mueren, como tantas juventudes y tantas ilusiones, Allí las ventanas tras de las cuales presentimos las primeras miradas esperanzadas; y la luz de las pupilas familiares y el sedante de los cariños maternales, que entraba en los inviernos del alma como bandada de golondrinas portadoras de una sonrisa primaveral. Allí… ¡tantas cosas!

El Valle de Aridane, en la Isla de La Palma, se habrá volcado hoy, como tantos otros años, sobre mi ciudad natal. Los Llanos de Aridane saben hoy, en la inquietud de las horas que vivimos, de la alegría y del respeto a sus tradiciones piadosas. Yo no sé si las fiestas tendrán este año aquel tipismo de su especial desarrollo, aquel cuadro colorista de costumbres, o por el contrario, contrastes vivísimos y exquisiteces nuevas; pero si os digo que tal vez agrandado, ofrezca, como nunca, con relieves especiales, todo un cúmulo de belleza y un tesoro de fe. Yo no sé si repicarán tan alto las campanas y los cohetes atronarán el espacio tan profusamente; pero si os digo que la multitud se hallará imbuida en sus hondos pensamientos, de un respetuoso anhelo fervoroso. Habrá más silencio. Ese fervor se desdoblará en dos mitades: la sonrisa y el sollozo, la pena y la alegría.

Ya yo me imagino, yo estoy viendo en la tarde serena y dorada, oreada por un tibio ambiente de primavera, aromada de rosas, claveles y jazmines, entre las verdes acátelas y bajo el cielo azul, sin una nube, ya yo estoy viendo cómo pasa mi Virgen de loa Remedios entre un inmenso gentío. Ya veo cómo se destaca, cómo se yergue su silueta ideal, brillando la corona bajo ese cielo diáfano, que se va poniendo pálido, llenándose de innúmeras y dulcísimas estrellas que ponen en el rostro de la imagen los célicos reflejos de una luz suave y mística.

En esta hora, cuando Véspero, en una prolongada despedida, terminó de besar la carne dolorida de estas tierras de España, y siguen las estrellas enviándonos su luz, yo me imagino, Virgencita inolvidable, que irás llegando ya a la Iglesia, hundiéndote, lentamente, en las sombras oscuras de sus muros; perdiendo, poco a poco, tu perfil, bello y santo; desvaneciéndose, en la penumbra del fondo, tu silueta amarillenta, casi lívida, ante tantas miradas que te dicen que no olvides a los que por tu fe y por nuestra España, luchan y mueren. Y nada más. Las anchas puertas se estarán cerrando. Vosotros ya estaréis, seguramente, en la calle, en la vida terrena, en lo material, en lo de siempre. Yo, en la guerra, entre el “tabletear” de las ametralladoras y el trepidar de los cañones, aún continúo, en espíritu, arrodillado a las plantas de mi Virgencita querida: Dios te salve, María…

Pedro Hernández y Hernández. En las trincheras. 2 de Julio II Año Triunfal.

1. Diario “Amanecer”, 9 de julio de 1938.

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Enlace relacionado:

Nuestra Señora de los Remedios, patrona del Valle de Aridane

Letanías de la Preciosísima Sangre del Señor

Letanías de la Preciosísima Sangre del Señor

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, que sois un solo Dios, ten piedad de nosotros.

Sangre de Cristo, Sangre del Unigénito del Padre Eterno, sálvanos.
Sangre de Cristo, Verbo de Dios Encarnado, sálvanos.
Sangre de Cristo, derramada sobre la tierra en la agonía, sálvanos.
Sangre de Cristo, vertida copiosamente en la flagelación, sálvanos.
Sangre de Cristo, emanando en la coronación de espinas, sálvanos.
Sangre de Cristo, derramada en la Cruz, sálvanos.
Sangre de Cristo, prenda de nuestra salvación, sálvanos.
Sangre de Cristo, precisa para el perdón, sálvanos.
Sangre de Cristo, bebida eucarística y refrigerio de las almas, sálvanos.
Sangre de Cristo, manantial de Misericordia, sálvanos.
Sangre de Cristo, vencedora de los espíritus malignos, sálvanos.
Sangre de Cristo, que das valor a los mártires, sálvanos.
Sangre de Cristo, fortaleza de los confesores, sálvanos.
Sangre de Cristo, inspiración de las vírgenes, sálvanos.
Sangre de Cristo, socorro en el peligro, sálvanos.
Sangre de Cristo, alivio de los afligidos, sálvanos.
Sangre de Cristo, solaz en las penas, sálvanos.
Sangre de Cristo, esperanza del penitente, sálvanos.
Sangre de Cristo, consuelo del moribundo, sálvanos.
Sangre de Cristo, paz y ternura para los corazones, sálvanos.
Sangre de Cristo, promesa de Vida Eterna, sálvanos.
Sangre de Cristo, que libras a las almas del Purgatorio, sálvanos.
Sangre de Cristo, acreedora de todo honor y gloria, sálvanos.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, óyenos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.

V). Oh, Señor, nos ha redimido en tu Sangre.
R). Y nos hiciste reino de nuestro Dios.

Oremos

Omnipotente y Sempiterno Dios, que constituiste a tu Unigénito Hijo Redentor del mundo y quisiste aplacarte con su Sangre; te suplicamos nos concedas que de tal modo veneremos el precio de nuestra Redención, que por su virtud seamos preservados en la tierra de los males de la vida presente, ¡para que gocemos en el Cielo de su fruto eterno! Por el mismo Cristo Nuestro Señor. Amén.

(Letanía aprobada por el Santo Padre Juan XXIII).

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Fiesta de la Preciosísima Sangre de  Nuestro Señor Jesucristo

Conozcamos a Dios, conozcamos su Corazón

Conozcamos a Dios, conozcamos su Corazón

El mes de Junio trae cada año a la memoria del pueblo cristiano el recuerdo al  dulcísimo del Sagrado Corazón, y con la devoción al Sagrado Corazón el testimonio más grande de la misericordia de Dios.

Este Corazón, sobremanera amable, nos ha amado infinitamente. El fuego sagrado en que se abrasa no puede ser otro que aquel que vino a poner El en la tierra, y que desea ver propagado por todas partes. El estuvo siempre abrasado en este amor. Amó a los suyos y a su pueblo; amó a sus enemigos y a sus verdugos. Pidió perdón para ellos, y oró, sufrió y murió por ellos…

El salmista nos dice que “sus misericordias están sobre todas sus obras” y, aunque a primera vista parece una exageración, no lo es; porque la misericordia de Dios brilla en todas sus obras. Brilla en la creación lo mismo que en la redención; lo mismo cuando castiga que cuando premia y colma de beneficios a su pueblo.

Cuantas perfecciones  y hermosura contemplan nuestros ojos en la tierra y en los cielos, nos hablan de la magnificencia y poder del Creador; pero todo es obra de su misericordia; todo ha sido creado para el hombre, que es el rey de la creación, capaz de comprender la grandeza y majestad de Dios… Y el mismo hombre ha sido creado por amor: Dios le sacó de la nada por puro amor, para hacerle participante de su naturaleza divina por la gracia.

Pero el hombre renunció a esta dicha por el pecado, quedando en la más espantosa miseria. Pudo Dios haber aniquilado al hombre, que le había desobedecido, y había rechazado su amor infinito… pero, precisamente, el lamentable estado en que quedó el hombre fue lo que conmovió a Dios a compasión: triunfó sobre la justicia su amor, su misericordia.

Dios prometió al hombre el socorro de un Redentor. Y este Redentor será el mismo Dios, que se hará Hombre para hacerse misericordioso: para poder sentir como propias las miserias ajenas, para entristecerse con los tristes, llorar con los atribulados y enfermar con los que padecen. Si fuese sólo Dios, y no hombre no entendería de lágrimas, ni de temores y tristezas; pero siendo “Dios y hombre”, ya tiene un corazón para sentir como propias las tristezas de los desgraciados y comprender la amargura del llanto.

¡Es hombre! Tiene corazón de hombre que se afligió por la suerte de la oveja perdida, y se entristeció por las negaciones de Pedro, y se estremeció con las lágrimas de Magdalena y se llenó de espanto por la condenación de Judas.

Los fariseos, hipócritamente escandalizados de Jesús, lanzaban contra El una acusación, que es su mayor timbre de gloria: “Este recibe a los pecadores”. Y es verdad, esas palabras son la divisa de su escudo, la mejor ejecutoria de su vida, el lema que podíamos poner sobre su Corazón, lo mismo que en la puerta del Sagrario y en lo alto de la Cruz. Este recibe a los pecadores. Sólo Jesús los recibe. Sólo su Corazón amoroso les ofrece seguro asilo. El mundo desprecia a los pecadores, los condena y escarnece. Solamente Jesús tiene un Corazón abierto para recibirlos.

En este mes de Junio, Jesús, Nuestro Adorable Salvador, nos abre de par en par las puertas de su Corazón. No se las cierra a nadie por muy pecador que sea. Es más, cuanto mayor sea el pecado del que a El acude, mayor será también su misericordia… Vayamos todos, pues, al Corazón Sagrado de Jesús, para que le proporcionemos el consuelo de volcar sobre nosotros los tesoros infinitos de su misericordia.

P. Jesús Cabrera Medina, Revista Betania (Junio de 1947).

Imagen: “El Sagrado Corazón de Jesús adorado por todos los pueblos del mundo”, Hippolyte-Dominique Holfeld (1804-1872).

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Oración al Sagrado Corazón de Jesús

Oh Señor Jesús, a tu Sagrado Corazón yo confío esta intención. Solo mírame, entonces haz conmigo lo que tu Corazón indique. Deja que tu Sagrado Corazón decida… Yo confío en ti. ¡Me abandono en tu Misericordia, Señor Jesús! Ella no me fallará. Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío. Sagrado Corazón de Jesús, creo en tu amor por mi. Sagrado Corazón de Jesús, que venga tu Reino.

Oh Sagrado Corazón de Jesús, te he pedido por tantos favores, pero con ansias te imploro por esta petición. Tómala, ponla en tu abierto y roto corazón, y cuando el Padre Eterno la mire, cubierta por tu Preciosa Sangre, no podrá rehusarla. Ya no será más mi oración, sino la tuya, Oh Jesús.

Oh Sagrado Corazón de Jesús, pongo toda mi confianza en Ti. Nunca permitas que me confunda. Amén.

Santa María Micaela del Santísimo Sacramento, la Santa de la Eucaristía

“Es mi elemento y mi vida el Santísimo Sacramento, y cuando le veo expuesto, soy la criatura más feliz de la tierra… Que nuestro distintivo sea amar a Dios como nadie: que en el amor a Jesús Sacramentado nadie nos lleve ventaja”. 

Madre María Micaela.

María Micaela Desmaisiéres y López de Dicastillo vino al mundo el 1 de enero de 1809 siendo el quinto fruto matrimonial de Miguel Desmaisiéres y Bernarda López, insignes miembros de la nobleza española que todavía aumentarían con cinco hijos más su aristocrática familia. Durante su infancia padeció en vivo las consecuencias de la invasión francesa contra la cual se vio obligado a combatir su progenitor en calidad de militar de alta graduación.

Normalizada la situación política es enviada al Colegio de las Ursulinas de Pau donde hizo la Primera Comunión. Recibió de sus padres una esmerada formación religiosa en la que se le inculcan los principios morales de la recta conducta, así como una delicada solicitud por los más desvalidos. En su juventud sobresalen ya dos rasgos que la van a caracterizar después: intensa devoción a la Eucaristía y obsequioso amor a los pobres cuidando personalmente en Guadalajara —donde solía residir los veranos— de los enfermos de cólera.

Su excepcional educación y posición social le abren todas las puertas, pero Micaela sabe conducirse con enorme responsabilidad y mesura en todo y con todos. Existe un período de su vida que ella califica como «años perdidos» ya que se ve obligada a alternar en diversos círculos de ambiente frívolo. Después de tres años de limpio noviazgo con un joven ejemplar, la inminente boda se rompe por cuestión de intereses. En un cuaderno autobiográfico escrito con admirable espontaneidad resumirá estas relaciones con la siguiente frase: «Todo era tomarnos cuenta de los rezos y quién hacía más oración».

Acompañando a un hermano diplomático alternó en París y Bruselas con muchas personalidades teniendo que participar en teatros, tertulias y bailes pero siempre atenta a las exigencias de su intensa vida religiosa. Porque lo que nadie podía sospechar era que a los dolores agudos originados por su enfermizo estómago añadía ella la tosca aspereza de un doloroso cilicio. Ha de madrugar muchísimo para hacer su oración y recibir la Comunión diaria.

En 1844 empieza a visitar el Hospital de San Juan de Dios en Madrid. Quedó tan profundamente impresionada de la penosa situación de prostitutas enfermas que esta tremenda experiencia será el germen de su obra la cual pasó por diferentes etapas y pruebas durísimas: incomprensiones, abandonos de amistades, calumnias, burlas y un largo catálogo de trances crucificadores. Se apoya únicamente en Dios y se deja conducir por un insigne director jesuita que le anima constantemente. En 1852 la Obra se consolida y las jóvenes colegiales recuperadas de la vía pública, van en aumento.

La Vizcondesa de Jorbalán comprende que es necesaria una Congregación que dé estabilidad al maravilloso proyecto de acertar a reducarles a integrarlas en la sociedad una vez totalmente rehabilitadas. El 1 de enero de 1857 hacen sus votos las primeras «Adoratrices y Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad». Pronto se expanden por varias ciudades de España. La Fundadora que había adoptado el nombre de «Madre Sacramento» fallece en Valencia el 24 de agosto de 1865 contagiada por el cólera y víctima de la caridad. Beatificada en 1925 fue canonizada por Pío XI en 1934. Esta mujer extraordinariamente audaz y San Antonio María Claret constituyen las dos figuras más grandiosas del catolicismo español del siglo XIX.

Centrada en la Eucaristía

Son tantos los rasgos eucarísticos que configuran la fisonomía espiritual de Santa Micaela que los biógrafos tienen dificultad en describirlos. Es verdad que ocurre lo mismo con los grandes santos adoradores del Sacramento del Amor. Intentemos, con brevedad sumaria, recoger algunos datos especialmente significativos donde resalta esplendorosamente la personalidad reciamente eucarística de Santa Micaela, figura colosal del Santoral cristiano. Quien se acerca a ella queda subyugado por su grandeza moral que derivaba ciertamente de su indecible amor a Jesús Sacramentado. Santa Micaela constituye un astro de primera magnitud en la fulgurante constelación de las almas eucarísticas más eminentes.

No perder la comunión diaria le supuso grandes heroísmos recompensados con hechos que rayan en el milagro. Cuando teme no poder comulgar, por lo insólito de la hora en que se ve obligada a viajar, aparece un sacerdote que se ofrece a celebrar la Misa en plena madrugada. Cuando se entera, ya fundadora y en su primer colegio, del sacrilegio cometido por una joven recogida del arroyo, se postra deshecha en llanto en la tribuna de la capilla exclamando ante Jesús Sacramentado: “¿Cómo has podido consentir, Señor, tamaña ofensa en tu casa? De haber previsto yo esta infamia, jamás hubiera abierto el Colegio”.

Y es que le quemaba el celo por todo lo que se refería a su Señor Sacramentado. Siempre que hablaba de la Eucaristía su semblante se transfiguraba y su corazón parecía arder en vivas llamaradas. Tal fue su hermoso carisma que como creciente caudal de un río se iba ensanchando en el decurso y desarrollo de su hermosa Obra y de su fecunda vida absorbida enteramente por el Sacramento. Aunque sucedió en su etapa seglar merece ser conocida su intervención en un Convento de Burdeos ganado para la causa jansenista y donde reinaba un increíble rigor que apartaba a las Religiosas de la Comunión.

El Señor Arzobispo conocedor del temple apostólico y eucarístico de la Vizcondesa de Jorbalán, le ruega que hable con las monjas, y ella, venciéndose lo indecible se presenta en el locutorio. Primero convence a la Superiora, y en una segunda intervención habla a toda la Comunidad que rompe en un mar de lágrimas ante las palabras convincentes y llenas de fuego de Micaela. Se reconcilian totalmente con el Arzobispo, piden perdón y normalizan su vida religiosa y sacramental, abjurando de la peor herejía contra el amor de Dios cuya máxima expresión es el Sacramento del Altar. Y es que en 1847, a poco de llegar a París después de hacer en Madrid sus Ejercicios Espirituales, recibe una gracia mística el día de Pentecostés, y a partir de ese momento su vida cambiará radicalmente.

La experiencia de la presencia eucarística y la caridad con los más indigentes en todas sus formas son los polos de atracción y dinamismo sobrenatural para la sacrificada Vizcondesa de Jorbalán.

Textos Eucarísticos

Hemos de escoger forzosamente muy pocos en el repertorio de su interesante autobiografía donde la Eucaristía es el centro de sus experiencias y confidencias. Así, nos confiesa con sencillez: «Me sentía morir: al llegar el sacerdote a darme la comunión vi al Señor como si de su Corazón sacara la Forma que me daba en aquel momento. Y la Santísima Virgen estaba a mi lado, y la veía más cerca y mejor que al Señor». Una testigo declara lo que observó calificándolo de «éxtasis» en sentido místico: «Sus ojos, fijos en la Sagrada Hostia, aquel color encendidísimo en su cara, aquella inmovilidad y absoluta abstracción de cuanto la rodeaba, pues nada la distraía de la profunda atención con que se abismaba, demostraban claramente que debía estar sumida en éxtasis divino».

En el Libro de los Favores divinos, Madre Sacramento nos ha relatado hechos admirables de su prodigiosa vida eucarística. La espiritualidad micaeliana no puede entenderse sin esta pasión ardentísima por el Sacramento que la convierte en una «loca de la Eucaristía». Será difícil hallar en toda la Hagiografía una figura más injuriada y calumniada que la Fundadora de las Adoratrices. La amargura tan intensa que le producía el cúmulo de falsas acusaciones contra ella le obligaban a quejarse amorosamente ante Cristo Sacramentado a quien le decía, a veces, entre abundantes lágrimas: “Señor, si a Ti no te sirvo en medio de tantas contradicciones, entonces ¿a quién serviré?” Y oía una voz que respondía dentro del Sagrario pero que ella escuchaba con toda claridad en el fondo de su alma: “A Mí me sirves. Sigue adelante que Yo estoy contigo”. En efecto, en medio de tantas borrascas y tormentas el Señor se complacía en manifestarles que estaba con ella, premiando su fidelidad.

Hay una escena biográfica que pone de relieve su indescriptible amor a la Eucaristía la cual presidía todos sus Colegios de rehabilitación y educación moral para una numerosa legión de jóvenes caídas. Un día se presenta en la Casa de Atocha el párroco con la orden del Señor Arzobispo de que suprimiera el Sagrario trasladando el Copón a su Parroquia. El sacerdote somete a Madre Sacramento a un humillante examen y aduce —muy mal informado— que no hay suficiente limpieza en el templo. Micaela le invita a recorrer la Capilla y que viera con sus propios ojos cómo trataba ella al Amor de sus amores. El párroco entra en el templo y se arrodilla. Permanece inmóvil. Cuando se levanta después de media hora se dirige a la Vizcondesa para decirle llorando: “Señora, me habían engañado. No lo dude: Jesucristo no quiere salir de este recinto porque está muy contento. Yo mismo informaré al Señor Arzobispo. Usted tiene preso a Jesús Sacramentado con cadenas de amor. Siga su Obra porque es Dios quien la guía”.

Cuando Micaela despidió cortésmente al sacerdote corre a su Capillita y se arroja a los pies del Sagrario exclamando con incontenible alegría: “Señor, ¡Triunfamos, triunfamos! ¡Guárdame Tú a mí siempre que yo te guardaré a Ti, a costa de mi vida, pues no tengo ya corazón donde quepan tantos amores!”.

No es posible aducir aquí sus muchas frases, comentarios y testimonios eucarísticos que nos dejó por escrito, y que testigos presenciales recogieron amorosamente para legarlas a la posteridad.

Lección de una gran fundadora

Merece Santa Micaela ser designada Co-Patrona de la Adoración Nocturna Española. Cuando llega a Bélgica en 1848 la encuentra extendida por todas partes. Pero recibe el honroso encargo de introducir la Adoración Nocturna en el Hogar con la Obra de los Tabernáculos que ella funda en Bélgica. Mientras se entregaba aquí y en París al desarrollo de esta Obra eucarística no olvidaba a su querida Patria. Con razón afirma uno de sus biógrafos refiriéndose a la Adoración Nocturna Española: «A la Madre Sacramento se debe su introducción en España, como también le debe el mismo beneficio la Ciudad de París».

Su figura, sus empresas apostólicas —de marcada índole social que hicieron de ella una adelantada en el más difícil campo educativo y de rehabilitación— y su espíritu de adoración eucarística la convierten en un completo modelo para todos cuantos militan en la Adoración Nocturna. En nada impide su condición de Fundadora y Religiosa esta admirable función ejemplificadora. Por otra parte fue en su etapa de seglar cuando impulsó varias obras eucarísticas.

Nuestros adoradores han de mirar con afán de sincera edificación a la figura prócer de Santa Micaela del Santísimo Sacramento dejando a un lado sus admirables gracias místicas. Lo importante en ella es su espíritu eucarístico y su talante de perfecta y fiel adoradora. Esto es lo verdaderamente imitable para cada adorador en su propio estado y condición. Aprendamos a adorar y reparar a Cristo Sacramentado siguiendo los iluminadores pasos de la Vizcondesa de Jorbalán, preclara Fundadora y singularísima alma eucarística.

Andrés Molina Prieto, Pbro.
La lámpara del Santuario, Enero de 2002.

Oración a Santa María Micaela del Santísimo Sacramento

Ardentísima y constante adoradora en la tierra de Jesucristo oculto en la Eucaristía, a quien ya contemplas sin velos en la celestial Sión, Santa Madre Sacramento; gózome intensamente al mirarte circundada del esplendor de la eterna beatitud, por lo que doy gracias al Dador de todo bien que tan prodigiosamente te adornó de sus más preciosos dones, especialmente del de la perfecta caridad para con Dios y con el prójimo, y te suplico te valgas de tu poderosa intercesión con Aquél que tanta predilección te ha demostrado, para que derrames en mi alma las gracias de que tengo necesidad para cumplir con toda perfección la divina voluntad en este destierro y glorificarlo eternamente en la celeste patria. —Amén.

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Santa María Micaela del Santísimo Sacramento, 150 aniversario de su fallecimiento

A la Virgen del Desprecio

Nuestra Señora la Virgen del Desprecio es una advocación que se celebra en la localidad segoviana de Martín Muñoz de las Posadas el lunes de Pentecostés. Se trata de una representación pictórica de la Virgen de la Soledad.

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A la Virgen del Desprecio

Virgen, virgen del Desprecio,
mira, ya llegó tu hora
de que te adoremos todos
y que no te sientas sola.

Dinos y te seguiremos
dinos, donde está la gloria
y caminaremos todos
juntos, ante ti Señora.

Virgen del Desprecio
quiero estar contigo
llévame en tus andas
ábreme el camino
que mis ojos vean
lo que tú has querido
estando a tu lado
yo estoy protegido.

                      Letra y música: Lázaro Sáez

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Foto: Página del ayuntamiento de Martín Muñoz de las Posadas (Segovia).

Santa Rita de Casia, patrona de las causas desesperadas

Santa Rita de Casia, viuda y religiosa

Los padres de Rita, naturales de Casia, era ya de avanzada edad cuando obtuvieron de Dios, por intercesión de la Virgen María, a su única hija, nacida sin dolores y por milagro, poniéndole el nombre de Margherita por indicación de un ángel. Cuenta una leyenda que al quinto día de su nacimiento su boca sirvió de morada a un enjambre de abejas blancas, que en suave susurro publicaban lo perfecto de aquella tierna flor. Era muy humilde, obediente, caritativa y dada a la oración. Muy poco costó inclinarla a las virtudes, por las que sentía natural disposición, ofreciéndose ella al Señor en perfecta virginidad. Más sus padres, sin consultarla, la ofrecieron en matrimonio a uno de sus muchos pretendientes. Resignada Rita, después de haber consultado en oración, se casa con un marido que a poco manifestó su mal carácter, llevando la cruz con suma paciencia y resignación. Sufrió pacientemente sus malos tratos, procurando ganarlo con su humildad y condescendencia y con múltiples súplicas al Señor.

Muerto violentamente pidió Rita a Dios que sus dos hijos no le vengasen, y, oído su ruego, Rita quedo sola al morir ambos de manera natural. Ya viuda y sin hijos quiso entrar en las religiosas de las Agustinas de su pueblo natal, pero éstas no quisieron admitirla las tres veces que se presentó; puesta en oración, se le aparecieron San Juan Bautista, San Agustín y San Nicolás de Tolentino, que le aconsejaron fuese al monasterio, en el que entró sin abrirse ninguna puerta, siendo admitida a la vista de tal milagro. Allí ejemplarizó su vida santa y de penitencia.

Su vida de religiosa resultó un ejemplar de perfección; tuvo tal afecto a la Pasión, que Jesucristo le impuso una corona de espinas, dejando huellas en el exterior (una llaga en su frente). Después de cuatro años de enfermedad fue visitada por Jesús y María en la hora de su muerte, el 22 de mayo de 1457. Fue beatificada por Urbano VIII en 1627 y canonizada por León XIII el 24 de mayo de 1900.

Oración a Santa Rita de Casia

¡Oh, excelsa taumaturga Santa Rita, desde tu verdadero Santuario de Casia, donde con suave semblante duermes el sueño de la paz y tu cuerpo despide celestiales efluvios, vuelve tus ojos piadosos hacia mí que tanto sufro y lloro!
Tú vez a mi pobre corazón, rodeado de espinas y sangrando por el dolor. Tú vez, querida Santa, que mis ojos no tienen ya lágrimas de tantas como han vertido. ¡Rendido, desalentado, hasta la oración sale trabajosamente de mis labios! ¿Habrá de invadirme la desesperación en esta circunstancia de mi vida? Ven pues, Oh Santa Rita, ven a socorrerme y ayudarme. ¿No eres tú la que los pueblos cristianos llaman Santa de los imposibles, Abogada de los casos desesperados? Intercede pues en mi favor, para que el Señor me conceda la gracia que le pido (dígase el favor deseado). Todos ensalzan tus glorias, todos narran los milagros más extraordinarios que el Señor ha obrado por tu intercesión; ¿habré de quedar solo yo decepcionado porque tú no me escuches? ¡Oh no! Ruega, pues. Ruega por mí para que tu dulce Jesús se apiade de mis aflicciones y que por ti, bondadosa Santa Rita pueda obtener lo que tan ardientemente ansía mi corazón.—(Tres padrenuestros, Avemarías y Glorias).

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Enlace: Santa Rita de Casia y su devoción en Canarias

Festividad de Santa Joaquina Vedruna, fundadora de las Carmelitas de la Caridad

El cuerpo incorrupto de santa Joaquina Vedruna se encuentra en el oratorio del Colegio Vedruna El Manso Escorial de Vich (Barcelona).

Joaquina Vedruna Vidal, fundadora del Instituto de Religiosas Carmelitas de la Caridad, nació en el seno de una familia de noble linaje el 16 de abril de 1785 en Barcelona. Joven de grandes virtudes, a los 12 años ya intentaba ser religiosa. Pero, aceptando un conjunto de acontecimientos en los que vio la voluntad divina, a los 16 contrae matrimonio con Teodoro Mas, un acaudalado abogado de Vich. A los 32 queda viuda con 9 hijos; dos murieron a temprana edad, dos de sus hijas contrajeron matrimonio y el resto acabaría tomando los hábitos. Pasó por todos los estados de la vida: hija de familia, joven, esposa y madre y viuda ejemplar. Se traslada a vivir a Vich, y una vez orientados sus hijos, funda el 25 de febrero de 1826 el Instituto de las Hermanas Carmelitas de la Caridad que tiene un doble fin: la promoción cristiana de la juventud y la asistencia de enfermos y necesitados. En 1850 fue aprobada de manera canónica la Congregación. La experiencia familiar (y de la maternidad) de Joaquina fue esencial para la orientación de la vida de las Hermanas. Ella tenía la idea de que Dios es el único que da el crecimiento y la vida pero la cooperación humana es esencial. El Instituto se extendió rápidamente. Desea y pide las misiones y llegar a África. Y al no poder personalmente, exclama: “Yo quiero que mis hijas vayan a muchas partes; yo quisiera remediar las necesidades de todos los pueblos”. Desde entonces, el Carisma Vedruna se ha arraigado en nuestra tierra y se ha ido expandiendo y dando fruto a otras más lejanas. Actualmente cuenta con Casas y colegios diseminados en España, América y lugares de Misiones: África, Filipinas, India, Japón.

Falleció el 28 de agosto de 1854 por contagio de un brote de cólera. El 3 de noviembre de 1909 se celebró en el palacio episcopal de Vich la primera sesión para el proceso de la causa de beatificación y canonización, y el 14 de enero de 1920 admitida dicha causa en Roma. Fue beatificada por Pío XII en 1940 y canonizada por Juan XXIII el 12 de abril de 1959. Durante esos días en varios templos barceloneses se celebraron cultos extraordinarios, revistiendo especial solemnidad en la basílica parroquial de Nuestra Señora del Pino, donde la madre Vedruna fue bautizada, recibió la primera comunión y contrajo matrimonio.

Oración vocacional a Santa JoaquinaVedruna

Señor, tú que has hecho surgir en la iglesia a Santa Joaquina de Vedruna  para la educación cristiana de la juventud y alivio de los enfermos. Haz que nuestra vida gozosa y libre para el servicio, ayude a crecer en el corazón de muchas jóvenes este mismo deseo de seguirte y dedicar su vida con  generosidad total a extender la Buena Noticia de Jesucristo y ser fermento de fraternidad universal.
Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro señor, amén.

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Vida y Obra de Santa Joaquina Vedruna

Letras para el Ave de Fátima

¡Todos debemos concurrir a los cultos organizados por nuestras parroquias para devolver la visita que la Virgen nos hizo hace ahora cien años! Ella, que vino a pedir la consagración del mundo a su Inmaculado Corazón, sigue derramando sus bendiciones sobre nuestras almas.

Hace 100 años que en Fátima, pueblecito humilde de Portugal se apareció la Virgen durante cinco meses consecutivos (de mayo a octubre de 1917) a tres inocentes niños pastorcillos —los hermanos Jacinta y Francisco y su prima Lucía—. La Madre de Dios y Madre nuestra respondió que era la Virgen del Rosario y manifestó la necesidad de estimular su rezo, alentando además a nuestra conversión. Estas apariciones de Fátima han sido la gran revelación del Corazón Inmaculado de María, y desde entonces la fama de la Virgen de Fátima ha recorrido el mundo entero convertida en prenda de confianza para el futuro. Por ello, en este día tan especial, te pedimos de forma humilde y amorosa: Oh, Santísima Virgen María, concédenos las gracias que necesitamos para cumplir fielmente vuestro mensaje de amor. 

Letras para el Ave de Fátima

De lejos nos vienes
Oh Virgen sin par
Tus hijos de España
Hoy a visitar.

La Iberia te aclama
Por Reina inmortal
Cobije a su suelo
Tu manto de paz.

El mundo se aparta
De tu Corazón
Nosotros en cambio
Buscamos tu amor.

Perdona a este mundo
Prevaricador
Y danos a todos
De Dios el perdón.

El trece de Mayo
En Cova de Iria
Da al mundo un mensaje
La Virgen María.

De Fátima vienes
En viaje triunfal
Trayendo en tus manos
Perfumes de paz.

Oh Madre querida
Reina de la paz
Abraza en tu seno
A la Hispanidad.

Mira compasiva
Mira a esta ciudad
A quien tiene tu Hijo
Amor singular.

Somos escogidos
Por su Corazón
Y quiere extendamos
Su Reino de amor.

Promesa tenemos
De predilección
Hagamos que reine
Que triunfe el AMOR.

       Devoción popular

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Imagen superior: Virgen de Fátima de la Iglesia de Nuestra Señora de Fátima, La Colina, S.C. de Tenerife. Foto: José J. Santana.

El Buen Pastor (Domingo del Buen Pastor, IV Domingo de Pascua)

EL BUEN PASTOR

Si nuestra vida fuese inocente y pura y si sufriéramos con resignación lo mismo los contratiempos que las injurias e hiciéramos que las dentelladas del maligno se embolaran en el blando y suave vellón de la verdadera mansedumbre; probaríamos al mundo que realmente pertenecemos al rebaño de Jesucristo y mereceríamos más con la victoria sobre nosotros mismos que los esforzados guerreros en la conquista de fortísimas ciudades, según expresión de la Sagrada Escritura.

Nuestro Divino Salvador y Buen Pastor nos enseña a que mientras tengamos tiempo, procuremos imprimir en nuestras almas ideas buenas, tomadas ya de un libro piadoso, ya de un elocuente sermón, ya de los labios de prudente director, ya de las enseñanzas de sabio preceptor, ya de los ejemplos que vemos; ideas y pensamientos que luego meditaremos y combinaremos y haremos nuestros en el descanso, en la soledad, en el sosiego de nuestro oratorio y de los templos para reducirlos a la práctica cuando llegue la ocasión y el feliz momento en que llamados por Dios, seamos reconocidos cual imágenes y copias más o menos aproximadas de su Divino Hijo Jesucristo.

el-buen-pastor-iY hemos de tener muy presente que así como el pastor conoce sus ovejas, sabe cuántas tiene; cuales son las fuertes y cuales son las débiles; Jesucristo nos conoce muy bien, porque como Dios es sapientísimo y no se le ocultan ni nuestras necesidades, ni nuestras miserias, ni nuestras virtudes, ni aun los más recónditos pensamientos, viendo además todo lo que nos hace falta para el cuerpo y para el alma, para la vida presente y para la vida futura.

¿Y qué hemos de hacer nosotros para conocerá nuestro Divino Pastor? Acercarnos a Él y seguir sus máximas y oír su voz, indicada por sus representantes en la tierra, y hacerlo posible por no salir de los caminos que nos traza, para no ser presa del infernal enemigo que no duerme y acecha el funesto instante en que nos separemos del rebaño para devorarnos.

Y si alguna vez nos extraviamos como acontece con las ovejas entretenidas con el grato placer de abundante pasto, ¿qué hemos de hacer entonces? ¡Ah!, entonces debemos acudir presurosos al llamamiento amoroso de nuestro Buen Pastor que nos recuerda el cumplimiento de nuestros sagrados deberes por medio de persuasivas exhortaciones de los Párrocos, al explicarnos el Santo Evangelio y el de los incesantes gritos de alarma de los Prelados, centinelas avanzados de la casa del Señor. Y si el pastor ama las ovejas y procura su bienestar, y las ovejas siguen al pastor y le regalan con su sabrosa leche amándonos como tanto nos ama Jesucristo y habiendo muerto afrentosamente en una cruz por nuestro bien; nosotros estamos obligados a tomar la cruz, obedecerle, amarle y entregarnos por completo a su santísimo servicio.

Francisco Jiménez Marco. La Coruña, 1897.

Oración del Buen Pastor

Mi Señor, mi Buen Pastor, Hijo del Padre, fuente de luz, tormenta de fe, que vienes a sacudir nuestra dormida esperanza, que nos envías a Tu Madre para enamorar nuestros fríos corazones, que luchas con amor para conquistar los espíritus inquietos por las angustias del mundo.

Óyenos Señor, escucha a tus hermanos aquí, juntos queremos seguirte, donde Tú quieras que nuestros pasos se dirijan.

Nuestros corazones quieren pertenecerte, por siempre.

Nuestras almas sedientas de Tu luz solo quieren verte sonreír junto a Tu Madre.

Envíanos Tus Angeles y Tus Santos, consuélanos con su presencia celestial.

Danos el consuelo infinito de saber que Tu Misericordia ve con ojos agradables nuestro arrepentimiento por tanto error cometido.

No permitas que bajemos nuestras defensas contra el maligno y sus tentaciones.

Haznos fuertes, Señor, haznos fuertes en la entrega a Vos, nuestro Dios.

Haznos pequeños y dóciles para que dejemos actuar a Tu Santo Espíritu en nosotros, para que Tú te hagas cargo de nuestra vida.

Haznos confiados corderos de Tu rebaño, Señor, danos el abrazo de Tu Voluntad, Señor. Que seas Tu quien nos guíe, que sea tu Madre quien nos proteja.

No te alejes de nosotros, Señor, perdona nuestros errores y pecados, y nuestra falta de fe.

Amén.

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La parábola del Buen Pastor