Esta solemnidad está en destino (soneto)

Esta solemnidad está en destino

No sé de dónde viene. Me imagino
que de muy cimas altas se alimenta,
pues cuanta más serenidad aumenta
más elevada cúspide en camino.

Esta solemnidad está en destino
porque otros ámbitos sus lindes tienta.
O por lo menos, por las alas, cuenta
cercanías de panes y de vino.

Como si viéramos el mar distante
acercándose en olas y en arenas
por una playa de constante suelo.

Y si hubiese tornado navegante,
por un cosmos de lunas y sirenas,
la luz enaltecida del anhelo.

              Graciano Peraita

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A Pedro Arrupe

A PEDRO ARRUPE

No te mató el fusil ni la locura
de quien a sangre mata con la aurora,
ni tuviste el martirio con que llora
quien sufre ese terror de la tortura.

Tu cuerpo se apagó con la dulzura
de un velero de amor, como la prora
que entrega su crepúsculo a la hora
en que el Mar lo rodea de su hermosura.

Te mató tu verdad apasionada,
la luz con que avistabas el futuro
y el fuego que en Hiróshima es primicia,

te mató tu sonrisa enamorada
por liberar al hombre de lo oscuro
desde una fe que estalla en la justicia.

             Pedro Miguel Lamet, S.J.

* * *

Pedro Arrupe, S.J.: un jesuita universal

 

La Verdad

LA VERDAD

¡Ilusión, ilusión fascinadora
es está vida de mentido encanto,
do en alas de la suerte el hombre llora
los desengaños que ignoraba tanto!

¿Do hallaré la verdad que con anhelo
busca el hombre en la tierra inútilmente?
La verdad por esencia, está en el Cielo,
tras el cóncavo espacio refulgente.

La verdad es el Dios de Omnipotencia
anhelo que hoy está en mi corazón,
porque así me lo dicta mi conciencia,
porque así lo comprende la razón.

Porque así me lo dicen los cantores
que alegres, del jardín en la espesura,
himnos cantan de amor, entre las flores,
al Dios Omnipotente de la altura.

Las plantas con su aroma floreciente
de su alta esfera el ave en raudo vuelo.
Natura toda. El átomo y el ente
me dicen que hay un Dios allá en el Cielo.

                       Luis García Méndez

Un recuerdo para un gran amigo de San Martín de Porres

Un recuerdo para un gran amigo de San Martín de Porres

D. Cayo de Juan Álvarez D.E.P.

(Artículo tomado de la revista Amigos de Fray Martín, Enero – Febrero 2019, nº568)

El pasado día 30 de diciembre, de modo inesperado, partió a la casa del Padre nuestro gran amigo y colaborador D. Cayo de Juan Álvarez. A los 74 años de edad, y una vida plena de servicio a muchas instituciones de la Iglesia y de la Orden de Predicadores.

A lo largo de más de 50 años fue un colaborador indispensable en la obra apostólica del Secretariado de San Martín de Porres. Durante horas interminables pintaba amorosamente miles y miles de imágenes de nuestro santo, poniendo en cada pincelada el cariño de un verdadero amigo y devoto de Fray Escoba. Cualquier trabajo que se le encomendaba era para él un modo de servir a la promoción y a la difusión de la vida, obra y santidad de su querido San Martín. Estampas, reliquias y millones de escobas, que se distribuían por todo el mundo, han salido de sus manos, y me atrevo a decir que de su corazón. Un corazón, que como decía unas semanas antes de dejarnos, le habían dicho los médicos que era demasiado grande y con lo que bromeábamos diciendo: “eso es evidente, tan grande como el de San Martín”. Él lo negaba, diciendo que “como el de San Martín, no había otro corazón, pues en él cabemos todos los devotos y amigos, que en las angustias y penas de la vida acudimos a su amparo y auxilio”.

Acompañó a Fray Daniel, O.P. junto con otro gran colaborador, Goyo González, por toda la geografía española, dando a conocer a este humilde santo de la escoba, por lo que era muy conocido de cuantos acudían o llamaban a las oficinas del Secretariado. Amigo y hermano de los frailes del convento de Palencia, siempre estuvo dispuesto a colaborar con nosotros: en la iglesia, en preparar el triduo de Palencia, o la novena de la Virgen del Rosario, y un sinfín de trabajos. Por esta colaboración, y de amistad con la Orden, el 3 de noviembre del año 2017, Fiesta de San Martín de Porres, se le concedió la Carta de Hermandad con la Orden de Predicadores, que le fue entregada, en nombre del Prior Provincial, por el Secretario de la Provincia. Fue un gran promotor del nuevo relicario de San Martín, que tuvo la dicha de poder ver terminado y que estuvo presente en su último adiós.

Pertenecía a la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, a la Cofradía de San José, así como a la Cofradía de la Santa Vera Cruz, en la que desempeñó durante muchos años el cargo de Hermano Mayor, por lo que se le concedió el título, posteriormente, de Hermano Mayor Honorario. Su funeral que se celebró en la iglesia conventual de San Pablo de los dominicos de Palencia, su segunda casa, fue una muestra de cariño y homenaje a quien trabajó incansablemente por los dominicos desde la sencillez de este Secretariado, a ejemplo de San Martín. Que la Virgen del Rosario, Madre de los Predicadores, lo presente junto con Santo Domingo y San Martín de Porres, ante el Dios de la vida y la misericordia.

Descanse en paz.

En la oración, el dolor y la esperanza, descanse en paz el Señor D. Cayo de Juan. Desde este blog damos nuestro más sentido pésame a su familia y a sus compañeros de la Orden.

* * *

Enlaces relacionados:

Fray Benigno de la Cruz, O.P., el amigo de Fray Martín

Padre José Luis Gago de Val, O.P., en el recuerdo

 

Alma Juventus

Alma Juventus

En un corcel más blanco que la nieve,
Al viento suelta la ondulante crin,
Hollando apenas con el casco leve,
A la guerra camina un Paladín.

La luz crepuscular en su garzota
Pone raros cambiantes de arrebol,
Cuando el jinete que al corcel azota
Vuela de frente desafiando al sol.

Se adivina la rubia cabellera,
El rostro delicado y varonil,
Los firmes labios de expresión severa,
Los ojos dulces de mirar gentil.

Pendiente del arzón lleva el escudo,
La espuela de oro se le enrosca al pie,
Y de su lanza bajo el hierro agudo,
Un pendón leve tremolar se ve.

Cuando la brisa con su sopló blando
Abre los pliegues de ligero azul,
va por los cielos el pendón mostrando
Una Cruz verde sobre blanco tul.

¿Quién es el joven que al trotón azota?
¿Quién es el joven que a la guerra va?
oíd el canto que en sus labios brota
Y su canto tal vez nos lo dirá:

Yo soy la Juventud Católica, nacida
Para luchar, mi cuna fue la herida
De un Dios muerto de amor;
Yo soy irresistible, soy la Vida
Brotada del Costado Redentor.

A los que habitan en la sombra oscura
Voy a mostrar la Cruz, la Cruz fulgura
Con espléndida luz:
La luz de la Verdad que transfigura
El misterio del hombre, está en la Cruz.

A los que habitan en la sombra inerte
Voy a mostrar la Cruz, la Cruz que vierte
El fuego del Amor:
El Amor que es más fuerte que la Muerte
Y más fuerte que el odio destructor.

Voy a luchar porque la noche llega;
Iré alumbrando la tiniebla ciega
Con la luz de mi Cruz;
Pasará la titánica refriega
Y el mundo la mañana, será luz.

Las almas de los hombres yo conquisto
Cuando la luz de la verdad han visto,
La Verdad del Amor,
La Verdad del Amor de Jesucristo,
¡El Gran Conquistador!

En un corcel más blanco que la nieve,
Al viento suelta la ondulante crin,
Hollando apenas con el casco leve,
A la guerra camina un Paladín.

Al reflejo del último cambiante
Apagóse la luz crepuscular,
Llena la noche el grito penetrante
De un corazón prendido en un cantar.

¡Oh Juventud Católica! Sublime
Caballero, Sublime Trovador,
Nadie puede vencer a quien esgrime
Las armas nobles de Verdad y Amor.

¡Oh Juventud Católica!, en el trance
De combatir, no mires hacia atrás,
Aunque el Infierno contra ti se lance,
Llevas contigo a Dios, y vencerás.

Vencerás, y la noble Patria Hispana,
Por tus esfuerzos redimida al fin,
Sabrá premiar con un eterno hosana
Tu heroísmo, bizarro Paladín.

                         J. J. VERTIZ, S. J.

    (dedicado a los jóvenes de Acción Católica)

Pequeños mares (poema)

Pequeños mares

Pequeños mares profundos
en noche de sombras claras,
son tus pupilas… Por ellos
boga el bajel de mi alma.

¿A dónde va mi navío?
¿Dónde comenzó su andanza?
¡No salió de ningún puerto
ni busca ninguna playa!

¡No sé qué viento lo empuja,
ni que destino lo manda,
ni el timonel que lo guía
ni la mano que lo ampara!

No sé… ¡Pero sí lo sé!
¡Lo he leído en tu mirada!
El amor es capitán
del velero de mi alma!…

       Fernando González
“Hogueras en la montaña”

AMOR-DEI

AMOR-DEI

El Infinito se miró a Sí mismo:
Se conoció: era inmenso, sin fronteras…
Y su infinito y fiel Conocimiento
fue —Dios Hijo— su Verbo, Eterna Idea.

Y al conocerse, amóse:
y fue su Amor —Amor de Dios— su Esencia,
que con alas de nívea Paloma
entrelazó sus Sienes sempiternas.

¡Dios se amó! Y al amarse, de sus ojos
—puro gozo hecho luz— brotaron perlas,
que el beso de sus labios
tradujo en  impalpables gotezuelas…

¡gotezuelas de aljófar que han formado
los mundos que el azul del éter pueblan!

     José C. Quintana Sánchez (1948)

Foto: Parroquia de Santo Domingo de Guzmán (La Orotava)

Tu nombre me sueña pura y frágil

Tu nombre me sueña pura y frágil

Me sobrecoge la exacta verticalidad de tu nombre
que abrasa la saliva al convocarlo.
Me asfixia su permanencia,
que desborda mi capacidad de nombrar,
y solo consigue que la piel se transforme en ceniza.
Me asombra su densidad pastosa,
que tatúa mi boca, atraviesa mi vida,
la horada y la desgarra,
en un instante agudo de dolor hermoso.
Cómo no dedicarte mi mirada y mi horizonte,
mi caricia y mi palabra de futuro.
Cómo no admitir el silencio
como única promesa en nuestras vidas,
opaco al poder de exhibición
que transmuta los seres en objetos,
y aplasta lo que vive con su peso.
Tú certificas mi existencia. Tu nombre me reclama,
su sonido habita mi caverna, y me sueña lenta,
pura y frágil, extendida al firmamento de tu rúbrica.

                         Asunción Escribano

El Poeta al Niño Jesús

El Poeta al Niño Jesús

¡Pedacito de pan!… ¡Amor querido!
¡Cuántas veces el llanto derramando
has venido mi amor solicitando
cuanto más te dejaba en el olvido!

¡Me llamabas con lánguido gemido!
¡Preguntabas por mí! ¡Tu acento blando
recogían las auras. Yo, nefando,
como de negro bronce endurecido

volví la espalda, me oculté a tus ojos,
estiércol prefiriendo de placeres.
Mas heme arrepentido que de hinojos

vuelvo a tus pies, que de las almas eres
flor de consuelo, del perdón la clave,
paz del que llora. ¿Que tu aliento suave

derramas en mi rostro compungido?
¡Con tus ojos me hieres,
pedacito de pan!… ¡Amor querido!…

      Pedro Marcelino Quintana
“Antología Poética del Licenciado Pedro Marcelino Quintana” (1886-1952).

Sangre de mártires

La sangre de los mártires

SANGRE DE MÁRTIRES

Sangre de mártires, sí, que hará florecer y embellecer, más y más el jardín de Cristo. Jóvenes que caen en tierra de misión, henchidos sus pechos de esperanza. La furia salvaje de la bestia humana se ha ensañado en unos servidores del Señor, que han caído humildes, valientes, apretada la Cruz en sus manos, mirando al Cielo. En ese instante supremo, Dios les ha acompañado más que en ningún otro. Habrán tenido la visión retrospectiva inevitable de toda tragedia; sus madres, su tierra, su vida infantil… Y, después de ser esculpidos y arrastrados, habrán muerto con una plegaria en sus labios. Alguien podrá exclamar: ¡pobres misioneros! Pero se equivocan quienes les compadecen, porque han ofrendado sus vidas por el más alto ideal. Han crujido sus huesos, han cegado sus ojos, han roto sus entrañas y, en definitiva, los han divinizado al convertirlos en héroes de Cristo, otorgándoles el máximo galardón a que pueda aspirar un ser humano.

Yo imagino a este grupo, con sus hábitos blancos, al pie del Sagrario, hermanados ante la muerte en la morada de Dios. Fuera, un batir de tambores -el siniestro “tam-tam”-; entre aullidos de fieras. Dentro, la luz mortecina de una lámpara y un susurro valiente y sereno de plegarias. La pasión sanguinaria que avanza. El pelotón de Cristo que espera con el alma en vilo. ¿Qué pueden contra ello las flechas, el odio, la tortura, la muerte? En ese instante supremo, las campanas de todas las iglesias habrán repicado a gloria en el corazón de estos mártires. En ese momento sublime, la mirada del Señor les habrá inflamado de santo orgullo. Y todo el orbe católico ha hecho sonar en sus oídos un himno clamoroso de amor, infundiéndoles valor y alegría.

Quién fuera poeta para poder cantar, con versos ardorosos, la gesta magnífica de estos mártires del Evangelio, gritando por todos los confines estrofas de amor y compasión a los verdugos, de reverencia y exaltación a las víctimas. No saben esos pobres asesinos que la sangre de mártires embellece y perfuma el jardín del Señor. No piensan esos caníbales de carne cristiana que sus banquetes macabros son una ofensa, pero también un servicio a la Iglesia de Cristo. No imaginan siquiera que cada uno de estos soldados que caen empuñando su cruz, hace surgir legiones de cristianos que, con brío redoblado, les siguen, les rezan y les glorifican.

Desdichados secuaces de la barbarie materialista, que en tierras de Rusia, de Cuba o del Congo aspiran a extirpar la semilla de Dios con el espectro del tormento y de la muerte en siervos de su causa! Olvidan que Aquel divino soñador que paseó sus sandalias por los campos de Palestina, ya anunció la buena nueva de estas persecuciones, como un renacer glorioso de su doctrina. Son ellos, sus discípulos, los mejores, los que buscan con gozo el tormento, los que no saben gritar, sino rezar; los que no temen la muerte, sino la desean; los que desafían la vesanía de tales jerifaltes, con una mirada de perdón.

Benditos sean los que así saben honrar al Señor. Honor y gratitud hacia esos, misioneros, que han muerto con el beso de Dios en sus frentes.

Carlos Ramírez Suárez, “En la ruta de mis recuerdos” (1976)

* * *

Por los mártires: Testigos

Sois fuerza, sois alma, sois tierra;
sois signo de vida y grandeza.
Sois faros, luceros, faroles;
sois luz, sois credo y bandera.

Hombres, mujeres del mundo
que en Dios pusisteis el rumbo
y frente a barbaries humanas
sois fuego y carne y triunfo.

Marcáis de estrellas los cielos
guiando a la Iglesia de Cristo.
Testigos del Dios más profundo
que salva y destierra lo inmundo.

Blasones de perlas y mármol,
entrega, valor, sacrificio,
consagrados y peregrinos,
la sal, la luz, el compromiso.

Sois, pues, los mártires de Cristo
que es Camino, Verdad y Vida…
¡Sois testigos!

Hoy la Iglesia Católica celebra la festividad de San Esteban, el primer mártir (protomártir) que derramó su sangre por proclamar su fe en Jesucristo.