No pases junto a mí sin detenerte

No pases junto a mí sin detenerte

Me miro el corazón, lo siento vivo,
lo asomo entre mis párpados
y me va reprochando
sus dolorosas soledades.
Se encuentra solo, como el mar.
Sin compañía,
solo, como el viento.
Y va buscando en el espacio,
—hurgando, cada día—
hasta encontrar Tus posesiones.
Tu silencio lo ronda, lo rodea,
clama hacia Ti y no escucha Tus latidos,
sigue soñando encuentros
que no quieren nacer
entre las sombras.
No pases junto a mi sin detenerte,
no me apagues Tu voz,
borra mis dudas,
aquieta el vendaval de mis desiertos
y escucha mis llamadas.
Porque presiento que, algún día,
habrá una luz intensa en esta fragua
que he ido alimentando con mis ansias.
Y durará la claridad soñada
la infinita espiral de los olivos.

          Carlos Acosta García
        (de “Apenas barro…”)

¡Viva Cristo Rey!

La realeza de Cristo no es advenediza o externasino que le nace y le es como natural y necesario el ser Rey. Cristo es, Rey, porque es hijo de Dios, Cristo es Rey por muchas razones y títulos inmensurables: es Rey ungido por Dios Rey inspirado por todas las generaciones antiguas; Rey de hecho, de derecho y de conquista; Rey por aclamación; Rey por la soberanía de sus perfecciones; Rey por naturaleza, pues Cristo es todo, que no puede menos que ser Rey; Rey por antonomasia y en todos los actos de su vida, de su muerte, de su resurrección y de su glorificación perdurable; Rey que lleva la realeza entrañada en el corazón; Rey que no puede ser destronado; Rey por excelencia; Rey de los reyes y Señor de los que dominan.

La prueba de esta verdad, la encontramos en el examen de su vida, pues se encuentra en todos sus instantes y manifestaciones; regio fue su nacimiento ya que vino al mundo entre resplandores de gloria, de honor y virtud, regio el homenaje de los pastores y de los reyes de la tierra; el pueblo judío intenta proclamarle Rey cuando ve brillar en sus ojos y centellear en su voz los rasgos y timbres de la realeza; piensa, habla, preceptúa, legisla como Rey; si se le persigue es por ser Rey; los ignorantes no supieron mofarse de su persona, sino dándole trato y nombre de Rey; muere en el trono sangriento de la Cruz para demostrar que es Rey; resucita por su propia virtud probando así que es Rey y Señor de la muerte y vive ahora glorioso en el Cielo, como Rey que reina sempiternamente porque es Rey por naturaleza, que siempre vive y no puede ser derrotado por ninguna fuerza creada.

Y Cristo reina y éstos veinte siglos de Historia lo están proclamando; reina sobre todas las cosas y su reino en orden al tiempo no tiene fin, y su mirada inspira admiración y simpatía; enciende el amor de todos los sacrificios y como Señor de los mundos es dueño de localizar los feudos de su preferencia y por eso, lleno de una suavísima misericordia se dignó a clavar en España sus ojos para asentar los reales de su inamovible dominio; el ideario Español esta saturado de esta oferta, no sabemos el día, pero no dudamos que llegará. Él lo dijo: «Reinaré en España, y más que en otras partes del mundo».

La voz de los muertos es imperativa, y España se encargará de que se cumpla, pues la sangre de sus hijos es un grito de proclamación mística que se dilata más allá de todas las fronteras; dice mucho lo que ellos cantaron con la emoción sublime, de que solo las víctimas son intérpretes: ¡VIVA CRISTO REY!

Francisco Espejo, octubre de 1947.

* * *

A Cristo Rey

Eres Hijo de Dios, y su Realeza
la tienes en tu Vida eternizada.
Eres Hijo del Hombre, y heredada
llevas del Rey David la real nobleza.

Eres el Redentor en el que empieza
el Reino de la Cruz, por Ti trocada
de patíbulo en trono, y exaltada
en trofeo imperial de tu grandeza.

Tres veces eres Rey, Señor, no en vano
tienes pendiente el mundo de tu mano
y no hay poder que a tu Poder resista.

Tres veces eres Rey; te las mereces.
¡Oh, Cristo, mi Señor! reinas tres veces:
por Esencia, por Sangre y por Conquista.

                    Rafael Sanz de Diego

Quiero escaparme del universo de los tristes

Quiero escaparme del universo de los tristes

Quiero escaparme del universo de los tristes
para dormir los sueños bajo un techo de estrellas.

Abrirme paso a fuego por las selvas del pensamiento.
Cabalgar la mañana de la vida con la cabeza alta.
Atisbar los secretos entresijos de lo llamado ajeno.
Respetar la regla de no rendir cuentas jamás.
Apresurar la batalla cuando esté en juego la vida.
Sucumbir al amor como sólo sucumben las olas.
Atemperar el dolor sin tener que amordazarlo.
Emprender camino llano con que subir hasta el cielo.

Y, como cualquier sospechoso,
tener derecho a guardar silencio.

                  Matilde Velázquez

Yo, a mi cuerpo

Yo, a mi cuerpo

¿Por qué no te he de amar, cuerpo en que vivo?
¿Por qué con humildad no he de quererte,
si en ti fui niño y joven y en ti arribo,
viejo, a las tristes playas de la muerte?

Tu pecho ha sollozado compasivo
por mí, en los rudos golpes de mi suerte;
ha jadeado con mi sed, y altivo
con mi ambición latió cuando era fuerte.

Y hoy te rindes al fin, pobre materia,
extenuado de angustia y de miseria.
¿Por qué no te he de amar? ¿Qué seré el día

que tu dejes de ser? ¡Profundo arcano!
Sólo sé que en tus hombros hice mía
mi cruz, mi parte en el dolor humano.

             Domingo Rivero González

El Divino Fiat (poema)

El Divino Fiat

Se me ahoga en el llanto la palabra precisa
que me sube a los labios proclamando Tu obra.
Todo vive y espera. Todo siempre es latente
porque todo en Ti, Amado, ha encontrado la Vida:
El arroyo que pasa tendido en el regazo
de la tierra que es madre pródiga y fecunda.
El cielo que promete la escala de infinitos
a través de las lunas, de los soles, del tiempo.
El árbol que se alza hacia Ti, en su raíces,
vertical en su entrega, ansioso en su constancia.
El pájaro que cruza, llevando entre su alas
el mensaje del vuelo que se hace poesía.
Los campos que están yermos añorando la mano
del hombre, que en su esfuerzo la hace sentirse fértil.
La casa que se asoma, solitaria, a los montes
flecha pura refugio, de ilusiones y risas.
La savia que detiene su potencia, su empuje
y que extiende, fecunda, su función en el fruto.
Y es que todo en Ti, amado, ha encontrado la vida.
Ha seguido la huella de tu hermoso mandato:
“¡Hágase!” Y se hizo. Ante todo en el hombre.
Y el hombre, que es de barro, fue fundido en espumas
al doblegar su empeño desnudo de sí mismo.
“!Hágase!”. Y nos hiciste a tu imagen y forma,
dándonos atributos de dioses inmortales,
al darnos, con el tiempo, la Vida y la Esperanza.
Y siento esas espumas circundando mi carne
llenando mis ensueños, fundiéndome en su todo
para extenderse, inmersas, en el mundo y su nada
uniendo en lo lejano, extensión y horizonte.
“¡Hágase!”. Tú dijiste. Y la flor fue mensaje.
Fue palabra el silencio y el llanto fue plegaria
porque todo, en Ti, amado, ha encontrado la Vida.

             Ana María Fernán-Torre de Benedito

El cementerio de mi tierra

El cementerio de mi tierra

ENTRE el verde sombrío de la ancha vega
que el sol desde la altura en luz anega,
junto a la abrupta playa de negras rocas
que la espuma corona con blancas tocas,
sobre el cielo infinito como un misterio,
se destacan las tapias del cementerio.

Es el mío, es el nuestro, el de mi tierra,
el que mis pobres muertos guarda y encierra.
Allí de un hueco humilde yo soy el dueño
y allí dormiré un día mi eterno sueño.

Su imagen, en mi alma, nunca despierta
el asco que provoca la carne muerta,
ni el pasar por sus muros medroso evito
como lugar marcado, triste o maldito.

Pienso en él con serena melancolía,
como pienso en la cuna donde dormía,
como en algo de casa que allí me espera,
cual si mi propia casa su campo fuera;
y para mí tan sólo, después de muerto,
florecieran sus rosas como en mi huerto,
y brillaran las hojas en la ancha vega
que el sol desde la altura en luz anega,
y rugieran las olas entre las rocas
que la espuma corona con blancas tocas,
y el cielo desplegase su hondo misterio
sobre la cruz humilde del cementerio.

Oh camposanto…
¡Campo donde se encierra
para mí tanto!

¡Pedacito de tierra que eres mi tierra!

                            Luis Millares

Imagen ilustrativa: “Cementerio de Escazú” (1976), óleo de Dinorah Bolandi (1923-2004).

Oración

Oración

“Señor: que no nos falten
los ojos que escudriñen,
cada día
la mansión
en que habita
la esperanza.
Que sigamos hurgando en los caminos,
Señor,
hasta atraparla.”

Carlos Acosta Garcia

Sentir como Dios

Sentir como Dios

Sentimientos de un hombre pobre,
que quisiera sentir mejor,
pero como no puede llegar lejos,
siente con lo que Dios le dio.
Sentir por sentir no quiere,
él siente lo bueno,
lo siente en el corazón.
Ansía y lleva por dentro,
encontrar un mundo mejor,
donde los hombres sientan
como lo quiere Dios.
¡Qué pena es sentir que quiere!
y no poder manifestarlo,
por temor a los demás;
los demás no comprenden
que se ame sin pensar en más.
Es como una presa colmada
a punto de reventar.
¡Pobre río impetuoso!
¡Quieres endulzar el mar!
Él es muy fuerte, rebelde,
rebelde como el que más.
Sentir por sentir no quiere,
él siente lo bueno,
lo siente en el corazón.

Fermín Gil Rodríguez

La Fe (soneto)

La Fe

Yo soy amor, y del amor camino;
soy blanca nave del sagrado puerto;
por mí, postrado en el peñón desierto,
canta el escena su triunfal destino.

Soy consuelo del triste peregrino
que cruza el mundo de pesares yerto,
soy árbol santo del eterno huerto,
rosa bendita del rosal divino.

Sin mí, la pena se desgarra y llora;
sin mí, el dolor sus amarguras vierte;
sin mí, el sepulcro con furor devora.

Aspirando mi luz, el alma es fuerte;
la pena se hace amor, la noche aurora,
la tumba claridad, faro la muerte.

                                                                       Bernardo López García

Jesús sobre las olas (poema)

Jesús sobre las olas

La mar en la solemne noche abierta
sin horizontes ni riberas. Todo
sumergido en la sombra, sumergido
en una inmensidad de viento y agua.
Ni una luz, ni una estrella.

¡Oh, alma mía
perpetuamente en pie sobre la costa!
La última luz, crepuscular y tenue,
también ha naufragado en el Océano
allá lejos.

Y sólo está la mar
que llega a ti, desordenada y brusca,
pulverizada sobre la rompiente
—las olas invisibles, que se oyen
deshacerse en espuma, en la rompiente—.
La mar es un rumor de abismo: un hondo
fragor lejano y próximo. La noche
sólo sugiere mar: las costas todas,
las tierras todas se han hundido. Surge
el grave canto de la mar, que se alza
a la profunda noche impenetrable…
Augusta hora del milagro, tiembla
mi corazón en el supremo instante.
¡Es ahora, Jesús, cuando te veo
otra vez avanzar sobre las ondas!
Así, Jesús. Sin luces terrenales,
ni astros que tiemblen en el infinito,
ni costas que limiten el milagro,
ni naves que interrumpan la llanura
de la mar de cristal bajo tus plantas,
sino así: sólo tú, Jesús en esta
inmensidad de sombra soberana;
en esta inmensidad de agua y de olas
y de los libres vientos de la mar…
Mi corazón te advierte, y va a tu encuentro
en la gran noche impenetrable. Avanza
lleno de fe sobre las ondas. Lleno
de fe sobre las ondas de la mar…

             Luis Benítez Inglott

Imagen ilustrativa: “Cristo caminando sobre las aguas”, Óleo de Julius Sergius Von Klever.