“Gran Canaria”, poema de Stella Corvalán

Gran Canaria

Se rompe el horizonte en una isla
que alarga sus verdores …
Ya se acerca en las olas su perfume:
es la tierra, la Circe que ha de atarme
de nuevo a su cintura.
Mi libertad marina la enardece,
este connubio astral en que yo araño
la sumisión del mar con mi impaciencia
acaso estremeciera sus orígenes.
¡Quiere recuperarme, y ya me ordena
con una voz de potestad y hechizo!

Un volcánico mundo me sorprende:
estáticos granitos se levantan
con su entraña extinguida.
La Atalaya está en pie.
¿Es que saluda su arrogancia estéril
mi descenso a lo humano?
¿Es que comprende mi áspero dilema?
llego de un reino de tormenta e himnos,
de un oasis de espuma
y tengo miedo que la tierra oprima
mi contorno de músicas.

Cada vez más lejano el eco sordo
del amo transparente.
Ya me cercó la tierra. Está su clave,
recuperada, ardiendo entre mis dedos.
La isla me envía su emisario vivo:
Pinar del Tamadaba me enajena
con su profundo, extraño, penetrante
olor de jungla y raza entremezclados.
Hundí en esta montaña deleitosa
mis manos, que tornáronse sarmientos
en vegetal transformación violenta.
Fui a divisar en la mañana clara
cómo Fuerteventura a la distancia
entre confusos tules emergía,
y tras de Arucas, capitel vetusto,
miré del Teide la silueta núbil.
Euforia de las cimas, del peñasco,
de Tenerife y su pendón llameante.
De aquella carretera de Tafira
serpenteada por dulces eucaliptos,
que una noche negrísima me dieron
una luna irreal para que atara
mi corazón a este paisaje extraño,
donde la sombra tiende rojos velos
y deja que se cuelen por la umbría
brazos del cielo que suplican tregua.

Voy huyendo del mar porque ha tornado
su acento a perseguirme.
Ya resuena, iracundo, en las paredes
de mi ser su alarido.
Crucé por las Canteras.
la arena desgranó sutil y helada
su carcajada rubia …
Enraizada en esta isla pródiga:
jungla pequeña crepitando verdes,
yo el requiebro salado rehuía.

Me interné más y más. No parecía
sino que al recobrarme dio la tierra
a mi libre inquietud sus bebedizos.
A tientas con bejucos que enroscaron
sobre mí sus verdores,
yo, que cifré en el mar mi honda victoria,
huía de su elástico mandato.

Dilema lacerante en que lucharon
mi oceánico amor y esta molicie
entorpeciendo vegetal y ciega
mi potente albedrío.
Cual campanadas lentas
rebotaban las horas sobre el alma.
Y a lo lejos el faro en Maspalomas
guiñó en la noche un resplandor agudo.

Busqué refugio. El Parque de San Telmo
resplandecía paz, y entre palmeras
fui enhebrando mi fuga…
Rostros exuberantes, perfumados, eran los girasoles;
mirada roja en abisal pupila
desprendió su fulgor de entre unos árboles.
Y fue el ilán-ilán el que cercara
con lechosa imprudencia mi congoja.

Retrocedí cuando el fragor marino
irrumpió con violencia en los jardines.
Y desperté de este sopor que, aleve,
encarcelara mi contorno errante.
El mar me poseyó con su ancho ruego
y fui en el Muelle Viejo desgarrando
mis vegetales túnicas . .

¡Ya fue la tierra un sueño en este súbito
reencuentro con la espuma!

          Stella Corvalán

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A la Paz

A la Paz

Sobre el mundo regado por el llanto,
la Paz extenderá su blanco manto;
vendrá de lejos silenciosamente
y a su mudo contacto la simiente
de nuevo brotará de los sembrados
por la furia del hombre devastados.
De nuevo el suelo sentirá la reja,
y ha de labrarse el surco en donde deja
el rústico gañán de recia mano
la esperanza de amor dentro del grano.
Y al surgir bajo el sol la nueva planta
que apenas sobre el suelo se levanta,
los árboles que saben de la vida
y alzan al cielo su armazón podrida,
los que su fruto secular nos dieron,
le dirán las catástrofes que vieron;
y un rumor pasará por el ramaje
cual si temblara el alma del boscaje.
Ellos, los viejos árboles de antaño,
vieron correr por todo el mundo el daño
y oyeron el girar inacabable
del huso de las Parcas implacable.

“¿Qué suerte la existencia te destina?”
dirá a la espiga la vetusta encina.
“¿Crecerás bajo el sol potente y fuerte,
o te dará sin compasión la muerte
el que todo en su furia lo atropella
dejando de su paso eterna huella?”

Y la espiga alzará la rubia frente,
y hablará así, sublime, triunfalmente:
“Mira los campos a lo lejos, mira
lo que antes fue como una inmensa pira
cubrirse todo con la mies dorada;
mira el brillo del sol sobre la azada,
y cómo torna en busca de sosiego
conduciendo sus yuntas al labriego;
mira cuál yace en un rincón tirada
la que antes fuera fulminante espada,
y el orín que corroe su hoja pura
y ha de llegar hasta la empuñadura.
Advierte que el guerrero fatigado
sus vestidos por otros ha trocado;
mira iniciarse una existencia nueva;
mira la paz que por doquiera lleva
la compasión de todos los dolores
abrir sus brazos derramando flores:
ella unirá unos hombres a los otros
y vivirá por siempre entre vosotros,
los que tenéis un corazón propicio
a pagar por la ofensa el beneficio”.

Dejó de hablar la espiga alborozada,
y su voz por el viento arrebatada,
del seno de la Paz buscó el asilo…
¡Y el campo era un palpitar tranquilo!

Sobre el mundo regado por el llanto,
ya la Paz extendió su blanco manto.

                        Luis Millares

Su silencio

Su silencio

El país del silencio deseado
cuyas murallas no quebrantan mis latidos.

Inaccesible al corazón humano
y a la voz desvelada.

Música del silencio.

Aire, país que envuelve,
donde no existen voces diferentes
y todo llega a plenitud divina.

¡Oh país del silencio donde la voz perfecta,
musicalmente pura,
comprende los suspiros del espíritu!

Mis manos se retiran
y la garganta se duerme silenciosa.

Sólo tú, bella mía, sensitiva,
recorres diariamente mis senderos.

La música del paso femenino
—un silencio añadido a otro silencio—
hinche su plenitud de soledades.

                      Ventura Doreste

Canciones breves

Canciones breves

I
Alma: expandida claridad;
cuánto imantando va tu luz;
qué numerosa en tu unidad.
¡Oh claridad blanca y azul,
signo de Dios tu claridad!

II
Aunque gravita sin cesar
poco advertimos de su acción:
El tiempo fluye al esperar.
(Tazón inmenso el corazón
donde he sentido su manar).
El tiempo es «algo» a interpretar.

III
¡Cuánta belleza sí ilusión!
Ella «nos hace» cada vez.
Ellas, único timón.

IV
Es toda vida (¡Ay cuánto albur!)
hilo invisible a devanar.
Por él se fue mi juventud
como ha de irse este ensoñar.
(Todo se va… llega y se va.)

V
Por dulce y bello recordado
el primer brote del Amor.
Qué bello y dulce recordarlo:
dejó un regusto de candor.

VI
Qué difícil traducir
en palabras un gran dolor:
como un perfume, de sutil,
escapa al tacto de la voz.

VII
Surgió el puerto donde anclar,
reinaba calma y suave luz,
reparé el agua, y era azul.
(Aun sin querer hemos de andar.
Nada es estable en la quietud;
Ella induce a caminar.)

VIII
Aun «quedándonos» aquí y allí,
tiene su encanto ese cambiar.
(¡Aún miro al tiempo en que te vi;
en el eterno deambular,
aún miro al tiempo, y era abril…!)

IX
Ya llegará el de descansar.
Y será poca la salud.
Como un dolor será el cantar.
Quizá no acierte a sonreír.
(Aún es tiempo de soñar.)

X
Y vendrá el de descansar
en que sólo cuente la virtud.
Donde no cuenta este contar.
Donde ya nada es la salud:
Todo está «antes» de llegar.

       Chona Madera

A la vida que es gracia

A la vida que es gracia

Canta un canto sencillo y alegre como la vida
que es púrpura salvaje y arrecife espumoso,
himno y agitación de las criaturas,
como la vida que es amor, que es alegría,
como la vida que es gracia…

Mi alma balbucea como un niño los nombres
de las cosas y se embriaga…

Tú sola, oh Vida,
la única gracia nos conservas,
el gozo elemental, inocente,
de sentirte fluir
por nuestros más remotos cauces
hasta el mismo instante
en que mecemos a la tristeza
en nuestros brazos como a un ángel
atormentado de insomnios,
como a un ángel mustio
que desmayara sobre nosotros,
reflejando un mundo vago e impuro
en la gracia borrosa de sus pupilas…

                            Ricardo Molina

TODO

Todo

Todo está hecho para acercarnos a Dios
y sin embargo Dios nos parece indescifrable.

¿No nos habla de Dios
el día poblado de agonías y de confianza?
¿No nos habla de Dios la lluvia
en su edad de ternura luminosa?
¿No nos hablan de Dios el desamparo y la muerte?
¿No nos habla de Dios el amor?

Todo nos acerca a Dios:
la amargura y la inquietud,
la constancia y la pasión.
Todo cuanto es perfil de sufrimiento o de júbilo
es la manifestación de Dios.

               Jean Aristeguieta

Lo efímero

Lo efímero

REBELDE va lo efímero. Diría
que lo diminutivo ya no sabe
vivir de sí, de suyo; que no cabe
por donde lo delgado lo ceñía.

Rebelde y solo va por donde iría
sumisamente dueño de su clave.
Si flor, qué breve flor, qué leve si ave.
picoteadora mínima del día.

Tan dulce rebeldía en fauna y flora
condena a furia tanta, a tanto acoso
lo que a morir empieza desde ahora,

que todo se derrumba en un momento
y arrasta lo más débil por hermoso,
pluma y aroma, en su derrumbamiento.

                        Trina Mercader
                 “Sueños ascéticos” (1971)

Dentro de mí está Dios

Dentro de mí está Dios

Dentro de mí está Dios
y los caminos alrededor.

Si ando,
Dios se esparce por todos los caminos.

Si hablo,
por todos los caminos va su voz.

En el tacto, sus palmas
son estas mías que os entrego.

Y sus ojos de llanto
son estos míos y estas lágrimas.

Si os amo,
sólo os ama su amor, no mi medida.

Y si os silencio,
cómo me habita Dios en su silencio.

A dádivas, a entregas,
que no daré, si daros
sobrepasa su colmada alegría.

Tomadme.
Que sólo Dios me ofrece o me recibe.

                   Trina Mercader

Cuánta noche (poema)

Cuánta noche

¡Cuánta noche, mi Dios, ay, cuánta noche
sepultamos con sueño en la almohada!
Cuánta vida se queda sepultada
sin memoria, sin tiempo: negro velo.

Cuánta vigilia también, cuánta vigilia
tan sin notarse, gris, amontonada,
sin un hito, un perfil que las destaque:
de una en otra igual, cuánta jornada.

Casi dormido el gozo. Viva pena
por todas las desgracias que nos caben.
Nada nos pertenece. El tiempo vuela,
oscuro y transitorio, como un ave.

En sombras alumbrados. Acabados.
Indiferentes días cierran sumas…
¡Por cuánta bruma andando, cuánta bruma!
No me olvides, mi Dios, en esta nada.

Mota de polvo, leve criatura
que hasta Ti pretende ser alzada.
¡Hasta Ti, mi Señor, y por sí sola
no puede, no, llegar a tanta altura!

               Chona Madera
“Las estancias vacías” (1961)

Visión de la promesa: Reinaré en España

Reinaré en España

“Después de comulgar”, dice el Padre Bernardo Francisco de Hoyos, “tuve la misma visión referida del Corazón, aunque con la circunstancia de verle rodeado con la corona de espinas y una cruz en la extremidad de arriba, ni más ni menos que le pinta el P. Gallifet. También vi la herida, por la cual parece se asomaban los espíritus más puros de aquella sangre que redimió al mundo.

“Convidaba el divino amor Jesús a mi corazón se metiese en el suyo por aquella herida: que aquél sería mi palacio, mi castillo, y muro en todo lance. Y, como el mío aceptase, le dijo el Señor: ¿No ves que está rodeado de espinas, y te punzarán?: que todo fue irritar más al amor que, introduciéndose en lo íntimo, experimentó eran rosas las espinas. Reparé que, además de la herida grande, había otras tres menores en el Corazón de Jesús: y preguntándome si sabía quién se las había hecho, me trajo a la memoria aquel favor con que nuestro amor le hirió con tres saetas.

“Recogida toda el alma en este camarín celestial, decía: Haec requies mea in seculum seculi: hic habitabo, quoniam elegi eam (1). Dióme a entender que no se me daban a gustar las riquezas de este Corazón para mí sólo, sino para que por mí las gustasen otros. Pedí a toda la Santísima Trinidad la consecución de nuestros deseos: y pidiendo esta fiesta en especialidad para España, en que ni aun memoria parece hay de ella, me dijo Jesús: Reinaré en España, y con más veneración que en otras partes.”

Principios del Reinado del Corazón de Jesús en España.
P. José Eugenio de Uriarte, S.J. (Madrid, 1880)

(1) Ps. CXXXI, 14.
(2) P. Loyola, V. Ms. del P. Hoyos, (l. III, c. 1).

* * *

Visión de la promesa

Fue clara la promesa y ancho el pecho
Para expresarla en carne de verdad.
Y el efesiano: “Dios es caridad”
—Teológica flor— ardió derecho.

Y como si quedara insatisfecho
Su Amor, al redimir la Humanidad,
El centro de la Nueva Cristiandad
En su flagrante Corazón ha hecho.

“Yo reinaré en España”. Y en bautismos
De sangre caudalosa y recristiana
Retornaron los pueblos a sí mismos:

Que si otra gente extravasó sus venas,
Para nutrirlas hay, a heridas llenas,
El cuerpo nuevo de la gente hispana.

           Ignacio Quintana Marrero