Amar, creer (poema)

Amar, creer

El insecto del estío
Que en cáliz de rosa fría
Tiene un lecho de rocío,
Y una mesa de ambrosía,

Que ebrio de aroma y placer
Sobre rama de abedul,
Se mece al anochecer
Retratado en lago azul.

La brisa de puras nieves
Que da música sin nombre,
Cantando en las hojas leves
Para adormecer al hombre;

Que al crepúsculo dudoso,
Y a la noche que lo envía,
Rinde un himno de reposo,
Y otro al alba de alegría:

Las graciosas yerbecillas,
Que entre las paredes duras,
Con sus flores amarillas
Brotan en las hendiduras;

Que con mil juegos extraños,
Cayendo como festones,
Son tapices de los años
En los gruesos murallones;

El canoro ruiseñor,
De cuya garganta inquieta
Solo conoció el valor
El músico y el poeta;

Cuya voz las penas calma,
Y adormece duros celos,
Y es el éxtasis del alma
Y el lenguaje de los cielos;

El río que en vasallaje
Busca el mar continuamente,
Cual si su grito salvaje
Le llamase sordamente;

Que responde a sus clamores
Con sonidos menos fieros,
Y al pasar besa las flores
Que nacen en sus linderos:

Río, flor, insecto y ave,
Pensiles y soledad,
Sombra leve y aura suave,
Nos están diciendo amad.

Ese sol, mina que encierra
Ricos diamantes de un Dios,
Quien por no abrasar la tierra
No quiso que hubiera dos;

Aureola enriquecida,
Manantial de luz fecundo,
Sin el cual de muerte a vida
nunca despertará el mundo:

La luna tibia y hermosa,
Vestida de la ilusión,
Virgen pura y amorosa,
Sueño de la creación;

Luz de apacible templanza,
De amor y melancolía,
De recuerdo y esperanza
Tras largo y penoso día:

Ese nítido lucero,
Que en cuando en lecho de grana
Muere el sol, es el primero
Que por relucir se afana;

Visión grata y deliciosa,
Faro de inmortal fulgor,
Consejero de la hermosa
Que esperó cita de amor;

La fresca y rosada aurora
Que a las matinales flores,
Con las lágrimas que llora
Da perfumes y colores:

Luna, sol, aurora, estrellas,
Nos están gritando: “Ved
Quién formó luces tan bellas…!
Hombres, amad y creed”.

Amad, y en el suelo
No habrá más dolor,
Que amor es el cielo,
Y el cielo es amor:

Creed: Dios es fuerte,
Dios manda, Dios ve;
La duda es la muerte,
la vida es la Fe.

         Juan Arolas

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“Tengo ganas”, un poema de Francisco Tarajano

TENGO GANAS
(A Oswaldo Brito)

Tengo ganas de amar
al pobre hombre que se droga con ron,
y ganas de abrazar
al niño pobre que come amargor.

Tengo ganas de besar a la viuda,
mocha de dulce amor,
y ganas de abrigar a la huerfanita
que quedó sin calor.

Tengo ganas de aunar
mis lágrimas con madres de dolor
a quienes la voraz
guerra en pozos lutosos sepultó.

Tengo ganas, patrón,
de tus sueldos mezquinos olvidar,
y ganas de que un sol
de justicia alumbre el lóbrego hogar.

Tengo ganas de que no haya color
ni agrio cliché racial,
y ganas de que el cielo llueva amor
como dulce maná.

Tengo ganas de alzar
con los hombres sojuzgados mi voz,
y ganas de soltar
al aherrumbrado en triste prisión.

Tengo ganas de sembrar libertad,
desterrar el terror,
y con duros peñascos escachar
al tirano opresor.

Tengo ganas, oh Dios,
de estrujar con mis manos al satán
que clava el corazón
y al caín que huele a sangre fraternal.

Tengo ganas de tirar al avión
preñado de maldad,
y ganas de hundir al barco invasor
en el fondo del mar.

Tengo ganas de paz,
como de agua el suplicante cardón.
Quiero sólo escuchar
del hermano-hombre toda la canción.

          Francisco Tarajano
               “Años malditos” (1980).

Francisco Tarajano Pérez, escritor, poeta, profesor y gran defensor de la cultura canaria, falleció el pasado 10 de noviembre de 2018. Descanse en paz.

Canto al hábito dominico

Canto al hábito

Yo tengo un hábito, blanco
como una vida que empieza
y, como un grito de muerte,
lo cubre una capa negra.
Y es perfecto, que al mirarlo,
vida y muerte se recuerdan
y vida y muerte se hermanan
y se amigan y se besan.
Y no es ya la muerte signo
de terrores y tristezas,
no es ya ni muerte tan sólo,
que es ¡puerta de vida eterna!

Yo tengo un hábito blanco
como una vida que empieza,
que por amor a la muerte
se cubre con capa negra.

Vida y muerte de la mano
Juntas por la misma senda.
¡Qué meditación tan honda
mi cuerpo sobre sí lleva!
La muerte, con sus abismos…
La vida, con sus promesas…

Blanco es el hábito mío
lo mismo que la azucena.
Y negro como la noche
de huracanes y tormentas.
Blanco, como la sonrisa.
Negro, como la tristeza.
Blanco como la alegría
y negro como la pena.
Blanco, como nieve virgen.
Negro, como la ilusión muerta.
Es blanco como la luna
y su cortejo de estrellas,
es negro como los vientos
gritando entre ramas secas…
Es blanco como la espuma
que el mar regala a la arena…
Es negro como el pecado,
—signo y cruz de penitencia—,
es blanco como la fe,
blanco como la pureza,
y porque quiso María,
—bendita Madre— que fuera,
es: ¡blanco como la Hostia
que el cuerpo del Hijo encierra!

¡Qué meditación más honda
mi cuerpo sobre sí lleva!

La vida y la muerte juntas
como alegres compañeras,
¡qué prodigio de equilibrio
y qué lección de prudencia!

Negro y blanco, muerte y vida
seguiréis siendo en la tierra,
pero en el cielo seréis
negro y blanco, ¡vida eterna!

   (Fr. José Mª Guervós, OP)

* * *

Festividad de todos los Santos y Santas de la Orden de Predicadores

Soledad amarga, dulce soledad

                               Soledad

Soledad. Soledad cantada por tantos poetas.
Soledad amarga, dulce soledad,
porque tú eres, a ratos amarga, triste, negra, ingrata…
y, a veces tan suave, tan dulce,
tan queda y amable…
De Dios instrumento en su inmensa obra de santificar
siendo tú, en su diestra,
cual diente de acero,
desgarra del alma vicios y miserias;
que así, sola ella, palpe que es la nada, sienta su impotencia.
¡Oh alma que llegas a sentirte presa de esta soledad!
humildad profunda sacarás de ella
y esta será base de tu santidad.
Llegarás, pasada la prueba,
y aún estando en ella,
a bendecir la diestra que así, tan cruelmente
te hiere, te pena.
Designios de amor son los que ella encierra.
Soledad
luego tan amable cuando el alma vuelve la luz y la paz,
entonces, en ti sumergida, te busco y te busco,
sola, sola, sola
yo quisiera estar.
Que me dejen sola todas las criaturas
que aquí, en soledad habla Dios al alma…
“Sola con Él solo”, dulce soledad…

Sor María Esclava, O.P.

Quiero hacer con mi vida una oración

Quiero hacer con mi vida una oración

Quiero hacer con mi vida una oración,
agradecer tus gracias y tus dones,
pedirte, mi Señor, que me perdones,
y poner a tus pies mi corazón.

Yo quiero compartir tu redención,
basar en tu verdad mis ilusiones,
servirte diligente en tus misiones
y, al final, merecer tu bendición.

Eres mi amor, mi amigo, mi cobijo.
Como el ladrón, que tu bondad bendijo,
condúceme hasta el Reino de tu Padre.

Oye el ruego que humilde te dirijo,
dile a María: ahí tienes a tu hijo.
Y dime: hijo, ahí tienes a tu Madre.

Emma-Margarita R.A.-Valdés
(Versos de amor y gloria)

Tu beso, mi Dios (poema)

Tu beso, mi Dios

Quiero un beso en el alma, lo preciso,
beso blanco de hostia perfumada
y vivir de ese beso no el momento,
sino toda su esencia inmaculada.

Bésame, como el mar besa la playa,
como el sol, al salir, le besa al lirio;
pon tus labios de escarcha en mi corola,
pon tus labios de fuego en mi delirio.

Tu beso embriagador rasga el oriente,
y en tus labios florece aurora pura;
a tus besos declina ya la tarde
y surgen las estrellas con premura.

Es tu beso el que mece la azucena
y el que hace brotar la campanilla;
y el que mima las rosas y los nardos
y cuida la violeta tan sencilla.

Tu beso es de galán, de padre, de flor,
tu beso es suave brisa y luz del día,
tu beso es de placer, cielo y amor,
tu suave beso es música y poesía.

Pon tu beso en mi alma enamorada,
languidezco en la espera…
al contacto de tu Hostia tan ansiada
déjame que te quiera.

                  Don Desiderio

Imagen ilustrativa: “Virgen Eucaristíca”, óleo de Jean Ausguste Dominique Ingres.

A la Iglesia de San Francisco de La Orotava

Iglesia de San Francisco de La Orotava

En la tierra, pedacito de cielo a cubierto
es nuestro recoleto templo franciscano,
que –confidente– aleja de lo mundano
y nos da cobijo en su Cristo del Huerto.

Naciste bajo la Orden Seráfica
con la palabra de Dios como cimiento;
florece en tu interior el recogimiento,
paz y bien que tu Santo Patrón glorifica.

Ya llega el tañido de tu vieja campana,
llamada a las dos villas a la oración:
un canto a San Juan y a la Concepción
cuya voz nunca se oyó tan cercana.

A tu vera, el sagrado camposanto
donde los difuntos en paz descansan
y en su recuerdo los vivos se amansan,
pues también la nostalgia acaba en llanto.

Tarde de domingo de Ramos;
abren tus puertas a la evocación:
es el sufrir del Señor en su Pasión,
getsemaní que todavía lloramos.

Suena la música, el nudo en mi garganta.
La Soledad acompaña al que es su vida:
ahí va tu Hijo en su dolorosa partida
marcando el paso de nuestra Semana Santa.

Se agiganta el entorno con la sombra:
brota la noche en el drago y los cipreses,
elevando al cielo flores que son preces
en memoria de quienes te dieron justa honra.

En mi conciencia se aligera el quebranto
adentro con la Virgen de la Caridad,
que en su aceite rezuma santidad
y en la leyenda prendió el encanto.

Guardan los muros el debido secreto
y añora la historia que era fecunda,
pero que el hombre ávido refunda
cuando vencido firmó un mal decreto.

Convento, hospital… lugar señorial;
en mi retina grabada un hermoso lienzo
imagino lo que fue el antiguo San Lorenzo:
¡Cinco veces centenario es nuestro Escorial!

                 José J. Santana, La Orotava.

El antiguo convento franciscano de San Lorenzo de La Orotava fue fundado en 1519, por lo que el próximo año será la efemérides del 500 aniversario fundacional. Para dicha conmemoración, la Franciscana Hermandad del Santísimo Cristo del Huerto y Nuestra Señora de la Soledad llevará a cabo distintos actos bajo el lema “como Francisco, llamados a ser piedras vivas en la iglesia del Señor”. El primer acto relevante ha sido la presentación del logotipo, con un diseño ciertamente interesante y cargado de simbolismo. Desde esta página queremos dar la enhorabuena por tan emotiva celebración.

* * *

San Francisco de La Orotava, por Alfonso Trujillo Rodríguez (Biblioteca Virtual Viera y Clavijo)

Foto 1: Presbiterio de la iglesia con motivo de la festividad de San Francisco de Asís. Gentileza de Juan Luis Bardón.

Foto 2: San Francisco y su entorno a finales de la década de los sesenta.

Se permite la reproducción de este poema haciéndose mención a su autor.

Ante Nuestra Señora (soneto)

Imagen de Nuestra Señora de las Mercedes, obra de José Luján Pérez (Iglesia Matriz de Santa María de Guía, Gran Canaria). Foto: Wikipedia.

ANTE NUESTRA SEÑORA

Cuando era niño se hablaba del pasado
con más unción y menos abundancia,
se daba a Cristo el pálpito hechizado
de todo fin humano hecho fragancia.

¡Oh, cuánto amor de aquel amor guardado!
¡Oh, doble pan al hombre hecho sustancia,
sabor del uno a sangre del costado,
el otro, a miel divina de la infancia!

Como llegara a ti, místico a la entrega,
con el alma en tu historia enamorada,
subí a la torre y contemplé la vega.

Viejo, torno a ser niño en la mirada
que es miel celeste por Luján¹ brindada,
¡Virgen de las Mercedes, mágica al que llega!

                               Luis Doreste Silva

1. Soneto en homenaje a la celebración del bicentenario del nacimiento del imaginero José Luján Pérez. Dicha conmemoración tuvo lugar en mayo de 1956.

Ecce Homo, por Miguel de Unamuno (poema)

cristo-velazquez-detalle

¡Tú eres el Hombre-Dios, Hijo del hombre!
La humanidad en doloroso parto
de última muerte que salvó a la vida.
Te dio a luz como Luz de nuestra noche,
que es todo un hombre el Dios de nuestra noche
y hombría es su humanidad divina.
Tú eres el Hombre, la Razón, la Norma,
tu cruz es nuestra vara, la medida
del dolor que sublima, y es la escuadra,
de nuestra derechura: ella endereza
cuando caído al corazón del hombre.
Tú has humanado al universo, Cristo,
¡que por Ti es Obra humana! ¡Vedlo todo!
“¡He aquí el Hombre!” por quien Dios es algo.
“¡No tengo Hombre!”, decimos en los trances
de la vida mortal; mas Tú contestas:
“¡Yo soy el Hombre, la Verdad, la Vida!”
Tal es el Hombre, Rey de las naciones
de desterrados, de la Iglesia Santa,
del pueblo sin hogar que va cruzando
el desierto mortal tras de la enseña
y cifra de lo eterno, que es la cruz!…

                 Miguel de Unamuno
(Del libro “El Cristo de Velázquez”)

Imagen: Detalle del Cristo Crucificado (Cristo de Velázquez), óleo sobre lienzo de Diego Velázquez.

* * *

¿Por qué la llaman Paloma?

Virgen de la Paloma (Foto: Wikipedia Zarateman)

Es la sola perfecta
que viene del desierto de la vida,
Paloma predilecta…
sin mancha concebida,
por siglos de los siglos bendecida.

Nuestra Señora de la Paloma es una de las advocaciones más populares de la ciudad de Madrid —acaso la que más—. Recordemos que la festividad litúrgica de la Virgen de la Paloma se celebra el 15 de agosto —solemnidad de la Asunción de la Virgen María—. El cuadro de la Virgen de la Paloma, que ha sufrido no pocas vicisitudes, recibe las oraciones y súplicas de los más desfavorecidos y necesitados que buscan ayuda y consuelo; o de aquellos que simplemente quieren rendir un sincero homenaje a la Madre de Dios. También imploran la protección de la virgen madrileña madres que ofrecen sus hijos recién nacidos para que los bendiga y cuide de ellos, guardándoles de las adversidades y brindándoles con el amor filial.

El cuadro tiene un origen y una posterior historia ciertamente interesante. Ya en una ocasión anterior hemos contando de qué forma fue “rescatado” por Isabel Tintero, su gran valedora. Acerca del origen del lienzo, que recordemos se trata de una imagen de la Virgen de la Soledad, existen algunas leyendas al respecto: una muy probable es que se trata de una reproducción pictórica de la imagen de La Soledad de la Victoria, obra del escultor Gaspar Becerra; otra, es que se trata del retrato de una monja profesa de un convento de Burgos realizado por su padre antes de que ella entrara en la clausura con el ropaje que habría de vestir: túnica blanca y manto negro. La monja murió en virtud de santidad y se autorizó la copia de dicho retrato para extender el culto a la Virgen de la Soledad.

Vemos, pues, que la devoción a la Virgen en armonía con la tradición, lejos de una moda o simplemente un bonito nombre, triunfa desde el momento en que los padres deciden tan entrañable nombre para sus hijas. Para todos ellos, a modo de humilde homenaje, dedicamos este precioso fragmento entresacado de la zarzuela “El Barbillero de Lavapiés” (1874):

—¿Por qué la llaman Paloma?
—Porque nací en la calle de este nombre, contestó la joven, y siendo niña, mis compañeras así me llamaron en broma y después del mismo modo han seguido todos llamándome. No me pesa, pues al ver revolotear las palomas por el espacio, me parece que las voy siguiendo, que como ellas tengo alas, y que tendiendo el vuelo llego a las regiones de luz donde mis padres gozan de eterna gloria… Mis padres me abandonaron por la mansión de eterna gloria, pero al morir rogaron a la Virgen santa de la Paloma que velase mi inocencia, que velase mi sueño, y la Madre de Dios no me abandone. A la vuelta de la calle, y casi pared por medio, está la Santa Virgen, y tanto la adoro, tanto rezo, que me parece verla que tiende su manto de estrellas sobre mi cabeza, que su poderosa mano me protege. ¡Bendita seas, Madre del Amor Hermoso, y no abandones jamás a la pobre huérfana!

Con cariño, a las de nombre Paloma
(fraymartindeporres.wordpress.com)

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La Virgen de la Paloma (mirando al pasado)