A la Virgen de la Paloma para pedir un parto feliz

Oración

Virgen clementísima, Paloma inmaculada y Madre de piedad, ya que prosperáis con vuestra intercesión delante de Dios mi vínculo conyugal, y me habéis traído a este estado, os ruego humildemente que pues sois la que dais prosperidad a los sucesos, desvanecéis las fatalidades, apartáis las ruinas y desgraciadas horas, os dignáis llevarme bien hasta el punto del alumbramiento, y sacarme de él con toda felicidad: alcanzadme este favor, Madre mía, para que por él enderece mi corazón a Dios, en quien tengo puesta toda mi confianza, que me lo concederá si me conviene, y en Vos que me protegeréis en este lance tan grande y especial, para que así os pueda estar atenta y agradecida en todas horas. Amén.

Pedimos por aquellas mujeres embarazadas o que han sido recientemente madres para que el Señor y su Madre del Amor Hermoso, en la advocación de Nuestra Señora de la Paloma, cuiden de ellas y den salud a sus hijos; guardándoles de las adversidades y brindándoles con el amor filial.

Con confianza y alegría, fraymartindeporres.wordpress.com

Imagen ilustrativa: Nuestra Señora de la Paloma, La Viña (Telde, Gran Canaria).

La Transfiguración: Fiesta para soñar

Levantaos y no temáis

Fiesta para soñar

1.— La Transfiguración del Señor en el monte Tabor es una fiesta para soñar, para lanzar nuestra pobre imaginación al aire de los ensueños. Es un misterio profundo de la vida de Cristo. Pero, al mismo tiempo, una realidad que debemos hacer patente en nuestra existencia. Un momento decisivo para reavivar en momentos de oscuridad. Todo esto es para nosotros —debe serlo— este día de la Transfiguración, donde se dieron cita tantas dimensiones de nuestra fe.
Porque no se trata de una contemplación maravillosa del milagro cuando de descubrir en nuestra vida la necesidad de irnos transfigurando en Cristo. Se trata, en el fondo, de descubrir a Jesús. De ir viendo cómo debemos incrustarlo en nuestra existencia de —mirándolo a El— irnos haciendo cristianos cada día más. Así, y no de otra manera debemos enfocar el Mensaje de esta fiesta.
La Iglesia ya nos puso ante nuestra vida este hecho evangélico en Cuaresma. Y era lógico. En Cuaresma se trataba de cambiar, de transformarnos. Se nos hablaba allí de «penitencia» en el sentido etimológico de la palabra, es decir, de cambio. Y la Transformación era ejemplo y paradigma de lo que debíamos hacer.
Hoy vuelve a la carga. Hoy, más serenos ya, quiere la Iglesia que caigamos en la cuenta de esta verdad. En Cuaresma los acontecimientos pascuales nos embargan. Ahora en pleno verano estamos hasta de vacaciones. Tenemos más tiempo, más calma. Y es momento de ver en Cristo cuanto tenemos que hacer en nosotros.
La Transfiguración nos habla de un trabajo. De ese trabajo nuestro de cada día: ser Cristo, transfigurarnos en Cristo. Porque para el cristiano Cristo lo es todo. Todo en nuestra vida debe estar marcado de la misma trascendencia de Cristo.

2.— Sin embargo, esta fiesta para soñar, no ha de ser un señor ilusorio sino real. Porque no se trata de que demos alas a la imaginación, sino al empeño. De que nos concienciemos de que el trabajo nuestro de cada día —trabajo material, trabajo laboral, trabajo social, trabajo humano— ha de tener un vértice: Cristo.
Que la Transfiguración no ha de hacernos «gansos». Todo lo contrario. La Transfiguración debe espolearnos a terminar de hacernos Cristos. A poner toda la carne en el asador. A transformar —eso significa Transfiguración— todo lo que está a nuestro lado, en nuestro entorno. Pero a transformarlo en Cristo. O al menos, a transformarlo en lo que Cristo quiere.
Porque hoy hablamos mucho de estructuras nuevas, de compromiso social, de empeño político del cristiano. Ya todo eso nos lanza la Transfiguración. El cristiano debe trabajar en el mundo por hacerlo nuevo, por transformarlo. Debe meterse en política, para hacerla más humana y más bien común. Debe reivindicar todo lo reivindicable. Porque su consigna es Transfigurar. Eso sí, Transfigurar en Cristo.
Y es lo que olvidamos. Porque no se puede reducir el cristianismo a las tareas sociales, a las luchas ideológicas, a reivindicaciones salariales, a mejoras humanas y sociales, a la lucha obrera. Si en toda esta lucha, el cristiano no busca a Cristo no busca transfigurarse y transfigurar el mundo en Cristo, está perdiendo el tiempo. Si pierde el sentido religioso de la vida, si pierde la dirección al Señor más allá de la muerte y de todas las realidades terrenas, su cristianismo habrá sido castrado en uno de sus elementos más esenciales: Transfigurar todo en Cristo, no en Marx, ni en ninguno de esos ideológicos aventureros.

3.— Eso nos pide hoy la Transfiguración del Señor. Tenemos que comprometer socialmente, políticamente, humanamente nuestra vida cristiana Pero eso es un solo polo de la dialéctica cristiana. Porque ese compromiso ha de tender a Cristo. La trascendencia, la nostalgia del cielo tienen también un lugar —necesario y esencial para el cristiano— en su vida de cada día. Lo interesante es Cristo, más allá de las realidades y las luchas concretas.
Transfigurarnos en Cristo. Transfigurar el mundo en Cristo. Estos son los «dolores de parto» de que nos habla San Pablo Para nosotros y para el mismo, mundo. Recapitular todas las cosas en El. Hacerlas nuevas.
Fiesta para lanzarnos, para soñar. De verdad.

P. José Cabrera Vélez.
El Eco de Canarias, 5 de agosto de 1978.

Imagen: “La Transfiguración”, por Fra Angélico.

* * *

          Oración

Muéstrate, por fin, Señor.
No permanezcas por más tiempo
oculto a nuestros ojos.
No guardes silencio más días.

¿Hasta cuándo vamos a caminar entre tinieblas,
cansados, desorientados y abatidos?
Desata tu brazo, Señor, desata tu poder
y sal en defensa del pobre y oprimido.
Tiende tus brazos a los que vacilan,
hazte encontradizo a los que te buscan,
sorprende a los que te huyen.

No permitas que se blasfeme tu nombre,
diciendo: es el azar,
es el inconsciente,
es la materia.
¿Acaso el que ha hecho el oído… no oye?
¿No ve el que se ha inventado los ojos?

Los pensamientos de todos los hombres
están en tu ordenador,
todas sus palabras están registradas.

Bienaventurado
el que se deja enseñar por tu palabra.
Dichosos los que no ven y creen.
Sin estar en la seguridad social, están seguros.
Sin necesidad de tranquilizantes,
dormirán tranquilos y vivirán en paz.

Porque tú, Señor,
eres nuestro Padre
y nos quieres.

Letanías de la Preciosísima Sangre del Señor

Letanías de la Preciosísima Sangre del Señor

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, que sois un solo Dios, ten piedad de nosotros.

Sangre de Cristo, Sangre del Unigénito del Padre Eterno, sálvanos.
Sangre de Cristo, Verbo de Dios Encarnado, sálvanos.
Sangre de Cristo, derramada sobre la tierra en la agonía, sálvanos.
Sangre de Cristo, vertida copiosamente en la flagelación, sálvanos.
Sangre de Cristo, emanando en la coronación de espinas, sálvanos.
Sangre de Cristo, derramada en la Cruz, sálvanos.
Sangre de Cristo, prenda de nuestra salvación, sálvanos.
Sangre de Cristo, precisa para el perdón, sálvanos.
Sangre de Cristo, bebida eucarística y refrigerio de las almas, sálvanos.
Sangre de Cristo, manantial de Misericordia, sálvanos.
Sangre de Cristo, vencedora de los espíritus malignos, sálvanos.
Sangre de Cristo, que das valor a los mártires, sálvanos.
Sangre de Cristo, fortaleza de los confesores, sálvanos.
Sangre de Cristo, inspiración de las vírgenes, sálvanos.
Sangre de Cristo, socorro en el peligro, sálvanos.
Sangre de Cristo, alivio de los afligidos, sálvanos.
Sangre de Cristo, solaz en las penas, sálvanos.
Sangre de Cristo, esperanza del penitente, sálvanos.
Sangre de Cristo, consuelo del moribundo, sálvanos.
Sangre de Cristo, paz y ternura para los corazones, sálvanos.
Sangre de Cristo, promesa de Vida Eterna, sálvanos.
Sangre de Cristo, que libras a las almas del Purgatorio, sálvanos.
Sangre de Cristo, acreedora de todo honor y gloria, sálvanos.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, óyenos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.

V). Oh, Señor, nos ha redimido en tu Sangre.
R). Y nos hiciste reino de nuestro Dios.

Oremos

Omnipotente y Sempiterno Dios, que constituiste a tu Unigénito Hijo Redentor del mundo y quisiste aplacarte con su Sangre; te suplicamos nos concedas que de tal modo veneremos el precio de nuestra Redención, que por su virtud seamos preservados en la tierra de los males de la vida presente, ¡para que gocemos en el Cielo de su fruto eterno! Por el mismo Cristo Nuestro Señor. Amén.

(Letanía aprobada por el Santo Padre Juan XXIII).

* * *

Fiesta de la Preciosísima Sangre de  Nuestro Señor Jesucristo

Consagración personal al Corazón de Jesús (oración)

Corazón de Jesús, yo cuidaré de tu honra y de tus cosas; y tú cuida de mí y de las mías.

Consagración personal al Corazón de Jesús

Jesús, Verbo eterno del Dios verdadero, Luz de la Luz, hecho hombre por mi amor y clavado en cruz por mí.
A tu presencia vengo como al único refugio de mi vida y como al amigo siempre fiel, para consagrarme totalmente al amor y a la clemencia de tu Sagrado Corazón. A él quiero amar por encima del mundo y de todas las cosas y en su inefable misterio dejar segura toda mi esperanza.
Bien sabes, Señor, cuántas veces me he sentido tan miserable e impotente que sin tu socorro hubiese perecido sin remedio. Más siempre me has abierto el camino, devuelto la paz y colmado de beneficios. Tú has sido el amparo de mi vida, el reparador de las quiebras de mi inconstancia y quien me has elegido para ti por tu sola predilección.
Quisiera mostrarte todo el amor y toda la gratitud que mi vida y mi corazón te deben.

Con estos sentimientos, acudo a la caridad llena de misericordia de tu benigno Corazón, para que me ayudes a vivir entregado a tu suavísima providencia y a poner en tus manos mi vida, con todas sus vicisitudes, venturas y sufrimientos, y también mi eterna salvación, que dejo tranquilo en tu clementísima potestad. Lo abandono todo, Jesús, encomendando a tu fidelidad, para no preocuparme más que de agradarte por la identificación de mi voluntad con la voluntad tuya, que veo desbordante de un amor infinito y celoso de mi bien.

Así quiero vivir, Señor de las misericordias y Dios de toda consolación, firme en medio de las tempestades que en mi alma o en mi camino se levanten, porque he puesto en tu Corazón la confianza de mi vida. No me afligirá carecer de las consolaciones de este mundo, ya que sólo en ti buscaré mi gozo; ni me turbarán mis ingratitudes del pasado o la incertidumbre del porvenir, porque viviré a la sombra de tu solicitud paternal. Para los demás hombres, sólo querré, y procuraré con todas mis fuerzas, que conozcan esa senda que lleva a la vida verdadera.

Con este deseo y resolución que tú, Señor, me das, me consagro y entrego a tu adorable Corazón, con mi voluntad, mi entendimiento, mi corazón y todo mi ser. Creo en tu amor, espero en él y quiero responderte con el amor mío. Sin temor alguno, a ti me abandono lleno de confianza, alegre en la seguridad de tu promesa: “Ninguno que esperó en el Señor, quedó jamás confundido”. (Ecl. II, 11). Amén.

Ave María, Reina Madre

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Ave María llena de gracia, más Santa que los santos, más excelsa que los Cielos, más gloriosa que los Querubines, más honorable que los Serafines, y más digna de veneración que toda criatura.

San Germán.

“Dios te salve, delicia del Padre, por quien llegó el conocimiento de Dios hasta los confines de la tierra. Ave, domicilio del Hijo, de quien Él tomó carne. Ave, habitación inefable del Espíritu Santo. Ave, tú que eres celebradísima admiración de los entendimientos celestiales. Ave, más santa que los querubines, más gloriosa que los serafines; ave, más extensa que el cielo, más brillante que el sol, más resplandeciente que la luna… Ave, suave resplandor para los ojos de los fieles; trueno espiritual que resuenas sin estrépito en los oídos de los hombres; ave, aura santa que disipas de la tierra el viento de la malicia. Ave, preanuncio noble de los profetas. Ave, voz en los oídos de los apóstoles por todo el mundo; ave, confesión admirable de los mártires, ave, ornamento máximo de los santos; ave, placer verdadero de los justos; ave, felicísima glorificación de las vírgenes; ave, cetro y firmeza de los reyes. Ave, misterio máximo de los sacerdotes, refugio invicto de los pecadores. Ave, glorioso gobierno de los navegantes; ave, elevación de los que caen, oh Señora. Ave, gratuita medicina de los enfermos; ave, resurrección cierta de los moribundos. Ave, causa de salud de todos los mortales. Ave, gozo inenarrable del mundo. Ave, Reina conciliadora de la paz; ave, esplendor inmaculado de las Madres… Ave, Divina enseñanza para los jóvenes, custodia ilustre de los niños. Ave, Medianera de todas las cosas que están debajo del cielo, Reparadora de todo el mundo. Ave, celebridad magnificentísima del cielo y de la tierra; ave, llena de gracia, el Señor contigo”.

San Tarasio de Constantinopla (siglo VIII).

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Dios te salve, Reina y Madre

Dios te salve,
Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros,
esos tus ojos misericordiosos.
Y, después de este destierro,
muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima, Oh piadosa,
Oh dulce Virgen María!
Ruega por nosotros,
Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos
de alcanzar las promesas
de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Santa María, Madre de Dios

Letanía a San Martín de Porres

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Letanía a San Martín de Porres

San Martín de Porres:

Siempre en la presencia de Dios,

Fiel siervo de Cristo,

Amante de la Sagrada Eucaristía,

Devoto de nuestra bendita Madre,

Protector espiritual de las Américas,

Honroso hijo de Santo Domingo,

Amante del Santísimo Rosario,

Apóstol de la Piedad,

Protector de los tentados y de los arrepentidos,

Socorro de las Almas en duda y obscuridad,

Compasivo con los que sufren y están afligidos,

Fortaleza de desanimados e infortunados,

Pacificador de las discordias,

Conmovido por todos los que sufren,

Consuelo del enfermo y del moribundo,

Autor de curaciones milagrosas,

Protector de los niños sin hogar,

Humilde escondite de los poderes dados por Dios,

Devoto de la santa pobreza,

Modelo de obediencia,

Amante de la penitencia heroica,

Fuerte en la abnegación,

Cumplidor de las tareas domésticas con santo fervor,

Dotado con el don profético.

Ruega por nosotros San Martín,

para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.

OREMOS: Oh Dios, que diste a San Martín de Porres la gloria de entrar en el reino de los cielos, concédenos por sus méritos e intercesión que nosotros podamos seguir de tal manera el ejemplo de su humildad en la tierra, que merezcamos ser llevados con Él a los cielos. Por Cristo nuestro Señor. AMÉN.

Gozos a San Martín de Porres

SMP GOZOS

GOZOS A SAN MARTÍN DE PORRES

No quiero, Dios poderoso,
que de tu mente me borres.
Por eso implora conmigo,
tu santo: Martín de Porres

No fue obstáculo tu cuna
para buscar al Señor,
pues le amaste con locura
como buen hijo de Dios.
Tu vivir fue para amarlo
y honrarlo en tu santidad,
nos enseñaste a adorarlo
por toda la eternidad.

No quiero, Dios poderoso…

No buscaste los honores
ni el oropel de la vida,
pues tus únicos amores
fueron “la dicha escondida”.
Viviste para el Amado
sin otro afán que la Cruz,
por eso fuiste adornado
de su Bondad y su Luz.

No quiero, Dios poderoso…

Gran maestro de obediencia,
de oración y de perdón.
Santo de limpia conciencia
y de eficaz bendición.
Bendice mis ilusiones,
mis luchas y mis desvelos,
pues quiero tus oraciones
para llegar hasta el cielo.

No quiero, Dios poderoso…

Amigo de tus amigos
y toda la creación
yo quiero adorar contigo
a nuestro Dios y Señor.
Yo cuento con tu presencia
para orar enardecido.
Regálame tu asistencia
para amar agradecido.

No quiero, Dios poderoso…

Por tu sencillez y gracia
recibiste los favores
que merecía tu alma,
renunciando a los honores.
Y los hombres te humillaron
con arrogancia y crueldad,
mas, los cielos te exaltaron
cuando vieron tu humildad.

No quiero, Dios poderoso…

Fervoroso y fiel amante
de la Santa Eucaristía;
fiel mulato caminante
de la mano de María.
Enaltecido baluarte
de la criolla santidad,
regálame el estandarte
de la Santa Trinidad.

No quiero, Dios poderoso…

Mis cotidianos afanes
bendícelos San Martín.
Haz que viva, ore y ame
para llegar a mi fin.
Haz que marche de tu mano
adorándole con vos;
que como vos ame a todos,
todo por amor a Dios.

No quiero, Dios poderoso…

                             De la novena a San Martín de Porres. Guillermo Cardona Rodríguez

Fiesta de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo

Preciosíma Sangre de Cristo

«Mi Carne es verdadera comida, y Mi Sangre verdadera bebida; el que come Mi Carne, y bebe Mi Sangre, en Mí mora, y Yo en él». (Jn 6, 56-57).

Comienza el mes de julio con la festividad de la Preciosísima Sangre de Jesucristo: una devoción algo olvidada y, sin embargo, de valor infinito¹ (“cuius una stilla salvum facere totum mundum quit ab omni scelere”, de la cual una sola gota puede salvar al mundo entero de todo pecado) y recomendable por el efecto bondadoso que produce en el alma. El Señor nos ha redimido, nos ha perdonado y purificado con su Sangre; derramada por amor y para nuestra salvación. Si en la Cruz encontramos la esperanza, en la Sangre está la vida. Con ella tiñó la tierra y abrió las puertas del cielo. Con ella se aplaca la divina justicia y se ahuyenta la maldad.

Así pues, celebremos con júbilo el triunfo de la Sangre Redentora, precio de nuestro rescate y prenda segura de salvación. Abramos nuestros pobres corazones, ávidos de misericordia, al Señor infinitamente bueno y sabio, que exhala suspiros de amor y lágrimas por cada uno de nosotros: ¡Canta, lengua, el misterio del Cuerpo glorioso y de la Sangre preciosa de Cristo; de esa Sangre, fruto de un seno generoso, que el Rey de las gentes derramó para rescate del mundo: “in mundi praetium”!

ORACIÓN DE LA SANGRE DE CRISTO 

Señor Jesús, en Tu Nombre, y con el poder de Tu Sangre Preciosa sellamos toda persona, hechos o acontecimientos a través de los cuales el enemigo nos quiera hacer daño.

Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos toda potestad destructora en el aire, en la tierra, en el agua, en el fuego, debajo de la tierra, en las fuerzas satánicas de la naturaleza, en los abismos del infierno, y en el mundo en el cual nos moveremos hoy.

Con el poder de la Sangre de Jesús rompemos toda interferencia y acción del maligno. Te pedimos Jesús que envíes a nuestros hogares y lugares de trabajo a la Santísima Virgen acompañada de San Miguel, San Gabriel, San Rafael y toda su corte de Santos Ángeles.

Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestra casa, todos los que la habitan (nombrar a cada una de ellas), las personas que el Señor enviará a ella, así como los alimentos, y los bienes que El generosamente nos envía para nuestro sustento.

Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos tierra, puertas, ventanas, objetos, paredes y pisos, el aire que respiramos y en fe colocamos un círculo de Su Sangre alrededor de toda nuestra familia.

Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos los lugares en donde vamos a estar este día, y las personas, empresas o instituciones con quienes vamos a tratar (nombrar a cada una de ellas).

Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestro trabajo material y espiritual, los negocios de toda nuestra familia, y los vehículos, las carreteras, los aires, las vías y cualquier medio de transporte que habremos de utilizar.

Con Tu Sangre preciosa sellamos los actos, las mentes y los corazones de todos los habitantes y dirigentes de nuestra Patria a fin de que Tu paz y Tu Corazón al fin reinen en ella.

Te agradecemos Señor por Tu Sangre y por Tu Vida, ya que gracias a Ellas hemos sido salvados y somos preservados de todo lo malo. Amén.

* * *

Enlaces de interés:

1. Ya en el siglo XVI se celebraba en España una fiesta de la Sangre de Cristo. La solemnidad actual fue instituida para toda la Iglesia por Pío IX en 1849, en acción de gracias por la reconquista de Roma, que esclavizada por el liberalismo y las sectas, se había rebelado el año anterior contra el Romano Pontífice. Pío XI elevó el rito a doble de 1ª clase, solemnizándola.

Fuimos redimidos con la sangre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos limpia de toda iniquidad, y, por tanto, dichosos los que en ella lavan sus almas. Si las casas de Egipto, teñidas con la sangre de un cordero, se salvaron de la ira de Dios, mucho más se librarán de esta ira, y aún recibirán abundancia de bendiciones y gracias, los que veneren y honren con peculiar devoción y obsequio la sangre de nuestro Salvador”.

Pío IX. Decreto de promulgación

Consagración de la familia a los Corazones de Jesús y María

Oración a los Corazones de Jesús y María

“Sea nuestro hogar como el de Nazaret, el asilo inviolable del honor, de la fe, de la caridad, del trabajo, de la oración, del orden y de la paz doméstica”.

La Iglesia ha celebrado la fiesta del Sagrado Corazón y la del Inmaculado Corazón de María durante este viernes y sábado respectivamente. Por ello, nos encontramos en un momento muy especial para rezar esta oración de Consagración, en la que pedimos amparo a los Corazones de Jesús y María para nuestras familias.

Oración de Consagración

Santísimos corazones de Jesús y María,
unidos en el amor perfecto,
como nos miráis con misericordia y cariño,
consagramos nuestros corazones,
nuestras vidas, y nuestras familias a Vosotros.

Conocemos que el ejemplo bello
de Vuestro hogar en Nazaret fue un modelo
para cada una de nuestras familias.
Esperamos obtener, con Vuestra ayuda,
la unión y el amor fuerte y perdurable
que os disteis.

Que nuestro hogar sea lleno de gozo.
Que el afecto sincero, la paciencia, la tolerancia,
y el respeto mutuo sean dados libremente a todos.

Que nuestras oraciones
incluyan las necesidades de los otros,
no solamente las nuestras.

Y que siempre estemos cerca de los sacramentos.

Bendecid a todos los presentes
y también a los ausentes,
tantos los difuntos como los vivientes;
que la paz esté con nosotros,
y cuando seamos probados,
conceded la resignación cristiana
a la voluntad de Dios.

Mantened nuestras familias cerca
de Vuestros Corazones;
que Vuestra protección
especial esté siempre con nosotros.

Sagrados Corazones de Jesús y María,
escuchad nuestra oración.
Amén.

Foto: Imágenes del Sagrado Corazón de Jesús y del Corazón de María en la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán (La Orotava)

Oración al Santo Cristo del Perdón

Iconografía Cristo del Perdón

¡Oh Dios, que en la esperanza de un madero,
vertiendo vas tu sangre gota a gota!
Mi ingratitud, Señor, es quien te azota,
y mi amor quien te tiene prisionero.
De corazón rechazo mi pecado.
Por tu Pasión, Jesús, he de salvarme;
pues del cielo has bajado por buscarme,
y estás, por redimirme, en cruz clavado.

Perdona, buen Jesús, a los extraviados
que desprecios y maldades cometieron.
No les tomes en cuenta su pecado;
que no saben, Señor, lo que hicieron.
Ábreles, por piedad, la santa Herida
de tu tierno y divino Corazón.
Que gocen todos de tu eterna vida,
pues eres el SANTO CRISTO DEL PERDÓN.

              Antonio Ureña Arroyo, Salesiano.

Cristo del Perdón La Orotava

Santísimo Cristo del Perdón de La Orotava