Ave María, Reina Madre

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Ave María llena de gracia, más Santa que los santos, más excelsa que los Cielos, más gloriosa que los Querubines, más honorable que los Serafines, y más digna de veneración que toda criatura.

San Germán.

“Dios te salve, delicia del Padre, por quien llegó el conocimiento de Dios hasta los confines de la tierra. Ave, domicilio del Hijo, de quien Él tomó carne. Ave, habitación inefable del Espíritu Santo. Ave, tú que eres celebradísima admiración de los entendimientos celestiales. Ave, más santa que los querubines, más gloriosa que los serafines; ave, más extensa que el cielo, más brillante que el sol, más resplandeciente que la luna… Ave, suave resplandor para los ojos de los fieles; trueno espiritual que resuenas sin estrépito en los oídos de los hombres; ave, aura santa que disipas de la tierra el viento de la malicia. Ave, preanuncio noble de los profetas. Ave, voz en los oídos de los apóstoles por todo el mundo; ave, confesión admirable de los mártires, ave, ornamento máximo de los santos; ave, placer verdadero de los justos; ave, felicísima glorificación de las vírgenes; ave, cetro y firmeza de los reyes. Ave, misterio máximo de los sacerdotes, refugio invicto de los pecadores. Ave, glorioso gobierno de los navegantes; ave, elevación de los que caen, oh Señora. Ave, gratuita medicina de los enfermos; ave, resurrección cierta de los moribundos. Ave, causa de salud de todos los mortales. Ave, gozo inenarrable del mundo. Ave, Reina conciliadora de la paz; ave, esplendor inmaculado de las Madres… Ave, Divina enseñanza para los jóvenes, custodia ilustre de los niños. Ave, Medianera de todas las cosas que están debajo del cielo, Reparadora de todo el mundo. Ave, celebridad magnificentísima del cielo y de la tierra; ave, llena de gracia, el Señor contigo”.

San Tarasio de Constantinopla (siglo VIII).

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Dios te salve, Reina y Madre

Dios te salve,
Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros,
esos tus ojos misericordiosos.
Y, después de este destierro,
muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima, Oh piadosa,
Oh dulce Virgen María!
Ruega por nosotros,
Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos
de alcanzar las promesas
de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Santa María, Madre de Dios

Letanía a San Martín de Porres

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Letanía a San Martín de Porres

San Martín de Porres:

Siempre en la presencia de Dios,

Fiel siervo de Cristo,

Amante de la Sagrada Eucaristía,

Devoto de nuestra bendita Madre,

Protector espiritual de las Américas,

Honroso hijo de Santo Domingo,

Amante del Santísimo Rosario,

Apóstol de la Piedad,

Protector de los tentados y de los arrepentidos,

Socorro de las Almas en duda y obscuridad,

Compasivo con los que sufren y están afligidos,

Fortaleza de desanimados e infortunados,

Pacificador de las discordias,

Conmovido por todos los que sufren,

Consuelo del enfermo y del moribundo,

Autor de curaciones milagrosas,

Protector de los niños sin hogar,

Humilde escondite de los poderes dados por Dios,

Devoto de la santa pobreza,

Modelo de obediencia,

Amante de la penitencia heroica,

Fuerte en la abnegación,

Cumplidor de las tareas domésticas con santo fervor,

Dotado con el don profético.

Ruega por nosotros San Martín,

para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.

OREMOS: Oh Dios, que diste a San Martín de Porres la gloria de entrar en el reino de los cielos, concédenos por sus méritos e intercesión que nosotros podamos seguir de tal manera el ejemplo de su humildad en la tierra, que merezcamos ser llevados con Él a los cielos. Por Cristo nuestro Señor. AMÉN.

Gozos a San Martín de Porres

SMP GOZOS

GOZOS A SAN MARTÍN DE PORRES

No quiero, Dios poderoso,
que de tu mente me borres.
Por eso implora conmigo,
tu santo: Martín de Porres

No fue obstáculo tu cuna
para buscar al Señor,
pues le amaste con locura
como buen hijo de Dios.
Tu vivir fue para amarlo
y honrarlo en tu santidad,
nos enseñaste a adorarlo
por toda la eternidad.

No quiero, Dios poderoso…

No buscaste los honores
ni el oropel de la vida,
pues tus únicos amores
fueron “la dicha escondida”.
Viviste para el Amado
sin otro afán que la Cruz,
por eso fuiste adornado
de su Bondad y su Luz.

No quiero, Dios poderoso…

Gran maestro de obediencia,
de oración y de perdón.
Santo de limpia conciencia
y de eficaz bendición.
Bendice mis ilusiones,
mis luchas y mis desvelos,
pues quiero tus oraciones
para llegar hasta el cielo.

No quiero, Dios poderoso…

Amigo de tus amigos
y toda la creación
yo quiero adorar contigo
a nuestro Dios y Señor.
Yo cuento con tu presencia
para orar enardecido.
Regálame tu asistencia
para amar agradecido.

No quiero, Dios poderoso…

Por tu sencillez y gracia
recibiste los favores
que merecía tu alma,
renunciando a los honores.
Y los hombres te humillaron
con arrogancia y crueldad,
mas, los cielos te exaltaron
cuando vieron tu humildad.

No quiero, Dios poderoso…

Fervoroso y fiel amante
de la Santa Eucaristía;
fiel mulato caminante
de la mano de María.
Enaltecido baluarte
de la criolla santidad,
regálame el estandarte
de la Santa Trinidad.

No quiero, Dios poderoso…

Mis cotidianos afanes
bendícelos San Martín.
Haz que viva, ore y ame
para llegar a mi fin.
Haz que marche de tu mano
adorándole con vos;
que como vos ame a todos,
todo por amor a Dios.

No quiero, Dios poderoso…

                             De la novena a San Martín de Porres. Guillermo Cardona Rodríguez

Fiesta de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo

Preciosíma Sangre de Cristo

«Mi Carne es verdadera comida, y Mi Sangre verdadera bebida; el que come Mi Carne, y bebe Mi Sangre, en Mí mora, y Yo en él.» (Jn 6, 56-57)

Comienza el mes de julio con la festividad de la Preciosísima Sangre de Jesucristo, una devoción algo olvidada y, sin embargo, de valor infinito¹ (“cuius una stilla salvum facere totum mundum quit ab omni scelere”, de la cual una sola gota puede salvar al mundo entero de todo pecado), y recomendable por el efecto bondadoso que produce en el alma. El Señor nos ha redimido, nos ha perdonado y purificado con su Sangre; derramada por amor y para nuestra salvación. Si en la Cruz encontramos la esperanza, en la Sangre está la vida. Con ella tiñó la tierra y abrió las puertas del cielo. Con ella se aplaca la divina justicia y se ahuyenta la maldad.

Así pues, celebremos con júbilo el triunfo de la Sangre Redentora, precio de nuestro rescate y prenda segura de salvación. Abramos nuestros pobres corazones, ávidos de misericordia, al Señor infinitamente bueno y sabio, que exhala suspiros de amor y lágrimas por cada uno de nosotros: ¡Canta, lengua, el misterio del Cuerpo glorioso y de la Sangre preciosa de Cristo; de esa Sangre, fruto de un seno generoso, que el Rey de las gentes derramó para rescate del mundo: “in mundi praetium”!

ORACIÓN DE LA SANGRE DE CRISTO 

Señor Jesús, en Tu Nombre, y con el poder de Tu Sangre Preciosa sellamos toda persona, hechos o acontecimientos a través de los cuales el enemigo nos quiera hacer daño.

Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos toda potestad destructora en el aire, en la tierra, en el agua, en el fuego, debajo de la tierra, en las fuerzas satánicas de la naturaleza, en los abismos del infierno, y en el mundo en el cual nos moveremos hoy.

Con el poder de la Sangre de Jesús rompemos toda interferencia y acción del maligno. Te pedimos Jesús que envíes a nuestros hogares y lugares de trabajo a la Santísima Virgen acompañada de San Miguel, San Gabriel, San Rafael y toda su corte de Santos Ángeles.

Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestra casa, todos los que la habitan (nombrar a cada una de ellas), las personas que el Señor enviará a ella, así como los alimentos, y los bienes que El generosamente nos envía para nuestro sustento.

Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos tierra, puertas, ventanas, objetos, paredes y pisos, el aire que respiramos y en fe colocamos un círculo de Su Sangre alrededor de toda nuestra familia.

Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos los lugares en donde vamos a estar este día, y las personas, empresas o instituciones con quienes vamos a tratar (nombrar a cada una de ellas).

Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestro trabajo material y espiritual, los negocios de toda nuestra familia, y los vehículos, las carreteras, los aires, las vías y cualquier medio de transporte que habremos de utilizar.

Con Tu Sangre preciosa sellamos los actos, las mentes y los corazones de todos los habitantes y dirigentes de nuestra Patria a fin de que Tu paz y Tu Corazón al fin reinen en ella.

Te agradecemos Señor por Tu Sangre y por Tu Vida, ya que gracias a Ellas hemos sido salvados y somos preservados de todo lo malo. Amén.

Enlaces de interés:

 1. Ya en el siglo XVI se celebraba en España una fiesta de la Sangre de Cristo. La solemnidad actual fue instituida para toda la Iglesia por Pío IX en 1849, en acción de gracias por la reconquista de Roma, que esclavizada por el liberalismo y las sectas, se había rebelado el año anterior contra el Romano Pontífice. Pío XI elevó el rito a doble de 1ª clase, solemnizándola.

Fuimos redimidos con la sangre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos limpia de toda iniquidad, y, por tanto, dichosos los que en ella lavan sus almas. Si las casas de Egipto, teñidas con la sangre de un cordero, se salvaron de la ira de Dios, mucho más se librarán de esta ira, y aún recibirán abundancia de bendiciones y gracias, los que veneren y honren con peculiar devoción y obsequio la sangre de nuestro Salvador”.

Pío IX. Decreto de promulgación

Consagración de la familia a los Corazones de Jesús y María

Oración a los Corazones de Jesús y María

“Sea nuestro hogar como el de Nazaret, el asilo inviolable del honor, de la fe, de la caridad, del trabajo, de la oración, del orden y de la paz doméstica”.

La Iglesia ha celebrado la fiesta del Sagrado Corazón y la del Inmaculado Corazón de María durante este viernes y sábado respectivamente. Por ello, nos encontramos en un momento muy especial para rezar esta oración de Consagración, en la que pedimos amparo a los Corazones de Jesús y María para nuestras familias.

Oración de Consagración

Santísimos corazones de Jesús y María,
unidos en el amor perfecto,
como nos miráis con misericordia y cariño,
consagramos nuestros corazones,
nuestras vidas, y nuestras familias a Vosotros.

Conocemos que el ejemplo bello
de Vuestro hogar en Nazaret fue un modelo
para cada una de nuestras familias.
Esperamos obtener, con Vuestra ayuda,
la unión y el amor fuerte y perdurable
que os disteis.

Que nuestro hogar sea lleno de gozo.
Que el afecto sincero, la paciencia, la tolerancia,
y el respeto mutuo sean dados libremente a todos.

Que nuestras oraciones
incluyan las necesidades de los otros,
no solamente las nuestras.

Y que siempre estemos cerca de los sacramentos.

Bendecid a todos los presentes
y también a los ausentes,
tantos los difuntos como los vivientes;
que la paz esté con nosotros,
y cuando seamos probados,
conceded la resignación cristiana
a la voluntad de Dios.

Mantened nuestras familias cerca
de Vuestros Corazones;
que Vuestra protección
especial esté siempre con nosotros.

Sagrados Corazones de Jesús y María,
escuchad nuestra oración.
Amén.

Foto: Imágenes del Sagrado Corazón de Jesús y del Corazón de María en la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán (La Orotava)

Oración al Santo Cristo del Perdón

Iconografía Cristo del Perdón

¡Oh Dios, que en la esperanza de un madero,
vertiendo vas tu sangre gota a gota!
Mi ingratitud, Señor, es quien te azota,
y mi amor quien te tiene prisionero.
De corazón rechazo mi pecado.
Por tu Pasión, Jesús, he de salvarme;
pues del cielo has bajado por buscarme,
y estás, por redimirme, en cruz clavado.

Perdona, buen Jesús, a los extraviados
que desprecios y maldades cometieron.
No les tomes en cuenta su pecado;
que no saben, Señor, lo que hicieron.
Ábreles, por piedad, la santa Herida
de tu tierno y divino Corazón.
Que gocen todos de tu eterna vida,
pues eres el SANTO CRISTO DEL PERDÓN.

              Antonio Ureña Arroyo, Salesiano.

Cristo del Perdón La Orotava

Santísimo Cristo del Perdón de La Orotava

Oración por la mujer

Oración por la mujer -The Flower Girl

Oración por la mujer

Gracias, Dios Padre Bueno, por el amor que nos tienes;
porque nos has creado a tu imagen y semejanza
en la condición de varón y mujer;
para que, reconociéndonos diferentes,
busquemos complementarnos:
el varón como apoyo de la mujer
y la mujer como apoyo del varón.

Gracias, Padre Bueno, por la mujer
y su misión en la comunidad humana.

Te pedimos por la mujer que es hija:
que sea acogida y amada por sus padres,
tratada con ternura y delicadeza.

Te pedimos por la mujer que es hermana:
que sea respetada y defendida por sus hermanos.

Te pedimos por la mujer que es esposa:
que sea reconocida, valorada y ayudada por su esposo,
compañero fiel en la vida conyugal;
que ella se respete y se dé a respetar,
para vivir ambos la comunión de corazones y anhelos
que se prolongan en la fecundidad de una nueva vida humana,
participando así en la máxima obra de la creación: el ser humano.

Te pedimos por la mujer que es madre:
que reconozca en la maternidad el florecimiento de su feminidad.
Creada para la relación,
sea sensible, tierna y abnegada en la educación de cada hijo;
con la dulzura y la fortaleza,
la serenidad y la valentía,
la fe y la esperanza
que van forjando la persona,
el ciudadano, el hijo de Dios.

Te pedimos por las mujeres buenas y generosas
que han entregado su vida para realizar la nuestra.

Te pedimos por las mujeres que se sienten solas,
por las que no encuentran sentido a su vida;
por las marginadas y usadas como objeto de placer y de consumo;
por las que han sido maltratadas y asesinadas.

Te pedimos, Padre Bueno, por todos nosotros, varones o mujeres;
que nos sepamos comprender, valorar y ayudar mutuamente,
para que en la relación, amable y positiva,
colaboremos juntos al servicio de la familia y de la vida.

Amén.

Imagen: “The Flower Girl”, del pintor francés César Pattein (1850 – 1931)

Oración a San Martín de Porres

San Martín de Porres (Playa de Arinaga)

Oración por la Paz

Señor, haz de mi un instrumento de tu paz.
Que donde hay odio, yo ponga el amor.
Que donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que donde hay error, yo ponga la verdad.
Que donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que donde hay desesperación, yo ponga la esperanza.
Que donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que donde hay tristeza, yo ponga la alegría.

Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar,
ser comprendido, sino comprender,
ser amado, sino amar.

Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de uno mismo
como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo, como se resucita a la vida eterna.

Todo esto te lo pedimos, Señor.
Por intercesión de San Martín de Porres. Amén

(Oración franciscana por la paz. Parroquia de Nuestra Señora del Pino, Playa de Arinaga)

San Martín de Porres, concédenos la virtud de la humildad

fray martín de porres

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani

San Martín de Porres, concédenos la virtud de la humildad

Muy queridos hermanos todos en Cristo Jesús:

Acabamos de terminar el mes del Señor de los Milagros, el Mes Morado. Por ello, lo primero que quiero hacer es darle gracias a Dios por tantas bendiciones que derramó en millones de corazones, en miles de hogares, en todos los rincones del Perú y del mundo, a través del Señor de los Milagros.

Es bueno ser agradecidos, por eso levantemos nuestro corazón para decirle al Señor así: “mantén vivo en nuestras vidas ese deseo de quererte, de acompañarte, ese deseo que hemos manifestado de manera impresionante con grandes multitudes, con millones de personas en el mundo entero ofreciendo su vida, sus hijos, y pidiendo a Dios”.

Hoy domingo celebramos aquí en el Perú la solemnidad de nuestro San Martín de Porres: San Martín de Porres nació en Lima, de padre español y madre mulata, en el año 1579, y cuando alcanzó la juventud, ingresó en la Orden de los Dominicos. Llevó una vida de mortificación, de humildad, de gran devoción a la eucaristía, y murió a los 60 años, en 1639.

Fue canonizado por el ahora beato, Papa Juan XXIII, el 6 de mayo de 1962, cuando estaba de arzobispo de Lima el recordado y querido cardenal Juan Landázuri. Para nosotros, tener el ejemplo de San Martín de Porres en esta ciudad, es un motivo para meditar sobre todo lo que nos puede enseñar con su vida.

En primer lugar debemos recordar que fue un hombre humilde, sencillo, sin gran poder y sin gran cultura; por eso, el evangelio de hoy dice que el Señor ha querido revelar sus grandes misterios a gente sencilla, pero no olvidemos lo difícil que es ser humilde, porque la humildad es abrir la puerta a la verdad de tu vida.

Lo primero que te pide la humildad es: conócete cómo eres, reconoce tus limitaciones, tus virtudes, abre las puertas a esa humildad para que seamos sencillos. También te recomienda la humildad: deja que los demás te ayuden, todos lo necesitamos en algún momento, y piensa: ¿me dejo ayudar?, ¿se ayudar a los demás?, ¿dejo que Cristo sea el gran amigo, y me dejo ayudar por él?. Si haces un repaso de tu vida entonces, no te asustes, piensa que la humildad te llevará a aceptar la ayuda de Dios para cambiar.

Por eso, un rasgo tan importante de la vida de San Martín de Porres es su humildad, su sencillez, y la Iglesia nos ofrece a todos el poder ser como él. Por eso, ora así al Señor: ayúdame a tener esa sencillez, a no buscar el poder, el dinero, la autoridad, el llamar la atención. Mira más bien a aquel hombre sencillo, el santo de la escoba, San Martín; en su época no lo conocería casi nadie, pero ahora, conforme pasan los años, cada vez más reconocemos la grandeza del hombre que nos enseña el camino, el camino ordinario.

Aprende a hacer grande lo pequeño. Recuerden a ese hombre de Dios que tenía gran amor por la eucaristía y acompañaba a Cristo en el sagrario, recibía el cuerpo divino en su alma en gracia, y lo visitaba siempre. Recordémoslo para que también veamos que la Iglesia nos invita a ese camino de amor a la eucaristía, para recibir a Cristo en la hostia.

Ese amor por la eucaristía nos lleva a ser optimistas, alegres. ¿De donde sacamos ese optimismo?, pues de la amistad con Dios. Por eso, cuando estés triste, o cuando tengas ira, pregúntate así: ¿qué hay en común entre yo y tu, Señor?; y pregúntale entonces ¿qué ha interferido en nuestra relación?. Y entonces descubrirás la causa de una tristeza que está debilitando tu amistad con Cristo.

Pero la gran enseñanza de este hombre santo, San Martín de Porres, es el amor al prójimo. Nos dice el Papa Juan XXIII, en la homilía del día que lo hizo santo: “Martín nos demuestra con el ejemplo de su vida, que podemos llegar a la salvación y a la santidad por el camino que nos enseñó Cristo: amar a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente. Y en segundo lugar, amar a nuestro prójimo como nosotros mismos”.

Luego, el Papa Juan XXIII nos dice: “Martín, obedeciendo ese mandato de Dios, ayudaba con su amor a sus hermanos, a esos hombres pobres, disculpaba los errores de los demás, y perdonaba las más graves injurias y ofensas; y cuando era posible, ayudaba a los agricultores, ayudaba a los negros y mulatos que por aquel tiempo eran tratados como esclavos. Por eso en el pueblo se le conocía como “Martín de la caridad”.

Hermanos, recordemos que el amor no se fabrica, y que dos personas se quieren sólo si hay algo que los une en sus vidas. Yo no puedo fabricar amor, porque ese amor viene de Dios, entra en mi alma y me dice: “ayuda a aquel hombre, a aquella mujer, aquel niño que está enfermo, discapacitado; ayuda al que está un poco solo, o acompaña a aquel enfermo que te espera”.

¿Quién te hace ese mandato moral?, pues Dios. No es algo que tú puedas fabricar, y por ejemplo, cuando no hay amor en el matrimonio no debe imponerse ese sentimiento a la otra persona. Por eso en la epístola hemos escuchado esas palabras de San Pablo hablando del amor, y recordando que el verdadero amor siempre es paciente, no se irrita y no tiene envidia.

Por eso, cuando se quiere formar un matrimonio y un hogar, no se puede imponer el amor. O hay o no hay amor, surgido del fruto del entendimiento, del cariño, del sacrificio, del conocimiento mutuo. Recién luego puede surgir el amor conyugal, para toda la vida.

El amor no está en los libros, el amor no se fuerza, con el amor no se juega. Dice San Pablo que “el amor no presume, no se engríe, no es maleducado y egoísta, no se irrita. No se alegra en la injusticia, goza con la Verdad, el amor no pasa nunca”. Hermanos, ¿saben qué amor es este que tenía San Martín de Porres?: pues un amor que viene de Dios, que pasa a través de nosotros y nos da esa fuerza, esa paciencia, esa alegría.

Ese es el amor cristiano. Y cuando queremos hacer del amor cristiano un hogar, tiene que haber un amor conyugal, un amor entre ese hombre y esa mujer para siempre. Y no lo puedo fabricar, no lo puedo imponer, está hecho de pequeños sacrificios, y si no es así te dirás: “esta mujer no es para mí”, o “este hombre no es para mí”.

No juguemos con el amor, y recordemos que cuando uno da su palabra y se casa, es para toda la vida; y Dios siempre estará allí para ayudarte y para que formes una familia.

San Martín nos enseña, a amar, a ser humildes, generosos, a cuidar a los niños y a los pobres. Porque San Martín se encargaba de la limpieza, se encargaba de atender en el convento, y era un hombre humilde, sencillo, pero dentro tenía una grandeza: amaba a Dios.

Señor, danos ese amor para volcarlo en los demás. Ayudemos a tanta gente pobre y humilde con esa honradez, no con palabras sino con obras. Sepamos hacer la caridad con aquel enfermo, con aquel niño, con aquel anciano, no como un gesto de grandeza, no, sino sabiendo que me hace mucho bien ayudar al prójimo.

Y es que al ayudar al prójimo, la primera ayuda es para mí, y eso me alegra, me entusiasma. La Virgen María nos enseñará en el Rosario a amar al prójimo, y San Martín nos abrirá las puertas a la humildad.

San Martín de Porres, concédenos la humildad, porque por allí conseguiremos la alegría, el optimismo en nuestras vidas. Y por allí conseguiremos el amor a Dios y al prójimo.

Así sea.

Cardenal Juan Luis Cipriani, en su homilía celebrada el Domingo, 3 de noviembre de 2002.

deprecaciones

Martín, en alguna ocasión todos necesitamos de ti; protégenos.

Deprecaciones a San Martín de Porres

Glorioso San Martín de Porres, que todo lo sufriste con alegría por amor a Dios. Ruega por nosotros.

Glorioso San Martín de Porres, por los trabajos, penalidades y desprecios que sufriste. Ruega por nosotros.

Glorioso San Martín de Porres, servidor de Cristo en la persona de los enfermos. Ruega por nosotros.

Piadoso San Martín de Porres, enamorado y confidente de Jesús en el Sagrario. Ruega por nosotros.

Glorioso San Martín de Porres, bienhechor complaciente con las oraciones de tus devotos. Ruega por nosotros. Padre Nuestro. Ave y Gloria.

Gozos de San Martín de Porres

Santuario de Atocha, Madrid

Gozos de San Martín 

Hacia el cielo corres
con modestia y humildad.
Haz, oh San Martín de Porres,
te imite en la caridad.

Eres por Dios escogido
ya desde tu edad más tierna,
tu instrucción primera alterna
con el oficio aprendido,
para ti barbero ha sido
profesión que en ti es bondad.

Haz, oh San Martín de Porres,
te imite en la caridad.

Si grande es tu amor humano,
tu amor a Dios es perfecto:
evitas todo defecto,
no ofendes al Soberano;
y Él te eleva con su mano
a vista de la ciudad.

Hábito dominicano
aumenta tu penitencia,
es extrema la obediencia,
sufres el insulto humano,
si te alaban es en vano,
que es opuesto a tu humildad.

Haz, oh San Martín de Porres,
te imite en la caridad.

Gran remedio recibían
los pobres necesitados
y, cuanto más desgraciados,
mayor consuelo tenían.
A ti, Martín, acudían,
a tu generosidad.

Oh glorioso San Martín,
tú que a tus fieles proteges,
en el vicio no los dejes,
llévalos, gran paladín,
a gozar la eternidad.

Haz, oh San Martín de Porres,
te imite en la caridad.

Taumaturgo prodigioso
fue este gran siervo de Dios,
por lo que gracias a Vos,
Señor Todopoderoso,
siempre os daba el religioso
que en voz logró santidad.

Y, arrobado a lo divino,
partes presto para el cielo,
cambias este bajo suelo
por un más alto destino,
el pueblo fiel aquí vino
y honró tu gran santidad.

Haz, oh San Martín de Porres,
te imite en la caridad.