Homilía en el día de San Rafael Arnáiz Barón

Hermano Rafael, así era

Homilía en el día de San Rafael

El Papa Francisco, sin duda bajo la inspiración del Espíritu Santo, ha convocado el año de la misericordia. En la bula Misericordiae vultus de convocatoria al año jubilar nos da las claves del misterio de la misericordia en la revelación, Antiguo y Nuevo Testamento. Así nos afirma que “es propio de Dios usar misericordia y especialmente en esto se manifiesta su omnipotencia”. “’Paciente y misericordioso’ es el binomio que a menudo aparece en el Antiguo Testamento para descubrir la naturaleza de Dios. Su ser misericordioso se constata concretamente en tantas acciones de la historia de su salvación donde su bondad prevalece por encima del castigo y la destrucción”. “Eterna es su misericordia” es el estribillo que acompaña cada verso del Salmo 135 mientras se narra la historia de la revelación de Dios.

El Papa afirmará que la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Toda su acción pastoral debería estar revestida por la ternura con la que Dios se dirige a los creyentes. Por eso con la mirada fija en Jesús y en su rostro misericordioso podemos percibir el amor de la Santísima Trinidad.

¿Y cómo ha percibido Rafael, la misericordia de Dios? No es mucho lo que ha escrito de la misericordia si lo comparamos con otros aspectos de su espiritualidad, como el amor a Jesucristo, a su Madre Santísima (la Señora, como él la llama), a la eucaristía y en especial de su aceptación de la cruz de Cristo a través de la enfermedad. Pero son lo suficientes para comprender que ha percibido los aspectos fundamentales de este atributo de Dios.

Rafael nos hablará de este Dios paciente y misericordioso, y como todos los atributos divinos son infinitos, también lo es su misericordia; y lo va a reflejar en distintas ocasiones. A su tío Leopoldo le hablará de la gran misericordia de Dios. A su padre, ante los acontecimientos políticos de España en ese tiempo, le escribirá animándole Todo es una gran misericordia de Él, y los hombres no llegan más allá de donde él permite. En distintos escritos a su padre, a su madre, a su tío Polín, al Hermano Tescelino… en su cuaderno “Dios y mi alma” hablará de la gran misericordia de Dios, su infinita misericordia, su infinita bondad y su gran misericordia, las grandezas de Dios y de su infinita misericordia.

Y Rafael sabe bien que en donde se pone de manifiesto de modo especial el tributo de la misericordia de Dios, es en su relación con el hombre, y con el hombre caído por el pecado. Si San Bernardo jugando con las expresiones latinas nos dice que la miseria y la misericordia se encuentra; la miseria (del hombre) y la misericordia (de Dios), en San Rafael será una constante que la misericordia de Dios está siempre actuando para perdonar y sanar la miseria de su criatura. Después de una fuerte experiencia de Dios en el Coro, escribe a su madre:

A pesar de no entender latín, mi alma se llenaba de las palabras de David, de tal manera, que me acercaba a Dios, para pedirle misericordia y pedirle que detuviese su ira en el día grande y sublime de la resurrección.

A su tío Leopoldo:

Si te miras a ti mismo, más vale no hablar. ¿Qué queda, pues?… Dios y sólo Dios. Él suple lo que el mundo y sus criaturas no pueden dar. En su infinita Misericordia quedan ocultas nuestras miserias, olvidos e ingratitudes.

En la Apología del trapense:

Es alegre y dichoso de ver la bondad de Dios reflejada en las criaturas, de palpar su misericordia y el amor de Jesús… Le da gracias de haberle sacado del mundo lleno de peligros y pecados.

Pero la experiencia personal de la misericordia de Dios la hará Rafael en carne propia, y sabrá interpretar los avatares y sufrimientos de su vida, no como algo negativo, sino como la manifestación de Dios en su misericordia que le va a transformar poco a poco hasta llevarle a la aceptación plena de su enfermedad, e incluso de la muerte. Algunos textos del santo para confirmarlo.

En la Apología del trapense:

Si el monje se retira del claustro, es para alabar a Dios con más facilidad y sin distracciones… La salmodia, el silencio, le ayudan a ello; piensa en los pecados de los hombres para pedir por ellos y desagraviar al Señor; piensa en los que son desgraciados en la tierra, y en los que son felices, pidiendo para todos misericordia.

En mi cuaderno:

Soy feliz con lo que tengo; a nada aspiro, que no sea a Dios, y a Dios le tengo en la pequeña cruz de mi enfermedad. ¿De qué me puedo quejar?… ¡Si en mi vida no veo más que misericordias divinas!… ¡Cómo se ensancha el alma al ver la misericordia de Dios! «En la tribulación me ensanchasteis», dice el profeta David.

Y el hermano Tescelino, le escribe:

Cuando serenamente, contemplo todas las maravillas que Él hace conmigo, a pesar de mi obstinación a la gracia, a pesar de no encontrar en mi más que egoísmo, olvidos y pecados de todo género…, entonces el aturdimiento se convierte en una maravillosa luz, que me habla de las grandezas de Dios, de su infinita misericordia.

Profundizar en la misericordia de Dios le ha llevado a comprender, a interiorizar los misterios de la acción de Dios en el hombre, y por ello llegará a aceptar su enfermedad y su muerte como el misterio de Dios en su vida. A su tío Leopoldo le llega a afirmar: la gran misericordia de Dios es una buena muerte; ahí se acaba todo…toda esa serie de cosas que nos rodean…, y entonces no hay más que una cosa… Dios.

Para Rafael una de las manifestaciones más hermosas de la misericordia de Dios ha sido el entregarnos a su Madre la Virgen María. Lo afirmará en distintas ocasiones, pero creo que hay dos momentos en los que lo expresa con una fuerza y un lirismo insuperable:

A su tío Polín: ¿Cómo no amar a Dios, viendo su infinita bondad que llega a poner como intercesora entre Él y los hombres, a una criatura como María, que todo es dulzura, que todo es paz, que suaviza las amarguras del hombre sobre la tierra, poniendo una nota tan dulce de esperanza en el pecador, en el afligido…, que es Madre de los que lloran, que es estrella en la noche del navegante, que es…, no sé…, es la Virgen María? ¿Cómo no bendecir, pues, a Dios, con todas nuestras fuerzas al ver su gran misericordia para con el hombre, poniendo entre el cielo y la tierra, a la Santísima Virgen?

Y en sus meditaciones del cuaderno Dios y mi alma:

¡Ah!, Virgen María…, he aquí la gran misericordia de Dios… He aquí cómo Dios va obrando en mi alma, a veces en la desolación, a veces en el consuelo, pero siempre para enseñarme que sólo en Él tengo que poner mi corazón, que sólo en Él he de vivir, que sólo a Él he de amar, de querer, esperar…, en pura fe, sin consuelo ni ayuda de humana criatura.

Para terminar, afirmando:

¡Qué grande es la misericordia de Dios!

San Rafael sigue siendo para todos un modelo de virtudes cristianas, y entre ellas la misericordia es también fuente de experiencia de Dios que le ha enseñado a aceptar su enfermedad e incluso la muerte, y comprender que en las entrañas de misericordia de nuestro Dios encontramos nuestro refugio y nuestro consuelo. Ojalá que todos hagamos la experiencia de la misericordia de Dios en nuestra vida como lo hizo San Rafael Arnáiz.

P. Enrique Trigueros.

San Rafael Arnáiz Barón (Boletín informativo, Enero – Junio 2016, nº 184)

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Festividad de San Rafael Arnáiz Barón

Homilía en la fiesta de San Rafael Arnáiz

Hermano Rafael

Homilía en la Fiesta del Hermano Rafael

P. Alberico Feliz, 27 de Abril de 2014

En esta misma fecha, -hace 77 años-, nuestro Hermano Rafael, acababa de desaparecer, después de estar de cuerpo presente en nuestra iglesia, mientras la Comunidad le dedicaba las últimas oraciones de recomendación.

Hoy día, le percibimos invisible y glorioso, pues ya está inscrito en el catálogo de los santos, con una capilla dedicada a su veneración, para que sea él, quien interceda por nosotros.

Son los Santos:

  • los que en su interior, llevan la pequeñez de los grandes;
  • los inconfundibles, por que si deslumbrar, alumbran con su testimonio callado y con su forma de situarse;
  • los que llevan hasta el extremo de dar y darse;
  • los que contagian la fe que llevan a flor de piel;
  • los que aciertan a ver el valor de lo sencillo y la grandeza de lo pequeño;
  • los que llevan un exterior común, siendo singularísimos por dentro;
  • los testigos limpios de una fe transparente en Cristo;
  • los héroes silenciosos del cumplimiento del deber de la vida diaria…

Así nos lo ha dicho él, en lectura del segundo nocturno, cuando nos hablaba de la “sencillez”: “Sólo pretendo vivir una vida muy sencilla, sin cosas extraordinarias”. Y también: “No hace falta, para ser grandes santos, grandes cosas; basta hacer grandes, las cosas pequeñas”.

Pero está bien claro, que para llegar a un convencimiento tan sublime, como excelso, se necesita un punto de apoyo inconmovible, que a su amparo, puedan superarse todas las turbulencias y dubitaciones de mente y de espíritu que puedan sobrevenir con el tiempo o por sorpresa.

Este apoyo, que también es “fondo” y “centro”, tal como lo interpreta el mayor de los místicos, San Juan de la Cruz, no es otro que Dios, el “¡sólo Dios!” de nuestro Hermano Rafael, y que no siempre es bien entendido, pues no se refiere a “exclusividad”, sino a  “prioridad” en el amor.

Esta “primacía en el amor”, es aquella profesión israelítica, que nos ha recordado la primera lectura: “Escucha Israel”…; la oración de todos los días, y que había que recitarla más señalados: “estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado”.

Y para evitar todo peligro de inadvertencia, “había que atarla a la muñeca, o ponerla como broche en el turbante, para no perderla nunca de vista: “Amarás al Señor tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas sus fuerzas”.

El amor debe apoderarse de toda la persona, para que no quede como mero afecto sentimental; de tal manera, que en la entrega total del amante, suene el lenguaje del amor más profundo: “Mi Amado es para mi, y yo para mi Amado”.

De ahí la inquietud bendita de que Rafael “buscara a Dios” por todos los medios, modos y maneras que se le ofrecían hasta dar con El. Y por eso nos dice que, “por más que nos sorprenda lo que veamos a los lados, lo que interesa es no detenerse y seguir, pensando que al fin del camino está el que se busca, esperando con los brazos abiertos”.

Y esto lo decía, cuando se hallaba estudiando, aunque ya había conectado con nuestro monasterio en sucesivas visitas.

En su primera carta, ya desde el convento, escribe a sus padres, y les dice: “Quisiera comunicaros mi alma, mi amor a Dios, para que vierais que vuestro hijo ha encontrado el verdadero camino… y como dice el evangelio, “un tesoro”, y sin pérdida de tiempo, se dedica a desenterrarlo”.

Es fácil decir esto, cuando en los primeros meses del noviciado se viven de luna de miel del todo enamorado; pero tendremos que escucharlo a lo largo de toda la trayectoria, para ver si ése “buscar a Dios por Dios, para quedarse con el “¡sólo Dios!” como único lema, lo lleva clavado en el alma, pase lo que pase y ocurra lo que ocurra.

Y parece ser que sí…, pues va a resultar clave de fondo y la tensión fundamental del alma absorbida por la “pasión” de Dios, que como ciervo herido gime: “Ansias de vida eterna… Ansias del alma que sujeta al cuerpo, gime por ver a Dios…; ¡Ansias de Cristo!”.

Y cuando nuestro Hermano se expresa así, nos parece estar escuchando a San Pablo: “Todo lo estimo pérdida comparando con la excelencia del conocimiento de Cristo mi Señor”. Jesucristo es para él, su “todo”, el modelo que hay que reproducir, y el guía que hay que seguir.

Y en sus escritos, chorrea constantemente esta obsesión bendita por Cristo, que es el que le da luz, la fuerza y el ánimo entusiastas para buscarle, seguir, proseguir hasta conseguir lo que anhelaba.

Nos lo dirá en sendas expresiones:

  • “No vivamos en lo exterior, hermano, que todo es vanidad y luego pasa. Animémonos a vivir en Cristo y sólo para El”…
  • “Todo lo que vibra, todo lo que al alma en la vida rodea, todo es flor de un día, que ahora viene y luego se va. Nada la interesa que no sea Cristo…
  • Y nos expone su propia experiencia: “Bien sabe el Señor, que cuanto más débil me siento, cuanto más lucho con la materia que tira hacia abajo, cuando mi alma sufre un dolor más humano que divino, es entonces cuando veo que sólo en Cristo se halla descanso”.
  • “Para el alma enamorada de Dios, para el alma que ya no ve más arte ni más ciencia que la vida de Jesús…, le es necesario ocultarse en Cristo, y allí estarse a solas con Dios” “Nada tengo y tengo a Cristo; nada deseo y poseo, pero poseo y deseo a Cristo”.

Pero él sabe muy bien, que a pesar de su anhelo ardiente, -“no ha conseguido el premio”- y por eso, se ha propuesto como San Pablo, mediante un típico vocabulario deportivo, un esforzado y continuado camino hasta la meta, que exige un duro combate espiritual.

  • La meta que para él es la santidad, y lo repite muchas veces: “Lo único que hay que hacer, por mucho que nos sorprenda lo que vemos a los lados del camino, es no detenerse, seguir”…
  • El esfuerzo, es no volver la mirada atrás; por eso repite varias veces la frase evangélica: “He puesto la mano en el arado… y no quiero mirar atrás”.
  • Y su persistencia consistió en ofrecerse a Dios, no una, ni dos o tres, sino cuatro veces, afirmando con toda el alma que lo haría mil veces si fuera necesario…

Y en esto consiste la “sencillez y sabiduría que Dios revela a la gente sencilla“. Escuchemos esta expansión de Rafael: “Ni el mundo comprende, ni es necesario, la locura del alma que ama a Cristo; la locura, sí, que hace que el alma desbarre, que las palabras se hagan torpes de tanto querer decir y no poder decir nada”.

La locura sostenida únicamente por estar unida a la voluntad de Dios, y que nos hace callar, cuando quisiéramos gritar; que nos hace prudentes y el alma se desata, y el ansia palpita impaciente dentro del corazón…

La locura de Cristo…, no se comprende, es natural, y hay que ocultarla…, ocultarla muy dentro, muy dentro; que sólo El la vea, y que nadie, si es posible, ni aún uno mismo, se entere de que está dominado por ella”.

Este es amor y la locura de nuestro Hermano Rafael por la persona de Cristo; aprendamos la lección que él nos regala, y sepamos perseverar hasta conseguir la meta, aunque ello suponga una oblación de vida, como la que él ofrendó al Señor. Por eso consiguió lo que se propuso, y hoy le venera la Iglesia entera con singular devoción.

Sólo Dios basta…

Del boletín informativo San Rafael Arnáiz Barón (Enero-Junio 2015 – nº182)

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El Hermano Rafael Arnáiz

Eucaristía por el inicio del Jubileo de la Orden de Predicadores

Mensaje del Maestro de la Orden de Predicadores para el Jubileo

El día del Señor Parroquia de San Pedro Mártir

Eucaristía por el inicio del año jubilar de la Orden de Predicadores en su 800 aniversario

Vídeo: El Día del Señor – Parroquia de San Pedro Mártir

Homilía completa de Fray Javier Carballo, O.P (pdf)

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Jubileo 1216-2016 Orden de Predicadores

San Martín de Porres, concédenos la virtud de la humildad

fray martín de porres

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani

San Martín de Porres, concédenos la virtud de la humildad

Muy queridos hermanos todos en Cristo Jesús:

Acabamos de terminar el mes del Señor de los Milagros, el Mes Morado. Por ello, lo primero que quiero hacer es darle gracias a Dios por tantas bendiciones que derramó en millones de corazones, en miles de hogares, en todos los rincones del Perú y del mundo, a través del Señor de los Milagros.

Es bueno ser agradecidos, por eso levantemos nuestro corazón para decirle al Señor así: “mantén vivo en nuestras vidas ese deseo de quererte, de acompañarte, ese deseo que hemos manifestado de manera impresionante con grandes multitudes, con millones de personas en el mundo entero ofreciendo su vida, sus hijos, y pidiendo a Dios”.

Hoy domingo celebramos aquí en el Perú la solemnidad de nuestro San Martín de Porres: San Martín de Porres nació en Lima, de padre español y madre mulata, en el año 1579, y cuando alcanzó la juventud, ingresó en la Orden de los Dominicos. Llevó una vida de mortificación, de humildad, de gran devoción a la eucaristía, y murió a los 60 años, en 1639.

Fue canonizado por el ahora beato, Papa Juan XXIII, el 6 de mayo de 1962, cuando estaba de arzobispo de Lima el recordado y querido cardenal Juan Landázuri. Para nosotros, tener el ejemplo de San Martín de Porres en esta ciudad, es un motivo para meditar sobre todo lo que nos puede enseñar con su vida.

En primer lugar debemos recordar que fue un hombre humilde, sencillo, sin gran poder y sin gran cultura; por eso, el evangelio de hoy dice que el Señor ha querido revelar sus grandes misterios a gente sencilla, pero no olvidemos lo difícil que es ser humilde, porque la humildad es abrir la puerta a la verdad de tu vida.

Lo primero que te pide la humildad es: conócete cómo eres, reconoce tus limitaciones, tus virtudes, abre las puertas a esa humildad para que seamos sencillos. También te recomienda la humildad: deja que los demás te ayuden, todos lo necesitamos en algún momento, y piensa: ¿me dejo ayudar?, ¿se ayudar a los demás?, ¿dejo que Cristo sea el gran amigo, y me dejo ayudar por él?. Si haces un repaso de tu vida entonces, no te asustes, piensa que la humildad te llevará a aceptar la ayuda de Dios para cambiar.

Por eso, un rasgo tan importante de la vida de San Martín de Porres es su humildad, su sencillez, y la Iglesia nos ofrece a todos el poder ser como él. Por eso, ora así al Señor: ayúdame a tener esa sencillez, a no buscar el poder, el dinero, la autoridad, el llamar la atención. Mira más bien a aquel hombre sencillo, el santo de la escoba, San Martín; en su época no lo conocería casi nadie, pero ahora, conforme pasan los años, cada vez más reconocemos la grandeza del hombre que nos enseña el camino, el camino ordinario.

Aprende a hacer grande lo pequeño. Recuerden a ese hombre de Dios que tenía gran amor por la eucaristía y acompañaba a Cristo en el sagrario, recibía el cuerpo divino en su alma en gracia, y lo visitaba siempre. Recordémoslo para que también veamos que la Iglesia nos invita a ese camino de amor a la eucaristía, para recibir a Cristo en la hostia.

Ese amor por la eucaristía nos lleva a ser optimistas, alegres. ¿De donde sacamos ese optimismo?, pues de la amistad con Dios. Por eso, cuando estés triste, o cuando tengas ira, pregúntate así: ¿qué hay en común entre yo y tu, Señor?; y pregúntale entonces ¿qué ha interferido en nuestra relación?. Y entonces descubrirás la causa de una tristeza que está debilitando tu amistad con Cristo.

Pero la gran enseñanza de este hombre santo, San Martín de Porres, es el amor al prójimo. Nos dice el Papa Juan XXIII, en la homilía del día que lo hizo santo: “Martín nos demuestra con el ejemplo de su vida, que podemos llegar a la salvación y a la santidad por el camino que nos enseñó Cristo: amar a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente. Y en segundo lugar, amar a nuestro prójimo como nosotros mismos”.

Luego, el Papa Juan XXIII nos dice: “Martín, obedeciendo ese mandato de Dios, ayudaba con su amor a sus hermanos, a esos hombres pobres, disculpaba los errores de los demás, y perdonaba las más graves injurias y ofensas; y cuando era posible, ayudaba a los agricultores, ayudaba a los negros y mulatos que por aquel tiempo eran tratados como esclavos. Por eso en el pueblo se le conocía como “Martín de la caridad”.

Hermanos, recordemos que el amor no se fabrica, y que dos personas se quieren sólo si hay algo que los une en sus vidas. Yo no puedo fabricar amor, porque ese amor viene de Dios, entra en mi alma y me dice: “ayuda a aquel hombre, a aquella mujer, aquel niño que está enfermo, discapacitado; ayuda al que está un poco solo, o acompaña a aquel enfermo que te espera”.

¿Quién te hace ese mandato moral?, pues Dios. No es algo que tú puedas fabricar, y por ejemplo, cuando no hay amor en el matrimonio no debe imponerse ese sentimiento a la otra persona. Por eso en la epístola hemos escuchado esas palabras de San Pablo hablando del amor, y recordando que el verdadero amor siempre es paciente, no se irrita y no tiene envidia.

Por eso, cuando se quiere formar un matrimonio y un hogar, no se puede imponer el amor. O hay o no hay amor, surgido del fruto del entendimiento, del cariño, del sacrificio, del conocimiento mutuo. Recién luego puede surgir el amor conyugal, para toda la vida.

El amor no está en los libros, el amor no se fuerza, con el amor no se juega. Dice San Pablo que “el amor no presume, no se engríe, no es maleducado y egoísta, no se irrita. No se alegra en la injusticia, goza con la Verdad, el amor no pasa nunca”. Hermanos, ¿saben qué amor es este que tenía San Martín de Porres?: pues un amor que viene de Dios, que pasa a través de nosotros y nos da esa fuerza, esa paciencia, esa alegría.

Ese es el amor cristiano. Y cuando queremos hacer del amor cristiano un hogar, tiene que haber un amor conyugal, un amor entre ese hombre y esa mujer para siempre. Y no lo puedo fabricar, no lo puedo imponer, está hecho de pequeños sacrificios, y si no es así te dirás: “esta mujer no es para mí”, o “este hombre no es para mí”.

No juguemos con el amor, y recordemos que cuando uno da su palabra y se casa, es para toda la vida; y Dios siempre estará allí para ayudarte y para que formes una familia.

San Martín nos enseña, a amar, a ser humildes, generosos, a cuidar a los niños y a los pobres. Porque San Martín se encargaba de la limpieza, se encargaba de atender en el convento, y era un hombre humilde, sencillo, pero dentro tenía una grandeza: amaba a Dios.

Señor, danos ese amor para volcarlo en los demás. Ayudemos a tanta gente pobre y humilde con esa honradez, no con palabras sino con obras. Sepamos hacer la caridad con aquel enfermo, con aquel niño, con aquel anciano, no como un gesto de grandeza, no, sino sabiendo que me hace mucho bien ayudar al prójimo.

Y es que al ayudar al prójimo, la primera ayuda es para mí, y eso me alegra, me entusiasma. La Virgen María nos enseñará en el Rosario a amar al prójimo, y San Martín nos abrirá las puertas a la humildad.

San Martín de Porres, concédenos la humildad, porque por allí conseguiremos la alegría, el optimismo en nuestras vidas. Y por allí conseguiremos el amor a Dios y al prójimo.

Así sea.

Cardenal Juan Luis Cipriani, en su homilía celebrada el Domingo, 3 de noviembre de 2002.

deprecaciones

Martín, en alguna ocasión todos necesitamos de ti; protégenos.

Deprecaciones a San Martín de Porres

Glorioso San Martín de Porres, que todo lo sufriste con alegría por amor a Dios. Ruega por nosotros.

Glorioso San Martín de Porres, por los trabajos, penalidades y desprecios que sufriste. Ruega por nosotros.

Glorioso San Martín de Porres, servidor de Cristo en la persona de los enfermos. Ruega por nosotros.

Piadoso San Martín de Porres, enamorado y confidente de Jesús en el Sagrario. Ruega por nosotros.

Glorioso San Martín de Porres, bienhechor complaciente con las oraciones de tus devotos. Ruega por nosotros. Padre Nuestro. Ave y Gloria.

Homilía del Cardenal Juan L. Cipriani en el 50º aniversario de la Canonización de San Martín de Porres

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne
Domingo, 06 de mayo de 2012
50º Aniversario de la Canonización de San Martín de Porres
Basílica Catedral de Lima

Muy queridos hermanos en Cristo Jesús.

Hoy la Iglesia universal, también la Iglesia en el Perú y en Lima, celebra con especial gozo estos cincuenta años desde la canonización que Juan XXIII, Beato, hizo de nuestro Hermano San Martín de Porres.

Saludos mis hermanos Obispos aquí presentes.

Saludo también al Provincial de la Orden Dominica a quien perteneció San Martín, a los miembros eclesiales de la Orden, a todos los sacerdotes, religiosos y religiosas que hoy nos acompañan en esta Catedral.

Saludo al Doctor César San Martín, Presidente del Poder Judicial. A los Congresistas, autoridades, a la Hermandad de San Martín de Porres, a todos.

Hoy el Santo Padre, en el saludo que ha hecho al rezar el Regina Coeli al mediodía en Roma, al final, ha querido recordar este aniversario pidiéndole a San Martín: Intercede por los trabajos de la nueva evangelización y ayúdanos para que florezca la santidad en la Iglesia.

Hermanos, en el Evangelio que acabamos de escuchar, toda las doctrina que Jesús enseña a sus discípulos en este pasaje “Yo soy la verdadera vid, mi Padre es el labrador”. Todo sarmiento que no da frutos lo arranca; y todo el que da fruto lo toma para que de más frutos.

A partir de esa explicación de Jesús, cada uno de nosotros tiene por delante esa tarea, todos tenemos esa llamada de Jesús: “Estén conmigo, únanse a mí”. Esa primacía de la gracia que viene de Cristo explica la santidad de San Martín de Porres, es Cristo quien lo escoge y es él que con su libertad responde heroicamente a todo lo que Cristo le va pidiendo.

Justamente poco tiempo después de la canonización, el Concilio Vaticano II hizo toda una doctrina conciliar recordando al mundo entero que desde el bautismo estamos llamados todos a esa santidad de unión con Cristo, como decía Juan Pablo II: “No es para un grupo de privilegiados”. No hay en la Iglesia una entrega minimalista, no hay una vida más o menos buena, la Iglesia nos enseña que busquemos la santidad, la unidad con Cristo en todo, tarea nada fácil.

Desde el bautismo, Cristo nos ha escogido a todos uno por uno, nos ha incorporado a esa vida en Él y nos dice: “Ya no eres Pedro, Tomás, María, Juana, no, ya eres hijo de Dios en Cristo”. Y empieza esa tarea de ser santos a la que todos estamos llamados, en el trabajo, en la familia y en el día a día.

Que bien, haría la Iglesia si en esta tarea de la nueva evangelización volviera a promover la belleza de la santidad, la posibilidad de la santidad en la vida corriente y ordinaria, porque siempre hemos visto a los santos como muy lejanos, muy diferentes a la vida corriente y entonces decimos: la santidad es para unos cuantos.

San Martín de Porres fue un hombre sencillo, un hombre del pueblo, un hombre humilde, no estaba en el poder, no tenía grandes doctorados, no tenía una plataforma de nada, era como cualquiera de nosotros solo que más humilde, más generoso y el Señor en esa alma, como en la tuya y en la mía, sembró un amor a Cristo que hizo que San Martín no estuviera jamás tranquilo hasta no hacer todo por amor a todos, amigos, no tan amigos, conocidos no tan conocidos, ahí está el heroísmo. ¡Qué fácil es amar a los que te aman! ¡Qué fácil es agradecer a los que te ayudan!

San Martín nos ha dejado una huella en la Iglesia Universal del hombre humilde que se vuelca a toda hora por ayudar a los demás, por escuchar a los demás, por comprender a los demás, por estar con los demás; y uno pensará a veces: ¿Este alto grado de la vida cristiana fue suficiente?

Claro que fue suficiente, no se dedicaba San Martín a hacer milagros, se dedicaba a amar al prójimo, no había en su boca una palabra que no fuera de cariño y de ternura, no había en sus pensamientos nada que fuera de agravio a los demás, no había en su vida comunitaria nada que no fuera obediencia a su misión. Y en ese cumplir cada día con sus deberes, Jesús fue poniendo una luz cada día mayor y hoy vemos que el mundo entero ve en el santo de la escoba el ejemplo del hombre humilde, del hombre que ama al prójimo, del hombre que busca siempre pero con una caridad que tiene contenido.

Amar a todos es estar en la cruz de Cristo, amar a todos es morir a nosotros mismos cada día, y hermanos eso solo se puede en esa intimidad con Cristo.

homilía aniversario

Grande fue el amor a la Eucaristía de este hermano nuestro. Nos dice la historia que pasaba largos ratos junto a Jesús Eucaristía. Hoy que estamos tan apurados no se sabe para que, ¿cómo sería este mundo si le dedicáramos un minuto cada uno a estar delante del Santísimo, adorando, escuchando, pidiendo amor a la Eucaristía y confesándonos frecuentemente?, porque no es fácil ir adelante sino hago ese acto grande de humildad, porque en la confesión está la esencia de la conversión. Voy en un acto de humildad para decir la verdad, para poner ese acto de arrepentimiento, dolor de corazón y Jesús entra en el alma y te deja lleno de gozo, alegre, con entusiasmo, con vitalidad para ir a la búsqueda de todos tus hermanos.

La lectura meditada de la palabra de Dios, el amor a María, en el rezo del Rosario y un ardor misionero es la misión que se nos encomienda. Realízala en tu casa, con tus hijos, con tus hermanos, en tu barrio, en tu trabajo. Esa es tu misión, siembra ahí el amor, la paz, la comprensión. Por eso el apóstol San Juan nos da ese como resumen de la vida de San Martín, no amemos de palabra ni de boca, sino de verdad y con obras.

Por eso, hoy saludo a la Orden Dominica y a toda la Iglesia, a las Diócesis vecinas que nos acompañan, donde el Patrono de la Iglesia de Chosica es San Martín de Porres. La Iglesia de Lima está de fiesta, la Orden Dominica está de fiesta, todos estamos de fiesta porque este buen hombre visita su Catedral y nos dice a todos: “Ánimo, si se puede ser santo, Jesús te busca para que seas santo”.

Bendice San Martín a nuestra patria, con la paz, con la verdad, con la unidad de toda la familia peruana.

Así sea.

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convento de sto domingo lima

Deprecaciones a San Martín de Porres

Glorioso San Martín de Porres, que todo lo sufriste con alegría por amor a Dios. Ruega por nosotros.

Glorioso San Martín de Porres por los trabajos, penalidades y desprecios que sufriste. Ruega por nosotros.

Glorioso San Martín de Porres, servidor de Cristo en la persona de los enfermos. Ruega por nosotros.

Piadoso San Martín de Porres, enamorado y confidente de Jesús en el Sagrario. Ruega por nosotros.

Glorioso San Martín de Porres, bienhechor complaciente con las oraciones de tus devotos. Ruega por nosotros. Padre Nuestro. Ave y Gloria.

Fray Martín y su escoba santificadora

fray martín y su escoba

Si el hábito hace al monje, la escoba lo realza

Al contemplar su imagen llama la atención un elemento que casi siempre le acompaña; encontramos un elemento que no suele ser elemento de santificación pero que en San Martín se vuelve elemento maravilloso que le sirvió de santificación: la escoba.

La “escoba de san Martín”. No se puede hablar de san Martín sin mencionar “su” escoba… ¿Conocen algún personaje que haya pasado a la historia por una escoba? Yo no. Sólo sé que Martín es conocido por ese elemento tan utilizado en todos los tiempos (ahora también, aunque han proliferado las máquinas y utensilios de todo tipo para la limpieza, sigue siendo un instrumento). Un elemento tan sencillo y tan cotidiano es protagonista de santidad en las manos de fray Martín y de todos los que queramos vivir como él. Sirviendo desde el amor.

Su escoba y, conjuntamente con ella, todos los servicios que realizaba fueron para él una mediación de acercar lo pequeño, lo sencillo, lo cotidiano a lo trascendente y a la humanidad. Fray Escoba fue haciéndose desde Jesús, por eso Martín se vuelve buen samaritano a imagen de Jesús, acoge, sana y cuida a los tirados por el camino de la vida.

Su escoba, la de Martín, es nuestra escoba. Es un santo dominico pero universal, que nos hace una llamada: VIVIR SIRVIENDO CON AMOR. Hacer de nuestra vida, de nuestra historia un servicio, ”barrer” lo que nos impide ser fraternos, abrirnos al bien del otro, a favor de, siendo artesanos de bendición… Nuestra escoba nos debe hacer santos. No es una utopía, es una realidad. Ser santos, nos lo indica Martín, es “hacer lo ordinario, extraordinario desde el amor”, es así de sencillo…

Parroquia Santo Tomás de Aquino (Bogotá), de la Homilía: La Eucaristía, la Cruz y la Escoba

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“Con su escoba milagrosa”

Letra:

Con su escoba milagrosa, San Martín, de los cuerpos va quitando el dolor, y a la vista de su humilde tez morena van las almas otra vez pensando en Dios.
Es la historia de este santo singular la que ahora se las voy a relatar, y aunque negro, y de origen natural, San Martín, llega así a la santidad. Del convento, las campanas al tocar, a los frailes van llamando a cantar; por los claustros, con su escoba sin cesar, en silencio él no deja de rezar.
Cierto día, que en grave necesidad en demanda, sale el prior a la ciudad San Martín, se le ofrece y es verdad como esclavo, alguien me puede comprar es a un perro y es a un gato y un ratón que le dice San Martín con gran bondad no se admiren, de su buena amistad todo puede, cuando reina el amor.
Por los pobres, en su triste padecer dulce y bueno, fue su amigo San Martín todos saben, donde pueden recurrir siempre es cierto que él los sabe socorrer.
Para enfermos sin consuelo en su dolor su esperanza es sólo verlo aparecer cuando sienten el milagro de su amor es un santo gritan todos por doquier.
Del convento las campanas al doblar a sus puertas gimen, lloran la ciudad es Martín que se acaba de marchar lo ha llamado su buen Dios a descansar.
Más el Santo con nosotros se quedó para ayuda de nuestra necesidad San Martín, San Martín
¡No te olvides de los que estamos aquí!

Martín de la Caridad

Iglesia San Martín de Porres - Mar de Plata

“Martín de la caridad”

Homilía del Obispo de Mar del Plata en la memoria de San Martín de Porres

Mar del Plata, 3 de noviembre de 2014

Convento de frailes dominicos, San Martín de Porres

Esta comunidad conventual de frailes dominicos, sede del noviciado de la Orden, celebra hoy con gozo la fiesta de su patrono, San Martín de Porres. Hablamos de una de las glorias de la Orden de Predicadores, y una de las primeras flores de santidad en América Latina.

Como obispo de Mar del Plata, siento un gran gusto al responder positivamente a la invitación de presidir esta Misa. Este convento dominicano manifiesta continuamente su voluntad de comunión con la Iglesia diocesana y lo demuestra de muchas maneras. Sé que siempre puedo contar con su activa colaboración a la hora de proponerles una tarea pastoral, la suplencia puntual de un sacerdote, la ayuda en el sacramento de la Confesión, la presencia en las manifestaciones de fe, lo mismo que en eventos de trascendencia diocesana, o bien el compromiso de asumir una cátedra.

Recuerdo el día de mi ingreso en esta diócesis, el 4 de junio de 2011. Estaba previsto hacerlo a partir de este lugar, pero sin ingresar en este templo. Por detalles del protocolo, la oración del obispo ante el sagrario se reservaba para el ingreso en la Catedral. Con sana e ingenua picardía, los frailes, presididos por el Provincial, habían preparado un reclinatorio ante el altar y entre tímidos y distraídos me preguntaron si no deseaba pasar a saludar al Señor. ¿Cómo negarme?

Transcurridos unos instantes, después de rezar ante el Santísimo y la Virgen del Rosario, volví la mirada hacia la hermosa imagen de uno de mis santos preferidos, San Martín de Porres. Soy sensible ante las manifestaciones artísticas de calidad, y sé que esta talla se debe a uno de los mejores artistas que trabajaron la escultura en madera, Leo Moroder, abuelo de un querido sacerdote porteño, fallecido en plena juventud.

No vine para hablarles de arte ni quiero distraerlos. A este santo siempre atribuí una gracia decisiva en mi juventud, al término de una novena. Algún fraile de este convento conoce mi relato. Por eso, a los dos meses de ingresar en el Seminario, en el año 1962, sentí inmensa alegría por la canonización de este humilde hermano lego dominico, hijo de padre español y de madre mulata. Luego leí con fruición en L’Osservatore Romano la homilía del Papa San Juan XXIII.

Con el paso del tiempo, quise conocer más sobre la vida de este santo y leí una biografía que en su momento me hizo mucho bien.

Sobre su biografía no abundo, pues estoy hablando ante sus hermanos en religión, que bien la conocen; y ante una feligresía habituada a escuchar hablar de él.

Me complazco, en cambio, en recordar algunos rasgos de su estilo de vida, de su camino de santidad, que pueden servirnos a todos, cualquiera sea nuestro estado.

En las lecturas bíblicas, podemos encontrar la clave de comprensión de su existencia. El profeta Isaías habla del sentido del verdadero ayuno: “compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne” (Is 58,7). San Pablo al describir las diversas funciones en el Cuerpo de la Iglesia, nos dice: “El que tiene el don del ministerio, que sirva … El que comparte sus bienes, que dé con sencillez … El que practica misericordia, que lo haga con alegría … Ámense cordialmente con amor fraterno, estimando a los otros como más dignos” (Rom 12,7-9). El Evangelio nos trae la exclamación gozosa de Jesús: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños” (Mt 11,25).

En la vida de este humilde hermano lego, estas cosas resplandecían mediante sus obras.

Lo primero que destaco es la forma específica en que se tradujo su ardiente caridad. En una orden religiosa donde es bien conocido el lema contemplare et contemplata aliis tradere, vale decir: “contemplar la verdad y ofrecerla a los demás”, San Martín nos invita a ahondar en este aserto y darle a esta afirmación un significado que no excluye el esfuerzo del estudio, pero indica otra vía de conocimiento de la verdad y sabiduría del Evangelio, que Dios regala a los humildes y sencillos.

Conocer la sagrada doctrina, como base para instruir a los demás y dar respuesta a los numerosos interrogantes que se plantean en el encuentro entre el Evangelio y la vida de los hombres, es tarea irrenunciable en la vida de la Iglesia. Algunos miembros del Pueblo de Dios están llamados a conocer la revelación cristiana mediante el arduo estudio de la ciencia teológica en sus distintas áreas. Algunas órdenes, en particular, y entre ellas la dominicana, recibieron históricamente este carisma. Pero este camino es para pocos en comparación con la mayoría del Pueblo de Dios.

 En cambio, es para todos, incluidos los teólogos, el camino de la humildad y de la caridad, que se revestirán de expresiones diversas según cada estado de vida.

San Martín fue un gran contemplativo, aunque su fuente de sabiduría no eran los libros ni el esfuerzo de la ciencia. Él nos enseña con su vida que la contemplación no es un simple mirar y entender, ni sólo razonar  con fría objetividad sobre lo que es verdadero. La contemplación cristiana consiste en conocer a Dios mediante el amor. Por eso dice el Apóstol San Juan en su primera carta:  “Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1Jn 4,7-8).

La vida de San Martín de Porres abunda en gestos e iniciativas permanentes de conmovedora caridad, encendida en su oración constante, alimentada en su devoción eucarística y en su actitud receptiva ante los relatos y enseñanzas del Evangelio. Al pensar en la pasión del Señor, no podía evitar las lágrimas.

Este “Martín de la caridad”, como fue llamado, no había leído la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, dominico como él, pero sabía por la enseñanza interior del Espíritu Santo lo que el gran doctor enseñaba: “donde hay amor hay visión”, ubi amor ibi oculus (In Sent.III, 35, 12). Y también aquello que enseña Santo Tomás, siguiendo a San Gregorio Magno: “ «Cuando se ha visto a quien se ama se enciende más ese amor». Y esa es la perfección última de la vida contemplativa: no sólo la visión de la verdad divina, sino también su amor” (II-II, q.180, a.7 ad 1).

Hoy la Iglesia, bajo la guía del Papa Francisco, quiere volverse decididamente misionera, ser Iglesia en salida, que va al encuentro de las periferias geográficas y existenciales de la sociedad; testigo de la misericordia de Dios, al encuentro de las llagas de los hombres, sin excluir a nadie, pero privilegiando a los pobres.

De todo este programa puede ser modelo inspirador San Martín de Porres, a quien encomendamos hoy esta comunidad y esta feligresía, junto con los trabajos misioneros de nuestra diócesis.

+ Antonio Marino

Obispo de Mar del Plata

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Capilla de San Martín de Porres

Iglesia Convento San Martín de Porres, Mar del Plata (Argentina)

San Martín de Porres, un donado revestido de piedad

imagen de smp

Un donado revestido de piedad

A mí me parece San Martín de Porres como un carisma luminoso que se extiende a lo largo de los siglos, que sigue vivo. Martín fue de Jesucristo, de Jesucristo hombre; vivió desde los pobres y desde los menesterosos la humanidad de Jesucristo. La humanidad de Jesucristo se puede y se debe vivir en la realidad de los más pequeños y de los más pobres, donde Dios se hace presente.

Cada uno tiene su entrada en la pobreza de los demás, como puede y desde donde puede, pero de una forma o de otra Martín me ha tirado mucho y me ha impresionado por su contacto con el Cristo doliente en los pobres…

¡Qué finura del alma, qué don del espíritu, qué ecología, qué don de piedad consistente en tener cariño por las cosas creadas, por toda creación! San Martín de Porres se metió en lo profundo de la pobreza humana, y nosotros desde otras coordenadas completamente distintas pero quizá en la línea de lo que el Señor nos quiera ir dando a lo largo de los años, en este momento en la línea del testimonio y en la línea de la palabra, tengamos el mismo alma de San Martín para procurar hacer el bien que podamos a todas las personas que, de una forma u otra, necesiten nuestro alimento como lo hizo San Martín de Porres en aquellos tiempos”.

Chus Villarroel, O.P.

Click aquí para escuchar la interesante enseñanza del Padre Chus Villarroel, O.P.

Página recomendada: frayescoba.info

Jesús Villarroel (Chus) nació en Tejerina, León, en 1935. Ingresó en el noviciado de los Dominicos de Ocaña. La Filosofía la estudió en Ávila y la Teología en Alemania y Suiza. Terminó su formación con el Doctorado de Filosofía en Roma. Se ha dedicado largos años al profesorado en la facultad de los Dominicos de Alcobendas, y algunos cursos en la Pontificia de Salamanca. Ha ejercido varias veces el cargo de Prior y el de Maestro de Estudiantes. En la Renovación carismática ha trabajado con intensidad desde hace 18 años, sobre todo en la predicación y retiros; y durante 8 años en la Coordinadora nacional. Se ha ocupado, igualmente, de otras labores pastorales en la parroquia periférica de Jesús obrero, en San Blas, durante 3 años. Hasta hace muy poco fue párroco en la parroquia de Ntrª. Sra. del Rosario, de la calle Conde de Peñalver, Madrid, desde el año 1987. Hoy es Superior de la Casa de Móstoles.

Apresurémonos hacia los hermanos que nos esperan: San Martín de Porres

Fiesta de Todos los Santos

Solemnidad de Todos los Santos (1 de Noviembre)

La santidad es una forma de ser y estar en el mundo, de asumir el amor como esencia, como parte de la identidad. Hoy conmemoramos a todos los santos y santas del mundo, a los que fueron, son y serán, a los conocidos y a los anónimos, a todas las personas de bien que siguen haciendo de su propia vida una obra de arte esculpida por el amor de prójimo. Santas y Santos, gracias por seguir testificando que Dios es amor. (Evangelio 2010 -Ciclo C-. Camino, verdad y vida. Edit. San Pablo)

Alfombra de SMP

*San Martín de Porres (3 de Noviembre)

¿De qué sirven a los santos nuestras alabanzas, nuestra glorificación, esta fiesta que le hacemos a San martín de Porres? ¿De qué le sirven los honores terrenos si reciben del Padre celestial los honores que les había prometido verazmente el Hijo? ¿De qué les sirven nuestros elogios, cuetes, música… y todo lo que hacemos? Los santos no necesitan de nuestros honores, ni les añade nada nuestra devoción. Es que la veneración de su memoria redunda en provecho nuestro, no suyo.

Lo primero que nosotros sacamos de provecho al recordar la memoria de San Martín es el deseo de “gozar de su compañía, tan deseable, y de llegar a ser conciudadanos y compañeros de los espíritus bienaventurados, de convivir con la asamblea de los patriarcas, con el grupo de los profetas, con el senado de los apóstoles, con el ejército incontable de los mártires, con la asociación de los confesores, con el coro de las vírgenes, para resumir, el de asociarnos y alegrarnos juntos en la comunión de todos los santos.

Despertémonos, por fin, hermanos; resucitemos con Cristo, busquemos las cosas de arriba, pongamos nuestro corazón en las cosas del cielo. Deseemos a los que nos desean, apresurémonos hacia los que nos esperan, entremos a su presencia con el deseo de nuestra alma. Hemos de desear no sólo la compañía, sino también la felicidad de que gozan los santos, ambicionando ansiosamente la gloria que poseen aquellos cuya presencia deseamos.

El segundo deseo que enciende en nosotros la Fiesta de los Santos es querer vivir como ellos vivieron; imitar su ejemplo. En efecto, San Martín nos demuestra con el ejemplo de su vida que podemos y debemos llegar a la salvación y a la santidad por camino que nos enseñó Cristo Jesús: a saber, si en primer lugar, amamos a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente; y si, en segundo lugar, amamos al prójimo como a nosotros mismos.

Él sabía que Cristo Jesús padeció por nosotros y, cargado con nuestros pecados, subió al leño, y por esto tuvo un amor especial a Jesús crucificado, de tal modo que, al contemplar sus atroces sufrimientos, no podía evitar el derramar abundantes lágrimas. Tuvo también una singular devoción al santísimo sacramento de la eucaristía, al que dedicaba con frecuencia largas horas de oculta adoración ante el sagrario, deseando nutrirse de él con la máxima frecuencia que le era posible.

Además, San Martín, obedeciendo el mandato del divino Maestro, se ejercitaba intensamente en la caridad para con sus hermanos, caridad que era fruto de su fe íntegra y de su humildad. Amaba a sus prójimos porque los consideraba verdaderos hijos de Dios y hermanos suyos; y los amaba aún más que a sí mismo, ya que, por su humildad, los tenía a todos por más justos y perfectos que él.

Disculpaba los errores de los demás; perdonaba las más graves injurias, pues estaba convencido que era mucho más lo que merecía por sus pecados; ponía todo su empeño en retornar al buen camino a los pecadores; socorría con amor a los enfermos; procuraba comida, vestido y medicinas a los pobres; en la medida que le era posible, ayudaba a los agricultores y a los negros y mulatos, que, por aquel tiempo, eran tratados como esclavos de la más baja condición, lo que le valió, por parte del pueblo, el apelativo de «Martín de la caridad».

Este santo varón, que con sus palabras, ejemplos y virtudes impulsó a sus prójimos a una vida de piedad, también ahora goza de un poder admirable para elevar nuestras mentes a las cosas celestiales, y este es el tercer beneficio que sacamos de una fiesta, su valiosa intercesión…

No todos, por desgracia, son capaces de comprender estos bienes sobrenaturales, no todos los aprecian como es debido, al contrario, son muchos los que, enredados en sus vicios, los menosprecian, los desdeñan o los olvidan completamente. Ojalá que el ejemplo de Martín enseñe a muchos la dulzura y felicidad que se encuentra en el seguimiento de Jesucristo y en la sumisión a sus divinos mandatos:

– Sigan trabajando por su salvación con humildad y temor de Dios, pues él es quien les da energía interior para que puedan querer y actuar conforme a su voluntad.

– Háganlo todo sin quejas ni discusiones, para que sean ustedes hijos de Dios, irreprochables, sencillos y sin mancha.

Que cada fiesta sea motivo de crecimiento en la fe, en la esperanza y en el amor de Jesús que vivió San Martín y podemos decir con el salmista: El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar? Lo único que pido, lo único que busco es vivir en la casa del Señor toda mi vida, para disfrutar las bondades del Señor y estar continuamente en su presencia.

Así, pues, ármate de valor y fortaleza y en el Señor confía, caminemos seguros caminado por donde san Martín camino, amando lo que él amó y sirviendo como el sirvió…

Padre Félix Castro Morales

*Fuente: homiletica.org (con permiso de parroquiadelasoledad.org)

410 años de la profesión solemne de San Martín de Porres

profesión religiosa 2 de junio de 1603

El 2 de Junio de 1603 San Martín de Porres se consagra en cuerpo y alma a Dios por su profesión religiosa; profesa los votos solemnes de pobreza y castidad, y promete obediencia “hasta la muerte” en las manos del Padre Alonso de Sea. Por tanto hoy se cumple el 410 aniversario de tal magno acontecimiento en la vida de Fray Martín.

Su profesión es una donación perfecta…Fray Martín suplica a Jesús que le haga digno de vivir conforme a la dignidad con que le ha honrado. Quiere ser holocausto de amor a Dios y de sacrificio en provecho de sus prójimos. Ahora empezaba plenamente su vida de Fraile Cooperador, modelo para todos los demás en el cumplimiento del deber, enseñando el secreto de transformar los diversos oficios en medio de santificación”.¹

blanca chávarri (1968)
 

Una entrega total al servicio de Dios, amándole por encima de todo: “Recíbeme, Señor, según tu palabra, y viviré. Y no me confundas en mi esperanza”.

A continuación les invitamos a leer una interesante Homilía pronunciada por el Pbro. Eduardo Jesús Roller Chong, de la Prelatura de Juni (Puno – Perú), al cumplirse el 2 de junio de 2012, 409 años de la Profesión solemne de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, de nuestro Fray Escoba.

409 años de la profesión solemne de San Martín de Porres

En el correr del presente año, la Iglesia nos recuerda a los bautizados en Cristo, que debemos forjar una memoria histórica con gratitud; pues esta buena “madre y maestra” que procura alimentarnos con las enseñanzas de su Señor, recibió a través del beato Juan XXIII la iniciativa del Concilio Vaticano II, para tratar el tema de su propia identidad, vida y misión. Al tener estas ideas claras, el Papa Roncalli apertura el Concilio mencionado el 11 de octubre de 1962.

En esta hora, siguiendo al Espíritu Santo y su particular asistencia, el Santo Padre Benedicto XVI, con la Carta apostólica Porta fidei, del 11 de octubre de 2011, ha proclamado un Año de la fe, que comenzará el 11 de octubre de 2012, en el quincuagésimo aniversario de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, y concluirá el 24 de noviembre de 2013, Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.

La Congregación para la Doctrina de la Fe secundando lo dicho por el Papa Benedicto XVI para este año conmemorativo, ha emitido una Nota con indicaciones pastorales para el Año de la fe, dentro de las cuales al referirse a los obispos diseminados por el orbe católico indica que: Los santos y beatos son los auténticos testigos de la fe. Por lo tanto, será conveniente que las Conferencias Episcopales se esfuercen por dar a conocer los santos de su territorio, usando incluso los medios modernos de comunicación social.

Atendiendo los datos precedentes, la Iglesia Católica en el Perú, inmersa ya en un año Jubilar por los 50 años de la Canonización de San Martín de Porres (6.V.1962 – 6.V.2012), tiene con ello un motivo de agradecimiento al Señor. Pues en la santidad de este humilde lego dominico, se encuentra un testigo e indicador de la tarea evangelizadora de la Iglesia, dar a conocer al Dios tres veces santo, al Padre, al Hijo, redentor del hombre y al Espíritu Santo, para que habiten en el ser de todo hombre, de toda raza, lengua, pueblo y nación.

Vocación religiosa de San Martín

Con sentido eclesial, dentro de este tiempo gozoso para nuestra patria, recordamos que la vocación de Martín de Porres Velásquez fue la de ser religioso, por lo cual una fecha importantísima para su vida fue el día 2 de junio de 1603, pues luego de servir nueve años a la Orden de Predicadores como donado, le fue concedida la profesión religiosa solemne, pronunciando los votos de pobreza, obediencia y castidad.

Hemos de tener en cuenta que, la Orden de Predicadores fue fundada por Santo Domingo de Guzmán, un canónigo regular (nacido en Caleruega, España), en agosto de 1216. Santo Domingo dio a sus religiosos unas normas que han hecho un inmenso bien tanto a ellos primero, como a la Iglesia:

Contemplar, y después enseñar; esto quiere decir que antes se ha de dedicar mucho tiempo y muchos esfuerzos a estudiar y meditar las enseñanzas de Jesucristo y de su Iglesia, para luego predicar con el mayor entusiasmo posible.

Predicar siempre y en todas partes; Santo Domingo quiso que el oficio principalísimo de sus religiosos sea predicar, catequizar, propagar la doctrina de la fe por todos los medios posibles.

Todo hacerlo movido por amor a Dios y al prójimo; la experiencia le había demostrado a Santo Domingo que las almas se ganan con la caridad, por tal motivo pedía todos los días al Señor la gracia de crecer en el amor hacia Él y en la caridad hacia los demás (Cf. Sálesman, Eliecer, Vida de Santos, tomo III).

San Martín fue cautivado por la belleza de la vocación religiosa, con el especial carisma dominicano; que se entiende mejor con la ayuda que el Concilio Vaticano II ha dejado para explicar este don.

Señala la constitución dogmática Lumen Gentium que los consejos evangélicos de castidad consagrada a Dios, pobreza y obediencia tienen su fundamento en las palabras y el ejemplo del Señor. Estos unen a los que los siguen de manera especial a la Iglesia y a su misterio por medio del amor, que es su objetivo.

La Iglesia no sólo eleva a la profesión religiosa a la dignidad de un estado canónico con su aprobación, sino que la presenta incluso en su acción litúrgica como un estado de vida consagrada a Dios. (Cf. LG nn. 43-45)…

(Texto completo AQUÍ)

*(1). “San Martín de Porres”, de Fr. Salvador Velasco (Colección OPE)