“Martín de Porres. Santo de América”, de Celia Cussen

Portada del libro “San Martín de Porres. Santo de Ámerica”, de Celia Cussen.

Descripción: Es difícil señalar con exactitud cuándo comenzó el culto de Martín de Porres (1579-1639), pero para el momento de su exhumación en 1664, en el convento dominico de Nuestra Señora del Rosario, muchos residentes de Lima ya consideraban al piadoso sirviente del convento un santo local. Una orden papal de varias décadas atrás prohibía a los limeños no solo erigir un altar donde sus seguidores pudieran recordarlo y rezarle, sino también colocar su imagen o hasta una vela en el sitio donde estaba enterrado. A pesar de ello, la fama de Martín se había extendido rápidamente. Su popularidad había persuadido a los dominicos de llevar sus restos a la capilla recién construida en su celda en la enfermería del convento, debajo de un altar dedicado al icono central de la cristiandad, particularmente apreciado por fray Martín: la Santa Cruz. El estudio de Celia Cussen se prolonga más allá de la muerte de fray Martín de Porres para reconstruir su vida póstuma. Se extiende hasta mediados del siglo XVIII, cuando el Vaticano lo reconoció como un héroe de virtud y lo designó un venerable de la Iglesia. Continúa hasta su beatificación en 1837 y su canonización en 1962. Por definición, una biografía es la historia de la vida de una persona hasta el momento de su muerte. Con Martín, la autora ha elegido desviarse de la norma para trabajar con un marco temporal que se extienda más allá de su vida natural. Pues no fue sino hasta los años posteriores a la muerte de fray Martín, que la comunidad de devotos elaboró y expresó su comprensión de lo que significaba para ellos su vida y su intercesión desde el cielo.

  • Entrevista de prensa a Celia Cussen acerca de su libro “Martín de Porres. Santo de América”:  AQUÍ
  • Introducción al libro: AQUÍ

Fuente: Instituto de Estudios Peruanos

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Entrevista: ¿Cómo el culto a San Martín de Porres se extendió en el mundo?

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Conozca a Fray Martín de Porres, por Norbert Geoges, O.P.

Conozca a Fray Martin De Porres (Norbert Georges, OP) (2)

El Padre Norberto Georges, O.P., fundó el “The Blessed Martin Guild” (Hermandad del Beato Martín). Entusiasta propagandista del santo mulato dedicó buena parte de su vida a propugnar y difundir el mensaje de Fray Martín, de “una auténtica justicia social y caridad cristiana entre los hombres de hoy”.

Su librito “Conozca a Fray Martín”, publicado por primera vez en 1936, tiene múltiples ediciones; ha sido traducido a diferentes idiomas, incluida lenguas habladas en lugares remotos. El Padre Georges, ha dado a conocer a San Martín a millones de lectores. Ha sido, además, el primer promotor americano de la causa de canonización de este Santo. Viajó ininterrumpidamente por todo el continente americano, en pro de la causa de San Martín, y ha pronunciado conferencias por todas partes. En varias ocasiones estuvo en Lima, en donde aprendió el español, tan necesario para sus conferencias por los países de habla hispana. Organizó, incluso, varias peregrinaciones desde Nueva York, donde residía, hasta Lima. El Jefe del Estado peruano le concedió la “medalla por servicios distinguidos”, en reconocimiento a su gran labor.

“Conozca a Fray Martín de Porres. Breve historia de su vida” – P. Norbert Georges, O.P.

Libro en pdf. Biblioteca digital de Castilla y León Aquí

Carta de Fray Martín: A los enfermos (Padre José Luis Gago, O.P)

poemario

Fray Martín sigue siendo el enfermero y el amigo.

Mis queridos amigos:

Me dirijo a vosotros con todo el gozo de que mi alma es capaz. Formáis parte de mi vida sobre la tierra y de mi preocupación desde el cielo. Vosotros conocéis mi vida y sabéis que, entre los oficios que me fueron encomendados en el convento, el que ocupó más años y más cariño por mi parte, fue el de enfermero. Mi principal ocupación consistió en velar y cuidar a los frailes que sufrían alguna dolencia o enfermedad: y no sólo los frailes del convento, sino los que en la ciudad padecían, formaban parte de mis más íntimos amigos. Lo primero que tengo que declararos es el bien que ellos me hicieron; no sólo porque me dieron oportunidad de hacerles algún bien; no sólo porque el Señor se manifestaba en sus palabras y en su alma, sino también porque los enfermos eran para mí, la lección viva y encarnada de todas la virtudes: pacientes hasta lo increíble, sufridos, humildes, agradecidos, llenos de confianza en Dios, alegres por sentirse escogidos por El para una vocación corredentora, bondadosos, desbordando confianza en Dios y en su Providencia, almas de oración, en íntima unión con Dios, conscientes de cumplir una misión salvadora entre los hombres, seguros de caminar por el atajo -corto y áspero- del camino de la santidad.

La enfermedad es una condición de la naturaleza humana caída; nadie se ve libre de su experiencia; más tarde o más temprano, en mayor o en menor gravedad y duración, todos los hombres tienen que saber del sufrimiento y del dolor físico. Pero, junto a los hombres que saben de la enfermedad como realidad transitoria, hay miles y miles que viven la enfermedad como situación permanente, casi como rasgo personal y constitutivo. Es uno de los misterios de la vida humana ante el que sólo la valoración religiosa y el enfoque sobrenatural tienen algo que decir.

Es natural que la primera e instintiva reacción de la naturaleza sea de rechazo de la enfermedad; ésta, en definitiva, es un ataque a la vida, a la salud, a la tendencia innata de sobrevivir. Por eso, no deben sorprenderos ciertos gestos y expresiones de rebeldía en los primeros momentos de la enfermedad. Lo peor es, cuando la persona recién sometida por la enfermedad carece de criterio cristiano; porque, lo que en principio fue sólo reacción física, puede enquistarse como principio de valoración de su actitud ante el dolor. De ahí, muchos enfermos sin sentido sobrenatural que no aceptan su situación como vocación y estado. Para éstos, la enfermedad mina, no sólo su organismo corporal sino también su espíritu y su esperanza. Contra esto quiero preveniros, mis amigos… Vuestros sufrimientos son camino de identificación con Cristo en la cruz, medio de purificación personal y comunitaria, un modo de oblación a Dios por el amor, una forma de intercesión por los hombres, el más puro estilo de conformidad con la voluntad de Dios, la ocasión permanente de progresar en el ejercicio de todas las virtudes. Si vivís bajo esta luz, llegará un momento en que por amor a Dios, hasta los propios y profundos sufrimientos os parezcan livianos y fáciles.

No es sencillo este camino, esta profesión, esta vocación. Desde el día en que la aceptéis abandonándoos filialmente a Dios, todo os parecerá distinto y vuestro estado, el más afortunado de todos.

Os los dice Fray Martín que, de esto sabe un poco y que, de verdad, os quiere y bendice.

Amistosamente,

Fray Martín

P. José Luis Gago de Val, O.P.

(Extracto tomado de “Encuentros con Fray Martín”. De la parte “Cartas de Fray Martín”)

Carta a los enfermos

Oración contra el cáncer

Dios omnipotente y misericordioso concede tu bendición y tu luz a todos aquellos que se hallan empeñados en la lucha contra el cáncer. Consuela y ayuda a los que han sido dañados por esta enfermedad y haz que los esfuerzos que realizan los hombres puedan al fin obtener un buen resultado que sirva de consuelo a todos. Te lo pedimos por la intercesión de tu Hijo, nuestro Salvador.

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Padre José Luis Gago, O.P., en el recuerdo

San Martín de Porres: El seguidor de Cristo

Seguidor de Cristo

Martín, ayúdame a llevar la cruz.

¡Dios mío, Redentor, a mí tanto favor!

Una vida como la de Martín, consagrada por entero al servicio de los demás, con perfecto olvido de sí mismo, no se explica sin una intensa vida interior, sin el acicate de la caridad, que, como dice Tomás de Kempis, aun abrumada por la fatiga, no llega a sentir el cansancio. Ya hemos visto cómo desde su juventud se sintió atraído por el amor a la Cruz de Cristo. Esta inclinación de su voluntad fue acentuándose en su ánimo por la acción de la gracia hasta llegar a convertirse en verdadera pasión. Entonces pudo repetir el humilde Hermano lo que decía el Apóstol de las Gentes: No yo sino Cristo vive en mí. A esta identificación con el modelo de todos los predestinados llegó Martín por el único camino que conduce a tal grado de santidad: por la vía de las humillaciones y de la total abnegación. Humilde como la tierra fue Martín y su penitente afán, como vamos a verlo, tiene algo de asombroso, pero la humildad y la mortificación del lego dominico no fueron sino los medios por los cuales se dispuso su alma a unirse estrechamente con Dios, traspasando los umbrales de la ordinaria comunicación de la criatura con su criador y entrando de lleno por las vías sobrenaturales de la contemplación y de la vida mística.

Martín, aun cuando a primera vista no lo parezca, fue un contemplativo y, repetimos, no se explica la efusión de su caridad, fuera de este supuesto. Llegó a lo más alto de esta escala de Jacob, pero antes de considerarlo en la cumbre del monte, veámoslo esforzarse por morir a sí mismo, por extinguir hasta su raíz las viciosas inclinaciones de la naturaleza y domar las rebeldías de la carne. Penetremos, en cuanto es posible, en su vida interior y más nos cautivarán esas secretas ascensiones de su alma hacia Dios que los hechos extraordinarios que rodean su vida y atrajeron sobre él la atención del mundo. Ni un solo rasgo de esta vida nos dejó escrito; su humildad no quiso trasladar al papel ni una sola de aquellas hablas interiores o favores extraordinarios con que lo favoreció el Cielo, ni Dios tampoco lo inspiró que lo hiciera, sin duda porque deseó que hasta en eso fuera dechado del más entero abatimiento.

Innecesario parece insistir en la humildad de Martín. No sólo escogió siempre el último lugar, según la prescripción evangélica y se convirtió en el siervo de todos, sino que además sintió sinceramente que no le correspondía otro puesto ni era otro su debido destino. Por eso las injurias le sabían a halagos y la ingratitud, que tanto suele herir a los corazones más puros, no dejaba en él la menor huella de resentimiento. Las reprensiones, casi nunca justificadas de sus superiores, no sólo las escuchaba mansamente sino que las agradecía y las tenía por justas, besando la mano del que le hería. Jamás se defendió y solo en una ocasión dio a su Prelado la excusa que éste mismo le pedía.

Tenía por costumbre hospedar en la enfermería o en su propia celda a los pobres enfermos y algunos, sea por el desaseo de los dolientes, sea por el temor de un contagio, lo llevaban mal. Debieron decírselo al Superior y éste ordenó a Martín que no lo hiciese en adelante. Ocurrió, sin embargo, que un día llevaron a la portería a un pobre indio, herido de gravedad. El Santo no vaciló, en vista de su estado, en albergarlo en su celda, mas no bien lo hubo sabido el Superior le llamó a su presencia y, después de haberlo reprendido agriamente, le dio una disciplina que el humilde Hermano recibió de rodillas y sin exhalar una queja. Fuese entonces a su celda y con el cuidado que pudo hizo conducir al enfermo a casa de su hermana, a quien dio encargo de llamar a un cirujano…

Ya hemos visto la serenidad y aun la alegría con que recibía los denuestos e injurias de aquellos mismos a quienes servía, como si los desprecios fueran para él halagos y las destemplanzas de los demás le fueran tan agradables como a otros las frases de cumplido. Y es que él se tenía por más despreciable de los hombres.

Pero no basta morir a sí mismo, es preciso morir a todo lo que no es Dios y morir crucificado. El amor a la cruz va inseparablemente unido a la verdadera santidad… Pero Martín no sólo crucificó su carne para tenerla sujeta al espíritu y domar sus rebeldías; un más alto motivo lo impulsó a abrazarse con el dolor y el sufrimiento: su deseo de hacerse semejante al Dios Hombre, llagado por nuestros pecados. Un tríptico del convento de Santo Domingo que tiene cierto dejo del primitivismo de los perrafaelistas nos muestra a la izquierda a Jesús de Nazareno, cargado con la cruz y a la derecha a Martín, postrado de rodillas y en el arco del centro una fuente que intenta reproducir la magnífica de bronce del claustro principal. De los labios del Señor brota esta leyenda. «Martín, ayúdame a llevar la cruz», y de la otra parte ondula su respuesta: «Dios mío, Redentor, a mí tanto favor!». He ahí el diálogo que en realidad debió entablarse entre el alma del Santo y Jesús Crucificado…

Rubén Vargas Ugarte, S.J.

Extracto del capítulo ‘El seguidor de Cristo’, del libro «Vida de San Martín de Porras» (1963)

Los comentarios del Padre Heraclio

Los comentarios del Padre Heraclio

El Padre Heraclio Quintana nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1930. Estudia en el Seminario Diocesano y en la Universidad Pontificia de Comillas (Santander). Ya de regreso a Gran Canaria, es ordenado sacerdote por Monseñor Pildain el 21 de septiembre de 1957. Su sacerdocio ha estado vinculado como profesor y a la radio, primero en Radio Catedral (1958-1966) y posteriormente en Radio Popular. El obispo Pildain le encargó, en 1958, la dirección de la emisora Radio Catedral donde ejerció de director, redactor y técnico de control. Años después, en sus colaboraciones con Radio Popular de Las Palmas realizó sus conocido y precioso “comentarios del Padre Heraclio” que se emitía diariamente a primera hora de la mañana y reflejados, algunos de ellos, en un libro publicado posteriormente bajo el mismo título. Su bonita sintonía de comienzo -J. S. Bach: Bourree (from Suite in E-minor for Lute, BWV 996)- era la mejor de las melodías para un buen despertar. Luego, su comentario del día y una reflexión. Una píldora de fe cuyos efectos permanecían durante horas o acaso durante todo el día en nuestros pensamientos -los de sus muchos oyentes-; y en mi corazón, por aquel entonces, de niño ensoñador.

Asimismo, destacar su cargo de canónigo Organista y Maestro de Capilla de la Catedral de Santa Ana, que sacó en oposición en el año 1963. Junto a la actividad en la enseñanza, la musical y la radiofónica, también fue Secretario del Cabildo Catedral y párroco de San Roque de Las Palmas donde dio muestras de una gran generosidad, acercándose a las personas necesitadas para darles consuelo y socorriendo a los más pobres. Un hombre bueno y de trato cordial con una vida plenamente dedicada a su diócesis.

Vivir la vida

Cuando se dice que la vida hay que vivirla, todos entendemos que la vida es corta y que hay que aprovecharla. Vivir la vida es exprimirla como un limón, sacándole todo lo bueno que ella ofrece. Y algo bueno debe de ofrecer cuando tan apegados estamos todos a la vida, a pesar de los dolores y las enfermedades. Cuando muere un joven, ¿no lo consideramos todos una fatalidad? ¡Empezando a vivir! ¡Sin haber disfrutado de la vida! Una desgracia.

Pero, ¿qué se entiende de ordinario por “vivir la vida”? ¿Subir a las montañas a respirar el aire puro de la altura? ¿Nadar como un pez, correr como una liebre, cantar como un pájaro, leerse un libro cada día y estar enamorado?

Mucho me temo que no. De ordinario, vivir la vida es algo que no tiene que ver con el deporte, ni con el arte, ni con el amor. Es simplemente gastarse lo que se tiene y lo que no se tiene en irse de juerga por ahí, tabaco, drogas, alcohol, amiguitas y amigotes, hasta venir a parar al hospital.

Pobre vida. ¿Esas son las satisfacciones de la vida que hay que aprovechar cuanto antes, por si acaso?

Son muchos, por desgracia, y no sólo jóvenes, los que viven así y no saben vivir de otra manera. Lo curioso es que otros los miran con cierta envidia mal disimulada y comentan: ¡Eso es saber vivir!

Pues, no. Los que viven así no han encontrado aún su propia vida, la que les pertenece, la que en realidad buscan en todo eso con tan pobres resultados. Ya lo dice Jesús: “El que encuentre su vida, la perderá, y el que pierda su vida por Mí, la encontrará” (Mt. 10, 39). Hay que saber perder para ganar. Si un aparato está construido para que funcione con corriente de 110, no le pongamos corriente de 220. Es que yo quiero que vaya más deprisa … Bueno, al principio irá más deprisa el aparato, pero luego empezará a echar humo y se te quemará. No ha vivido su vida. Esto lo entendemos todos y nos cuidamos muy bien de leer primero el folleto de instrucciones antes de poner en marcha el aparato. Porque en aquellas instrucciones está la garantía. Pero nadie parece preocuparse de atender a su propia maquinaria, a su cuerpo y a su alma y darles lo que exigen por naturaleza. Nuestros pulmones exigen el oxígeno más puro y les damos nicotina. El alcohol destroza nuestro hígado y seguimos bebiendo hasta ver lagartos en las paredes de nuestra habitación. Y hechos para el amor, los hombres prefieren la fornicación. Buscando la vida, la pierden por completo.

Sólo el que sabe perder, el que atiende a su conciencia iluminada por la palabra de Dios -autor de nuestro ser-, sabrá lo que es vivir.

Padre Heraclio Quintana

Nota: Próximamente verá la luz un libro homenaje titulado “Heraclio Quintana Sánchez. Perfiles y Comentarios”, editado por el cronista oficial de Artenara y un grupo de amigos y antiguos alumnos con el fin de dedicar un emotivo y merecido reconocimiento al Padre Heraclio.

San Martín de Porres y su gato mestizo

smp y su gato

Un maestro carpintero de España, Francisco Pérez Quintero, contó esta historia acerca de las tareas de Martín como campanero del Convento: “Todas las noches, un gato blanco, negro y marrón entraba por una abertura que daba a la celda [de Martín]…Cuando llegaba hasta donde estaba él, el gato empezaba a tirar de su hábito con sus garras como si le estuviese avisando que era hora de realizar alguna tarea.

¡Quienes amen a los gatos se van a deleitar con esta historia! Gracias al importante trabajo del teólogo Alex García- Rivera en las “historietas” de San Martín de Porres, sabemos que esta historia es más que una simple anécdota linda acerca de un gato. Cuenta García-Rivera:

Dado el choque violento entre las culturas ibéricas, africana (subsahariana) y amerindia, la aparición del gato blanco, negro y marrón es llamativa…Este gato mestizo…despierta al otro mestizo, a Martín, el mulato, para “recordarle” de la tarea que le corresponde…Al tocar la campana del alba, San Martín se hace responsable de despertar a la Iglesia de su sueño para comenzar un nuevo día. Tan simbólica como la campana, el gato blanco, negro y marrón es heraldo de una gran noticia, o más aún, el transmisor de un mensaje importante.

Es a través de este relato, aparentemente inocente, del amigo felino de Martín que vemos el profundo significado de la devoción de Martín por tocar la campana del alba todos los días. Martín, que llevaba en lo profundo de su corazón una visión del reino de Dios, sabía que la Iglesia no se había despertado aun a su tarea de ser levadura de una nueva sociedad. El veía las contradicciones, las leyes racistas, la conquista injusta de América por la España “católica”, y era consciente del silencio ensordecedor de la Iglesia en esos temas. La Iglesia dormía mientras los vándalos saqueaban todo un continente.

Tal es así que Martín y su gato mestizo se unieron como conspiradores en un intento por despertar a la Orden Dominicana y a la Iglesia hacia una comprensión más profunda de la justicia de Dios. Martín, como el profeta Isaías, escuchó la voz.

tocando la campana

Le encargaron tocar las campanas y con alegría las repiqueteaba, anunciando los rezos e invitando a todos a invocar a María con el Ángelus.

Martín es un símbolo de ese algo nuevo Dios que está creando. La unión de su alma africana y su corazón latino y guerrero -en sí el fruto de un error injusto de la historia- es un ejemplo vivo de cómo Dios está creando un “cielo nuevo y una tierra nueva” (Apocalipsis 21,1). Tal como muestra la historia del nacimiento del hijo de María Beltrán, Martín es un santo del nuevo mundo en un mundo viejo. Rompe con los viejos modelos, porque él es parte de una nueva creación. Es un mestizo, una mezcla de sangre, un mestizaje de culturas e historias y sueños ancestrales. Es una mezcla de guerras y violencia, de violaciones y conquista. Martín es todo esto. Y es el hijo amado de Dios, barro húmedo y oscuro en las manos del Alfarero divino: “He aquí que hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21,5).

Martín, un profeta más en una larga historia de profetas, sabía que alguien tenía que hacer sonar las campanas para despertar a esta generación de su sueño letárgico. Alguien tenía que mostrar que es posible vivir en armonía y en paz en un mundo que es blanco, negro y marrón -todo al mismo tiempo-. Así que, cada mañana, Martín y su gato clandestino tricolor conspiraban juntos para anunciar el amanecer de un nuevo día. Las campanas sonaban mientras los frailes cantaban el oficio matutino de laudes, justo en el momento en que el Cántico de Zacarías [Lucas 1,78-79] anunciaba el nuevo amanecer de un nuevo día.

Brian J. Pierce, del libro “San Martín de Porres: un santo de las Américas”. Editorial Bonum (2005). Extracto del capítulo 5, “Dios llama al campanero”.

Nuestro sincero agradecimiento a Marina, de Editorial Bonum, por su amabilidad.

“Vida y Espiritualidad de San Martín de Porres”, del P. Richard Cuadrado, O.P.

El Lego Martín (libro)

El escritor dominico palentino Ricardo Cuadrado Tapia -Padre Richard- acaba de publicar “Vida y espiritualidad de San Martín de Porres”. Su familia sabe muy bien del poder que este santazo tiene ante Dios para sanar y dar sentido de vida.

Desde septiembre de 1972 escribe en la Revista Amigos de Fray Martín, en la sección “Para ti, enfermo”. Con la fidelidad a  dicha colaboración, se puede comprender su amor y devoción a San Martín. «Por San Martín – afirma el P. Richard- estoy dispuesto hacer todo lo que pueda para que lo conozcan todas las personas, en especial  los que sufren,  los enfermos  y  los pobres».

El P. Richard admira  de San Martín de Porres la humildad, la dedicación total a sus enfermos, a sus pobres, a los animales, perros, gatos y ratones. He aquí algunas frases de los testigos de su canonización: «Fray Martín hizo una vida de hombre santo, pues así lo demostraba su singular vida, sus virtudes, su continua oración y sus grandes penitencias y disciplinas. En muchas ocasiones, para mortificarle, algunos religiosos le trataban mal de palabra, diciéndole que era un «perro mulato». Pero Fray Martín, con semblante alegre y risueño, les respondía  que decían bien, que le conocían bien, sirviendo con más amor y voluntad a aquellos que le injuriaban». «Acudían a él infinitos pobres, dándoles de comer con mucho amor y voluntad, y también les daba otros socorros, que le daban personas buenas y cristianas para sus pobres. Deseaba morir por Dios, Nuestro Señor, siendo mártir, y derramando su sangre por Él y por su Evangelio». En el libro se han puesto frases de los 36 testigos.

Vida y Espiritualidad de San Martín de Pobres consta de cinco partes: Vida de San Martín de Porres; Espiritualidad de San Martín de Porres;  36 testimonios  de los testigos de su canonización; San Martín pasó haciendo el bien y curando; Novena, lecciones, preces, oraciones  y cantos a San Martín. Según su autor, es un libro muy práctico para conocer mejor la figura de Fray Martín, su sublime santidad y su pronta intercesión a Dios, para curar y consolar a todos los que acuden a él. «Es uno de los santos más grandes de la Orden de Predicadores, que ya llegan a 377, entre beatos/as y santos/as».

Ricardo Cuadrado Tapia recuerda que en la capital palentina existe el Secretariado de San Martín de Porres. El director del mismo es Fray Daniel Díaz.

(Noticia publicada en Diario Palentino.es, 11 de Julio de 2014)

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P.Richard Cuadrado

Ricardo Cuadrado Tapiafamiliarmente conocido como Richard, nació en el pueblo palentino de Villamorco, próximo a Carrión de los Condes. Es Licenciado en Teología y Filosofía Eclesiástica por Salamanca y Roma. Es Licenciado civil en Filosofía por la Universidad de Valencia. Está Diplomado en Catequética, en Ciencias Bíblicas y es Monitor de Educación Sexual. Tiene hechos los Cursos de Doctorado en Teología, aunque todavía no ha presentado su tesis doctoral. Es miembro de la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE) y socio de CEDRO, entidad de Autores y Editores.

Ricardo Cuadrado Tapia ha ejercido su ministerio sacerdotal y docente – como Profesor de Clásicas- en León (Virgen del Camino), Córdoba (Universidad Laboral), Madrid, Ferrol, La Felguera (Asturias), Casalarreina (La Rioja). Desde octubre de 1996 está destinado en el Convento de Santo Domingo de Caleruega (Burgos), siendo su principal y actual ocupación la de escribir. Tiene publicados 137  libros en 15 editoriales distintas de España. Según el Boletín IDI (Informaciones Dominicanas Internacionales), que se publica en Roma para toda la Orden de Predicadores, el P. Richard es “el escritor dominico más prolífico en lengua española en nuestros días”.

Martin de Porres : The Rose in the Desert

martín de porres, ilustración por David Díaz 1

Martin de Porres : The Rose in the Desert

Este libro infantil de Gary D. Schmidt y con ilustraciones por David Díaz ha cosechado elogios por parte del público y de la crítica especializada, obteniendo una mención honorífica como reconocimiento a la brillantez y originalidad del mismo, además de un premio en el apartado de las ilustraciones. Gary D. Schmidt es un profesor de inglés, autor de varias obras infantiles y novelas para jóvenes, con éxito de ventas en su país. Este escritor, amante de la naturaleza, vive con su esposa y sus seis hijos en una granja en Alto, Michigan, lugar donde se inspira para escribir sus relatos.

El ilustrador David Díaz, por su parte, recibió en reconocimiento a este excelente trabajo la prestigiosa Medalla a la Excelencia Belpré en la Literatura Latina Infantil -dentro del premio Pura Belpré, concebido en homenaje a la primera bibliotecaria latina– durante la ceremonia anual de la American Library Association de 2013. Las ilustraciones deslumbrantes de Díaz para este libro “Martín de Porres: La rosa del desierto” demuestran su uso experto del color, la perspectiva y el contraste para retratar luminosos ejemplos de medios mixtos que complementan y amplían la biografía del primer santo con patrimonio africano de las Américas. Este ilustrador y diseñador gráfico, que también se dedica a la pintura de la cerámica, ha recibido además otros muchos premios por sus obras.

Este tipo de libros, además de su valor pedagógico y moral, es una herramienta muy útil para practicar, de una manera amena y eficaz, la lectura comprensiva del inglés con nuestros hijos. A continuación un pequeño extracto del mismo:

martín de porres, ilustración por David DíazAnna carried the baby into the cool dark of the cathedral. But when the priest unwrapped him, he frowned. “Is the child’s father Spanish?” he asked. Anna’s heart beat quickly. “And you are African?” he said. Anna nodded. The priest frowned again. The baby’s father was a royal conqueror. His mother was a slave. “Who is this child?” “He is a rose in the desert,” said Anna.

Martin’s mother struggled to raise him and his sister in deep poverty in sixteenth century colonial Lima.

Hunger lived in their home. Illness was their companion.

But even there, there was compassion. Martin’s father took him into his household in Ecuador, saw to his education, and took him to a cirujanoto learn the skills of healing and care, and soon his abilities began to amaze those whom he helped. One man whose grave wounds Martin healed gave him lemon seeds, and the tree that grew amazingly produced fruit in the first season and continued to bear the year around.

“Who is this strange boy”, the neighbors asked.

Back in Lima as a young man, Martin presented himself for the brothers of the Monastery of the Holy Rosary.

“You are not of pure blood. You can never be a priest”, they said.

But Martin simply requested a position as servant, and while he swept and cared for sick and hurt animals in the country round, his fame as a healer spread. Not only did Martin cure and tame the stray dogs in the area, but he also used his skills to cure the people, some in seemingly miraculous ways, until stories of Martin’s powers took on legendary qualities. His lemon and orange trees bloomed and bore fruit all year, and the bread he brought to feed the poor never seemed to be gone until all were fed. Some even said they had seen him walking with angels. By the time he closed his dark eyes for the last time in 1639, Martin de Porres was venerated by churchmen, nobles, and poor alike.

Martin de Porres – The Rose in the Desert by Gary D. Schmidt

“Iconografía de San Martín de Porres”, de Pedro Gjurinovic Canevaro

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Un magnífico libro para conocer las distintas representaciones relacionadas con Fray Martín a lo largo de la historia, principalmente en Perú.

Fray Martín de Porres –como anota cordialmente el padre Juan José Salaverry, prior provincial de los Dominicos en el Perú–, es mostrado en las páginas de este libro desde la fe de los pintores, escultores y demás hombres de arte, ellos han captado la dulzura de su caridad, el temple de su vida religiosa, la entrega en el servicio al pueblo, y la fe inquebrantable de los hombres sencillos a quienes ama el Señor”.

El libro, titulado “Iconografía de San Martín de Porres” (Fondo Editorial de la Universidad de San Martín de Porres, Lima 2012, 202 pp.), ha sido escrito por el exdirector del Instituto Nacional de Cultura del Perú, Pedro Gjurinovic  Canevaro, quien de la mano de Tulio Cúsman, editor de fotografía, han recopilado todas las imágenes del santo en el Perú. Se trata de una hermosa aproximación estética a la figura de san Martín de Porres en las páginas de este libro. Entre los textos y las imágenes, se puede encontrar una estrecha relación entre san Martín y la ciudad de Lima, sus habitantes, sus costumbres y su fe.

En la obra se parte –Introducción–, de la problemática realidad de las imágenes resuelta para la Iglesia Católica en el Segundo Concilio de Nicea (787) y estimulada didácticamente para servir a la evangelización en el Concilio de Trento (1563). Le sigue el capítulo sobre la “Santidad en Lima” en el que se contextualiza al santo dominico en sus coordenadas espacio-temporales y, sobre todo, en su mundo cultural espiritual. En el capítulo III se da cuenta de las “noticias archivísticas, cronológicas y bibliográficas” elaborando una sintética pero profunda semblanza espiritual de Martín. Cabe destacar la acertada inclusión de una detallada cronología desde 1579, año de su nacimiento, al 1962, año de su canonización.

Es en los capítulos IV y V donde se acomete de lleno el título anunciado: el estudio de su iconografía a lo largo de los cuatro siglos que corren tras su muerte ejemplar. Comienza con observar sus rasgos faciales, su tipo físico, su vestimenta y los atributos, pasando revista a los cuadros y a las estatuas del mulato, “varón de mucha oración”, presentando audazmente la identificación de san Martín según el retrato elaborado por Jorge Portillo Trejo, de la Dirección de Criminalística de la Policía Nacional del Perú. En cuanto a sus vestiduras, le corresponde la túnica blanca que simboliza la inocencia y el escapulario negro que representa la humildad. Los atributos más comunes serán el rosario y la escoba; de su profesión de barbero, sangrador y sacamuelas un estuche al cinto, pinzas, lancetas, puntilla, bracero y almiz. En consonancia con su proverbial espíritu dadivoso se le coloca la canasta con panes.

Otros aspectos de la vida registrados por los artistas serán el de la oración (“echado en el suelo boca abajo y puesto en cruz con un ladrillo en la boca y el rosario en la mano”), la penitencia (con sus disciplinas y cilicios), la levitación, de rodillas ante el altar, y el plato con perro, pericote y gato. Tanto los cuadros como las esculturas nos brindan las facetas de su vida: religioso dominico, enfermero, misionero caritativo. Una de las iconografías más abundantes es la de la escoba. La obra tiene la virtud de identificar tales dimensiones, actitudes en la obra que se describe.

La iconografía del Beato Martín del siglo XX tendrá un carácter devocional y propagandístico, y no tanto evangelizador. Cabe señalar la pintura del artista italiano Fausto Conti preparada especialmente para la canonización en San Pedro de Roma, y las dedicadas a los dos milagros de la canonización –curación del niño Antonio Cabrera y de doña Dorotea–, obras de Blanca Chávarri. No escapan al autor las numerosas representaciones artísticas del Santo, como las sutiles del caricaturista Antonio Mingote, o los grafitis, vitrales, esculturas en granito y madera policromada, xilografías, azulejos, medallas conmemorativas, estampillas y estampas, y hasta el entrañable tallado en un tronco de árbol en Pimentel o modelado en arcilla por artistas populares como Tineo.

San Juan Macías, el emigrante que no volvió

San Juan Macias (blanca_chavarri_1966)

Una de las páginas más entrañables de la vida de Juan Macías es la de su burrito, que con sus vacías alforjas limosneras volvían repletas al convento para los más necesitados. Aquel burrito fue la “personalización” de los milagros de Fray Juan. Cuadro de Blanca Chávarri (1966)

“San Juan Macías, el emigrante que no volvió”, así reza, de manera acertada, el título de una obra sencilla y preciosa del querido Padre José Luis Gago (q.e.p.d). Y no volvió porque se ha quedado con nosotros para siempre. San Juan Macías, desde jovencito consagrado enteramente al servicio de la Santísima Virgen, fue un gran evangelizador del nuevo mundo, humilde y ensoñecido, penitente y caritativo. Fue verdadero amigo de los pobres, como lo fueron muchos de sus hermanos de orden entre ellos, su fiel confidente y amigo del alma, nuestro Fray Martín de Porres. El uno y el otro se dedicaron a amar a Dios en sus prójimos, a los que se entregan generosamente en gestos y detalles de cariñosa correspondencia. Precisamente, los restos de ambos descansan juntos en el Convento de Santo Domingo de Lima, además de los de Santa Rosa de Lima.

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Los pobres buscan ayudan en Fray Juan Macías. Uno de los signos era su incondicional y bondadosa disponibilidad y humilde servicio a los hermanos. Un hombre que fue puro amor: a los pobres, a María, a Jesús Eucaristía, a los Santos, a las Almas del Purgatorio…

Por eso libros como el suyo despiertan la nostalgia, no de un mundo pasado, sino de un mundo íntimo mejor y posible no sólo hacia atrás, claro es, sino también actual y hacia adelante. No se puede leer la vida de un santo sin caer en la cuenta de que es una vida tremendamente sencilla y hacedera, una vida posible para todos, pero, al menos, para quien siente echar en falta la intentona. Los hombres actuales se ruborizarían si alguien les demostrase su secreta y acaso fallida esperanza de ser santos. Y, sin embargo, ser santo es posible, aun sin altar. Incluso es probablemente más fácil de los que nos permite pensar la vida de algunos santos.

Del Prólogo de “El emigrante que no volvió”.  José María Sánchez-Silva

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Glorioso Juan Masías, que supiste grabar en el fondo de tu corazón ese divino precepto de la caridad, que por su importancia se inculca tanto en la antigua ley, y que la renueva y perfecciona Jesucristo en su Evangelio, declarándonos que es el primero y más grande de todos los mandamientos, y prometiendo la vida eterna al que lo cumpliese; tan fielmente le escuchas, como pronto supiste guardarlo y cumplirlo en todo el curso de tu vida.

A tu ayuda acude mi suma debilidad y flaqueza, para que poniendo esta fundamental piedra al edificio de mi verdadera conversión, comience desde hoy a ejercitarlo y practicarlo, a fin de que consiga ser discípulo de Jesucristo, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén. Se reza el Padrenuestro, el Avemaría y Gloria.

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San Juan Macías”, por el Padre Angel Peña, O.A.R (libro en pdf)