Homenaje lírico a las manos de Luján Pérez

Homenaje lírico a las manos de Luján Pérez

He aquí la huella luminosa
que han dejado tus manos sobre el tiempo
macerado de sombra y de ceniza,
cuyos lebreles fuiste acariciando
allá en la almena azul, sobre el adarve
de tu puro equilibrio incompartido.

Si otras manos, del agua, de la luz o la flor,
del fulgor de unos ojos, de la nieve o la bruma;
si otras se enamoraron de la tierra o la brisa
y fueron gubia o rosa, estrella o río,
las tuyas congregaron en un solo
haz de temblor de cada cosa viva,
el redondo racimo en que florecen
todas las savias juntas, el acorde
final donde convergen y se funden
y se hacen una sola las espumas
de todas las más altas sinfonías…
Luján: tus manos fueron río y rosa,
buril y estrella, corazón y llama.
Y sobre todo, mar; mar anchuroso,
pleamar de ambiciones infinitas,
pleamar sin orilla, como tu mismo sueño;
supremo altar de todas las ofrendas
y de todos los salmos con que el hombre
enaltece el amor.

Y ama la vida.
Y canta al hombre. Y le habla. Y allá en lo más recóndito
de su carne descubre fibras que aún no han vibrado,
porque la sangre tiene secretos que él ignora.

He aquí esta noble huella irrepetible
de tus dos anchas manos, barrocas manos tuyas,
cinceladoras de águilas y nubes,
alfareras de lágrimas de Vírgenes dolientes
y de Cristos exánimes, clavados
en el recio estertor de la madera;
hilanderas del íntimo silencio
que traspasa tus pulsos
como un viejo hontanar latiendo en tu nostalgia,
mitigando la sed
de tanta incertidumbre alucinante
que danza en tomo a tu verdad desnuda.
Tus manos ahí están, como dos frescas pomas
tentándonos los labios con su roja tersura;
como palomas trémulas soñando
Inéditos paisajes sin frontera;
mostrándonos. Luján, la sutil geometría
—no viene en nuestros textos anticuados—
de tu vuelo invisible que, de pronto,
se vuelve asombro de universos nuevos.
Tus manos ahí están,
atezadas de soles que no caben
más que en ellas, de soles que se han hecho
cárdeno contraluz en tus caminos
sembrados de divinas amarguras,
de soles que hoy son pátina encendida
sobre el viejo relumbre de tus tallas:
el mejor patrimonio de esas manos
avezadas de siempre al sortilegio
de todo lo imposible, que es lo tuyo.
Taumatúrgicas manos
que, por costumbre, sin querer, volvían
las piedras, pan; la soledad, belleza.
Manos, Luján, las tuyas,
enamoradas de la vida, blondas
colmenas de su miel
que, al ser tanta, la fueron derramando
a recios borbotones porque todos
supieran a qué sabe, qué esmeraldas
guardabas en el cofre de tus huesos.

Manos de nardo y luz: oh, manos olorosas
y ardientes como el sol de esta tierra fecunda,
de esta Santa María de Guía, en cuyo seno
abrió el ventalle de su luz la rosa
de tu sueño en escorzo de altos soles,
a la sombra amical de las tres Palmas,
Manos de honda pasión, de insomne brega,
como cuarzos de angustia esperanzada
entre las rocas lentas de un destino
que ellas mismas domaron,
como tu gubia el corazón
de esas tallas heridas
por las trémulas alas de tu milagro puro.
Manos de soledad madrugadora,
de afán irrepresable, de pertinaz abrazo,
de torrencial tesón sobre la artesa
donde fuiste amasando, instante a instante,
sin posible reposo, esa armonía
de tus rebeldes trigos interiores,
hechos pan mucho antes de que tú los pensaras,
para ofrecemos sobre tus cordiales manteles
con su gozo el perfume de tu vino jocundo.
Manos de paz, acariciando el hombro
de este barro que envuelve nuestra prisa;
manos de paz sembrando paz en nuestra besana
con tanta sed de mieses y amapolas,
con tanto insomnio de sentirse lumbre
para sentirse llama entre el rescoldo
donde aún vibra el fulgor de nuestra sangre.
¿Quién te las dio, Luján? Di: ¿quién te puso
tanta luz en las manos, tanto vértigo
de la luz entre ellas, que aún parece
como si camináramos a tientas,
porque sigues teniendo acaparada
toda la luz del mundo y nos deslumhras
y estremeces, de tanto poderío,
nuestra vieja retina bordadora
de tus encajes únicos?

¿Qué nuevo Prometeo,
desde tu origen ya, supo fijarse
en ti, signando tu señera frente,
dejando en el icrisol egregio de tus manos
ese fuego sagrado de la inmortal Belleza
que arrebató del cielo y que no a todos
es dado recibir?

Fuiste elegido
como lo fue Rodín o Miguel Ángel,
Salzillo o Montañés: manos orfebres,
anchas manos perfectas las de ellos y las tuyas,
dueñas de todos los arcanos
del tacto y de la forma,
de la honda vibración, del sonoro latido
de la luz, de esa luz que no envejece
ni os deja envejecer.

Con ellos diste
vida inmarchita al claro santoral
de tu imaginería innumerable
que ha de entonar, ya siempre,
con ardor renovado,
himnos de júbilo y amor
a esas dos manos creadoras
que le insuflaron el rotundo aliento
de las criaturas vivas y perennes.

Todo —no sólo el Arte— sin usura
te lo brindó la copa de los dioses:
la poderosa inspiración del genio
que habita sólo las más altas cumbres,
la inmensurable gloria que tuviste
sometida a tus pies, todo el prestigio
de tus dos manos, cráteras de tu insigne vendimia.
Y el generoso don de tu vida fecunda,
estrella impar con muchos años-luz,
más que muchas estrellas.
Por eso vivirás, mientras palpite
la euritmia de tus manos; mientras perdure, intacta
como una impronta de tu sombra inquieta,
la huella que dejaste sobre el tiempo…

           Cipriano Acosta Navarro

* * *

Enlace de interés

Un puente entre dos siglos: José Luján Pérez (Graciela García Santana. Memoria digital de Canarias)

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A la Virgen de Guadalupe, patrona de La Gomera

Es tu áurea el sol de Puntallana
(A la Virgen de Guadalupe)

Virgen de Guadalupe, dulce Señora,
crecen seis flores en tu cetro dorado,
pues queda tu ramillete ensalzado
cuando de las pupilas la emoción aflora.

Alajeró, Vallehermoso, Valle Gran Rey;
San Sebastián, Agulo y Hermigua,
donde el querer de un pueblo se fragua
junto a tu Hijo cuidando de su grey.

Es tu áurea el sol de Puntallana,
corona de doce estrellas
forjada en oraciones, doce huellas
que nuestro camino allana.

Bosque del Cedro, símil a tu encanto:
la bruma lo envuelve de leyenda
mientras corre el amor por su senda,
que –eterno– nació de un llanto.

Suenan las chácaras y tambores,
el corazón de la isla se descubre
cuando llega tu santo día en octubre:
Madre eres de La Gomera con loores.

Y en el silbido vuela el lenguaje
del sonido a través de los barrancos,
pues al viento le sobran las palabras
en aquellos labios que llevan tu mensaje:

Mi tilma, prenda divina,
es un manto marinero,
el blanco velo gomero
con que bendigo a la isla colombina.

                 José J. Santana

Se permite la reproducción de este poema haciéndose mención a su autor.

A la Iglesia de la Concepción de La Orotava

Iglesia de La Concepción de La Orotava

Una silueta divisé en este hermoso valle;
se alzaba delicada a toda aquella mirada:
era la arquitectura sacra siendo honrada
por el arte del villero bruñendo el detalle.

Luce la piedra tu impronta que no se olvida;
los ecos del púlpito cincelado en mármol
rememoran al madero que nació del árbol,
y por amor, transfigurado a Cruz vivida.

En el firmamento una cúpula dibujaste;
dos campanarios que conmueven al visitante
pregonan al viento el día más deslumbrante:
sonaba la melodía alegre del tajaraste.

Con el sonoro repique me acerqué,
palpando el señorío y tu historia;
sentí el hado de un pedacito de gloria
que resuena en cada toque su porqué.

Octava de Corpus y Semana Santa,
la obra consumada llegó en el cierno,
donde lo efímero siempre será eterno
cuando admirado oprime la garganta.

Y vi llover pétalos en precioso vuelo,
que desprendían con júbilo verdadero
tus lágrimas mostrando el sendero
de la Ascensión del Señor al cielo.

En la fe, acompañando tu tabernáculo,
acabó mi frío con tu sol: el que más calienta.
Es tu espíritu la fuerza que nos sustenta
y doblega el poder aferrado al báculo.

Mientras, una voz susurra una oración.
Testigo de quietud, de duelo y alhajas:
la fúnebre entrada de aquellas cajas,
la salida de unos novios sellada su unión.

Y ante su altar, mi siempre anhelada;
de Génova traída a la noble y leal Villa,
yo me inclino –manso– a tu maravilla:
¡Oh, Virgen de la Inmaculada!

No hay gente que no se cautive
en la fiesta que honra a la Pureza,
donde brota la belleza
que hasta el alma mustia revive.

Mas, la Asunción llegó con el glorioso Tránsito;
dormida en el lecho nuestra ternura acrecienta.
Yo la velaré para que sola no se sienta,
pues es su presencia el reposo que necesito.

Y con tu Santo Cristo de la Misericordia
el pueblo camina siguiéndolo a su vera;
con el mandato cumplido en la cruz nos espera:
la Sagrada Forma aguarda bajo la Custodia.

De fondo un órgano lleva a la emoción,
que en su apogeo el ambiente silencia…
la voz interior cae rendida a la cadencia:
Catedral del Valle es la Concepción.

                        José J. Santana

* * *

Enlace relacionado:

A la Iglesia de San Francisco de La Orotava

Foto de: Roberto Mazzanti

“Tengo ganas”, un poema de Francisco Tarajano

TENGO GANAS
(A Oswaldo Brito)

Tengo ganas de amar
al pobre hombre que se droga con ron,
y ganas de abrazar
al niño pobre que come amargor.

Tengo ganas de besar a la viuda,
mocha de dulce amor,
y ganas de abrigar a la huerfanita
que quedó sin calor.

Tengo ganas de aunar
mis lágrimas con madres de dolor
a quienes la voraz
guerra en pozos lutosos sepultó.

Tengo ganas, patrón,
de tus sueldos mezquinos olvidar,
y ganas de que un sol
de justicia alumbre el lóbrego hogar.

Tengo ganas de que no haya color
ni agrio cliché racial,
y ganas de que el cielo llueva amor
como dulce maná.

Tengo ganas de alzar
con los hombres sojuzgados mi voz,
y ganas de soltar
al aherrumbrado en triste prisión.

Tengo ganas de sembrar libertad,
desterrar el terror,
y con duros peñascos escachar
al tirano opresor.

Tengo ganas, oh Dios,
de estrujar con mis manos al satán
que clava el corazón
y al caín que huele a sangre fraternal.

Tengo ganas de tirar al avión
preñado de maldad,
y ganas de hundir al barco invasor
en el fondo del mar.

Tengo ganas de paz,
como de agua el suplicante cardón.
Quiero sólo escuchar
del hermano-hombre toda la canción.

          Francisco Tarajano
               “Años malditos” (1980).

Francisco Tarajano Pérez, escritor, poeta, profesor y gran defensor de la cultura canaria, falleció el pasado 10 de noviembre de 2018. Descanse en paz.

Las Fiestas del Cristo de Tacoronte (poema)

Las Fiestas del Cristo

Oh qué fiesta de luces
sobre el campo y el pueblo.
En incesante hervor,
en creciente abejeo,
desde lejanos puntos,
afluyen los romeros.
Y el Santuario, la Plaza,
las calles, los paseos,
revientan de fervores
en este día espléndido…
Y en Tu honor, los exvotos,
cirios y pebeteros;
las brazadas de flores,
los frutales de incendio,
las rodillas sangrantes,
los cánticos y rezos.
Y en tu honor, Cristo mío,
yo también, de muy lejos,
—de las simas profundas
de mi propio destierro—;
yo también, onda amarga
entre el gentío inmenso…;
con renovada fiebre
de amores a Ti vengo,
a ofrendarte el humilde
manojo de mis versos.
Oh qué fiesta de júbilos
sobre el campo y el pueblo.
La flor de los cohetes
se abre con estruendo,
y sus estambres de oro
estallan en aplausos pirotécnicos;
esparcen las campanas sus temblores
—azucenas metálicas del viento—;
y Tú sales, oh Cristo, del Santuario.
Magnífico, sereno.
Abrazado a tu Cruz.
Tal una hermosa estampa de Durero…
Por un río de luces,
navegas en barcaza de hombros recios.
La trémula corriente, a tus espaldas,
va creciendo y creciendo.
Y delante de Ti —tambor y flauta,
cambiante rueda y eje pintoresco,
carrousel de colores y de ritmos—,
trenza “la danza” su ágil arabesco.
También, en torno tuyo,
columna viva y mástil verdadero;
también en torno tuyo,
y atados con la cinta de mis versos,
también, en torno tuyo, Cristo mío,
giran mis pensamientos.
Oh qué fiesta de ritmos en el aire.
Oh qué fiesta de llamas en mi pecho.

             Emeterio Gutiérrez Albelo
      “Cristo de Tacoronte: Poemas”.

Natividad de María

En Nazaret de Judea vivían dos santos esposos, entrados en años, llamados Joaquín y Ana. Rogaban ambos al Señor que les concediesen sucesión, y Dios escuchó sus súplicas, haciendo que, contra la posibilidad de la naturaleza, una madre anciana concibiese y pariese a la criatura humana más perfecta: nació una niña, a la que llamaron, por disposición del cielo, María; que fue después la Madre de Dios, quedando siempre Virgen santísima Nuestra Señora. Al nacer a este mundo la Virgen María, apareció ya santa y adelantada en perfecciones, pues ya desde su Concepción Inmaculada, o sea desde nueve meses antes de nacer, estaba adornada de méritos con entendimiento y voluntad y gran correspondencia a la gracia.

Es hoy la fiesta por antonomasia de Gran Canaria, nuestra tierra. Todas las rutas se abren —con alborozo— en este día hacia la villa mariana de Teror. Es un tributo de amor y de sentimientos admirativos hacia la madre celestial de los grancanarios, que eso es la Virgen del Pino. Todos los corazones tienen en la Patrona su cita amorosa, porque en este día se la honra bajo el título litúrgico de su Natividad.

Natividad de María

I
Virgen del Pino Amorosa,
Hoy en tu honor celebramos
La fiesta de los Canarios,
Es la mayor del año.

II
En desfiles y Promesas
Vamos todos a Teror,
A contemplar tu Hermosura
Y a pedirte con amor.

III
Toda hermosa eres María,
Desde tu Sitial Luciente
Los ángeles te cortejan
Al verte tan sonriente.

IV
Todos te aclaman Patrona,
Desde tu bello Vergel
De tu santuario: Preciosa,
Diamante de oropel.

V
Desde el Pino donde moras
Te has erigido en Patrona
De la Gran Canaria entera,
Que satura hasta la Aurora.

VI
Las flores cubren tu Trono,
Que se torna en Celestial
En tornasol de Colores
Y volutas de Cristal.

VII
En plenitud de Alborada
Se nos presenta Teror,
Todo imbuido de flores
Con singular esplendor.

VIII
Por doquier su Fértil Valle
Con sus huertos y sus frutos,
Con sus Pomas escarlatas
Entre el Nogal y el Arbusto.

IX
Tus Barrancos y Laderas,
Con su Fuente de “Agua Agría”
Enhornado está de Verde
Hasta las mismas montañas.

X
Ante la Madre del Pino
Nos postramos con fervor,
Para rezarte y cantarte,
Y decirte: Te queremos con
Singular dilección.

XI
La más buena de las Madres
Es la Madre de Jesús,
La Virgencita del Pino
Es la Madre de los cielos
Y nuestra Madre en Jesús.

XII
Yo quisiera estar contigo
En amanecer Triunfante,
Rodeado de querubes
Y serafines Radiantes.

Adiós Madre de los Cielos;
Adiós Madre del amor,
Tu Bendición te pedimos:
Y a Dios hasta el Cielo
“ADIÓS”.

     J. Suárez Guerra

Foto: Daniel Ramírez Gil

Fiesta del Corpus Christi en la Villa de La Orotava

Flores… más flores… muchas flores…

Desde la Cuesta de la Villa, momentáneamente, contemplo en actitud admirativa el incomparable Valle de la Orotava. Es una mañana en que la atmósfera está limpia como el cristal de roca. La primavera, en posesión de su máxima hermosura, se manifiesta en el Valle-prodigio, en plena floración.
La luz solar, plata y oro en fusión maravillosa, rompe en la alfombra verde de los extensos platanares y arranca centelleos a las gotas de rocío, como si fueran éstas, brillantes incrustados en las hojas de la vegetación. Tan intensa es la luz, que parece que llega acariciante hasta el mismo corazón del mortal que admira tanta belleza y siente la caricia como un hormigueo del espíritu.
El Teide poderoso, parece querer besar la bóveda celeste; contrastando con el azul purísimo, la nacarina nieve que en forma de caperuza cubre su mayor altura. Este día de sol incomparable, parece querer dar un mentís a ese tradicional proverbio que dice:

«Tres días hay en el año 
que relucen más que el sol
Jueves Santo, Corpus Christi
y el día de la Ascensión».

Corpus. Día de gloria… día de flores y de sol. Aquí, en la Orotava, este santo día, es de más brillantez que en cualquier otro sitio. La deliciosa villa, viste sus mejores galas. Las calles limpias, primorosamente adornadas, dan la grata impresión de un país de ensueño. La policromía de las múltiples alfombras confeccionadas en su mayor parte con flores naturales, parecen tener una interrogación en cada corola de flor y una sonrisa en cada pétalo.
El gusto artístico predomina en este alfombrado de las calles pinas y asimétricas. Como todos, con religiosidad mística, contemplo las alfombras en las que el genio del artista se funde en estrecho abrazo con esa obra inimitable que la naturaleza labró en las flores: luz y color, armonía suprema, obra de Dios…
En holocausto a él, se ofrenda todo esté derroche de arte, de color y luminosidad. La comitiva religiosa, pasa por sobre las alfombras que los mortales no osaron hollar con su planta por ver en ello la profanación.
Tras de sí deja la procesión las flores marchitas y deshechas. Las flores, más y más flores, muchas flores que antes parecían sonreír, ahora, muestran un gesto de dolor…
Mas no han quedado rotas y marchitas todas las flores… Como algo indestructible, semidivino, podemos admirar en profusión alucinante la eterna maravilla de luz y de color que en sus caras de diosas ostentan siempre las mujeres de la Orotava: Estas, como aquellas, son flores.

Y porque así Dios lo ha querido,
adornándolas como a las rosas,
recreándose en su obra complacido,
como a ellas, las hizo tan hermosas.

Rafael Peña León. La Orotava, 1926.
Revista Hespérides, agosto de 1926 (nº35)

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Fiesta del Corpus Christi en la Villa de La Orotava

Siempre variada, aunque no distinta
camina en Corpus Christi La Orotava.
Religioso su espíritu proclama
la especial aventura ya intimista.
Elementos… Milagros vegetales
llenan de esplendor, dichosa Villa
perfume de sus montes, sus orillas…
hasta el mismo rincón donde hay sus mares.
Con tapices de pétalos y arena…
¡Oh volcán que rendido va a tu pie
y a la hostia sagrada fuego lleva!
qué hay más hermoso que te dé…
por dejar tu andar la propia vida
sino la ofrenda de amor con nuestra fe.
¡Y tú, villa norteña, bien nacida!
Tan llena de mil gracias tus rincones
donde abunda la paz entre las flores;
con tu Señor, Tú siempre agradecida.
Son tus calles bellezas alfombradas
se inclinan a tus pasos cual vecinos
en calidad su adoración de hijos;
levantando tu cáliz ya te alaban.
Para rendirte culto eternamente,
sin agotar el paso caminamos
para seguirte sin pensar dos veces;
¡Qué eres la verdad de cada día!
nos sorprende tu andar a nuestro lado
¡de manera tan franca, inmerecida!

               Carmen Suárez Baute
    “Imágenes en verso” (2005)

Enlace relacionado:

El arte de las alfombras de La Orotava (Infraoctava del Corpus Christi)

Al Santo Hermano Pedro de Vilaflor

Al Santo Hermano Pedro de Vilaflor

En los rincones dispares del mundo
Siervo de Dios, hermano de los hombres
que a los ricos motivas y a los pobres;
ejerciendo con humildad tu rumbo.
Antepones sacrificio a libertad
pleno tu corazón de valentía
la conciencia le sirve a tu valía
para poner en tus hechos caridad.
¡Qué irónica es la vida en tu actuación!
Fundador de tu escuela, sin estudios
enfermero sin la ciencia, por amor.
Hospital de vagabundos tu pensión,
refugio es tu posada de impedidos
tu casa: ¡lugar de paz y de oración!
incansable terciario franciscano;
luchador por el pobre y la injusticia
y del enfermo, predilecto hermano.
Campanilla pequeña es tu palabra
que llama con tu toque la atención;
mil cosas dice con su voz de bronce
llenando los corazones de emoción.

               Carmen Suárez Baute
   “Imágenes en verso” (2005)

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Festividad del Santo Hermano Pedro

La Virgen, camino del Calvario

LA VIRGEN, CAMINO DEL CALVARIO

+ LA SANGRE DE CRISTO (á.o)

Versión de La Luz (La Orotava, Tenerife), dicha por Úrsula Borges y recogida por Mercedes Morales.

Por el rostro de la sangre    que Jesús ha derramado,
2   iba la Virgen María    buscando su hijo amado.
Por el camino donde iba    una mujer ha encontrado.
4   —¿Qué haces aquí, mujer,    qué haces aquí llorando?
—Usted me ha visto pasar    a mi hijo Jesús amado?
6   —Deme las señas, señora,    de su vuestro hijo adorado.
—Es más blanco que la nieve,    más brillante que oro y plata,
8   que en su frente trae el sol    y la cara es como un ángel.
—Por aquí pasó, señora,    por aquí Cristo ha pasado,
10  con una cruz a sus hombros,    una cadena arrastrando
y me pidió que le diera    un paño de mi tocado
12  para limpiarse su rostro    que lo trae sudado;
tres dobleces traía el paño,    tres figuras le han quedado,
14  si lo quiere ver, señora,    aquí lo traigo guardado.—
Al oír la Virgen esto    cae al suelo desmayada.
16  San Juan y la Magdalena    vienen pronto a levantarla.
—Vamos, vamos, mi señora,    vamos pronto pal Calvario;
18  por muy pronto que llegamos ya lo habrán crucificado,—
Ya lo ponen en la cruz,    ya le clavan los tres clavos,
20  ya le dieron la bebida    de amarga hiel y vinagre.
Y la sangre que derrama    en el cáliz su brisal,
22  el hombre que toma de ella    será bienaventurado,
y la gracia que pidiese    de Dios sería otorgado,
24  la del Padre, la del Hijo    y la del Espíritu Santo, amén.

Diego Catalán. La Flor de la marañuela: Romancero General de las Islas Canarias, (1969).

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María en el Calvario

Imagen ilustrativa: Virgen de los Dolores de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, La Perdoma (La Orotava). Foto: Jonathan García.

Plegaria Lírica a Fray Andrés

Plegaria Lírica a Fray Andrés

Fray Andrés Filomeno, que atormentadamente
tu fervor sepultaste en tierra americana:
escucha mi plegaria y acaricia mi frente
que es mi mayor orgullo el saberme tu hermana.

Los dos hemos sentido el dolor, de que un día,
en tierra majorera fue la primera luz;
la oración de tus labios se hizo en mí poesía
y en mi vida agitada, se perfila tu cruz.

Fray Andrés Filomeno, tu obra fue obra santa;
donde naciste santo, poeta nací yo;
haz que tu amor perfume, mientras mi musa canta…
canto y perfume suben al Trono del Señor.

Yo he nacido sufriendo mal de literatura,
lecturas y lecturas, donde a diario acudí;
moldearon mi rumbo, rompiendo la figura…
¡destrabase mi esencia, para llegar a ti!

Eres tú blando al ruego, yo sorda a la amenaza;
tú serenas los odios, y yo exalto el amor,
somos los exponentes de majorera raza:
éxtasis y tumulto, misticismo y fragor…

Pastorcito de cabras, con tu alegre pandero
cual símbolo feliz de tu claro linaje;
improvisas tu diálogo, Orfeo majorero:
música y bestezuelas, lo divino y salvaje…

Patrón de nuestra balsa, abre el celeste manto,
para que nuestro pueblo contigo halle su fe.
Sobre la Cenicienta, yo haré recordar mi canto:
ponlos tú de rodillas; yo los quiero de pie.

Fray Andrés Filomeno, que atormentadamente
tu fervor sepultaste en tierra americana:
escucha mi plegaria y acaricia mi frente
que es mi mayor orgullo el saberme tu hermana.

                                           Agustina Padilla

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Fray Andrés Filomeno García Acosta, OFM (Fray Andresito)