Las Fiestas del Cristo de Tacoronte (poema)

Las Fiestas del Cristo

Oh qué fiesta de luces
sobre el campo y el pueblo.
En incesante hervor,
en creciente abejeo,
desde lejanos puntos,
afluyen los romeros.
Y el Santuario, la Plaza,
las calles, los paseos,
revientan de fervores
en este día espléndido…
Y en Tu honor, los exvotos,
cirios y pebeteros;
las brazadas de flores,
los frutales de incendio,
las rodillas sangrantes,
los cánticos y rezos.
Y en tu honor, Cristo mío,
yo también, de muy lejos,
—de las simas profundas
de mi propio destierro—;
yo también, onda amarga
entre el gentío inmenso…;
con renovada fiebre
de amores a Ti vengo,
a ofrendarte el humilde
manojo de mis versos.
Oh qué fiesta de júbilos
sobre el campo y el pueblo.
La flor de los cohetes
se abre con estruendo,
y sus estambres de oro
estallan en aplausos pirotécnicos;
esparcen las campanas sus temblores
—azucenas metálicas del viento—;
y Tú sales, oh Cristo, del Santuario.
Magnífico, sereno.
Abrazado a tu Cruz.
Tal una hermosa estampa de Durero…
Por un río de luces,
navegas en barcaza de hombros recios.
La trémula corriente, a tus espaldas,
va creciendo y creciendo.
Y delante de Ti —tambor y flauta,
cambiante rueda y eje pintoresco,
carrousel de colores y de ritmos—,
trenza “la danza” su ágil arabesco.
También, en torno tuyo,
columna viva y mástil verdadero;
también en torno tuyo,
y atados con la cinta de mis versos,
también, en torno tuyo, Cristo mío,
giran mis pensamientos.
Oh qué fiesta de ritmos en el aire.
Oh qué fiesta de llamas en mi pecho.

             Emeterio Gutiérrez Albelo
      “Cristo de Tacoronte: Poemas”.

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Natividad de María

En Nazaret de Judea vivían dos santos esposos, entrados en años, llamados Joaquín y Ana. Rogaban ambos al Señor que les concediesen sucesión, y Dios escuchó sus súplicas, haciendo que, contra la posibilidad de la naturaleza, una madre anciana concibiese y pariese a la criatura humana más perfecta: nació una niña, a la que llamaron, por disposición del cielo, María; que fue después la Madre de Dios, quedando siempre Virgen santísima Nuestra Señora. Al nacer a este mundo la Virgen María, apareció ya santa y adelantada en perfecciones, pues ya desde su Concepción Inmaculada, o sea desde nueve meses antes de nacer, estaba adornada de méritos con entendimiento y voluntad y gran correspondencia a la gracia.

Es hoy la fiesta por antonomasia de Gran Canaria, nuestra tierra. Todas las rutas se abren —con alborozo— en este día hacia la villa mariana de Teror. Es un tributo de amor y de sentimientos admirativos hacia la madre celestial de los grancanarios, que eso es la Virgen del Pino. Todos los corazones tienen en la Patrona su cita amorosa, porque en este día se la honra bajo el título litúrgico de su Natividad.

Natividad de María

I
Virgen del Pino Amorosa,
Hoy en tu honor celebramos
La fiesta de los Canarios,
Es la mayor del año.

II
En desfiles y Promesas
Vamos todos a Teror,
A contemplar tu Hermosura
Y a pedirte con amor.

III
Toda hermosa eres María,
Desde tu Sitial Luciente
Los ángeles te cortejan
Al verte tan sonriente.

IV
Todos te aclaman Patrona,
Desde tu bello Vergel
De tu santuario: Preciosa,
Diamante de oropel.

V
Desde el Pino donde moras
Te has erigido en Patrona
De la Gran Canaria entera,
Que satura hasta la Aurora.

VI
Las flores cubren tu Trono,
Que se torna en Celestial
En tornasol de Colores
Y volutas de Cristal.

VII
En plenitud de Alborada
Se nos presenta Teror,
Todo imbuido de flores
Con singular esplendor.

VIII
Por doquier su Fértil Valle
Con sus huertos y sus frutos,
Con sus Pomas escarlatas
Entre el Nogal y el Arbusto.

IX
Tus Barrancos y Laderas,
Con su Fuente de “Agua Agría”
Enhornado está de Verde
Hasta las mismas montañas.

X
Ante la Madre del Pino
Nos postramos con fervor,
Para rezarte y cantarte,
Y decirte: Te queremos con
Singular dilección.

XI
La más buena de las Madres
Es la Madre de Jesús,
La Virgencita del Pino
Es la Madre de los cielos
Y nuestra Madre en Jesús.

XII
Yo quisiera estar contigo
En amanecer Triunfante,
Rodeado de querubes
Y serafines Radiantes.

Adiós Madre de los Cielos;
Adiós Madre del amor,
Tu Bendición te pedimos:
Y a Dios hasta el Cielo
“ADIÓS”.

     J. Suárez Guerra

Foto: Daniel Ramírez Gil

Fiesta del Corpus Christi en la Villa de La Orotava

Flores… más flores… muchas flores…

Desde la Cuesta de la Villa, momentáneamente, contemplo en actitud admirativa el incomparable Valle de la Orotava. Es una mañana en que la atmósfera está limpia como el cristal de roca. La primavera, en posesión de su máxima hermosura, se manifiesta en el Valle-prodigio, en plena floración.
La luz solar, plata y oro en fusión maravillosa, rompe en la alfombra verde de los extensos platanares y arranca centelleos a las gotas de rocío, como si fueran éstas, brillantes incrustados en las hojas de la vegetación. Tan intensa es la luz, que parece que llega acariciante hasta el mismo corazón del mortal que admira tanta belleza y siente la caricia como un hormigueo del espíritu.
El Teide poderoso, parece querer besar la bóveda celeste; contrastando con el azul purísimo, la nacarina nieve que en forma de caperuza cubre su mayor altura. Este día de sol incomparable, parece querer dar un mentís a ese tradicional proverbio que dice:

«Tres días hay en el año 
que relucen más que el sol
Jueves Santo, Corpus Christi
y el día de la Ascensión».

Corpus. Día de gloria… día de flores y de sol. Aquí, en la Orotava, este santo día, es de más brillantez que en cualquier otro sitio. La deliciosa villa, viste sus mejores galas. Las calles limpias, primorosamente adornadas, dan la grata impresión de un país de ensueño. La policromía de las múltiples alfombras confeccionadas en su mayor parte con flores naturales, parecen tener una interrogación en cada corola de flor y una sonrisa en cada pétalo.
El gusto artístico predomina en este alfombrado de las calles pinas y asimétricas. Como todos, con religiosidad mística, contemplo las alfombras en las que el genio del artista se funde en estrecho abrazo con esa obra inimitable que la naturaleza labró en las flores: luz y color, armonía suprema, obra de Dios…
En holocausto a él, se ofrenda todo esté derroche de arte, de color y luminosidad. La comitiva religiosa, pasa por sobre las alfombras que los mortales no osaron hollar con su planta por ver en ello la profanación.
Tras de sí deja la procesión las flores marchitas y deshechas. Las flores, más y más flores, muchas flores que antes parecían sonreír, ahora, muestran un gesto de dolor…
Mas no han quedado rotas y marchitas todas las flores… Como algo indestructible, semidivino, podemos admirar en profusión alucinante la eterna maravilla de luz y de color que en sus caras de diosas ostentan siempre las mujeres de la Orotava: Estas, como aquellas, son flores.

Y porque así Dios lo ha querido,
adornándolas como a las rosas,
recreándose en su obra complacido,
como a ellas, las hizo tan hermosas.

Rafael Peña León. La Orotava, 1926.
Revista Hespérides, agosto de 1926 (nº35)

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Fiesta del Corpus Christi en la Villa de La Orotava

Siempre variada, aunque no distinta
camina en Corpus Christi La Orotava.
Religioso su espíritu proclama
la especial aventura ya intimista.
Elementos… Milagros vegetales
llenan de esplendor, dichosa Villa
perfume de sus montes, sus orillas…
hasta el mismo rincón donde hay sus mares.
Con tapices de pétalos y arena…
¡Oh volcán que rendido va a tu pie
y a la hostia sagrada fuego lleva!
qué hay más hermoso que te dé…
por dejar tu andar la propia vida
sino la ofrenda de amor con nuestra fe.
¡Y tú, villa norteña, bien nacida!
Tan llena de mil gracias tus rincones
donde abunda la paz entre las flores;
con tu Señor, Tú siempre agradecida.
Son tus calles bellezas alfombradas
se inclinan a tus pasos cual vecinos
en calidad su adoración de hijos;
levantando tu cáliz ya te alaban.
Para rendirte culto eternamente,
sin agotar el paso caminamos
para seguirte sin pensar dos veces;
¡Qué eres la verdad de cada día!
nos sorprende tu andar a nuestro lado
¡de manera tan franca, inmerecida!

               Carmen Suárez Baute
    “Imágenes en verso” (2005)

Enlace relacionado:

El arte de las alfombras de La Orotava (Infraoctava del Corpus Christi)

Al Santo Hermano Pedro de Vilaflor

Al Santo Hermano Pedro de Vilaflor

En los rincones dispares del mundo
Siervo de Dios, hermano de los hombres
que a los ricos motivas y a los pobres;
ejerciendo con humildad tu rumbo.
Antepones sacrificio a libertad
pleno tu corazón de valentía
la conciencia le sirve a tu valía
para poner en tus hechos caridad.
¡Qué irónica es la vida en tu actuación!
Fundador de tu escuela, sin estudios
enfermero sin la ciencia, por amor.
Hospital de vagabundos tu pensión,
refugio es tu posada de impedidos
tu casa: ¡lugar de paz y de oración!
incansable terciario franciscano;
luchador por el pobre y la injusticia
y del enfermo, predilecto hermano.
Campanilla pequeña es tu palabra
que llama con tu toque la atención;
mil cosas dice con su voz de bronce
llenando los corazones de emoción.

               Carmen Suárez Baute
   “Imágenes en verso” (2005)

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Festividad del Santo Hermano Pedro

La Virgen, camino del Calvario

LA VIRGEN, CAMINO DEL CALVARIO

+ LA SANGRE DE CRISTO (á.o)

Versión de La Luz (La Orotava, Tenerife), dicha por Úrsula Borges y recogida por Mercedes Morales.

Por el rostro de la sangre    que Jesús ha derramado,
2   iba la Virgen María    buscando su hijo amado.
Por el camino donde iba    una mujer ha encontrado.
4   —¿Qué haces aquí, mujer,    qué haces aquí llorando?
—Usted me ha visto pasar    a mi hijo Jesús amado?
6   —Deme las señas, señora,    de su vuestro hijo adorado.
—Es más blanco que la nieve,    más brillante que oro y plata,
8   que en su frente trae el sol    y la cara es como un ángel.
—Por aquí pasó, señora,    por aquí Cristo ha pasado,
10  con una cruz a sus hombros,    una cadena arrastrando
y me pidió que le diera    un paño de mi tocado
12  para limpiarse su rostro    que lo trae sudado;
tres dobleces traía el paño,    tres figuras le han quedado,
14  si lo quiere ver, señora,    aquí lo traigo guardado.—
Al oír la Virgen esto    cae al suelo desmayada.
16  San Juan y la Magdalena    vienen pronto a levantarla.
—Vamos, vamos, mi señora,    vamos pronto pal Calvario;
18  por muy pronto que llegamos ya lo habrán crucificado,—
Ya lo ponen en la cruz,    ya le clavan los tres clavos,
20  ya le dieron la bebida    de amarga hiel y vinagre.
Y la sangre que derrama    en el cáliz su brisal,
22  el hombre que toma de ella    será bienaventurado,
y la gracia que pidiese    de Dios sería otorgado,
24  la del Padre, la del Hijo    y la del Espíritu Santo, amén.

Diego Catalán. La Flor de la marañuela: Romancero General de las Islas Canarias, (1969).

* * *

María en el Calvario

Imagen ilustrativa: Virgen de los Dolores de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, La Perdoma (La Orotava). Foto: Jonathan García.

Plegaria Lírica a Fray Andrés

Plegaria Lírica a Fray Andrés

Fray Andrés Filomeno, que atormentadamente
tu fervor sepultaste en tierra americana:
escucha mi plegaria y acaricia mi frente
que es mi mayor orgullo el saberme tu hermana.

Los dos hemos sentido el dolor, de que un día,
en tierra majorera fue la primera luz;
la oración de tus labios se hizo en mí poesía
y en mi vida agitada, se perfila tu cruz.

Fray Andrés Filomeno, tu obra fue obra santa;
donde naciste santo, poeta nací yo;
haz que tu amor perfume, mientras mi musa canta…
canto y perfume suben al Trono del Señor.

Yo he nacido sufriendo mal de literatura,
lecturas y lecturas, donde a diario acudí;
moldearon mi rumbo, rompiendo la figura…
¡destrabase mi esencia, para llegar a ti!

Eres tú blando al ruego, yo sorda a la amenaza;
tú serenas los odios, y yo exalto el amor,
somos los exponentes de majorera raza:
éxtasis y tumulto, misticismo y fragor…

Pastorcito de cabras, con tu alegre pandero
cual símbolo feliz de tu claro linaje;
improvisas tu diálogo, Orfeo majorero:
música y bestezuelas, lo divino y salvaje…

Patrón de nuestra balsa, abre el celeste manto,
para que nuestro pueblo contigo halle su fe.
Sobre la Cenicienta, yo haré recordar mi canto:
ponlos tú de rodillas; yo los quiero de pie.

Fray Andrés Filomeno, que atormentadamente
tu fervor sepultaste en tierra americana:
escucha mi plegaria y acaricia mi frente
que es mi mayor orgullo el saberme tu hermana.

                                           Agustina Padilla

* * *

Fray Andrés Filomeno García Acosta, OFM (Fray Andresito)

Al Santísimo Cristo de Tacoronte (Plegaria)

Plegaria

¿Te vas, señor?
Parece que caminas
levantando tu cruz como bandera.
Caudillo, adelantado, que nos hablas
de luchas y de guerras.

Espera que te hable…
Que he venido
a contarte mis penas…
A pedir por aquellos que no piden…
Que de tí no se acuerdan,
hasta que ven muy cerca la desgracia,
o la sombra fatal, tétrica y negra
del infortunio roza sus mejillas;
o en sus tapias acecha
la segadora del caballo ciego
y la guadaña intrépida…
La que corta las flores más altivas
y las flores modestas.

Por los que alguna vez vienen a verte
y te saben rezar a su manera,
yo te pido, Señor,
el de la cruz en forma de bandera.

Por los que un sol de invierno ha calcinado
y fascina la voz de la sirena.
Los que no ven la luz de un cielo claro
por no elevar sus ojos de la tierra.

Por los que ignoran que esta vida es paso
y ruta a las estrellas.
Los que no ven la espina entre la rosa
ni la marcada huella
del reptil por el polvo menudito
de la vereda estrecha.
Los que no oyeron en su blanca cuna
una canción de nardos y azucenas.
Por los que llevan el amor oculto
en un mar de tristezas.
Por los que llegan sólo para verte
y no pasan tus puertas,
porque les da pavor esa mirada
que a mí me infunde amores y clemencia…
Por todos, que son hijos de tu sangre.
Por todos mi plegaria.
Tu bandera.
Capitán de un ejército ecuménico,
en marcha está.

¡Alerta!
Y ya sabemos que el vivir es eso:
¡Vivir es dura guerra!

                 A. Ureña, Salesiano.

Nuestra Señora de la Soledad de la Portería, leyenda dorada

Mas, entre tantas Imágenes de Soledad existentes en las Islas, resalta y tiene encanto especial la del Convento de San Francisco de Las Palmas, conocida con el nombre de Virgen de la Portería.

El origen de esta Imagen lo encontramos también arropado con una leyenda delicada, que, de padres a hijos y de boca en boca, ha llegado hasta nosotros.

Cuentan, que, allá por los años de la conquista de Gran Canaria, se paseaba, por el puerto de la ciudad de Cádiz, una señora enlutada, con una pena profunda en su alma resignada. Buscaba embarcación para la isla recién conquistada, porque quería hacer llegar a los Padres Franciscanos de la misma un encargo misterioso.

Ella, con rostro suplicante, se dirige al capitán de unas de las naves, que estaban prontas a zarpar. Mas el patrón, lleno de altivez y sin hacer caso a la petición de la señora, suelta las amarras de su barco y se hace a la mar. Y comienza a navegar rumbo hacia el sur. Pero de pronto, Y de un modo inesperado, le sorprende una tormenta y se ve obligado a volver al puerto, de donde había salido.

Por segunda y muchas veces más vuelve a hacerse a la mar, y otras tantas tiene que refugiarse, porque nuevas tormentas le obligan a ello.

La señora enlutada insiste en su petición; y el marino, ya sin la altivez de antes, acepta en su nave el embalaje. Recibirlo y cesar los obstáculos a la navegación, todo fue uno.

A los pocos días el marino, – tranquilo, como el mar, arriba al puerto de las Isletas con toda felicidad. A toda prisa se encamina al Real de Las Palmas y entrega su encargo al Convento de San Francisco.

En presencia del Guardián, Discretos del Convento y de los hombres de la mar, se abre el baúl del misterio. Y ¡oh sorpresa!, aparece, ante las miradas de todos, una Imagen de María; y comprueban con sus propios ojos, como ella tiene la misma cara, los mismos vestidos de luto, y hasta la misma pena de aquella señora enlutada, que días atrás se paseara por el puerto de Cádiz.

¡Era la Virgen de la Soledad, o de la Portería, del Convento de San Francisco de las Palmas!

Veracazorla. B.O. Diócesis de Canarias, 1981

* * *

Soneto a la Virgen de la Soledad

Pasas muda, florosa y enlutada;
y al ver esa piedad con que me miras
sé que ruegas por mí y por mí suspiras;
por mí, que soy ceniza, polvo, nada.

Dame tu llanto lágrima sagrada,
para salvarme del mundo y sus mentiras.
Yo, pecador, hallo en la fe que inspiras
un consuelo a mi alma atormentada.

El Dolor es contigo, y me arrepiento
de ser causa de él, por tener parte,
pues soy hombre y culpable en el delito
de alzar la cruz, y en mi interior la siento.
Mas su signo se trueca en mí baluarte
y tu dolor está en mi cruz inscrito.

                          Luis Benítez Inglott

A la Santísima Virgen del Pino (Tríptico)

A LA SANTÍSIMA VIRGEN DEL PINO

TRÍPTICO
I
LA INOCENCIA
—¿Por qué lloran los hombres al mirarte,
siendo tan buena, tan hermosa y santa?
Yo soy niño y, ya ves, a mi me encanta
tu nombre pronunciar y contemplarte.

¿Por qué el pueblo no cesa de alabarte
con tan firme piedad y con fe tanta,
que me asusta y oprime mi garganta
un temor que no acierto a explicarte?

No lo sé; pero, quiero ser como ellos,
y tus glorías cantar y defenderte.
¡Madre mía del Pino, yo te adoro!

Vuelve, vuelve hacia mí tus ojos bellos
y verás cómo soy un hombre fuerte;
que, aunque te rezo y canto, yo no lloro.

II
LA FORTALEZA
—Hombre soy. De mis padres he aprendido
a serte fiel. ¡Ayúdame, Señora,
que es difícil seguir en esta hora
la senda que trazaron los que se han ido!

Te enaltece tu pueblo agradecido;
es el mismo que cuando sufre y llora
acude a Ti, su Reina y Protectora,
y ¡siempre, siempre, siempre le has oído!

Hoy la paz, la abundancia en sus hogares
hacen feliz al pueblo que te ama.
¿No perderá, por ello, su camino?

¿Olvidará que en los canarios lares
ardió siempre la pura y viva llama
de intenso amor a Ti, Virgen del Pino?

III
LA FE
—Si la Patria se siente amenazada
y sonido estridente a guerra toca,
el soldado, en Ti puesta la mirada,
tu dulce nombre con fervor invoca.

Si la mar fragorosa, embravecida,
como a hoja seca el bajel sacude,
el nauta, con su fe más encendida,
es a Ti, Virgen Santa, a quien acude.

Y la madre que por sus hijos reza;
la joven que defiende su pureza;

y el hombre de ciudad, y el campesino,
¡todos piensa en Ti, Virgen del Pino!

¡Cuán hermosa, la fe pura y sencilla
que guarda entre sus pliegues la mantilla!

             Juan Bautista Ros Andreu, 1954.

Dios te Salve, María (a la Virgen del Pino)

A la Virgen del Pino

Reina de Gran Canaria, Madre excelsa del pino:
Cuando Tú vas delante, no es amargo el camino,
ni es temible la noche, ni la estrecha vereda
que hasta el valle desciende de la abrupta.

Cuando Tú vas delante, el camino es de rosas
que sembraron doncellas y cortaron las diosas,
y es de violetas y de pálidos lirios,
que trajeron los ángeles de los jardines sirios.

Y de camelias nítidas saturadas de esencia,
venidas entre nubes de la hermosa Valencia,
y de claveles dobles que allá en Granada mora,
cogieron manos blancas para la Gran Señora.

Madre excelsa del Pino, Reina de Gran Canaria:
yo te ruego que escuches esta humilde plegaría,
que brota hasta los labios de un pobre corazón,
en esa hora mística del toque de oración.

Yo te pido que traigas el remedio a mis males;
que de mí siempre apartes los pecados mortales;
que me des humildad del hermano Francisco
de Asís, aunque vaya por el llano o el risco;
que broten en mi pecho las flores del amor,
para todos los hombres que marchite el dolor;
que de estas islas nunca apartes Tus miradas,
porque, si Tú las miras, sí son Afortunadas;
que sean el dichoso rincón del Universo
libre de la malicia y del instinto perverso,
y sean Paraíso eterno terrenal.
¡Reina de las Canarias: Defiéndelas del mal!

                       Francisco Losada Calvo

* * *

Dios te Salve, llena de gracia…

Dios te Salve María,
Rosa Lozana,
más pura que la brisa
de la mañana;
de gracia llena
Limpia de toda mancha,
Linda azucena.

El Señor es contigo,
Bendita eres,
Entre las escogidas,
Santas Mujeres.
Sea Jesús Bendito
Fruto precioso;
De tu Sagrado vientre
Casto y Dichoso.

Santa María,
Madre del Dios de amores,
Ruégale, por nosotros
Los Pecadores,
Y ahora, y en la hora,
—de nuestra muerte;
nos defienda tu brazo
Seguro y fuerte.

Virgen María,
Madre de amor
Todos te aclaman;
Con gran fervor.

Mira a tus hijos,
tan doloridos,
tan afligidos,
tan condolidos.

Mira a tus hijos,
Con tierno amor
Con Maternales; muestras
de Redención.

Ya que tú quieres, que sea así:
Virgen del Pino,
Ruega por Mí.

Desde tu Pino,
ya Resplandeces
Como la Reina y Madre;
de estos Vergeles.

Madre del Pino,
Madre de amor
Conserva puro,
mi Corazón.

El Pueblo canta.
Su Seguidilla
Y reza acorde,
de Maravilla.

¡Oh!, Madre Buena,
La de Teror
mira a tus hijos,
Con fiel Amor.

Todos estamos.
Siempre contigo
Y a la Venta,
De tus Caminos.

Para darte un abrazo,
De amor Filial
A la Madre más buena.
De Dulzura sin par.

Reina y Madre del Pino,
me entrego a Ti
descansando en tus brazos,
hasta morir.

La Virgen de los Canarios,
es la Madre de Teror,
La Virgencita del Pino,
es nuestra Madre Mayor.

Gran Canaria se postra,
ante la Virgen,
a llevarle las flores,
de sus pensiles.

            Juan Suárez Guerra

Imagen ilustrativa: “Virgen del Pino”, del artista Domingo José Cabrera.

Festividad de Nuestra Señora del Pino