“Gran Canaria”, poema de Stella Corvalán

Gran Canaria

Se rompe el horizonte en una isla
que alarga sus verdores …
Ya se acerca en las olas su perfume:
es la tierra, la Circe que ha de atarme
de nuevo a su cintura.
Mi libertad marina la enardece,
este connubio astral en que yo araño
la sumisión del mar con mi impaciencia
acaso estremeciera sus orígenes.
¡Quiere recuperarme, y ya me ordena
con una voz de potestad y hechizo!

Un volcánico mundo me sorprende:
estáticos granitos se levantan
con su entraña extinguida.
La Atalaya está en pie.
¿Es que saluda su arrogancia estéril
mi descenso a lo humano?
¿Es que comprende mi áspero dilema?
llego de un reino de tormenta e himnos,
de un oasis de espuma
y tengo miedo que la tierra oprima
mi contorno de músicas.

Cada vez más lejano el eco sordo
del amo transparente.
Ya me cercó la tierra. Está su clave,
recuperada, ardiendo entre mis dedos.
La isla me envía su emisario vivo:
Pinar del Tamadaba me enajena
con su profundo, extraño, penetrante
olor de jungla y raza entremezclados.
Hundí en esta montaña deleitosa
mis manos, que tornáronse sarmientos
en vegetal transformación violenta.
Fui a divisar en la mañana clara
cómo Fuerteventura a la distancia
entre confusos tules emergía,
y tras de Arucas, capitel vetusto,
miré del Teide la silueta núbil.
Euforia de las cimas, del peñasco,
de Tenerife y su pendón llameante.
De aquella carretera de Tafira
serpenteada por dulces eucaliptos,
que una noche negrísima me dieron
una luna irreal para que atara
mi corazón a este paisaje extraño,
donde la sombra tiende rojos velos
y deja que se cuelen por la umbría
brazos del cielo que suplican tregua.

Voy huyendo del mar porque ha tornado
su acento a perseguirme.
Ya resuena, iracundo, en las paredes
de mi ser su alarido.
Crucé por las Canteras.
la arena desgranó sutil y helada
su carcajada rubia …
Enraizada en esta isla pródiga:
jungla pequeña crepitando verdes,
yo el requiebro salado rehuía.

Me interné más y más. No parecía
sino que al recobrarme dio la tierra
a mi libre inquietud sus bebedizos.
A tientas con bejucos que enroscaron
sobre mí sus verdores,
yo, que cifré en el mar mi honda victoria,
huía de su elástico mandato.

Dilema lacerante en que lucharon
mi oceánico amor y esta molicie
entorpeciendo vegetal y ciega
mi potente albedrío.
Cual campanadas lentas
rebotaban las horas sobre el alma.
Y a lo lejos el faro en Maspalomas
guiñó en la noche un resplandor agudo.

Busqué refugio. El Parque de San Telmo
resplandecía paz, y entre palmeras
fui enhebrando mi fuga…
Rostros exuberantes, perfumados, eran los girasoles;
mirada roja en abisal pupila
desprendió su fulgor de entre unos árboles.
Y fue el ilán-ilán el que cercara
con lechosa imprudencia mi congoja.

Retrocedí cuando el fragor marino
irrumpió con violencia en los jardines.
Y desperté de este sopor que, aleve,
encarcelara mi contorno errante.
El mar me poseyó con su ancho ruego
y fui en el Muelle Viejo desgarrando
mis vegetales túnicas . .

¡Ya fue la tierra un sueño en este súbito
reencuentro con la espuma!

          Stella Corvalán

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Una imagen de San Martín de Porres en Torrevieja (Alicante)

Imagen de San Martín de Porres en la Parroquia de San Roque y Santa Ana de Torrevieja (Alicante), obra del escultor Víctor García.

Hace poco, mi compañero de habitación en un hospital —le extirparon un riñón— fue contándome a ratos (eran muchas horas solos) sus trabajos y sus días. Albañil, pero albañil con todos los aires sencillos del artesano rural. Trabajaba la piedra y la madera en sus ratos libres. Ponía empeño y lo hacía muy bien a tenor de las fotos que me enseñó. Le dije que pasado un tiempo iría a verle a su casa y que le llevaría unas fotos de San Martín para que hiciese una talla, medallón o lo que quisiera como recuerdo agradecido de los 10 días compartidos en aquella habitación. Y por la bonanza pos-operatoria. Será mi visita en octubre. Y espero que…

Todos hemos oído alguna vez la frase: “Estas cosas ya no se hacen hoy en día” cuando hemos visto una iglesia o catedral de muy bella factura, o cuando hemos ido a un museo y hemos podido contemplar obras espectaculares de imaginería religiosa u obras artísticas de otro tipo. Pues sí, se siguen haciendo obras bellas, con gusto estético, y que reflejan todo un mundo de mística interior, de creencias firmes y duraderas, que plasman rostros y actitudes que invitan a la devoción y al respeto. Una forma de avivar la memoria del corazón y alentar la fe de las gentes en gestos agradecidos.

Torrevieja nos suena a mar, a apartamento ganado en concurso televisivo, como si allí no hubiese más que sol y playa. Pues no. También hay vida y vida cristiana cuidada, presencia creyente en sus gentes y en sus imagineros imaginativos. Eso es lo que tan bien nos ha demostrado el imaginero y escultor Víctor García Villalgordo con su trabajo para la parroquia de San Roque y Santa Ana, allí, en Torrevieja (Alicante): ha esculpido una talla de San Martín de Porres en tamaño natural, 1,70 metros de altura, con un rostro joven, bello, de un mulato emigrante lugareño, en madera de tilo. El artista ha sabido captar tres elementos esenciales en San Martín de Porres: la mirada «serena» puesta en lo alto, el «crucifijo» que sostiene y la «escoba» simbólica de su actitud de servicio. Hay en toda ella un aire que hace imposible no recordar a San Juan de la Cruz en actitud similar. Y es que cuando hay santidad por el medio, los gestos se asemejan. La imagen ha sido colocada en lugar bien visible este verano, en el altar de la Virgen del Rosario, sin que se hagan competencia, sino como apoyo mutuo en las demandas y agradecimientos de las buenas gentes de Torrevieja.

Una rifa popular de una talla, a escala, del s. XVII de S. Martín, donada por Ramón Torregrosa, se ha llevado a cabo para sufragar los gastos de esta otra más imponente, más a la altura de nuestra propia humanidad. El párroco, D. Mariano Martínez Bernad, ha puesto mucho empeño en esta imagen tan simbólica como real, en estos tiempos en que los refugiados, los emigrantes, todos nosotros, necesitamos rostros en los que mirarnos, como miramos padres o familiares ausentes. Desde aquí, nuestro agradecimiento dominicano; con la esperanza de poder un día compartir con el Sr. Víctor y D. Mariano, un rato de afable charla en torno a San Martín de Porres. Seguro que tienen muchas cosas que contarnos.

Fuente: Revista Amigos de Fray Martín, Septiembre-Octubre de 2017 (Nº 560).

* * *

El sentir de un escultor: una imagen de San Martín de Porres

Homenaje lírico a las manos de Luján Pérez

Homenaje lírico a las manos de Luján Pérez

He aquí la huella luminosa
que han dejado tus manos sobre el tiempo
macerado de sombra y de ceniza,
cuyos lebreles fuiste acariciando
allá en la almena azul, sobre el adarve
de tu puro equilibrio incompartido.

Si otras manos, del agua, de la luz o la flor,
del fulgor de unos ojos, de la nieve o la bruma;
si otras se enamoraron de la tierra o la brisa
y fueron gubia o rosa, estrella o río,
las tuyas congregaron en un solo
haz de temblor de cada cosa viva,
el redondo racimo en que florecen
todas las savias juntas, el acorde
final donde convergen y se funden
y se hacen una sola las espumas
de todas las más altas sinfonías…
Luján: tus manos fueron río y rosa,
buril y estrella, corazón y llama.
Y sobre todo, mar; mar anchuroso,
pleamar de ambiciones infinitas,
pleamar sin orilla, como tu mismo sueño;
supremo altar de todas las ofrendas
y de todos los salmos con que el hombre
enaltece el amor.

Y ama la vida.
Y canta al hombre. Y le habla. Y allá en lo más recóndito
de su carne descubre fibras que aún no han vibrado,
porque la sangre tiene secretos que él ignora.

He aquí esta noble huella irrepetible
de tus dos anchas manos, barrocas manos tuyas,
cinceladoras de águilas y nubes,
alfareras de lágrimas de Vírgenes dolientes
y de Cristos exánimes, clavados
en el recio estertor de la madera;
hilanderas del íntimo silencio
que traspasa tus pulsos
como un viejo hontanar latiendo en tu nostalgia,
mitigando la sed
de tanta incertidumbre alucinante
que danza en tomo a tu verdad desnuda.
Tus manos ahí están, como dos frescas pomas
tentándonos los labios con su roja tersura;
como palomas trémulas soñando
Inéditos paisajes sin frontera;
mostrándonos. Luján, la sutil geometría
—no viene en nuestros textos anticuados—
de tu vuelo invisible que, de pronto,
se vuelve asombro de universos nuevos.
Tus manos ahí están,
atezadas de soles que no caben
más que en ellas, de soles que se han hecho
cárdeno contraluz en tus caminos
sembrados de divinas amarguras,
de soles que hoy son pátina encendida
sobre el viejo relumbre de tus tallas:
el mejor patrimonio de esas manos
avezadas de siempre al sortilegio
de todo lo imposible, que es lo tuyo.
Taumatúrgicas manos
que, por costumbre, sin querer, volvían
las piedras, pan; la soledad, belleza.
Manos, Luján, las tuyas,
enamoradas de la vida, blondas
colmenas de su miel
que, al ser tanta, la fueron derramando
a recios borbotones porque todos
supieran a qué sabe, qué esmeraldas
guardabas en el cofre de tus huesos.

Manos de nardo y luz: oh, manos olorosas
y ardientes como el sol de esta tierra fecunda,
de esta Santa María de Guía, en cuyo seno
abrió el ventalle de su luz la rosa
de tu sueño en escorzo de altos soles,
a la sombra amical de las tres Palmas,
Manos de honda pasión, de insomne brega,
como cuarzos de angustia esperanzada
entre las rocas lentas de un destino
que ellas mismas domaron,
como tu gubia el corazón
de esas tallas heridas
por las trémulas alas de tu milagro puro.
Manos de soledad madrugadora,
de afán irrepresable, de pertinaz abrazo,
de torrencial tesón sobre la artesa
donde fuiste amasando, instante a instante,
sin posible reposo, esa armonía
de tus rebeldes trigos interiores,
hechos pan mucho antes de que tú los pensaras,
para ofrecemos sobre tus cordiales manteles
con su gozo el perfume de tu vino jocundo.
Manos de paz, acariciando el hombro
de este barro que envuelve nuestra prisa;
manos de paz sembrando paz en nuestra besana
con tanta sed de mieses y amapolas,
con tanto insomnio de sentirse lumbre
para sentirse llama entre el rescoldo
donde aún vibra el fulgor de nuestra sangre.
¿Quién te las dio, Luján? Di: ¿quién te puso
tanta luz en las manos, tanto vértigo
de la luz entre ellas, que aún parece
como si camináramos a tientas,
porque sigues teniendo acaparada
toda la luz del mundo y nos deslumhras
y estremeces, de tanto poderío,
nuestra vieja retina bordadora
de tus encajes únicos?

¿Qué nuevo Prometeo,
desde tu origen ya, supo fijarse
en ti, signando tu señera frente,
dejando en el icrisol egregio de tus manos
ese fuego sagrado de la inmortal Belleza
que arrebató del cielo y que no a todos
es dado recibir?

Fuiste elegido
como lo fue Rodín o Miguel Ángel,
Salzillo o Montañés: manos orfebres,
anchas manos perfectas las de ellos y las tuyas,
dueñas de todos los arcanos
del tacto y de la forma,
de la honda vibración, del sonoro latido
de la luz, de esa luz que no envejece
ni os deja envejecer.

Con ellos diste
vida inmarchita al claro santoral
de tu imaginería innumerable
que ha de entonar, ya siempre,
con ardor renovado,
himnos de júbilo y amor
a esas dos manos creadoras
que le insuflaron el rotundo aliento
de las criaturas vivas y perennes.

Todo —no sólo el Arte— sin usura
te lo brindó la copa de los dioses:
la poderosa inspiración del genio
que habita sólo las más altas cumbres,
la inmensurable gloria que tuviste
sometida a tus pies, todo el prestigio
de tus dos manos, cráteras de tu insigne vendimia.
Y el generoso don de tu vida fecunda,
estrella impar con muchos años-luz,
más que muchas estrellas.
Por eso vivirás, mientras palpite
la euritmia de tus manos; mientras perdure, intacta
como una impronta de tu sombra inquieta,
la huella que dejaste sobre el tiempo…

           Cipriano Acosta Navarro

* * *

Enlace de interés

Un puente entre dos siglos: José Luján Pérez (Graciela García Santana. Memoria digital de Canarias)

A la Virgen de Guadalupe, patrona de La Gomera

Es tu áurea el sol de Puntallana
(A la Virgen de Guadalupe)

Virgen de Guadalupe, dulce Señora,
crecen seis flores en tu cetro dorado,
pues queda tu ramillete ensalzado
cuando de las pupilas la emoción aflora.

Alajeró, Vallehermoso, Valle Gran Rey;
San Sebastián, Agulo y Hermigua,
donde el querer de un pueblo se fragua
junto a tu Hijo cuidando de su grey.

Es tu áurea el sol de Puntallana,
corona de doce estrellas
forjada en oraciones, doce huellas
que nuestro camino allana.

Bosque del Cedro, símil a tu encanto:
la bruma lo envuelve de leyenda
mientras corre el amor por su senda,
que –eterno– nació de un llanto.

Suenan las chácaras y tambores,
el corazón de la isla se descubre
cuando llega tu santo día en octubre:
Madre eres de La Gomera con loores.

Y en el silbido vuela el lenguaje
del sonido a través de los barrancos,
pues al viento le sobran las palabras
en aquellos labios que llevan tu mensaje:

Mi tilma, prenda divina,
es un manto marinero,
el blanco velo gomero
con que bendigo a la isla colombina.

                 José J. Santana

Se permite la reproducción de este poema haciéndose mención a su autor.

A la Iglesia de la Concepción de La Orotava

Iglesia de La Concepción de La Orotava

Una silueta divisé en este hermoso valle;
se alzaba delicada a toda aquella mirada:
era la arquitectura sacra siendo honrada
por el arte del villero bruñendo el detalle.

Luce la piedra tu impronta que no se olvida;
los ecos del púlpito cincelado en mármol
rememoran al madero que nació del árbol,
y por amor, transfigurado a Cruz vivida.

En el firmamento una cúpula dibujaste;
dos campanarios que conmueven al visitante
pregonan al viento el día más deslumbrante:
sonaba la melodía alegre del tajaraste.

Con el sonoro repique me acerqué,
palpando el señorío y tu historia;
sentí el hado de un pedacito de gloria
que resuena en cada toque su porqué.

Octava de Corpus y Semana Santa,
la obra consumada llegó en el cierno,
donde lo efímero siempre será eterno
cuando admirado oprime la garganta.

Y vi llover pétalos en precioso vuelo,
que desprendían con júbilo verdadero
tus lágrimas mostrando el sendero
de la Ascensión del Señor al cielo.

En la fe, acompañando tu tabernáculo,
acabó mi frío con tu sol: el que más calienta.
Es tu espíritu la fuerza que nos sustenta
y doblega el poder aferrado al báculo.

Mientras, una voz susurra una oración.
Testigo de quietud, de duelo y alhajas:
la fúnebre entrada de aquellas cajas,
la salida de unos novios sellada su unión.

Y ante su altar, mi siempre anhelada;
de Génova traída a la noble y leal Villa,
yo me inclino –manso– a tu maravilla:
¡Oh, Virgen de la Inmaculada!

No hay gente que no se cautive
en la fiesta que honra a la Pureza,
donde brota la belleza
que hasta el alma mustia revive.

Mas, la Asunción llegó con el glorioso Tránsito;
dormida en el lecho nuestra ternura acrecienta.
Yo la velaré para que sola no se sienta,
pues es su presencia el reposo que necesito.

Y con tu Santo Cristo de la Misericordia
el pueblo camina siguiéndolo a su vera;
con el mandato cumplido en la cruz nos espera:
la Sagrada Forma aguarda bajo la Custodia.

De fondo un órgano lleva a la emoción,
que en su apogeo el ambiente silencia…
la voz interior cae rendida a la cadencia:
Catedral del Valle es la Concepción.

                        José J. Santana

* * *

Enlace relacionado:

A la Iglesia de San Francisco de La Orotava

Foto de: Roberto Mazzanti

“Tengo ganas”, un poema de Francisco Tarajano

TENGO GANAS
(A Oswaldo Brito)

Tengo ganas de amar
al pobre hombre que se droga con ron,
y ganas de abrazar
al niño pobre que come amargor.

Tengo ganas de besar a la viuda,
mocha de dulce amor,
y ganas de abrigar a la huerfanita
que quedó sin calor.

Tengo ganas de aunar
mis lágrimas con madres de dolor
a quienes la voraz
guerra en pozos lutosos sepultó.

Tengo ganas, patrón,
de tus sueldos mezquinos olvidar,
y ganas de que un sol
de justicia alumbre el lóbrego hogar.

Tengo ganas de que no haya color
ni agrio cliché racial,
y ganas de que el cielo llueva amor
como dulce maná.

Tengo ganas de alzar
con los hombres sojuzgados mi voz,
y ganas de soltar
al aherrumbrado en triste prisión.

Tengo ganas de sembrar libertad,
desterrar el terror,
y con duros peñascos escachar
al tirano opresor.

Tengo ganas, oh Dios,
de estrujar con mis manos al satán
que clava el corazón
y al caín que huele a sangre fraternal.

Tengo ganas de tirar al avión
preñado de maldad,
y ganas de hundir al barco invasor
en el fondo del mar.

Tengo ganas de paz,
como de agua el suplicante cardón.
Quiero sólo escuchar
del hermano-hombre toda la canción.

          Francisco Tarajano
               “Años malditos” (1980).

Francisco Tarajano Pérez, escritor, poeta, profesor y gran defensor de la cultura canaria, falleció el pasado 10 de noviembre de 2018. Descanse en paz.

Las Fiestas del Cristo de Tacoronte (poema)

Las Fiestas del Cristo

Oh qué fiesta de luces
sobre el campo y el pueblo.
En incesante hervor,
en creciente abejeo,
desde lejanos puntos,
afluyen los romeros.
Y el Santuario, la Plaza,
las calles, los paseos,
revientan de fervores
en este día espléndido…
Y en Tu honor, los exvotos,
cirios y pebeteros;
las brazadas de flores,
los frutales de incendio,
las rodillas sangrantes,
los cánticos y rezos.
Y en tu honor, Cristo mío,
yo también, de muy lejos,
—de las simas profundas
de mi propio destierro—;
yo también, onda amarga
entre el gentío inmenso…;
con renovada fiebre
de amores a Ti vengo,
a ofrendarte el humilde
manojo de mis versos.
Oh qué fiesta de júbilos
sobre el campo y el pueblo.
La flor de los cohetes
se abre con estruendo,
y sus estambres de oro
estallan en aplausos pirotécnicos;
esparcen las campanas sus temblores
—azucenas metálicas del viento—;
y Tú sales, oh Cristo, del Santuario.
Magnífico, sereno.
Abrazado a tu Cruz.
Tal una hermosa estampa de Durero…
Por un río de luces,
navegas en barcaza de hombros recios.
La trémula corriente, a tus espaldas,
va creciendo y creciendo.
Y delante de Ti —tambor y flauta,
cambiante rueda y eje pintoresco,
carrousel de colores y de ritmos—,
trenza “la danza” su ágil arabesco.
También, en torno tuyo,
columna viva y mástil verdadero;
también en torno tuyo,
y atados con la cinta de mis versos,
también, en torno tuyo, Cristo mío,
giran mis pensamientos.
Oh qué fiesta de ritmos en el aire.
Oh qué fiesta de llamas en mi pecho.

             Emeterio Gutiérrez Albelo
      “Cristo de Tacoronte: Poemas”.

Natividad de María

En Nazaret de Judea vivían dos santos esposos, entrados en años, llamados Joaquín y Ana. Rogaban ambos al Señor que les concediesen sucesión, y Dios escuchó sus súplicas, haciendo que, contra la posibilidad de la naturaleza, una madre anciana concibiese y pariese a la criatura humana más perfecta: nació una niña, a la que llamaron, por disposición del cielo, María; que fue después la Madre de Dios, quedando siempre Virgen santísima Nuestra Señora. Al nacer a este mundo la Virgen María, apareció ya santa y adelantada en perfecciones, pues ya desde su Concepción Inmaculada, o sea desde nueve meses antes de nacer, estaba adornada de méritos con entendimiento y voluntad y gran correspondencia a la gracia.

Es hoy la fiesta por antonomasia de Gran Canaria, nuestra tierra. Todas las rutas se abren —con alborozo— en este día hacia la villa mariana de Teror. Es un tributo de amor y de sentimientos admirativos hacia la madre celestial de los grancanarios, que eso es la Virgen del Pino. Todos los corazones tienen en la Patrona su cita amorosa, porque en este día se la honra bajo el título litúrgico de su Natividad.

Natividad de María

I
Virgen del Pino Amorosa,
Hoy en tu honor celebramos
La fiesta de los Canarios,
Es la mayor del año.

II
En desfiles y Promesas
Vamos todos a Teror,
A contemplar tu Hermosura
Y a pedirte con amor.

III
Toda hermosa eres María,
Desde tu Sitial Luciente
Los ángeles te cortejan
Al verte tan sonriente.

IV
Todos te aclaman Patrona,
Desde tu bello Vergel
De tu santuario: Preciosa,
Diamante de oropel.

V
Desde el Pino donde moras
Te has erigido en Patrona
De la Gran Canaria entera,
Que satura hasta la Aurora.

VI
Las flores cubren tu Trono,
Que se torna en Celestial
En tornasol de Colores
Y volutas de Cristal.

VII
En plenitud de Alborada
Se nos presenta Teror,
Todo imbuido de flores
Con singular esplendor.

VIII
Por doquier su Fértil Valle
Con sus huertos y sus frutos,
Con sus Pomas escarlatas
Entre el Nogal y el Arbusto.

IX
Tus Barrancos y Laderas,
Con su Fuente de “Agua Agría”
Enhornado está de Verde
Hasta las mismas montañas.

X
Ante la Madre del Pino
Nos postramos con fervor,
Para rezarte y cantarte,
Y decirte: Te queremos con
Singular dilección.

XI
La más buena de las Madres
Es la Madre de Jesús,
La Virgencita del Pino
Es la Madre de los cielos
Y nuestra Madre en Jesús.

XII
Yo quisiera estar contigo
En amanecer Triunfante,
Rodeado de querubes
Y serafines Radiantes.

Adiós Madre de los Cielos;
Adiós Madre del amor,
Tu Bendición te pedimos:
Y a Dios hasta el Cielo
“ADIÓS”.

     J. Suárez Guerra

Foto: Daniel Ramírez Gil

Iglesia Parroquial de San Sebastián de Caleruega (Burgos)

parroquia-san-sebastian-caleruega

Santo Domingo - Iglesia de San Sebastian de Caleruega

Santo Domingo de Guzmán

Iglesia de San Sebastian de Caleruega1

En este templo fue bautizado Santo Domingo de Guzmán, santo nacido en Caleruega, fundador de la Orden de los Dominicos y patrón de la provincia de Burgos. Así lo recuerda la pila bautismal que se conserva en su interior y en la que son bautizados los caleroganos.

Iglesia de San Sebastian de Caleruega

La Virgen del Rosario

San Martín de Porres - Caleruega (Burgos)

San Martín de Porres

Caleruega es una población situada al sureste de la provincia de Burgos. Aquí nace Santo Domingo de Guzmán (1170-), fundador de la Orden de Predicadores (Dominicos).

La iglesia parroquial de San Sebastián, de principios del S.XII, es de estilo románico. Esta hermosa iglesia es uno de los monumentos más antiguos conservados en Caleruega. Su construcción data de principios del siglo XII y recibe su nombre en honor al patrón del pueblo, San Sebastián. De su estructura primitiva queda la torre, parte del arco de la puerta de entrada y una ventana biforia o geminada; y en su interior el presbiterio de forma absidal; totalmente renovado con una ventana en el testero y una cornisa de dados en todo su perímetro.

Es también interesante la portada de tres arcos lisos, el central apoyado sobre columnas con sencillos capiteles corintios. También destaca un hermoso Cristo pendiente sobre el altar románico. Es el lugar de la primera sepultura de la Beata Juana de Aza, madre de Santo Domingo de Guzmán. En el pequeño baptisterio fue bautizado Santo Domingo. La pila bautismal fue trasladada por Alfonso X al monasterio de las monjas para su custodia hasta 1605. Actualmente se encuentra en el Monasterio de las MM Dominicas de Santo Domingo el Real, en Madrid, donde se sigue bautizando a los miembros de la Casa Real Española.

En el techo del baptisterio hay una estrella en referencia al milagro que allí acaeció durante el bautismo de Sto. Domingo, y es que se le apareció sobre su frente un astro luminoso.

Al dirigir la mirada hacia el presbiterio, se divisa un calvario colgante que, detrás, en la pared, le acompañan la Virgen de las Candelas —procedente de una antigua ermita— y San Sebastián, patrón del municipio y santo al que está dedicado el templo. En cada extremo de la escalinata que sube al altar mayor aparecen dos dominicos, por un lado San Martín de Porres y por otro Santo Domingo de Guzmán.

En la nave existen varias tallas, como la de San Isidro Labrador, el cual es sacado en procesión el día de su onomástica para que bendiga los campos caleroganos, o la de San José con el Niño Jesús. También, junto a la puerta de la Parroquia, se encuentra la antigua entrada a la desaparecida capilla de la Beata Juana de Aza.

Finalmente, en el baptisterio, nuevamente, hay otra talla de Santo Domingo de Guzmán, por ser el lugar exacto donde fue bautizado, así como algún pendón y una réplica de una de las pinturas del retablo de la iglesia de Santo Domingo de Guzmán donde aparece éste siendo bautizado.

Fuentes del texto: caleruega.es y wikipedia.es

Fotos del interior por gentileza de Juan Luis Bardón.