San Martín de Porres, uno de los patronos de la JMJ Panamá 2019

El Papa Francisco recibe un cuadro de San Martín de Porres de los obispos de Perú. Foto: L’Osservatore Romano.

“Queridos jóvenes, encomiendo a la maternal intercesión de la Bienaventurada Virgen María nuestro camino hacia Panamá, así como también el itinerario de preparación del próximo Sínodo de los Obispos. Os invito a recordar dos aniversarios importantes en este año 2017: los trecientos años del descubrimiento de la imagen de la Virgen de Aparecida, en Brasil; y el centenario de las apariciones de Fátima, en Portugal, adonde, si Dios quiere, iré en peregrinación el próximo mes de mayo. San Martín de Porres, uno de los santos patronos de América Latina y de la JMJ de 2019, en su humilde servicio cotidiano tenía la costumbre de ofrecerle las mejores flores a María, como signo de su amor filial. Cultivad también vosotros, como él, una relación de familiaridad y amistad con Nuestra Señora, encomendándole vuestros gozos, inquietudes y preocupaciones. Os aseguro que no os arrepentiréis.

La joven de Nazaret, que en todo el mundo ha asumido miles de rostros y de nombres para acercarse a sus hijos, interceda por cada uno de nosotros y nos ayude a proclamar las grandes obras que el Señor realiza a través de nosotros”.

Vaticano, 27 de febrero de 2017.

FRANCISCO

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El Papa Francisco y San Martín de Porres

Meditación en Jesús (poema)

Meditación

Yo he sentido, Jesús mío recordando los momentos
que, clavado en el Madero, por nosotros padeciste,
el deseo expiatorio de sufrir yo los tormentos que
sufriste.

Llevar clavada en mi frente la corona que llevaste
y sentir en mi costado penetrar el hierro frio,
y perdonar los agravios, como Tú los perdonaste,
Jesús mío.

Mártir Divino, al que un día, llenos de dulces fervores
tus discípulos, absortos, tus palabras escuchaban
en las orillas del río o en los campos que las flores
esmaltaban.

Que tus palabras Divinas suenen siempre en mis oídos
y mis pasos se encaminen a la Gloria prometida;
mira que hoy lloro, Dios mío, los errores cometidos
en mi vida.

Y el día que ya la muerte me llame a infinita calma
y de mis ojos, velados, se borren seres y trazos
yo quisiera, Jesús mío, que recogieses mi alma
en tus brazos.

Te lo pido por los clavos que tus miembros traspasaron,
por la última plegaria que cruzara por tu mente,
por la corona de espinas que los hombres te clavaron
en la frente.

Por la pena de tu Madre, en un rictus doloroso,
en aquel aciago día de tristezas y de espanto,
en tus pies martirizados vertió el raudal amoroso
de su llanto.

Mi corazón dolorido tu misericordia implora;
no permitas que me aparte del camino de la luz,
¡Por el llanto de tu Madre y la imagen redentora
de la Cruz!

A la Virgen de los Dolores

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Nuestra Señora de los Dolores, “La Predilecta” (Foto: Antonio M. Rodríguez Cedrés. Programa Semana Santa de La Laguna, 2012)

La Virgen María está ligada con nosotros, no sólo porque sus penas fueron el reflejo y la repercusión en su alma de los tormentos atroces que su Hijo padeció en su cuerpo para nuestra Redención, sino también porque en aquellos memorables instantes le fue conferida, y por ella aceptada, la sublime maternidad espiritual de todos los hombres, que desde entonces han venido prodigándole el dulce nombre de Madre y depositando cariños y ternuras envueltas en plegarias ante los altares de la Virgen de los Dolores, consuelo amoroso de todo corazón doliente.

Maximiliano D. Montesino.
Párroco de Ntra Sra. de la Concepción de La Laguna (1934).

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A la Virgen de los Dolores

¡Una noche…! la recuerdo con espantos dolorosos…
…la recuerdo como un sueño de fantasmas tenebrosos…
¡se ha quedado aquí en mi pecho de mi vida hasta el final…!
Esa noche, de mi casa se borraba luz y calma;
nos dejaba para siempre la alegría de mi alma,
la hermana de mis amores ¡Niña santa e ideal!


Sentí que era mi alma débil para soportar el peso
de aquella hora espantosa, en que de la Muerte al beso
quedaba rota una vida y aplastada mi ilusión,
y caí a los pies benditos de una Imagen de María
y apretando mi cabeza sobre aquella piedra fría,
dejé en dolores de angustia, desgarrar mi corazón!


Más, levantando mis ojos encharcados por el llanto,
vi, ¡Oh María! en tus mejillas, resbalando por tu manto,
las lágrimas que brotaban de tus ojos, ya sin luz
de tanto llorar la muerte de aquel Hijo de tu vida
a quien con tus ojos vistes espirar ¡madre querida!
sin poder besar su frente en el árbol de la Cruz…!


Y recuerdo que a las plantas de tu imagen dolorida
me pareció que sentía por los bordes de mi herida
el consuelo de tu llanto, ¡rocío de bendición!
y en mi alma se fundieron, tu Imagen, y la figura
de mi hermana idolatrada, aquel día de amargura
en que a tus plantas benditas se rompió mi corazón…


Aquel día en que llorando pedí tu auxilio amoroso
porque me encontré sin fuerzas contra aquel golpe espantoso:
…¡aquel día en que por siempre nos separamos las dos..!
aquel en que concedisteis consuelos a mi agonía
diciéndome con tus ojos—“Vi morir la gloria mía,
¡y era el Hijo de mi vida! ¡¡y era mi Dios y tu Dios!!”


Entonces alcé mi frente abrumada de dolores
y te rogué sollozando, que al amor de mis amores
lo pusieras en la Gloria, cerca ¡muy cerca de ti…!
Y cuando miro a tu Imagen vistiendo su negro manto,
me parece que a tu lado,—o en el cristal de mi llanto,—
va la sombra de mi hermana, mirándome desde allí..!!

             Mercedes Pinto de Feronda. Marzo de 1918.

Encuentro con Bernadette

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Encuentro con Bernadette

Ella es quien vino en mi busca. Es lo que siempre pasa con los santos. Nosotros vamos por un camino que parece ser nuestro, cuando de repente, en un desvío, en un sendero o en una gran ruta nos llaman. Consentimos y avanzamos en la nueva dirección un poco a la manera de Caperucita Roja, atraídos aquí por una flor, más allá por un pequeño bosque; el canto de los pájaros de un cerco espinoso nos dicen algo y, más lejos, en un claro bosque, bañado de sol, un profundo silencio nos dice mucho más.

Yo andaba con San Juan de la Cruz por las rutas polvorientas de España cuando una pequeñita de mi país me tomó de la mano y me dijo: “Sígueme”. La seguí sorprendida yo misma de ceder a su dulce autoridad, a su fuerza tranquila, tan de admirar en una niña de su edad. Enseguida aprecié la profundidad de su mirada oscura y límpida como una fuente oculta, su frente voluntariosa, sus redondas mejillas, su manera de hablar simple y concisa.

Y fui confundida por la inteligencia de esta niña ignorante, por el tono claro y leal de esta inteligencia. Haga usted, lector, un esfuerzo de imaginación: piense que usted es la pobre niña de la más pobre familia de una pequeña población, en la que todo el mundo se conoce y donde todos, en vez de amarse los unos a los otros, tratan de despreciarse y calumniarse mutuamente. Y un día en que usted con dos amigas fue a juntar ramas muertas cerca de una gruta salvaje, donde el cuidador de puercos lleva a sus animales, ve, con sus propios ojos, una joven vestida de blanco, en luminosa aparición, y con ella reza el rosario… Esto se repetirá 18 veces, las multitudes se amotinarán, les verán venir… pero nadie fuera de usted verá a la Dama, que un día le dirá: “Soy la Inmaculada Concepción”.

¿No es cómo para perder, si no la cabeza, al menos la serenidad? La calma de Bernadette es sobrenatural. Es imposible seguirla, oírla, sin creer en la absoluta verdad de lo que dice.

A cuantos la interrogaron —y son centenares— desde sus padres y vecinos hasta los comisarios, procuradores, jueces, médicos, sacerdotes, obispos, arzobispos, etc., hizo la misma narración de los hechos sin que haya sido posible perturbarla ni hacerla caer en contradicciones. Yo pienso en los incrédulos. Si no creen en las Apariciones, ¿como explican los dos días en que Bernadette no vio nada?

Ella respondía a las preguntas que se le hacían. Sobre algunos puntos decía: “No sé.. No he notado nada…”. ¿Qué le hubiera costado inventar?

En la pastora de Lourdes percibo un parecido con Juana de Arco. Es la misma actitud intrépida, la misma firmeza en la réplica, la misma pizca de insolencia y el mismo timbre de voz en una misma luz divina.

El prodigio de Lourdes se extiende al universo, pero hay que venir a Francia, atravesar el Gave, arrodillarse ante la Gruta de Massabielle, para sentir que allí ha sucedido y sucede algo extraordinario. Aún los no habituados a la oración se sienten impulsados a orar. Yo creo que, llevada a través del mundo con los ojos vendados, sería capaz de reconocer ciertos lugares privilegiados por la indecible admiración de espíritu que percibiría al pasar. Lourdes sería uno de ellos.

Marcelle Auclair. 1958.

Marcelle Auclair (1893 – 1983) fue una escritora e hispanista francesa, gran conocedora de la vida de Santa Teresa de Jesús.

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Oración

¡Oh bienaventurada Bernardita! Acuérdate que la Virgen te dijo en la Gruta: “Ruega por los pecadores”, para que se conviertan y hagan penitencia. Ruega por mí, pecador, para que Dios perdone mis pecados. Ruega por mí a María Inmaculada, pues confío en que te concederá cuanto la pidas, porque fuiste su confidente en la Gruta de Lourdes. Así como Ella te prometió “hacerte feliz en el otro mundo”, te concederá que hagas felices a los que devotamente acudan a ti. A ti, pues, acudo humildemente, suplicándote no me dejes ni me abandones hasta verme contigo en el cielo. Amén.

La vida de Bernadette

El optimismo cristiano

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El optimismo cristiano

Nuestra fe ofrece a los seres humanos una visión de su propia existencia y realidad, pero no lo hace desde una perspectiva fatalista y sin salida sino todo lo contrario. En numerosas ocasiones se nos ha acusado a los cristianos de crear sentimientos de culpa, de meter a las personas en los callejones sin salidas de nuestra propia debilidad humana. Pero esto no es así. Cuando la antropología y la teología católica nos habla del ser humano ciertamente trata de ubicarlo dentro del proyecto de Dios no a la inversa. Dios no es una creación del ser humano desamparado por su propia naturaleza sino justo lo contrario. La visión cristiana de las personas y del mundo es una visión optimista porque siempre al lado del desamparado ser humano, al lado de la miseria del pecado y la debilidad, en los momentos duros de las pruebas, siempre está la invitación a la redención, a la superación de nuestras cárceles internas. Pero sabemos que esto no lo podemos conseguir por nosotros mismos, que necesitamos “fuerza de lo alto” y ahí entra la gran sonrisa de Dios hecho hombre.

Dios se hace hombre para decirnos una y otra vez que nos dejemos guiar por Él, que sigamos sus pasos, que nos dejemos cambiar. Cierto es que nuestras limitaciones humanas muchas veces nos impiden salir de nosotros mismos ya que el dolor del pasado, el miedo del presente y la inseguridad del futuro nos hacen sus esclavos.

Estoy seguro que Padre Dios tiene una paciencia tan infinita como su amor, por eso sé que cada prueba, cada reto que aparece en mi vida, cada desafío de mis adentros, terminará bien porque es Dios quien siempre tiene la última palabra y sé que es una palabra llena de amor, comprensión y ternura y no es de condena ni de abandono.

Dios quiere lo mejor para ti y, por supuesto, lo mejor para mí. Ojalá sepamos descubrirlo. Cada vez me doy más cuenta que la pastoral hay que hacerla siempre externa y con la sonrisa del alma agradecida a quien supo curar nuestra miseria.

Mario Santana Bueno, 1 de febrero de 2017. (Infoespíritu nº5 del año 2017. Diócesis de Canarias)

Evocación de Navidad

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¡Gloria y honor al Niño de Belén,
nuestro Salvador y nuestro Dios!

Se acerca la Navidad y Dios quiere llegar a lo más profundo de nosotros: Él quiere nacer en nuestras almas. Y nosotros, sintiendo al unísono la dulce llamada del Espíritu Santo, deseamos renacer con Jesús y de hoy en adelante vivir en Él, por Él y para Él. Como dice aquel hermoso invitatorio: “Cristo nació por nosotros; venid, adorémosle”… Hagamos nuestro camino hacia Dios junto a nuestras familias y amigos, pero también con la Virgen y el bueno de Fray Martín. Que el transcurso de este recorrido sea Tiempo de amor, tiempo del perdón de las ofensas. Tiempo de paz con nosotros mismos, tiempo para nuestra esperanza: la de todos.

Un minuto con el Niño Jesús (oración)

Bendíceme, Niño Jesús y ruega por mi sin cesar. Aleja de mí, hoy y siempre el pecado. Si tropiezo, tiende tu mano hacia mi. Si cien veces caigo, cien veces levántame. Si me dejas Niño, ¿que será de mí? En los peligros del mundo asísteme. Quiero vivir y morir bajo tu manto. Quiero que mi vida te haga sonreír. Mírame con compasión, no me dejes Jesús mio. Y, al final, sal a recibirme y llévame junto a Ti. Tu bendición me acompañe hoy y siempre. Amén. Aleluya. Rezar un gloria.

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Evocación de Navidad

La noche apaga el grito del sol y la colina.
En un raudo paréntesis se recogen los sueños.
En los ojos se aprieta la esperanza del mundo;
y en el aire se enhebran los poemas del cielo.

Tienen ecos profundos las primeras palabras.
Los hombres se despiertan a nivel de una estrella.
Si el cielo es el imperio del alma trascendida,
la tierra es el refugio donde nace la ofrenda.

La noche rueda y rueda, como una tumba viva,
sobre el nido desnudo de la flor y la rama.
La oración y el recuerdo tienen ecos lejanos,
y es profunda la huella de la orilla encontrada.

La mano es honda siembra de esperanza y destino;
línea pura tan sólo sobre el pan y la frente.
Y en todo está la noche, la infancia y la mirada,
la verdad y el latido de un Nacimiento, siempre.

                   Josefina Rodríguez Del Toro

Gloria a Dios en las alturas y en la Tierra su Amor que aúne nuestros corazones en un solo pueblo.

Con esperanza y paz, les deseamos una Feliz Navidad en Dios.

San Francisco de Asís y San Vicente de Paúl, un hermoso paralelismo

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En días pasados la Iglesia ha celebrado la festividad de San Vicente Paúl y transcurridos unos pocos días -justo una semana después- llega la fiesta de San Francisco de Asís. Dos grandes santos que, aunque no contemporáneos en el sentido propio de la cronología, son “hermanos” en el reino de la caridad y la misericordia. He aquí un hermoso paralelismo entre San Francisco de Asís y San Vicente de Paúl, escrito por el filósofo, político y escritor francés Jules F. Simon:

“Existe en el cristianismo tal fecundidad de misericordia social, que hasta ahora los más audaces innovadores no han podido sino inventar lo que ya había sido enseñado y practicado hacia mucho tiempo por esa Religión; pero ninguno de esos innovadores ha intentado imitar, ni aún de lejos, a los dos hombres admirables, que a pesar de los siglos que mediaron entre uno y otro, se completan tan admirablemente: Francisco de Asís y Vicente de Paúl.

El primero se sintió conmovido, sobre todo ante el sufrimiento moral del pobre: la humillación; y para consolarle, sabiendo que es imposible destruir la desigualdad, se desposó con la pobreza y con ella vivió mendigando.

El segundo se conmovió ante el sufrimiento físico del indigente, la miseria; y no sabiendo como proporcionarle una parte de los bienes terrenales, se convirtió en predicador de la compasión, y le facilitó una sirviente gratuita; la Hermanas de la Caridad.

Hombres del pueblo, cuando se trate de atacar la Religión del Evangelio, acordaos que a ella le debéis Francisco de Asís y Vicente de Paul; los dos amigos más tiernos y mas desinteresados que habéis tenido sobre la tierra.

Y vosotros, jefes de Estado, cuando penséis destruir la fe en los corazones de los desgraciados, tened presente que aquellos a quienes queréis quitar la esperanza del cielo en la vida futura, tarde o temprano os pedirán de ello estrecha cuenta en la presente: y ¡no permita Dios que sea con el hierro y por la fuerza!”.

Las florecillas de San Martín de Porres

las florecillas de fray martín

Lo que cautiva en la vida de los santos no son siempre esos milagros o episodios extraordinarios que tan lejos los vemos de nosotros. La vida de un santo nos atrae más cuando se nos presenta caminando hacia la santidad partiendo de bases humanas. San Martín de Porres es un santo tan humilde y tan humano que no podemos sustraernos a cierta seducción que no sólo admira sino que invita a despegar suavemente el vuelo hacia lo alto desde el fondo de lo cotidiano. Es la suya una vida de penitencia, de humildad y de sonrisas. Pero es sobre todo una vida llena de amor a Dios y a los hombres. Las florecillas de Fray Martín, aunque frecuentemente sean auténticos y estrepitosos milagros, se nos presentan en una panorámica tan densa de caridad y humanidad, que casi nos parece natural que a un hijo tan confiado concediera el Señor lo que dijo en el Evangelio que haría quien tuviera fe no más grande que un gramo de mostaza. Pero como la vida de la mayor parte de los santos, también ésta del “Santo de la Escoba” tiene una prolongación social que se desprende del amor al hombre redimido.

“Las florecillas de San Martín de Porres”, de Juliana Cavallini

Recibimiento al Santísimo Cristo de la Misericordia de La Orotava

Cristo de la Vera Cruz y Misericordia

Recibimiento Cristo de la Misericordia

Recibimiento del Santísimo Cristo de la Vera Cruz y Misericordia

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

Señor, en esta noche nos mueve verte aquí, con nosotros, a los pies de la Madre dolorosa en su Soledad. Al igual que tu bendita imagen, esta casa ha derramado misericordia a lo largo de los siglos. Primero como convento franciscano, más tarde como sede del Hospital de la Santísima Trinidad y ahora como lugar en el que celebrar comunitariamente la Fe y acoger a nuestros hermanos difuntos. El espíritu franciscano del seguimiento de tu Palabra por medio de la entrega a los más pobres está impregnado en estos muros, testigos de innumerables muestras de amor al prójimo. Un amor que a lo largo de la historia ha dado de comer al hambriento y de beber al sediento, enseñar al que no sabe y vestir al desnudo, visitar al enfermo y dar posada al necesitado, y ahora rogar a Dios por los vivos y los difuntos. Señor, has llegado a este enclave de la Villa que de por sí es epicentro de misericordia, teniendo como baluarte a las hijas de Santa Ángela de la Cruz y como custodia el sueño eterno de nuestros familiares y amigos. Tu cuerpo tan herido, tus afrentas y tu muerte nos recuerda que te entregaste sin medida por amor, moviéndonos a ser cada día más fieles a ti, aunque tengamos que coger la Cruz y seguirte. Esa Cruz que nuestro Padre San Francisco mira fijamente y en la que ahora estás clavado, debe ser para nosotros símbolo y referente de nuestra vida. Aunque no nos tienes que dar porque te queramos, te pedimos Señor que nos muestres tu misericordia y nos des tu salvación, así como la fuerza necesaria para seguir peregrinando por esta vida, hasta llegar algún día a la Puerta del Cielo, donde podremos ver tu Rostro y glorificar tu Nombre por toda la eternidad.

Juan Luis Bardón G.

* Recibimiento del Santísimo Cristo de la Misericordia a su llegada a la Iglesia de San Francisco de Asís de La Orotava. Con motivo del Año Santo de la Misericordia, y con la finalidad de celebrar unas jornadas intensas de preparación para recibir las gracias jubilares, la Cofradía de la Santa Vera Cruz y Misericordia dispuso de una salida extraordinaria de su sagrado titular, que tuvo lugar entre el jueves 25 y el sábado 27 de febrero de 2016.

¡Feliz Natividad de Nuestro Señor Jesucristo!

Adoración de los pastores

El Señor ha querido nacer también en nuestras vidas y en nuestras almas. En todo está el latido de su Nacimiento.

Nuestro Señor no nació en el mejor palacio como acaso le correspondía; nació en un lugar humilde y pobre, un pesebre. Y nació allí porque desde el primer día nos quiso enseñar que la redención sólo se hace con sacrificio. La Navidad nos anuncia que Dios se hace hombre y se hace niño por nosotros. Y, principalmente, nos anuncia el misterio de Dios que se hace carne -tomando nuestra mortalidad-, pues ha venido para salvarnos y conducirnos por las sendas de la verdadera dicha en este mundo para ser eternamente felices en el otro.

Se ha hecho niño para que tú puedas llegar a ser hombre; ha sido envuelto en pañales para que tú puedas ser librado del lazo de la muerte. Está en el pesebre, para ponerte a ti en los altares; está en la tierra para que tú llegues a las estrellas; no ha encontrado lugar en el mesón, para que tú puedas encontrar bastantes moradas en el cielo (San Ambrosio)

Por eso, la Navidad es una llamada a la paz, a la esperanza, a la salvación. Nos enseña que debemos renunciar a lo mundano y vivir en este mundo con mucho amor, de forma justa y piadosa, aguardando el advenimiento glorioso del Salvador nuestro Jesucristo. Encontrémonos hoy llenos de gozo, pues es el día de la misericordia sobre los hombres; la misericordia está siempre presente en nuestro Señor y es copiosa su redención: ¡Sálvanos por tu nacimiento, Señor!

Oración

Dios Todo Poderoso, que derramáis hoy sobre nosotros la nueva luz de vuestro Verbo encarnado, haced que la fe de este misterio se infunda también en nuestros corazones. Señor y Dios nuestro, haced del mismo modo, te lo rogarnos, que celebrando con alegría la Natividad de N. S. Jesucristo, merezcamos, por una vida digna de El, gozar de su presencia. Así sea.

St. Joseph's Church, Boyle (Irlanda)

La noche de Natividad es para todos un recuerdo purísimo que entristece sin afligir; los sueños de la infancia se deslizan en esa velada ante nuestros ojos bajo las formas de una aurora sonrosada (Joaquín Tomeo y Benedicto).

Gloria a Dios en el cielo y Paz en la tierra a los hombres que ama el Señor…Pues con la paz también se encuentra la gloria, ¡Feliz Navidad, llena de amor y alegría!

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Natividad del Señor: La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros (pdf)