Encuentro con Bernadette

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Encuentro con Bernadette

Ella es quien vino en mi busca. Es lo que siempre pasa con los santos. Nosotros vamos por un camino que parece ser nuestro, cuando de repente, en un desvío, en un sendero o en una gran ruta nos llaman. Consentimos y avanzamos en la nueva dirección un poco a la manera de Caperucita Roja, atraídos aquí por una flor, más allá por un pequeño bosque; el canto de los pájaros de un cerco espinoso nos dicen algo y, más lejos, en un claro bosque, bañado de sol, un profundo silencio nos dice mucho más.

Yo andaba con San Juan de la Cruz por las rutas polvorientas de España cuando una pequeñita de mi país me tomó de la mano y me dijo: “Sígueme”. La seguí sorprendida yo misma de ceder a su dulce autoridad, a su fuerza tranquila, tan de admirar en una niña de su edad. Enseguida aprecié la profundidad de su mirada oscura y límpida como una fuente oculta, su frente voluntariosa, sus redondas mejillas, su manera de hablar simple y concisa.

Y fui confundida por la inteligencia de esta niña ignorante, por el tono claro y leal de esta inteligencia. Haga usted, lector, un esfuerzo de imaginación: piense que usted es la pobre niña de la más pobre familia de una pequeña población, en la que todo el mundo se conoce y donde todos, en vez de amarse los unos a los otros, tratan de despreciarse y calumniarse mutuamente. Y un día en que usted con dos amigas fue a juntar ramas muertas cerca de una gruta salvaje, donde el cuidador de puercos lleva a sus animales, ve, con sus propios ojos, una joven vestida de blanco, en luminosa aparición, y con ella reza el rosario… Esto se repetirá 18 veces, las multitudes se amotinarán, les verán venir… pero nadie fuera de usted verá a la Dama, que un día le dirá: “Soy la Inmaculada Concepción”.

¿No es cómo para perder, si no la cabeza, al menos la serenidad? La calma de Bernadette es sobrenatural. Es imposible seguirla, oírla, sin creer en la absoluta verdad de lo que dice.

A cuantos la interrogaron —y son centenares— desde sus padres y vecinos hasta los comisarios, procuradores, jueces, médicos, sacerdotes, obispos, arzobispos, etc., hizo la misma narración de los hechos sin que haya sido posible perturbarla ni hacerla caer en contradicciones. Yo pienso en los incrédulos. Si no creen en las Apariciones, ¿como explican los dos días en que Bernadette no vio nada?

Ella respondía a las preguntas que se le hacían. Sobre algunos puntos decía: “No sé.. No he notado nada…”. ¿Qué le hubiera costado inventar?

En la pastora de Lourdes percibo un parecido con Juana de Arco. Es la misma actitud intrépida, la misma firmeza en la réplica, la misma pizca de insolencia y el mismo timbre de voz en una misma luz divina.

El prodigio de Lourdes se extiende al universo, pero hay que venir a Francia, atravesar el Gave, arrodillarse ante la Gruta de Massabielle, para sentir que allí ha sucedido y sucede algo extraordinario. Aún los no habituados a la oración se sienten impulsados a orar. Yo creo que, llevada a través del mundo con los ojos vendados, sería capaz de reconocer ciertos lugares privilegiados por la indecible admiración de espíritu que percibiría al pasar. Lourdes sería uno de ellos.

Marcelle Auclair. 1958.

Marcelle Auclair (1893 – 1983) fue una escritora e hispanista francesa, gran conocedora de la vida de Santa Teresa de Jesús.

* * *

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Oración

¡Oh bienaventurada Bernardita! Acuérdate que la Virgen te dijo en la Gruta: “Ruega por los pecadores”, para que se conviertan y hagan penitencia. Ruega por mí, pecador, para que Dios perdone mis pecados. Ruega por mí a María Inmaculada, pues confío en que te concederá cuanto la pidas, porque fuiste su confidente en la Gruta de Lourdes. Así como Ella te prometió “hacerte feliz en el otro mundo”, te concederá que hagas felices a los que devotamente acudan a ti. A ti, pues, acudo humildemente, suplicándote no me dejes ni me abandones hasta verme contigo en el cielo. Amén.

La vida de Bernadette

El optimismo cristiano

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El optimismo cristiano

Nuestra fe ofrece a los seres humanos una visión de su propia existencia y realidad, pero no lo hace desde una perspectiva fatalista y sin salida sino todo lo contrario. En numerosas ocasiones se nos ha acusado a los cristianos de crear sentimientos de culpa, de meter a las personas en los callejones sin salidas de nuestra propia debilidad humana. Pero esto no es así. Cuando la antropología y la teología católica nos habla del ser humano ciertamente trata de ubicarlo dentro del proyecto de Dios no a la inversa. Dios no es una creación del ser humano desamparado por su propia naturaleza sino justo lo contrario. La visión cristiana de las personas y del mundo es una visión optimista porque siempre al lado del desamparado ser humano, al lado de la miseria del pecado y la debilidad, en los momentos duros de las pruebas, siempre está la invitación a la redención, a la superación de nuestras cárceles internas. Pero sabemos que esto no lo podemos conseguir por nosotros mismos, que necesitamos “fuerza de lo alto” y ahí entra la gran sonrisa de Dios hecho hombre.

Dios se hace hombre para decirnos una y otra vez que nos dejemos guiar por Él, que sigamos sus pasos, que nos dejemos cambiar. Cierto es que nuestras limitaciones humanas muchas veces nos impiden salir de nosotros mismos ya que el dolor del pasado, el miedo del presente y la inseguridad del futuro nos hacen sus esclavos.

Estoy seguro que Padre Dios tiene una paciencia tan infinita como su amor, por eso sé que cada prueba, cada reto que aparece en mi vida, cada desafío de mis adentros, terminará bien porque es Dios quien siempre tiene la última palabra y sé que es una palabra llena de amor, comprensión y ternura y no es de condena ni de abandono.

Dios quiere lo mejor para ti y, por supuesto, lo mejor para mí. Ojalá sepamos descubrirlo. Cada vez me doy más cuenta que la pastoral hay que hacerla siempre externa y con la sonrisa del alma agradecida a quien supo curar nuestra miseria.

Mario Santana Bueno, 1 de febrero de 2017. (Infoespíritu nº5 del año 2017. Diócesis de Canarias)

Evocación de Navidad

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¡Gloria y honor al Niño de Belén,
nuestro Salvador y nuestro Dios!

Se acerca la Navidad y Dios quiere llegar a lo más profundo de nosotros: Él quiere nacer en nuestras almas. Y nosotros, sintiendo al unísono la dulce llamada del Espíritu Santo, deseamos renacer con Jesús y de hoy en adelante vivir en Él, por Él y para Él. Como dice aquel hermoso invitatorio: “Cristo nació por nosotros; venid, adorémosle”… Hagamos nuestro camino hacia Dios junto a nuestras familias y amigos, pero también con la Virgen y el bueno de Fray Martín. Que el transcurso de este recorrido sea Tiempo de amor, tiempo del perdón de las ofensas. Tiempo de paz con nosotros mismos, tiempo para nuestra esperanza: la de todos.

Un minuto con el Niño Jesús (oración)

Bendíceme, Niño Jesús y ruega por mi sin cesar. Aleja de mí, hoy y siempre el pecado. Si tropiezo, tiende tu mano hacia mi. Si cien veces caigo, cien veces levántame. Si me dejas Niño, ¿que será de mí? En los peligros del mundo asísteme. Quiero vivir y morir bajo tu manto. Quiero que mi vida te haga sonreír. Mírame con compasión, no me dejes Jesús mio. Y, al final, sal a recibirme y llévame junto a Ti. Tu bendición me acompañe hoy y siempre. Amén. Aleluya. Rezar un gloria.

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Evocación de Navidad

La noche apaga el grito del sol y la colina.
En un raudo paréntesis se recogen los sueños.
En los ojos se aprieta la esperanza del mundo;
y en el aire se enhebran los poemas del cielo.

Tienen ecos profundos las primeras palabras.
Los hombres se despiertan a nivel de una estrella.
Si el cielo es el imperio del alma trascendida,
la tierra es el refugio donde nace la ofrenda.

La noche rueda y rueda, como una tumba viva,
sobre el nido desnudo de la flor y la rama.
La oración y el recuerdo tienen ecos lejanos,
y es profunda la huella de la orilla encontrada.

La mano es honda siembra de esperanza y destino;
línea pura tan sólo sobre el pan y la frente.
Y en todo está la noche, la infancia y la mirada,
la verdad y el latido de un Nacimiento, siempre.

                   Josefina Rodríguez Del Toro

Gloria a Dios en las alturas y en la Tierra su Amor que aúne nuestros corazones en un solo pueblo.

Con esperanza y paz, les deseamos una Feliz Navidad en Dios.

San Francisco de Asís y San Vicente de Paúl, un hermoso paralelismo

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En días pasados la Iglesia ha celebrado la festividad de San Vicente Paúl y transcurridos unos pocos días -justo una semana después- llega la fiesta de San Francisco de Asís. Dos grandes santos que, aunque no contemporáneos en el sentido propio de la cronología, son “hermanos” en el reino de la caridad y la misericordia. He aquí un hermoso paralelismo entre San Francisco de Asís y San Vicente de Paúl, escrito por el filósofo, político y escritor francés Jules F. Simon:

“Existe en el cristianismo tal fecundidad de misericordia social, que hasta ahora los más audaces innovadores no han podido sino inventar lo que ya había sido enseñado y practicado hacia mucho tiempo por esa Religión; pero ninguno de esos innovadores ha intentado imitar, ni aún de lejos, a los dos hombres admirables, que a pesar de los siglos que mediaron entre uno y otro, se completan tan admirablemente: Francisco de Asís y Vicente de Paúl.

El primero se sintió conmovido, sobre todo ante el sufrimiento moral del pobre: la humillación; y para consolarle, sabiendo que es imposible destruir la desigualdad, se desposó con la pobreza y con ella vivió mendigando.

El segundo se conmovió ante el sufrimiento físico del indigente, la miseria; y no sabiendo como proporcionarle una parte de los bienes terrenales, se convirtió en predicador de la compasión, y le facilitó una sirviente gratuita; la Hermanas de la Caridad.

Hombres del pueblo, cuando se trate de atacar la Religión del Evangelio, acordaos que a ella le debéis Francisco de Asís y Vicente de Paul; los dos amigos más tiernos y mas desinteresados que habéis tenido sobre la tierra.

Y vosotros, jefes de Estado, cuando penséis destruir la fe en los corazones de los desgraciados, tened presente que aquellos a quienes queréis quitar la esperanza del cielo en la vida futura, tarde o temprano os pedirán de ello estrecha cuenta en la presente: y ¡no permita Dios que sea con el hierro y por la fuerza!”.

Las florecillas de San Martín de Porres

las florecillas de fray martín

Lo que cautiva en la vida de los santos no son siempre esos milagros o episodios extraordinarios que tan lejos los vemos de nosotros. La vida de un santo nos atrae más cuando se nos presenta caminando hacia la santidad partiendo de bases humanas. San Martín de Porres es un santo tan humilde y tan humano que no podemos sustraernos a cierta seducción que no sólo admira sino que invita a despegar suavemente el vuelo hacia lo alto desde el fondo de lo cotidiano. Es la suya una vida de penitencia, de humildad y de sonrisas. Pero es sobre todo una vida llena de amor a Dios y a los hombres. Las florecillas de Fray Martín, aunque frecuentemente sean auténticos y estrepitosos milagros, se nos presentan en una panorámica tan densa de caridad y humanidad, que casi nos parece natural que a un hijo tan confiado concediera el Señor lo que dijo en el Evangelio que haría quien tuviera fe no más grande que un gramo de mostaza. Pero como la vida de la mayor parte de los santos, también ésta del “Santo de la Escoba” tiene una prolongación social que se desprende del amor al hombre redimido.

“Las florecillas de San Martín de Porres”, de Juliana Cavallini

Recibimiento al Santísimo Cristo de la Misericordia de La Orotava

Cristo de la Vera Cruz y Misericordia

Recibimiento Cristo de la Misericordia

Recibimiento del Santísimo Cristo de la Vera Cruz y Misericordia

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

Señor, en esta noche nos mueve verte aquí, con nosotros, a los pies de la Madre dolorosa en su Soledad. Al igual que tu bendita imagen, esta casa ha derramado misericordia a lo largo de los siglos. Primero como convento franciscano, más tarde como sede del Hospital de la Santísima Trinidad y ahora como lugar en el que celebrar comunitariamente la Fe y acoger a nuestros hermanos difuntos. El espíritu franciscano del seguimiento de tu Palabra por medio de la entrega a los más pobres está impregnado en estos muros, testigos de innumerables muestras de amor al prójimo. Un amor que a lo largo de la historia ha dado de comer al hambriento y de beber al sediento, enseñar al que no sabe y vestir al desnudo, visitar al enfermo y dar posada al necesitado, y ahora rogar a Dios por los vivos y los difuntos. Señor, has llegado a este enclave de la Villa que de por sí es epicentro de misericordia, teniendo como baluarte a las hijas de Santa Ángela de la Cruz y como custodia el sueño eterno de nuestros familiares y amigos. Tu cuerpo tan herido, tus afrentas y tu muerte nos recuerda que te entregaste sin medida por amor, moviéndonos a ser cada día más fieles a ti, aunque tengamos que coger la Cruz y seguirte. Esa Cruz que nuestro Padre San Francisco mira fijamente y en la que ahora estás clavado, debe ser para nosotros símbolo y referente de nuestra vida. Aunque no nos tienes que dar porque te queramos, te pedimos Señor que nos muestres tu misericordia y nos des tu salvación, así como la fuerza necesaria para seguir peregrinando por esta vida, hasta llegar algún día a la Puerta del Cielo, donde podremos ver tu Rostro y glorificar tu Nombre por toda la eternidad.

Juan Luis Bardón G.

* Recibimiento del Santísimo Cristo de la Misericordia a su llegada a la Iglesia de San Francisco de Asís de La Orotava. Con motivo del Año Santo de la Misericordia, y con la finalidad de celebrar unas jornadas intensas de preparación para recibir las gracias jubilares, la Cofradía de la Santa Vera Cruz y Misericordia dispuso de una salida extraordinaria de su sagrado titular, que tuvo lugar entre el jueves 25 y el sábado 27 de febrero de 2016.

¡Feliz Natividad de Nuestro Señor Jesucristo!

Adoración de los pastores

El Señor ha querido nacer también en nuestras vidas y en nuestras almas. En todo está el latido de su Nacimiento.

Nuestro Señor no nació en el mejor palacio como acaso le correspondía; nació en un lugar humilde y pobre, un pesebre. Y nació allí porque desde el primer día nos quiso enseñar que la redención sólo se hace con sacrificio. La Navidad nos anuncia que Dios se hace hombre y se hace niño por nosotros. Y, principalmente, nos anuncia el misterio de Dios que se hace carne -tomando nuestra mortalidad-, pues ha venido para salvarnos y conducirnos por las sendas de la verdadera dicha en este mundo para ser eternamente felices en el otro.

Se ha hecho niño para que tú puedas llegar a ser hombre; ha sido envuelto en pañales para que tú puedas ser librado del lazo de la muerte. Está en el pesebre, para ponerte a ti en los altares; está en la tierra para que tú llegues a las estrellas; no ha encontrado lugar en el mesón, para que tú puedas encontrar bastantes moradas en el cielo (San Ambrosio)

Por eso, la Navidad es una llamada a la paz, a la esperanza, a la salvación. Nos enseña que debemos renunciar a lo mundano y vivir en este mundo con mucho amor, de forma justa y piadosa, aguardando el advenimiento glorioso del Salvador nuestro Jesucristo. Encontrémonos hoy llenos de gozo, pues es el día de la misericordia sobre los hombres; la misericordia está siempre presente en nuestro Señor y es copiosa su redención: ¡Sálvanos por tu nacimiento, Señor!

Oración

Dios Todo Poderoso, que derramáis hoy sobre nosotros la nueva luz de vuestro Verbo encarnado, haced que la fe de este misterio se infunda también en nuestros corazones. Señor y Dios nuestro, haced del mismo modo, te lo rogarnos, que celebrando con alegría la Natividad de N. S. Jesucristo, merezcamos, por una vida digna de El, gozar de su presencia. Así sea.

St. Joseph's Church, Boyle (Irlanda)

La noche de Natividad es para todos un recuerdo purísimo que entristece sin afligir; los sueños de la infancia se deslizan en esa velada ante nuestros ojos bajo las formas de una aurora sonrosada (Joaquín Tomeo y Benedicto).

Gloria a Dios en el cielo y Paz en la tierra a los hombres que ama el Señor…Pues con la paz también se encuentra la gloria, ¡Feliz Navidad, llena de amor y alegría!

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Natividad del Señor: La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros (pdf)

Festividad de San Martín de Porres: Una visión personal

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Encargo todo a Fray Martín.

Rezo por su nombre. Amén.

Le conocí desde bien pronto. Mi madre tenía en su mesa de noche una imagen de San Martín, y pronto reparé en ella. Me llamó la atención su hábito, el color de su rostro y su escoba. Lo incorporé a mis juegos, con mis otros muñecos. Cuando terminaba lo devolvía a la mesilla con mucho cuidado y cariño. Luego no sé por qué, supongo que las cosas de la edad, le perdí un tanto el rastro…Hasta que un tiempo después -un buen día, sin duda-, visitando la vieja casa de los abuelos de un amigo, me encontré con una caja que contenía unos libros antiguos: me llamó especialmente la atención uno de ellos, de portada amarilla y letras rojas, que sobresalía un poco por uno de los lados; lo tomé y, ¡qué buena fortuna!, era un pequeño libro de Leo Garnier sobre nuestro santo. A mi amigo no le importó dármelo. Lo cierto es que me sentí conmovido durante el resto del día por tan feliz hallazgo. Presentía que volvía a reencontrarme con Fray Martín, a descubrirlo de una vez por todas: una vida de humildad, de respeto, de alegría y de mucho amor a Dios y a los hombres.

Siempre me ha llamado la atención el cariño que siente la gente por San Martín de Porres. Puede ser que haya quién, en un primer momento, no lo reconozca o no cae en la cuenta cuando se le nombra; pero ya cuando se entra en detalles todos ceden con una sonrisa o un gesto de aprobación, “¡Oh sí, Fray Escoba!”. Su vida de entrega al prójimo, su humildad reconocida e incluso su figura desprenden aún una gran fuerza espiritual, yo diría que impactante, que sin duda le proporcionaría una existencia intensa y extraordinaria en un contexto social desfavorable; y a la vez, hoy, este legado suyo cargado de maravillosos valores cristianos nos invita-ayuda a ser mejores, más buenos, y a desear limpiar las viejas heridas del remordimiento o de los errores pasados.

Con respecto a mí, nunca le he pedido grandes milagros. Ni tan siquiera los deseo. Me es suficiente sentir su presencia -en alguna situación comprometida la he sentido claramente- y fundamentalmente que en los buenos y no tan buenos momentos esté ahí conmigo: sintiéndome arropado, apaciguándome en los enfados o en las preocupaciones y, en definitiva, haciéndome valorar lo que me rodea y sentir ese júbilo que comienza en la mente y acaba brotando en mi corazón agradecido (bueno, ¿acaso no es éste un milagro, y de los mejores?).

Sí. Feliz y dichoso cuando le rezo, pienso o le hablo, o como en este caso le escribo, he creído que debe ser una felicidad moderada. Esa justa porción que anhelo. No más. Ello me permite observar y sentir las cosas de Fray Martín de una manera especial. O al menos, de una manera más natural y más justa, más humilde y tolerante.

Para mí es muy gratificante asociar las cosas bonitas (un bonito paisaje, los pensamientos positivos, un sol radiante, una lluvia serena, las buenas acciones…) al Señor, a la Virgen, y a Fray Martín particularmente (eso sí, por aquello de que nunca deseó ningún protagonismo y para que no se “enfade” conmigo, siempre de manera armoniosa y conjunta a los tres). La idea de San Martín humilde, amigo bueno y cariñoso, a poco que la busco me hacer ver con luminosidad, sentir con alegría y con esperanza…. salí a la calle y miré al cielo, y sé que estás ahí.

Es sin duda grande mi amor por Jesús y por la Virgen en sus diferentes advocaciones; pero veo a San Martín de Porres –equivocadamente o no– como algo más particular -mío- y terrenal. En definitiva, y me explico, como un buen embajador –de aquellos que nos consideramos sus amigos– de Jesús y la Virgen en este mundo nuestro.

A veces, algunos familiares o amigos me dicen: “Ah!, ¡cuánto te gusta San Martín!” Y yo sonrío, y pienso: “Sí cuánto me gusta, pero sobretodo, ¡CUÁNTO LO QUIERO!”

Que nuestro amigo nos alcance la gracia de una profunda vida interior para prolongar su santidad. ¡Feliz día de Fray Martín de Porres a todos!

Fray Martín de Porres, alegría en el Señor

Querido Fray Escoba, desde este humilde rincón, te solicito tu intercesión para que sepas barrer de mi interior todo aquello que produce mal a mis semejantes o a mí y por ello a nuestro Dios.

Que en mi, aflore, esa tu bondad y generosidad con los demás, sepa acoger a mis hermanos con la alegría de un corazón que infunda amor y que cuando hable, mis palabras sean muestra de alabanza a Dios y predicación de la FE que profesamos. 

Glorioso San Martín de Porres, bienhechor complaciente con las peticiones de tus devotos. Ruega e intercede por nosotros. Así sea.

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una visión personal

Festividad de San Martín de Porres: Fray Martín y las virtudes teologales (2014)

Festividad de San Martín de Porres: Un santo icono para la humanidad (2013)

Fray Martín y su escoba santificadora

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Si el hábito hace al monje, la escoba lo realza

Al contemplar su imagen llama la atención un elemento que casi siempre le acompaña; encontramos un elemento que no suele ser elemento de santificación pero que en San Martín se vuelve elemento maravilloso que le sirvió de santificación: la escoba.

La “escoba de san Martín”. No se puede hablar de san Martín sin mencionar “su” escoba… ¿Conocen algún personaje que haya pasado a la historia por una escoba? Yo no. Sólo sé que Martín es conocido por ese elemento tan utilizado en todos los tiempos (ahora también, aunque han proliferado las máquinas y utensilios de todo tipo para la limpieza, sigue siendo un instrumento). Un elemento tan sencillo y tan cotidiano es protagonista de santidad en las manos de fray Martín y de todos los que queramos vivir como él. Sirviendo desde el amor.

Su escoba y, conjuntamente con ella, todos los servicios que realizaba fueron para él una mediación de acercar lo pequeño, lo sencillo, lo cotidiano a lo trascendente y a la humanidad. Fray Escoba fue haciéndose desde Jesús, por eso Martín se vuelve buen samaritano a imagen de Jesús, acoge, sana y cuida a los tirados por el camino de la vida.

Su escoba, la de Martín, es nuestra escoba. Es un santo dominico pero universal, que nos hace una llamada: VIVIR SIRVIENDO CON AMOR. Hacer de nuestra vida, de nuestra historia un servicio, ”barrer” lo que nos impide ser fraternos, abrirnos al bien del otro, a favor de, siendo artesanos de bendición… Nuestra escoba nos debe hacer santos. No es una utopía, es una realidad. Ser santos, nos lo indica Martín, es “hacer lo ordinario, extraordinario desde el amor”, es así de sencillo…

Parroquia Santo Tomás de Aquino (Bogotá), de la Homilía: La Eucaristía, la Cruz y la Escoba

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“Con su escoba milagrosa”

Letra:

Con su escoba milagrosa, San Martín, de los cuerpos va quitando el dolor, y a la vista de su humilde tez morena van las almas otra vez pensando en Dios.
Es la historia de este santo singular la que ahora se las voy a relatar, y aunque negro, y de origen natural, San Martín, llega así a la santidad. Del convento, las campanas al tocar, a los frailes van llamando a cantar; por los claustros, con su escoba sin cesar, en silencio él no deja de rezar.
Cierto día, que en grave necesidad en demanda, sale el prior a la ciudad San Martín, se le ofrece y es verdad como esclavo, alguien me puede comprar es a un perro y es a un gato y un ratón que le dice San Martín con gran bondad no se admiren, de su buena amistad todo puede, cuando reina el amor.
Por los pobres, en su triste padecer dulce y bueno, fue su amigo San Martín todos saben, donde pueden recurrir siempre es cierto que él los sabe socorrer.
Para enfermos sin consuelo en su dolor su esperanza es sólo verlo aparecer cuando sienten el milagro de su amor es un santo gritan todos por doquier.
Del convento las campanas al doblar a sus puertas gimen, lloran la ciudad es Martín que se acaba de marchar lo ha llamado su buen Dios a descansar.
Más el Santo con nosotros se quedó para ayuda de nuestra necesidad San Martín, San Martín
¡No te olvides de los que estamos aquí!

Feliz Navidad y Venturoso Año Nuevo 2015

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Os anuncio una gran alegría para todo el pueblo: Os ha nacido un salvador:El Mesías, el Señor.

Y os doy esta señal: Encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

      (Lucas 2,11)

Pasan las horas de la vida. Llega otra Navidad: Celebramos un Dios que nace niño, que se hace Hombre. Que nos invita a creer en la paz, a compartir, a perdonar, a soñar…a amar de manera sencilla y pura para que todas las personas de este mundo lleguemos a la Salvación. Es el mensaje de la Navidad para mujeres y hombres: Siempre Hijos de Dios.

Dios Todo Poderoso, que derramáis hoy sobre nosotros la nueva luz de vuestro Verbo encarnado, haced que la fe de este misterio se infunda también en nuestros corazones. Señor y Dios nuestro, haced del mismo modo, te lo rogamos, que celebrando con alegría la Natividad de N. S. Jesucristo, merezcamos, por una vida digna de El, gozar de su presencia. Así sea.

Con los mejores deseos para todos y para vuestras familias. Que la paz más profunda reine en nuestros corazones. 

Entre Fray Martín de Porres y sus devotos y amigos. Con afecto, siempre.