Feliz Natividad del Señor

La paz la cantaron los ángeles en aquel día memorabilísimo del nacimiento del Niño Dios. Pero ese canto iba acompañado de un gloria a Dios y de la buena voluntad de los hombres. Ahí están las bases de la auténtica y verdadera paz, la que sólo se encuentra en Dios.

Que esta venturosa paz acompase los latidos de los corazones y haga germinar por doquier la buena voluntad que nos asocie a los coros celestes en el himno de amor y fidelidad a Cristo…

«Cesó la voz… y en la región del viento
Entonando los ángeles un coro
Con majestuoso acento
A compás de los címbalos de oro,
Retumbó por el ancho firmamento
Este sublime cántico sonoro:
¡Gloria a Dios, Soberano en las alturas
Y paz a las humanas criaturas!»
-Jacinto Casariego-

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La brasa y los amigos (cuento popular)

La brasa y los amigos

Un hombre, que regularmente asistía a las reuniones religiosas con sus amigos, sin ningún aviso dejó de participar en sus actividades. Después de algunas semanas, una noche muy fría de invierno, el líder de aquel grupo de amigos decidió ir a visitarlo.

Encontró al hombre en su casa solo, sentado frente a una chimenea donde ardía un fuego brillante y acogedor.

Adivinando la razón de la visita, el hombre dio la bienvenida al líder, y después, se hizo un gran silencio. Los dos hombres sólo contemplaban la danza de las llamas en torno a los troncos de leña que crepitaban en la chimenea.

Al cabo de algunos minutos el líder, sin decir palabra, examinó las brasas que se formaban en la lumbre y seleccionó una de ellas, la más incandescente de todas, y la separó de las demás con unas tenazas. Hecho esto, volvió a sentarse.

El anfitrión prestaba atención a todo fascinado pero inquieto. Al poco rato, la llama de la brasa solitaria disminuyó, hasta que se apagó por completo. En poco tiempo, lo que había sido una muestra de luz y de calor, no era más que un negro, frío y muerto pedazo de carbón.

Muy pocas palabras habían sido dichas desde el saludo inicial.

El líder, antes de prepararse para irse, con las tenazas regresó el carbón frío e inútil, colocándolo de nuevo en medio del fuego. De inmediato, la brasa se volvió a encender, alimentada por la luz y el calor de los carbones ardientes en torno suyo.

Cuanto el dirigente alcanzó la puerta para marcharse, el anfitrión de la casa le dijo: Gracias por tu visita y por tu bellísima lección. Regresaré al grupo. Buenas noches…

¿Por qué se extinguen los grupos? Muy simple: porque cada miembro que se retira le quita fuego y calor al resto. A los miembros de un grupo vale recordarles que ellos forman parte de la llama.

A los miembros de un grupo vale recordarles que ellos forman parte de la llama. Es bueno recordarles que todos somos responsables por mantener encendida la llama de cada uno y debemos promover la unión entre todos para que el fuego sea realmente fuerte, eficaz y duradero. La familia también es un grupo.

Mantengamos la llama viva. Aunque algunos se reporten esporádicamente, es bueno saber que todos permanecemos unidos.

¡Gracias por ser parte de mi hoguera!

Cuento Popular

San Martín de Porres, ruega por nosotros

smp, ruega por nosotros

San Martín de Porres, santo sencillo y bueno, la iglesia nos ha dejado en la imagen en que te veneramos, las lecciones más importantes que debemos aprender para llegar a ser como tú:

Con la cruz que llevas en tu mano, nos enseñas que la primera de todas es el amor a Dios, que se hizo hombre y murió en la cruz para salvarnos del pecado y de la muerte.

En el rosario vemos tu devoción a la Virgen, la madre de Jesús y madre nuestra, que quiere ayudarnos en todo a cumplir la voluntad de Dios y que nos repite continuamente: “Hagan lo que Jesús les diga”.

Con tu escoba nos recuerdas que hay que trabajar para comer el pan de cada día.

Finalmente, en el perro, en el gato y en el ratón; nos alertas para que sepamos vivir como hermanos a pesar de nuestras diferencias.

Hoy queremos que ruegues a Dios por nosotros para que nos conceda todas las gracias que necesitamos para ser santos en su presencia. Amén.

La oración del paracaidista

La oración del paracaidista

Dame, Dios mío, lo que te queda.
Dame lo que te piden nunca.
No te pido descanso,
ni tranquilidad de alma o cuerpo.
No te pido riquezas,
ni éxitos, ni siquiera salud.
Todo esto, Señor, te lo piden tanto
que ya no debe quedarte nada.

Dame, Dios mío, lo que te queda.
Dame lo que no te aceptan:
inseguridad, inquietud,
obstáculos, tormentas.
Y dámelo, Señor, definitivamente,
para siempre,
porque luego ya no tendré humor
para pedírtelo.

Dame, Dios mío, lo que te queda.
Dame lo que los otros no quieren.
Pero dame también el valor,
la fuerza y la fe.

           André Zirnheld

Imagen ilustrativa: “Compasión”, óleo de William Adolphe Bouguereau.

El cuento de la espiga (un cuento con moraleja)

EL CUENTO DE LA ESPIGA

En un trigal, cuyas mieses el sol iba dorando a sus fueros, una espiga arrogante crecía muy cargada de hechizos y ensueños. Era esbelta, gallarda y tan buena, que todo su empeño lo cifraba en crecer y adentrarse en la gloria del Cielo.

El Señor, que sus sueños sabía, la miraba benigno y risueño y firmes promesas le hacía, de atraerla algún día a su Seno. Y la espiga  soñaba y crecía…, y esperando alcanzar sus anhelos, se pasaba las horas jugando en el dulce columpio del viento.

Una tarde muy larga de estío, presentose en el campo un labriego, que con hoz despiadada y  cortante  fue segando el precioso  terreno. Y alarmada decía:

¡A mí no! ¡A mí no!, —la inocente espiguita del cuento.

—¡A mí no! Porque estoy designada para alzarme con mi tallo hasta el Cielo.

Pero el hombre tal vez distraído, derribola de un golpe certero, destruyendo con él su ventura y el  hermoso ideal de sus sueños.

—¡Oh Señor! —exclamó entonces la espiga—, ¡mira, mira, mi Dios lo que han hecho! Ya no puedo llegar a tus brazos, ¡Sálvame!  ¡Sálvame, que me muero!

Y el Señor cual si nada escuchase, respondiola con sólo el silencio. Y el labriego tomando la espiga, bajo el trillo la puso al momento. El cabello arrancose con brío y los granos de trigo crujieron; y cual perlas de sartas deshechas, por las eras rodaron dispersos.

¡Oh granitos que Cielo anhelabais!, —un sin fin de amapolas dijeron— ¿de qué os sirve haber sido tan puro si a salvaros no bajó el Eterno?

Y en su angustia la triste clamaba:

Padrenuestro que estás en el Cielo.

En la cárcel oscura de un saco, al molino llevaron al nuevo; y los granos dorados y hermosos, en finísimo polvo volvieron. Y la harina llorando seguía y al Señor suplicaba con ruegos; y allá arriba seguían callando, y acá abajo seguían moliendo.

¿Y por qué el Buen Jesús callaría?…. ¿Y por qué le negaba consuelo? ¿Y por qué siendo pura e inocente, le dejaba en tan duro tormento?

Pero ved qué pasó con la harina, una Hostia bellísima hicieron. Y era tenue cual brisa de mayo, y era  blanca cual luna de enero. Su belleza brilló sobre el ara y las nubes al verla se abrieron. Dios mismo y su gloria bajaron, y en la Hostia feliz se fundieron. Y así en tierno coloquio de amores, a la espiga le dijo el Cordero:

—Yo anhelaba tenerte en mi gloria y mis brazos brindarte por lecho, pero escucha mi bien amada, a mis brazos, solo puede llegarse sufriendo.

Cuento popular

Cristo y Tú

Cristo y Tú

1) Cristo – Lo que Cristo hizo por ti:
a) Siendo Dios se hizo hombre.
b) Quiso nacer en un humilde establo.
c) Trabajó.
d) Se preparó en silencio para su vida pública.
e) Sufrió, se fatigó, fue humillado y despreciado por propagar el nombre de su padre.
f) Consumó su sacrificio en el Calvario.
g) Y todo por redimirte a Ti.

2) Tú – Lo que puedes hacer por ÉL:
a) Humíllate por su causa.
b) Lleva una vida austera.
c) Esfuérzate.
d) Prepárate en la juventud, formándote y actuando para futuras empresas.
e) Sufre, fatígate, no te importen la humillación ni el desprecio por propagar el nombre de Dios.
f) Demuestra, por tu vida, que estás dispuesto a sacrificarla si fuera necesario.
g) Todo, por completar en ti lo que le falta a la Pasión de Cristo, en frase de San Pablo.

3) Tú y Cristo – Que Él sea para ti algo más que una idea.
Recíbelo.
Aprende a conocerlo.
Ámalo.
Enloquece por Él.
Propagálo.

Escucha, Dios…

Carta encontrada en la cartera de un soldado norteamericano, muerto en combate. En el momento decisivo de su vida creyó en Dios…

Escucha, Dios
Yo nunca hablé contigo
Hoy quiero saludarte ¿cómo estás?
¿Tú sabes? Me decían que no existes
y yo, tonto, creí que era verdad.
Anoche vi tu cielo. Me encontraba
oculto en un hoyo de granada.
¡Quién iba a pensar que para verte
bastaba tenderse uno de espaldas!

No sé si aun querrás darme la mano;
al menos creo que me entiendes.
Es raro que no te haya conocido antes,
sino en un infierno como éste.
Pues bien ya todo te lo he dicho.
Aunque la ofensiva nos aguarda para pronto,
¡oh Dios! no tengo miedo
desde que descubrí que estabas cerca…

¡La señal! Bien, Dios, debo irme.
Olvidaba decirte… que te quiero.
El choque será terrible. Esta noche.
¿Quién sabe? tal vez llame o tu cielo.
Comprendo que no he sido amigo tuyo
pero, ¿me esperarás si hasta Ti llego?
¡Cómo! Mira, Dios estoy llorando…
¡Tarde te descubrí! ¡Cuánto lo siento!
Dispensa debo irme…
¡Qué raro! ¡Sin temor voy a la muerte!

“Retacitos” de Zenaida Bacardí de Argamasilla

¡Perdóname!

Por mi temor para sufrir, por mi afán por abarcar y por mis tropiezos para crecer.

Perdóname cuando me tarde para reponerme del dolor y lo deje ahí aposentado, desperdiciando las oportunidades que me das para dejarlo correr.

Perdóname cuando me das la mano y yo te digo: “¡No puedo!”  Cuando me das la luz y yo te digo: “¡No veo!” Cuando me llamas y yo te digo: ¡”No oigo”!

Perdóname, porque seguro me he quedado con muchas sonrisas dentro, con muchas flores en las manos ¡y ni siquiera me he dado cuenta!

Por no saber que lo que muere en mi corazón todos los días son espacios que debo preparar para recibir las alegrías del nuevo amanecer.

Perdóname por no saber aceptar el frío y las nevadas del invierno, lo mismo que acepté antes la fragancia y las rosas de tantas primaveras.

Perdóname los desperdicios de la vida.  Es muy dura y muy compleja: unas veces he sido yo quien he querido bebérmela de un sorbo y otras es ella la que me ha ido absorbiendo a mí.

Perdóname esas pequeñas indiferencias que duelen más que un pecado, esa pesadez de algunos días que lastima más que una ofuscación y esos olvidos imperceptibles que duelen más que una caída.

Perdóname cuando me faltan los detalles, me aparecen las arideces y se me cansa el alma de luchar y de sufrir … ¡cuando me siento tan poca cosa!

Perdona mi ineficacia, mi falta de fe y mis impedimentos humanos.  Por no darme cuenta de que no hay muerte: lo que hay es principio, tierra y cielo.

Une tu misericordia y mi humildad, para ver nacer el perdón…

¡Y quédate conmigo!

Quédate conmigo, con valiente arraigo.
Mira que me entibio, me turbo, decaigo.
Fúndete a mi alma, invade mi ser.
Que la sombra humana nos impide ver.

Porque si te quedas, si te vas mostrando,
estas arideces se me irán quitando.
Que si Tú te quedas junto a mi dolor,
en la propia hondura sentiré tu amor.

Quédate conmigo, razón de mis razones.
Conoces ese frío que dan las decepciones.
Quédate en la rutina, en la pena, en el desvío,
¡te necesito tanto, Jesús mío!

Quédate conmigo, mira que anochece,
La tarde declina, todo se oscurece.
Dulces resplandores tendrá la partida,
¡si quedas conmigo por toda la vida!

* * *

La Misericordia

La Misericordia de Dios, es un rocío de la
mañana…
lo que tenemos que hacer es ver salir el sol.

Es un goteo constante…
lo que tenemos que hacer es poner debajo nuestro
cántaro…

Es un ramaje que nos columpia…
lo que tenemos que hacer es dejarnos llevar.

Es una aguja que Dios ensarta…
lo que tenemos que hacer es bordar la vida.

Su Misericordia no es tribunal de juicio…
sino brazos de redención.

Le pido a Su Misericordia que ponga algún
brote verde al tramo oscuro de mi vida…
Alguna huella nueva a la parte estrecha de mi
camino…
Algún impulso de vida a la parte seca de mi
raíz…

¡Unos cuantos toques a mi corazón….
¡Y unas cuantas rosas a mi cruz…!

* * *

La sabiduría de las madres

La sabiduría de las madres es la primera que
enseña a los hijos donde nace el amor.

La sabiduría de las madres es la primera que
enseña a los hijos el comienzo de la vida.

La sabiduría de las madres es la primera que
enseña a los hijos cómo se secan las lágrimas
del corazón.

La sabiduría de las madres es la primera en
intuición y en instinto, con lo que suple a veces
la razón y la inteligencia.

La sabiduría de las madres viene de Dios.

El Sol aprendió el amor, besando la Luna.
El poeta aprendió el amor haciendo cantar la
tierra. La madre aprendió el amor cuando le
acariciaste las entrañas.

Por eso su amor inmedible, gratis, mágico
e invulnerable.

Más sobre la obra de la poetisa cubana Zenaida Bacardí en el siguiente enlace: Aquí

¡Bienaventurados!

bienaventurados

«Bienaventurados los que encuentran sentido a la vida, pues nunca se sentirán frustrados».

«Bienaventurados los que escuchan, porque entenderán la vida de los demás».

«Bienaventurados los que basan su vida en algo más que lo material, pues podrán dar explicaciones a lo inexplicable».

«Bienaventurados los que buscan un algo en la vida, porque ellos vivirán la plenitud».

«Bienaventurados los que no se amoldan a la sociedad, porque no terminarán en destrucción».

«Bienaventurados los que rápidamente se recomponen de una humillación, pues tienen espíritu de lucha».

«Bienaventurados los que tienen unos ideales por los que luchar, pues tienen una meta».

«Bienaventurados los que luchan por un mundo mejor, pues ellos se sentirán más humanos».

«Bienaventurados los que afrontan los problemas sin huir, porque no conocen la cobardía».

«Bienaventurados los que luchan por la paz, porque de ellos dependerá la libertad».

«Bienaventurados los que no tienen dinero, porque ellos saben compartir».

«Bienaventurados los que ceden cuando no tienen razón, porque saben rectificar».

«Bienaventurados los que todavía creen en el amor, porque encontrarán razones para vivir».

P. José Cabrera Vélez

Nuestro Hermano Martín

El pasado día 3 de noviembre celebramos a San Martín de Porres, nuestro querido hermano Martín.

Fray Martín se convierte para todo el que se acerca a él en un gran amigo y compañero de camino, con cuya compañía puedes contar y siempre encontrarás el consuelo y la fortaleza necesaria de su mano.

Son muchos los detalles de la vida de Martín que nos pueden ayudar, pero hoy queremos quedarnos con su profundo espíritu de oración y su forma de predicar tan particular y eficaz.

El Santo de las Américas nunca predicó desde un púlpito, ni echo sermones, pero su vida era toda ella una predicación y así mismo una oración, alabanza al Dios creador y amante de cada uno de los hombres, sus hijos.

La vida de contemplación y acción de San Martín eran siempre una, señala una biógrafa de Santo (Guiliana Cavallini) con una bella imagen cogida del Evangelio, en concreto del pasaje de Marta y María: “En el corazón de Martín, Marta y María nunca discutían, porque María acompañaba a Marta siempre y a todas partes. Pero cuando Marta terminaba su trabajo, María tomaba a Martín de la mano y lo llevaba a un lugar apartado donde pudiera disfrutar de la presencia del Señor, solo… La soledad atraía a Martín cómo a un imán”.

El hermano Martín pasaba largas horas al servicio de los pobres y de los enfermos y siempre se refugiaba en el corazón silencioso el amor de Dios. Nunca cesó de inhalar la presencia de Dios y nunca cesó de exhalar la compasión… así fue y es la vida de Martín.

Rocío Goncet, O.P. (Monasterio de Santa María la Real de Bormujos, Sevilla).

* * *

Oración a San Martín de Porres

Martín de Porres, humilde seguidor del Evangelio de Jesús, elevamos ante ti nuestros corazones llenos de confianza y devoción. Tú qué te entregaste sin límite a los pobres y desamparados, hoy te ofrecemos nuestras necesidades y peticiones. Derrama sobre nosotros y sobre nuestras familias el amor sanador de Dios. Concédenos sencillez de corazón y compasión de los que más sufren, especialmente los que sufren la injusticia y la discriminación racial. Que sepamos descubrir en éstos, nuestros hermanos más pequeños, el rostro sufriente de Jesús.

Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.