Tú no sabes

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Tú no sabes la herida que has causado
diciéndome verdades tan amargas.
Tú no sabes la herida…
Tú no sabes
cuánto ha sufrido ya mi pobre alma.

Pero no te acongojes: ¡Te bendigo
en esta negra noche sin bonanza!
Tú tenías la luz y me la diste
como un rayo de plata.
Seas bendito, por ello. Ya he plantado
de rosas esa zanja,
que dadivoso abrió tu amor sincero
como un surco bendito en mis entrañas.

Y este nocturno, que te ofrezco ahora,
es la rosa primera que ha brotado
al despuntar el alba.

                       P. José Cabrera Vélez, de su poesía ‘Nocturno’.

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