La Santísima Virgen del Carmen y su escapulario

Hoy celebramos la popular y sentidísima fiesta de Nuestra Señora del Carmen, una de las advocaciones que más místicamente ha logrado apoderarse del sentimiento cristiano: celebramos y solemnizamos en el día de hoy una de las más estupendas misericordias de la que es Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; la incomparable y altísima misericordia, que se encierra en el santo Escapulario del Carmen, que es una de las prendas de amor más grande y singular que perpetuamente nos da el maternal Corazón de la Virgen Santísima: al mirar a la Santísima Virgen del Carmen, instintivamente se nos va el alma y el corazón a su santo Escapulario, que es prenda de salvación.

He aquí las dulcísimas, amorosas y celestiales palabras, que a Simón Stock dijo la Santísima Virgen, cuando para él y para todos los cristianos trajo de cielo el Escapulario del Carmen e hizo entrega del mismo al Santo para la salvación de innumerables almas:

“Recibe el Escapulario de tu Orden en prueba de mi especial benevolencia y protección, y para que sirva de privilegio a todos los carmelitas. Por este vestido o librea se han de conocer mis hijos y mis siervos.
En él TE ENTREGO UNA SEÑAL DE PREDESTINACIÓN y una como escritura de paz y de alianza eterna y una defensa en los peligros. EL QUE TENGA LA DICHA DE MORIR CON ESTA ESPECIAL DIVISA DE MI AMOR, NO PADECERÁ EL FUEGO DEL INFIERNO”.

* * *

Mis cantares (a la Virgen del Carmen)

Virgencita del Carmen,
¡Cuánto te quiero!
no más pensar en ti
vivo que muero…

Unos aman la vida,
otros la muerte;
yo si a escoger me dan,
quiero quererte.

Por estar a tu lado,
¡oh Madre mía!
y gozar de tu vista,
al Cielo iría.

¡Virgencita del Carmen!
Cuan bien pareces
con ese escapulario
que nos ofreces.

Vísteme, Madre mía,
con tu librea;
no quiero más blasón
ni más presea.

Al partir de mi hogar,
tu escapulario
fue de tiernos recuerdos
el relicario.

Surcando voy los mares
con rumbo cierto,
y espero he de llegar
seguro al puerto.

Pues sois, Virgen, la nave
segura y nueva
que a todos tus devotos
al Cielo lleva.

Y es la segura tabla
de salvación
tu santo escapulario,
que es mi blasón.

Rosa de Jericó
Flor del Carmelo,
quiero aspirar tu aroma,
¡llévame al Cielo!

             Augusto Olangua, C.M.F.

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