Veni, Sancti Spiritus

Veni, Sancti Spiritus

Ven, oh amante y piadoso Santo Espíritu,
Y de tu luz envía desde el cielo
Un rayo de favor.
Ven de los pobres, ¡Ay! padre dulcísimo,
Manantial de favores y consuelo,
Fuente de puro amor.
Del pecho atribulado luz purísima,
Refugio suave, refrigerio inmenso
De herido corazón.
Reposo en los trabajos, dulce bálsamo,
Y alivio grato en el bochorno intenso
De la triste aflicción.
¡Oh de esplendor eterna luz vivísima!
De tus fieles el alma enamorada
Inunda de fervor.
Sin Ti nada es el hombre; noche lóbrega
Sin Ti reina doquier; sin Ti no hay nada,
¡Oh Espíritu criador!
Lavad lo inmundo, sí, regad lo seco,
Lo que hay enfermo en mí, médico
santo, Dulcísimo sanad.
Lo que en mí se desvíe de su centro,
Torne a Vos: de mi amor el digno
encanto Nutrid y fomentad.
Dad al que en Vos confía y en Vos
cree De vuestros siete dones celestiales
La flor de la virtud.
Verted de vuestro amor dicha a raudales,
Y al alma prometed el premio eterno
De la eterna salud.

Oración atribuida originariamente al Papa Inocencio III
Revisión: José Sayol y Echevarría

Imagen: “Pentecostés”, del pintor eslovaco Ladislav Záborský

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