El Buen Pastor (Domingo del Buen Pastor, IV Domingo de Pascua)

EL BUEN PASTOR

Si nuestra vida fuese inocente y pura y si sufriéramos con resignación lo mismo los contratiempos que las injurias e hiciéramos que las dentelladas del maligno se embolaran en el blando y suave vellón de la verdadera mansedumbre; probaríamos al mundo que realmente pertenecemos al rebaño de Jesucristo y mereceríamos más con la victoria sobre nosotros mismos que los esforzados guerreros en la conquista de fortísimas ciudades, según expresión de la Sagrada Escritura.

Nuestro Divino Salvador y Buen Pastor nos enseña a que mientras tengamos tiempo, procuremos imprimir en nuestras almas ideas buenas, tomadas ya de un libro piadoso, ya de un elocuente sermón, ya de los labios de prudente director, ya de las enseñanzas de sabio preceptor, ya de los ejemplos que vemos; ideas y pensamientos que luego meditaremos y combinaremos y haremos nuestros en el descanso, en la soledad, en el sosiego de nuestro oratorio y de los templos para reducirlos a la práctica cuando llegue la ocasión y el feliz momento en que llamados por Dios, seamos reconocidos cual imágenes y copias más o menos aproximadas de su Divino Hijo Jesucristo.

el-buen-pastor-iY hemos de tener muy presente que así como el pastor conoce sus ovejas, sabe cuántas tiene; cuales son las fuertes y cuales son las débiles; Jesucristo nos conoce muy bien, porque como Dios es sapientísimo y no se le ocultan ni nuestras necesidades, ni nuestras miserias, ni nuestras virtudes, ni aun los más recónditos pensamientos, viendo además todo lo que nos hace falta para el cuerpo y para el alma, para la vida presente y para la vida futura.

¿Y qué hemos de hacer nosotros para conocerá nuestro Divino Pastor? Acercarnos a Él y seguir sus máximas y oír su voz, indicada por sus representantes en la tierra, y hacerlo posible por no salir de los caminos que nos traza, para no ser presa del infernal enemigo que no duerme y acecha el funesto instante en que nos separemos del rebaño para devorarnos.

Y si alguna vez nos extraviamos como acontece con las ovejas entretenidas con el grato placer de abundante pasto, ¿qué hemos de hacer entonces? ¡Ah!, entonces debemos acudir presurosos al llamamiento amoroso de nuestro Buen Pastor que nos recuerda el cumplimiento de nuestros sagrados deberes por medio de persuasivas exhortaciones de los Párrocos, al explicarnos el Santo Evangelio y el de los incesantes gritos de alarma de los Prelados, centinelas avanzados de la casa del Señor. Y si el pastor ama las ovejas y procura su bienestar, y las ovejas siguen al pastor y le regalan con su sabrosa leche amándonos como tanto nos ama Jesucristo y habiendo muerto afrentosamente en una cruz por nuestro bien; nosotros estamos obligados a tomar la cruz, obedecerle, amarle y entregarnos por completo a su santísimo servicio.

Francisco Jiménez Marco. La Coruña, 1897.

Oración del Buen Pastor

Mi Señor, mi Buen Pastor, Hijo del Padre, fuente de luz, tormenta de fe, que vienes a sacudir nuestra dormida esperanza, que nos envías a Tu Madre para enamorar nuestros fríos corazones, que luchas con amor para conquistar los espíritus inquietos por las angustias del mundo.

Óyenos Señor, escucha a tus hermanos aquí, juntos queremos seguirte, donde Tú quieras que nuestros pasos se dirijan.

Nuestros corazones quieren pertenecerte, por siempre.

Nuestras almas sedientas de Tu luz solo quieren verte sonreír junto a Tu Madre.

Envíanos Tus Angeles y Tus Santos, consuélanos con su presencia celestial.

Danos el consuelo infinito de saber que Tu Misericordia ve con ojos agradables nuestro arrepentimiento por tanto error cometido.

No permitas que bajemos nuestras defensas contra el maligno y sus tentaciones.

Haznos fuertes, Señor, haznos fuertes en la entrega a Vos, nuestro Dios.

Haznos pequeños y dóciles para que dejemos actuar a Tu Santo Espíritu en nosotros, para que Tú te hagas cargo de nuestra vida.

Haznos confiados corderos de Tu rebaño, Señor, danos el abrazo de Tu Voluntad, Señor. Que seas Tu quien nos guíe, que sea tu Madre quien nos proteja.

No te alejes de nosotros, Señor, perdona nuestros errores y pecados, y nuestra falta de fe.

Amén.

* * *

La parábola del Buen Pastor

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