Homilía en el día de San Rafael Arnáiz Barón

Hermano Rafael, así era

Homilía en el día de San Rafael

El Papa Francisco, sin duda bajo la inspiración del Espíritu Santo, ha convocado el año de la misericordia. En la bula Misericordiae vultus de convocatoria al año jubilar nos da las claves del misterio de la misericordia en la revelación, Antiguo y Nuevo Testamento. Así nos afirma que “es propio de Dios usar misericordia y especialmente en esto se manifiesta su omnipotencia”. “’Paciente y misericordioso’ es el binomio que a menudo aparece en el Antiguo Testamento para descubrir la naturaleza de Dios. Su ser misericordioso se constata concretamente en tantas acciones de la historia de su salvación donde su bondad prevalece por encima del castigo y la destrucción”. “Eterna es su misericordia” es el estribillo que acompaña cada verso del Salmo 135 mientras se narra la historia de la revelación de Dios.

El Papa afirmará que la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Toda su acción pastoral debería estar revestida por la ternura con la que Dios se dirige a los creyentes. Por eso con la mirada fija en Jesús y en su rostro misericordioso podemos percibir el amor de la Santísima Trinidad.

¿Y cómo ha percibido Rafael, la misericordia de Dios? No es mucho lo que ha escrito de la misericordia si lo comparamos con otros aspectos de su espiritualidad, como el amor a Jesucristo, a su Madre Santísima (la Señora, como él la llama), a la eucaristía y en especial de su aceptación de la cruz de Cristo a través de la enfermedad. Pero son lo suficientes para comprender que ha percibido los aspectos fundamentales de este atributo de Dios.

Rafael nos hablará de este Dios paciente y misericordioso, y como todos los atributos divinos son infinitos, también lo es su misericordia; y lo va a reflejar en distintas ocasiones. A su tío Leopoldo le hablará de la gran misericordia de Dios. A su padre, ante los acontecimientos políticos de España en ese tiempo, le escribirá animándole Todo es una gran misericordia de Él, y los hombres no llegan más allá de donde él permite. En distintos escritos a su padre, a su madre, a su tío Polín, al Hermano Tescelino… en su cuaderno “Dios y mi alma” hablará de la gran misericordia de Dios, su infinita misericordia, su infinita bondad y su gran misericordia, las grandezas de Dios y de su infinita misericordia.

Y Rafael sabe bien que en donde se pone de manifiesto de modo especial el tributo de la misericordia de Dios, es en su relación con el hombre, y con el hombre caído por el pecado. Si San Bernardo jugando con las expresiones latinas nos dice que la miseria y la misericordia se encuentra; la miseria (del hombre) y la misericordia (de Dios), en San Rafael será una constante que la misericordia de Dios está siempre actuando para perdonar y sanar la miseria de su criatura. Después de una fuerte experiencia de Dios en el Coro, escribe a su madre:

A pesar de no entender latín, mi alma se llenaba de las palabras de David, de tal manera, que me acercaba a Dios, para pedirle misericordia y pedirle que detuviese su ira en el día grande y sublime de la resurrección.

A su tío Leopoldo:

Si te miras a ti mismo, más vale no hablar. ¿Qué queda, pues?… Dios y sólo Dios. Él suple lo que el mundo y sus criaturas no pueden dar. En su infinita Misericordia quedan ocultas nuestras miserias, olvidos e ingratitudes.

En la Apología del trapense:

Es alegre y dichoso de ver la bondad de Dios reflejada en las criaturas, de palpar su misericordia y el amor de Jesús… Le da gracias de haberle sacado del mundo lleno de peligros y pecados.

Pero la experiencia personal de la misericordia de Dios la hará Rafael en carne propia, y sabrá interpretar los avatares y sufrimientos de su vida, no como algo negativo, sino como la manifestación de Dios en su misericordia que le va a transformar poco a poco hasta llevarle a la aceptación plena de su enfermedad, e incluso de la muerte. Algunos textos del santo para confirmarlo.

En la Apología del trapense:

Si el monje se retira del claustro, es para alabar a Dios con más facilidad y sin distracciones… La salmodia, el silencio, le ayudan a ello; piensa en los pecados de los hombres para pedir por ellos y desagraviar al Señor; piensa en los que son desgraciados en la tierra, y en los que son felices, pidiendo para todos misericordia.

En mi cuaderno:

Soy feliz con lo que tengo; a nada aspiro, que no sea a Dios, y a Dios le tengo en la pequeña cruz de mi enfermedad. ¿De qué me puedo quejar?… ¡Si en mi vida no veo más que misericordias divinas!… ¡Cómo se ensancha el alma al ver la misericordia de Dios! «En la tribulación me ensanchasteis», dice el profeta David.

Y el hermano Tescelino, le escribe:

Cuando serenamente, contemplo todas las maravillas que Él hace conmigo, a pesar de mi obstinación a la gracia, a pesar de no encontrar en mi más que egoísmo, olvidos y pecados de todo género…, entonces el aturdimiento se convierte en una maravillosa luz, que me habla de las grandezas de Dios, de su infinita misericordia.

Profundizar en la misericordia de Dios le ha llevado a comprender, a interiorizar los misterios de la acción de Dios en el hombre, y por ello llegará a aceptar su enfermedad y su muerte como el misterio de Dios en su vida. A su tío Leopoldo le llega a afirmar: la gran misericordia de Dios es una buena muerte; ahí se acaba todo…toda esa serie de cosas que nos rodean…, y entonces no hay más que una cosa… Dios.

Para Rafael una de las manifestaciones más hermosas de la misericordia de Dios ha sido el entregarnos a su Madre la Virgen María. Lo afirmará en distintas ocasiones, pero creo que hay dos momentos en los que lo expresa con una fuerza y un lirismo insuperable:

A su tío Polín: ¿Cómo no amar a Dios, viendo su infinita bondad que llega a poner como intercesora entre Él y los hombres, a una criatura como María, que todo es dulzura, que todo es paz, que suaviza las amarguras del hombre sobre la tierra, poniendo una nota tan dulce de esperanza en el pecador, en el afligido…, que es Madre de los que lloran, que es estrella en la noche del navegante, que es…, no sé…, es la Virgen María? ¿Cómo no bendecir, pues, a Dios, con todas nuestras fuerzas al ver su gran misericordia para con el hombre, poniendo entre el cielo y la tierra, a la Santísima Virgen?

Y en sus meditaciones del cuaderno Dios y mi alma:

¡Ah!, Virgen María…, he aquí la gran misericordia de Dios… He aquí cómo Dios va obrando en mi alma, a veces en la desolación, a veces en el consuelo, pero siempre para enseñarme que sólo en Él tengo que poner mi corazón, que sólo en Él he de vivir, que sólo a Él he de amar, de querer, esperar…, en pura fe, sin consuelo ni ayuda de humana criatura.

Para terminar, afirmando:

¡Qué grande es la misericordia de Dios!

San Rafael sigue siendo para todos un modelo de virtudes cristianas, y entre ellas la misericordia es también fuente de experiencia de Dios que le ha enseñado a aceptar su enfermedad e incluso la muerte, y comprender que en las entrañas de misericordia de nuestro Dios encontramos nuestro refugio y nuestro consuelo. Ojalá que todos hagamos la experiencia de la misericordia de Dios en nuestra vida como lo hizo San Rafael Arnáiz.

P. Enrique Trigueros.

San Rafael Arnáiz Barón (Boletín informativo, Enero – Junio 2016, nº 184)

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Festividad de San Rafael Arnáiz Barón

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