Meditación en Jesús (poema)

Meditación

Yo he sentido, Jesús mío recordando los momentos
que, clavado en el Madero, por nosotros padeciste,
el deseo expiatorio de sufrir yo los tormentos que
sufriste.

Llevar clavada en mi frente la corona que llevaste
y sentir en mi costado penetrar el hierro frio,
y perdonar los agravios, como Tú los perdonaste,
Jesús mío.

Mártir Divino, al que un día, llenos de dulces fervores
tus discípulos, absortos, tus palabras escuchaban
en las orillas del río o en los campos que las flores
esmaltaban.

Que tus palabras Divinas suenen siempre en mis oídos
y mis pasos se encaminen a la Gloria prometida;
mira que hoy lloro, Dios mío, los errores cometidos
en mi vida.

Y el día que ya la muerte me llame a infinita calma
y de mis ojos, velados, se borren seres y trazos
yo quisiera, Jesús mío, que recogieses mi alma
en tus brazos.

Te lo pido por los clavos que tus miembros traspasaron,
por la última plegaria que cruzara por tu mente,
por la corona de espinas que los hombres te clavaron
en la frente.

Por la pena de tu Madre, en un rictus doloroso,
en aquel aciago día de tristezas y de espanto,
en tus pies martirizados vertió el raudal amoroso
de su llanto.

Mi corazón dolorido tu misericordia implora;
no permitas que me aparte del camino de la luz,
¡Por el llanto de tu Madre y la imagen redentora
de la Cruz!

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