A la Soledad (en su tránsito de la noche del Viernes)

A la Soledad (en su tránsito de la noche del Viernes)

Déjame ser el pañuelo
en tu mano de azucena
para enjugar tu llanto.

Y ser la cera encendida
en esta noche tremenda
de soledad, alumbrando
el silencio de las sombras
y el silencio de tus pasos.

Déjame ser el incienso
para perfumar el aire.
Y amapola. Y rosa. Y nardo.

Y déjame ser el viento.
Y torrente. Y lluvia. Y trueno.
Y convertirme en tormenta
rugiente, por tu calvario,

Y de tus pies la sandalia.
Y déjame ser el árbol,
que dé sombra a tu camino
y a tu caminar descanso.

Déjame ser en tu herido
corazón, consuelo,
haciendo mío tu dolor
y ese reposado llanto…

                      José Rodríguez Batllori. Abril de 1982.

Imagen: Nuestra Señora de la Soledad de la Portería. Iglesia de San Francisco de Asís, Las Palmas de G.C. (Foto: José Ubay)

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