Ecce Homo (Sonetos)

ECCE HOMO

Soneto

Ve aquí al hombre dechado de hermosura,
De candor virginal, manso cordero;
Al que es del claro cielo el reverbero,
Convertido en oprobio su figura!

¡Al Hijo de la Madre Virgen pura,
Vele ahí, entregado al dolor fiero;
Al que es santo y es sabio por entero.
Con túnica vestido de locura!

Mas contempla después su faz serena,
Y mira su dulzura peregrina.
En medio a los estragos de la pena…

¿No es verdad que la gloria la ilumina,
A pesar que de sangre se ve llena?
—¡Pues di ya que es de Dios la faz divina!

                                  Ventura F . López

(Imagen: Dibujo de P. Gutierrez Aragón)

* * *

ECCE HOMO

Las sienes de mi Dios martirizadas
por espinas agudas rigurosas!…
¡La plebe inicua que en su faz gloriosa
le descarga terribles bofetadas!
¿Quién puede concebir tanta vileza
ni en corazones fieros como tigres?
¡Bárbaro pueblo tu deicidio horrible
realza más de Cristo la grandeza!
Que su humildad no cabe en los mortales,
ni su piedad se encuentra en este mundo,
ni hay amor grande que a su amor iguale.
Qué exhaustos ya sus labios, moribundos,
piden perdón por los que de sus males;
hacen befa y escarnio furibundos.

´                    Cándida J. del Castillo

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