Festividad de San José, Día del Padre

El que ama a Jesús y a María tiene que amar también a José.

San José, esposo de la Santísima Virgen: ¡Esposo de la Santísima Virgen y padre nutricio del Salvador! Habiendo escogido el Señor a San José para estos fines en la tierra ¡cuánta sería su virtud, cuántas gracias le daría para tan sublimes cargos! Le sabemos, por el Evangelio, religiosamente observante de la ley; solícito con Jesús y con María; obediente a los mandatos del Señor; humilde, casto, noble… El libro sagrado resume todas estas virtudes con esta palabra “…era justo”.

Saquemos nosotros, de esta expresión “justo” el sentido de la piedad verdadera. La piedad nutrida con el amor de Dios, cuyo fruto es la perfección.

La verdadera virtud, como la de San José, no tiene luz propia, sino la que le da Jesús y María; no es rígida, áspera, insociable: se da a todos, pero, aborrece la ostentación; es tesoro, pero tesoro escondido. Su aire no es austero, ni frío; tampoco de un celo arrebatador. Su carácter es de sencillez, de ecuanimidad, de perseverancia; gana el entendimiento por la solidez de su doctrina, y conquista el corazón por su dulzura y su modestia. Su mérito no depende ni del capricho, ni de la apreciación de los hombres porque fines elevadísimos la sostiene. Por humildes sendas ha subido alta y encuentra en las obligaciones de estado un camino seguro, firme y sólido hacia más altas perfecciones: “Siempre hace lo que Dios quiere, y siempre quiere lo que Dios hace”.

La verdadera virtud debe ser inseparable del cristiano inseparable de los miembros de nuestra A. C. En San José encontraremos el modelo, el protector: su humildad, su dulzura, su mortificación, su recogimiento, su perfecta sujeción a la voluntad de Dios, su amor a Jesús y a María. Pidamos todas estas virtudes al Santo que más elevado está en la Gloria, que tiene mayor poder con Dios y con la Santísima Virgen. Tomémosle por protector de nuestra familia; inspiremos su devoción a nuestros hijos y sirvientes.

Bendito sea el padre bueno y sufridor: el que trabaja duramente y con honradez para llevar el pan a su familia; el que ama a su mujer, a sus hijos;  el que se preocupa por cómo llegar a fin de mes; el que sufre por la enfermedad de su hijo, el que sonríe al verle crecer, el que se emociona al ver los logros importantes de sus hijos; el que ya en el ocaso de su vida hace balance con satisfacción.

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