La Inmaculada Concepción: Tres miradas

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¡Bendita Tú, María Inmaculada!,
que eres la salvación de los creyentes,
escucha nuestras súplicas fervientes,
envuélvenos ¡oh Madre! en tu mirada.

I. Hacia las alturas

Festividad de la Inmaculada Concepción. Día de la “Purísima”, como llama el pueblo a María en su misterio augusto, con esa profundidad intuitiva que sólo tiene su origen en una fe sencilla y recia.
La Concepción Inmaculada de María. Nada, en Ella, de indigencia sobrenatural, nunca mancha alguna, jamás alejamiento de Dios; desde el primer instante, la gracia adorna y llena su alma…
Si Dios la introduce en el mundo con esta plenitud de inocencia y de santidad, es que la prevé en la misión a que la destina y la prepara su amor eterno.
La concepción inmaculada es la victoria completa de la Madre de Dios. Será la colaboradora de su Hijo en la destrucción del pecado. Rescatada por El, ha de cooperar a la redención del mundo. Estará siempre junto a El: en la lucha y en el triunfo. María desde el primer momento de su ser, está separada de la multitud de los rescatados; puesta en otro orden; dotada de vida sobrenatural y operante. Su alma es ya jardín de delicias…

II. Hacia la tierra

Al llegar la fiesta de la Inmaculada, la mirada del católico lleva empañada su gozo por un fondo de tristeza. Corren tiempos de mucha irreflexión. Días de craso materialismo. Y nos falta a todos un poco del recto sentido de la CARIDAD CRISTIANA.
Anteponemos, con harta frecuencia, a lo grande, vital y de urgencia, las pequeñeces cotidianas, y luchamos demasiado ensañadamente por cosas deleznables. Curémonos de los excesos y pongamos la marida en la altura, allí donde, limadas las asperezas, convergen los más nobles anhelos de nuestro pensar y de nuestro sentir. No estamos en los tiempos místicos de Lull y de Fray Luis de León, de Calderón y de Lope; aquellos tiempos en que las Universidades de Salamanca, de Alcalá, de Baeza, juraban defender el misterio mariano por antonomasia.
Es verdad que también, ahora, prometemos y juramos… Pero ¡qué débiles son nuestras promesas y qué faltos de consistencia son nuestros mismos juramentos! El viento de cualquier novedad nos arrastra. El dragón del comunismo nos amenaza; y los tentáculos de los diminutos Luteros se van extendiendo…
Abramos el Apocalipsis. El de San Juan, el del Vidente de la isla de Patmos. Allí, veremos para consuelo nuestro, cómo sobre el fondo negro de las abominaciones de la tierra, y de sus desolaciones, aparece la Virgen blanca, salvadora de los horrores y errores de todos los tiempos. La Mujer exenta que venció a Satán.

III. Hacia dentro

¿Cómo está nuestro Corazón? Purifiquemos, en el gran día de nuestra MADRE, las escorias del corazón. Nadie, como la Inmaculada, para volvernos limpios. El misterio de la Purísima Concepción tiene la virtud de depurar las concepciones de la mente humana, después de haber tenido la de eximir de impurezas al único cuerpo virginal exento del original pecado.
María, sublime y sencilla, extraordinaria y corriente, “diosa” y mujer, debe ser el modelo que purifique nuestras intenciones. Que, en la llama de su amor, se consuman, hoy, nuestras pasioncillas. Con alteza de miras, abramos la senda de la rectitud de intención, el camino de la pureza del ideal. Será el más férvido homenaje a la Inmaculada.

Revista Betania, diciembre de 1957. La Redacción.

* * *

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Oración

Oh Dios que por la Inmaculada Virgen preparaste digna morada a Tu Hijo, te suplicamos que así como a ella la preservaste de toda mancha en previsión de la muerte del mismo Hijo, nos concedas también que por medio de su intercesión, lleguemos a Tu presencia libres de todo pecado.

Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

Jaculatorias

Bendita sea la Santa e Inmaculada Concepción de la Gloriosa Virgen María, Madre de Dios.
Ave María

Oh María que entraste en el mundo sin mancha de culpa, obtén para mí de Dios la gracia de salir de él sin pecado.
Ave María

Oh Virgen María que nunca estuviste afeada con la mancha del pecado original, ni de ningún pecado actual, yo te encomiendo y confío la pureza de mi corazón.
Ave María

Por tu Inmaculada Concepción, Oh María haz puro mi cuerpo y santa el alma mía.
Ave María

Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que acudimos a Ti.
Ave María

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Imagen 1: “La Inmaculada Concepción”, óleo de Carlo F. Nuvolone.

Imagen 2: “La Inmaculada Concepción”, óleo de Fray Juan Sánchez Cotán.

Imagen 3: “La Inmaculada Concepción”, óleo de Juan de Miranda.

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