La sombra del Hermano de Asís

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Pocos hombres en la historia humana han sentido y vivido como Francisco esta paternidad universal de Dios, que le llevó a sentirse hermano de todo y de todos, llenando de contenido el término tan querido por él de la fraternidad. Esta conciencia de pertenecer a la gran familia de los hijos de Dios, le empujó a sembrar, con su testimonio y palabra, la paz más sincera con todas las criaturas. Por todo ello no es de extrañar que a pesar del sobrenombre de su ciudad natal Asís y, de que Mussolini en su entusiasmo nacionalista llegase a decir que San Francisco fue el más santo de los italianos y el más italiano de los santos, en estos días se haya dicho una y otra vez, que San Francisco no es pertenencia de una ciudad, ni de una nación, ni de una orden religiosa, ni siquiera de una Iglesia, es considerado como auténtico patrimonio del mundo entero y, ciertamente, él se tuvo como el más pequeño y el más humilde ciudadano del mundo, que aún hoy es imitado y admirado fuera de todo tipo de fronteras establecidas por la cicatería humana.

Fr. Manuel Castrillo, C.F.M.

* * *

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La sombra del Hermano de Asís

De un humilde peregrino
cuenta el pueblo de Toscana
una historia prodigiosa
saturada de fragancia;
Fiel relato que conmueve
lo más hondo de las almas,
de las almas que escudriñan
buceando en limpia fuente
las devotas tradiciones de la raza…

Yo percibo entre mis sueños,
por la tierra agreste y parda
una sombra lenta y suave,
una sombra solitaria
que en el aire va dejando
un reguero luminoso al hollar de sus sandalias;
es la sombra de otros tiempos,
de otra edad noble y lejana
cuyo trazo vigoroso,
cuya línea consagrada
puso cerco a los castillos
frente al cerco de las lanzas,
sin temor de los guerreros
el estruendo de las armas
ni los bélicos sonidos
que emitían los clarines desde el mar a la montaña.

Es la sombra cuyos brazos
ampararon al humilde en las noches de borrasca.
Es la sombra que recorre
los senderos polvorientos, las estepas desoladas,
y al portal de la pobreza
sonriente y compasiva se acercaba…
Y más tarde se perdía, eminente y temblorosa
como el rastro de una estrella fugitiva que se apaga.

Sacra sombra que errabunda,
incansable relataba
las doctrinas del Maestro, en el fondo de los bosques,
a las piedras y a las aguas…
Evangélica figura
cuya frente circundada
por la fe resplandeciente,
por un rayo de esperanza,
en el seno de los siglos
sus rosales legendarios aún esplenden rosas blancas.

Oh, el humilde peregrino
de los valles de Toscana;
el seráfico viajero
con aroma de plegaria,
que sufriendo los desdenes
de los hijos de la patria,
nunca tuvo ni un reproche,
ni un eco amargo su palabra;
su palabra que el viento se extinguía…

Y la luz de su mirada
en las hondas agonías del ocaso
¡con qué extraños resplandores fulguraba!
¡Cuántas veces en mis sueños,
esta sombra dulce y vaga,
el lumínico sendero me han mostrado
al pasar como una ráfaga;
y el perfume de una rosa
de una albura inmaculada
ha caído cual rocío, como lluvia bienhechora
en la sima tenebrosa de mi alma!

Yo que vago solitario
por la estepa desolada
quiero ver tras de las nieblas de mis culpas,
como rayo de esperanza
el divino claror suave
que en el oro de la gloria van dejando sus sandalias.

                               José Hernández Amador

* * *

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Oración a San Francisco de Asís 

Oh San Francisco,
que recibiste los estigmas en La Verna,
el mundo tiene nostalgia de ti
como icono de Jesús crucificado.

Tiene necesidad de tu corazón
abierto a Dios y al hombre,
de tus pies descalzos y heridos,
y de tus manos traspasadas e implorantes.

Tiene nostalgia de tu voz débil,
pero fuerte por el poder del Evangelio.

Ayuda, Francisco, a los hombres de hoy
a reconocer el mal del pecado
y a buscar su purificación en la penitencia.

Ayúdalos a liberarse también
de las estructuras de pecado,
que oprimen a la sociedad actual.

Reaviva en la conciencia de los gobernantes
la urgencia de la paz
en las naciones y entre los pueblos.

Infunde en los jóvenes tu lozanía de vida,
capaz de contrastar las insidias
de las múltiples culturas de muerte.

A los ofendidos por cualquier tipo de maldad
concédeles, Francisco,
tu alegría de saber perdonar.

A todos los crucificados por el sufrimiento,
el hambre y la guerra,
ábreles de nuevo las puertas de la esperanza.

Amén.

(Oración de San Juan Pablo II)

Enlaces recomendados:

El Hermano de Asís

“San Francisco de Asís, el amigo universal”, P. Ángel Peña, O.A.R (libro en pdf)

Fotos de la imagen de San Francisco de Asís: Juan Luis Bardón G.

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