Los Santos Ángeles Custodios, nuestros fieles protectores

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Yo mandaré un ángel delante de ti para que te defienda en el camino y te haga llegar al lugar que te he dispuesto. Acátale y escucha su voz, no le resistas. (Ex 23, 20-22).

Es innegable, dice San Jerónimo, que ninguna cosa contribuye tanto a formar un elevado concepto de la dignidad de nuestra alma, como lo que Dios hizo por ella, y singularmente el haber destinado a cada una un ángel desde el día de su nacimiento, para que la guardase de tantos escollos e inconvenientes a la que se encuentra expuesta.

Es tanto el amor y el cuidado que Dios tiene del género humano, que a todo hombre y mujer, desde el nacimiento, se le asigna un santo Ángel de la Guarda, que siempre está atentísimo para librarnos de todo cuanto pueda dañar nuestra alma: avisándonos, quitándonos obstáculos, enseñándonos permanentemente el modo más perfecto de servir a Dios Nuestro Señor. Y no por que le resistamos y desobedezcamos se enfada y cansa; antes bien, siempre está diligentísimo para todo nuestro bien.

Acompañados constantemente de nuestro Ángel Custodio, amigo fiel y verdadero, aun cuando en alguna ocasión parezca que se separa de nosotros, jamás nos pierde de vista; y deberíamos avergonzarnos de hacer en su presencia lo que nos avergonzaríamos hacer delante de nuestros semejantes.

Un enemigo tenemos que desea y procura intensamente nuestra perdición, cual es el demonio. La mayor defensa de nuestro Ángel Custodio es contra las acechanzas de aquél, enemigo enconado de nuestra salvación. Precisamente por ello, debemos encomendarnos fervorosamente a nuestro Santo Ángel, para que nos ampare en vida y muerte.

El Ángel Custodio es tan solícito, que con el mayor de los empeños procura nuestro bien por su infinito amor a Dios y a nosotros.

* * *

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Himno de Laudes al Santo Ángel de la Guarda

Ángel santo de la guarda, compañero de mi vida, tú que nunca me abandonas, ni de noche ni de día.

Aunque espíritu invisible, sé que te hallas a mi lado, escuchas mis oraciones y cuenta todos mis pasos.

En las sombras de la noche, me defiendes del demonio, tendiendo sobre mi pecho tus alas de nácar y oro.

Ángel de Dios, que yo escuche tu mensaje y que lo siga, que vaya siempre contigo hacia Dios, que me lo envía.

Testigo de lo invisible, presencia del cielo amiga, gracias por tu fiel custodia, gracias por tu compañía.

En presencia de los Ángeles, suba al cielo nuestro canto: gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo. Amén.

Ángel de Dios

Ángel de Dios, bajo cuya custodia me puso el Señor con amorosa piedad, a mí que soy tu encomendado, alúmbrame hoy, guárdame, rígeme y gobiérname. Amén.

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Enlace recomendado:

“Ángeles en acción”, por el P. Ángel Peña Benito, O.A.R (librito en pdf)

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