Santo Cristo de La Laguna

Santo Cristo de La Laguna

Música callada y soledad sonora. Así podríamos describir en frase poético-mística la semblanza espiritual de la vieja Ciudad de La Laguna. Música callada de sus templos, joyeles de arte y de esplendor incomparable, y de sus casas solariegas y de sus amplias avenidas y del chispear del diálogo de la naturaleza con el Cielo. Soledad sonora de sus tradiciones ininterrumpidas, de sus calles dormidas, de su sabor tranquilo…

Soledad sonora del Cristo de La Laguna. El convento de San Miguel de las Victorias es cofre de sándalo preciosísimo que guarda la vibración más solemne de espiritualidad de La Laguna, el Stmo. Cristo. Los P. P. Franciscanos son los celosos custodios de esta devoción clásica lagunera y nunca puede tener más realidad el escudo de la orden seráfica que en este santuario, en donde el brazo de Cristo y de Francisco se unen en concento de amores.

El mes de Septiembre esconde el grito de la soledad sonora de esta estampa clásica. Está consagrado por entero al Stmo. Cristo. Desde el fondo de la llanura sube más alto que los montes la gloria ensangrentada del Cristo como una flecha de amor lanzada al azul o como un grito de solidaridad anunciando al mundo y a España la fe de un pueblo. Tal vez sea una fe muerta o desviada. Pero… decir Cristo de la Laguna para un lagunero es decir un mundo de estrellas y de ilusiones y de amores; gritos hirvientes de dolor convertidos en mares suaves de calmas, tempestades de desolaciones trocadas en rosicleres mansos de aurora, gritos hirvientes de sangre convertidos en gritos hirvientes de gratitud. Eso quieren decir los exvotos que penden a la entrada de su santuario, arco de triunfo por donde El pasa derramando sus beneficios. Eso dicen las lágrimas que se vierten ante El y las rodillas que se doblan y los labios que musitan plegarias.

Y cuando en la tarde del 14 de Septiembre, a la luz pálida del crepúsculo vespertino, la gloria jadeante del Cristo recorta su silueta entre un mar humano que le aplaude, el volcán musical de policromías que brota del «risco» en sus célebres fuegos de artificio es la inmensa sinfonía de un pueblo callado y recogido, envuelto en músicas calladas y soledades sonoras que estallan, por amor a su Cristo, en explosión de júbilo agradecido.

Leopoldo Morales Armas. Septiembre, 1944.

Santo Cristo de La Laguna 1 (2)

Cristo de La Laguna. Luz muriente.
Reencarnación sublime del Calvario.
Mi pobre corazón humildemente,
ha querido hoy posar en Tu santuario.

Cuántas horas pasé con el breviario
en mis manos; mis ojos en Tus ojos.
Y cuántas ¡oh! Señor cual visionario
perdí Tu ruta y me cubrí de abrojos.

A dónde voy ?… el faro del destino
me brindará su luz; y en mi camino
aún he de hallar el polvo de Tus huellas.

Y seguiré adelante mi sendero;
y me erguiré colgado en mi madero
en interrogación a las estrellas.

                      Manuel Castañeda González (1941)

* * *

Santo Cristo de la Laguna

Viernes Santo en La Laguna

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