Hermano Francisco Gárate, S.J., el amigo servicial

Beato-Francisco-Garate

El Hermano Francisco Gárate, de la Compañía de Jesús

El H. Francisco Gárate es un siervo de Dios, un gran siervo de Dios, de esos que cautivan el corazón de los sencillos, de los humildes, de los pobres, de todos los que saben comprender la augusta sublimidad de un alma siempre inalterada, de unos labios en perpetua sonrisa, de unas manos en constantes obras de misericordia, de unos ojos dulces y blandos con mirada de bondad y de luz y de alegría y de amparo.

El H. Gárate es casi un símbolo de aquella caridad honda y sin fulgores llamativos; pero en incandescente ardimiento, dispuesto al alivio de los desvalidos con atentísima conmiseración; en atisbos largos de obras de misericordia y de aliento que otorga benigna, graciosa y desinteresadamente… a todos.

El H. Francisco Gárate nació entre castaños y maizales, en el silencio y paz cristiana de uno de esos caseríos vascos típicos, que a la puerta llevan el emparrado de unas vides y dentro la armonía familiar y un buen pasar, fruto de la frugalidad y de las costumbres sanas de sus moradores. El caserío que oyó los primeros vagidos del H. Gárate tiene el privilegio de recostarse en los muros mismos del Colegio de Loyola y de cubrirse con la sombra de la gran cúpula de la Basílica ignaciana.

Nació Gárate, el 3 de febrero de 1857. Su niñez se deslizó en la paz del valle riente, en quietud y piedad… Después, Dios, que le había escogido para sí, le condujo a la Compañía de Jesús el día 2 de febrero de 1874. Los jesuitas españoles estaban en Francia y a ellos se sumó Gárate, jovencito, en el destierro.

Y fue jesuita íntegro, en plenitud. Y pasó su vida en el estado de humildad que se llama Hermano Coadjutor. Pero fue más feliz que los reyes, más rico que los plutócratas, más señor de sí que todos los que mandan ejércitos. Con una fidelidad a la obediencia imponderable. Con una inaltabilidad de espíritu que casi hace desesperar a los que sienten con viveza las idas y venidas, los giros de una naturaleza tornadiza más que veleta en campanario.

Porque el H. Gárate fue portero, durante cuarenta y un años en la portería de la Universidad de Deusto. Y en ella —difícil, ciertamente de desempeñar— conservó la calma y la paz y la sonrisa del alma, porque conservó la igualdad de la estima para con todos y de la caridad y de la misericordia para con los pobres de cuerpo y de espíritu.

Cuarenta y un años vivió así, con pasmo de propios y de extraños… Tenía una memoria prodigiosa para reconocer a las personas aun por el solo timbre de su voz a través del teléfono y a lo largo de muchos años de ausencia, y aunque solamente las hubiera saludado una vez personalmente.

Sería un don extraordinario de Dios, no hay duda, aunque se lo otorgara por vía de una naturaleza privilegiada.

Era hombre de singular oración y unión con Dios, de silencio, ponderado y discreto, finísimo de trato, dispuesto siempre a sacrificarse sin distingos, a ayudar a cualquiera que tuviera necesidad de sus servicios. En todos veía la imagen de Dios. Así vivió… Y se murió como se mueren los santos. Como si supiera la hora del tránsito, sereno, devoro; Se durmió en el Señor. Así, se durmió, el día de la Virgen de Aránzazu, Patrona de Guipúzcoa, 9 de Septiembre del año 1929.

Se fue de este mundo sin ruido, silencioso, como había vivido. Pero quedó de su paso el suave perfume de unas virtudes heroicas y el atractivo irresistible de su memoria en todos los que le conocieron. Y por eso se le invoca hoy, con confianza. Le invocan los pobres y los enfermos y los estudiantes… Y sabemos que los escucha con prontitud.

¹Por todo, esperamos su pronta beatificación. Para ello no solo concederá grandes gracias temporales y espirituales, como hasta el presente; sino que obrará, por la benignidad de Dios, grandes milagros. Así lo creemos.

Pedro Toni Ruiz, S. J.

Bilbao, julio 1942.

¹ El Hermano Gárate fue beatificado el 6 de octubre de 1985 por Juan Pablo II.

Gárate

Oraciones

Dios de vida y del amor, que hicisteis partícipe al Hermano Francisco Gárate de las mejores virtudes que pueden acompañar a un hombre en la tierra: amor, servicio y humildad, glorificad a vuestro siervo ante la Iglesia, atendiendo la gracia que os pido por su intercesión (pídase la gracia deseada). Pero si esto que os pido no es conforme a vuestra santísima voluntad, concededme lo que conduzca a vuestra mayor gloria y bien de mi alma. (Padrenuestro, Avemaría y Gloria)

Amorosísimo Dios, que nos mostrasteis con las admirables virtudes del beato H. Francisco Gárate, cuán dichosa es a vuestros ojos la vida escondida en humildad, obediencia y trabajo: dignaos glorificar a vuestro siervo ante la Iglesia, concediéndonos la gracia que pedimos por su intercesión, si ha de ser para vuestra mayor gloria y bien de nuestras almas. Así Sea. (Padrenuestro, Avemaría y Gloria)

Enlace recomendado: Beato Gárate: hacia la canonización

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