Genio y semblanza de Fray Martín de Porres

genio y semblanza

Genio y semblanza del santo varón limeño de origen africano (Fray Martín de Porras)

Por J.P. Tardieu (Universitè de la Rèunión)

Llegados al Perú con los conquistadores, los negros constituyeron un motivo de preocupación para la Iglesia. Su número fue creciendo de tal manera que se les consideró muy pronto como un factor de desestabilización de la sociedad colonial. Eran una amenaza no sólo para el bienestar de los españoles, sino también para la vida espiritual de los Indios a quienes daban un mal ejemplo cuando no les maltrataban. Convenía pues ocuparse de la educación religiosa de estos hombres que llegaban de África sin ningún conocimiento a este respecto. Los jesuitas, frente a los descuidos del clero secular, se encargaron de su evangelización*. Uno de los resultados de este trabajo fue que algunos hombres de origen africano obtuvieron en Lima fama de santos. Los más conocidos fueron mulatos, lo que no deja de plantear ciertos problemas en cuanto al significado de su vida.

EL SANTO MULATO

Fray Martín de Porras

Bautizado el miércoles 9 de diciembre de 1579 en la parroquia de San Sebastián en Lima, Martín es declarado de padre desconocido. Su madre, Ana Velázquez, es una negra libre. Las deposiciones de los miembros de la familia paterna durante la encuesta para el proceso de beatificación permiten llenar el vacío a propósito del origen de Martín, en particular la de Andrés Marcos de Miranda, primo de su padre. Martín era el hijo natural de don Juan de Porras, caballero de la orden de Alcántara, y de Ana Velázquez, negra horra oriunda de la ciudad de Panamá. Dos días después de esta declaración, doña Ana Contero confirmó este origen, a pesar de que don Juan se había casado con una de sus tías. Antes de ir más lejos, cabe insistir en la nobleza de don Juan. Pertenece a una orden prestigiosa reservada a los hombres de los mejores orígenes que han prestado grandes servicios a la Corona. Hasta llegó a ser gobernador de Panamá…

Según los testigos del proceso, el niño manifestó desde la más tierna infancia predisposiciones para el recogimiento y la oración, a la inversa de los niños del mismo origen. Por cierto, no pudo pretender seguir las huellas de su padre, teniendo que contentarse con aprender el oficio de barbero. En aquella época, sin embargo, era el primer paso para acceder al estado de cirujano. Le incitó su piedad a solicitar el hábito de converso en el convento de Santo Domingo, cercano a su domicilio. Su padre había intervenido para que se le autorizara a no contentarse con la humilde condición de donado. El día 2 de enero de 1603, Martín pronunció sus votos de hermano lego.

Martín se pasó toda la vida en el modesto empleo que ocupó desde su entrada en el convento. Bajo la dirección de su padre enfermero, consagró sus esfuerzos a la enfermería del establecimiento. Allí cuidó a los frailes, a los criados, entre los cuales había numerosos negros, y a los pobres que, por no tener los recursos necesarios para consultar a un médico o a un cirujano, o para comprar medicinas, contaban con la generosidad de los padres y esperaban desde el amanecer la apertura de las puertas. No sólo había negros o indios entre estos desgraciados: la caridad de fray Martín también se manifestó a favor de numerosos españoles. En la asistencia que prestaba a sus enfermos, solía utilizar medicinas compuestas por él mismo con plantas medicinales que cultivaba en el huerto del convento. Su generosidad le llevaba a sembrarlas en las afueras de Lima, como en Lurigancho por ejemplo, o en la hacienda del convento, en Limatambo, donde cuidaba a los esclavos. También tenía bajo su responsabilidad la ropería de la casa. En una dependencia de este servicio, instaló su celda donde acogía de vez en cuando a algún necesitado como el joven Juan Vázquez de Parra, a quien consideró probablemente como a su hijo, e incluso a algún perro abandonado. Repartía las limosnas de los donadores a quienes no dejaba de solicitar. Además los testimonios evocan unas ocupaciones muy apremiantes, como la de tocar a oficios, y hasta repelentes, como la de limpiar las letrinas. Merced al desempeño de estos cargos y el carácter excepcional de su vida religiosa fue como adquirió Martín fama de santo. Lo extraño es que otro mulato siguió un camino parecido en casa de los agustinos… Texto completo (pdf): AQUÍ

Fuente. centroafrobogota.org

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