San Pedro de Verona (San Pedro Mártir), fraile dominico mártir

San Pedro de Verona 1

*San Pedro Mártir

Gran Canaria, la tierra de los hombres generosos y valientes, se uniría para siempre a Castilla, madre de los pueblos y creadora del derecho de gentes. Aquel día, San Pedro de Verona, Apóstol y Mártir de la Fe contemplaría, desde el cielo, el nacimiento de la fe de un pueblo noble y el abrazo de las razas generosas.

¿Quién es Pedro de Verona? Permitidme que le sitúe en su época, entre los hombres de su tiempo.

Hoy, difícilmente, llegamos a formamos una idea exacta del hombre medieval. Le imaginamos recluido en un estrecho círculo de vida material, sin preocupaciones superiores, sin inquietudes espiritualistas, sin luchas religiosas, indiferentes a todo anhelo científico, embrutecido y ajeno a todo afán de reflexión y examen personal. Pero vista de cerca aquella Edad Media, enorme y delicada, veremos en ella los más peregrinos y dramáticos contrastes: rebeldía contra toda dominación por aquellos hombres de pasiones enérgicas que, después de imponerse con actos de violencia y de barbarie, expiaba sus crímenes en la paz de un claustro; ignorancia y superstición, y a la vez apetito insaciable de saber; austeridad de vida al lado de la anarquía; la santidad con la aberración; la caridad más exquisita frente al odio más feroz; en suma, la barbarie moderada por el cristianismo, y el cristianismo manchado por la barbarie.

Tal es el medio en que se desarrolla la vida de San Pedro de Verona. Nace en un lugar herético. Enjambres de herejías pululan, alrededor de mil albigenses cátaros patarinos… En su infancia se encontró Pedro muchas veces con el gran problema que preocupaba al hombre medieval.

De mayor, comprendió el peligro que rodeó a su infancia, y su fe se hizo más firme, más clara, más consciente, y un día, providencialmente, se encontró con Santo Domingo de Guzmán y le pidió el hábito de los hermanos Predicadores. Allí comenzó su misión: convertir herejes, defender la, verdad, combatir los errores que habían sido objeto de sus controversias infalibles. Sus enemigos más acendrados son los patarinos. Nadie los conoce como él. Con ellos derramó Pedro sus palabras, su sudor, y su sangre. Es inquisidor, al mismo tiempo que predicador. El desorden había hecho de Italia un verdadero caos. Se atacaba la justicia, la propiedad, la autoridad, la familia: la base de la sociedad estaba en peligro. Todas las repúblicas italianas habían decretado órdenes terribles contra los herejes. La herejía era considerada como delito civil. Cuando la autoridad no intervenía, el pueblo se encargaba de vengarlo en horribles matanzas.

La Iglesia intervino también y apareció la inquisición, como un sustituto de las matanzas en masa y de los consejos de guerra, mucho más suaves, más legal, y más preocupado de librar del castigo a los inocentes y a los arrepentidos.

Pedro fue uno de los primeros inquisidores, pero de él no puede decirse que alumbre su camino con hogueras. Al contrario, la luz de la verdad brilla por donde quiera que pasa. Hay tal fuerza de convicción en sus palabras que los herejes tiemblan más ante sus argumentos que ante su hopa inquisitorial. Le aman y le odian a la vez; le aman por su bondad y le odian porque, sin necesidad de verdugos ni torturas, sus iglesias quedan vacías.

El odio de los herejes empieza cada día más a perseguirle con saña. Su vida peligra pero él sigue sin acobardarse.

Un día predicando en San Eustorgio de Milán hace un anuncio profético: “Yo sé que las sinagogas de los malvados han decidido mi muerte; sé que ya está depositado el dinero que se ha de dar al asesino… No tardarán en darse cuenta de que mi muerte va a hacerles más daño que mi vida”. Quince días más tarde atravesando un bosque entre Milán y Como el sicario sale de la espesura y le hiere en la cabeza y Pedro, con su propia sangre, escribe en el suelo la palabra “Credo” y dejó de existir.

Sobre su tumba escribieron estos versos de Santo Tomás de Aquino: “El pregón, la lámpara, el atleta de Cristo, del pueblo y de la fe, aquí calla, aquí se esconde, aquí yace inicuamente inmolado; voz dulce para las ovejas, luz amable para las almas, espada del Verbo, cayó al golpe malvado del puñal”. Así llora el Dr. al Mártir.

Hoy, ante la crisis y huida de las ideas, ante el ritmo trepidante del mundo moderno, ante la civilización del consumo, ante la psicosis sexual, ante la rebeldía de los jóvenes, ante la desintegración de la familia, las palabras no bastan. Hoy que las tradiciones se tambalean, que las viejas fórmulas se ponen en duda, es necesario más que palabras hechas vida en testimonio sangrante vivencial para ablandar la dureza de las mentes por un mundo materialista.

Por eso la entrega generosa de Pedro de Verona puede ser luz que ilumine los caminos, del mundo hambriento de espíritu, aunque agitado por los nuevos ídolos: la técnica y la invasión sexual.

Estas tierras resecas son el patrimonio de viejos encuentros: de siglos de silencios, de vientos prolongados, de soles abrasadores, de emporios agrícolas; pero también son tierras de sudores y lágrimas amasados en el trabajo; de hombres cansados pero abiertos a la esperanza; de hombres pobres pero generosos…

Para esa juventud mi mensaje. Un mensaje de esperanza. Vosotros, jóvenes, sois la esperanza. Vuestro es el mundo del futuro y tenéis que recoger la antorcha de manos de vuestros mayores. Hoy hay mucha superficialidad. Se vive muy deprisa. A ritmo vertiginoso. No da tiempo a pensar. Los jóvenes se dejan impresionar por los aconteceres espectaculares. No da tiempo a la reflexión.

Hoy se habla de libertad. Se quiere una vida sin complicaciones. Sed responsables, libres pero con reflexión. Buscad la verdad: esa verdad que según Pablo, el apóstol, os hará libres. Sed responsables. Hay que profundizar en las grandes interrogantes que se plantea el mundo moderno.

Sin la juventud el mundo no tendría alegría, optimismo, esperanza. Tenéis que llenar este mundo pesimista y desesperado de optimismo, de alegría y de esperanza.

Para ello se necesita todo vuestro entusiasmo en la vertiente cristiana. Vuestro papel en la iglesia es decisivo. Vosotros, jóvenes, sois la Iglesia del mañana. Ella está en vuestras manos. Se oye decir que no os gusta la Iglesia. De vosotros depende el mejorarla. No podéis privar al mundo del único principio salvador…

Francisco Suárez de la Cruz. Pregón de las primeras fiestas de San Pedro Mártir en el Doctoral, Santa Lucía de Tirajana, abril de 1972. Extracto.

* * *

San Pedro de Verona

Dios omnipotente, haced benignamente que imitemos con un celo digno de Vos la fe del bienaventurado Pedro, vuestro mártir, quien, por la propagación de esta misma fe, mereció recibir la palma del martirio.  Por J. C. N. S.

San Pedro de Verona, Mártir (P. Juan Croisset, S.J.)

*San Pedro Mártir, protomártir dominico, es el patrono de Gran Canaria. Su festividad se celebra el 29 de abril; y el 4 de junio en el calendario de la Orden de Predicadores, conmemoración de la traslación de sus reliquias (4 de junio de 1430).

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Un comentario el “San Pedro de Verona (San Pedro Mártir), fraile dominico mártir

  1. CIRCULO CULTURAL DE POETAS LATINOS dice:

    Me encontre con un hermoso poe: LA SOMBRE DEL HERMANO DE ASIS. Y me llené de emosión por lo que con todo agrado les comparto uno de mi autoría:

    Yo soy el Lobo
    http://www.poemas-del-alma.com/blog/mostrar-poema-306960

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