La Villa de Mazo, inmensa Custodia de amor

Corpus de Mazo 1

La Villa de Mazo, inmensa Custodia de amor

Custodia de amor. Inmensa custodia de amor, es la frase adecuada para la Villa de Mazo, especialmente por estas fechas. En vísperas de la vigilia grande, como colofón de las demás vigilias en benedictino anudar de afanes y de esperanzas. Volcando a manos llenas, el amor en el proceso siempre doloroso de la creación. En esa singular tarea que dibuja e informa uno de las mejores maneras de dialogar con Dios.

Custodia de amor. Rico panal, incomparable panal, propio de la colmena laboriosa indesmayable, ilusionada, por los calores místicos de la ofrenda. Y es que sólo por la fe, con amor, se alcanza a comprender los inmensos quilates del esfuerzo compartido. De este quehacer comunitario. De este arrodillarse para ser fuerte de todo un pueblo. Que en esa noche de la vigilia grande, transforma en realidad oferente, todo el ilusionado esfuerzo de otras noches, menos largas, pero también intensas. Con fiebre creadora y prueba victoriosa para la habilidad artesana, capaz de elevarse a los categoremas del Arte.

Y previamente, el despliegue de la gente moza o menos moza, por los vericuetos tendidos sobre los abismos de la montaña o de la mar. Entre la ilusión y el riesgo. En desafío al vértigo, a fin de aportar los ingredientes naturales necesarios, para plasmar en aras de la reverencia toda la poesía con mensaje que promete. Todo ese enorme tapiz de primores tejido de anhelos. Con la soberana urdimbre del amor, que sin mácula, se ha transmitido en trasvase de generaciones para por el Corpus, acentuar en la noble villa, esa plenitud de inmensa custodia de amor. Ese rico joyero que cubre todo el trayecto procesional como cúspide verticalina de ese amor, enlazado a la esperanza.

Corpus de Mazo 2

La difícil tarea de describir

Como en otras ocasiones, los apuros para el pregonero. Con la emoción atisbadora anudándose en su garganta. Poniendo en el empeño lo mejor de su alma, todo su amor admirado por las cosas bellas. Con respaldo de anhelosa entrega y que llega a mimo en los detalles. Con todas las características de la obra bien hecha.

Y como siempre, el humilde pregonero, sabe muy bien, se quedará corto y canijo pese a su afán en pregonar. Muy por detrás de empaque arrogante de la superación. Y es que, no es nada fácil interpretar fielmente hasta dónde llegan las querencias de un pueblo volcado a la pleitesía. Un pueblo que casi durante un año, ha acunado en su alma generosa, el anhelo de adorar a la divinidad mediante esa ofrenda comunitaria dotada siempre de imprevisibles logros. Que se proyecta en todo ese aliarse de primores para incrementar, si cabe, la excelsa intención. El imperativo de todos los corazones, a juzgar uno sólo, por su isócrono latido.

Apela al pregonero a sus recuerdos. Pretende enlazar vivencias en la esperanza de la inspiración necesaria para encontrarse a la altura y dignidad requerida por las circunstancias.

Humilde, confiesa su fracaso. Imposible pintar con palabras toda la galanura de esa obra tan pródiga en armonía. Con tanta elocuencia aderezada. Porque, al fin y a la postre, ahí en el obelisco singularísimo de los arcos. En esos arcos iris de la tierra tendidos para hablar con los cielos. En los arabescos de las alfombras o la extraordinaria intención teológica de los tapices y altares.

Acaso y sin acaso, se necesitaría el concurso de varios grandes poetas en uno sólo. Ser Homero, Virgilio en el equilibrio y Góngora en la metáfora. Disponer de la inimitable musicalidad de los Salmos del Rey David y toda la pristina elevación de San Juan de la Cruz.

Corpus de Mazo 3

La fiesta se invita por sí misma

Sólo resta al pregonero, domeñar la sonora habla de Cervantes. Reducir a términos sencillos el rebullir de sus entusiasmos. Atar bien corto el corcel de su imaginación para no apartarse, ni un solo momento, de ese cúmulo de esencias del Corpus Christi en la Villa de Mazo. Y contemplar ese conjunto de obras como envueltas en luz, hablándonos al corazón. Invitándonos dulcemente a participar en toda la soberana magnitud de la pleitesía.

De ahí que la Villa de Mazo, oficialmente no invita. Se limita a recordar la fecha y aguardar con los brazos abiertos y extendidos. Confía en la comprensión y amistad de todos y a raíz de su presencia, disfrutar plenamente de la labor bien hecha. De la tarea culminada felizmente, para contribuir a la felicidad de todos y que todos, en hermandad dichosa, se sientan también protagonistas de tan magnífica plasmación. Y sean también espontáneos pregoneros de esa pirámide de obras perfectamente engarzadas a una tradición que seguramente, se ha transmitido en andas del misterioso ritmo de la sangre. Porque aquí la mies es mucha y los sarmientos apadrinan excelentes caldos. En resumen, las especies singulares para prolongar hasta el infinito el gozo de vivir en Cristo y para Cristo. Vivir diariamente entregándose a los demás. Con amor, con caridad. En definitiva, alimentándose, elevándose desde esa inmensa custodia de amor, cuenco singular del único amor, que jamás podrá morir y proporciona seguridades de una eterna vida.

En definitiva, la Villa de Mazo no invita. Aguarda la visita de todos para en unión de todos, reforzar si cabe, la magnitud y pureza, la reverencia profunda provista del vertical impulso de recrearse en el diálogo con la divinidad.

Domingo Acosta Pérez, junio de 1976. Pregón de las Fiestas del Corpus (El Eco de Canarias)

Fotos: José J. Santana

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