A la Santísima Virgen de la Soledad de la Portería

A Nuestra Señora de la Soledad de la Portería

 A la Santísima Virgen de la Soledad

Eres rosa de pálida blancura
Marfileña… sumida en el quebranto
De un pesar que te hiere tanto y tanto
Cual mar tempestuoso de amargura…

¡Virgen Santa! Tu celestial figura
en la tarde sin par del Viernes Santo
se lleva entre los pliegues de tu manto
la compasión de toda criatura.

¡Hay un dolor inmenso en tu mirada…
¡Tan hondo es ese abismo… cual ferviente
es el amor de tu alma torturada!

¡Y llevas en tus labios dibujada
el ansia de besar aquella frente,
con crueles espinas traspasada!

               María del Carmen Barber, Semana Santa de 1964.

* * *

Noche de Viernes Santo

La ciudad se agrupa en torno a su Virgen y la acompaña en la noche de su pena.
Las sombras de las calles se van iluminando al paso tembloroso de la imagen.
En el cielo se encienden otras luces, y entre cielo y tierra la brisa del mar trae por encima de las blancas azoteas el rodar de las olas.
Las puertas del templo, cuajadas de luz, se abren como ofreciéndole el único puerto seguro para su congoja.
La Virgen se detiene.
Es la última vez que aguardará inútilmente a su Hijo antes de recogerse.

Claudio de la Torre, a Nuestra Señora de la Soledad de la Portería.

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