El “extraño albañil de Santo Domingo” y “Y Miss Mary bailó” (dos breves historias)

convento santo domingo toledo

El extraño albañil del convento de Santo Domingo (Toledo)

Santo Domingo El Real es un viejo convento de Toledo donde viven un puñado de monjas dominicas. Sus paredes, cansadas ya después de seiscientos años de historia y de vida, amenazaron un día con descansar definitivamente sobre el suelo. Y he aquí que ante este hecho sencillo e irrefutable las monjitas no tuvieron más remedio que empezar una urgente reparación.

Las obras se iniciaron en el año 1963. Los costes de trabajos y jornales se fueron sufragando durante todo este tiempo. Llegó el año sesenta y cuatro y el ritmo de reparación y construcción siguió su marcha, confiando monjas y empresarios, en la misma generosidad que el año anterior había dado cuenta de todas las facturas.

Y sin embargo las cosas no siempre suceden como uno quiere o espera. Porque de pronto los donativos dejan de llegar en el momento en que una considerable suma de pesetas se ha invertido en las obras, sin que haya posibilidad de pararlas o de volverlas atrás para recuperar los gastos desembolsados.

Como en términos cristianos, desesperación es una de esas palabras que no tienen sentido alguno, las monjas no se tiraron por la ventana ni mucho menos. Aunque es preciso confesar que se llevaron un formidable susto y, que durante unas cuantas noches, no supieron lo que era en realidad dormir tranquilo.

Ah, pero en el convento de Santo Domingo existe una vieja talla de Fray Martín, querida y venerada por todas las monjas. Y –lo que es más importante- en el corazón de cada monja, Fray Martín tiene un altar con velas y plegarias.

– “Fray Martín, ruega por nosotros para que no se hunda el convento”.

– “Fray Martín, se nos van a mojar las novicias en los meses de lluvia”.

– “Fray Martín, nuestras enfermas se van a morir de frío”.

Se hicieron fervorosas novenas, se cantó una misa solemne, se celebró en honor de Fray Martín una Hora Santa y una procesión. Las monjas todas, hasta la más ancianas y enfermas, ayunaron a pan y agua para que Fray Martín con sus espléndidas manos morenas diese fin a las obras comenzadas.

Y de pronto, sin saber por qué, empieza a llegar dinero, y las obras continúan su ritmo ordinario. Bueno, en realidad sí se sabe por qué, ya que todo esto sucedió precisamente después de este elocuente S.O.S lanzado a Fray Martín, y porque a una monja le pareció ver las manos de Fray Martín –esas que empuñan la escoba y la cruz- manchadas de cemento.

Gentileza de María Jesús Galán (Toledo)

Y Miss Mary bailó

Y Miss Mary bailó

Cuando Miss Mary bailó para nosotras en el locutorio para demostrarnos lo bien que ya lo podía hacer, estoy segura que San Martín también bailó de alegría. El P. Norbert Georges, O.P., el gran propagandista de la devoción al santo mulato, mandó a Miss Mary para que nos contara “su” caso que, en cierto modo concerniría también a nuestra propia “Blue Chapel”.

A consecuencia de un envenenamiento de la sangre causado por un sabañón, Miss Mary era incapaz de andar normalmente. Varios dedos del pie le habían sido amputados y los otros estaban permanentemente doblados bajo la planta del pie. Andaba solamente con los pies hacia fuera lo que le era extremadamente doloroso, y, como no podía moverse debidamente, las caídas eran frecuentes. Miss Mary era ferviente devota de San Martín de Porres de quien recibió muchos favores en el curso de los años. Sin embargo, nunca le había pedido que la curara. Hizo la novena en nuestra iglesia y semanalmente venía a hacer una visita a su amigo.

El 8 de junio llegó y, como era su costumbre, se sentó en el último banco y se quitó los zapatos para aliviar su dolor. Por primera vez rezó a San Martín: “Haz algo por mis pies”. Después de un pequeño descanso comenzó a hacer el viacrucis arrastrándose casi al apoyarse en los bancos. Cuando iba de la tercera a la cuarta estación notó que iba derecha y con facilidad. En la cuarta pudo hacer una genuflexión sin ninguna dificultad, cosa que antes no podía hacer. Con toda tranquilidad terminó. Fue al banco, se quitó los zapatos nuevamente. Sus dedos estaban flexibles y derechos, en una posición normal. Regresó a su casa, que dista casi tres millas, a pie.

De “Saint Martin Newsletter”

≈ ≈ ≈

Tres breves relatos acerca de Fray Martín

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