Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María Santísima

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Purísima había de ser, Señor, la que quita el pecado del mundo. Purísima a la que, entre los hombres es abogada de gracia y ejemplo de santidad. ¡Bendita sea tu pureza, y eternamente lo sea!

La concepción de la virgen fue inmaculada, sin mancha, ungida con la gracia del Altísimo. Por el privilegio de Dios se vio en su origen puro y santo, libre del pecado original. Y, bendita entre todas las mujeres, fue llena de gracia desde el primer instante de su ser (“Alégrate, la llena de gracia, el Señor es contigo”, la saludó el Arcángel Gabriel).

Era Virgen en el cuerpo y en el alma, sin que en la sinceridad de su afecto hubiese el más pequeño engaño. Humilde de corazón, grave en las palabras, prudente en el ánimo, breve en el hablar, deseosa de aprender; puesta su esperanza, no en las inseguras riquezas, sino en los ruegos de los pobres; atenta en su trabajo, respetuosa en el hablar, acostumbrada a buscar consejo más bien en Dios que en los hombres… Sin nada de enojo en su mirada, nada inmodesto en sus acciones, nada descompuesto en su semblante, ni precipitado en el andar, ni destemplado en el decir, de modo que su exterior era vivo espejo del alma…”

San Ambrosio de Milán.

Pío IX —el pontífice de la Inmaculada— instaura el dogma de la Inmaculada Concepción de María con estas palabras:

La doctrina que afirma que la Virgen, en el primer instante de su concepción, fue preservada inmune de toda mancha del pecado de origen por una singularísima gracia y privilegio de la omnipotencia divina y en atención a los méritos del Redentor del género humano, es doctrina revelada y ha de ser creída por los cristianos (Bula Inefabilis Deus).

El Papa habla en la Bula de Definición de la santidad y gracia de la Virgen, “que no se concibe de modo alguno mayor después de Dios, y nadie puede imaginar fuera de Dios”. Y termina con estas palabras: “Nuestra boca está llena de gozo y nuestra lengua de júbilo, y damos humildísimas y grandísimas gracias a Nuestro Señor Jesucristo, y siempre se las daremos por habernos concedido, aun sin merecerlo, el singular beneficio de ofrecer este honor, esta gloria y alabanza a su Santísima Madre”.

La Santísima Virgen María, que reina gloriosa en cuerpo y alma desde el cielo, fue elegida madre de Jesucristo; de sus entrañas habrá de nacer el Mesías. Por eso Dios colocó entre ella y el espíritu del mal enemistades sin límites. Loor y alabanzas sin fin sean dadas a María y al Altísimo en este gran día: ¡Gloria a Dios! ¡Gloria a María Inmaculada!

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El color litúrgico de la Inmaculada

Ni el blanco, que es alegría;
ni el color negro, que es pena;
ni el verde, expresión terrena
de quien espera y confía;
ni el morado, que es tristeza;
ni el rojo, signo encarnado
del mártir y del soldado,
simbolizan tu pureza.

Y como en el miserable
mundo no exista color
que exprese bien el candor
de este misterio adorable,
la Iglesia, en su amante anhelo,
sube a su Trono a pedir
matices, para lucir
el azul puro del cielo.

                          C. y  O.

* * *

Inmaculada Concepción. Franz Ignaz Günther

Historia del dogma de la Inmaculada Concepción, por Pascual Rambla, O.f.m.

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Un comentario el “Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María Santísima

  1. Ante el ambiente de desorden informal que quiere ganar el espacio al mundo se impone airosa la imagen de nuestra Madre Maria Inmaculada impecable´virtuosa cargada de amor y Perdon Virgen Bendita sin mancha Ruega por nosotros a Dios

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