Surrexit, non est hic

Bartolomé Esteban Murillo - Resurrección del Señor

Hoy el cielo y la tierra cantan ‘el nombre’ inefable y sublime del Crucificado resucitado. Él resucitó, también nosotros.

“Resucitó, no está aquí”, anunció el ángel a las piadosas mujeres que, en las primeras horas del día con ánimo caritativo, se habían acercado al sepulcro de Cristo para ungir su cuerpo. En efecto, la feliz nueva ha tenido realidad milagrosa por decreto divino del Dios bueno y justo, perfecto y sabio. Y Cristo, Señor nuestro, el que vino al mundo a redimir al género humano, resucitó entre los muertos por virtud de su propio poder. Este es el día que hizo el Señor; gocémonos y alegrémonos en él. Prenda segura de nuestra esperanza y fundamento de nuestra fe, la resurrección es el triunfo de la vida sobre la muerte (“Yo soy la resurrección y la vida. Quién vive y cree en mí, aunque muera, vivirá”). Pidamos a Jesús, como piadoso regalo de Pascua, que el espíritu de caridad fraterna invada nuestros corazones.

* “Sursum corda”, levantemos el corazón, fuera de la maraña de todas nuestras preocupaciones, de nuestros deseos, de nuestras angustias, de nuestra distracción, levantad vuestros corazones, vuestra interioridad… siempre debemos apartarnos de los caminos equivocados, en los que tan a menudo nos movemos con nuestro pensamiento y obras. Siempre tenemos que dirigirnos a Él, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Siempre hemos de ser “convertidos”, dirigir toda la vida a Dios. Y siempre tenemos que dejar que nuestro corazón sea sustraído de la fuerza de gravedad, que lo atrae hacia abajo, y levantarlo interiormente hacia lo alto: en la verdad y el amor.

En esta hora damos gracias al Señor, porque en virtud de la fuerza de su palabra y de los santos Sacramentos nos indica el itinerario justo y atrae hacia lo alto nuestro corazón. Y lo pedimos así: Sí, Señor, haz que nos convirtamos en personas pascuales, hombres y mujeres de la luz, colmados del fuego de tu amor. Amén.

*Homilía de S.S. Benedicto XVI en la Vigilia Pascual 2008

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Alabad al Señor en el cielo, alabad al Señor en lo alto. Alabadlo, todos sus ángeles; alabadlo todos sus ejércitos.

Te bendecimos, Señor, a ti que eres nuestra luz, y te pedimos que este domingo que ahora comenzamos transcurra todo él consagrado a tu alabanza.

Tú que, por la resurrección de tu Hijo, quisiste iluminar el mundo, haz que tu Iglesia difunda entre todos los hombres la alegría pascual.

Tú que, por el Espíritu de la verdad, fortaleciste a los discípulos de tu Hijo, envía este mismo Espíritu a tu Iglesia, para que permanezca siempre fiel a ti.

Tú que eres luz para todos los hombres, acuérdate de los que viven aún en las tinieblas y abre los ojos de su mente para que te reconozcan a ti, único Dios verdadero.

Salmo 117: “Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo”

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Enlace recomendado: Homilía. Domingo de Resurrección (Dominicos – Orden de Predicadores)

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