El Belenismo: el misterio hecho arte

Belén

En el Portal está patente la benignidad y humanidad de Dios nuestro Salvador y nuestro modelo

La escenificación del nacimiento de Cristo ha tenido a lo largo de la historia un marcado significado religioso, artístico y cultural. Reproducimos a continuación un interesante texto donde partiendo de la fe se aúnan en armoniosa síntesis tradición y arte belenístico:

Desde la Nochebuena de 1223, en la que Francisco de Asís realizó su particular pesebre, se ha perpetuado en los países de raigambre cristiana esta bella tradición de recordar, por medio de la representación plástica, el misterio de la Encarnación de Dios. El hecho de colocar en nuestros hogares, plazas y comercios a María, José y el niño Jesús constituye ya de por sí una confirmación rotunda del Nacimiento de Cristo, un suceso histórico irrefutable ocurrido en un espacio y tiempo determinado. De esta forma, la gran difusión de esta tradición en nuestra cultura ha supuesto que cualquier persona pueda realizar o simplemente colocar un Belén, distribuyendo las figuras de una u otra calidad en un escenario ideado por su imaginación o siguiendo un modelo específico.

Muchos han intentado establecer una definición a cerca del belenismo, pero se han dado cuenta de la imposibilidad de limitar en una frase una expresión cultural tan extensa y heterogénea. El belenismo carece de fronteras, no podríamos amoldarlo a unos cánones específicos, sino que se convierte en un fenómeno universal que es adaptado por las peculiaridades sociales e históricas de cada pueblo. Desde los sencillos e ingenuos belenes de la infancia hasta las complejas y elaboradas representaciones de belenes hebreos o regionales, pasando por los monumentales y vivientes… una amalgama de tipologías y estilos que se funden con el imaginario y las capacidades personales para constituir un todo.

Naturalmente, este abanico de posibilidades da lugar a diversas categorías estéticas, muchas de ellas cuestionables al alejarse del hecho artístico y fundirse con la mediocridad, asociada generalmente a los belenes populares, a pesar de que su inocente simpleza nos transmite una sensación de ternura hacia lo representado

Obviando todas estas manifestaciones, el belenismo solo alcanza su razón artística cuando pasa a convertirse en una actividad especializada donde entran en juego una serie de conocimientos de distinta índole, adquiridos por la experiencia, el aprendizaje o por la propia intuición. Y es que el belenismo podría asociarse a lo que los pensadores románticos alemanes llamaban Gesamtkunstwerk, la obra de arte total, la fusión de una serie de materias que convierten al artesano belenista en un erudito de la forma y el espacio. Se vale de las escuadras, cartabones y medidas del arquitecto para crear verídicas construcciones, colocadas bajo la sapiencia del urbanista que estudia las tramas de las antiguas ciudades de Palestina, de la Nápoles del ochocientos o de las Canarias de nuestros abuelos… Aplica los colores como el mejor de los pintores, jugando con las variedades cromáticas hasta conseguir los efectos más realistas. De la escultura adopta el sentido de la tridimensionalidad para crear con la pericia de un miniaturista todo tipo de figuras, utensilios y objetos. Asimismo, el estudio de la naturaleza lo convierte en botánico para realizar con exquisita precisión cualquiera de las especies endémicas que pueblan la composición, dispuestas según los conocimientos de un verdadero paisajista. Incluso, sobrepasa los límites de lo artístico para adentrarse en otros saberes como la matemática en la que se basan los espejos de los dioramas o las nociones de electricidad requeridas para dotar a la obra de una veracidad asombrosa, jugando con las luces y las sombras como si del tenebrismo de Caravaggio se tratase.

Como es de apreciar, el artesano belenista podría considerarse un polifacético, aquel que es capaz de integrar en una gran enciclopedia pequeñas nociones de un extenso catálogo de materias y ramas del saber. Sin embargo, no se vanagloria de ello, sino que trabaja en silencio, bajo la atenta mirada de la humildad y la constancia, con esfuerzo y tesón, para lograr una de las manifestaciones efímeras más elaboradas y complejas, el Belén, un arte sublime no solo por todo lo recogido en estas líneas sino por algo más importante: la fusión intrínseca de lo representado y su representación, pues el belenismo desprende la misma sencillez del misterio del nacimiento de Cristo.

Juan Luis Bardón González

Ruta de Belenes, Villa de la Orotava. Navidad 2014

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La natividad

Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre (Lc 2,12).

Honraré la paz que contemplo en el pesebre, con una disposición a tener hartura en vez de ansiedad, en la posesión de Dios, que no se niega nunca al alma que le busca de verdad, adorando la divinidad en ese estado de la Infancia de Jesús e imitando cuanto pueda su santa Humanidad, en especial en su sencillez y caridad que le han movido a hacerse Niño para facilitar a sus creaturas el libre acceso a El. (Santa Luisa de Marillac)

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