Nuestro amigo Martín

SMP Bormujos 1

Monasterio Santa María la Real (Bormujos, Sevilla)

Nuestro Amigo Martín:

Un bonito día que termina, un bonito día para sentir la presencia de nuestro hermano San Martín. Un pequeño, Gran Santo, San Martín de Porres, que quizá con tan solo pensar en él, o mirar cualquier imagen de él, pueda despertar en nosotros un sentimiento de ternura, de alegría, de inocencia, y un deseo de ser tan sencillos como lo era él.

Todos conocemos a Fray Martín. Un hombre sencillo, lleno de ternura. Él siempre sonreía a todos, daba igual quien fuese, como fuese, Martín sonreía, una sonrisa tierna, llena de inocencia. Es con esa misma inocencia con la que trataba a los animales. Les hablaba con una gran ternura que sobrecogía, así como cuidaba de los enfermos, o incluso como sonreía aun cuando le insultaban, llamándole “perro mulato”. Esa inocencia que ojalá hoy tuviésemos más, pero, en este mundo que nos toca vivir hoy, ¿seríamos capaces de sonreír a quien nos dice algo que no nos guste, a un insulto, una mala palabra?…

¡Quién pudiera ser un poquito como él! Gran predicador, con su vida y con su palabra. Amante de la Eucaristía, pues como Cristo se partía y repartía a todos, dándose por entero, a los más débiles, a los pobres, a los que nadie quería, a los enfermos, a todos por igual. Hombre de oración, en cada momento, a todas horas, durante toda la noche.

SMP Bormujos

Lo que se da generosamente se multiplica

Martín, alegre, amigo fiel, que se entregaba, que sabia escuchar, que amaba. Y de su cesta, ¿cuántas cosas sacaba? Todo, para darlo todo, y de esa cesta en su corazón repleta de vida, de amor, de ternura, nos lo daba todo, nos lo sigue dando, y sigue llenando muchos corazones, que confían.

Esa su sonrisa inocente, como la de un niño, que nos regalaba, era una sonrisa de vida, salida de sus labios, de sus ojos, de su corazón. Un gesto que nos llena de paz, que nos invita a ser sencillos, humildes, a predicar con nuestra vida, a ser Palabra vivida y predicada. Latir con su corazón para sentir su ternura hacia los más necesitados. Pureza de corazón, sensible y humilde, nunca queriendo ser más que nadie, si no estar siempre al servicio de los demás. Gracias hermano Martín por tu vida entregada con amor a Dios a quien tú tanto amabas. Enseñamos a vivir en esa humildad, siendo sencillos, y pobres.

Gracias por ayudarnos a pensar en Dios, por hacernos verle en los demás, por tu invitación constante a ser sinceros, y generosos, y valientes para darnos cada día.

Y gracias por enseñarnos que el Amor dado sin medida, con sencillez, es el Más Grande regalo.

Sor Pilar Aparicio, O.P. (Comunidad de MM. Dominicas. Monasterio de Bormujos, Sevilla)

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