Los Dominicos nos han enseñado a orar por los difuntos

los dominicos enseñana a orar por los difuntos

Suba nuestra oración a tu presencia, Señor, y que la alegría eterna acoja a nuestro hermano. Tú, que lo creaste a tu imagen y lo hiciste tu hijo de adopción por el bautismo, concédele ahora entrar en posesión de la herencia prometida

Aunque habíamos tenido noticia de que en el Cementerio se iba a rezar de modo público el Rosario durante los días primero y segundo de este mes – referido a noviembre- , no pudimos darnos cuenta de su especial interés hasta cuando fuimos el día de Todos los Santos por la tarde.

No deja de tener siempre, la habitual visita al Cementerio en estos días, algo de romería, aunque sea de índole religiosa. Y fácilmente dejamos lo principal por aquello que arrastra la vista, al ir viendo los panteones; o nos distraemos aun delante de la sepultura de nuestra familia, conversando de cosas banales.

Por eso creemos, recogiendo el ambiente de muchos, de que los Padres Dominicos han podido llamarnos la atención, este año, a reflexionar algo sobre el sentido de esta romería funeraria, y sobre todo a ayudarnos a hacer algo de provecho por las almas de nuestros parientes difuntos.

Las campanas sonoras, de toque de ánimas, hacían callar a los grupos de familias y amigos que entraban en el Cementerio, y, tras pequeñas y acertadas introducciones a cada Rosario y a cada decena de Avemarías, nos han enseñado a orar en silencio y con fervor por aquellos que sólo esperan algún sufragio, más que luces, paños negros o vistosas flores.

Podemos afirmar que, este año, hemos vuelto a casa satisfechos de haber ayudado algo a los difuntos, con un Rosario rezado ante la sepultura, o andando por los caminos del Campo Santo, ya que al atardecer el sol no calentaba como para detenerse mucho tiempo sin un buen abrigo.

La instalación de altavoces, por la que se ha hecho posible esta primera experiencia de oración por los muertos, hacía llegar la voz de los Padres Dominicos hasta todos los rincones del Campo Santo, produciendo un ambiente de recogimiento en toda la masa de gentes que llenaban los caminos.

Y antes de ser, en esta ocasión, un medio de “armar jarana” o de enardecer los ánimos, como en las competiciones deportivas, han servido los altoparlantes para producir el silencio, respeto al lugar, e insinuar, a quien quisiera, a seguir el rezo del Rosario, que es lo que mejor va para quienes cristianamente visitan a sus muertos.

Merecen, pues, los Padres Dominicos el agradecimiento público, por su hermosa iniciativa, aprobada por nuestro Excmo. Ayuntamiento -en referencia al de Pamplona-, y esperamos que otros años renueven la misma práctica de caridad por nuestros muertos.

“Hoja del Lunes de Pamplona”, 3 de noviembre de 1958. Comunidad de Misioneros de Dominicos de Villaba.

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Convento de San Esteban - Salamanca

¡Oh dichoso San Martín, que viste coronados tus trabajos, tus mortificaciones, tu caridad y tu amor a Dios con una muerte feliz!, ¡ten compasión de nosotros!. Todos te lloran. Los necesitados y enfermos creen perder un padre compasivo y el remedio de sus males, y dan rienda a su dolor llorando tu muerte; pero luego ven que tú no los abandonas; te llaman y tú sigues socorriéndolos y aliviando sus males. El estar más cerca del Señor, glorioso San Martín, ha aumentado tu poder. Oye, pues, también nuestras humildes súplicas, pidiendo al Señor por nosotros para que atienda nuestros ruegos. Y que nuestra muerte sea la de los justos por tu intercesión y los méritos de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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