San Martín, ciudadano del cielo

El cielo era su patria, pues vivía más en el cielo que en la tierra.

“Oh Dios, grandeza de los humildes, que llevasteis a Vuestro Santo Confesor Martín al Reino del Cielo: Concedednos por sus méritos e intercesión, imitar en la tierra su humildad, para que merezcamos ser exaltados con él en los cielos”.

Ser “ciudadano del cielo”, no es una adquisición, es una gracia, un regalo que Dios concede a todos los que lo acogen con entusiasmo y agradecimiento. San Martín vivió con alta dignidad esta suprema ciudadanía. El cielo era su patria…no era un teoría, sino el destino cada vez más amado, más deseado, más poseído, porque el cielo es Dios y, aunque no lo podemos abarcar en sí mismo, sí lo podemos poseer.

No entenderemos a nuestro Santo si nos quedamos con fórmulas, aunque sea bellas, si no entramos en su corazón. Era un hombre privilegiado porque sabía que en el cielo sería totalmente hombre, con una personalidad única, amado en sí mismo y, por lo tanto, feliz en plenitud. Algo muy distinto al triste y vacío final de quienes creen que la nada les espera. El cielo es regalo, no conquista. San Martín no servía a los hermanos para “ganarse” el cielo, para salvarse. Lo había salvado el Señor en la Cruz. Lo suyo era servir, no por el premio, sino por amor, al que va unida la vida eterna. Perseverar en el servicio y con el deseo en el Señor, ya que seremos semejantes a El, porque le veremos tal cual es, compartiendo felicidad con hombres santos, felices, con los ángeles y bienaventurados.

San Martín no asistía a las doctas clases de teología que en su convento se impartían, lo suyo era la escoba y escuchar al Espíritu Santo en su reducida portería. Se había impuesto una hermosa tarea: No dar descanso a su corazón, para entrenarlo a lo que sería dedicación permanente en el cielo: Amar en el mismo Amor de Dios. Amar todo, como Dios lo ama. Bien sabía que el amor no se improvisa, se ejercita en la práctica diaria, hasta el punto que se podía afirmar de él que “amar, era su ejercicio”. Amar como él, es anticipar el cielo, andar el camino seguro, con fin feliz en el descanso verdadero.

Este es el legado de San Martín para sus amigos y para los amantes de la verdad, vivir el gran mandamiento del amor a Dios y a los demás…La tarea del cielo será descubrir con gozo el misterio de Dios, Trino y Uno, con sorpresa permanente y para toda la eternidad. Con razón San Martín se sentía ya ciudadano de esa Patria, que es también, la nuestra.

Fr. Francisco Arias, O.P. (Convento San Pablo Apóstol/PP. Dominicos – Palencia) (1)

≈ ≈ ≈

SMP con los ángeles

  Martín voló       sin           alas  ni motores,

                 desde       sí mismo,

                 sobre        sí mismo,

        hasta        Dios

1º.- Extracto del texto “San Martín, ciudadano del cielo”. Revista “Amigos de Fray Martín” (nº 535). Especial Diciembre 2012
2º.- Entresacado del texto “Clave de vida, en popurrí de vocablos”, de Fray Alberto Escallada, O.P. (Revista de amigos de Fray Martín, nº 534 – Noviembre 2012)
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