San Martín de Porres: A merced del Espíritu Santo

espíritu santo

El Espíritu Santo lo tenía bajo su luz, para ver todo en la verdadera luz.

San Martín manifestaba una vida humilde, sencilla, de hombre caritativo, servicial que irradiaba paz, bondad, e interés por los problemas y angustias de los demás. Su vida era el reflejo de la presencia del Espíritu Divino, porque en El, estaba enriquecido. No buscaba sus dones, sino a El, ya que se sabía más amado que el amor que él se tenía a sí mismo. Lo suyo era la disponibilidad, que es la esencia de la pobreza. Siempre y sólo para lo que Dios disponga. Es la actitud de todo el que aspire a la plenitud de la vida cristiana. Como gracia, hay que pedirla. Como don, agradecerlo.

El Espíritu no viene a probar sino a fortalecer y dar valor a la oración, al servicio, y a la alabanza, haciéndonos “cristianos”. Como Cristo fue asistido por el Espíritu Santo (Lc. 4,1) así su seguidor. Es la lección de San Martín para sus amigos, y el medio para asomarnos a su corazón, no para reproducir su vida, sino a la de Jesucristo, como él lo hizo.

San Martín sigue siendo la novedad para nosotros, amantes de lo novedoso. Como él, tenemos que poner en acción la gracia recibida en el bautismo para ser criaturas nuevas, viviendo el gozo permanente de la presencia del Espíritu Santo.

Extracto del artículo “A merced del Espíritu Santo”, del P. Francisco Arias. Revista Amigos de Fray Martín, nº 517 (Marzo de 2011)
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